No hace mucho me comentaban durante una conversación un curioso fenómeno: el efecto que parece tener la comercialización de la imagen sobre la carrera de las tenistas con mayor sex-appeal. Un efecto casi invariablemente negativo, que en ocasiones estanca carreras tenísticas —aunque erige carreras publicitarias— y que no se suele producir entre los tenistas varones. Las carreras de Björn Borg o Marat Safin no se estancaron cuando la atención del público femenino se centró sobre ellos, y no precisamente porque despertasen menos revuelo que sus equivalentes femeninas (a Borg le recibían con gritos histéricos en no pocas canchas y a Safin le dedicaban más pancartas entre el público que a cualquier mujer del circuito). Tampoco un joven André Agassi que parecía recién salido de las filas de Bon Jovi y que despertó un considerable revuelo mediático vio truncada la evolución de su carrera debido a la atención suscitada. Este es un repaso a algunas de esas tenistas y cómo esa comercialización de su imagen ha afectado a sus respectivas carreras.
Anna Kournikova: el huracán mediático que llegó del frío
Si hablamos de la comercialización de una imagen y de la transformación de una tenista en símbolo sexual internacional, el nombre de Anna Kournikova es el que marca un antes y un después. Su aparición fue un punto de inflexión y cambió el paradigma publicitario no sólo en torno a las tenistas sino en torno a las deportistas femeninas en general. Ninguna otra mujer, en ninguna otra disciplina deportiva, ha alcanzado un estatus semejante gracias a su imagen. Hubo un momento en que a nivel mediático no había distinción alguna entre Anna Kournikova y una estrella de cine. Eso, unido al hecho de que nunca consiguió ganar un torneo individual, hizo que mucha gente ajena al tenis la considerase una especie de deportista “artificial”, poco menos que el resultado de una hábil maniobra publicitaria.
Pero algunos aún recordamos los tiempos en que nadie podía imaginar que Anna Kournikova se convertiría en una sex-symbol, cuando todavía era una niña flacucha cuyas condiciones para el tenis despertaban otro tipo de revuelo. Por aquel entonces uno de sus entrenadores contaba con asombro cómo Kournikova jugaba con tiros muy agresivos que pasaban rozando la red, cuando la tendencia entre los demás niños era la de intentar evitar la red con tiros más blandos y elevados. La pequeña Anna llegó a atraer la atención de la prensa cuando con doce y trece años hacía pasmosas demostraciones de su talento en las categorías inferiores. Antes de que el boom del tenis femenino ruso atrajese en tropel a los ojeadores del extranjero, la pequeña Kournikova fue fichada por la prestigiosa academia de Nick Bollitieri, cuya escuela de tenis es la más prestigiosa de Estados Unidos y una de las más famosas del mundo.

La aparición en las pistas de Anna Kournikova solía levantar un considerable revuelo, por motivos bastante evidentes.
Anna abandonó Rusia para formarse en América y las prospecciones sobre su futura carrera profesional eran muy brillantes: tenía talento, tenía agresividad, tenía una mentalidad muy competitiva y era de suponer que siendo sus padres dos antiguos deportistas profesionales, el físico de la jugadora se desarrollaría de forma óptima. Durante sus años como junior era considerada uno de los grandes diamantes en bruto del tenis femenino mundial. Baste decir que a los catorce años fue convocada para formar parte del equipo ruso que gano la Copa Federación de aquel año.
Tras debutar como profesional fue cimentando su experiencia en torneos cada vez mayores y parecía ser capaz de responder a las expectativas creadas cuando, efectivamente, su físico se desarrolló de manera idónea para el tenis. Claro que hubo otros aspectos de su físico en los que también comenzó a desarrollarse: su belleza empezó a hacerla destacar en el circuito despertando suspiros entre los aficionados varones. Sin embargo, durante sus primeros años como profesional su condición de sex-symbol apenas trascendía del mundillo del tenis. Contrariamente a lo que algunos podrían pensar, la imagen de Kournikova no fue explotada a niveles masivos hasta que la jugadora no consiguió escalar posiciones y colarse entre las diez primeras tenistas del mundo. Hay una sensible diferencia entre aparecer en portada de la revista Tennis y aparecer en portada de Sports Illustrated. Lo primero conlleva un renombre a nivel puramente deportivo y dentro del propio mundo del tenis, pero lo segundo supone la fama internacional: cuando una tenista llega al público general estadounidense, esa tenista se convierte en una estrella. En el tenis, lo que resuena en Estados Unidos es lo que resonará a continuación en el resto del planeta.

Semanas de la moda, presentaciones y sesiones de fotos se convirtieron en la carrera principal de Anna Kournikova.
La prometedora carrera de Anna Kournikova estaba empezando a despegar cuando, como en una conjunción planetaria, llegaron a un tiempo las lesiones y el estrellato. Lo de las lesiones podía superarse, pero lo del estrellato no. A nivel de juego, la tenista sólo necesitaba pulir algunos aspectos de su estilo para dar el salto definitivo porque como suele sucederle a quienes practican un tenis muy agresivo, necesitaba estar a un absoluto 100%, de lo contrario era propensa a cometer muchos errores sobre la pista. Pero, ¿cómo centrarse en mejorar cuando la prensa la había convertido ya en un símbolo sexual planetario y ganaba muchísimo más dinero con contratos publicitarios que intentando ganar su primer torneo? Anna Kournikova parecía pasar más tiempo en sesiones de fotos y presentaciones que entrenando con seriedad, lo cual no ayudaba a superar unos problemas de concentración admitidos por ella misma. Aunque obtuvo un respetable palmarés en dobles y aunque logró vencer a algunas jugadoras importantes en algunos partidos, el público en general no la tomaba en serio como tenista. Era tan guapa y su presencia era tan imponente que, no habiendo obtenido ningún título, resultaba fácil encasillarla como un mero “invento de la prensa”.
Lo tenía todo para haberse convertido en una gran jugadora, pero se retiró muy tempranamente a los veintitrés años debido a una lesión. Cabe preguntarse si las lesiones eran consecuencia de una inadecuada preparación. Pero para entonces su retirada poco importaba ya: estaba claro que su potencial tenístico se había perdido en un océano de portadas, posters y anuncios. Incluso sin las lesiones, Anna Kournikova se hubiese transformado en una supermodelo sui generis como primera y más prominente profesión. Nadie confiaba ya en que hubiese recuperado la senda de la competición algún día. Es difícil criticarla por ello, porque ante las cámaras y como imagen de marca ganó un dinero que quizá nunca habría ganado sobre las pistas aun obteniendo títulos importantes.
Su paso por el mundo del tenis sentó un precedente que afectó a las carreras de otras jugadoras. El tenis concede una presencia mediática a las jugadoras que resulta difícil conseguir en otras competiciones femeninas y desde que la rusa abandonó las pistas —oficialmente, ya que siguió participando en exhibiciones— los publicistas han esperado ansiosamente la llegada de una “nueva Kournikova”. Cada vez que se le ha colgado el sambenito a alguna tenista, su carrera se ha estancado por un motivo u otro.
Martina Hingis: triunfos, romances y fiestas

Su afición a las fiestas y el interés de la prensa por su vida privada terminaron con el reinado de Martina Hingis, una de las tenistas más brillantes de las últimas décadas.
La contemporánea de Anna Kournikova no despertó el mismo revuelo mediático; la prensa la apodó “the Swiss Miss” pero el papel de “niña bonita” del tenis había sido acaparado por la rusa. La fama no arruinó los mejores años de juego de Martina Hingis porque fue una tenista muy precoz: obtuvo sus grandes torneos siendo aún una adolescente. Durante cuatro o cinco años su tenis maravilló a los aficionados con un estilo completamente opuesto al de Kournikova, más basado en la inteligencia táctica y el toque sutil que en la agresividad. Para cuando comenzó a aparecer en las revistas generalistas y los factores extradeportivos empezaron a perjudicar su juego, la suiza ya había transitado la senda de las victorias. Había ganado cinco títulos grandes, aunque la impresión general es la de que pudieron ser más.
Martina Hingis no era una jugadora fácil de comercializar, de todos modos. Carecía de diplomacia y simpatía. Su carácter sobre las pistas, como sucede a veces con los tenistas geniales, era mercurial y demasiado volátil. Solía comportarse como una niña mimada, lo cual le ganó la animadversión e incluso los abucheos del público de no pocos torneos. Fuera de las pistas, en las ruedas de prensa, la cosa no mejoraba: Hingis no sabía perder, rara vez tenía palabras amables para sus rivales directas y en más de una ocasión levantó ampollas con declaraciones bastante repletas de vitriolo.
Al contrario que Anna Kournikova, Martina solía aparecer en sesiones de fotos relativamente discretas. No parecía especialmente interesada en explotar su sex-appeal posando en bikini. Martina Hingis sí estaba centrada en su tenis… al menos durante los primeros años. Pero la prensa, especialmente la del corazón, empezó a hacer de ella carne de portada en cuanto se supo de sus primeros romances. Es algo que no hubiese ocurrido de haber sido una jugadora menos agraciada y no se puede culpar a Hingis de ello: fueron los periodistas quienes se empeñaron en darle tanta repercusión a su vida personal. Aquello descentró a Hingis, que además ya había empezado a mostrar su ahora bien conocida afición a las fiestas. Como tenista no volvió a ser la misma.
Al igual que a Kournikova, las lesiones forzaron a Martina Hingis a retirarse tempranamente, con sólo veintidós años. Aunque también, como en el caso de Kournikova, cabe preguntarse si las lesiones no eran producto de una evidente falta de concentración, disciplina e interés. Ambas tenistas habían caído de la misma manera: con lesiones que curiosamente coincidían con el auge de la atención mediática masiva. Pero ninguna de las dos sufría lesiones incapacitantes, como prueba el que ambas hayan seguido ligadas a las pistas. De hecho Hingis retornó a la competición varios años después de su retirada y lo hizo con mucha dignidad y relativo éxito teniendo en cuenta el largo hiato de inactividad. Una lástima que un positivo por consumo de cocaína truncara su segunda etapa como profesional, pero era algo que se veía venir conociendo su historial de “party animal”.

El ser publicitada como la "nueva Kournikova" perjudicó el tenis de Maria Sharapova, pero le ha hecho ganar mucho dinero.
Maria Sharapova: una de cal y otra de arena
Cuando una jovencísima tenista rusa surgida prácticamente de la nada ganó Wimbledon en el 2004, la etiqueta de “nueva Kournikova” se convirtió en tópico de uso común y los agentes publicitarios comenzaron a frotarse las manos. Alta, rubia y también formada en la academia Bollitieri, Maria Sharapova tenía todos los papeles para ser convertida en el nuevo producto de grandes campañas de imagen.
El modo en que esto ha afectado a su carrera es evidente, pero también es cierto que ha seguido ganando títulos, aunque a menor ritmo de lo que su potencial hacía suponer. Ha tenido alguna temporada en la que —casualidad— las lesiones coincidían con periodos de máxima exposición mediática. Nunca ha sido un secreto que Sharapova gana auténticas fortunas gracias a sus contratos publicitarios y que a veces ha parecido más preocupada por el modo en que vestía en la cancha que por el desarrollo de su juego. Los medios colaboraban a ello centrándose a veces en aspectos más bien triviales, por ejemplo bromeando con el modo de gemir (o para ser exactos: berrear) de Sharapova mientras juega o publicando fotos de los empleados de Wimbledon con la mirada puesta sobre la jugadora rusa mientras arrastraban las lonas de protección de la hierba. Los decibelios y las minifaldas de Sharapova pasaron a ser protagonistas de muchas crónicas, mientras sus rivales la empezaban a sacar de las pistas y muchos de sus seguidores se desesperaban viendo su juego aparecer y desaparecer como el Guadiana.

Durante buena parte de su carrera, Sharapova ha perdido la concentración en favor de sus múltiples compromisos publicitarios y de imagen.
Sin embargo ha logrado sobreponerse a estos trances y ha experimentado un par de “resurrecciones” a lo largo de su carrera. Sharapova ha dilapidado parte de su potencial deportivo en favor de una carrera publicitaria lucrativa, pero al menos sus lagunas tenísticas no han sido definitivas. Quizá ha ayudado el que Ana Ivanovic empezase a centrar la atención mediática sobre sí o quizá realmente “Masha” ha sentido la necesidad de seguir demostrando que es una gran tenista. Cinco finales de Grand Slam en ocho años, incluyendo tres títulos, son el resumen de una gran carrera… pero cualquiera que viese a aquella Sharapova de diecisiete años ganando Wimbledon tiene la sensación de que podrían haber sido unos cuantos más. Afortunadamente, este 2011 la ha contemplado retornar a grandes niveles de juego, incluyendo su segunda final en Wimbledon.
Ana Ivanovic: llegó, venció, enamoró… y empezó a perder

Desde hace varios años Ana Ivanovic parece más centrada en labores de modelo que en recuperar la chispa sobre las pistas.
Tras la propia Kournikova, ninguna otra tenista ha ejemplificado mejor el “síndrome Kournikova” que la serbia Ana Ivanovic. Al contrario que Maria Sharapova, Ivanovic comenzó su carrera con discreción. Ya en sus inicios su belleza y su dulzura empezaron a romper corazoncitos entre los aficionados, pero mientras no obtuvo grandes resultados su nombre era desconocido más allá del mundillo tenístico y nadie presagiaba un boom publicitario en torno a ella. Resultaba difícil imaginarla en la portada de Sports Illustrated y no porque su físico no lo permitiese, sino porque parecía la clase de jugadora que disfruta trabajando su carrera con cándida timidez, más allá del alcance de los fotógrafos. La evolución de su juego presagiaba grandes cosas, especialmente en las superficies lentas. Muchos comentaristas, incluido quien suscribe, se sintieron impresionados por sus primeras apariciones en Roland Garros. Era una campeona en ciernes.
Y fue campeona, pero todo cambió con su primera, y hasta ahora única, victoria en un grande. Tras adjudicarse un Roland Garros al que parecía predestinada, la atención periodística y publicitaria se volcó sobre ella. Los medios descubrieron que además de guapa tenía un considerable encanto ante las cámaras y la chiquilla que sólo un año antes parecía la discreción en persona apareció posando en bikini para Sports Illustrated. Ahí terminó la ascensión tenística de Ana Ivanovic.
En los últimos tres años, la serbia sólo ha ganado un par de torneos de poca importancia y su carrera, teniendo en cuenta su potencial, puede considerarse un páramo desolado. Su última buena actuación en un torneo relevante fue una aparición en la final de Indian Wells durante 2009. Un bagaje muy, muy pobre para una tenista de su potencial. Y no hay mucho que preguntarse al respecto: las sesiones de fotos y el interés de la prensa del corazón por sus romances y su vida privada se han interpuesto en su tenis. Ana Ivanovic dejó de tener la cabeza en las pistas y pese a su empeño por volver a ser lo que era, de momento no lo ha conseguido. Ha perdido peso y se ha dejado ver con una imagen más fibrosa, pero evidentemente el peso no fue nunca su problema. Su problema es que hace ya mucho tiempo que no parece tener el grado de concentración y confianza necesarios para retornar a lo más alto; en ciertos aspectos recuerda a la Martina Hingis inmediatamente previa a su primera retirada… sólo que incluso aquella Hingis era más exitosa que la actual Ivanovic.
Más madera: desconocidas, pero comercializables
Como hemos visto, las tenistas como Kournikova o Ivanovic podían ser muy guapas o muy encantadoras, pero su imagen no era masivamente explotada hasta que los resultados deportivos no les concedían cierta relevancia. Tenían que ganarse la fama sobre la pistas primero para después asaltar esa otra fama, la de las revistas “para hombres” y del corazón. Incluso Kournikova necesitó estar en el Top Ten para empezar a generar expectación y lucir palmito en portadas.
Pero hoy esa tendencia podría empezar a cambiar. Los medios, especialmente en Estados Unidos, han empezado a fijarse en jugadoras que aún no han explotado tenísticamente (y que en algunos casos es posible que no exploten nunca) y se están fijando únicamente debido a su sex-appeal, intentando hacer resonar su nombre entre el público general. Algunas tenistas sin grandes logros a sus espaldas están siendo tentadas por las revistas.
El mejor ejemplo es de la alemana Julia Goerges, cuyo sex-appeal y cuya pizpireta feminidad a lo Ana Ivanovic han comenzado a llamar la atención en ámbitos más allá del tenis. Pero al contrario que Ivanovic, Goerges ha empezado a dar que hablar antes de obtener resultados deportivos destacables. Es una tenista con potencial, pero es un potencial aún por desarrollar y viendo lo que la atención mediática ha significado en las carreras de otras jugadoras cabe preguntarse si su carrera deportiva podría quedar neutralizada casi antes de empezar.
Otras tenistas lo han tenido más claro. Por ejemplo la norteamericana Ashley Harklerload, que estuvo entre las cincuenta mejores del mundo, ha sido la primera y única tenista profesional que ha posado para Playboy. El de Harklerload es un caso extremo, pero el que tenistas de menor nivel usen su imagen para obtener cierto renombre se está convirtiendo en un fenómeno común. Nombres que aún no han dado que hablar sobre las pistas como Barbara Sobaszkiewicz o Katerina Avdiyenko (no se sientan ustedes olvidadizos si no las recuerdan en este instante; ninguna de ellas ha ganado Wimbledon) han hecho sesiones fotográficas con medios importantes. Los medios, cómo no, han visto un filón en ello. Hay tenistas perdidas en la clasificación pero que atraen la mirada por motivos extradeportivos, como la francesa Alizé Lim, cuyos posados fotográficos también le han dado cierto renombre. Sus logros deportivos son aún menos que discretos, pero pese a estar en una parte bastante baja de la clasificación se ha convertido en una tenista relativamente conocida en el mundillo y podría llegar a trascender fuera de él, como Goerges.
Aunque también se ha dado el caso contrario: la imagen de la rumana Simona Halep empezó a aparecer en los medios debido a un detalle tan trivial como el de su volumen pectoral, inusual para una tenista. Al contrario que otros nombres que acabamos de citar, ella nunca pareció sentirse cómoda con esa atención mediática. Finalmente optó por someterse a una operación de reducción de pecho, básicamente porque ese volumen le producía dificultades para seguir compitiendo. Tras la operación, la presión mediática ha disminuido considerablemente y ella parece haberlo agradecido mucho.
Son las dos caras del alto nivel de comercialización de la imagen en el tenis femenino. Algunas jugadoras se sienten molestas con ello, otras lo utilizan como herramienta de promoción y para algunas es la fuente fundamental de ingresos. La condición de sex-symbol ha entorpecido la carrera competitiva de varias grandes tenistas, pero también ha creado varias carreras paralelas en la publicidad y la imagen. Lo que está claro es que este tipo de explotación no afecta igual al tenis masculino que al femenino. Podría debatirse hasta la saciedad si esto se debe al machismo intrínseco de la sociedad de consumo, pero lo cierto es que seguirá sucediendo mientras haya jugadoras que despierten la atención del sexo opuesto.

La francesa Alizé Lim es uno de los nuevos descubrimientos de la prensa, aunque no ha llegado nunca a avistar las partes altas de la clasificación y es probablemente mejor modelo que tenista.










Es obviamente la objetificación de la mujer y el machismo de la sociedad. Busca Simona Halep en Google y todo lo que encontrarás son fotos de ella antes de la operación, centrándose en sus pechos más que en su valía como jugadora. Es terrible y nos debería dar a todos que pensar, especialmente que estas chicas ganen más enseñando su cuerpo que siendo tenistas profesionales. Marat Safin está tremendo pero no ha estado sujeto a la atención que han obtenido todas estas mujeres, porque él es un hombre.
¿Machismo? tener apetitos lujuriosos no me parece que lo sea. Tampoco veo nada trágico en que a la gente le guste más el sexo que el tenis.
Creo que ya es tiempo de que alguien hiciera una película llamada “Dr Comonnhate o como aprendí a dejar de llevarme por la sociedad y saber que es y no es machismo”
Bien por el hombre sin guantes.
No entiendo por qué razón si una mujer es muy inteligente puede explotar económicamente su cerebro y si es muy guapa no puede hacer lo mismo con su cuerpo. Este puritanismo posmoderno y feminazi es verdaderamente aterrador.
En la foto de Sharapova uno de los de camisa verde es un trucha, identifiquen cuál.
Creo que la primera tenista profesional en posar para Playboy fue la brasileña Vanessa Menga, jugadora no muy destacada cuyo mejor ránking fue el puesto 163 de la WTA. Aquí, el reportaje (Playboy, febrero de 2001):
http://hospedagemlost.blogspot.com/2010/07/playboy-vanessa-menga-fevereiro-2001.html
Claro, claro, osea ellas son las que deciden cómo enfocar sus carreras y hacia qué sitio llevarlas y claro, es machismo. ¿Por qué Mireia?. Si se gana más de modelo que de profesional del tenis femenina igual es porque el tenis femenino (sin ningún tipo de desmerecimiento) no posee un nivel estable. Dime, si sabes de tenis, cuántas mujeres en total han copado el TOP10 en los últimos 5 años, la varianza es terrible, no así con el TOP10 masculino.
Y Rafa, por ponerte un ejemplo también es modelo de varias cosas…pero no se olvida de que lo importante es eso, el tenis, a lo mejor tiene más que ver con las ínfulas de princesa que tienen muchas que con el machismo.