Jot Down Cultural Magazine – Félix de Azúa: La indiscreción de un escritor

Félix de Azúa: La indiscreción de un escritor

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ignacio vidal folch

Le he acompañado a Cabo Verde, hemos constatado la desolación del mar de Aral, gracias a él he comido callos al Oporto en Oporto, hemos paseado por Praga recordando a Ripellino, también hemos ido a la ópera para oír el Elias de Mendelssohn, hemos bebido un exquisito Costa Añejo en un sucio bar de Granada y en una dehesa de Zafra nos pareció asistir al embarque para Citerea de Watteau. No todo es contemplativo, también hemos tratado de salvar a una jovencísima hindú que había escapado de su violento marido y a la que ahora persiguen cuatro bengalíes agresivos, o hemos entrado en un hospital de Barcelona para recorrerlo de arriba abajo y hablar con enfermos, médicos, enfermeras y limpiadoras, llevados tan solo por el interés que despierta el enigma del dolor.

Es el diario de Ignacio Vidal-Folch, al que ha titulado Lo que cuenta es la ilusión (Destino), ya verá el lector por qué. Este es, a mi entender, uno de los libros del año. No solo por la bella prosa, que jamás se desliza en busca del efecto o del sonajero, sino sobre todo por la fuerte y honrada alma que presenta y con la que da gusto pasar unas horas como quien se toma unas copas.

¿Que es amigo mío? Por supuesto, aunque yo no diría tanto. Ignacio es un personaje secreto si bien muy abierto, difícil de conocer aunque transparente, tortuoso pero simple. Yo no puedo asegurar que seamos amigos, aunque le tengo un gran respeto literario y mucho cariño. En cualquier caso, no estoy alabando su libro por amistad. Tengo decenas de amigos que publican libros y suelo abstenerme de comentarlos por pudor y educación cívica. Pero el que comento hoy es un caso especial. Raros son los diarios íntimos en España, rarísimos. Es un género con el que nadie se atreve, seguramente porque exige sinceridad y ese efecto de verosimilitud que es muy difícil de alcanzar. Vidal Folch muestra con virtuosismo la técnica de la verosimilitud. Todas y cada una de las entradas tiene el resplandor de la verdad. Si lo empiezas, ya no lo dejas.

El diario íntimo ha sido muy practicado en Europa. El modelo de todos los diarios es el de Jules Renard, pero también es un gran clásico el de Gide (aunque algo cursi), emocionante el de Pavese, lírico como una colección de poemas el de Camus, desconcertante el de Thomas Mann, fascinante el de James Lees-Milne, atractivo (aunque a mí no me gusta) el de Gombrowicz, en fin, hay una gran variedad en todos los idiomas occidentales, pero muy pocos en español.

Dos son los diarios íntimos en español que me vienen ahora a la memoria, el colosal de Andrés Trapiello que solo interrumpirá la muerte y que cuando esté completo será uno de los monumentos en la literatura española de dos siglos. Y el de Pla, en catalán; aunque este último, el mejor sin la menor duda de todos los diarios que se han escrito en España, tiene el inconveniente de que fue rehecho muchos años más tarde de su primera redacción y por lo tanto no podemos aceptar la espontaneidad y la honestidad del escritor. A pesar de lo cual, es una obra maestra.

Porque un elemento esencial para la grandeza del diario íntimo es que incluya la corrección personal del autor, es decir, que también el autor se tome como objeto del diario y luche consigo mismo sin adonizarse. En este punto el modelo es el diario de Amiel, ya muy oscurecido por el paso de los años, pero todavía ilustrativo sobre las batallas íntimas de un hombre atormentado. Es el aspecto más difícil de encontrar en los diarios íntimos, no la sinceridad en la crítica a lo ajeno, sino a lo propio.

Y esa es también la mayor virtud de Vidal-Folch, que se arrepiente a menudo de haber contestado de mala manera, de haber maltratado a alguien más débil, de no poder controlar su ira. Se ve a sí mismo como un hombre imperfecto, inconcluso, con una abrumadora conciencia de nuestro inútil paso por el mundo, aunque decidido a mejorar, no para sí, sino para hacer la vida más llevadera a los demás.

A veces, la sinceridad de Vidal-Folch (el cual evita con suma elegancia cualquier chisme salaz, sexual o erótico) puede llegar a producir desasosiego, como si, a través del ojo de la cerradura, viéramos a alguien rascarse la coronilla o cepillarse la ropa. Esta sensación, en un texto que no contiene ni una sola confesión biográfica, solo juicios y experiencias, me parece algo radicalmente infrecuente en un país tan dado a la baladronada, la autocomplacencia y la exculpación. Una pieza de caza mayor.

12 comentarios

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  2. Sí, el diario de Vidal-Folch es estupendo, no debería privarnos de él y tiene que seguir publicándolo… ¿Recogemos firmas para logralo? Y me gustaría recordar a un grandísimo diarista español contemporáneo, que se prodiga poco, José Carlos Llop: indispensable.

  3. Es una pena que este género no obtenga mayor relevancia entre los lectores. Son lecturas de alto valor literario y, tal como dice De Azúa, cargadas de profunda honestidad. Quizás sea ésa su fuerza adictiva y su rémora simultánea: no estamos acostumbrados en estos tiempos a semejantes fogonazos de verdad.

  4. Por supuesto salgo ahora mismo de casa impelida por lo que cuentas, a buscar el libro de Vidal-Foch del que no me he perdido creo ni una línea. Gracias por todo lo que me haces disfrutar.

  5. Deliciosos el relato de su encuentro en la Biblioteca de Catalunya (creo) con un frenético historiador mediático del régimen, Cullá i Clarà…

  6. Echad un vistazo, si os presta, a los de Iñaki Uriarte.

  7. No entiendo cómo una persona como Azúa puede elogiar un bodrio como el de Vidal-Folch, si no es porque tienen afinidades ideológicas. En España se edita cualquier cosa y Azúa lo sabe, pero tenía que quedar bien con un “compañero de viaje”

    • ¿Qué dices, chico? El libro es sencillamente LITERATURA de la buena, en vez de insultar deberías leerlo, a lo mejor se te pega algo…

    • Eliseo tu problema es que no entiendes nada. Eres un talibán.

  8. De acuerdo con Santi en que los de Iñaki Uriarte merecen la pena.
    Los de Trapiello ya cansan un poco, la verdad.

  9. Que el ser amables no nos obligue a las medias verdades. Andrés Trapiello cansa. Y mucho. Es de erudito plomo, aburre.

    • Soy parte de un público fiel, que espera sus diarios con paciencia y se alegra cuando el tomo tiene muchas páginas. Sólo lamento que Trapiello no escriba más y publique con mayor frecuencia. Lo que encuentra usted plomizo para mí es alado. Y lo que usted llama erudición, lo llamo yo aprecio por la vida y la literatura.

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