Jot Down Cultural Magazine – Derek, una joya atemporal de Ricky Gervais

Derek, una joya atemporal de Ricky Gervais

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Derek

Is Derek a comedy or a drama? I get asked that a lot. Even after people have seen it.

I say, “What do you think it is?”

They say “Well, I laughed a lot but I cried as well. I’m just not sure if it was a drama with funny bits or a comedy with sad bits”

I usually then say, “Derek is whatever you think real life is. Is your life a drama with funny bits or a comedy with sad bits?”

Si a uno le dicen que Ricky Gervais tiene una nueva sitcom que, además de dirigir y escribir, protagoniza en la piel de un personaje con ciertas dificultades de aprendizaje, lo que se espera es una grotesca sucesión de sketches que a buen seguro disgustará a más de un espectador. Pero Derek, siendo muchísimas cosas, en ningún momento es lo esperado. El pasado miércoles día seis de marzo acabó una primera temporada magnífica. Sentida, bipolar y, a pesar de ello, coherente.

Derek es una comedia emitida por Channel 4 de 20 minutos al uso en cuanto a características del género: escenarios pequeños, cerrados y recurrentes, reparto coral del protagonismo, duración, estructura… Pero, dejando a un lado la teoría, en la práctica hablamos de una serie sin parangón en la actualidad y de difíciles referencias históricas. La producción narra el día a día de una residencia de personas mayores situada en Broadhill y enseña el desempeño de varios de los cuidadores y sus relaciones con los ancianos que viven en el centro. Uno de los trabajadores es Derek Noakes (Ricky Gervais), quien es querido por todos por su bondad y atención. Es él quien funciona en esta obra como catalizador de las emociones. Consigue su cometido de manera excepcional por, en gran medida, su condición especial. Si bien nunca ha sido diagnosticado, queda claro que experimenta alguna dificultad cognitiva que podríamos encuadrar cerca del autismo, y que definitivamente marca al personaje.

Llegados a este punto, uno podría pensar que Gervais opta por el camino fácil limitándose a crear humor a partir de este personaje y usándolo única y exclusivamente como herramienta conductora del factor cómico de la serie. Lo podría pensar y no le convertiría ello en un bicho raro; sin ir más lejos, varios críticos británicos reprocharon muy tajantes el personaje de Derek y la obra de Gervais. Tanya Gold, redactora de The Guardian, calificó la serie de “cruel” y a su creador de “hipócrita que se limita a servir sus propósitos sin preocuparse de las ofensas”. Ella no fue la única que interpretó el piloto como una humillación y un insulto a aquellas personas con discapacidades cognitivas.

Sin lugar a dudas, estos críticos atendieron más a la figura en la sombra de Ricky Gervais que a los 20 minutos de desarrollo del personaje. Dejaron que el mito les nublara la vista. Y, con menos dudas aún, no han sido capaces de disfrutar de los 120 minutos de una primera temporada que, si demuestra una cosa, es que hay que mirar con muchísima malicia para entender el personaje de Derek como una caricatura burlesca y ofensiva. Encontramos una prueba bastante concluyente con la que dirimir la realidad de la persona en el primer capítulo —que no el piloto, pues hablamos de dos episodios totalmente diferentes, cuando un funcionario del gobierno británico visita el centro gerontológico con la idea de recortar el presupuesto del mismo. Este es el diálogo que tiene con Derek, al percibir que, como le indican, es “diferente”:

—Have you ever been tested for autism?

—I’m not good at tests.

—Would you mind seeing someone?

—Who?

—Well, an expert and a doctor.

—If I am tistic… what is it?

—Autistic.

—That’s what I said. Tistic. If I am tistic, will I die?

—No. No, no. But at least we’d know.

—Would I have to go into hospital and do experiments on me?

—No!

—So would it change me in any way? Would I be the same person?

—Yes.

—Don’t worry about it, then.

Derek 2

Ricky Gervais no concibe a Derek desde la persona en sí, sino desde la concepción que de él se crean quienes le rodean y le juzgan sin conocerle. En ningún momento plantea un motivo de broma y ni concibe encuadrar su obra dentro de la offensive comedy; sin embargo, es en los ojos del espectador donde esto se forma a partir de prejuicios. Es algo que queda claro en el trato que él recibe de sus compañeros y amigos, y de aquellos que no le conocen. Derek es como tú, como yo o como el vecino del quinto, antes de que nos diésemos cuenta de que en la vida quien más lejos llega es el que miente y no el que se mantiene fiel a sí mismo. Él ve la vida de una manera pura y diferente, inocente, y desde ese punto de vista Gervais nos habla de las injusticias inherentes a la convivencia de los seres humanos.

Además, se habla no solo de la marginación de Derek sino también de la de los ancianos, que a la vista de la sociedad son residuos de un pasado del que nadie quiere saber nada. La serie hace un gran trabajo a la hora de enseñar la soledad silenciosa que asalta a los residentes en las noches, y que consiguen espantar durante el día gracias, en gran medida, a la labor del personaje principal.

Derek eclipsa esta realidad que, no obstante, es uno de los elementos más importantes de esta sátira crítica de la actual sociedad. Los ancianos también viven rechazados y olvidados, como muestra en diversos capítulos las visitas de hijos o parientes que solo buscan quedar bien y, en algún que otro caso, recibir la herencia del moribundo de turno. Pero Gervais también esgrime otro tipo de marginados a través de dos de los personajes secundarios de la serie: Kevin Twine (David Earl) y Dougie (Karl Pilkington). El primero es un depravado sexual que no ha hecho nada meritorio con su vida y que pasa las horas en la residencia. No tiene ningún amigo fuera del centro y la gente le ve como se ve a él mismo: un vago degenerado que no tiene sitio en la sociedad porque siempre tomó el camino fácil y rápido. En su franqueza, al principio tácita y luego aceptada, reside la crudeza de Kev. Dougie, por otra parte, es un personaje mucho más respetable y de mayor trasfondo. Es una persona realista con tintes negativos que no espera nada de la vida y que quiere pasar desapercibido hasta su muerte. Una persona tan sincera como afilada para aquellos que no le conocen. Una persona que, al no dominar las situaciones sociales y convencionales en las que se debe actuar y no ser, es rechazada de cualquier comunidad mayúscula que busque la autosatisfacción.

El poder sentimental de esta serie es tan grande que es capaz de pasar de la comedia al drama en cuestión de una escena, o incluso de un plano. Y no pasa con medias tintas, sino que es capaz de tocar ambos polos de manera natural. ¿Cómo lo consigue? Ofreciendo al espectador un lenguaje tan puro como la realidad. Derek es real como la muerte misma. No existen dobles intenciones en ninguna de las bromas, en ninguna de las reflexiones. Gervais no busca en ningún momento el doble sentido ni la yuxtaposición de lo hablado y lo pensado. Tanto él, como Pilkington, Earl y Kerry Golidman, que encarna a Hannah, la jefa de la residencia de mayores, son reflejos reales y sin edulcorante ni aderezo a la hora de sus actuaciones. Si bien pensamiento y dicción son uno, el mensaje sí que ofrece diversas introversiones profundas. El mensaje, siendo uno, crea dos o más respuestas en el espectador.

La sátira existente no deja lugar a la ironía ni a la mentira. La verdad fluye durante los veinte minutos de cada capítulo y es lo que consigue la cercanía que existe entre el espectador y la obra. El autor británico domina a la perfección la comedia dramática, género abierto y de concepciones varias que, de existir tal cosa, sería en la que se encuadraría la vida. Porque estos viejos decrépitos que tanta empatía crean, ese personaje raro con peinado de pedófilo, ese depravado sexual, y ese discapacitado intelectual con un corazón de oro, existen. Todos ellos existen y todos y cada uno de nosotros podemos acabar como cualquiera de ellos. La vida es una comedia dramática, o un drama cómico, que queda perfectamente reflejada en Derek.

Y la muerte, sin duda, es el sketch definitivo de la obra. La serie trata muy de cerca la muerte, el acto involuntario más natural que existe. Lo hace tan de cerca que asombra cuando uno le mira a los ojos. Gervais consigue enseñarte las garras y su guadaña de una de las maneras más dulces que una producción audiovisual ha logrado en la historia de la televisión. A lo largo de la primera temporada, conformada por seis capítulos y que ya ha sido emitida por completo en la televisión británica, son varios los personajes que mueren. Y son varias las reflexiones que el director recoge a través de sus interlocutores sobre el significado de la vida y el camino que se recorre hasta la muerte. De si se recorre el camino por voluntad propia, o de si uno es empujado por el tiempo. De si hay un por qué más allá del haber sido el espermatozoide más rápido.

Uno parece entender que se abraza la idea del cantautor Dallas Green, más conocido por su nombre artístico City and Colour, que canta así en el estribillo del tema Body in a box:

We celebrate the lives of the dead,
It’s like a man’s best party, only happens when he dies.
We gather ‘round to pay our respects,
While their souls are still searching for the light,
Searching for the light.

En este apartado se debe destacar el trabajo musical del prestigioso pianista Ludovico Einaudi. Sus melodías acompañan los capítulos de una manera majestuosa y aciertan siempre al transmitir lo que las imágenes comunican.

El género del mockumentary, revitalizado como filón televisivo por el propio Gervais con The Office (UK), alcanza el culmen con Derek. La presencia de las cámaras se hace notoria desde la primera escena de la serie, pero además adquieren una importancia y un peso específico en el desarrollo al no limitarse a ser meros espectadores, sino a convertirse en entrevistadores y en formas decisivas a la hora del tratamiento de los personajes. Es Derek quien aprovecha al máximo esta vía con el lenguaje gestual, que impacta de lleno en el público, al reaccionar de una manera u otra a comentarios que caben en la lógica del malpensado pero no en la suya, inocente y bienintencionada. Se domina el género con una soltura inusitada, convirtiéndose de manera instantánea en un referente.

Es absurdo pensar que Gervais utiliza a Derek para mofarse de los discapacitados y para hacer un humor basto y sin gracia. No solo por el piloto, donde ya queda clara la naturaleza del protagonista, sino por el desarrollo al completo. Durante los capítulos se demuestra que aquel con un hándicap no es Derek, sino todo aquel que no entiende su grandeza. La serie nos invita a abrazar al personaje y a ser como él, pues él es mejor. Queda clara su “superioridad” y su corazón de oro, con el que todos seríamos mejores.

La arriesgada apuesta cómica es todo un éxito. Tan solo por acometerla, a Gervais se le puede tildar de todo salvo de hipócrita; pero, además, consigue crear una serie atemporal, una joya que jamás podrá ser visionada demasiadas veces, y que jamás podrá parecer grosera u ofensiva. El británico ha demostrado que el contar con un personaje con una discapacidad intelectual y, además, hacerle el protagonista, no significa ofender o emplearlo como arma para la gracia fácil. No existe, en ningún plano ni ninguna línea de diálogo, un trato despectivo hacia el personaje.

Derek te puede hacer reír. Te puede hacer llorar. A veces ambas cosas, pero al menos siempre, siempre, una de las dos. En ocasiones puede crear una angustia tan grande como es el miedo de acabar solo. Es una serie dulce y amarga, tan real que duele, y nos hace pensar que la vida sería mejor con más inocencia y menos frivolidad.

Para Ricky Gervais, es lo mejor que ha hecho en su carrera. Para un servidor también lo es. Una obra tan única como la vida que cada uno tenemos.

Kindness is magic because it makes you feel good whether you’re the one handing it out, or the one receiving it. It’s contagious.
Derek Noakes

Derek 3

12 comentarios

  1. Pingback: Derek, una joya atemporal de Ricky Gervais

  2. Muy de acuerdo con todo lo que se comenta en este gran artículo Para mi Derek es la serie más cruda y real que me he encontrado últimamente, sin excesiva dramatización ni un humor demasiado forzado pero con un magnetismo muy potente.

    Es de esas series que te enseñan más de una lección y te hacen ver la vida con otros ojos. Además, engrandece mucho a Ricky Gervais, capaz de demostrar que el humor incómodo y políticamente incorrecto no es su única arma.

    Sonará a cliché, pero esa última escena de la primera temporada es, posiblemente, una de las más emotivas que haya visto nunca. Es una escena típica, con la música típica, pero como construyen la situación es simplemente magnífico.

    Enhorabuena por el artículo, creo que define muy bien la esencia de una serie que no es facil de aceptar a la primera.

  3. “Es absurdo pensar que Gervais utiliza a Derek para mofarse de los discapacitados”

    ¿Estás seguro? Tiene una historia de eso.

    http://www.youtube.com/watch?v=2DgyoIMAMPI (ingles) <- este es Derek no?

    http://www.thesun.co.uk/sol/homepage/news/3880230/Storm-over-mong-jibes-by-TVs-Ricky-Gervais.html

    • Es absurdo pensarlo no desde el punto de vista Ricky como persona (que si sabemos que se mofa de todo). Es absurdo pensarlo desde el muy obvio punto de vista del personaje. Aquí no se está mofando de nadie, en cambio lo enaltece. En todo caso, podríamos plantearnos si lo cuestionable es que tenga que utilizar a un personaje “sencillo”, para demostrarnos lo fácil que es vivir de manera simple y sencilla. La cuestión es que esta serie es una joya, desde su riesgo y planteamiento. Y su ejecución. La gente que se estremezca con Fast and Furius, evidentemente no entenderá una serie como esta.

  4. «I don’t think it [praying] makes any difference anyway, cos I’ve prayed for things that haven’t happened and I haven’t prayed for things that have happened, so I don’t think it matters whether you believe in God or not. Just that’s what I thinks, anyway.

    Cos I’ve met people what don’t believe in God that are nice and what are horrible, and I’ve met people that do believe in God what are nice and what are horrible, so just be nice. That’s the easiest thing, just be nice.

    And that’s what… I’m nice. Not cos I thinks I’ll get into heaven or anything. I don’t know. But… When I does nice things, I feels nice. And when I does bad things, I feels bad. That’s how I knows.»

    Sólo por explicar de una manera tan sencilla algo tan complejo (que se lo digan a E.J. Rodríguez), ya merece la pena ver la serie.

  5. La serie es muy bonita y algunas interpretaciones son geniales (Godliman está impecable y Pilkington es genial), pero creo que a Gervais se le va un poco la mano en lo increíblemente bueno y maravilloso que Derek es. Creo que falla en la dirección de su personaje, que de tan bueno que es, pierde complejidad. Por ejemplo, y acá va un mega SPOILER del último capítulo, me hubiera parecido mucho más interesante que no “resolviera” el conflicto de con su padre. Hubiera sido más interesante y diría incluso más humano.

    Si hay más temporadas espero que Gervais trabaje más en su personaje y que no caiga la melosada que fue ese último capítulo (el tema de Coldplay fue el no va más). Creo que puede hacer cosas buenas siempre y cuando relaje un poco su ego. Derek puede llegar a ser un personaje muy rico, pero también puede caer fácilmente en un cliché.

  6. Pienso que la serie es enorme, y que no hay intención de mofarse de los discapacitados, sino dejar claro que se puede hacer humor con todo, siempre y cuando haya un respeto detrás. El propio Gervais lo define muy bien en otra actuación, tratando los límites del humor. En definitiva, la ofensa suele estar en el receptor, no en el que hace la broma. Genial artículo.

  7. A nosotras la verdad es que nos echa bastante para atrás; nos da que puede ser demasiado “cruda”. Y seremos raras, pero lo que más nos ha gustado de Gervais es Life’s too short: el cameo de Liam Neeson es lo más desternillante que hemos visto en mucho tiempo.

  8. Jesús Morales, vaya articulazo te has marcado, vaya articulazo.

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