Félix de Azúa: En manos del enemigo

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Con frecuencia oigo decir que es inmoral condenar a todos los políticos por el mal comportamiento de unos pocos. Aunque quienes lo dicen suelen ser políticos, podríamos aceptarlo, pero sería más convincente si los políticos que aún no se han corrompido denunciaran a sus colegas corruptos. No suele suceder, o al menos yo no conozco un solo caso.

En Andalucía un tipo ha estado gastando el dinero del contribuyente en dosis de cocaína capaces de matar un hipopótamo, pero ninguno de sus colegas se había percatado. Iba repartiendo dinero a puñados entre los amigos del partido, pero ningún socialista andaluz lo había advertido. Los subsidios de desempleo iban a parar a sus colegas y ningún responsable lo había señalado. Sin embargo el delincuente, un alto cargo de la Junta, dice que todo el mundo lo sabía.

En Valencia una trama corrupta llega por fin hasta los juzgados, pero sin consecuencias entre los políticos profesionales del partido incriminado. Ni uno solo ha pedido excusas o ha censurado a sus compañeros rufianes. En Las Baleares hay un partido, el de una mujer llamada Munar, que se inscribió en el registro con el propósito explícito de delinquir y en efecto se convirtió en el partido del latrocinio abierto y conocido por toda la sociedad política balear. Ni un solo político dijo nada. Tampoco los de la oposición.

En fin, la impresión es que la totalidad de la sociedad política está corrompida, sea de facto o por su silencio, a la manera de los nacionalistas vascos, cómplices de los crímenes de ETA por su colaboración pasiva.

Una sociedad totalmente corrupta es muy difícil de combatir. No hace muchas semanas escribí que las tramas de corrupción actuales son tan opacas y técnicas que sólo un novelista puede dar cuenta de ellas. Así sucede en Cataluña, donde una corrupción general está perfectamente controlada por las cien familias. ¿Podría con ellas un novelista?

Confieso que me equivocaba porque ha sido un periodista el que ha escrito un reportaje demoledor sobre las tramas de corrupción catalanas, las cuales incluyen a nacionalistas, socialistas, separatistas e incluso al PP. Sólo se salvan los de Ciutadans. El periodista es Manuel Trallero y el libro se titula Música celestial (Debate). La trama delictiva viene descrita a partir del llamado “caso Palau”, es decir, el latrocinio a que se dedicaban Félix Millet y sus secuaces desde la sede del Palau de la Música Catalana. Nadie conoce a ciencia cierta las cifras finales, pero parece que ya vamos por los trescientos millones de euros.

Lo asombroso es que en la minuciosa descripción del sistema y de las corrupciones concretas, expuesto por Trallero con gran detalle, aparecen todos los nombres de la sociedad barcelonesa acomodada, los ricos, los poderosos, sus abogados, sus banqueros, no falta ni uno. La colaboración de políticos, empresarios, leguleyos, inspectores de hacienda, medios de comunicación, jueces, en fin, de la elite catalana, para desvalijar a los contribuyentes es apabullante.

No es un libro para leer por diversión, es un tremendo volumen de quinientas páginas en donde se detalla cada operación, quién cobró y cuánto, cómo se escondía, quién urdía la mentira, cómo se disimulaba, cómo aparecía en los diarios “serios” y en las televisiones nacionalistas. Los lectores barceloneses conocerán a cada uno de los personajes implicados, los cuales van desde columnistas de diario hasta banqueros del catalanismo y grandes familias soberanistas, pero los lectores forasteros apenas si les sonarán un par de personajes. No importa. Lo relevante del libro es que expone con precisión la complicidad de toda la sociedad acomodada y la necesidad de que los partidos políticos garanticen la impunidad de estos truhanes. Parece que no tengan mejor función. Es, en verdad, terrorífico.

Ahora bien, no vaya a creerse que es un trabajo para descubrir tan sólo la ciénaga que oculta el llamado “oasis catalán” y la inmensa corrupción que se envuelve en la bandera catalana (eso todos lo sabíamos), es más bien un trabajo para entender cómo funciona la corrupción generalizada en Cataluña, en Valencia, en Andalucía, en Baleares, en España entera, porque los métodos son los mismos, se imitan los unos a los otros y sólo cambian los nombres.

Así que, en efecto, seguramente hay políticos honrados, pero tampoco me fío de ellos si no se deciden a defender la democracia. Porque lo abyecto de la corrupción es que destruye cualquier intento de hacernos creer que vivimos en un país democrático. La partitocracia no es democracia, como bien lo han sufrido los italianos hasta que ha llegado un tecnócrata europeo para sustituir a los delincuentes. ¿Cuándo nos enviarán uno a nosotros?

 

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17 comentarios

  1. Vicenç

    Por suerte disfrutamos de una Universidad Publica sin endogamia crónica, ni amiguismos cómplices, ni marasmo, ni demagogia, sin medianías, ni pactos ni negociaciones secretas, sin vanidades ni castas, con pensamientos, valores y comportamientos ejemplares, con catedráticos que no toleran la menor corrupción, entre las mejores del mundo, sí. Que bien, que suerte. Por eso podemos denunciar la corrupción de la política con una serena e imperturbable sonrisa.

    • Mobesse

      Vicenç, tiene usted toda la razón. No es que el Sr. de Azúa o el Sr. Tallero no tengan razón, es que no se puede hablar sólo de una extremidad tumorada, sino de todo un cuerpo enfermo. Creo que toda la sociedad, esta clase de sociedad que genera y necesita esta clase de sistema político está corrompida, por acción o por omisión. Si la clase media no participa en el latrocicio es porque no puede o “no se entera”. Los ciudadanos somos responsables, la Univerdidad, la Iglesia, la Judicatura, etc. mucho más.

      • Federico Martinez

        Vicenç no tiene razón; de Azúa ya ha denunciado la corrupción en la universidad pública. Pero tampoco es un héroe (los dioses nos libren). Dejadle hacer su trabajo, que lo hace muy bien. Y a comprarse el libro de Trallero, aunque no lo leáis; a esta gente hay que apoyarla. Necesitamos muchos Tralleros y muchos de Azúas.

    • barrufedo

      Y ahí estaba el señor Azúa llamando a la tal institución la “cualquier cosa” española. La primera vez que lo vi en Tv, no recuerdo en qué programa, solo recuerdo que salía una lámpra en forma de mujer desnuda, estaba poniendo a parar a la Universidad española. Supongo que desde su condición de catedrático.

  2. Pingback: Musica celestial, de Manuel Trallero | Musica Celestial

  3. babeldwellfar

    Pareciéndome un gran texto, no entiendo bien que la corrupción se plantee como opuesta a la democracia: creo que si los políticos se corrompen son delicuentes, no por antidemócratas sino por conculcar la Ley.
    Que los que no lo hacen sean cómplices de sus compañeros al no denunciar lo que conocen bien, me parece sólo una parte de su culpa: dadas las características de estos partidos, quizás estén cerca de la “asociación para delinquir” que está especificada en los códigos.
    Hay en cambio, en mi opinión, un mal especifico de partidos políticos dañinos poco tenido en cuenta y es el de promulgar leyes que dañan la convivencia: aquellas, por ejemplo, que facultan a los tribunales para permitir que grupos terroristas sean declarados legales y concurran a elecciones y, en su caso, accedan al poder; además evidentemente de su asalto al propio poder judicial que me parece, por sí mismo, el mayor ataque a la democracia.

  4. daniel

    Pues como bien dice el autor “eso ya lo sabiamos” porque es tanta la corrupción y el lameculismo que hay en este pais que el que no es corrupto, es porque no quiere o lo encubre. Es más, en cierta manera nosotros también lo permitimos… y esto solo puede derivar en lo más antidemocrático que hay, esperemos que no suceda.

  5. barley

    Lo que es acojonante es que nunca pase nada. Y no hablo de la justicia, que es un tema que me produce grima, sino de una población está absolutamente anestesiada. Parece que a nadie le importa que le roben.

  6. El problema no es solo de los políticos si no de la sociedad española en general. Yo he tenido varios trabajos y en casi todos ellos había corrupción. En varios, no es que hubiera unos cuantos corruptos, si no que si no que si no participabas en la corrupción no podías trabajar, no podías ganarte la vida. También recuerdo que en la “mili”, los suboficiales casi nos mataban de hambre porque se quedaban con el dinero de la comida. Los españoles no tienen la más mínima conciencia de que robar sea malo. De ahí que no penalicen a los partidos corruptos cuando hay elecciones.

  7. Yo me cago en la corrupción, pardon my French, cuando el lunes materialista por la manhana me da por pensar en el robo, ya saben, de carne y sangre sobre el que está montado el chiringuito. No me hablen de robar en el Corte Inglés!

  8. ¿Habrá en algún lugar una sociedad sin corrupción en la que nadie se aproveche de las circunstancias, intente obtener beneficios a los que no tiene derecho, justifique el engaño o el robo? ¿Qué haría falta para lograr una sociedad así? ¿Es una cuestión de integridad personal o de que exista un sistema judicial firme concienzudo que ejerza un efecto disuasorio?

  9. barrufedo

    Bueno, a Millet lo pillaron porque debió volverse demasiado codicioso y dejó de untar toda la maquinaria de construcción nacional .Que se sepa, era denunciado anónimamente en Hacienda, desde 2003 por lo menos.

  10. robertson

    Un tecnócrata es amigo?. La tecnocracia es democracia?. Cuando alguien incluye cualquier palabra acabada en cracia no te fies de el.
    Estoy de acuerdo con su análisis no saí con sus conclusiones.

  11. Hay un artículo del Código Penal español que OBLIGA a los funcionarios a denunciar la corrupción de sus compañeros. A veces me parece que soy la única persona del mundo que conoce tal artículo.

    TÍTULO XIX.
    DELITOS CONTRA LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA
    CAPÍTULO I.
    DE LA PREVARICACIÓN DE LOS FUNCIONARIOS PÚBLICOS Y OTROS COMPORTAMIENTOS INJUSTOS.
    CAPÍTULO II
    Del abandono de destino y de la omisión del deber en perseguir delitos
    Artículo 408
    “La autoridad o funcionario que, faltando a la obligación de su cargo, dejare intencionadamente de promover la persecución de los delitos de que tenga noticia o de sus responsables, incurrirá en la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de seis meses a dos años”.

  12. Pingback: En manos del enemigo – Félix de Azúa. « Zalabar

  13. zaratrasto

    Con todos los respetos, babeldwellfar, si la corrupción no se evita, o si no puede evitarse pero no se erradica, pues nos deja en un sistema bastánte poco democrático.

    La democracia no está para dar la razón a todos, pero sí para propiciarla.

    Un sistema que no ataca la corrupción, es por ende, un sistema corrupto. Puedes verlo en las películas.

    Bueno, he llegado tarde a este comentario… Pero he llegado.

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