Luces y sombras: Los pasajeros del viento

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Quien haya tenido la desgracia de leer una de esas novelas “históricas” de las que tanto gustan la gente, o de ver una película más o menos reciente de ambientación “histórica” —la última que me ha caído encima: En tiempo de brujas, con el inefable Nicholas Cage, ese Rompetechos cinematográfico, y el gran Ron Perlman, Clay Morrow en Sons of Anarchy y Salvatore en El nombre de la rosa. Penitenciagite!—, habrá caído en la cuenta, a poco fijarse, de que dicha historicidad es un mero pretexto para situar la trama en un ambiente exótico. Lo mismo da la Edad Media, la Antigüedad latina  o la Prehistoria. En cualquiera de esos períodos los personajes hablan igual, la cutre-ambientación con harapos de diseño es similar, la coreografía de las peleas parece regurgitada por el más borracho de los becarios admiradores del cine honkonés. Y aún cabría dar gracias a que Hollywood oriente su mirada al pasado en lugar de a los países subdesarrollados: sólo faltaría escuchar las soflamas del prota, liberador de los pueblos, en pro del capitalismo con rostro humano y contrario a las grandes empresas, al contubernio judeo-masónico y al cambio climático, como en el inolvidable discurso de Steven Seagal en En tierra peligrosa.

Con estos antecedentes tanto más grata es la lectura de Los pasajeros del viento, el estupendo cómic de François Bourgeon. Ambientado en la década de 1780 cuenta la historia de Isa, una adolescente llena de coraje y reacia a dejarse dominar, un personaje verdaderamente stendhaliano. Desclasada y huérfana por culpa de un juego infantil, alimenta su rebeldía con las adversidades y abusos que le salen al paso. Libertina en todas las acepciones, es alumna aventajada del Siglo de las Luces, esgrimidora de las razones del cuerpo como único e inajenable templo del ser humano. Isa derrocha agudeza y sensualidad, se entrega por igual al placer de la polémica como al brío de los cuerpos. Su cuerpo y su ingenio son tanto una fuente de deleites como un arma con el que enfrentarse a una época ignorante y vil. Desde el primer álbum de la serie, en el que ha de vestirse de hombre para poder codearse con los tripulantes de un barco de guerra, Isa no teme plantarle cara a los prejuicios y crueldades de una sociedad eminentemente masculina. Es característica de Bourgeon esta querencia por los personajes femeninos fuertes e independientes como se ve en el resto de sus obras: Los compañeros del crepúsculo e Historia de Cyann.

El resto de personajes, si no con tanto carisma como la protagonista, sí ostentan un carácter propio y bien definido que les salva de ser comparsas para realizarse en subtramas llenas de interés. Hoël, el rudo marinero bretón cuyos ojos azules cautivan a Isa. Mary, una inglesa sin inhibiciones que espera un hijo ilegítimo de John, un teniente con el que huirá de la rígida Inglaterra en busca de otro ambiente en el que criar a su hija. Isa, Hoël, Mary y John quieren hacer las Américas pero se embarcan, sin saberlo, en un negrero que primero ha hacer escala en África. Allí se dan de bruces con la belleza dura y violenta del continente negro, tan radicalmente distinto al europeo, y con la bestialidad del sistema colonial que considera al negro mera mercancía. La extraña hibridación del dominio colonial y las costumbres tribales producen criados como Auan, eficientes y leales a cambio de una buena recompensa, o Alihosi, quien pagará cara la ilusión de igualdad que le inculca Isa.

El nervio que recorre Los pasajeros del viento de principio a fin es el mismo que animó a los Ilustrados a corregir la ignorancia y que Kant formuló como la salida de la culpable minoría de edad en que el hombre se mantenía a sí mismo. En una palabra: libertad. Supresión de toda servidumbre exterior a uno mismo, especialmente la religiosa —los sacerdotes no reciben un trato halagüeño en este cómic—. Isa se bate con inteligencia y tenacidad con el fin de burlarse de las dominaciones masculina y religiosa para dar, en África, con una de las mayores aberraciones de la Historia: la trata de esclavos. El cargamento de mano de obra barata para el Nuevo Mundo excedía todo lo que el espíritu ilustrado podía asimilar —una muestra de lo que el asunto daría de sí, más de 100 años después de lo narrado en la obra de Bourgeon, puede verse en la a mi juicio fallida El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa; interesante reportaje novelado sobre la industria del caucho en el Congo Belga, pero falto de aliento poético para constituirse en buena novela— aunque, como sucedía a buena distancia de las metrópolis, podía darse por descontada la buena fe de las empresas y la necesidad de civilización, preferentemente a palos, de los salvajes.

La documentadísima plumilla del autor se traslada con parejo amor al detalle desde la Europa disputada por ingleses y franceses hasta el África colonial. Los distintos barcos de una flota con sus mil aparejos; los trajes y vestidos de ricos y pobres, marinos y oficiales, hombres y mujeres; las calles de una villa o las marismas de la costa inglesa; la tibia luz europea y el aplastante sol africano; el aburrimiento y la violencia en un fuerte colonial; la sabana y la jungla; los horrores de un barco negrero… Todo esto y más se refleja con cuidadísima e informada precisión en Los pasajeros del viento, donde la abundante noticia de la época sirve para dar peso y verosimilitud a la acción. El seductor diseño de personajes, la ambientación mimada al extremo y la ausencia de moralina convierten a esta obra en una de las más gratas lecturas que puede dar el cómic.

http://espitolas.blogspot.com

 

 

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7 comentarios

  1. Gracias.

    Aunque matizo un párrafo «Es característica de Bourgeon esta querencia por los personajes femeninos fuertes e independientes, como se ve en otras obras suyas, especialmente Los compañeros del crepúsculo e Historia de Cyann.» Más que especialmente, es que esas tres son precisamente las obras de Bourgeon. Si, está, Brunelle y Collin, pero ahí se limita a poner los pinceles (que ya es mucho tratándose de FB) en un par de álbumes.

  2. Utilizando el símil de cine, los pasajeros del viento es una gran superproducción, una obra maestra que como tal no ha envejecido. Creo que se empezó a publicar a finales de ls 80. Para mi Bourgeon dio lo mejor de si mismo.

  3. «esta obra en una de las más gratas lecturas que puede dar el cómic»

    Para NADA de acuerdo con esta afirmación. Los pasajeros del viento es un cómic normalito tirando a del montón cuya principal baza es un dibujo realmente elaborado y un exceso de tetas por metro cuadrado preocupante. Dicho de forma rápida y concisa: le sobran tetas y le falta trama.

    Es más, acabo de echarle un ojo a tu blog y me sorprende que habiendo leído cosas como Watchmen, From Hell o Adolf consideres a Los pasajeros del viento un imprescindible.

    • A mí sí me parece que tiene tramas interesantes, especialmente tras la llegada a África, pero es verdad que Bourgeon no pierde ocasión de enseñar teta.

      Tal vez Los pasajeros del viento no llegue a la altura de los otros cómics que citas (tres monstruos difíciles de alcanzar) pero me mantengo en mis trece: es un cómic que hay que leer.

      Gracias por comentar y le echo un ojo a tu blog comiquero.

      • Ángel

        Total y absolutamente de acuerdo contigo. Soy un incondicional de Hugo Pratt por supuesto que From Hell y los mencionados son iconos del cómic, pero Burgueon alcanza cotas de excelencia en esta obra y por supuesto, en su continuación La niña Bois- Caimán. Según la argumentación esgrimida respecto al exceso de «teta», Mannara debería estar en los infiernos por lascivo e inmoral… Por favor!!!!

  4. Santana

    Un cómic excelente, como toda la interesante obra de Bourgeon. Buena historia y buen dibujo, ¡qué más se puede pedir!

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