Jenn Díaz: El libro y la película

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Manhattan

Ni sé cuántas veces he visto Manhattan ni sé cuántas veces he leído astillas. Eso es lo que me hace pensar que el libro de Celso Castro es el que leería, y no otro, durante la película de Woody Allen que no puedo, ni quiero, perderme. Probablemente podría no leer el libro mientras no veo la película, porque ambas historias me las sé de memoria. Y ahí está el encanto de ambas: todavía tienen el poder de sorprenderme. Todavía hay bromas a las que no les presté atención la primera vez, y todavía ambos tienen la capacidad de ofrecerme distintas lecturas, lecturas inagotables.

Me gustaría decir que voy a hablar de dos obras pero en realidad voy a hablar de dos hombres, porque tanto Celso Castro como Woody Allen están tan difuminados con sus narradores y sus actores, que es casi imposible no confundirlos, no relacionar esos relatos del yo con el escritor, y ese actor protagonista con el director de la película. Y si voy un paso más allá, diré que hablaré no de dos hombres, sino de un hombre: el artista. En la película, que empieza con una conversación, Allen dice que el talento es pura suerte. “Para mí lo más importante en la vida es el valor”. Como Celso Castro y Woody Allen poseen ese talento indiscutible que es puro azar, lo que hay que valorar es la valentía de ambos, qué hacen con ese talento: ponerlo a merced del arte. Hay algo que subestiman y es hacer bien las cosas. Castro dice, de la misma manera que para Allen el talento es pura suerte, que escribir bien no tiene ningún mérito. Así, lo que los dos quieren es hacer algo más: no un libro, no una película. Darle una visión particular que sea única, una manera de entender la literatura o el cine de un modo irrepetible, que sólo les pertenezca a ellos. Un arte reconocible.

Lo que hace que un escritor o un cineasta sea, más que eso, un artista, es precisamente aquello peculiar que les diferencia del resto. Pero eso que les diferencia es lo que tienen en común con los demás artistas. Celso Castro se diferencia de los escritores de la misma manera que Woody Allen nos da películas distintas, y sin embargo entre ellos hay muchos puntos en común. Por eso digo que no voy a hablar ni de una película y un libro, ni de dos hombres, sino de un tipo de persona, que es el artista en la modalidad que sea. ¿Qué es para Woody Allen un artista? “Un artista de verdad es alguien que ha nacido con el don de crear. Puede ser música, pintura, literatura. Con capacidad para crear un producto que consigue un grado muy profundo de comunicación con el público, que les conmueve enormemente y cambia su punto de vista sobre las cosas, que tiene un efecto muy intenso en las personas, y no un efecto pasajero de entretenimiento”. Bajo esta definición, ese producto profundo, conmovedor e intenso, están astillas y Manhattan.

Lo que hace que Celso Castro y Woody Allen sean artistas no es que tengan talento, sino que lo que construyen con ese talento está dentro de un mismo marco, un artefacto que se defiende solo y en soledad crece. Por ello tienen tantos puntos en común, como pueden tenerlos con otros artistas que ni escriban ni dirijan películas, porque es simplemente una manera de comunicarse con nosotros, los lectoespectadores. Aunque hable de un libro y una película, tengo la sensación de que bien podrían ser otros (el afinador de habitaciones y Annie Hall, por ejemplo), porque tanto Castro como Allen aliñan cada una de sus obras con una serie de rasgos distintivos que dan continuidad a su obra y no una individualidad: todo está conectado. Esos aliños son, por ejemplo, el Nueva York de Woody Allen y La Coruña de Celso Castro. O sus manías y fobias, que se van pasando de un libro y una película a otros, que al final acaban haciéndonos creer que son lo mismo, que siempre es el mismo personaje y que, en definitiva, siempre son ellos mismos. El artista se regodea en los matices y los que están atentos saben bien cómo diferenciar un narrador de otro, un protagonista de otro: detrás siempre está el mismo escritor y el mismo actor, pero cada vez es un ambiente distinto, están profundizando en otro abismo. Lo que nunca cambia es la visión, la personalidad de esas obras de arte. Los personajes acostumbran a estar plagados de tics que van arrastrando de una historia a otra: lo que en Woody Allen podría ser el psicoanálisis o los judíos, en Celso Castro serían las drogas y los efectos que tienen en los personajes o lo sobrenatural. El humor, siempre presente en ambos, acaba destensando las situaciones incómodas y grotescas en las que se meten sus protagonistas, que acostumbran a estar incapacitados para convivir con la sociedad y todo lo que les ocurre. Son seres profundamente sensibles que viven de un modo particular y resuelven sus conflictos del mismo modo particular. La imaginación desbordante de la que habla Allen en su propio documental bien podría referirse a la de Castro: por eso ambos acaban por no distinguir la fantasía de la realidad, por eso ambos, si les hacen elegir, se quedan con la ficción. La ternura, el descaro y la relación con las mujeres son temas en común que los dos explotan, en los que profundizan y dan nueva forma cada vez.

¿El arte puede ser autobiográfico? Tanto a uno como a otro se les suele acusar de que los protagonistas son ellos mismos. Pero no: de la misma manera que ponen su talento a merced del arte, también ponen su vida. Por eso siempre parece que estén escribiendo y dirigiendo escenas que ellos mismos han protagonizado, porque son reales y verdaderas. No es más que una confirmación de que están comunicándose, como dice la definición del artista allenesco, con el público final: les están ofreciendo algo tan redondo, hilado y perfilado que no podemos evitar creer que se trata de una autobiografía.

aquellos sentimientos, y las lágrimas, y los nudos en la garganta que te conté que me habían minado interiormente, me habían erosionado y corroído y convertido en un desecho, en un guiñapo sentimental, sin orgullo, y sin poesía. que las mujeres tienen su instinto, como judit o como iris, y yo las envidio, que ese instinto las protege de calamidades, o si no, las ayuda a sobrellevarlas. y los hombres también tienen su instinto, y encima toda esa virilidad ¿no? y hasta los animales, incluso el más diminuto e inadvertido de los seres vivos. y ahora dime sinceramente, los que son como yo, qué mierda tienen

astillas (libros del silencio)

Los que son como Woody Allen y como Celso Castro, qué mierda tienen. Tienen una película y un libro imprescindibles que no puedo perderme, a los que voy recurriendo de vez en cuando incansablemente. Tienen un magnetismo y una manera de narrar que han creado de la nada, del don. Y no lo hacen desde el talento, sino desde la valentía con la que empieza la conversación de Manhattan. Lo importante no es el artista sino su valor, lo que está dispuesto a dar de sí. Castro y Allen están dispuestos a dar cualquier cosa, porque lo tienen todo para ser artistas y son conscientes de su posición de creadores. Si me preguntaran de qué van el libro que leería y la película que no puedo perderme, no sabría qué contestar, porque no van de nada y van de la vida. La primera película que vieron tanto Woody como Celso es Blancanieves, pero no sé si de ahí podemos extraer algún tipo de fórmula que justifique que los verdaderos artistas estén hechos de materias tan cercanas, porque no sé qué mierda tienen dentro.

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3 comentarios

  1. Antonio

    Dios…

  2. Estupenda recomendación.

  3. Sí, a eso en mi pueblo lo llaman estilo ;)

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