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Sexsymbología: Diana, de “V”

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Si a mediados de los años ochenta alguien hubiese preguntado por la villana más sexy de la televisión, es casi seguro que la inmensa mayoría del público masculino hubiese nombrado inmediatamente a Diana, la perversa comandante de los invasores extraterrestres de V. Sí, amigas lectoras, sé que por entonces el público femenino tendría sus propios iconos y que inaugurar esta sección hablando de una mujer hace que esto haya tomado desde el principio un pequeño —minúsculo, inapreciable, sutilísimo— giro sexista, pero para compensar prometo dedicar el próximo episodio a algún “sex symbol” masculino (1). Con todo, creo que es mejor empezar por una temática que uno pueda tratar con más naturalidad.

(1) Probablemente no, la verdad.

Y qué mayor naturalidad que la de V, aquella entrañable opereta de ciencia-mini-culebrón-ficción que marcó un antes y un después en la imaginación del televidente. Porque el éxito de la serie y su impacto cultural —tal vez no muy profundo ni duradero, pero desde luego sí bastante sonoro— se puede resumir en una sola palabra: encanto. Nunca hizo gala de grandes guiones, ni de un trasfondo intelectual elevado, ni de diálogos especialmente brillantes… pero, francamente, ni maldita la falta que hacía. Porque la serie tenía otras cosas que la hacían grande: un logo —aquella V roja y goteante— que era básicamente una obra maestra del marketing y que durante un par de años hipnotizó a los niños de occidente; unos extraterrestres con estética y connotaciones pseudo nazis que resultaban tan inquietantes como atrayentes; naves espaciales, rayos láser y parafernalia tecnológica diversa inserta en nuestras atrasadas ciudades terrícolas. Era básicamente una serie de marcianos con todo lo que ello pudiera conllevar. Y eso, para qué negarlo, era algo que molaba.

Sí, quiere comerte… pero no de la forma que estás pensando, alma de cántaro.

La actriz Jane Badler, antigua Miss New Hampshire, no había hecho gran cosa antes de V. Algún papel en alguna otra serie que no hemos visto y algún anuncio en el que, sí, podía verse a una mujer muy guapa, pero que aparecía ataviada con una inofensiva blusita celeste anunciando un test de embarazo… nada con lo que un espectador masculino vaya a soñar por las noches, como no sea entre sudores fríos. Sin embargo, resulta evidente que su mirada felina ya estaba ahí (esa expresión levemente cruel de “creo que me has dejado embarazada… pero no esperes ver al bebé en tu puñetera vida”) y era sólo cuestión de tiempo que alguien decidiera sacarle provecho a esos ojos portadores del mal. Algún encargado de casting —a quien por alguna oscura razón no han concedido jamás el Nobel— decidió que Badler encajaría de maravilla en el papel de malvada en una nueva mini-serie de extraterrestres que estaban preparando en la NBC. Dicho y hecho: interpretada por Badler, la villana resultó ser no perfecta, sino más y mejor que perfecta. No era mala, era malísima: maquillada con todo el glamour del arrabal, peinada al más puro estilo “es mentira que la laca contamine” y enfundada en un llamativo uniforme rojo, Badler demostró que, además de guapa, sabía perfectamente cómo encarnar a una arpía sádica y sin sentimientos. Para lo cual no se necesitaba ser una gran actriz, sino sencillamente exhibir aquella mirada felina y elegir el momento indicado para alzar el mentón en gesto despectivo.

¿El resultado? Aunque Badler no era la única mujer bella de la serie —ahí estaba también, por ejemplo, la preciosa Faye Grant—, prácticamente todos los hombres que se sentaban a ver un episodio V se encontraron inmediatamente fascinados por su presencia. El personaje de Diana derrochaba sexualidad por los cuatro costados, pero no era algo que se debiera únicamente a su físico. Dejando a un lado su coquetería, la verdad es que no era una “femme fatale” al uso. No era sumisa, ni complaciente, ni amable, ni siquiera para buscar el punto débil de sus adversarios. No se andaba con astucias “femeninas” para conseguir sus fines. Ella iba directa al grano. A tiro limpio, si hacía falta. Era una sex symbol diferente: quizá por su condición de “lagarta” —el doble sentido que la palabra tenía en España le confería un grado extra de diversión al asunto ya que, aunque parezca mentira, ¡su personaje era objeto de bastantes conversaciones!— su feminidad podía presentarse bajo un prisma “alternativo”, pese a que en la televisión de los años ochenta abundaba la actriz-florero insulsa encarnando a personajes femeninos sin mucho interés añadido.

Diana tenía otra cualidad (al menos en los primeros episodios, antes de que la serie desparramara… cosa que hizo con inusitada rapidez): era malvada, pero no era una golfa. Supongo que cuando las mujeres se enamoran de un canalla, en el fondo saben que el tipo irá por ahí retozando con otras y, aunque sea de manera inconsciente y refleja, lo asumen como inevitable. ¿Te enamoras de un canalla? Ya sabes lo que te toca: cuernos. No sé. Pero a los hombres, desde luego, no nos gusta un pelo que una mujer vaya por ahí retozando con otros. No podemos con ello, ni de manera subconsciente. Es algo que no conseguimos asumir a causa de [inserte bibliografía de Freud aquí]. Diana —la del principio— era una lagarta capaz de comerse una rata (“si tiene estómago para hacer eso, qué no será capaz de hacer en la cama”) pero podíamos imaginar que era nuestra lagarta y de nadie más. No es que a los hombres nos estimulase que pudiera desencajar su mandíbula como si fuese el mecanismo de una Fenwick, ni que se tragase un roedor como si en vez de campanilla tuviese una estrella de neutrones. La cosa va más allá de estas naderías fisiológicas. De hecho, Diana ni siquiera parecía capaz de practicar felaciones inofensivas, sino más bien de triturar genitales en una versión alienígena de la vagina dentata: ¿se atrevería algún hombre a jugarse su masculinidad instroduciéndola en la boca de este dinosaurio con rímel? Probablemente no: por más deseos que uno pudiera albergar de hacerlo, la posibilidad de empezar a ser devorado por esa parte no resulta nada agradable. Así que no, verla meterse ratas enormes por la garganta no resultaba demasiado seductor. El poder de atracción de Diana ni siquiera se explica completamente por aquellos modelitos ajustados que, en fin, dejaban poco (o mucho, según se mire) a la imaginación. No se trata de algo tan simple como todo esto.

Amigo guionista, esto es lo que no te explican en la escuela de cine: mala buenorra, peinado peligroso y logotipo molón… y ya tienes una serie. ¿Para qué más?

Es que era la mujer mala ideal: puede ser despiadada y destrozarte la vida, pero a la hora de ser sucia, lo va a ser sólo contigo. Y eso es un gran aliciente. Ese mismo poder de seducción que quedó arruinado cuando la vimos finalmente encamándose con personajes de la serie, con hombres que no son yo. Pero hablemos sólo de los momentos buenos, cuando aún parecía una mujer inalcanzable y no nos la habían mancillado.

Diana tomaba las riendas, tenía la sartén por el mango y no le mostraba miedo a nada ni a nadie. Ni a los hombres. Era la excelsa practicante de una ginecocracia feroz que daba la vuelta a los esquemas sociales tradicionales; ¿es esto un mundo de hombres? Bien, Diana va a ser más hombre que todos nosotros juntos y sin necesidad de deshacerse el cardado o romperse una uña. Ya existía algún personaje similar en televisión, como la venenosa Alexis Colby del nunca suficientemente ponderado culebrón Dinasty. Pero Alexis era una mujer madura, rodada, resabiada; debían pensar los guionistas que la única manera de que una fémina consiga plantarle cara a los hombres que dominan el cotarro del poder, y hacerlo de manera creíble en la pantalla (si es que los guionistas de Dinasty se preocupaban por conceptos vacuos como “credibilidad”), era acumulando la suficiente experiencia como para contrarrestar los obstáculos que, precisamente por su condición de mujer, la sociedad le había ido poniendo por el camino. En V no se andaron con tanta monserga. Crearon una villana de corte similar, pero querían a alguien que pudiera lucir un uniforme elástico y eligieron a una actriz no madura, sino mucho más joven —Badler tenía entonces treinta años—, lo cual le confería, aunque probablemente no de manera deliberada, un toque bastante distinto a su personaje. Diana no era mala porque había aprendido a serlo al cabo de décadas de pelearse contra el statu quo masculino. No. Diana era demasiado joven como para haber aprendido tan rápido sobre las cosas de la vida. Diana era así de mala porque era así de mala. Y ya está. Miraba con desprecio, hablaba con desprecio… todo en ella desprendía aires de superioridad y no necesitaba experiencia ni madurez para justificar su actitud ante nuestros ojos; al parecer había nacido y crecido con ello, como una especie de Lolita en versión treintañera y reptil. Su villanía era tan estereotipada y facilona que resultaba inmediatamente efectiva: nada de recovecos psicológicos o matices de claroscuro en el carácter del personaje. No, esto no era The Wire. Diana era como la bruja de los cuentos: lo que ves, es lo que hay.

Pero la simplicidad formal de su personaje no implica simplicidad de interpretación en cuanto a su capacidad para despertar aquella fascinación sexual. Dicho de otro modo: Diana era la representación de una indeseable autoridad femenina a la que resultaba fácil detestar y contra la que un hombre podía vengarse con la más satisfactoria forma de agresión conocida: el sexo. Fantasear sexualmente con Diana era como fantasear con una profesora estricta y puñetera pero atrayente: una manera de canalizar el odio que se siente hacia ella a través de esa sublimación de la violencia y la posesión que es a veces  la actividad sexual, el “¡toma ésto!” de toda la vida. Un concepto tan descorazonadoramente simple pero también tan arraigado en la profunda y ancestral estupidez masculina que, por fuerza, tenía que funcionar. Y más en los ingenuos años ochenta, donde la gente no se pasaba el día psicoanalizándose públicamente en Twitter y donde los hombres aún no tenían la necesidad de intentar ser ingeniosos las 24 horas del día. Todo era más básico y natural: Diana es mala, Diana está buena… está claro que se merece algo y quiero ser yo quien se lo dé. Esto, amigos, es un golpe maestro de guión y de casting. Imagine usted, lector varón, que Diana es su jefa y además una reverenda hija de su madre que le hace la vida imposible en el trabajo. ¿De qué forma le gustaría a usted vengarse? ¿Ya lo ha pensado? …exacto. La cosa es así de simple. ¿Superficial? Tal vez. Pero, eh, somos hombres… quién ha dicho que necesitamos elaborar más nuestros sentimientos. Se trata de hacer tiempo hasta que convoquen la próxima Cruzada.

Amigo lector: si alguna vez has tenido o tienes novia, probablemente estás familiarizado con este momento.

La manera en que el personaje de Diana acaparó protagonismo en la serie era algo que, de todos modos, no había previsto nadie, ni siquiera la propia actriz que la interpretaba. V no tardó en convertirse en el show particular de Diana, quien le hacía sombra a cualquier cosa, animal o planta que apareciese también en el programa. Su extraño travestismo despertaba el morbo a la audiencia en pleno, por unos motivos o por otros: desde esa impactante —para su tiempo— escena en que devora a un roedor, hasta aquellos toques andróginos en medio de su habitual derroche de feminidad envenenada. Diana era casi una no-mujer, un semi-varón reptiliano que, de alguna manera, ponía en contacto a los espectadores masculinos con rincones embarazosos de su propia psique sexual… lo cual resultaba tan irritante y confuso como estimulante. Y supongo que Diana también llamaba la atención del público femenino por… por… por esas cosas complicadas que llaman la atención del público femenino y que los hombres nunca hemos entendido ni vamos a entender jamás. Diana era, a fin de cuentas, una mujer con piel artificial bajo la que habíamos visto ya unas cuantas escamas verdes. ¿Es realmente una mujer?, cabía preguntarse. En lo más hondo de su cerebro, el espectador masculino no estaba seguro de que lo fuera… pero lo que veía, le gustaba. Y esta ambigüedad lo cabreaba. Lo cabreaba mucho. Y le entraban más ganas de vengarse.

Hay veces en que lo efectivo en la ficción no son los conceptos elaborados de manera compleja y presentados en forma simple —logro admirable, pero que no es la única forma válida de hacer las cosas—, sino los conceptos simples que, cuando nos damos cuenta, pueden ser interpretados de forma compleja… aunque sea a posteriori. Sí, a veces, las connotaciones rebuscadas que dan pie a interesantes reflexiones son producto de la casualidad mas que de la habilidad de los creadores. Digámoslo con sinceridad: los guiones de aquel artefacto llamado V no hubiesen dado el pego como material sobrante de Shakespeare. Pero eso no significa que las implicaciones erótico-emocionales de un personaje tan artificioso y maniqueo como Diana no fueran dignas de todo un tratado. Diana era un arquetipo, y como todos los arquetipos, no es necesario que sea realista —ni siquiera que esté consistentemente construido— sino sencillamente que sea capaz de representar verdades universales (cochambrosas, pero universales) como esa de que a los hombres, en el fondo, nos gusta expresar el odio de forma bastante cariñosa cuando el objeto odiado lleva colorete, sombra de ojos y unos pantalones que equivalen a un cursillo acelerado de ginecología. Somos así de imbéciles. La mayoría. Me incluyo. Pero bueno, desde cuándo se supone que los hombres tengamos cerebro… era de prever que nos terminase gustando tanto un reptil.

47 comentarios

  • No creo que a ninguna lectora le haya hecho ni puta gracia el penúltimo pie de foto. Desde luego que el artículo huele a macho Axe mezclado con sudor, babas y líquido preseminal. Yo también me quiero reír. Pero cada vez más creo que estáis dirigiendo esta publicación solo a hombres cavernícolas con ínfulas de culturetas. Error.

    • Qué falta imperdonable de sentido del humor…

    • Rancia estirada recién salida del convento.

    • Saber reírse de uno mismo es síntoma de inteligencia, por cierto eso me lo enseñó una chica.

    • Probablemente no, pero a la mayoría de los tíos, que, a su vez, son público mayoritario de Jot Down, ya te aseguro yo que sí.

    • Con todos mis respetos, ni caso a Amanda

    • Por dios! Un poco de sentido del humor. Que parecemos sacado de un colegio de monjas de 6 años. Si empezamos asi le vemos tres pies al gato a todo!

    • Sí, con ese pie de foto hemos llorado juntos mi novia y yo… pero de la risa! jaja!

    • pues a mi me ha matado de la risa… ver como ellos nos ven cuando estamos de mal genio o algo así y la verdad es que sí que me gustaría tener debajo de mi piel humana esa apariencia de lagarto para asustarlo de cuando en cuando a mi pareja jajajaja, eso sí que sería divertido. Además, nosotras somos más duras con ellos cuando ellos andan de genios… somos crueles, al menos yo lo soy.

  • No entiendo el revival ni la nostalgia por el peor entertainment ochentero: de V a El Equipo A, pasando por El Coche Fantástico. Son productos mediocres muy bien explotados por grandes compañías, como ocurre ahora con, por ejemplo, House. Por favor, desentierren las joyas que han permanecido ocultas por la tiranía del stablishment y no nos recuerden la cultura más nefasta de aquellos años. Vistos los textos (como el de arriba), que le confieren una pátina intelectual a esos productos, y la mercadotecnia que lo complementa, dentro de unos años “V” será una gran serie de ciencia ficción de finales del siglo XX y Canción Triste de Hill Street un “rollo audiovisual friki” (madre mía, la extensión del significado de esta palabra) que ya ni se encuentra en internet. Ojalá dentro de 30 años nadie se acuerde de la invasión de laca y hombreras del espacio exterior, pero me temo que Diana seguirá muy presente y, por entonces, ya se habrá devorado al capitán Furillo.

    • Joder…otro con poco sentido del humor…mira, esas series que detestas forman parte de los recuerdos de mi niñez. En aquella época en casa veíamos El Coche Fantástico y por la noche veíamos todos Hill Street Blues, así sin más…sin tanta moralina sesuda. Si tanto te gusta esa serie haz lo que yo, en lugar de rapiñar por Internet te vas a Amazon y la compras (la serie lo vale), eso sí, sólo en inglés. Así tú disfrutas y nosotros los pobres de espíritu seguimos con nuestro ocasional revival ochentero sin dar la brasa a nadie.

      • Valeee nostalgias! pues con sentido del humor te digo que tendrás un vestido de V en el armario “para la ocasión” jajaja! Pásalo bien Donovan, que ya te estoy viendo jojojo Y cuidado al disparar!

        PD. Espero que tu fantasía se quede ahí y que nadie tenga que comer una rata viva jujuju Un abrazo lagartillo.

    • Dí que sí, Jose, la vida no es para reir. Qué asco la gente esta que se toma las cosas a broma y tiene algo de humor y eso.

  • Excelente artículo como siempre, sólo faltó comentar algo sobre el reguero de pelis porno que origino “V” y su Lagarta Profunda.

  • A mi V me pillo muy joven y recuerdo mas la serie por sus naves espaciales y sus pistolas láser. Pero desde luego fue una serie q me marcó. Recuerdo q mi carpeta estaba forrada de pegatinas de V.

    Para aquellos q no pueden ni tirarse un pedo si no es por un motivo existencial y elevado, seguro q les parece insulsa y vacua pero para los q andábamos entre los 12 y los 14 era lo mas.

  • Me divertí mucho leyendo el artículo. Yo era una niñita cuando mi mami veía V y me impresionó de sobre manera cuando Diana engulló esa rata… disgusting… pero era bacán la serie, a mi me gustaba y ahora veo, aunque no sé si haya tercera temporada, la nueva V.
    Y mi querido Miguel López, a veces una se comporta así toda maldita precisamente para tener lo que queremos sin compromisos, así de “lagartas” somos algunas mujeres y es muy divertido jugar…

    • “así de “lagartas” somos algunas mujeres y es muy divertido jugar…”

      Si leo esto imaginando que lo pronuncia Diana, para qué engañarnos… ¡me asusta bastante!

      Por cierto, ¿qué significa la expresión “bacán” y de dónde proviene? Siento curiosidad.

      • Bacán es sinónimo de chévere, divertido, cool y la usamos mucho acá en Ecuador. Es como su “guay”

        Que lo pronuncia Diana a segundos de abrir su bocaza y engullir…

  • Toda una prolija y vacua disquisición motivada por la nostalgia de las pajas de aquellos años.

    • Es curioso que este tipo de comentarios casi no aparezcan en las entrevistas a investigadores o en artículos sobre temas científicos o técnicos. Está claro que los críticos de bolsillo cuando ven un par de fórmulas olvidan su “vocación”. No diga pedantes, diga comentaristas de Jot Down.

    • Menos mal, por fin alguien que ha entendido el fondo del artículo.

    • Cáspito ha dado en el clavo

    • Creo que el estudio y discusión de simbolos de la cultura popular, a los cuales estuvimos expuestos y enganchados la mayoria, en los años en los que se forma el carácter, no es una disquisición vacua. Además de interesante me parece entretenida con lo que se ajusta bastante a lo que espero encontrar en un articulo de una revista como esta en contra de otra como digamos “Cahiers du cinema”

    • Coincido, y añado que yo quiero un artículo sobre Carmen Russo.

  • El artículo es divertido y audaz, no hay que penalizar el humor… Ni el autor esta haciendo un psicoanálisis del cerebro masculino (y si así fuera da en el clavo, jeje) ni nadie piensa que V es el “Guerra y paz” de la TV. Pero a los de la quinta bien que nos gusta regodearnos con lo bizarro y kitsch que tenía esta serie y otras de su tiempo, a que sí!?

    • Desde luego, las series de aquella época siguen siendo divertidas, aunque sólo sea por la faceta kitsch que mencionas. Por otra parte, las nuevas generaciones siempre tienden a ser perdonavidas, convencidas de que todo tiempo pasado fue peor. Yo lo llamo “nostalgia del presente”. Pero en los ochenta no había “Gran hermano”, eso lo dice todo. Y “V”, con todos sus (entrañables) defectos, es infinitamente más digna e intelectual que cualquier reality show de porquería.

      Además, no todo va a ser el “Ulises” de Joyce para ponernos pedantes en Jot Down (E.J. Rodríguez, esto va por ti). Si no podemos intelectualizar en torno a un puñado de lagartos vestidos de spandex rojo chillón, apaga y vámonos.

      Cuánto daño le está haciendo la “intelligentsia” a este país.

  • Miguel Angel, mientras asumáis vuestra inferioridad intelectual por supuesto que nos reimos, pero no todos los cavernicolas del estado poseen vuestro sentido del humor……

    • Interesante. ¿Te gusta reírte de las personas menos inteligentes que tú?

    • Yo asumo perfectamente mi inferioridad intelectual y reconozco abiertamente que jamás he entendido a las mujeres, pese a haberlo intentado depositando en esa imposible tarea toda mi exacerbada sensibilidad.

      Dicho lo cual, ¿qué llevas puesto?

      …no, espera, ¿he dicho eso en voz alta?

  • Yo tenía 4 años y pasaba la semana esperando la Tele Indiscreta con sus pegatinas de V. Ese es de mis primeros recuerdos, ese y la primera vez que fuí al cine. A ver Karate Kid nada menos…
    Por supuesto que vista con los ojos de la sociedad de hoy es una p… mierda pero eran otros tiempos, el que haya sido niño o adolescente en los ochenta y no sea un meapilas aburrido sabe de que va este articulo.

    • Totalmente de acuerdo. Experiencia compartida contigo y millones de personas. La serie ahora no la aguantas en antena ni 5 minutos pero en su tiempo era mítica. Lo mismo cabe decir de El Coche Fantástico o El Equipo A. Vistas ahora, fin de semana por la mañana, no te las crees y te provocan sonrisa al ver sus efectos especiales, estilismos y demás. Pero nos criamos con ellas muchos de nosotro y, eso, marca.

      http://saliendodesdeelbanquillo.blogspot.com.es

  • Y que opina el autor de su sucesora, Morena Baccarin?

    • Una mujer muy guapa, pero en los (pocos) episodios que he visto de la nueva versión de “V”, a su personaje le faltaba el encanto arrabalero de Diana. Son dos personajes muy diferentes en dos series muy diferentes. Aun así, admito que Baccarin tiene carisma y creo que, dado el material con el que contaba, la chica lo hacía razonablemente bien.

  • Féminas, uníos!!!!!

    DONOVAN Y SU… Traje. Mikel Donovan también tenía traje y también es buena base para analizar el cerebro femenino.

    Ay, Donovan de mi adolescencia!

    • De hecho, no recuerdo a ninguna compañera de colegio de mi época que no llevara la carpeta forrada de fotos de Donovan, de esas que regalaban en Tele Indiscreta, que ha mencionado alguien antes.

      Por cierto, Miguel. La expresión «bacán», que has preguntado antes por ella, se usa mucho en México (y supongo que en algún otro país latinoamericano, pero yo lo sé por una amiga mexicana), y significa algo así como nuestro «cojonudo» o el anglosajón «cool». Muy bueno, genial, sublime.

      De hecho, creo que subestimas la capacidad de adaptación del DRAE, pues esa palabra ya está recogida allí:

      http://lema.rae.es/drae/?val=bac%C3%A1n

  • Le felicito por el texto que nos ha escrito, Sr. López-Neyra. Muy divertido.

  • jejejeejejeje

    Miguel, no se si son mejores tus comentarios a comentarios o el artículo. Sinceramente, no lo se. Y creo que es muy bueno no saberlo….

    Excelente artículo. Y, pues eso, hay que reirse….de nuestro despertar sexual en manos de una arpía como la entrañable Diana. Los que en aquella época eramos tiernos infantes, la serie nos marcó, y eso que yo era (y soy) un cagueta y no podía ver a los lagartos ejejejeje.

    En fin, para los reprimidos de alguno de los comentarios, me reafrrimo en lo que dice Miguel, reconoced nuestra inferioridad, es un principio para que esteis mejor con vosotros mismos….y con ellas, nuestras Dianas.

  • Tendrías que hacer un artículo sobre “Baretta”.

  • De niño me sorprendia lo mala que era esa marciana.
    Ahora me sorprende lo buena que estaba.

  • Lo que dice la de los huevos es correcto. sólo diría, en lugar de error – cuál es el problema?

  • Indiscutiblemente aquella magnífica serie de los ochenta, marcó una epoca; no pudiendo ni siquiera acercarse la decolorida versión con Morena Bacarin, por cierto muy bella pero de pocos argumentos fantásticos y siendo apenas de dos temporadas!!

  • Diría que sí, es cierto que las mujeres son infinitamente más listas, y los hombres más básicos y por tanto, más pueriles y por lo mismo, tambien con muchas menos dobleces, aunque esto venga condicionado en gran medida por nuestros roles en la escala evolutiva. En cuanto a inteligencia, que no es lo mismo que listeza, la mayoría, hombres y mujeres somos bastante estúpidos, obcecados por nuestros genes (Richard Dawkins dixit) en hacer poco caso a la razón, más allá de cumplir nuestros deseos, aunque sea de una manera freudiana. Y los pocos que no lo son están amargados los pobres. Fútbol es fútbol

  • Por cierto, el artículo buenísimo. Como casi todos los de este autor. Felicidades

  • Como ya han comentado, las series ochenteras como V eran un flipe para los adolescentes, yo incluido. El visionado de uno de sus episodios cada sábado era el punto álgido del fin de semana. Ahora las reconoces como basura, pero el grado de exigencia de los 14 años no suele ser muy alto. Sin embargo no entiendo por qué otras cutreces siguen pasando por respetables a pesar del paso del tiempo. Cada vez que ponen una peli del oeste en la tele me descojono de sus escenas de peleas, de persecuciones a caballo, de tiroteos… Y da igual que salgan Kirk Douglas, John Wayne o Glenn Ford… Son cutres, retrospectivamente cutres, pero tan cutres como ahora vemos V. No veo por qué la impiedad con que la despachamos 30 años después deba ser reprimida en el caso de una producción del Jolibú de los años 50.

  • No coincide , V siempre ha sido y sera una gran serie.

  • Buenísimo artículo, que bien has explicado lo que provocaba esta mujer en nosotros los chicos aquellos años!

  • Su tronchante misoginia me obliga a recomendarle esto:

    http://www.nemoaboutwomen.blogspot.com.es

    .

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