Juan Abreu: El principio de mediocridad sexual

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Desde que me enteré de que existía el principio de mediocridad del profesor P. Z. Myers, me lo aplico a rajatabla. Si todos nos lo aplicáramos, este mundo sería muy distinto, mucho mejor.

He aquí el principio de mediocridad, según el doctor P. Z. Myers, biólogo, de la Universidad de Minnesota: “El principio de mediocridad sostiene simplemente que no es usted especial. El universo no gira en torno a su persona; este planeta no cuenta con ningún privilegio singular, su país no es el resultado perfecto de una secuencia de designios divinos; su existencia no se debe al influjo de un sino orientador e intencional; y ese emparedado de atún que se ha comido en el almuerzo no forma parte de una conjura pensada para producirle una indigestión. La mayoría de las cosas que suceden en el mundo son simples consecuencias de las leyes naturales, leyes de carácter universal, puesto que rigen en todas partes y atañen a la totalidad de lo existente, sin que haya excepciones especiales ni amplificaciones que redunden en su beneficio personal (y siendo además la diversidad un producto de la intervención del azar). Todo cuanto usted, como ser humano, considera investido de una importancia cósmica, es un accidente”.

Ahí tienen. Por supuesto, he aplicado sin demora este principio a la actividad sexual. Algo así como el principio de mediocridad sexual. Resulta una gran cosa. Ya no hay que preocuparse excesivamente por nuestro desempeño sexual. Es bueno que cuando lo necesites el pito se te ponga como un cañón. Cierto. Pero si no sucede, o no queda perfecta la mamada y ella o él no se corren dando alaridos, no pasa nada. Muchas mujeres y muchos hombres, incluido yo, hemos vivido atados a una especie de canon, literario y social, que nos obligaba a comportarnos y a ejecutar según ciertas expectativas irreales y, hay que decirlo, en ocasiones, rocambolescas.

El hombre debía ser muy macho, el gran proveedor sexual, el depredador siempre enhiesto y dispuesto, y a la mujer se le esperaba siempre modosa pero jadeante y seductora, y humedecida a todas horas y sempiternamente dispuesta y necesitada.

Es hora de escapar de ese irreal corsé. Creo que a luz del principio de mediocridad sexual, es hora de racionalizar y desliteraturizar nuestra sexualidad. De hacer nuestra vida sexual más real, más honesta. Real. Honesta. Y si partimos de la mediocridad, me parece evidente que todo no puede más que mejorar.

¿Qué hacer para ser más reales y más honestos, sexualmente hablando? Bueno, propondré algo sencillo: conversar. Por ejemplo, he conocido mujeres que se morían de vergüenza porque les gustaba que las llamaran putas cuando estaban follando. También he conocido hombres que preferían tomar por asalto un nido de ametralladoras que tocarle la polla a otro hombre. O pedirle a su mujer que le metiera el dedo en el culo.

Hay que superar eso.

¿Cómo? ¡Conversando! El ochenta por ciento de la plenitud sexual (¡y de la felicidad!) depende de nuestra capacidad para conversar con nuestra pareja. Cariño, la próxima vez que me la chupes, méteme el dedo en el culo. Sí, me gusta. ¿Por qué no te lo había dicho antes? Porque desconocía el principio de mediocridad sexual y ahora que lo conozco quiero una vida sexual más real y más honesta.

No se me desanimen de entrada. Solo hace falta empeñarse con determinación. Ya sé que es difícil, pero hay que intentarlo. Hablar. Parece sencillo, eh. Pues no lo es. A la gente le cuesta mucho hablar de su ser sexual. Algo tan simple como decir me gustaría que me llamaras puta cuando me folles, decir eso, puede ser prácticamente imposible para un número asombroso de personas. Cuántas mujeres recién corridas se atreven a decirle a su pareja: ay querido, qué rico, mientras me follabas yo imaginaba que estaba follándome a Harvey Keitel. Algo tan elemental. Pues no se atreven.

Hay que transitar ese camino e ir abriendo espacio para la realidad y para la honestidad. Porque algo es irrefutable: tú quieres que te meta el dedo en el culo, ella quiere follarse a Harvey Keitel.

Ya que tenemos la increíble suerte de estar vivos y de pertenecer a la única especie que ha sido capaz de crear una sociedad tecnológica, ¡a la especie que ha inventado el erotismo!… ¿por qué no intentar ser sexualmente más reales, más honestos?

El principio de mediocridad del doctor Myers ayuda mucho, porque al poner tan clara nuestra insignificancia y nuestro carácter transitorio y casual, le quita mucha gravedad a todo y pone en su sitio lo que somos: criaturas frágiles y fugaces que lo mejor que podemos hacer es sacar el mayor partido posible de nuestro paso por la vida.

45 comentarios

  • Juan Abreu, este post parece bastante autobiográfico. Tanta insistencia con lo del dedo en el culo…

    • ¿Veo quizá cierto atisbo de reticencia hacia tan noble práctica? Ábrase, estamos entre mediocres.

    • Le señalan la Luna.

    • Y aunque así fuera, no entiendo dónde está el problema. ¿Hay algún problema con que el post sea autobiográfico? ¿Con que el autor obtenga placer al tener un dedo en su culo al mantener relaciones sexuales?

      En fin… supongo que ese principio de mediocridad explica también ciertos comentarios.

      En cuanto al post, señor Juan Abreu, creo que si la comunicación existiera de por sí en las parejas, la mayoría de los problemas, sexuales y no tanto, perderían su razón de ser.

      Saludos.

  • Bueno, se supone que nuestra visión del sexo nació en la edad media con el amor romántico. Leyendo a los clásicos unos es capaz de transportar perfectamente esos pensamientos, rodando, hacia la actualidad.

    Yo añadiría al principio de mediocridad del Dr. Meyers también las relaciones (en un plano sentimental), pero de cualquier tipo. Sea amistad o pareja, las relaciones también están muy /literaturizadas/.

    Las pajas mentales que se hace la gente con las parejas… es algo increíble.

  • irás al infierno!

    bromas a parte. El condicionante religioso es muy fuerte y pasarán décadas antes del polvo por diversión

  • Sr. Abreu, como se nota que su partenaire no tiene las uñas largas.
    Estando medianamente de acuerdo con Vd., creo que al final se nos acabaría yendo la fuerza por la boca. ¡Un poco de improvisación hombre!, que tampoco hay que estar ahí, guionizándolo todo.
    El follar y el rascar, todo es empezar.

  • Y si es autobiográfico cuál es el problema. La sociedad tiene muchos prejuicios culturales que hay que desandar y más aún en el aspecto de la sexualidad. Aunque no estoy de acuerdo con el paradiga biologicista que plantea el profesor P. Z. Myers, sí me parece muy bueno desmoronar los mitos sexuales y desarmar la perspectiva binaria que nos encierra en casilleros sin darnos libertad y por ende placer.

  • Este artículo es un buen antídoto contra las dichosas cincuenta sombras…

    Chapó.

  • Muchas personas desconocedoras de ese principio lo aplicamos espotáneamente en nuestras vidas. Tiene un poco que ver con la humildad y la soberbia.

  • me he hecho una paja con el artículo.

  • Este post me ha recordado mucho este videoclip:

    http://www.youtube.com/watch?v=eXRvhE-8ibw

  • Yo diría que en la sociedad actual ha influido más el cine erótico y el porno que la literatura. Adolescentes que crecen con un “how-to” de algo que debería surgir improvisando, practicando, y dialogando con las diferentes relaciones.

    De todas formas, dependerá del rol entre la pareja lo de confesarse sus fantasías sexuales, una cosa es explicitar lo que te gusta para tener una sexualidad más satisfactoria, y otra muy diferente explicar detalles gratuitos que no llevan a ningún lado más que quizás a una decepción por parte del otro.

  • Es en general, ya no en el plano sexual. El problema de la comunicación con los demás, incluído con nuestra pareja, obviamente; la educación que hemos recivido, cargada de tabúes y con un alto contenido religioso; y lo que los demás esperan de nosotros, lo que imposibilita el salirse de la norma para no ser rechazado. Hay que romper con ciertos miedos al “que pensará/n de mi” y atreverse a expresar lo que uno siente y quiere. En lo sexual con tu pareja más aún, pues si no la pareja no funciona plenamente.

  • Y si la mujer que piensa en Harvey Keitel mientras la follo, llegase un dia a follarse a Harvey Keitel, entonces pensaria en mi??

  • El mismo dedo con el que un día señalamos las estrellas, hoy nos lo metemos por el culito.
    Me encanta el principio de la mediocridad, describe la vida como la mayor broma pesada jamás contada, al más puroa estilo de Adam Douglas.

  • En muchas ocasiones los ejercicios de sinceridad pecan de egoísmo. Tan cierto es eso como que el 99% de las personas no nos atrevemos a abrirnos sexualmente por completo a nuestra pareja; de donde se desprende mi segunda crítica: te ha faltado un epígrafe enumerando las consecuencias de tal atrevimiento.

  • No me extraña que el Papa renuncie. Sóis muy pervertidos y ahora váis a tener que ir al confesionario por malos ( a poner cachondo al cura marujón).

  • Aquí se está hablando de madurar, de progresar. Pero eso no deja de ser una teoría. Madurar requiere de mucha educación y de mucha disposición genética.

    Envejecer es obligatorio, madurar NO.

  • Profesor, es que a mí sacándome del misionero…

  • Muy bueno aunque yo cambiaría a Harvey Keitel por Jesús Olmedo.

  • Estoy de acuerdo en todo lo que explica el post y con algunos comentarios, por ejemplo aunque no seamos creyentes 2013 años de catolicismo influyen en la manera de concebir el “bien y el mal”, lo correcto e incorrecto y el límite de las depravaciones…ahora bien, también he de decir que no necesito probar la caca para saber que no me va a gustar. Lo digo por los argumentos de algunas personas a experimentar antes de poder decir si o no.

  • Meter el dedo en un culo tiene un mérito especial si ese culo está haciendo aquello para lo que la naturaleza lo pensó. Así se inventaron los donuts de chocolate.

    !Que cerdada….!

    Saludos

  • A ver,eso de meter terceras personas en una relación no creo que sea comparable con un dedo en el culo. Lo segundo viene a satisfacer una manía o gusto del otro,lo primero viene a ser una confirmación de que el otro necesita meter a terceros para realizarse totalmente en el plano sexual,porque es evidente que con el otro no se basta. En el segundo caso me parece que hay bastante futuro si hay comunicación,en el primero me parece que no tanto. Y siendo franco,lo lógico en esa situación es que te dé una bajona curiosa porque aunque esté muy bonito de la igualdad total,también se folla para satisfacer el propio ego de sabernos queridos por otro. Y meter a un tercero pues como que es un poco un jarro de agua fría. Pensar esto no creo que sea reaccionario. El día que no haya egos y cierta tolerancia para asumirlos en pareja no sé donde coño acabamos. Bueno sí,pero para eso ya están los primates y por muy felices que parezcan no me apetecería parecerme más a ellos de lo que la evolución decidió hace tiempo.

  • Para mí, donde esté un buen coito a la antigua usanza, un apareamiento, vamos, que se quiten coprofilias y otras filias, fistings y BDSM’s en general. Y si es con enamoramiento incluido, el no va más. Aunque, como dijo el torero, “Hay gente pa tó”.

  • Estoy flipando…
    “Donde este un buen cocido que se quiten estás mariconadas de ahora con uñas largas”
    Viene a ser el resumen de lo han captado algunos.

  • Más que mediocridad, yo diría que eso, precisamente, es lo que nos hace especiales.

    Que podamos sentirnos especiales porque nos guste algo que la pareja no sospechaba, y que pueda darle otro aire a nuestra vida sexual.

    El sexo sigue siendo tabú. Y como sigue siendo tabú, nos dejamos llevar por los cánones que nos marcan las pelis, la publicidad y la literatura: total, si lo hablan ellos, ya no lo tenemos que hablar nosotros; es más cómodo a corto plazo, más dañino a la larga.

    Luego seguimos mezclando sexo y sentimientos. No es que sea malo en sí, lo malo es cuando se confunden y tener que dar explicaciones del tipo: “cariño, que me imagine follando a Harvey Keitel, no significa que no te quiera”; “cariño, que desee que me metas un dedo por el culo, no significa que no me gusten las mujeres o que me gusten los hombres.” O peor aún, pedirlas sin atrevernos a pedirlas, y que no nos las den.

    Y además, está la educación. Vamos de liberales, ahora ya no está demasiado mal visto que una mujer se acueste con quien quiera. O que a un hombre le gusten los hombres. Pero seguimos pensando que después del “tú encima”, o “tú debajo”, o “de lado” o “a lo perro”, algún disfraz si acaso, hay pocas posibilidades más. Lo siento, no creo que sea falta de imaginación. Ni siquiera de rutina. Más bien creo que es encorsetamiento cultural.

    Buen artículo.

  • estoooo… ¿nos hacemos unas pajillas?

  • Delirios de alguien con miedo, que a falta de atreverse a aspirar a algo, algo no cósmico, si no sencillamente más complejo y difícil de alcanzar; a falta de atreverse a ser él mismo de la forma que desearía ser, se libra del miedo de una manera terrible, horrorosa, lastímera, que duele hasta leer. Esto es, aceptar todo y aceptarse a si mismo “como está”, lo que el llama “mediocridad”. Si aceptas todo tal cual, qué tienes que temer de ello? Si en principio con todo estás de acuerdo.
    Aceptar las cosas está bien, no querer aparentar algo más “normal” porque lo normal es lo que se ve mejor está bien, hablar de todo con sinceridad, incluido el sexo, con tu pareja, está bien, no?.
    Pero este hombre de lo que habla es de la nulidad de aspiraciones, habla del presente “mediocre” como la única verdad aceptable, olvida la posibilidad de una evolución, y aun más la posibilidad de una evolución intencionada en la que la persona decida quién y como quiere ser.
    Habla de la vida como un recorrido que a uno le toca, donde hay que aceptar todo tal cual está y resignarse a intentar disfrutar el máximo. Así escapa al miedo, el miedo que produce luchar contra lo que a uno no le gusta, fuera y dentro de si mismo.
    Por atenerme a su ejemplo con el sexo, las relaciones sexuales, la “capacidad” para tener sexo de una manera que a la persona y a su pareja les guste más, todo eso, también es mejorable. Más aun, la capacidad de las personas para vivir el sexo de una manera más o menos romántica, se puede potenciar igual que se puede perder. La resignación a ver el sexo de forma no-romántica de esta criatura es lo que más pena me da ^^ Pero bueno, él será el que pague el precio de su miedo, en forma de soledad, una soledad que lleva dentro y que no tiene solución externa. Aunque, por el contenido del artículo, a lo mejor ni siquiera sabe lo que es no sentirse solo.

  • Sacar el mayor partido posible de nuestro paso por la vida… desde la mediocridad… no sé, no lo veo.

    Uno no puede ser mediocre, ni admitir serlo sin rebelarse contra ello. No se puede soñar, no se puede vivir, si aceptas un status vital tan bajo. ¿Pero qué mierda es esa de terminar con una persona que a estas alturas de la película no sabe que te gusta que te metan el dedo por el culo o ser insultada mientras se folla? ¡Eso se hace antes hombre! Mediocre es iniciar el camino que supone una relación partiendo de ciertas insatisfacciones o desde una sexualidad cerrada. Yo cuando follo me creo ‘Dios’ y las ocasiones en las que la otra persona no me ha visto como tal no me han servido para nada. A mí no me gusta lo del dedo en el culo, vamos, no lo he probado, pero es como la coliflor con ese coloricito y esa olor… prefiero el jamón. Pero sí me gusta decirle puta y, no solo eso, sino que le guste que la llamen así. Si no existe reciprocidad y equilibrio no se puede seguir adelante.

    Pero, ya que estos son solo ejemplos y el mensaje del texto es más profundo, quiero decir que como voy a vivir solo una vez, yo me creo el protagonista de esta película y desarrollo el rol que me sale de los cojones independientemente del grado de realidad o certeza que se le quiera otorgar.

    Ya veremos cuando me muera si fue cierto o no.

  • Si al final lo que expone Abreu es algo tan básico y tan difícil como explicarse. Decir a tu amante que es lo que te gusta y lo que no. Raso y corto. Si que la llamen puta o reina, que le guste un dedo o un majadero por el culo es lo de menos. Cuéntale tus deseos y fantasías, métete en el papel y disfruta.

    Por cierto las fantasías sexuales merecen otro artículo Abreu, aquí preveo comentarios jugosos en el sentido completo de la palabra. Si la gente se atreve a contar las suyas.

    Y como dice el albur mexicano: más vale pájaro en mano…
    que cochinas enfermedades

  • Pues, la cosa no es tan fácil según mi modo de ver. Bien es cierto que hemos literaturizado gran parte de nuestra sexualidad. Según Foucault, a partir del siglo XVII. Muchos de nuestros problemas e insatisfacciones se originan allí. Lo que pasa es que más allá de la sexualidad, hemos literaturizado nuestro vínculo con la realidad. El mundo en el que se vive, en el que viven nuestros hijos y la clases a la que pertenecemos, es eminentemente discursivo.

    Siento que es una gran ingenuidad pensar que tan solo con verbalizar los deseos, los problemas quedan superados. Ya el psicoanálsis, en todas sus vertientes (lacaniano, junguiano, freudiano, etc.), lo ha demostrado. Lo único que nos queda es vivir y entendernos en esta cultura. Siempre habrán secretos, y los habrá porque son tan necesarios como las verdades y también tan relativos.

    El artículo apela a un principio retórico que en el fondo es muy sencillo. Antes de profundizar, escandalizo con dos o tres palabras que la gente conoce y emplea en su día a día, pero que en el registro “serio” del discurso periodístico son tabú.

    Lo lamento

    • Yo no digo que sea fácil. No lo es. Cierto que hemos literaturizado nuestro vínculo con la realidad; y claro está, con nuestra sexualidad. Pero no podía ser de otra manera por imperativos evolutivos. El lenguaje es uno de los elementos responsables del crecimiento de nuestro cerebro (Dawkins) y del “descenso” de nuestra laringe, lo que permitió la primera gama de sonidos vocálicos que a su vez inauguró el escenario para el progreso de la semántica y la sintaxis.

      Somos y estamos en la medida que decimos. Para nosotros, como especie, el mundo es nuestra verbalización del mundo.

      Creo como usted, sin embargo, que no es suficiente con verbalizar los deseos, pero verbalizarlos puede llevar a una mayor complejidad y a una mayor riqueza en la relación de la pareja. Lo creo sinceramente. Siempre habrán secretos, es verdad, pero cultivar un espacio de diafanidad y limpieza y complicidad total (o casi total) sólo puede traer beneficios. A mí modo de ver.

      En cuanto al uso del lenguaje, prefiero que sea directo y libre de la costra hipócrita que han depositado en él milenios de represión y de demonización de lo sexual.

      Gracias por su mensaje. Muy interesante.

  • Sr. Abreu.

    No se si hav visto esta serie de videos de Clayton Cubitt: Hysterical Literature.

    http://claytoncubitt.tumblr.com/post/28527147496

    Los descubrí gracias a una página que visito regularmente:

    http://pijamasurf.com/2012/09/el-placer-de-la-lectura-llevado-al-orgasmo-mujeres-leen-mientras-son-estimuladas/

    No tienen desperdicio.

  • Gracias Juan por tan brillante columna. Como bien dice Maria en su post “el principio de la mediocridad explica ciertos comentarios” …aquí depuestos, como el de Bertún, por ejemplo.

  • En algún aparte, el agudo descubridor del gusto del Señor Abreu porque le introduzcan un dedito ha dicho que esto reviste algún problema?
    Vamos que ya nadie puede hacer uso de su derecho a la libre opinión porque de inmediato saltan a morder el cuello las feminazis de turno con el consabido “y cuál es el problema?”…
    Aquí nadie ha dicho que haya algún tipo de problema, en lo absoluto, en ningún acápite, en que al Sr Abreu le guste que le metan el dedo por el culo o en que a ustedes mujeres de mente abierta las llamen putas mientras las sodomizan.

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