La música del Beatle silencioso

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Liverpool, 1956. Un chaval de trece años pasea en bicicleta por las calles del barrio. Era una ciudad portuaria sin gran cosa que ofrecer a la juventud, donde a nadie le esperaba un futuro demasiado brillante, así que no tiene mucho más que hacer que deambular por las calles. Le rodean los sonidos de una era ahora perdida en la vecindad de una zona conocida como Penny Lane. De vez en cuando el chico de la bicicleta pasa junto a alguna ventana y le llegan rumores del interior: voces, ruidos o una radio encendida. De repente, se ve obligado a detenerse. Está escuchando algo que no había oído nunca antes, algo que proviene del interior de una de aquellas casas proletarias. Algo que le absorbe como una revelación; su vida cambia en ese mismo instante. Lo mismo les sucede a miles, millones de niños en todo el mundo en aquellos años. El chaval de la bicicleta está parado junto a la ventana, absorto y conmocionado por lo que está oyendo. No sabe aún lo que es. Nosotros, desde el futuro, podríamos decírselo: es la canción Heartbreak Hotel, y la voz que escucha es la de Elvis Presley. A partir de ese preciso instante, el niño de la bicicleta ya nunca será el mismo. En cuanto pueda se comprará una guitarra barata, porque ciertos niños sienten la imperiosa necesidad de reproducir por sí mismos los sonidos que emergen de ciertas canciones. Nadie sabe por qué, pero así es. Y él quiere imitar lo que suena en la radio, aquella extraña y fascinante música que llega desde la lejana e ignota América. Su primera guitarra le cuesta algo más de tres libras. Es una cantidad considerable para su humilde familia, pero su madre le da el dinero tras comprobar que el chico no se saca la guitarra de la cabeza. Será una buena inversión, desde luego. El chico de la bicicleta se llama George Harrison y acaba de descubrir el rock & roll.

A la sombra de los compositores en flor

Fue el más joven de los cuatro Beatles. Tenía dos años menos que John Lennon y Ringo Starr, y un año menos que Paul McCartney. En una banda que comenzó tan pronto, eso tiene su importancia. El concepto “banda de rock” era algo que no existía todavía —su propia generación lo estaba inventando— y había poco motivo para admitir a gente de edades inferiores. Harrison estuvo a punto de no entrar en el grupo porque Lennon le consideraba un mocoso, pero el escuálido George resultó ser más hábil con su guitarra que el propio John, así que se ganó el puesto de solista.

George Harrison

El pequeño George fascinado con su nueva guitarra

El hogar familiar de Harrison no estuvo marcado por divorcios, ni por ausencias o muertes, como los hogares de sus tres compañeros. Quizá por ello, Harrison siempre fue el más tranquilo de los cuatro. Era callado y reflexivo, sin los arrebatos violentos de Lennon, sin el desconcertante ego de McCartney y sin la irreprimible tendencia al descontrol festivo de Ringo Starr. George Harrison era un buen chico de familia católica, pese a que el rock & roll le hizo perder el interés en los estudios, peinarse con tupé y vestir con pantalones ajustados y chaqueta de cuero. En cuanto a su nueva banda de música, tenía asumido su papel de benjamín. La realidad le recordaba constantemente que era el más crío, como cuando los primerizos Beatles tuvieron que regresar de Hamburgo al descubrir las autoridades alemanas que Harrison era todavía menor de edad.

Lennon y McCartney llevaban las riendas del grupo, ya desde antes de alcanzar la fama, y por motivos de peso. El destino reunió a dos chavales de portentoso talento que vivían alejados por unas pocas calles y mientras los Beatles existieron, aquellos dos líderes compitieron en una carrera por ver quién lograba componer la música más inolvidable. Resulta fácil imaginar por qué el joven George asumió su papel secundario con naturalidad, frente al torrente creativo de Lennon y McCartney. Cualquier otro chaval aspirante a músico se hubiese sentido intimidado al lado de semejantes luminarias en ciernes. George se conformó con el nada ingrato papel de guitarra solista. Un jovencísimo guitarrista no podía pedir más que un par de compañeros que fabricaban canciones pegadizas como churros. Pongámonos en su lugar: George sólo tenía que sentarse allí con su guitarra, mientras sus dos monstruosos amigos aparecían con melodías inolvidables como Love me do, She loves you o I wanna hold your hand. Eso, ya en los inicios: si alguien cree que es fácil sacarse esas canciones de la nada, puede sentarse y grabar su propio estribillo pegadizo: probablemente tardará siglos en conseguir una sola melodía equivalente. El modesto George era consciente de esto y no reclamaba su parcela, porque los jóvenes músicos de una banda se mueven por instinto y el instinto en música no suele fallar. Cuando la banda, tras mucho pelear y tras ser rechazados por alguna discográfica (“los grupos de guitarras ya no están de moda”, célebre y por qué no decirlo, épica sentencia con que los rechazaron en Decca Records) consiguió plasmar esos estribillos pegadizos en vinilo, se conviertieron en éxitos repentinos (a nivel local primero, a nivel nacional después, y a nivel mundial al cabo de pocos meses). El callado guitarra sólo podía dar las gracias por compartir grupo con John y Paul.

George Harrison Teddy Boy

Harrison en su etapa adolescente como “Teddy Boy”, con tupé y chaqueta de cuero.

Así, George Harrison estuvo a la sombra de sus dos compañeros durante años. Incluso a la sombra de Ringo, quien no tenía habilidades musicales tan complejas, pero que brillaba junto a los dos compositores principales gracias a su carisma y su sentido del humor. Los Beatles se convirtieron en estrellas universales, pero Harrison era el menos estrella de los cuatro. Aunque a él no le importaba. Era un chaval de Liverpool que se estaba haciendo rico de la noche a la mañana y que tenía acceso a más chicas de las que podía siquiera concebir. No puede haber nada mejor a los veinte años. Incluso pudo viajar a Estados Unidos y conocer a sus ídolos: Elvis, Little Richard, Fats Domino… ¿qué se le puede pedir más a la existencia?

Uno detrás de otro, los álbumes de los Beatles copaban las listas de éxitos mientras provocaban una metamorfosis en la música popular que terminaría afectando a todos los estilos musicales imaginables. El binomio Lennon/McCartney se convirtió en una fábrica de melodías clásicas, pariendo hitos con tal exuberancia que terminaron ganándose comparaciones con Mozart o Beethoven. Algo que sin duda escandalizó a los más puristas, pero que es un hecho: hoy, en el 2011, no se puede hacer nueva música sin sufrir la influencia —consciente o inconsciente— de The Beatles. Y George Harrison estaba allí, justo en el epicentro de la revolución, viendo cómo John y Paul disfrutaban jugando a convertirse en figuras históricas. Él, que sólo había querido tocar la guitarra.

El despertar

Durante casi toda la existencia de The Beatles como grupo, Paul McCartney y John Lennon estuvieron ocupadísimos experimentando con nuevos sonidos, asentándose en su nueva posición de referentes culturales y sociales y tratando de acomodar su psique a la situación gracias a esa defensa primitiva que consiste en inflar el ego. Lennon dijo “somos más famosos que Jesucristo” y McCartney “somos la mejor banda del mundo”. Probablemente tenían razón, pero aunque no la hubiesen tenido, era una forma como cualquier otra de intentar asimilar su nuevo estatus de iconos universales, algo para lo que no habían tenido tiempo de prepararse. Dadas las circunstancias —y viendo cómo acabaron otros músicos en situación similar— McCartney y Lennon no lo asimilaron mal. Ringo Starr era otro cantar. Sabiéndose el menos talentoso de la banda, pero también el más divertido, decidió jugar el papel de bufón feliz que recibe el éxito con los brazos abiertos y se refugió en los placeres que su nueva fama tenía que ofrecerle, convirtiéndose en un alcohólico y adicto a las drogas. La presión es la presión.

Beatles Hamburgo

Los Beatles en Hamburgo, cuando aún estaba Pete Best a la batería.

Tampoco George Harrison podía ajustar su ego para ponerse a la altura de las circunstancias. Sólo fue descubriendo su talento poco a poco, y mientras estuvo junto a John y Paul nunca pudo estar completamente seguro de sí mismo. Sí, algunas de las mejores canciones de The Beatles son suyas, pero están repartidas en varios discos a lo largo de siete años. John y Paul podían llenar discos enteros y rara vez podía Harrison aspirar a incluir más de dos composiciones en un LP. Sin embargo, esas composiciones eran cada vez mejores: disco tras disco, su música iba equiparándose —no en cantidad, pero sí en calidad— a la de sus dos “hermanos mayores”.

Ante la fama, con la que nunca lidió demasiado bien y que le dio muchos dolores de cabeza, Harrison se volcó en la espiritualidad. Descubrió la filosofía, la mística y la música orientales de mano de algunos de sus amigos hippies norteamericanos. Gracias a la resonancia de todo cuanto hacían los Beatles, Harrison fue el principal responsable de la difusión de los sonidos orientales (sobre todo de la India) en la música popular occidental. No fue el primero en hacerlo, pero sí el más famoso e influyente, y también el más visiblemente comprometido con la orientalización de las cultura popular. Trajo a Ravi Shankar a nuestro hemisferio. Popularizó entre la juventud conceptos metafísicos y filosóficos exóticos que hasta entonces estaban sólo en los tratados de antropología. En definitiva, Harrison encontró su lugar. Todos necesitamos tener un papel que cumplir, y Harrison descubrió que su papel en los Beatles —y por tanto en el escaparate de la cultura moderna— era el de ejercer como el “Beatle místico”, el introductor de nuevas influencias. Aunque siguió incluyendo relativamente pocas canciones en el repertorio beatleiano, su música reflejó una nueva seguridad en sí mismo. Dejó de imitar los esquemas de las canciones Lennon/McCartney y empezó a escribir “canciones Harrison” que, además, eran cada vez mejores. Su explosión creativa se produjo probablemente en el álbum Revolver, donde incluyó tres canciones que contribuían decisivamente al giro de la música de los Beatles hacia nuevos terrenos, como la psicodelia o las guitarras más duras. A partir de ese disco contribuyó con pocos pero imprescindibles temas, hasta alcanzar la cumbre, probablemente, con Something, canción que le equiparó a los mejores logros de Lennon/McCartney. A medida que Harrison perdía los complejos —que no la modestia— su trabajo de composición se hacía más refinado, lo cual coincidió con unos años de inspiración particularmente aguda.

También su papel como guitarrista se volvió más preeminente. Muchos no ven más allá de sus limitaciones técnicas e infravaloran su talento como instrumentista. Cierto es que la técnica de Harrison era bastante básica comparada con la de alguien como Jimi Hendrix, pero no hay que olvidar que la complicación en la ejecución es sólo uno de los elementos de la música, y a menudo uno de los “menos musicales” y de los más circenses. George Harrison tenía muy notables cualidades como guitarra solista. En primer lugar, un exquisito gusto por la melodía. En segundo lugar, un considerable talento como arreglista, que empezó a adquirir más y más relevancia conforme los Beatles creaban música más atrevida y compleja, cuya ornamentación requería bastante más que los desenfadados fraseos “poppies” de sus inicios. Incluso en canciones escritas por sus compañeros, sus anotaciones con la guitarra crean aquí y allá momentos sumamente característicos que redefinen la esencia de los Beatles. En la segundas mitad de los sesenta, al binomio lennon/McCartney le creció una tercera cabeza.

Pero Harrison estaba muy descontento en los Beatles. John y Paul seguían cortando y repartiendo la tarta —tanto en el plano artístico como en el económico— y eso, unido a un trepidante estilo de vida que le mantenia permanentemente malhumorado, George amenazó varias veces con abandonarel grupo, algo que en realidad llegó a hacer. Temporalmente, eso sí, ya que sus compañeros consiguieron que volviese al poco tiempo y el sunto no llegó a trascender al conocimiento del público. Aun así, la separación final de la banda no fue una tragedia para ninguno de los cuatro y mucho menos para un Harrison que estaba sencillamente harto de la maquinaria que rodeaba al fenómeno más grande del mundo del espectáculo. Habían ganado todo el dinero que podían querer y de todos modos el ambiente dentro del grupo se estaba descomponiendo por momentos. Harrison se sintió aliviado cuando la banda que le había dado la fama dejó de existir.

El nuevo Harrison

El primer disco en solitario que editó tras la ruptura del grupo (All things must pass) estaba formado por canciones que había escrito durante su estancia en The Beatles pero que no habían tenido salida en los discos de éstos, y le reivindicó ante el mundo, especialmente gracias al éxito de la sencilla pero emotiva My sweet lord. Era una canción típica de lo que sería el Harrison de los siguientes años, esto es: sonidos dulces, letras místicas, y mucho cuelgue cósmico y espiritual. Mientras McCartney escribía bandas sonoras y rock grandilocuente con The Wings, Lennon se peleaba con el mundo y Ringo se iba de borrachera con Keith Moon, George Harrison se convirtió en el primer prototipo de estrella del rock concienciada, el primero de los rockeros filántropos. Mucho antes de que We are the world sonase en las radios, Harrison organizaba el Concierto para Bangladesh. Afortunadamente, sus preocupaciones humanistas no le hicieron creerse un nuevo Jesucristo y lejos de tomarse tan en serio como Bono y similares, siguió siendo el “Beatle callado”, sin dar excesivamente la nota y sin prodigarse demasiado en las entrevistas. Con sus siguientes grabaciones obtuvo algún éxito más en la onda de My sweet lord, como la hippiosa Give me love (give me peace on Earth). El “Verano del Amor” había terminado, pero él no se dio por aludido. Lo cual, por descontado, le da buena parte de su encanto y hace que a algunos nos caiga tan bien. George Harrison era, en la distancia, como el típico amigo hippie colgado: uno nunca estaba seguro de si no había terminado de aterrizar de sus viajes con LSD, o si sencillamente su visión del mundo era así de espiritual.

Patty Boyd

Con Patty Boyd, a la que dedicó Something.

Aunque no tuvo más remedio que aceptar el final de la era del amor y la paz cuando en 1980, para conmoción del mundo entero, John Lennon fue asesinado a tiros en el portal de su casa. Además de la pérdida de su amigo —con quien estaba en un momento de tensión, ya que no se hablaban desde hacía un tiempo, porque Harrison le había ignorado bastante en su autobiografía— se vio obligado a aceptar la necesidad de llevar guardaespaldas. El mundo no era el lugar pacifico que él había querido contribuir a crear. George Harrison no lo pasó bien. Como sus otros compañeros, la idea de que en cualquier momento podía sufrir la suerte de Lennon le atormentó durante una buena temporada. No puedes esconderte fácilmente si eres un Beatle y nunca podía estar seguro de cuántos lunáticos deambulaban por ahí dispuestos a vengar la separación de The Beatles o algo similar.

Durante el resto de su carrera, Harrison siguió creando música, aunque pocas veces llegó a los niveles de excelencia que había alcanzado en su etapa final con The Beatles. No le faltó éxito comercial ni en los 70 ni en los 80. Cuando la gente parecía haberse “olvidado”de él, aparecía con una versión increíblemente pegadiza del viejo tema de James Ray Got my mind set on you, con el que reventó las listas y que fue radiado y televisado a todas horas.  También triunfó con aquella colección de gigantes llamada Travelling Wilburys, donde coincidió con alguno de sus antiguos ídolos (Bob Dylan, Roy Orbison) y con algunos de sus célebres discípulos (Tom Petty, Jeff Lynne). ¿Quién podría olvidar algo como Handle with care?

Como decimos, el éxito no le dio la espalda, pero sí es cierto que su carrera en solitario, por lo general, no estuvo repleta de grandes sorpresas. Ahí sí fue eclipsado por la apabullante explosión de creatividad que Lennon y McCartney experimentaron en los años setenta, y que reforzaron —pese a todo— la idea de que ellos dos habían sido el motor fundamental de ese fenómeno histórico planetario llamado The Beatles, y de que Harrison había sido un talento importante, pero accesorio. No importa. George Harrison siempre nos cayó mejor, y sus mejores canciones no tienen nada que envidiar de Yesterday o Imagine.

Es ahora momento de llegar a lo que, después de tanta palabrería introductoria, era el objetivo fundamental de este artículo: homenajear al gran George Harrison a través de aquello por lo que es más célebre. O sea, las canciones que escribió para The Beatles. Es una excusa para escucharlas una vez más (pinchando en el nombre de cada canción hay un enñace para escucharla en Youtube). En ellas se observa perfectamente la evolución del músico desde el “hermano pequeño” que imitaba a sus dos talentosos líderes, hasta el compositor con personalidad propia que creció hasta destaparse con algunas obras maestras al nivel de lo que cualquier otro individuo haya podido condensar jamás en forma de canción. Una lista de temas clasificados por los discos donde fueron incluidos. Espero no olvidar ninguno (he dejado fuera los que estaban cantados por él pero que fueron compuestos por Lennon/McCartney, las caras B de algún single o los incluidos en recopilaciones posteriores: es decir, me ciño a los LPs oficiales). Cuando están a punto de cumplirse diez años de su muerte física, es buen momento para recordar que su música seguirá viviendo por siempre.

Las canciones
With the Beatles (1963)

Don’t bother me: su primera aportación a los Beatles. El propio Harrison lo explicaba de manera bien simple: “quería comprobar si era capaz de escribir una canción”.  Y fue capaz, aunque es la única composición que incluyó en el primer álbum del grupo y evidentemente es una imitación del tipo de canción que hacían Lennon y McCartney en aquella misma época, aunque aún bastante por debajo de lo que estos podían producir. Poca cosa al lado del infeccioso gancho de Love me do o She loves you… pero un comienzo es un comienzo.

Harrison hippie

Harrison en su etapa hippie, que abandonó a duras penas y nunca del todo.

Help (1965)

You like me too much: más o menos el mismo caso que Don’t bother me, una canción correcta pero que, en esencia, es material de serie B en comparación con lo que Lennon/McCartney estaban facturando por entonces. Los Beatles tenían la costumbre e incluir temas de los cuatro miembros en cada LP, para que todos recibiesen su parte de royalties, pero no cabe duda de que Paul o John hubiesen podido sustituir You like too much por cualquier otro igual o mejor escrito por alguno de ellos dos.

I need you: la cosa empieza a mejorar y por fin Harrison aporta una canción algo más característica. Mucho más inspirada que You like me too much, y en mi opinión la primera canción de George Harrison que tiene cierta entidad propia. Aún no compone al nivel de sus compañeros, pero esta sí es una canción que Lennon y McCartney no hubiesen querido dejar fuera del disco. El George compositor está despertando: aún tiene que desperezarse, pero I need you es un gran paso adelante.

Rubber soul (1965)

Think for yourself: los Beatles están empezando a experimentar y Harrison, a su manera, se atreve a incluir elementos prototípicos de lo que serán sus joyas del futuro. Think for yourself podría parecer en principio otra destilación de las canciones Lennon/McCartney, pero la primera impresión es engañosa. No sólo es su mejor melodía hasta la fecha, sino que contiene detalles aquí y allá que vaticinan el amanecer de su edad dorada como “songwriter”. Su personalidad musical se plasma ya claramente en esta canción: un giro melódico inusual por aquí, unas guitarras distorsionadas por allá…

If I needed someone: definitivamente, George Harrison está encontrando su sitio y siguen apareciendo muestras de lo que hará más adelante. Tiene una línea melódica algo más parsimoniosa atmosférica que los punzantes fraseos pop de sus compañeros, que se presta a un nuevo tipo de armonía vocal, y que será una de las cosas que marcarán su estilo en el futuro. También aparecen arreglos de guitarra que muestran, aunque discretamente, su atracción hacia sonidos orientales, con una tímida imitación de un sitar.

Revolver (1966)

Taxman: Revolver es el disco donde Harrison pierde todos sus complejos y el que uno de sus temas abra tan importante álbum es una buena muestra de ello. Se da el lujo de incluir guitarras aún más distorsionadas en este Taxman, un tema más rítmico y sincopado de lo habitual en él, aunque la melodía es típicamente suya. El hecho de que la canción esté basada en su guitarra y su voz, con poca presencia de sus compañeros, dice mucho de cómo su papel en la banda estaba ganando importancia. Podríamos decir que Taxman es su primer clásico, porque aunque es una canción simple, sigue siendo poderosa, como lo prueba el en pleno 2011 se siga pinchando en muchas discotecas.

Harrison y Bob Marley

Harrison saludando a Bob Marley, presumible compañero de fumeteos.

Love you to: si Taxman destapaba la faceta más guitarrera de Harrison, esta canción desvela otra de sus vertientes características, las inclinaciones orientalistas, y esta vez Harrison se lanza a la piscina de los sonidos de la India sin ningún tipo de cortapisas. Ya no hace una timorata imitación del sitar con su guitarra, sino que directamente se lleva a varios músicos indios al estudio, para que graben con un verdadero sitar y otros instrumentos tradicionales, y se deja llevar por la linealidad hipnótica de la música india. Harrison se desata en el terreno de la psicodelia atmosférica, una de sus grandes aportaciones al sonido de los Beatles y de los años sesenta en general.

I want to tell you: tercera aportación al LP, y tercera demostración de que su inspiración ha dado un salto cualitativo importante. La canción empieza como un típico tema Beatle, pero no tarda en  terminar transformándose en “otra cosa”, con giros melódicos inusuales y armonías extrañas que llevan la firma inconfundible de Harrison. El detalle que más me gusta es la repentina inclusión de un piano disonante, que no sé si fue idea suya, pero que es una de las ocurrencias más fascinantes en un tema de los Beatles (y eso que a nivel de arreglos sorprendentes, en su discografía tenemos toneladas donde elegir). Una de las muchas canciones no muy conocidas del grupo que puede sorprender bastante a los neófitos. Quizá hay gente a la que I want to tell you no le entra a la primera debido a lo particular de su estructura armónica, que bascula entre lo convencional un instante y lo extravagante al instante siguiente, pero tras varias escuchas es muy difícil no terminar capturado por las extrañas vibraciones que desprende el tema. Harrison ya es una fuerza musical a tener en cuenta dentro de una banda que estaba dejando boquiabierto al mundo.

Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967)

Within you without you: Harrison sólo incluyó un tema en este famoso disco, pero qué tema. Desde luego se quedó a gusto dando rienda suelta a sus influencias orientales, abandonándose una vez más a los sonidos de la India y creando un fascinante jardín sónico que anticipa lo que después harían infinidad de grupos, desde Led Zeppelin a Jane’s Addiction pasando por una larga lista de nombres. Vuelven la instrumentación tradicional (esta vez Harrison toca el sitar él mismo, porque estaba  recibiendo clases de Ravi Shankar) y también regresan los cantos hipnóticos meditativos, con el añadido extra de una bellísima sección de cuerda. La canción tiene el aura onírica e irreal de un sueño o de un viaje de LSD, y Harrison la canta con esa perezosa dejadez que siempre imprimía a su voz en los temas psicodélicos y que tan bien encajaba en ellos.

Magical Mystery Tour (1967)

Blue Jay Way: Harrison compuso la canción casi como una broma, simplemente para no quedarse dormido mientras esperaba a unos amigos, pero resultó siendo uno de los temas más particulares de su repertorio y uno de los más desasosegantes también. Ya no hay sonidos orientales, sino una absorbente y oscura atmósfera insana repleta de detalles ácidos, con una melodía obsesiva y tenebrosa. Otra joya poco conocida de la banda que mucha gente debería redescubrir, por si a alguien le interesa comprobar por ejemplo dónde pudo nacer la oscuridad de Black Sabbath.

The Beatles (1968)
Harrison y Bob Dylan

Harrison con Bob Dylan en el famoso “Concierto para Bangladesh”

While my guitar gently weeps: en el “álbum blanco” los Beatles dieron rienda suelta a todos sus instintos creativos, yendo de un estilo a otro sin complejos. Y en ese mismo álbum Harrison dio un nuevo paso adelante, y finalmente se puso en igualdad de condiciones con Lennon y McCartney, no en cuanto a número de temas, pero sí en cuanto a calidad de los mismos. Hasta entonces había aportado ya algunas grandes canciones al repertorio, pero en este disco aparecen sus primeros himnos inmortales. While my guitar gently weeps es la primera de sus piezas eternas, una canción en la que Harrison abandona la psicodelia de discos anteriores y descubre una nueva especialidad: la balada épica. La secuencia de acordes es inmejorable, la melodía es perfecta, la estructura es redonda… todo está en su sitio y todo desprende una increíble emoción. Poco más hay que decir de semejante joya. Es un clásico de la música contemporánea, la clase de canción que sonará mientras exista la humanidad. A destacar la acertada aportación de Eric Clapton, a quien Harrison cedió la guitarra solista.

Piggies: otra novedad. Harrison, como ya hacía McCartney desde tiempo atrás, se deja influir por la música clásica y las canciones tradicionales británicas. Combina melodías cristalinas y casi infantiles con arreglos barrocos e incluso algún arrebato teatral, en una divertida —pero musicalmente muy notable— parodia de la alta sociedad (“cerditos”), aunque la canción fue interpretada de muchas maneras, desde un ataque a la policía hasta una prédica del asesinato, que es como se la tomó Charles Manson. Otra muestra de que Harrison estaba escribiendo música más compleja a la altura de Lennon/McCartney y no estaba dispuesto a perder la comba de sus compañeros.

Long, long, long: una de las canciones más particulares de cuantas Harrison compuso para The Beatles. Es un tema tranquilo, pero no es exactamente una balada, sino más bien un experimento que anticipa el “rock progresivo” que estaba por venir: la pausada melodía de la canción es puntuada aquí y allá por pequeñas detonaciones rítmicas inesperadas, aportadas por Ringo Starr. Quizá tiene menos tirón inmediato que sus otras composiciones de este “álbum blanco”, porque no se puede decir que sea pegadiza precisamente, pero desde luego su estructura es sumamente interesante, y no hubiese desentonado en un disco de Pink Floyd o King Crimson.

Savoy truffle: en mi opinión, de entre las Grandes (con mayúsculas) canciones de George Harrison, es seguramente la más injustamente ignorada. Savoy Truffle es una genialidad en toda regla, la clase de canción que uno puede escuchar una y mil veces y nunca cansarse de lo infinitamente inspirado de su estructura. Mucha gente, sin embargo, no ve mucho más allá de su melodía. Harrison vuelve a llevar el timón con guitarras sencillas pero poderosas, y además es una de las interpretaciones vocales más peculiares de la discografía beatleina, que alcanza momentos de sublime teatralidad (“I feel your taste all the time we’re apart”). Hay demasiados detalles instrumentales fascinantes en esta canción como para nombrarlos todos, pero como curiosidad decir que Harrison distorsionó el sonido de la sección de vientos, no sin antes pedir disculpas a los músicos que la habían tocado, “por lo que estoy a punto de hacerle a vuestro bello sonido”. A dichos músicos, al parecer, no les gustó nada el resultado, pero se resignaron sabiendo que era aquel sonido lo que Harrison quería para su canción. Y de hecho los metales distorsionados le dan una atmósfera especial. La letra, por cierto, gira en torno a la pasión incontrolada de Eric Clapton por los bombones y chocolates varios. Probablemente no es una de las favoritas del “gran público”, pero es sin duda una de las grandes canciones de los Beatles. Por cierto, no me resisto a decirlo: que nadie se pierda la versión de Ella Fitgerald.

Yellow Submarine (1969)

Only a northern song: Harrison vuelve a la psicodelia en toda regla con una de las canciones más hipnóticas de la banda sonora de la famosa película. Recuerdo que fue la canción que más me llamó la atención cuando vi el film siendo todavía un niño, debido a lo extraño de sus deliberadas cacofonías, aunque entendí la naturaleza caótica de la canción gracias a los subtítulos: la canción habla de una banda “desafinada”. La letra es una puya irónica hacia el modo en que funcionaban las cosas dentro de los Beatles, y la música es una conjunción de instrumentos fuera de lugar que, pese a todo, curiosamente encajan, de modo similar a las cintas magnetofónicas que Lennon había incluido en su Tomorrow never knows de Revolver.

Piscina

Probablemente esta sea su foto más famosa, usada por Martin Scorsese para el cartel del documental “George Harrison: living in the material world”

Let it be (1970)

I me mine: aunque Let it be fue el último LP publicado de The Beatles, fue grabado antes que Abbey Road, así que sigo citando las canciones por orden de composición. Este tema es uno de los más sencillos de su última época, en la que Harrison parece dejar un tanto de lado la psicodelia. El tema está basado en las influencias primerizas del grupo —el rock de los cincuenta— y combina una estrofa de balada melódica con un estribillo que es puro rock & roll al más típico estilo de los Beatles. Título y letra hacen referencia al ego, desde la perspectiva filosófica oriental que Harrison llevaba ya tiempo siguiendo.

For your blue: otra prueba de que Harrison estaba abandonando la psicodelia y centrándose en formas musicales más tradicionales. Es una canción acústica que combina el blues rural de los años 30 con el R&B de Nueva Orleans, con otra referencia a los años cincuenta (George dice “Go, Johnny, go” mientras Lennon toca la steel guitar). Un magnífico blues, que además canta con un tono de voz muy apropiado, muy a lo Skip James. Había pocos músicos blancos que cantasen blues de esa manera por entonces, ya que la mayoría seguían más bien los patrones vocales del blues eléctrico de Chicago. Una canción que bien podrían haber grabado Canned Heat con la voz de Alan Wilson.

Abbey Road (1969)

Here comes the sun: la última grabación de los Beatles —aunque fue publicada antes que Let it be—y la ocasión para que Gorge Harrison se despida del grupo con dos de sus mejores canciones, y dos de las más brillantes joyas de la discografía Beatleiana. Para Harrison el Abbey Road es la confirmación absoluta como un grande de la música. Here comes the sun es una asombrosamente inspirada canción acústica, donde prácticamente todo es perfecto: la melodía principal, los arpegios de la guitarra, la instrumentación… una vez más, Harrison demuestra que sus mejores momentos están a la altura de los mejores momentos de Lennon y McCartney, aunque sea menos prolífico en cuanto a producción de clásicos.

Something: qué se puede decir… es La Canción, con mayúsculas. No sólo está en el Top Ten de clásicos de los Beatles, sino que será la obra que hará que Harrison sea recordado por los siglos de los siglos. Sinatra, que la añadió a su repertorio, dijo que era “la mejor canción de amor de los últimos cincuenta años” y de hecho, por una vez, Harrison consigue robarle el protagonismo del LP a Lennon y McCartney gracias a un solo tema. Harrison se la dedicó a su novia Patty Boyd, una mujer de armas tomar sin tenemos en cuenta que algún tiempo después, Eric Clapton le dedicó también su famosísimo Layla. No existen elogios suficientes para glosar esta absoluta maravilla. Baste decir que, como en el caso de Yesterday, se han hecho infinidad de versiones de este tema por parte de músicos de cualquier estilo imaginable y es uno de los motivos por los que The Beatles pueden ser considerados con toda justicia como “música clásica contemporánea” en toda regla.

George Harrison

19 comentarios

  • Buen artículo. Sólo decir que la idea que se repite dos veces de que Ringo no tenía el talento de sus compañeros sería refutada por cualquier baterista; a no ser que se refiera sólamente al talento compositor.

  • Buen artículo. Me sumo al comentario que me precede, y añadir que no me parece correcto afirmar que Ringo era mucho más borracho y drogadicto que los otros.

    Y por aportar algo: “Harrison se la dedicó a su novia Patty Boyd, una mujer de armas tomar sin tenemos en cuenta que algún tiempo después, Eric Clapton le dedicó también su famosísimo Layla.” Clapton no sólo le dedicó una canción, es que le robó Patty a George (ya marido y mujer) y se casó con ella.

  • Buen artículo, la verdad es que George Harrison merecía una reinvindicación de sus méritos, aunque no me gusta nada My Sweet Lord (por cierto ¿no había perdido un juicio por plagio en esta canción?). Echo de menos “Old Brown Shoe” entre las mejores suyas de la época Beatle.

    • Hola Frinkaedro,

      No incluí “Old brown show” porque no estaba en ningún LP, digamos que ese fue el punto de corte.
      En cuanto al plagio de “My sweet lord”, la canción parece evidentemente una copia de”He’s so fine” (The Chiffons), pero es imposible saber si se trató de una copia inconsciente por parte de Harrison —algo que puede ocurrir, se han dado bastantes casos célebres— o de un plagio consciente, como al parecer sostenía John Lennon.
      Pero la verdad es que no conozco ningún músico célebre que no haya copiado una canción con mayor o menor descaro.

    • Sí, fue condenado por plagio en My Sweet Lord. A mi si me gusta y mucho desde que compré el single cuando salió, que traía en la cara B itsn’ t it a pity.

  • Echo de menos en el análisis de canciones la maravillosa “The inner light”, una cara B (de Lady Madonna) que sin embargo resume a la perfección el cacao hindú yogi-leproso que tenía este hombre en la cabeza: http://www.youtube.com/watch?v=7oSuzEqHOcE

  • Y no sólo Pattie Boyd inspiró Layla, Clapton también le dedicó Wonderful Tonight.

    Maravilloso artículo, por otro lado.

  • Ah, por cierto, ¿y “My bonnie” ?

  • Excelente artículo. Tan sólo permítame ponerme puñetero y recordar la bellísima “The Inner Light” (una cara B, lo sé) y la épica “It’s all too much”. Y sí, “Savoy Truffle” es maravillosa.

  • Muy buen artículo, aunque después de ver el documental de Scorsese, esa imagen tan mística se me desmontó bastante y mira que ocultan como pueden la vena ‘fiestera’ de Harrison.
    Hecho de menos el análisis de It’s all too much también. Para mí, un himno personal.

  • SON TOADS LAS CANCIONES BONITAS Y TODAS TIENEN SU COSITA QUE LAS DESTACA DE LAS COMPOSICIONES DE LENNON-MC CARTNEY. MUY LINDO ARTICULO! FELICITACIONES!!

  • LA VERDAD ES QUE GEORGE, HARTADO, LE DIJO A SU BUEN AMIGO ERICK, PALABRAS MAS, PALABRAS MENOS: “QUERES LLEVARTELA? LLEVATELA Y NO ME JODAS MAS”

  • MY BONNIE, ES UNA CANCION TRADICIONAL, LA QUE ME PARECE OTRA JOYITA COMPUESTA CON JOHN, ES “LLORA POR UNA SOMBRA”, AL MEJOR ESTILO LOS SHADOWS…

  • Cry for a Shadow no es solo de John, de hecho es la única composición firmada Lennon/Harrison, pero no pertenece a su discografía oficial, sino al álbum de Tony Sheridan en el que los Beatles eran la banda acompañante.

    Creo que el resto de temas de Harrison que han mencionado arriba en los comentarios merecían también reseña, pues al fin y al cabo son canciones oficiales de los Beatles.

    Y aún se podrían incluir las maquetas que existen grabadas en época beatle y que serían canciones futuras en solitario, como All Things Must Past y Not Guilty, y que fueron descartadas para el grupo.

  • Taxman, venía además en el EP de cuatro canciones de yellow submarine de Revolver. Recuerdo que lo compró mi madre en 1966!

  • Me gusto mucho el articulo. podriamos agregar sobre el legado y la importancia de Harrison. q sus liricas en varias d ellas llegan a ser mas interesantes q las de lennon y McCartney. creo q Harrison logro q los Beatles sonaran tan diferente y sorprendentes y no se convirtieran en una banda britanica de pop. de disco en disco a partir de 1966. En aporte de temas en cada disco, creo q precisamente el ego sobre todo de McCartney provoco q George no sobresaliera mas en varios discos. empezando con REVOLVER, Harrison trabajo Art of dying una gran rola con una letra mistica y acida. y fue rechazada, para el sgt. peppers Harrison trabajaba con Only a northern Song y la gran It’s all too much,Rock psicodelico a lo mas… ,increiblemente fueron ignoradas. yo les recomiendo hagan este ejercicio. haganse un play list con todo el sgt peppers e incluyan strawberry fields forever,peny lane,only a northern song e its all too much. todas canciones de la misma sesion, y si el sgt,peppers lo consideran el mejor disco de la historia.si hubieran incluido esas rolas sobre todo las de Harrison,eso se elevaria a la 1000 potencia. despues para el album blanco,han escuchado Not guilty?? es una gran rola, creo q mientras McCartney hacia bonitas canciones, Harrison hacia rock. increiblemente quedó fuera, en fin. siento q Harrison equilibró a los Beatles.

  • La verdad no estoy de acuerdo con tu reseña por varios motivos, en primera las cosas como son ya que si tu has tenido la necesidad de devanarte los sesos -quiza con la ayuda de un gran ácido; ya sea para poder disfrutar las canciones de harrison o para poder llenar de melaza tu diatriba- es porque el mundo no es tonto y de refilón ha ubicado a harrison y su canciones en la categoría de relleno.
    Ciertamente las dos últimas se convirtieron en clásico pero hay que ver que la gente las ubica por los beatles pues que sería si hubieran sido escritas por digamos madonna.
    por último creo que se necesita ,mas que porras para poder tragar la mierda que le permitieron los beatles a harrison con el fin de apaciguarlo meter en varios discos.
    tiene sus momentos pero no es tanto como para dar rienda suelta a tu pasión por la identidad con un menospreciado.
    deberás esforzarte mucho más para convencer al monstruo- el público conocedor -

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