Erika Lust y Belladonna: dos de las caras del porno femenino

Posted by Ricardo J. G.

Encasillar una rama de la pornografía como femenina se antoja, de entrada, una tarea incómoda. A quienes clasificaciones como literatura seria, cocina para gourmets o cine para hombres nos resultan conceptos anacrónicos y facilones, la irrupción de un género con visos de diferenciación nos parece un paso atrás cuando no una jugada de puro marketing. Solo esperábamos que este fuera un primer paso para establecer, por fin, un porno para personas. Por fortuna, parece que ese invento de fabricar sexo llamado Internet ha roto las barreras. Lejos quedan los tiempos en que la pornografía de más fácil acceso se reducía básicamente a la aburrida visión del sexo del simio masculino medio: mujeres recauchutadas con unas inquietantes uñas que te mantienen en vilo ante el peligro de desgarro que implica la autoexploración de sus orificios, dispuestas a satisfacer al primer gañán que pasaba por allí —donde allí significa una mansión hortera, un jacuzzi, o un sórdido garaje mecánico. Una serie de elementos que, resulta curioso, se alejan bastante de las apetencias virilmente sanas, pues el aspecto de las actrices con su cuerpo de atleta fibroso al que le han colocado dos rabiosos globos de plástico por tetas, unos labios inflados de colágeno y un maquillaje que parece aplicado por un expresionista abstracto puesto de anfetaminas hace que semejen más a un travesti que a una mujer hecha y derecha que se desvista por la cabeza. Pero veamos qué es lo que nos ofrece la perspectiva contraria.

No fue la primera en aproximarse al género, pero Erika Lust popularizó la pornografía femenina. Y feminista, según ella. Pero no nos espantemos: no hablamos aquí de un feminismo que arengue desde lo alto de un púlpito agitando el dedo índice y sosteniendo un sujetador en llamas y suma en la aflicción a quien atento se detiene a escuchar. La intención de Erika Lust, directora danesa afincada en Barcelona, es mostrar a la mujer no como medio de placer sexual, sino como fin de su propio disfrute. Su primer paso fue cuidar los guiones, por blasfemo que pueda parecer en el cine porno. El resultado: poca cosa. El argumento parecía calcado al de una comedia romántica de Julia Roberts con la diferencia de que aquí, cuando llega la escena del polvo, la cámara no se desvía para enfocar la chimenea. Se detiene ahí, en la parte interesante. Y entonces aborda esas escenas hardcore de una manera agradable que no se desvían mucho del hardcore para hombres de toda la vida Dios. La diferencia no es significativa, la verdad, pero da la sensación de ser todo más relajado y natural. Los protagonistas se besan un poco más, tienen aspecto de divertirse y recurren poco a posiciones extrañas y forzadas, pues en lugar de dar importancia a que se vea un plano detalle de cómo entra y sale algo de algún sitio, buscan posturas que potencien en placer femenino. Pero los planos detalle siguen estando ahí y todas las guarradas que imaginemos. Transmiten la sensación de estar disfrutando no solo en el plano sexual. Córrete en mi cara como en las películas porno, le pide una sonriente muchacha al gañán con el que retoza. Luego ríen ambos mientras él limpia su cara con un pañuelito. Los detalles son casi los mismos, entonces, y su perspectiva femenina implica más una diferencia en el tratamiento del polvo que un darle la vuelta al argumento del porno más convencional, cosa que resultaría en algo así como que fuese ella, la gorda lovecraftiana, quien seduce sin mayores complicaciones a un atractivo joven de rizados cabellos y viril barba de tres días. No elimina el simpático cumshot o la universal mamada por considerarlas símbolos del sometimiento de la mujer a la tiranía patriarcal. A Dios gracias. Sí prescinde por fin de los dos modelos básicos de hembra: la sumisa sonriente que se queda quieta mientras se la meten hasta la garganta y la tía agresiva que aprieta los dientes con cara de mala hostia mientras te mortifica el aparato.

El problema de la obra de Lust radica en la estética, pues parece que en su mundo el erotismo agradable para la mujer debe circunscribirse a un contexto de lujo de diseño, como si solo se pudiera follar con ganas en áticos decorados a la moda o bares con doscientos gintonics distintos en la carta a precio de testículo por copa. Al parecer todo esto, sumado a una banda sonora destrempatemente gafapasta, convierte la pornografía en arte. La búsqueda del arte, he ahí donde se estropea el invento. Y en la búsqueda de una sensualidad y sentimentalidad poco natural. Esto, en mi opinión, termina por alejar tanto a hombres como mujeres del noble fin que busca la escenificación del sexo. La lujuria animal. El atisbar carne y pensar: cómo me voy a poner. Dejar fluir el Mal. Y lo que surja.

Belladonna se sitúa en el extremo contrario. No abundaré en su vida y obra porque vosotros, investigadores de Internet que con afán antropológico habéis escrito miles de veces la palabra “sexo” en Google mientras os regocijabais en lo bonita que es la ciencia, conoceréis de sobra al personaje. Belladonna, también mujer, actriz y directora, ha filmado escenas duras y salvajes. No diré que haya roto tabúes, pues desde que japón irrumpió en occidente y en Europa central a algún espabilado se le ocurrió dar heroína a chicas de vida galante a cambio de filmarlas deglutiendo las pollas del reino animal al completo, creo que ya no quedan. Pero sin duda ha ayudado a revelar al mundo algo que los conocedores de la psique femenina —por habernos pasado media vida espiando a las mujeres con un catalejo desde los arbustos repartidos por la geografía del barrio— ya sabíamos: a las mujeres también les puede gustar el sexo duro, violento y deliciosamente degradante. Algo consustancial al ser humano y que gracias a la liberación que supone Internet ha dejado de parecernos cosa de ficción. Ya no tanto por el trabajo de estas mujeres metidas en la industria del porno, sino por la proliferación del amateur. Que no tiene argumento, como pretendieron algunas en su obra, cosa de agradecer porque si la vida ya de por sí es un valle de lágrimas carente de sentido no sé por qué pretendería nadie dárselo al porno. Pero es directo, tierno incluso en las variantes más duras, cercano, próximo a la juventud de hoy, rabiosamente moderna y democrática. Es lo que hacemos nosotros en nuestra intimidad. Destierra del sexo las ideas Cosmopolitan que tanto daño han hecho —más a las mujeres que a los hombres— creando esos aburridos amantes que agobian a su compañera con un masaje de tres horas de duración cuando ella lo que estaba deseando era un polvo salvaje en el portal de camino a casa.

Qué pedagógica ha sido la abundancia de tanto y distinto sexo en Internet. Bendito sea por cosas como el proporcionarnos amigos imaginarios y ofrecernos un amplio elenco de cochinadas gratas de contemplar con interés humanístico, mesándose la perilla con una mano y la entrepierna con la otra. Porque nuestros gustos ya no son las fantasías inalcanzables de antes. Hoy la vida imita al porno.

24 comentarios

  • “Hoy la vida imita al porno”, jaja, será la tuya. La tesis central del artículo (más allá de que sea empiricamente comprobable) me ha gustado.

  • Un momento, los titulares tipo “De X a Y: bla, bla, bla” implican más que X e Y. Porque no me quedo con la idea de las “múltiples caras del porno femenino”… primero porque solo habla de dos ejemplos, y segundo porque en realidad son uno, no dos, Belladona es solo una actriz de porno, que resulta que es una mujer, pero de porno femenino, tal y como se entiende en el caso de la Lust, nada de nada.

    Y oye, lo nunca visto ese estilo del redactor y su compadreo con el lector, debe ser un enrollao de cojones el tipo!

    • Tiene toda la razón, el titular es sensacionalista y engañoso. Culpa de los plazos de entrega. Intentaré enmendarme y que su chivatazo no signifique mi despido, amable y atento lector.

  • “Destierra del sexo las ideas Cosmopolitan que tanto daño han hecho —más a las mujeres que a los hombres— creando esos aburridos amantes que agobian a su compañera con un masaje de tres horas de duración cuando ella lo que estaba deseando era un polvo salvaje en el portal de camino a casa.”

    Por fin, alguien, usted, se entera de lo que las mujeres queremos. Ni preámbulos ni poesía. El sexo es eso y tonterías las justas. Por cierto, el invento romántico de el baile previo como pajaros de un documental de la 2 como un juego de sombras chinescas, otra chorrada caballerosa. No, las mujeres queremos sexo sin tanta ceremonia de cortejo, pero a veces no se enteran.

  • Qué razón tiene Don Juan Manuel de Prada cuando dice que vivimos invadidos por la pornografía.
    ¡Y llaman a esto “cultura”!

    • Buen artículo. Propongo para una segunda parte (o al menos para un epílogo) un estudio de Annette Schwarz, que es del mismo estilo que Belladonna pero algo más salvaje si cabe…

  • El porno que gusta a las mujeres es aquel que acabe en boda. No hay más.

  • pero que cantidad de retórica y pretensiones…no gracias!!! a tus comentarios, para abordar este cutremontaje de un posible porno “femenino”…
    revisesé usted/ustedes, señores del porno!
    nosotrxs…quienes creamos y trabajamos para otro tipo de imaginarios sexuales tiene aún su sentdo, pero no el de este articulo…
    le invito también a darse una vuelta por el posporno(era eso…:María LLopis, Pornoterrorismo, Quimera Rosa etcetcetec), y si!Belladona, pero con otra mirada, y otro vivir…por favor y el último comentario…”Escalando los perineos”: QUE PENA ME DAS!
    ánimo!seguro que existe una buena intención de fondo, revisen la historia y dejen de centrarse en su mirada de privilegios…ya me entienden!
    otro porno es posible!
    pregunten por la muestramarrana4…
    regalo de la casa!;)

  • He asistido a drenajes de pozas sépticas más emocionantes, excitantes y “hartísticos” que la mierda esa del post-porno de las pelotas.

  • el drenaje de pozas sépticas, y la mierda, podría ser perfectamente digno de cualquier producción porno, posporno, o retroporno, querido si no te gustan las figuras más representativas existe mucho más, o es que solo tiene que ser lo que a ti te exite y te emocione??…también se pueden drenar pelotas por cierto..mmmmm

    • Ese absurdo invento del postporno se opone diametralmente al natural y pizpireto amateur del que al final del artículo se hace apología, después de haber cogido a esas dos individuas como excusa introductoria. Convertir el sexo duro en material para el Arte y Ensayo tendría que estar penado. Hay cosas que no se deben intelectualizar. Es como coger la discografía de los Misfits y adaptarla para su representación en ópera. NO en mi nombre.

    • Qué bonito y qué chachi me parece todo.

  • Me he despollado un buen rato!

  • No veo trabajo de documentación pero por lo menos me he divertido mucho leyendo. Y como dicen arriba ojalá mas hombres pensaran como tú.

    • Por supuesto que no me he documentado, por qué clase de farsante me toma. Si se tratara de un artículo sobre, no sé, El rostro del éxtasis: agonía y orgasmo en la Historia del Arte hubiera sido sensato hacerlo, pero si aquí estamos defendiendo la pasión por encima de la estética hubiera sido absurdo y contradictorio con el fin.Intelectualizar el porno es como ponerle boletus a un bocata de calamares. No hijos, no. Además, que documentarse sobre pornografía implica una mancha en el alma, amén de que te puedes quedar ciego, o se te seca la médula, o te salen pelos en las palmas de las manos.

  • jajajaa no me convence, pero te lo paso por la última parte del artículo.

  • Muestra Marrana, sexo, perroflautas y vídeos HD.

  • Joder, y yo tantos años diciéndole cosas bonitas a las mujeres, corro a comprarme un tubo de vaselina y otro de Betadine.

  • Buen trabajo Ricardo J!

  • A mi me gusta tu articulo! yo creo ue hay lugar para mi y par Belladona, y para muchas otras mujeres, lo importante es que hagamos nosotras un poco de porno también….

    • Di que si Erica. Yo he visto tus trabajos y son espectaculares. Sigue así
      Ricardo J. No te pongas celoso, tú articulo esta genial.

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