Rubén Díaz Caviedes: Los guardianes de la palabra

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Pasen, por favor, y no se amontonen. Hemos escrito un artículo de los de empezar por un sitio u otro dependiendo del funfún de cada cual. Como Rayuela, o sea, o los libros de Elige tu propia aventura, pero todo más en plan periodismo posmoderno. Así que, vamos a ver. Los que piensen que el fútbol aborrega a las masas, que pan y circo y que el opio del pueblo, vayan al denominado “primer bloque”. Los que crean, por el contrario, que tenemos derecho a alegrarnos con las victorias del deporte patrio sin tener que pedir perdón a la dictadura cagalástimas, vayan directamente al segundo bloque. Los indecisos y los que quieran entender el artículo, empiecen por el primer bloque, sigan con el segundo y acaben por el final. Somos posmodernos, ya ven, pero en el fondo muy clásicos. Aunque no lo parezca, es de lo que va la posmodernidad.

Primer bloque (contra el fútbol)

Existe argumento para estar en contra del volumen que adquiere el fútbol en según qué ocasiones, y la razón es sencilla. Muchos aficionados al fútbol, o futboleros, dejan de serlo en el Mundial o la Eurocopa para convertirse en forofos. También pasan a serlo muchos otros no particularmente aficionados al fútbol, e incluso algunos que no lo son en absoluto. Vaya por delante que la primera acepción de “forofo” es, según la RAE, “partidario entusiasta de un equipo deportivo”. Vaya también por delante que, nos guste o no considerarnos como tales, no hemos adquirido aún la costumbre de que las cosas sean o no sean dependiendo de si nos aluden. Hablamos de colgar banderas en el balcón, tirar cohetes, petar timelines al grito de “VAMOSSS ESPAÑAAAAA!!!!♥♥♥”o salir con el coche a entonar el siempre elocuente pipi, pipipí, pípipi, pipí. Si eso no es entusiasmo, no estamos de acuerdo en lo básico, y en fin. Muy buenos días.

Por supuesto estos forofos lo son en grado variable –van del simple entusiasmo al fanatismo repentino– y en su objeto de forofez, que para algunos es la impecable técnica del combinado nacional y para otros, el hecho de que España gane a alguien en algo. Incluso muchos y muchas —más muchas que muchos, en este apartado, aunque hay de todo— se suman a la algarabía, la muchedumbre y hecho de ser —y serlo a grito pelado— español, español, español, movidos por el hecho primero, así verbalizado, de que Xabi Alonso o Fernando Torres estén más buenos que un saco de pienso. Que es algo muy divertido y yo estoy muy a favor, no se confundan, pero es como querer aficionarse a la alta costura, por poner un ejemplo, porque Miranda Kerr esté estupenda, o a la música por creer, en tu demencia, que Justin Bieber es un ser humano siquiera remotamente sexy. O incluso —atención, jardín— como ser de repente un abnegado defensor de los inmortales valores del periodismo, ducho en praxis, deontología y ética del mondongo, pero sin saber hablar, por alguna razón, nada más que de Sara Carbonero.

Y éste es otro tema, por cierto. El periodismo. Los periodistas. El libro de estilo de Mediaset. Las portadas del As en Impact fosforito. Locutores de radio gritando que gol, que falta, que mano y que penalti como auténticos trogloditas. Promos de televisión con Beethoven de fondo llamando poco menos que a la guerra paneuropea. Analistos y analistas poniéndose a hablar allí, en vivo y en directo, de tener una gran calidad humana y de ser ejemplo para la sociedad. Bromas con toallas, el día contra Portugal, de maricones, contra Italia, y sonoros mandar a tomar por culo a los franceses con la excusa de los guiñoles. Los rusos y los polacos, mientras tanto, ensalada de hostias como panes. Y a los negros, unga unga. Chistes de monos. Y Balotelli respondiendo, todo cuajo y mesura, que piensa matar con sus propias manos al primero que le tire un plátano. Telecinco, a todo esto, ch-cling, ch-cling. Dándole y bien con la vara al olivo para que caigan las aceitunas. Agitando el sentir colectivo con titulares demenciales y llamando en sotto voce a la xenofobia, que vehiculan magníficamente bien a afecto de rentabilizarla. ¿Esto es esto, todo esto, sinónimo de fútbol? Pues no, lógicamente. Ni mucho menos. Pero ha sido la propia UEFA la que ha llamado ella solita al respect. No es su sinónimo, no. Lamentablemente, tampoco es su antónimo.

Y por último está mi favorito, que es el patrioteo de corto alcance. España es una abstracción, porque todos los países lo son, pero hagamos como que no y que el concepto —milenario, intrahistórico y trascendente, pero concepto a fin de cuentas— se ha encarnado de repente y ha adquirido, plop, una magnitud física. ¿Creen que España son sus goles? Quiero decir, ¿really? Puestos a ser, yo creo que España son más sus hectáreas quemadas, sus trágicas cifras de paro y su profunda pobreza política. Y creo que hace más por España, puestos a darle este prisma a las cosas, el que le profesa escepticismo al fútbol y anuncia su escasa prioridad respecto a los incendios, el desastre económico o las jugarretas del Gobierno. Pretenderse patriota por anudarse la bandera a la espalda es como ponerse la camiseta de los Ramones y ya ser, porque sí, roquero de toda la vida. Es querer ser algo a través de su enunciación y con independencia de su ejercicio. Es como jugar al pilla pilla y evitar al perseguidor sin querer correr, sino solo gritando “¡casa!”.

En mayor o menor grado, y resumiendo, en la fiesta del fútbol español los menos son los que le profesan al deporte rey una afección que resista tres o cuatro preguntas seguidas al quesito naranja del Trivial. La mayoría se la profesan corta, esporádica y condicional y se suman a la fiesta por razones distintas, e incluso muy distintas, a las deportivas. Hay una proporción menor de aficionados al fútbol y una mayor, ruidosa, pesada y muy coñazo, de forofos súbitos empeñados en su derecho a atiborrar con sus propias filias balcones, coches, facebooks y conversaciones sin que los demás puedan decirle, aunque sólo sea por darse el gusto, que deje ya de joder con el tatachín. No me corresponde a mí, porque solo faltaba, decir quién es cada cual en el Who’s who de todo esto, pero vamos a dar una pista: si usted se ha sentido ofendido por alguno de los factores recopilados en este bloque pero me da la razón en los otros, enhorabuena: es muy probable que esté hablando de usted.

Segundo bloque (a favor del fútbol)

Hablando, ojo. Que no juzgando. Y lo voy a repetir, porque siempre que se anuncia la intención de no juzgar parece implícito que hay algo a juzgar, y a mí, aunque no lo parezca, me parece que no es el caso. Hablando estrictamente de fútbol y dramatismos aparte en el bloque que nos precede, sorpresa: a mí todo esto, en el fondo, me parece muy bien.

Los hay por ahí despistados —jóvenes y pedantes, principalmente— criticando alegremente el hecho de que los demás busquen excusas para juntarse, inconscientes de que es como ponerse a criticar a los muones, a las gacelas de Thompson o a la segunda ley de la termodinámica. Yo no me andaré con argumentos, miren, estando las bibliotecas a rebosar de libros de Durkheim y Simmel. Los seres humanos nos juntamos y buscamos la excusa para hacerlo. Gregarismo, se llama, y lo llevamos en los genes. Nuestra existencia como especie y el triunfo de nuestra estirpe, por remontarnos un poco a los visigodos, tiene mucho más que ver con esta concentración en Cibeles, por ejemplo, que con este tuit.

Los hay todavía más perdidos que censuran que los demás celebren nada, desplegando para ello una amplia panoplia de argumentos que van desde la invocación de números —la prima de riesgo, la tasa de paro y otras Marcas de la Bestia— a la reedición latina de la máxima del 15M —“no hay pan para tanto circo”—, sin renunciar al siempre polivalente “con la que está cayendo” o al más directo “borregos”, que como es función fática, pues ahorras tiempo. No distinguen al aficionado del fanático, en resumen, o al que entiende de deporte del que quema un contenedor, porque en su mundo mental —pequeñito, pequeñito— son todos una misma cosa. Esa cosa, sea lo que sea, no son ellos. Y lo que no es ellos les molesta.

Y después están los condescendientes, que son los individuos inclinados a pensar que no existe el derecho natural a salir a la calle y festejar si no es a través del permiso institucionalmente adjudicado o, lo que es peor, moralmente concedido. Piensan, proceden y actúan como si hubiera dos sectores en el orbe humano y uno de ellos, más templado e inteligente, tuviera que permitir al otro, infantiloide y borreguil, este tipo de desfogues. Hablan como si las calles tuvieran dueño, que es como hablan, a su vez, los que se creen dueños de las calles. Y lo hacen encaramados, porque ésa es otra, a esa convención tan dañina de que comportamientos como una percepción sombría de las cosas o el apearse de los apetitos de las masas te convierte, suddenly, en más inteligente. Han llegado a la conclusión de su propia inteligencia a través de su propio pesimismo, que es una manera muy tonta de creerse listo. Son paternalistas y muy perdonavidas, pero eso es lo de menos. Lo peor es que están muy equivocados.

En realidad, al escéptico del fútbol —de su show, de sus voceros y de su volumen— debería bastarle con la indiferencia rigurosa, pero puestos a pedir, qué coño. Cabría pedir amabilidad. Solo el convencimiento firme, reflexivo y documentado de que el fútbol y sus demonios son un lastre objetivo para el progreso, el derecho o la democracia, por ponernos así de estupendos, justificaría su ataque. Y seguramente cartografiaremos Plutón antes de inventar una máquina de producir semejantes verdades. Mientras tanto, lo dicho. Al igual que entre los llamados aficionados abundan y mucho los forofos criticables, entre críticos que los critican abundan y mucho los que lo hacen por motivos muy distintos al convencimiento genuino de que hay que hacerlo. Por salvaespañismo barato, por ejemplo. Por la reivindicación de la propia y presunta estatura intelectual o –y esto ocurre–, porque simplemente lo han visto hace y les ha parecido guay. Por repetición, quiero decir. Por transferencia horizontal, como las bacterias. Por borreguismo.

Bloque final (conclusiones)

Conclusiones, que no moraleja, porque es lo único que nos faltaba para acabar esta misa. En la guerra del fútbol, como en todo, yo me quiero alinear con la cuchipandi tercerista que sólo admita en su seno, y lo haga dogmática y excluyentemente, a unos incondicionales: los del sentido común. No creo que sean mayoría y dudo mucho que tengan conciencia de grupo, pero miren. El de España en los últimos días ha sido, estarán conmigo, un doble espectáculo. Uno de fútbol, estupendo, y otro menos edificante y profundamente pointless de gente llamándose borrega y contraborrega la una a la otra. Salgamos y celebremos, claro que sí. O no, y dediquemos ese tiempo a difundir, dialogar y tratar de solucionar las cosas chungas que nos ocurren. Pongámonos verdes, incluso, pero con sentido de la dirección y con un poquito, aunque sólo sea un poquito, de mano izquierda. Hagamos una cosa o la otra, quiero decir. O las dos a la vez, como en este artículo. O ninguna. Pero hagamos lo que hagamos, hagámoslo mejor.

10 comentarios

  • Mi más sincera enhorabuena por este post. De lo mejor que he leído en los últimos tiempos, sin duda.

    Ha ganado un lector fiel más.

    Al mimos tiempo no perderé el tiempo en tratar de inspirarme en su forma de escribir para encontrar la mía.

    http://saliendodesdeelbanquillo.blogspot.com.es

  • Otra enhorabuena por el artículo. Felicitaciones con tristeza porque, por desgracia, el bloque 1 refleja el tormento que esta Eurocopa ha significado para algunos (no sé si muchos o pocos) a los que nos gusta el fútbol.
    Hubo momentos en los que dudé entre tirar la televisión por la ventana o romper el pasaporte. Menos mal que tuvimos buen fútbol, muy bueno incluso, y no solo de los “nuestros”. Ojalá se imponga la tercera vía del sentido común, pero a veces pierdo la esperanza.

  • “Esa convención tan dañina de que comportamientos como una percepción sombría de las cosas o el apearse de los apetitos de las masas te convierte, suddenly, en más inteligente”

    ¿Acaso dividir a las masas en borregos del tipo A y borregos de tipo B, y situarse fuera -y por encima- de ambos grupos, no es condescendiente?

    ¿Acaso emplear términos en inglés sin venir a cuento, por pura ostentación, no es propio de “jóvenes y pedantes”?

    Su supuesta tercera vía no me convence en absoluto. Es más, me parece una pose más pretenciosa que ninguna de las descritas.

    Por cierto, una percepción no es un comportamiento sino un sentimiento, o en todo caso una actitud.

    • Aunque su apellido es portugués, observo que es usted español de pura cepa.

    • El autor no está clasificando a nadie, está describiendo como dice al principio, argumentos que se usan para descalificar el fútbol.
      No veo donde es que el autor se posiciona dentro de ningún grupo.
      Usar palabras en inglés apoyando un tono concreto (irónico, por ejemplo) no es una pedantería, ¿por qué motivo debería serlo?.
      Por último y definitivamente el autor no dice que una percepción sea un comportamiento, si no el tener una percepción negativa respecto a una cosa y eso sí se puede calificar como un comportamiento.

  • +1 al señor Díaz Caviedes. Parece que no se puede apreciar el juego en sí y celebrar un triunfo deportivo y al mismo tiempo indignarte por los desastres económicos, culturales, sociales y políticos que vive este país todos los días.
    Disfruté del triunfo de la Selección como español y me sentí avergonzado por el espectáculo penoso que dieron el lunes por la noche en la madrileña plaza de Cibeles, con varios jugadores en un estado etílico inaceptable.
    ¿Que es triste que aquí la gente solo sale a la calle masivamente cuando se ganan Eurocopas y Mundiales? Sí, pero hay que respetar los sentimientos y pareceres de todo el mundo.

  • Felicito tu elocuencia y neutralidad…Vestirnos todas las camisetas según la ocasión debe poder ser una opción siempre…aunque nos lluevan las sampiternas críticas…lo dicho, felicidades…

  • Brillante, muy acertado articulo, enhorabuena.

  • Brillante, muy acertado articulo, mi mas sincera enhorabuena.

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