Jot Down Cultural Magazine – El arte de mamar

El arte de mamar

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Linda Lovelace

En 1972 un antiguo peluquero de Queens, un asistente de cámara, un ayudante de producción de origen judío en estado de excitación permanente, un chuloputas llamado Chuck y una chica llamada Linda Boreman aterrizaron en la ciudad de Miami y se dirigieron al motel The Voyager, en Biscaine Blvd. Allí se encontraron con un tipo llamado Lenny Camp que debería mostrarles las localizaciones para la película que pretendían rodar. Lenny les llevó hasta la casa de un supuesto conde llamado Sepy Dobronyi situada en Coconut Grove, al sur de la ciudad, y decidieron que grabarían en la bodega.

Cualquiera que haya visto los documentales de La 2 sabe que existen algunos animales capaces de dislocar la mandíbula para aumentar el tamaño de su boca y engullir así a sus víctimas enteras para luego digerirlas. Cualquiera que haya leído El principito sabe que las boas, por ejemplo, son capaces de tragarse un elefante para adoptar después el aspecto de un sombrero. Cualquiera que haya viajado a Cataluña sabe que algunos catalanes se convierten en auténticos faquires tragadores de sables cuando se sientan a comer calçots. Y cualquiera que recuerde la serie V mantendrá en su cabeza la imagen de los visitantes deglutiendo roedores que se deslizaban por aquellas gargantas anfibias de aspecto humano.

La película que Jerry Gerard pretendía rodar se basaba en la extraña habilidad de Linda para, al igual que las boas, los comedores de calçots, los faquires o los visitantes de V, introducirse objetos de tamaño desproporcionado en la boca. En su caso, lo que Linda se introducía eran penes masculinos.

Gerry Damiano, verdadero nombre de Jerry Gerard, iba a hacer una película llamada Doctor makes a house call pero cuando descubrió las habilidades de Linda decidió aparcar el proyecto y ponerse a trabajar en un nuevo guión que se titularía Deep Throat. Además de Linda, que sustituiría su apellido por el de Lovelace, participarían en la película Dolly Sharp, que acababa de rodar a las órdenes de Roberta Findley una película llamada Rosebud sobre una relación incestuosa entre un padre y una hija, y Harry Reems que interpretaría a un histriónico psiquiatra llamado Young.

A pesar de la pretensión de Damiano de convertirse en Godard, o en Hitchcock con cameo incluido, todo en la película parecía bastante amateur. El porno de aquella época lo era. Linda no era la típica actriz porno recauchutada, teñida y con manicura francesa, sino que su aspecto era el de la chica a la que le hubiera gustado ganarse la vida vendiendo ropa en una boutique pero a quien el deseo de independencia había llevado a practicar las mejores mamadas de toda la costa este. No era una intrusa que llega al porno gracias al doping de la cirugía sino que todo en ella parecía natural. Su marido, Chuck Traynor, le había enseñado que la clave para una felación profunda consistía en convertir la garganta en una prolongación de la propia boca. El secreto estaba en las amígdalas, no en la mandíbula. Además de su marido, Chuck era su chulo. Tres años antes Robert Beck había contado, bajo el seudónimo de Iceberg Slim, su vida de proxeneta en un libro titulado Pimp, pero Chuck no necesitaba leerlo para saber que la primera lección que todo chulo debía conocer era que nada mejor que unas buenas botas con la punta metálica con las que patear a las chicas para mantener la cuadra en orden. En una de las escenas de la película, Linda debía confesarle a su amiga Helen la incapacidad que tenía para alcanzar el orgasmo. La secuencia se rodaría al borde de una piscina con ambas chicas en bañador. Linda se estaría pintando las uñas de los pies y Helen aparecería secándose después de un chapuzón. Cuando Damiano gritó “¡Acción!” se dio cuenta de que la pierna izquierda de Linda estaba llena de moratones con la firma de Chuck Traynor.

En la escena inicial, Linda tenía que conducir un cadillac azul a la altura del número 5700 de Miami Beach hasta llegar a un apartamento en el que se encontraría a Helen con un hombre metiendo el hocico entre sus piernas. “¿Te importa que fume mientras comes?”, preguntaría Helen a su partenaire a modo de chiste. Eso es lo que Deep Throat pretendía ser: una película porno con ciertos toques de humor surrealista protagonizada por una mujer con el clítoris alojado en la garganta, y en eso se habría quedado, de no haber sido por la obsesión de la administración Nixon en librar una campaña contra la pornografía y el desorden moral que salpicaba a una sociedad norteamericana dispuesta a dejarse llevar por el Peace & love pregonado por John Lennon en plena guerra de Vietnam.

El gran revuelo organizado alrededor de la película le dio al público norteamericano la excusa perfecta para abarrotar los cines en los que se proyectaba. Al igual que nuestros padres trataban de convencernos de que se compraban el Playboy por los artículos y no por las fotos de las señoras en tetas, los espectadores de la película lo eran porque Deep Throat era la película que hablaba de una mujer en busca de un orgasmo, la película que las autoridades trataban de prohibir y el máximo exponente de lo que el New York Times había bautizado como porno chic.

En un país donde el sexo anal o las felaciones aún hoy son delito en algunos Estados, rodar una película sobre el arte de mamar era una idea cuanto menos original. “La diferencia entre follarte una boca y follarte un culo es la misma que existe entre caminar descalzo o caminar con zapatos por el campo”, explicaba un tipo con aspecto de estibador a la salida del cine. “Para mí la verdadera dificultad no es hacer un deep throat, sino que no te lloren los ojos mientras lo haces”, decía una señora de mediana edad con gafas.

Linda Lovelace 2

A pesar de ser perseguida y prohibida en más de veinte Estados, o quizás por eso, la cinta llegó a recaudar una cantidad cercana a los cien millones de dólares, 25.000 de los cuales fueron a parar a los bolsillos de Damiano y apenas 1250 a los de la actriz principal. Harry Reems, poseedor del pene protagonista, no solo no vio un centavo de todo ese dinero sino que fue condenado a cinco años de cárcel al ser elegido como cabeza de turco por la cruzada por la moralidad de la administración Nixon. Aunque Deep Throat no deparó dinero a sus protagonistas sí les convirtió en auténticas celebrities. Linda Lovelace apareció en la portada de Playboy y Esquire y comenzó a ser reclamada en los principales platós de televisión. Aprendió a firmar autógrafos en los que dibujaba un corazón sobre la letra “i” y aprendió a sonreír a la cámara. ¿Podía la mujer de las grandes felaciones convertirse en la novia de América? ¿Por qué no? ¿Acaso no existe el sueño americano? “Yo no era más que una entre tantas y, sin que me diera cuenta de cómo ocurrió, me vi convertida en artista, en un nombre que todos conocían. Un nombre que hacía que la gente sonriera”, escribió. Conoció a Warren Beatty, a Anne Bancroft, a Hugh Hefner, a John Lennon, a Elvis Presley. “Cuando tenía once años tenía todas las paredes de mi cuarto cubiertas de fotos de Elvis. No podía creer que ahora lo tuviese en carne y hueso delante de mí (…) Recuerdo que yo imaginaba siempre a Elvis como un muchacho, como si no tuviera que envejecer nunca porque había alcanzado la fama cuando todavía era joven. Todo le sonrió enseguida. Como a mí, en cierto aspecto. No quiero decir con esto que yo sea, ni que haya de ser nunca tan importante como Elvis, pero existe un cierto paralelismo entre él y yo”. Era evidente que ambos eran dueños de una prodigiosa garganta.

En solo dos años Linda pasó de hacer películas en super 8 practicando el coito con un perro a codearse con lo más granado de Hollywood. Pero escapar de las cloacas también significaba escapar del látigo de Chuck Traynor así que buscó un abogado, sacó a escondidas sus pertenencias del apartamento que compartían y solicitó el divorcio. Traynor, que veía como con Linda se esfumaba por la puerta la posibilidad de ganar un buen puñado de dólares, encontró pronto acomodo en los brazos de otra estrella porno llamada Marilyn Chambers.

Subida en una nube y acostumbrada a contestar preguntas sobre la libertad, la represión sexual y la libertad de expresión, Linda Lovelace rodó Linda Lovelace for president, pero la película resultó un absoluto fiasco. Volvió a casarse, tuvo dos hijos, renegó del porno y, en 1980, escribió una terrorífica autobiografía titulada Ordeal en la que abominaba de su vida anterior plagada de abusos y humillaciones. Se enroló en el activismo feminista del que se desencantó para, años más tarde, mudarse a Denver donde vivió hasta que un accidente automovilístico acabó con su vida en abril del año 2002.

Harry Reems, por su parte, continuó haciendo porno, concedió algunas entrevistas y conoció a Jack Nicholson. Esquivó la cárcel gracias a la presión de algunas figuras de Hollywood. En 1978 le llegó una oferta para interpretar al entrenador Calhoun en un musical que iba a llamarse Grease y que estaría protagonizado por John Travolta y Olivia Newton-John pero días antes del comienzo del rodaje le llegó la noticia de que no contaban con él y que su papel sería finalmente interpretado por Sid Caesar. La decepción le llevó a arrojarse por el precipicio de la drogadicción, el alcoholismo y, finalmente, el catolicismo. Reems falleció el pasado día 19 de marzo.

28 comentarios

  1. Las lágrimas son extremadamente excitantes…

  2. Pingback: El arte de mamar | Verdades que ofenden..

  3. Un muy buen artículo sobre un clásico del cine porno, “Garganta profunda”, con una “dramática” historia detrás.

  4. “penes masculinos”, bonita redundancia

    • Teniendo en cuenta los antecedentes de Linda, creo que “masculinos” era una aclaración por “humanos”.

  5. A todos, recomendación: el documental “Inside deep throat”.

  6. es un claro antecedente del efecto streisand

  7. “La drogadicción, el alcoholismo y, finalmente, el catolicismo”

    Jojojojojo.

  8. ¿Publicar a la hija de Curri Valenzuela es un anticipo de una entrevista a la madre?

    Muy bueno el artículo

  9. ¿Y a Curri le ha salido una niña heterodoxa? Igual este país todavía tiene una oportunidad. Lo de la pendiente de autodestrucción de Harry Reems es de lo mejor que he leído en muuuuuuuucho tiempo.

  10. “En un país donde el sexo anal o las felaciones aún hoy son delito en algunos Estados…”

    No son delito desde 2003 en ningún estado

    Sodomy laws in the United States –
    http://en.wikipedia.org/wiki/Sodomy_laws_in_the_United_States

  11. Sin duda una gran aportación que desbarata el artículo por completo

  12. El artículo está muy bien pero lo mejor el final ” La decepción le llevó a arrojarse por el precipicio de la drogadicción, el alcoholismo y, finalmente, el catolicismo”.

    • Lo de meterse (gratis, siempre) con los católicos, armado de no sé qué legitimidad vital, me parece facilón y de acomplejados. A esta redacción le doy un notable. Para mañana traigan una sobre la frase de Nietzsche: “Sólo el pájaro puede vivir en el abismo”. Ahora salgan al recreo.

      • Insultar al cristianismo o al catolicismo es muy uai en ESpaña. Sobre todo si lo hace gente que no tiene puta la idea de lo que es el cristianismo ni el catolicismo. Esto lo firma un ateo, por cierto. Pero ya ves, siempre un guiño anticatólico encuentra la risa fácil de algun simpleton.

        • El cristianismo es un insulto a la inteligencia. No se puede degradar lo que ya es degradante en sí mismo

        • Ahí, cerumen gratuito al catolicismo, tirando de recursos

          • Lo del catolicismo, cristianismo, judaismo, islamismo y demás “ismos” religiosos, son efectivamente, calificativos degradantes para todos aquellos que los profesan, los defienden o, incluso los respetan, una idiotez que está de moda…sobre todo teniendo en cuenta que se trata de religiones asesinas, todas ellas, las mas asesinas, responsables directa o indirectamente lo que hoy se llama “crímenes contra la humanidad”. Por tanto encuentro muy legítimo asociar una conversión a cualquiera de ellas, como un desequilibrio mental, por emplear un término suave.

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  14. Veo que tú sí has entendido perfectamemte el artículo

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