El arte de no darse importancia

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Las cataratas
Eliot Weinberger
Editorial Duomo Perímetro

A Eliot Weinberger no se le conocen parentescos con Petrarca, Chesterton, Conrad o Lorenzo de Medici pero —aun así— después de leerle no cabe duda de que alguien debería repasar su árbol genealógico en busca de esos lazos que se establecen entre los grandes pensadores, especialmente en su rama humanista, y esa tribu cerrada que componen los practicantes del más afilado de los géneros literarios: el ensayo.

Weinberger se define a sí mismo como neoyorquino, lo cual ya debería dar pistas de que no nos enfrentamos a un homínido normal, y su faceta más conocida, al menos para el universo hispano-parlante, es la de traductor y afamado proselitista de Octavio Paz (entre muchos otros poetas), cuya traducción le ha valido diversos premios y le ha granjeado cierto prestigio entre la intelectualidad mexicana. Esa es, digamos, su faceta más conocida para el que de repente decida acercarse a la obra de Weinberger sin contar con ningún nativo experimentado que le indique los atajos. Sin embargo, a este habitante de la Gran Manzana, donde realmente le salen los colmillos es cuando se disfraza de ensayista, se pone la corbata de observador y repasa el planeta tierra de adentro hacia fuera , como si fuera un espeleólogo con vocación sociológica.

Ya que la inmensa mayoría de su obra no se encuentra disponible en nuestro país vale la pena abrazarse a Weinberger a través de Las cataratas (Editorial Duomo Perímetro), una colección de ensayos de una calidad tan extraordinaria que dan ganas de ponerse las gafas de leer aunque uno no las necesite. Solo alguien con un cerebro capaz de proporcionar energía eléctrica a la costa Oeste de Estados Unidos podría repasar en 48 páginas y con una nitidez asombrosa la historia del racismo, sus innumerables disfraces, desde el hijo de Noé hasta la guerra de Ruanda, en un relato tan asombrosamente trenzado que cuando acaba dan ganas de aplaudir, o de hacer la ola.

No es solamente la delicadeza de la pluma del escritor, su simpleza orgánica, su lucha por evitar los aditivos, como si fuera una stripper que en la primera nota de la canción ya se ha quitado toda la ropa. No, no es solo eso: se trata de la falta de trascendencia que se intuye en cada párrafo, una manera de otorgarle a lo escrito todo el peso específico al tiempo que se despoja al escritor de cualquier mérito y se le identifica como un simple transmisor, una suerte de escriba moderno. En uno de los diálogos de Heat, la obra maestra de Michael Mann, el personaje de Tom Noonan después de haber planeado un golpe perfecto le dice a De Niro para quitarse cualquier mérito: “estos datos estaban por ahí, los envían a los cuatro vientos”. En realidad la frase es aplicable al trabajo de Weinberger, que ejerce de señor contable, recopilando números, cifras, datos, citas. Para el lector eso es lo que importa, la pureza de la información —que siempre han estado ahí—. La milagrosa ingeniería literaria del autor queda en segundo plano: es lo que se llama —en español llano— quitarse importancia. Lo que Javier Marías, hablando de Weinberger, resume diciendo “afila el cerebro del lector, sin hacer el menor aspaviento”.

Ahora bien, este tipo relajado y analítico también escribió What happened here: Bush cronicles (que en España apareció en dos volúmenes, Cartas de Nueva York y Lo que oí sobre Irak, en Ediciones del Bronce y Era respectivamene), una auténtica antología del cabreo que en sus primeras páginas despliega con brutal sinceridad la teoría del autor sobre la siniestra Casa Blanca de George Bush hijo. Aquel que afirmó que “todos los que no crean en Dios irán directos al infierno” es objeto de una autopsia tan brutal que lo de coup d’etat (para definir el proceso que llevó a Bush hasta el despacho oval) se queda en agua de borrajas una vez Weinberger empieza su particular autopsia del régimen más absurdo que ha gobernado Estados Unidos en toda su historia. La beligerancia de ese neoyorquino hasta el gorro de mentiras deja paso luego al cirujano mayor, que en la impresionante crónica What I heard about Iraq, y utilizando el mismo esquema de frase corta (“just the facts”) repasa en orden cronológico el rosario de mentiras que Rumsfeld, Rove, Rice y compañía desplegaron para justificar la invasión de Irak. Es un inventario de calumnias que en boca de otro escritor hubiera resultado ser una simple lista de desvaríos que hemos leído u oído en multitud de ocasiones y que sin embargo —en manos de Weinberger— se convierte en una epístola capaz de cmutar al republicano más aguerrido en un ferviente demócrata. Es prosa de combate disfrazada de diccionario práctico, como si despellejando el léxico hasta dejarlo en el hueso la palabra se metiera en el lector limpiamente, esquivando los prejuicios, corroyéndole hasta las entrañas.

Por ello Las cataratas es un libro extraordinario. Lo es por su sapiencia, por su inabastable apetito cultural y sobre todo por la brillantez de cada uno de sus sustantivos y la —inquebrantable— voluntad de no usar ni una coma en vano. Umberto Eco decía que la grandeza de una biblioteca privada reside en los libros que aún no has leído (lo que el profesor Nassim Nicholas Taleb calificaba de “anti-biblioteca”) pero después de cerrar este volumen de poco más de 216 páginas se hace difícil pensar que en casa de Weinberger quede algún libro sin leer.

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9 comentarios

  1. Buenas tardes, tengo una duda al respecto de este libro, leí hace tiempo “Rastros Kármicos”, de este mismo autor, y veo que se repiten algunos de los temas que trata en el libro que usted nos presenta, ¿merece la pena leer Las Carataras a pesar de haber leído ya Rastros Kármicos? Tengo que decir que fue un libro que también me pareció extraordinario. Gracias, un saludo.

  2. Pingback: El arte de no darse importancia

  3. Krypto

    En el artículo se cita una frase de Bush (la del infierno). He estado buscando por google dicha frase y no encuentro ninguna fuente que afirme que Bush dijese eso. ¿Puede alguien aportar una fuente para confirmar que Bush dijo efectivamente dicha frase?

  4. Toni Garcia

    Krypto, la frase la pone en boca de George W.Bush el propio Weinberger en las primeras páginas de What happened here. No cita la fuente (hablo de memoria) pero yo no albergo dudas sobre la misma. Estamos hablando de alguien que cuando llegó a Washington en visita oficial el presidente de Brasil (Fernando Cardoso) le dijo “¿allí también tenéis negros?” y que en año 2000 dijo en Michigan “estoy convencido de que los seres humanos y los peces puede convivir pacíficamente”. Un saludo.

  5. Buenas tardes, les copio un diálogo que se produjo el día 27 de agosto de 1987 entre el periodista Robert I. Sherman y George Bush:

    RS: “What will you do to win the votes of Americans who are atheists?”

    GB: “I guess I’m pretty weak in the atheist community. Faith in God is important to me.”

    RS: “Surely you recognize the equal citizenship and patriotism of Americans who are atheists?”

    GB: “No, I don’t know that atheists should be considered as citizens, nor should they be considered patriots. This is one nation under God.”

    RS: “Do you support as a sound constitutional principle the separation of state and church?”

    GB: “Yes, I support the separation of church and state. I’m just not very high on atheists.”

    http://www.infidels.org/library/modern/mathew/arguments.html#bush

  6. Bitter-Kas

    No he leído nada de Weinberger, pero la crítica de este libro ha despertado mi curiosidad por la importancia que tiene la palabra, sin más aditamentos que lo que ella significa, para desmontar la impostura.
    A veces pienso que esa manipulación de las palabras y los conceptos, escondiendo intencionadamente su significado original y legítimo, es la base imprescindible de toda dominación. Poner al descubierto, de modo limpio y claro, donde está el engaño no es tarea fácil y requiere de un amplio conocimiento y de una mente muy bien amueblada.
    Leída la crítica, Weinberger parece ser uno de los capaces de ilustrar, iluminar, sin deslumbrar con fuegos de artificio.

  7. Buenas tardes, he buscado en la Red el índice de ensayos que comprende Las Cataratas sin encontrarlo, alguno de los presentes podría poner el listado, es compararlo con Rastros Kármicos. Este último contiene: I. El río
    El sueño de la India
    ¿Cuáles eran las preguntas?
    Kampuchea
    Renga de Sogi a sí mismo
    II. Tigres de papel
    Exhortación de Han Yu a los cocodrilos
    Los farunferes
    Objetos sexuales
    Analistas políticos de la India medieval
    El pez riente
    Sueños de los holotúridos
    III. Indridi Indridiason
    Una arquelogía de los sueños
    Jón, hijo de Ólaf
    IV. En el Zócalo
    La música del desierto
    Un toque de clarín para el quinto centenario
    Renga
    V. Rastros kármicos
    Las cataratas

    Veo que alguno de ellos se repite, pero no sé cuantos.

    Gracias, un saludo.

  8. Aurelio Major

    Las cataratas ofrece algunos “centauros” (la definición es de Reyes) más largos, mitico-antropológico-literarios procedentes de diversos libros, por ejemplo, de Rastros kármicos (Emecé, que ya era una recopilación) y Algo Elemental (Atalanta), entre otros. Incluye varios inéditos en español (casi la mitad del libro).
    El índice es el siguiente (con asterisco los inéditos):
    Las cataratas, Los farunferes, El sueño de la India, Tigres de papel, Rastros kármicos, En azul*, El vórtice, La invención de China*, La tribu cámara*, Fotografía y antropología*, La estantería en la nube*

    Aurelio Major, antólogo y traductor (del autor al español)

  9. Heat es una peli sobrevalorada del ya sobrevalorado Michael Mann.

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