Jot Down Cultural Magazine – Juan Abreu: El cuerpo

Juan Abreu: El cuerpo

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Durante muchos años, para mí, Maribel Verdú fue el cuerpo. El cuerpo. Después vino Monica Bellucci, que permanece, y hasta el día de hoy no ha encontrado competencia; pero durante muchos años: la Verdú. Cuántas pajas no me habré hecho a costa de la Verdú. Cientos. ¿Miles? Mirando a la Verdú. Adorando a la Verdú. Pendiente de esas chispitas que tenía en los ojos la Verdú. Imaginando los olores y los sabores de la Verdú. Temblando cuando le temblaban las aletas de la nariz a la Verdú. Y siempre quejándome de los directores que no sabían sacarle partido a la Verdú.

¡Zafios, inútiles! Gritaba yo a la pantalla algo exaltado, esa es la verdad y siempre con el pito en la mano.

Porque los directores no sabían sacarle partido a la Verdú. Eso pensaba. Se limitaban a exhibirla (lo que a mi pito le parecía suficiente, reconozco). Pero un cuerpo como ese merecía otra cosa. Merecía un Visconti, merecía un Vittorio Storaro, merecía un Néstor Almendros. Merecía una mirada y una exposición artística que lo catapultara a la posteridad. A la posteridad de los cuerpos. Porque como actriz, lo digo con pesar, nunca ha sido nada del otro mundo la Verdú.

Fernando Trueba, dentro de sus limitaciones, es una excepción a lo que digo de los directores. En Belle Époque consiguió aquella legendaria escena ya mundialmente conocida como la escena de las nalgas sollozantes de la Verdú. La recordarán ustedes. La Verdú sollozaba tumbada boca abajo y sus nalgas ¡sollozaban también! al ritmo de sus hipidos y de sus glándulas lagrimales. Algo extraordinario. Hay que ser un buen director para captar eso. ¡A través de la tela! Impresionante. La carne como flan de calabaza de la Verdú oscilando arriba y abajo y luego ligeramente a derecha e izquierda, y la carne como líquida a través de la tela formando ondas que iban a romperse en la orilla de las ansiedades de cualquier ser humano y en las jadeantes orillas de la masculinidad universal.

Qué ondas. Cada una de ellas al iniciarse prometía una hecatombe, cada una de ellas al deshacerse inauguraba un vendaval.

Soy aficionado a las encuestas y he hecho algunas entre amigos y amigas, y la mayoría se babeaba por la Verdú. Pensaban, como yo, que la Verdú era “la gran hembra”. Hombres y mujeres, eh. Muchas de mis amigas se volvían lesbianas en un dos por tres cuando se trataba de la Verdú. Tenía ese poder la Verdú.

En aquellos tiempos de los que les hablo, la Verdú tenía cara de gitana de Frans Hals y una pelambre copiosa y acaracolada y boquita de yo no fui. ¡De yo no fui! Pero había sido ella, qué duda le cabía a nadie. ¡Ella y solo ella! Y eso era lo más encantador. Y el cuello de Maribel Verdú. Y las cejas de Maribel Verdú. Y las tetas de Maribel Verdú. Yo he visto ¡hasta el último fotograma! películas espantosas solo para atisbar durante diez fugaces segundos las tetas de Maribel Verdú. Tetas de las regordetas, tetas antigravitacionales, tetas de verdad.

Cuando llegué a Barcelona, lo primero que vi fue a Maribel Verdú. Su belleza rellena. No había ni soltado la maleta y allí estaba ella en un cartel haciendo propaganda a una marca de ropa interior, con unas braguitas rosa y unos sostenes también rosa y con unas coletas y aquella carita llena, y sonreía y el vórtice del ombligo y los rinconcitos en la comisura de los labios y la curva de la cadera.

Me quedé paralizado un buen rato y después me dije: qué mujer.

Y a partir de ese momento y durante muchos años ella fue el cuerpo.

Y no es porque no hubiera otros cuerpos, que los había, y buenos. Pero. La cosa del gusto y lo que a cada uno le calienta son asuntos muy misteriosos.

A partir de ese día que la vi en aquellos anuncios me convertí en un seguidor incondicional de Maribel Verdú. Por motivos masturbatorios, más que por otra cosa. Tengo todas sus películas. Malas, en su mayoría. Pero yo seguía a la Verdú por entre el horror del cine español con obstinación indeclinable.

Ahora bien, llegó el momento en que apareció Monica Bellucci y la Verdú pasó a la historia. Siguió gustándome, no digo que no, pero ya no era el cuerpo. Y después, lamentablemente, llegó la metamorfosis. No sé que le ha pasado a la Verdú. De hace un tiempo para acá es otra mujer. Otra mujer que nada tiene que ver con aquella de mis pajas y mis fantasías. Hace unos días la vi en televisión y parecía Emily, la de La novia cadáver de Tim Burton. Le han crecido los dientes. O eso parece. Supongo que por lo mucho que se le ha chupado la cara. ¿Qué le ha pasado?

De una diosa sexual, de una criatura que supuraba sensualidad y energía erótica y te hacía babear por todos los rincones, ¡a La novia cadáver! No me digan que no es algo triste. Muy triste.

Aunque, quiero que esto quede muy claro aquí, ninguna transformación sufrida por la Verdú podrá mitigar mi agradecimiento por tantos buenos momentos vividos contemplando a la Verdú.

Cuando uno es joven (es un decir porque yo no era tan joven cuando llegué a Barcelona) siempre tiene un cuerpo. Un cuerpo preferido, un cuerpo fetiche, un cuerpo que viene antes que todos los demás cuerpos a la hora de desear y a la hora de fantasear y a la hora de las pajas, naturalmente. El mío era el cuerpo de la Verdú. Lo confieso. Y sospecho que no estaba solo yo ahí en ese paraíso.

A ver. Que levante la mano quien no se haya hecho una paja a costa de Maribel Verdú.

Ajá. No veo muchas manos levantadas.

53 comentarios

  1. Extra ordine.

  2. Cosificando a la mujer os quedáis sólos.

    • Pero es que aquí no se habla de “la mujer”. Aquí se habla de “el cuerpo”.

      Que usted no sea capaz de disfrutarlo (“el cuerpo”, de un hombre, o de una mujer, según sus preferencias sexuales) no le da derecho a censurar el disfrute de los demás.

      Basta ya de imponer a los demás sus moralinas trasnochadas, señora.

      • Creo que lo que si tenemos derecho (y deber) de censurar es la puñetera visión superficial que las personas tenemos hacia otras. Las mujeres no son cuerpos, son personas. No son sus putos objetos sexuales, métanselo en la cabeza de una vez, montón de retrógrados pajilleros.

    • Barcos y putas.

  3. La escena de “las nalgas sollozantes”; por dios, cuantas veces lo he pensado, y ahora vas tú y lo escribes. Que menos que ponernos un enlace a un vídeo colgado en youtube, y unas fotos de esta afrodita.
    Nunca has tenido tanta verdad en tus artículos, y mira que has tenido verdad hasta ahora.
    Juan Abreu, me lees los pensamientos.
    Te tuteo, porque ahora mismo te siento mi hermano.

  4. No te ofendas Laura. Se cosifica la cosa, no a la mujer. Tengo que decir que yo, descubrí mi sexualidad gracias al cine español…

  5. Qué palabras tan tristes y repulsivas, a la par que poco eróticas.

  6. Para mi siempre fue Monica Bellucci mi ideal de perfección femenina y todavía lo sigue siendo. De hecho, como los buenos vinos, mejora con los años. Y también me he tragado muchos bodrios de películas con tal de admirar su belleza

  7. Este señor resta puntos a Jotdown cosa mala, debe ser para compensar el alto nivel de las entrevistas. Si tuviera 17 años y acabara de descubrir a Bukowski, aún se entendería tanta tontería, pero -sin conocerle- sospecho que debe tener alguno más, lo que hace el asunto bastante ridículo.

  8. El autor del artículo no debe haber visto “Goya en Burdeos”. Más que nada, porque además de tener como director de fotografía a Storaro, Maribel Verdú tiene un desnudo impactante como “Maja desnuda”

  9. La Verdú será guapa, pero las tetas las tiene bastante feuchas. La Bellucci le da 10000 vueltas.

  10. Pésimo artículo sobre Maribel Verdú.
    En fin a gustos, colores.

  11. Y yo me pregunto: ¿qué retorcido mecanismo psicológico es el que lleva a leer -y además comentar- un artículo sobre sexo a gente que manifiesta no estar en absoluto interesada por el sexo?

    ¿Será que a estas alturas del siglo XXI todavía hay quien identifica sexo con pecado y culpa? ¿Será que esas mismas personas tienen miedo a la libertad y pretenden ponerle barrotes para que no vuele?

  12. “¡Zafio, inútil! Gritaba yo a la pantalla algo exaltada, esa es la verdad y siempre con el pitillo en la mano.” Te utilizo, Juan Abreu, de esta forma para contestarte.

  13. Los artículos de temática sexual que ofrecen algo más que los topicazos de las revistas para tíos/as son una magnífica idea. Mi problema con Abreu es que, tanto en la forma como en el contenido, el lector al que se dirige es claramente heterosexual y masculino, lo cual es estupendo para su público. Se agradecerían, sin embargo, otras columnas como las de Abreu que abrieran más el campo, al estilo Lapidario, del que me declaro “fan”, aunque se prodigue tan poco.

    • Por fin una crítica fundamentada

    • Mas que una crítica, creo que es un aplauso dado con inteligencia.

      • Pues me temo, mi querido Fulgencio, que se trata más de una crítica que de un aplauso (aunque agradezco lo de la inteligencia), algo así como… ¿de verdad se van a quedar solo ahí cuando, en lo que a temas sexuales se refiere, los que atañen al hombre heterosexual son los más trillados con diferencia? Me parece estupendo que se trabaje esa perspectiva, pero abramos el abanico, que hay un mundo lleno de posibilidades…

        • A mi me parece una aplauso porque he interpretado que lo que pides es que te cante otra canción pero sobre otro tema. Aunque no se puede negar que también conlleva una crítica a la monotonía. Pero si el cantante no te gustase no querrías seguir escuchándolo. Un cordial saludo

          • Hombre, si Abreu se anima a cantar otro tipo de canción, estupendo, pero es su estilo y tampoco le voy a pedir que lo cambie. Lo que sí estaría bien es añadir más cantantes y canciones a la Gramola.

            Un cordial saludo.

        • Permítame discrepar con su deseo de apertura, Galahat: los hombres y las mujeres vivimos la sexualidad de manera radicalmente distinta. En este terreno somos contrapuestos y complementarios.

          Dudo mucho que una columna de este estilo, directo y sin ambajes, dirigida hacia el público femenino, tuviera la más mínima credibilidad u honestidad.

          Seamos honestos: a ellas lo que les interesa son las relaciones de pareja, la familia, el nido y la fidelidad conyugal. El sexo como un fin en sí mismo, como disfrute indiscriminado es patrimonio exclusivamente masculino.

          Cuando los hombres pensamos en sexo, pensamos en sexo con cualquier mujer, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia.

          Cuando las mujeres piensan en sexo, piensan en cuanto las quiere y las valora su pareja y lo muy felices que son en su nido conyugal. Como mucho, tienen alguna fantasía con deportistas hiper musculados o estrellas de cine inalcanzables, símbolos de poder, estabilidad y estatus social (de nuevo, el nido).

          Sólo hay que leer los comentarios de muchas de ellas a las columnas del Sr. Abreu para comprobarlo.

          Nosotros hablamos de sexo, y ellas hablan de amor, conversación, relaciones, etc.

          • Jajajajajaja, no, en serio ¿Esto lo piensas de verdad?

          • Antonio, por alusiones.

            Si conoce alguna mujer normal que disfrute del sexo por el sexo, por pasar el rato, así sin más, sin pedir nada a cambio (amor, compromiso, fidelidad, que la conquisten, dinero, lo que sea) le reto a que me la presente.

            Dígame dónde vive usted y a qué hora podemos quedar.

            Aunque ya le advierto que puede que se presenten otro miles de hombres en su puerta, cansados de gastar energías, tiempo y dinero.

            O como dicen los anglosajones: deeds, not words.

          • Leyendo su comentario, Saulo, me reafirmo en la necesidad de abrir campo y mentes, dejar de ver la realidad como una caja blanca y negra perfectamente compartimentada y etiquetada. Vaya a una columna tipo Abreu para mujeres heterosexuales donde se analice con lascivia el pene de Jon Hamm, busque los comentarios de muchos de “ellos” y luego me cuenta. Pero no se trata de eso, yo no hablo de dar espacio a una columna para mujeres heterosexuales, nada más aburrido que mirarse el ombligo, hablo de regularizar algo donde quepa cualquiera. Un magnífico ejemplo fue el artículo “¿Qué hace un hombre como tú en un sitio (web) como este?”, sobre la pornografía transexual, asunto que desconocía por completo y que me pareció tremendamente interesante. Dio pie, además, a alguna respuesta discrepante muy bien fundamentada.

          • Abandono el tuteo en correspondencia.

            No conozco alguna, conozco varias, y coincido en que no es lo normal pero solo desde el punto de vista estadístico, puesto que me parece una actitud perfectamente sana y DEBERÍA ser normal.

            En cuanto al reto que me lanza, le sugiero que examine detenidamente lo que me está pidiendo ¿De verdad me pide eso?

            Los prejuicios, ya sean hacia el género femenino o hacia otro grupo humano, pueden enturbiar la visión e impedir conocer la realidad.

          • No tienes ni idea. Las mujeres también follamos sin necesidad de estar enamoradas. Lo que nos jode a nosotras es que se nos trate como putos objetos sexuales. Ya he visto otros comentarios que aclaran bastante bien este punto. No hable usted sin saber, es un consejo.

            Por cierto: “alguna fantasía con deportistas hiper musculados o estrellas de cine inalcanzables, símbolos de poder, estabilidad y estatus social” JAJAJAJA POR FAVOR, qué daño ha hecho la telebasura en la sociedad. Típica escena de serie española estúpida, del palo “La que se avecina”, ó “Con el culo al aire”, o como se llamen.

            Las mujeres (por lo menos las de mi círculo, fuera de ahí ya no opino) no tratamos a las personas (en este caso, a los hombres) como objetos, aunque muchos de ustedes dejen tanto que desear como personas en sus comentarios. Tampoco buscamos desesperadas al amor de nuestra vida, por favor, no sea absurdo. Si no tiene ni idea de la mentalidad de las mujeres, mejor no hable, que para decir esas gilipolleces ya está la telebasura.

          • Saulo, no tienes ni p. idea.

            Si piensas eso de las mujeres es porque con esas opiniones de mierda que tienes solo atraerás a pavas con opiniones y espíritus de mierda. Porque para tirarse a un tío tan pobre como tú hay que quererse poco.

            Firmado: una pava normal y corriente que se tira a quién le da la gana cuando le da la gana, tratando al otro como una persona y esperando ser tratada del mismo modo. Y que como prioridad en la vida no tiene “un nido” sino crecer como persona, experimentar cosas y tal, Pascual.

    • Galahat, la cuestión no es el “target” hacia el que se dirige Abreu. Lapidario escribe de maravilla, con una clara vocación de divulgar y de hacer participar a los demás de sus aficiones, transmite alegría de vivir y el puntito erótico exacto que no llega a ser soez ni a estorbar la comunicación de lo que le interesa, puesto que cualquier acumulación de sexo o referencias sexuales explícitas suele tener tanta fuerza y llamar tanto la atención que puede obstaculizar lo que interesa difundir.

      Abreu confunde la supuesta dureza del lenguaje, el cacaculopedopís, con el interés que pueda tener el artículo, mostrándose muy anticuado, pues el uso de la escatología y el lenguaje directo tiene notables representaciones no sólo en la literatura tradicional, sino en numerosos blogs y foros. Es algo delicado que poca gente sabe utilizar bien y en su justa medida.

      Como heterosexual (creo) y masculino (creo), cuando leo a Abreu no me siento parte de su público, sino que tengo la impresión de estar asistiendo a una perorata del cuñao de mi vecino el de abajo, que es profesor de instituto y tiene ínfulas literarias. Abreu es palillo de dientes en la boca con pretensiones.

      Que conste que sólo conozco de él estos artículos sexuales en Jotdown, sobre el resto de lo que haya escrito no puedo pronunciarme y muchos articulistas y escritores varían de calidad según el género o el tema sobre el que escriban. Pero desde luego esto no es lo suyo. Coño, que en cualquier foro se habla de sexo con post mejores que estos textos.

  14. enfin, esto del sexo en dos dimensiones (textuales o visuales) nada mas que da para hacerse pajas, algo que cuadra estupendamente con la trilogía aportada últimamente por el señor Andreu en este sitio,,, desgraciadamente, el señor Andreu no debe estar en condiciones de aportarnos nada acerca de los olores, el tacto y la conversación postcoito de la señora Verdú, que afortunadamente queda para el disfrute exclusivo de sus parejas… que la literatura le sobra a las pajas, hombre, para eso ponga fotos!

  15. Antonio,

    No, no te pido eso. No era más que una herramienta retórica (algo así como: “ya, pues demuéstralo”)

    Y sí coincido con lo que comentas en segundo término: hay algunas, varias, pero no es lo normal.

    Aunque DEBERÍA serlo, y más tras un siglo y medio de liberación femenina.

    Quizá por eso sería interesante abrir campo, tal y como comenta Galahad: para abandonar prejuicios y entender el sexo como algo lúdico y relacionado con la condición humana y no como algo prohibido y relacionado con trasnochados conceptos sacramentales o patriarcales.

    Pero abandonar prejuicios no sólo del hombre hacia la mujer, si no también de la mujer hacia el hombre y, sobre todo, en mi opinión, de la mujer hacia el sexo.

  16. Querida comentarista que firma como “Anónimo”, le reitero la sentencia anglosajona que dejo glosada algo más arriba, en otro comentario: “deeds, not words”.

    Hechos, señora, no palabras.

    No tengo porque dudar de nada de lo que dice, pero atrévase a demostrarlo.

    Mañana fóllese a un compañero de trabajo, al azar.

    Pasado a un peatón con el que se cruce por la acera.

    Y así.

    Hechos, señora, no palabras.

    • Pero qué tengo que demostrarle yo a usted, por favor. Una vez más una respuesta absurda. ¿Me está retando usted a follar? Como si necesitase que alguien me retase. Creía que no podía reírme más.

      No me parece una conducta tan extraña, prácticamente todas las mujeres que conozco follamos sin amor cuando nos apetece. Será que pertenece usted a una generación distinta, es una pena. Pero no para mi.

      • Si tanto le gusta el sexo sin amor, ¿porqué le molesta una columna sobre el deseo hacia el cuerpo femenino? ¿porqué le molesta que los demás disfruten? ¿cuál es su problema? ¿está usted loca?

        Le sugiero que se aclare, amiga, ya que estas contradicciones perversas, a la larga, no son nada buenas para su salud psíquica, ni para la de la gente que tenga la desgracia de compartir su vida, como lo demuestra su inaceptable totalitarismo censor en en esta sección de comentarios.

        Menos censura, señora, y más libertad.

        • ¿Eeeehhh, perdone?¿Que me guste el sexo implica que se me trate como si sólo fuera un cuerpo? JAJAJA ¿Puede usted ser más absurdo?¿Cuál es su problema, acaso cree que sigue viviendo en las cavernas y que a las mujeres puede agarrarnos por el pelo cuando quiera? Le sugiero que despierte, amigo, vive usted rodeado de personas; si no entiende el significado de las palabras “persona” o “respeto” no entiendo que hace comentando aquí. Es más, no entiendo qué hace quejándose aquí de que nadie quiera follárselo a usted, porque claramente, diciendo esas chorradas cualquiera se le acerca.

  17. Que aburrimiento la gente que pide (mas bien exige) que autores y revista escriban lo que ellos / ellas quieren. “Habeis perdido un lector/a”.
    Abrid vuestros propios blogs, vuestras propias revistas, dejaos vuestra pasta creando lo que vosotros pensais que es cultura. Y dejadnos al resto en paz.
    No te gusta lo que un tipo escribe? no lo leas.
    No te gusta un programa de la tele? no lo veas.
    No te gusta un grupo de musica? no lo escuches.
    Pero dejanos a los demas hacer lo que nos de la gana!!
    Basta ya de lecciones! Pesados!!

    • De acuerdo 100% compañero. Es sólo sexo; no es obligatorio leer el artículo, que por otro lado me parece muy bueno y nada ofensivo.

    • Imposible entender como una sugerencia constructiva (lo que viene siendo la retroalimentación) absolutamente alejada de ninguna exigencia y de memeces del calibre “habéis perdido un lector/a”, puede degenerar en tan delirante interpretación. Juntar churras con merinas no suele dar buen resultado.

  18. Juan, ¿para cuándo un artículo sobre culos? Ya me está tardando…

  19. Vale un articulo sobre los culos !!!. Esos culos perfectos que hay por ahi y que hacen que uno se encabrite solo de pensar en miralos.Realmente un culo es algo sublime cuando de mirarlo, no digo ya de tocarlo y follarlo como dices tu, se trata.Vaya que si esperamos ese articulo y pronto !!!

  20. Lamentable trifulca la que habeis montado por este artículo de Abreu…. creo que tanto Saulo como Anónimo, se equivocan…Saulo por esa visión tradicional de la mujer…yo lo soy y he disfrutado del sexo por el sexo, sin amor, sin compromiso, puro deseo… sin querer que me quieran ni que me pongan un piso.. y Anónimo por esa visión feminista rancia de horrorizarse porque algunos/muchos consideren a la mujer o a su cuerpo objeto de deseo…. tremendo piropazo a la Verdú!!! ya me gustaría a mi levantar tantas pasiones!!! abramos mente, por Dios!! todos…

  21. Aunque Abreu me vaya odiar voy a hacer un canto a la diversidad del mundo: ¿os podéis creer que con mis cincuenta y muchos años y viviendo en este país no supiera yo quién era Maribel Verdú? Pues creedlo por favor porque es verdad. He tenido que dar a google imágenes para ver sus fotos y…, bueno, algo me suena de cara, pero no la hubiera reconocido. Qué cosas ¿eh?

  22. Ja, ja, ja, ¿en sery spynic? ¿Pero dónde ha estado usted metido/a todo este tiempo?

  23. Maldita sea a mi tambien me encanta Maribel Verdú!

  24. Si yo fuera mujer (una inteligente, sensible, consciente de mi género y de mis deseos, e íntimamente orgullosa de cada parte de mi ser -contenido y continente- vamos, UNA MUJER) me gustaría que Juan Abreu se fijara en mí y quisiera poseerme para, en ese maravilloso instante que no todas las mujeres de la historia han podido manejar a su voluntad, decidir si se lo permito o no.

    Pero no lo soy. Y eso me enseña sobre mis limitaciones como ser vivo. Y sobre las de todos los ‘comentaristas’. Unos, por lo que puedo apreciar en el poco tiempo que llevo aquí, mucho más [auto]limitados que otros.

  25. Qué graciosas..estas señoras con quién fantasean cuando se masturban?? Con seres de luz? Con seres sin rostro pero con un premio novel que dejan en la mesilla? Con Chomsky? Borges tal vez???
    No sé, chica, a mi gusta imaginarme a Viggo Mortensen empotrándome contra la pared, aich, vaya, sí , resulta que el muchacho encima es interesante intelectualmente, poeta, pintor, bla bla bla, pero vamos, que esas mismas cualidades, con su acento argentino y todo, se las transplantas al físico de Alfredo Landa, y ya te digo yo que mis deditos no se mueven un ápice. Sin embargo pienso en el Khal Drogo, sí, ese, el de los diálogos sesudos en dothraky, y me pongo berraca no, lo siguiente.
    Ahí, cosificando el cuerpo masculino…que mala , y encima feminista que soy, vergüenza debería darme. Debería ?

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