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El Blues que me mata

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El Blues más doloroso. Esta música no son sólo tres acordes, ni tampoco son todo historias del cruce de caminos. Tampoco se ciñen al color de piel, y no todas tienen por qué ser instrumentales o tener en sus letras las típicas frases de early in the morning en Don’t wake me (Lightin’ Hopkins) o el sweet home Chicago del tema titulado así de Robert Johnson. Nada de eso. Es más, cualquiera que hubiese acelerado el Blues habría dado con el Rock and Roll, así que su electrificación por parte de pioneros como Muddy Waters es bastante meritoria, con el permiso de Howlin’ Wolf y Little Walter (este último a la armónica). Sin embargo, y volviendo mucho más atrás en el tiempo, el Blues era tocado con el alma, con un slide y una ajada guitarra acústica. Así se recordará siempre a Robert Johnson (más que nada porque hay únicamente dos fotografías suyas), misterioso músico transitorio que engendró la primera piedra del culto al Diablo con el fin de vender su alma para tocar mejor que nadie la guitarra.

Y si no había guitarras, había esclavitud con la figura de Dios de manera omnipresente, irónicamente. Los negros que recogían algodón en el sur de Norteamérica y en el delta del Mississippi entonaban al unísono canciones rotas sobre la pérdida de la identidad de las raíces y el castigo en vida. Algo así como una suerte de fustigación divina. Aquellas gentes anónimas contribuyeron, sin querer, a que las generaciones venideras (blancos y negros) fraguaran músicas evolucionadas de las tristes historias que escucharon de sus ancestros. Johnny Cash, por ejemplo, creció de manera humilde con su familia recogiendo algodón en los bastos campos de Arkansas a la vez que su madre cantaba los himnos de La Biblia o la Carter Family sonaba en la radio.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la muerte? Pues muy sencillo. La vida de alguien que tiene la esclavitud o la miseria como medio vital, observaría en lontananza muy pocas salidas, ergo no quedaba otra que aguantar cantando a Dios o esperar a que la muerte viniera a pasar revista. Los que corrían mejor suerte y daban con sus huesos en la gran ciudad, se ganaban la vida haciendo trabajos poco cualificados o tocando en infames locales nocturnos. La historia de Chess Records comenzó de modo similar. Si uno repasa la historia por los libros y documentales o por el film Cadillac Records, comprobará que la parca amenazaba en cualquier esquina disfrazada de infarto, de reyerta o de intentos de suicidio a base de barbitúricos, como le sucedió a Etta James, aunque el final de sus días terminaron en el hospital Riverside Community de California por una leucemia terminal. También está el caso de la gran Bessie Smith, aunque la suya fue una lenta muerte ahogada por la pena de las diferencias raciales y el alcohol, que acabaron estrellándose en un accidente de carretera el 26 de Septiembre de 1937. Pero los rumores sobre su muerte siguen ocasionando polémica, incluso hasta el día de hoy, debido a que la cantante fue rechazada en varios hospitales de Clarksdale (Mississippi) por su color de piel, haciendo que la Emperatriz del Blues se desangrara.

¿Se sufre más si eres mujer o si eres hombre? Pues no está comprobado y tampoco sería algo trascendental, pero cierto es que las damas del Blues, del Jazz o del Soul suelen tener un vigor y un carácter mucho más fuerte que las féminas más próximas al Rock. A la memoria también aparecen Sister Rosetta Tharpe, Billie Holiday, Big Mama Thorton u Odetta como referentes, más si cabe al sonar Muleskinner blues de Odetta. La voz, profunda y cavernosa, llorando casi, y aumentando en tono, es referente de la emoción contenida en un mismo sentimiento. Dayna Kurtz, la voz actual del Jazz, Soul, Rock and Roll y Blues coincide con el planteamiento. “Suele pasar que los hombres se dedican al Rock and Roll o a la música porque es la única manera de tener sexo. Es la excusa para tener chicas y ser guay. Pero para las mujeres es exactamente lo contrario. Apartamos esas cosas cuando entramos en la música porque es algo muy potente estar encima de un escenario, y eso, para nosotras, tiene el efecto contrario. Pero para los hombres, estar en el escenario y que las mujeres sean la audiencia, es lo normal. En cambio, para una mujer, estar en el escenario… bueno, los hombres pueden pensar ‘está buena’ o ‘me la tiraría’… pero no pueden, no podrían nunca. El poder del dinamismo es incómodo”. Kurtz ha edificado una bonita discografía sin parangón que va desde la música de raíces americana (American Standard) hasta el Blues (Showdown en Another black feather), el Rock and Roll y el Jazz hermanado con New Orleans. Su impresionante voz ha conmovido tanto que cada canción tiene la alta probabilidad de ser parte de la banda sonora de cada uno, como ha sucedido con Secret canon Vol. 1, el último disco de la misteriosa cantante de New Jersey, quien ha conformado una selecta colección del Jazz más escondido con la intención de ser feliz haciendo lo que hace. Un verdadero trabajo de arqueología, bello y cálido a la vez.

A Little Walter lo mataron en una pelea. ¿Sus “verdugos” eran conscientes de quién era aquel pequeño bluesman? ¿Habrían escuchado alguna vez el sensual Blue midnight? Luego estaba el caso de Muddy Waters, un tipo que se ganaba malamente la vida en la ciudad frente al tosco y campestre Howlin’ Wolf, un tipo al que poco le importaba la miseria, pues había vivido toda la vida en ella. Esa voz ronca atormentaba la cabeza del bueno de Waters cuando sonaban los acordes de Spoonful o My walked off, así que era algo más que un rival, un depredador. El que no tuvo tanta suerte gracias a sus excesos con el alcohol y las mujeres, fue Sonny Boy Williamson I. Gran cantante y mejor armonicista, apoyó los inicios de Muddy Waters y sirvió como influencia de jóvenes músicos como Junior Wells (atención a Come on in this house) o Little Walter, quienes crecieron como implacables ases de la armónica tiempo después. En realidad, Sonny Boy Williamson se llamaba John Lee Williamson, el apodo de Sonny Boy le vino por su forma de tocar la armónica aplicando el estilo de Sleepy John Estes. Su marcha de Jackson (Tennessee) a Chicago fue vital (y mortal, incluso) para su carrera, llegando ser parte de la banda de Estes y grabando cerca de 120 canciones. La vida de estrella del Blues en Chicago condujo su señorial figura a los clubes nocturnos donde se dejaba llevar por los licores y las mujeres… hasta que en Junio de 1948 un celoso marido atravesó el cráneo de Williamson son un punzón de picar hielo. Seguramente, mientras el metal entraba en él, estas líneas de su Help me resonarían en la ya agujereada cabeza del músico:

“But you help me babe
You know if you don’t help me darling”

Además de la muerte, la figura de la mujer fue casi o más importante en el Blues para sacar la pena del interior. Aunque como se ha comprobado, las musas de ciertos bluesman sirvieron para darles muerte de alguna que otra manera, como en el caso de Robert Johnson, de quien dicen murió por un vaso de whisky que otro esposo —bajo un ataque de celos— envenenó. Pero seguramente esto no sea más que una vulgar leyenda que magnifique la vida decadente (pero con esperanza) de ciertos cantantes y virtuosos del slide. Las demás versiones cuentan que murió de neumonía y otros atribuyen que falleció por la sífilis. Lo cierto es que se marchó de entre los vivos el 16 de agosto de 1938, en Greenwood (Mississippi) sin autopsia alguna. El que lo tiene claro y aúna todos esos vicios es Andre Williams, pues se enorgullece porque “estoy destinado a morir, lo sé. Pero amigo, soy un hombre demasiado caliente como para tener que parar”. Y no se corta en alardear de su lado más mujeriego, porque como él indica “me encantan las mujeres y que ellas me amen a mí. Es así de simple”. De hecho, añade: “dinero y sexo; así es la forma en que funciona el mundo”. Las malas lenguas dicen que cuando Andre visita una ciudad para tocar, sus mánagers tienen que encerrarlo bajo llave en el hotel de turno para que el buen hombre no salga a beber y a flirtear con señoritas. La vida del bueno de Andre fue tan exitosa como fugaz. Cuatro años en la Motown le convirtieron en un hombre respetado y venerado. Siguiendo los cánones de la historia, Andre Williams tenía todas las papeletas para ser una leyenda.

Dentro de la década de los 60 continuaría editando trabajos para Avin Records y el sello Chess de Chicago. Éxitos como Cadillac Jack o Jail bait lo encumbraron hacia lo más alto. Todo era maravilloso hasta que las drogas pasaron su factura, llevándose el talento, dinero y suerte hasta la inmundicia. Un par de décadas en blanco hicieron de su sombra una pesadilla oscura incapaz de dejarlo volver a la vida normal cuando, por entonces, vivía en Chicago (dicen) bajo un puente. Tras un resurgimiento a últimos de los ochenta, el hombre ha grabado discos sin parar: Directly from the streets, Mr. Rhythm is back, Red dirt, The Black Godfather, Aphrodisiac o That’s all I need son algunas de las obras más destacables de la actualidad de este caballero. “Ese es el hombre (y el nombre) de la historia. No es fácil vivirlo ni contarlo, pero es la realidad de los hechos acontecidos. Es la vida, simplemente”. Sentencia.

Por su lado, Muddy Waters refundó la leyenda de Robert Johnson que más tarde continuaría Elmore James. Aunque a decir verdad, el autor de I’m your hoochie coochie man vivió dos juventudes en su carrera después de arruinarse (cosa típica al no haber visto nunca antes tanto dinero) varias veces. Cuando la luz de su fama (si es que alguna vez la tuvo) se estaba apagando en Estados Unidos, unos jóvenes británicos melenudos —que se llamaban igual que su canción Rollin’ stone—redescubrieron al inspirador de sus primeros long-plays. ¿Qué iban a hacer The Rolling Stones ante el despropósito de ver a su mentor en el olvido? Pues llevárselo a Europa, exactamente a Reino Unido en 1958. Allí se dio a conocer nuevamente con un público no tan familiarizado con las raíces americanas. Pocos años después (en 1965) Bob Dylan ya era una estrella cuando aterrizó en Londres, pero el fuego de la verdadera música primaria aún no fue degustada. Dentro de ese campo habría que meter a iconos del Folk como Woody Guthrie o Hank Williams, aunque ya era algo más cercano al Country o al Bluegrass de otros titanes de renombre como John Hartford, Stanley Brothers, Bill Monroe o los fabulosos The Country Gentleman. No obstante, la dolencia del Blues negro estaba todavía por estallar en el viejo continente a nivel masivo.

La segunda juventud de Waters vino de la mano del tejano Johnny Winter en 1977, una leyenda viva que, a día de hoy, continúa girando a pesar de su salud. El guitarrista albino produjo los últimos 4 trabajos discográficos de Muddy Waters y recuperando a dos de los escuderos que tocaron junto a Waters en los años 50 (Jimmy Rogers y Walter Horton) realzando así su éxito: Hard again (1997), I’m ready (1978), Muddy “Mississippi” Waters – Live (1979) y King Bee (1981). El que tuvo… retuvo, pero King Bee fue un disco que se vio obligado a terminarse a medias (literalmente hablando) debido a que Muddy Waters estaba ya en sus últimos días y también porque la banda del bluesman de Chicago pedía más dinero al mánager de Johnny Winter. Al final, cada mochuelo a su olivo y Winter acabó el long-play con outtakes de Hard again y I’m ready. El 30 de Abril de 1983, Muddy Waters murió por una insuficiencia cardiaca mientras dormía. Allá quedaron sus canciones y su impronta, además que, seguramente, y como dice Johnny Winter “la mejor canción es la que está por llegar”.

Otro clásico del Blues de rostro pálido sería John Mayall, destacando The mists of time, seguramente una de las composiciones más dolorosas del Blues durante 8 increíbles minutos con Buddy Whittington (guitarra), Tom Canning (teclados), Joe Yuele (batería) y Hank Van Sickle (bajo) como respaldo. Es un ritmo solemne con el punto dramático en su letra que se mueve entre la liturgia y la nostalgia.

“Somewhere in the world
Are friends I’ve missed from long ago
Could be drifting by the wayside
Or even dead – I just don´t know
And now my memories are fading
…Like melting footprints in the snow”

Pero antes de que llegue el primer somewhere, la canción ya habla por sí sola con el golpe de batería y el piano que, a la vez, arrancan tan sobrecogedora melodía. Después, el órgano Hammond y la línea del bajo mantienen una misma nota preparando el colchón para el enigmático punteo de Mayall que se extiende hasta pasado el primer minuto. Vivencias y experiencias, al fin y al cabo que, como el propio Mayall explica, “la honestidad es la bandera con la que me expreso. Es la emoción la queme lleva, ya sea por una observación oscura o por una celebración de la vida, pero siempre con una buena dosis de optimismo. Esa ha sido siempre la función del blues, y no conozco otra manera”. Sin dejarse en el tintero la guitarra rítmica que prácticamente se hace todo el tema con tres acordes, muy parecidos (por cierto) a los de The house of the rising sun de la versión de The Animals o al Amazing grace de Blind Boys of Alabama. No obstante, tanto The mists of time como Amazing grace o The house of the rising sun tienen progresiones muy similares, tanto en melodía como en temática, pues la muerte y la falta de fortuna recrudecen el linaje de estas canciones.

Aprovechando que The Animals han aparecido en el texto, no estaría de más conocer la opinión del mítico líder de los británicos, Eric Burdon sobre la mutación del Blues como música de Iglesia convertida en blasfemia (para unos) y cantos del alma (para otros). “Siempre está y estará presente el argumento de que el Rhythm and Blues y el Blues no son más que una ‘bastardización’ de la música de la iglesia y que Ray Charles fue uno de los mayores precursores. El Blues, Rhythm and Blues y el Rock and Roll (especialmente) siempre han sido considerados como la ‘música del Diablo’ por sustituir las palabras ‘Dios’ o ‘Cristo’ en himnos de la Iglesia por palabras como ‘amor’ y ‘mujer”. The house of the rising sun es una canción anónima de Folk norteamericano (originaria, creen, de Inglaterra e Irlanda) que narra la desafortunada vida de un individuo en Nueva Orleans. La primera grabación registrada data de 1933 siendo interpretada por Clarence “Tom” Ashley y Gwen Foster, dos músicos de la región de Los Apalaches que recuperaron aquella cantinela de boca del abuelo de Clarence, Enoc Ashley. La historia nunca supo definir si la narración tiene un punto de vista masculino o femenino, pero lo que está claro es que esa “casa del son naciente” es en realidad un burdel. La canción fue reconocida bajo ese título cuando la hija de un minero local de Kentucky de 16 años de edad, llamada Georgia Turner. También se dice que aquel prostíbulo se encontraba en la calle San Luis 826 y 830, entre los años 1862 y 1874 y que fue llamada así por su regente, Marianne LeSoleil Levant, cuyo apellido se traduce como “el sol naciente”. Y al igual que nunca se pudo saber cuál era la verdadera historia que estaba detrás del título, tampoco se ha llegado a averiguar a ciencia cierta la procedencia real de la música que desprende. El ejemplo está en la versión de 1928 de Alger “Texas” Alexander (primo de Lightin’ Hopkins), que cantó de manera distinta (tanto en letra como en música) la archiconocida pieza que partía de la raíz engendrada en Europa, exactamente entre Irlanda e Inglaterra. De manera casi premonitoria, y en 1939, Alexander asesinó a su mujer, por lo que se le condenó a 5 años de prisión en Paris, Texas. Después de cumplir condena, regresó a la interpretación hasta que la sífilis se lo llevó por delante en 1954.

Blind Boys of Alabama reavivaron Amazing grace dentro del álbum Spirit of the century, haciendo de algo tan primitivo la resurrección de la fe. Todo tiene un comienzo y un final, los actos serán recompensados o castigados. Blind Boys of Alabama empezaron cantando Gospel desde los últimos coletazos de los lejanos años treinta, pues la primera formación del grupo se dio en 1939 en el Alabama Institute for the Negro Blind (Instituto de Alabama para el Negro Ciego). A pesar de los cambios en el conjunto a lo largo de su extensa vida, el alma del grupo permanece intacta tras cerca de 60 trabajos discográficos y 70 años de carrera. Sin olvidar cinco premios Grammy. Jimmy Carter (miembro fundador) responde hablando sobre las creencias y la fe. “El tiempo dirá lo buena persona que ha sido uno a lo largo de su vida. Si no ha cometido malos actos no debe temerle a nada. Queremos dar esperanza a los desesperados. Queremos llevar alegría a la gente”, señalando además que “todos tenemos que vivir una buena vida, ser un buen ejemplo y ayudar a los demás siempre que sea posible”. Volviendo a Eric Burdon, y en especial a la versión de The Animals, puede respirarse el mismo sentimiento de aflicción que fluye en Amazing Grace, en este caso, por la conmovedora aportación del órgano de Alan Price. ¿Tendrá esto relación por el nacimiento de esta música teniendo a Dios como inspiración? “Todos los primeros artistas que tuvo la música de la Iglesia ya convertían los himnos en canciones populares de la época, era sólo encontrar otra manera de difundir la palabra de la Iglesia. Básicamente, toda la música grande, especialmente en la cultura americana, tiene sus raíces en la Iglesia”. Explica Burdon antes de formular una profunda cuestión. “¿Qué es el alma de un hombre? Creo que el alma de un hombre es lo que su conciencia puede soportar”. Algo parecido opina Jimmy Burns después de que falleciera su esposa Dorothy recientemente. “La fe, sin duda. Eso y la elección de que no había que rendirse. Si es así como se presenta la situación usted no tiene más remedio que hacerle frente a la tristeza. ¿Acaso cree que hay otra opción mejor? Sea valiente y enfréntese a ello”. Continuando con la edad y la experiencia que ello otorga. “Las historias siguen viviendo en las canciones como una forma más de escritura dentro de las mismas. Hasta ahí de acuerdo. Pero recuerde; un escritor de canciones es un contador de historias, por lo tanto, lo que escribe puede que tenga mucho o nada de verdad”. Cantante, guitarrista y compositor, Jimmy Burns nace Mississippi en 1943 siendo un personaje carismático con una expresiva y emotiva voz, atesorando también un estilo de guitarra difícil de igualar. Sus primeras obras datan de 1964, año en el que editó su primer single, Forget it, Give her to me o I traed. Los años siguientes fueron una laguna, no había noticias de un Jimmy Burns que prefirió cuidar de su familia ante las embestidas de la vida. Pero es en la mitad de los noventa cuando reaparece con un primer LP titulado Leaving here walking. Aquel álbum sería la primera piedra de lo que supuso la continuación de la leyenda hasta el día de hoy con Stuck in the middle. “Si tienes catorce años puedes escribir sobre las cosas que has visto en tu vida hasta ese momento. Pero a los setenta se tiene mucho más que contar, por lo tanto hay mucho por escribir. Es algo lógico que se gana con la experiencia”. Concluye el bueno de Jimmy.

Estas historias conectadas entre sí son algunos ejemplos de que la música (en este caso el Blues) puede ser tan vital como mortal. Otros nombres se han quedado en el tintero y algunos más encajarían mejor, pero es una tumba abierta dispuesta a recibir cualquier mirada. Tal vez, sin Who by fire de Leonard Cohen, nadie antes habría pensado en una canción para su funeral. Bueno, Hallelujah; la versión de Jeff Buckley pero originaría de Cohen, también sería una firme candidata a ocupar el más alto puesto dentro de un ránking funerario. Aunque será mejor sentir el último aliento con el I smell a rat de Buddy Guy. Atención, son 10 minutos de punteos sensuales sin fin. Una verdadera joya para que a uno le lloren. Pero en fin, la música —como la poesía— es de quién la siente. Por lo tanto, es posible que cualquier canción (sea cual sea) coronaría tan majestuosa ceremonia.

Para un mayor conocimiento y expedición musical, esta playlist con todas las canciones comentadas (y sus creadores) podrán servir de guía espiritual en el texto.

Fotografía: Robert Frank

24 comentarios

  • PEDAZO DE ARTICULO!! Muchísimas gracias!!!

  • “¿Qué iban a hacer The Rolling Stones ante el despropósito de ver a su mentor en el olvido? Pues llevárselo a Europa, exactamente a Reino Unido en 1958″

    Los Rolling Stones se forman en 1962, de hecho Mick Jagger y Keith Richards no se encuentran hasta 1960.

  • Skip James también anticipó su óbito con “Sickbed blues”, aunque fuese por algo tan poco glamouroso como el cáncer.

  • Se nota de lejos que es un artículo de blues (muy mal redactado) escrito por alguien no especializado en el género. Mucho tópico manido, Wikipedia, la peli “Cadillac Records” y refritos inconexos. “Dayna Kurtz, voz del jazz actual”. ¡Por Dios!

    Se echan en falta en Jot Down buenas firmas de periodismo musical. A ser posible, alguien que haya estado cerca de Nueva Orleans alguna vez en su vida!!!

    • Suscribo.

    • Espectacular articulo y si boris / viejo trueno Dayna Kutrz es un referente actual del Jazz…no os vi en el conciertazo que dio en Madrid hace unos meses… éramos poco mas de 30 privilegiados.

    • ¿Significa eso que un cronista musical de, pongamos, músicas del mundo debe haber hollado Botswana e Indonesia para poder hablar del tema con conocimiento de causa? Es evidente que no.

      Por otra parte resulta curioso que acuse de ignorancia supina al redactor del artículo por no haber viajado a una ciudad, cuna del jazz y el sonido dixieland, sí, pero poco significativa si nos atenemos a los orígenes del invento, que eran más rurales y trasladados desde el delta del Mississippi (¿también debería haber visitado este estado o con Lousiana basta?) a las ciudades donde un negro de la época podía ganarse la vida como Kansas City, Chicago o Detroit.

  • la cita de Dayna Kurtz es espantosa, las tonterías que dice esa mujer… Janis Joplin vivió como cualquier hombre músico-de-rock de su época, y en consecuencia murió de forma similar. Además no se qué tiene que ver Dayna Kurtz con el blues ni con la música negra, cuando es una autora más “blanca” que otra cosa.
    Finalmente, sobre Jeff Buckley, tampoco veo qué tenga de blues Hallellujah. Sí en cambio la interpretación que Buckley jr. hizo de Satisfied Mind, un viejo estándar country previamente tocado entre otros por Johnny Cash, y que Jeff dejó grabado en una toma que es puro blues del Delta. Esa canción, además, y para más inri, sonó en su propio funeral

  • Nunca respondo a las críticas, pero veo que no me está quedando otra.

    Veamos: ya he explicado en el texto que “otros nombres se han quedado en el tintero y algunos más encajarían mejor, pero es una tumba abierta dispuesta a recibir cualquier mirada”, así que es lógico que falten nombres. La idea del texto es la de entrelazar las anécdotas e historias de ciertos personajes (¿han visto “Crash”?) buscando un nexo común.

    Por otro lado, Dayna Kurtz ha entrado porque también hace Blues (aunque su estilo esté más definido en el Jazz) y me parecía de menester incluir su comentario. Igual, en lugar de tanta crítica, deberían ustedes escucharla.

    Lo de si es blanca, negra o azul… me parece hortera y fuera de lugar, así que no hablaré sobre eso.

    Respecto a Buckley y Cohen al final; es un guiño a los clichés y tópicos que se dan en la música cuando uno elige las canciones para su funeral. Nada más que eso, un guiño.

    Y no, no he viajado a Nueva Orleans, pero no hace falta viajar hasta allí para escribir sobre Blues o Jazz (por ejemplo). Por esa regla de tres, todos deberíamos ser unos linces escribiendo sobre la música folclórica española, ¿verdad?

    Un saludo.

    • Hola Carlos.
      Gracias por tu artículo.
      Me gustaría ponerme en contacto contigo para comentarte una cosa sobre tu artículo y sobre el blues.
      Si fueras tan amable de responder a mi mail para poder conectar, te lo agradecería.
      Mi mail es: blues syndicate@gmail.com
      Un cordia saludo

  • ¡Muy bonito artículo! He disfrutado mucho leyéndolo y escuchándolo… (un detallazo incluir la lista de Spotify con las canciones mencionadas)
    En general, me gusta mucho esta revista, lo que no me gusta es acabar de leer un texto y encontrarme casi todas las veces sin excepción, comentarios hechos desde la más absoluta desconsideración hacia el que escribe. Personalmente me cansa ver tanto poco respeto, y os pregunto a los que os dedicáis a linchar más que a opinar: ¿Os dice alguien en vuestro trabajo que echan en falta “mejores” personas que ocupen vuestro lugar?
    Si hay algo que se piensa que se podría mejorar se puede decir educadamente porque quizás el autor hasta lo agradezca, pero si no sóis capaces de decirlo, al menos no piséis el trabajo y el esfuerzo de la gente que se dedica a esto como lo haría un niño caprichoso y puntilloso.
    No sé cómo se puede encontrar placer en el linchamiento ajeno, claro que quien no lo encuentra en otro lado… esto es lo que le queda.

  • Los Stones sw llevaron a Muddy Waters a Londres mucho más tarde. En 1958 no se habían formado.

  • Sois geniales, estoy en una terracita leyendo y escuchando vuestro playlist, es de lo mejor de la semana.

    Gracias gente, seguir con vuestro periodismo en profundidad.

  • Y Muddy Waters terminó diciendo que estos chicos blancos, que sí, que tocan muy bien, pero de feeling poco.. De hecho, Muddy Waters utilizaba un microtonalismo en el que no eran muy duchos los guitarristas británicos (gente como Clapton, Winwood y otros..)

  • El autor sigue insistiendo en que Dayna Kurtz hace Blues y Jazz. Dayna Kurtz es básicamente una cantante y guitarrista de Country y folk blanco -sí, blanco-, su estilo vocal, la estructura, armonías y melodías de sus canciones… Claro, en algún momento se puede colar por ahí un acorde de séptima o novena o alguna síncopa, pero es una influencia que demuestra que entre esos géneros siempre hubo filtraciones y préstamos. Pero Dayna Kurtz hace Country en esencia, de la misma forma que Skip James aunque había recibido influencias del bluegrass y del propio Country hacía Blues… Y viceversa también ojo, ¿qué artista de country no ha metido en su repertorio algún blues? algunos han grabado discos enteros, como el bueno de Sleepy Labeef
    ¿Qué problema hay con ello? pues nada, que si el autor no tiene claro esto, si no puede hacer distinciones claras, dificilmente puede darsele mucho crédito. Yo no soy un experto, pero insisto, me parece claro quién hace blues aquí y quien no. Y no se puede decir de ninguna forma y tajantemente que Dayna Kurtz es una artista de Jazz o Blues porque eso es disparatado, aunque haya hecho incursiones ahí, porque esa no es la nota característica de su estilo, y por tanto no sirve de ejemplo por muy buena que sea, que lo es por cierto. Sería como meter también a Gram Parsons, quien también ha rozado a veces el Jazz

  • Debe ser que le tienes algún tipo de tirria a Dayna Kurtz y nos has valorado su obra. No voy a entrar en más discusiones. Si tan capaz te crees, haber hecho tú el artículo.

  • Viejotrueno lo ha dicho claro. Amén. El tal Charly supongo que será todavía un post-adolescente sin muchos discos en casa. Espero que los apuntes de los lectores le sirvan para mejorar.

  • Si tú tienes muchos discos Boris, podrías dedicar más el tiempo a escucharlos ;) Te lo aconsejo para bajar la mala baba que tienes. También tus comentarios atacando personalmente en vez de hacer apuntes sobre el artículo, denotan muchísima madurez. Casi vejez diría yo. Pero de esa amargante y mal digerida.
    Anda… haz algo positivo por la humanidad, y escribe tú un artículo, que tengo ganas de leer tu impresionante cultura musical.

  • Hay errores (pocos) de bulto, como la mencionada fecha de los Stones y Muddy Waters. Y hay otros errores menos graves. Pero el artículo tiene un plan, lo desarrolla bien y, bajo mi punto de vista, logra el objetivo que se propone. A las nuevas generaciones les va a resultar cada vez más difícil escribir sobre los orígenes del blues, es algo obvio, por eso es fundamental informarse bien Carlos H. y conocer las mejores fuentes. Yo también le hubiese dado el visto bueno para publicarlo en Jotdown, aunque debería haber alguien que corrigiese ciertos errores graves. De cualquier forma, las críticas destructivas detrás de un nick y un email de nuestro amigo ‘viejotrueno’ serían de gran inspiración y mofa para que cualquier venerado bluesman compusiese una canción en la que explicara cómo le patea el culo a ese negativo gruñón. Esperamos tu artículo, viejogruñon. En él debes relacionar la muerte con el blues, debe estar dirigido a un público mayoritariamente no experto y, además, debes conseguir que nos haga estar pendientes de él de principio a fin. Suerte máquina.

  • No acabo de entender las críticas al autor. Mejor o peor redactado (para mí muy bien), más o menos acertado (para mí más)…Charly (que no lo conozco de nada) ha hecho, y se nota, un esfuerzo para transmitirnos su pasión por un estilo de música, un estilo de vida… Estas críticas me suenan a frustración por parte de quien las escribe, quizá porque sabe de su incapacidad para escribir, ser sincero consigo mismo y expresar lo que siente. Es una actitud tan patética como ridícula. Charly, buen artículo y gracias por el playlist. No hagas caso de los fracasados porque nos quieren mezclar en su fracaso.

  • Cualquiera con un mínimo conocimiento de blues primitivo verá que aquí no se habla de Son House, ni de Bukka, ni de Patton… Nada. Ahí había historias increíbles, pero claro, hay que investigarlas fuera de Google.

    • Efectivamente, “curioso”. Que es, más o menos, por donde apuntaban “viejotrueno”, “boris” y algún lector más. Y, como dicen otros lectores, sí, puede ser un artículo agradable de leer, siempre que seas capaz de abstraerte de ciertas cosas. Algunas de estas cosas consisten en mezclar churras con merinas y perder de vista algo esencial: el blues es una música esencialmente negra. Es el medio de expresión utilizado por el pueblo negro, aunque posteriormente (y casi simultaneamente a su “universalización” y “apropiación” por el hombre blanco) se aleje de él y/o vaya evolucionando.Por resumir, y espero que se me entienda, es como si damos crédito flamenco a músicos japoneses. Ah! y hay muchos músicos negros, y jóvenes, tocando blues y formas musicales cercanas: Jarekus Singleton, Homemade Bluez, Selwyn Birchwood, Carolina Chocolate Drops…en fin, también me parece penoso recurrir a blanquitos de la “British Invasion” como ejemplos de “buen blues”. Como si no hubiera originales a punta pala. Cojan el catálogo de Delmark Records. O de MusicMaker. Tienen buenos ejemplos ahí. Claro que, para gustos los colores y lo que cuesta es discernir. Y, por favor, no me llamen purista. Saludos.

  • Desde luego hay gente que le quita las ganas de escribir al más pintado. Entrán en una web, leen el artículo sin pagar un duro y de propina se ensañan sacando la chorra con cinco o seis nombres que acaban de buscar en la Wikipedia….La gente que lleva su dosis de bilis en la recámara al final conseguirán que gente que cada vez más autores se muestren reticentes a escribir en Jotdown….Una lástima!

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