Javier Gómez: La mafia y sus corbatas

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A los mafiosos no les gustan las corbatas. Cosas de la superstición. Pero suele gustarles que sus interlocutores porten siempre el nudo bien hecho. Las identifican con un poder ajeno al suyo. Cada uno, su quehacer en el engranaje: los hombres de honor dan órdenes y, llegado el caso, agarran la lupara; los de las corbatas agarran maletines con sus trajes de tres piezas.

Marcello Dell’Utri es un senador con la corbata siempre bien ajustada. Que nadie piense mal, seguro que le viene por su condición de publicista. Fue el mago de Publitalia, el arca del tesoro que hizo a Berlusconi un hombre inmensamente rico. El maná del que se nutrió Mediaset para convertirse en un imperio televisivo. Y el socio que fundó el partido político Forza Italia con Berlusconi, en el 94, aplicando a la política todo aquello que funcionaba bien en la telebasura. Para todo aquello se requería talento, buenas relaciones y, es evidente, una corbata siempre impecable.

Los publicistas siempre tienen una frase certera en la recámara. Hace años preguntaron a Dell’Utri por Cosa Nostra: “¡Es una invención! ¿Qué es la mafia? ¿Hay alguien que apriete un timbre y diga: ‘¿Sí? ¿Cosa Nostra? Por favor, querría hablar con el consejero delegado”.

Los tribunales creen que Dell’Utri sí sabía a qué puertas llamar. La Fiscalía de Palermo acaba de procesarlo como uno de los responsables de la negociación entre el Estado y Cosa Nostra entre 1992 y 1994, cuando la mafia puso en jaque a al poder político con los asesinatos de los jueces Falcone y Borsellino y una campaña de bombas en Roma, Florencia y Milán. Fue la tentación etarra de Cosa Nostra. Y Dell’Utri se convirtió en la corbata a la que había que dirigirse cuando uno quería hablar, en el fondo, con un pío siciliano de camisa abierta, de preferencia nacido en Corleone. 

Pero Dell’Utri tiene recursos cuando se trata de tribunales. Tanta, que reconoció públicamente haber entrado en política sólo para defenderse de los muchos procesos judiciales que llevan su nombre. Fue condenado en primer y segundo grado por complicidad externa con asociación mafiosa y se consideró probado que era el embajador de la mafia en la cúpula económica del Milán de los años 80. Justo cuando Berlusconi propulsó su carrera.

Pocos años antes, Dell’Utri consiguió que Berlusconi contratase a Vittorio Mangano como responsable de sus cuadras en la mansión de Arcore. Un boss mafioso que sabía poco de caballos, menos de corbatas, pero mucho de asesinatos y tráfico de drogas. Dos meses antes de morir, el juez Paolo Borsellino calificó a Mangano de “cabeza de proa de la mafia en el Norte de Italia”.  Cuando Mangano se negó a confesar ante los jueces, Dell’Utri lo trató públicamente como “un héroe”. Cuestión de puntos de vista.

Los jueces también consideraron probado que Dell’Utri, mano derecha de Berlusconi, prometió ventajas políticas a Cosa Nostra en nombre de Forza Italia. El arrepentido Mutolo, ex chófer de Riina, declaró recientemente que “mientras gente como Dell’Utri decida cosas en política, hay poco que hacer” para acabar con la mafia. Dell’Utri sigue siendo senador y la gente sigue votando a Forza italia. La corbata ha vuelto de moda, pero mejor desconfiar de los nudos demasiado perfectos.

La Fiscalía investiga ahora si Dell’Utri situó también en la zona opuesta a las corbatas. Es decir, si extorsionó a Berlusconi durante años. En el año 2003, desde una cuenta bancaria de Marina Berlusconi, hija del ex primer ministro, se transfirieron 1.117.000 euros a una cuenta de Dell’Utri. Y si un millón de euros da para muchas corbatas, 40 todavía más. Esa sería la cantidad proveniente de Berlusconi recibida en cuentas del Caribe por Dell’Utri. De ellos, 21 millones, por cierto, la víspera de la sentencia del Tribunal Supremo sobre su relación con la mafia. ¿Casualidad?  Los jueces tienen una duda: si Berlusconi seguía pagando a la mafia a través de su socio, como hizo en los 70 y los 80 (probado en sede judicial), o si sólo compraba el silencio de Dell’Utri sobre las relaciones de ambos con la mafia.

Marcello Dell’Utri, además de su pasión por las corbatas, es un apasionado de teatro y uno de los bibliófilos más importantes de Italia. Cuando en 2004, imputan a Dell’Utri formalmente por complicidad con la mafia, a alguien se le ocurre organizar una serata teatral en su honor, con los exponentes de Forza Italia en Roma y ante la presencia de Dell’Utri, como recuerda Enrico Deaglio en su libro Patria. El espectáculo elegido: Apología de Sócrates. El objetivo: comparar la injusticia a la que es sometido Sócrates con el calvario judicial de Dell’Utri. Era una obra producida por Dell’Utri y con más de 100 representaciones. El actor, Carlo Rivolta, se negó. Lo explicó en la prensa con dos palabras: “Pobre Sócrates”.

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