José Antonio Pérez: El libro que leería durante la película que no puedo perderme - Jot Down Cultural Magazine

José Antonio Pérez: El libro que leería durante la película que no puedo perderme

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Un libro.

Ubik.

Lo escribió Philip K. Dick en 1969, el año que la Guardia Nacional daba candela a los estudiantes que protestaban contra la guerra de Vietnam en California. El año de Give Peace a Chance. El mismo año que un grupo de gays neoyorquinos, cansado de recibir palos de la policía, convocaba una manifestación y se inventaba, sin saberlo, el Día del Orgullo Gay.

El año que el Apolo 11 llegó a la Luna.

En Ubik también se viaja a la Luna. Estamos en el año 1992, el futuro, y dar un paseo por el asteroide está al alcance de casi todos. Pero la novela no trata de viajes a la Luna. En Ubik hay un misterio y aventura y acción, aunque no es una novela de misterio ni de aventura ni de acción.

En Ubik Philip K. Dick emplea la ciencia ficción para hablarnos de la inconsistencia de la realidad, de la subjetividad y del tiempo. La clave de todo es Ubik, pero…

—¿Qué es eso de Ubik? —preguntó Joe.

¿Un idea? ¿Un producto?

¿Dios?

Ubik es ciencia ficción hipnótica, una novela devoradora de lectores, un clásico de la ciencia ficción inolvidable por su contagiosa extrañeza.

Como en muchas de las novelas de Philip K. Dick, en Ubik la realidad tiene estratos, niveles, un montaje de secuencias paralelas. El lector inexperto en la obra de K. Dick tratará de descubrir, a lo largo de las páginas, qué realidad es real y cuál engañosa. Pierde el tiempo, por supuesto. Nada es real y todo lo es. La obra de K. Dick es un laberinto sin salida. Por eso atrapa y fascina.

Philip K. Dick experimentó con las drogas y con la religión, los dos mayores alucinógenos conocidos por el hombre. En toda su obra, también en Ubik, se encuentran rastros de éxtasis y confusión, epifanía y locura.

—¿Qué es el Ubik?, quiso saber Joe. No hubo respuesta.

Dick sospechaba —o quizá sabía— que lo que tienes a tu alrededor, este ordenador, esta mesa, esa silla no son reales. No más que tú. O yo.

O Ubik.

Una película.

Annie Hall.

La dirigió Woody Allen en 1976, el año que Vietnam del norte y Vietnam del sur se reunificaban en uno solo. El año de Oh, Sister. El mismo año que la Viking 1 fotografiaba en blanco y negro el rojizo suelo marciano.

Annie Hall es la historia de dos personas que se conocen en un club de tenis, se enamoran, cocinan unas langostas y, al final, se separan. Aunque no por ese orden.

Me temo —aunque quizá me equivoque— que uno no puede aprender mucho de la vida viendo Annie Hall. No más de lo que aprendería sentándose en un banco del parque y observando lo que ocurre enfrente, como hacen Alvy Singer y Annie Hall entre bronca y bronca.

En la película, Allen hace tres muescas en la historia del cine, una como guionista, otra como director y una tercera como actor. También Gordon Willis hace la suya, con una fotografía menos efectista que la de Manhattan (que rodaría dos años después), pero igual de hermosa.

Y, por supuesto, Diane Keaton, que ganaría todos los premios imaginables por esta película. Keaton puso a su personaje mucho más que su cara, su voz y su talento. Puso su propio nombre (se llama Diane Hall), su propio humor, su propia relación con Allen y hasta su propio vestuario (ese inolvidable conjunto de camisa blanca, pantalón caqui, chaleco negro y corbata que quedó para la historia del cine y para la de la moda).

Tan importante es esta intrascendente película que hasta creó un género, el anijól, del que luego bebieron hasta el aburrimiento casi todos los cineastas independientes y demócratas que quisieron hablar de amor sin perder la compostura.

Annie Hall es un tributo a hacer lo que se pueda, un canto al ir tirando, una oda a fingir que no te importa lo que más te importa en el mundo. Es la vida misma, pero bien encuadrada y con unos chistes memorables. Lo dice el propio Alvy Singer al final de la película: “Uno siempre está intentado que las cosas salgan perfectas en el arte, porque conseguirlo en la vida es realmente difícil”.

¿Se puede pedir más?

Pues sí.

Que suene It Seems Like Old Times, cantada por Diane Keaton, mientras Manhattan atardece al otro lado del cristal.

Funde a negro. Títulos de crédito.

19 comentarios

  1. Coincido totalmente con tu propuesta de Annie Hall, para mi también es una de las películas más maravillosas de la historia del cine, y no me canso de escuchar a Diane Keaton susurrando esa canción. Love this song!

  2. Estudiando guión analizamos en la Universidad esta peli como ejemplo, super raro, de personaje que no cambia (no hay arco), ella sí tiene arco de personaje, pero él no, y eso es lo que precisamente los separa para siempre.

  3. Estoy de acuerdo con tu elección por Ubik, pero no tanto por la de Annie Hall, aunque no coincido en tus gustos porque aunque sí que me gustó Ubik a mí me resultó demasiado poco… conciso xD.

    A mí me encanta la ciencia ficción, y Ubik la verdad que en ese sentido me impresionó. Sobretodo a partir de la segunda mitad del libro donde no puedes dejar de leer preguntándote “Qué es ubik?”, no es una lectura para nada contemplativa, el lector necesita poner toda su materia gris para ir enlazando los hechos. Aún así, personalmente en ciencia ficción prefiero la saga de Ender (quien lo haya adivinado, reconocerá mi nick), aunque mi libro de siempre es y será El señor de los anillos.

    • Ubik, desde luego, es una obra de CF genial. Me descubrió a Philip K. Dick y me enganchó a la ciencia ficción.
      Coincido con tus gustos con la saga de Ender, aunque no me decido entre esta y los cantos de Hyperion, de Dan Simmons.

    • Está Vd. en lo cierto, pero incluso al final del libro, cerrado y puesto en la estantería, tiene uno problemas para definir Ubik.

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  5. y de paso eligió usted juguete preferido: el cubo de ubik…

  6. Mi metáfora preferida sobre la vida es de Annie Hall:

    – La comida aquí es terrible.
    – Y además las raciones son tan pequeñas…

  7. Excelente escogencia la de Ubik

    Lastima que no hayan realizado una excelente pelicula de el.

    Asi matarias dos pajaros de un tiro.

    Sin embargo con Dune la asesinaron con un mamaracho de pelicula. me quedo con el video juego.

    Taonadamente

  8. Aunque interesantes, no coincido con ninguna de sus propuestas … Seguramente vería en el cine “Ubik” y leería “Annie Hall” o dicho de otra manera … quizás vería algo de Stanley Kubrik mientras leía algo de Simone de Beauvoir. ;)

    Saludos,

  9. La he puesto a descargar. Como no me guste te parto los baudios.

  10. Son bogavantes, no langostas….

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