Jot Down Cultural Magazine – Percepción de la confianza

Percepción de la confianza

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Fotograma de la magnífica película All the King’s Men, de Robert Rossen (1949)

En la sociedad en la que vivimos, tomar decisiones sobre en quién confiamos puede ser de crítica importancia para nuestra seguridad y bienestar individual, e incluso para el bien común. Decidir confiar en un candidato político que se presenta a las próximas elecciones no es un asunto baladí; puede tener importantes repercusiones a largo plazo. Cuando contamos con un histórico previo basado en resultados anteriores de una confianza potencial, podemos basar nuestras decisiones en dicha información. En este sentido, por ejemplo, si sabemos que un candidato político ha actuado de manera correcta en la legislatura en la que ha estado en el poder, podremos decantar nuestra intención de voto en base a esa experiencia precedente. En ausencia de información previa, ¿cómo decidimos si tenemos que confiar o no en alguien?

Seguramente alguna vez el lector, al ver por primera vez el rostro de una persona, habrá realizado u oído un comentario como: «No conozco de nada a esta persona, pero su cara no me da buenas vibraciones». Inconscientemente, los seres humanos utilizamos de forma continua diferentes claves como guía de nuestra conducta social. Una de estas claves, y que solemos utilizar con gran frecuencia, es el rostro de las personas. ¿En qué nos basamos cuando realizamos un juicio de valor sobre la confianza o la desconfianza que nos genera un determinado rostro? Parece ser que la percepción de confianza recae principalmente en la expresividad emocional del rostro o la estructura facial de las personas. Por ejemplo, por regla general, los rostros que muestran una expresión facial de felicidad presentan bocas en forma de «U» y cejas en forma de «Ʌ» y son catalogados como rostros que denotan confianza; mientras que los rostros que muestran una expresión facial de enfado, presentan bocas en forma de «∩» y cejas en forma de «V» son catalogados como rostros de los que tenemos que desconfiar. Del mismo modo, las personas que tienen las mejillas poco profundas, barbilla amplia, cejas bajas y que tienen una cara ancha generan menos confianza en los demás cuando esta se evalúa a partir de su rostro. Estas características estructurales suelen ser sexualmente dimórficas, dado que en las mujeres el arco supracilar suele ser más alto, los pómulos más pronunciados y las caras más estrechas. Otras claves que podemos utilizar para atribuir la confianza a un rostro pueden ser la edad o incluso el color de la piel (figura 1).

Obama

Figura 1. Percepción de confianza a partir del rostro. Cuando vemos un rostro, la percepción de confianza se sustenta, en primer lugar, en diferentes claves de la expresividad emocional del mismo, de manera que a los rostros que muestran una tendencia por las expresiones que están más relacionadas con la felicidad les conferimos una mayor percepción de confianza. Asimismo, habitualmente utilizamos también diferentes claves de la estructura facial de las personas, de manera que la forma de la barbilla, las mejillas o la posición de las cejas nos pueden ayudar a evaluar los rostros para generar o no una percepción de confianza. Otras claves que podemos utilizar para atribuir la confianza a un rostro pueden ser la edad o incluso el color de la piel. Imagen de dominio público.

El procesamiento que nuestro cerebro realiza a partir del rostro de una persona para generarnos una atribución de confianza o desconfianza es espontáneo y automático. En este sentido, se ha podido comprobar en contextos experimentales que si, antes de presentar un rostro neutro, se presenta de forma subliminal un rostro que tiene rasgos que denotan desconfianza, los participantes suelen atribuir al rostro neutro desconfianza. En esta línea, se ha encontrado que la actividad de una estructura de nuestro cerebro, la amígdala, aumenta a medida que el rostro evaluado presenta menos rasgos para atribuirle confianza. Estos datos concuerdan con los estudios con pacientes que presentan lesiones bilaterales de la amígdala. Estos pacientes muestran una marcada tendencia a mostrar un acercamiento y a atribuir confianza a los rostros que los participantes controles de los estudios tildan de rostros que generan gran desconfianza y que, por lo tanto, se han de evitar.

Winston y sus colaboradores, en un trabajo realizado en 2002, mostraron un conjunto de imágenes de rostros de personas desconocidas a los participantes de su investigación para que evaluasen su edad. Durante el estudio fueron registrando paralelamente la actividad cerebral de los participantes mediante resonancia magnética funcional, una técnica de neuroimagen que permite ver qué partes del cerebro se ponen en marcha en una persona cuando esta se encuentra haciendo una determinada tarea. El objetivo de los investigadores era intentar determinar qué regiones cerebrales se activaban mientras las personas llevaban a cabo decisiones acerca de la confianza que les generaba un determinado rostro. Estos investigadores encontraron un aumento de la actividad de la amígdala delante de los rostros con atributos de desconfianza, tanto si los participantes estaban evaluando la posible edad de la persona, como si tenían que atribuir desconfianza o confianza al rostro. Además de la amígdala, también encontraron que la ínsula derecha (una región de la corteza cerebral) se activaba delante de las caras de las que los sujetos desconfiaban. Cuando se mira una cara el cerebro necesita construir la percepción del rostro proporcionando información acerca de los diferentes rasgos de la cara y su configuración. Este proceso necesita de la parte del cerebro que se encarga de llevar a cabo un procesamiento complejo sobre la información visual, fundamentalmente de dos áreas visuales de asociación, el surco temporal superior y de la circunvolución fusiforme. Los resultados de este estudio también manifestaron que el surco temporal superior del hemisferio derecho mostraba un aumento de actividad cuando los participantes tenían que evaluar la confianza de los rostros, sugiriendo que esta región también podría ser importante para realizar inferencias concernientes a la intencionalidad de los otros (figura 2).

Figura 2. Bases neurales del procesamiento emocional vinculado a la confianza y desconfianza que genera un rostro. Cuando se ve un rostro, la información de este es enviada de la retina al núcleo geniculado lateral del tálamo, de donde se envía a la corteza visual primaria (V1). De V1 se envía la  información a las áreas visuales de asociación o corteza extraestriada para generar una percepción completa del rostro. Dicha información es enviada a la amígdala, la cual resulta crítica para el reconocimiento emocional en el rostro de otras personas. De la amígdala la información pasaría a la ínsula, la cual parece participar en la representación de la respuesta emocional como una sensación que provoca la persona de quien se ve la cara. A: amígdala; GF: circunvolución fusiforme; NGL: núcleo geniculado lateral; STS: surco temporal superior. Fotografía: Ingrid Sánchez Martín.

Otros trabajos más recientes han encontrado activaciones en forma de «U» de la amígdala en respuesta a la confianza de un rostro. Estos estudios van en la línea de un trabajo realizado por  Winston y sus colaboradores en 2007, en el que encontraron una respuesta de la amígdala en forma de «U», en tanto que se daba una mayor activación de la amígdala derecha cuando se presentaban rostros altamente atractivos y rostros muy poco atractivos en comparación con los rostros moderadamente atractivos.

La confianza es algo que parece estar íntimamente ligado con la reputación de una persona. Esta se adquiere en base a experiencias de primera mano en interacciones previas o a través del conocimiento de acciones concretas del pasado. No obstante, en ausencia de información relevante acerca de un individuo, su reputación puede derivar de aspectos vinculados al conocimiento como, por ejemplo, al grupo social al que pertenece. Recientemente, Stanley y sus colaboradores (2013) han encontrado que el estriado se encuentra implicado en la representación de la reputación derivada de la raza de pertenencia de un individuo y que esta estructura modula la toma de decisiones basadas en la confianza.

Otro aspecto importante a tener presente son las diferencias en la percepción de la confianza que se pueden dar con la edad. En diferentes ámbitos se ha encontrado que las personas mayores son especialmente vulnerables al fraude. Últimamente podemos leer en las noticias casos de entidades bancarias que han estafado a clientes con determinados productos financieros de alto riesgo, haciendo que estos perdieran por completo los ahorros que tenían destinados para su jubilación. La mayoría de las víctimas de dichos fraudes explican su decisión de invertir por la confianza que habían depositado en el agente bancario, que acababa disponiendo de su dinero con gran libertad de movimientos. Del mismo modo, en las diferentes campañas políticas de captación de votos podemos observar que la tercera edad es un conglomerado de la población en edad de voto que genera un especial interés por parte de los políticos a la hora de dirigir sus estrategias electorales. Un aspecto clave en todo programa electoral es el de las pensiones. Llegados a este punto, nos deberíamos preguntar si las personas mayores son más susceptibles a atribuir confianza y, si así fuera, si su cerebro procesa de manera diferencial esta información. Recientemente (2012), Castle y sus colaboradores han mostrado que las personas mayores muestran una marcada tendencia a acercarse y a atribuir confianza a los rostros de personas que han sido catalogados como generadores de desconfianza por personas más jóvenes. Asimismo, mientras los participantes del estudio más jóvenes mostraban un evidente aumento de la activación de la ínsula anterior ante las caras con rasgos de desconfianza, los participantes ancianos mostraban una mínima activación de esta región cortical tanto cuando tenían que emitir juicios explícitos de la confianza o desconfianza que les generaba un rostro, como cuando veían rostros con rasgos de considerable desconfianza.

La ínsula anterior parece ser importante para representar el riesgo esperado y para predecir el riesgo en situaciones de inversión financiera, con lo que no es extraño que una persona mayor tenga más problemas que una persona joven a la hora de tomar decisiones de cómo invertir sus ahorros. Si a esto le añadimos la tendencia a atribuir confianza a partir del rostro de una persona, a pesar de que se den indicios claros de desconfianza, el resultado es el que hemos ido observando en la actualidad mediática.

Por todo ello, podemos decir que las personas mayores son más susceptibles a los fraudes, sobre todo de tipo financiero, y a ver comprometida su capacidad en la toma de decisiones, por ejemplo en lo que se refiere a la intención de voto, en tanto que presentan más problemas que la gente más joven a la hora de procesar las claves relacionadas con la desconfianza cuando perciben a otras personas.

En definitiva, atribuir confianza o desconfianza a un rostro recae en diferentes facetas del rostro y el juicio que el cerebro realiza es automático e implica a estructuras clave del procesamiento de la información emocional, como la amígdala y la ínsula anterior. Hay que tener presentes las enormes implicaciones que este tipo de investigaciones pueden tener sobre algunos aspectos de la política y de otras facetas en las que la confianza en un determinado personaje público puede desempeñar un papel primordial.

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Para saber más:

Castle E, Eisenberger NI, Seeman TE, Moons WG, Boggero IA, Grinblatt MS, Taylor SE. Neural and behavioral bases of age differences in perceptions of trust. Proc Natl Acad Sci U S A. 2012;109(51):20848-52.

Dzhelyova M, Perrett DI, Jentzsch I. Temporal dynamics of trustworthiness perception. Brain Res. 2012 Jan 30;1435:81-90.

Engell AD, Haxby JV, Todorov A. Implicit trustworthiness decisions: automatic coding of face properties in the human amygdala. J Cogn Neurosci. 2007;19(9):1508-19.

Engell AD, Haxby JV, Todorov A. Implicit trustworthiness decisions: automatic coding of face properties in the human amygdala. J Cogn Neurosci. 2007;19(9):1508-19.

Knutson B, Bossaerts P. Neural antecedents of financial decisions. J Neurosci. 2007 Aug 1;27(31):8174-7.

Mattavelli G, Andrews TJ, Asghar AU, Towler JR, Young AW. Response of face-selective brain regions to trustworthiness and gender of faces. Neuropsychologia. 2012;50(9):2205-11.

Okubo M, Ishikawa K, Kobayashi A. No trust on the left side: Hemifacial asymmetries for trustworthiness and emotional expressions. Brain Cogn. 2013;82(2):181-6.

Rule NO, Freeman JB, Moran JM, Gabrieli JD, Adams RB Jr, Ambady N. Voting behavior is reflected in amygdala response across cultures. Soc Cogn Affect Neurosci. 2010;5(2-3):349-55.

Spezio ML, Rangel A, Alvarez RM, O’Doherty JP, Mattes K, Todorov A, Kim H, Adolphs R. A neural basis for the effect of candidate appearance on election outcomes. Soc Cogn Affect Neurosci. 2008;3(4):344-52. doi: 10.1093/scan/nsn040. Epub 2008 Oct 28.

Stanley DA, Sokol-Hessner P, Fareri DS, Perino MT, Delgado MR, Banaji MR, Phelps EA. Race and reputation: perceived racial group trustworthiness influences the neural correlates of trust decisions. Philos Trans R Soc Lond B Biol Sci. 2012 Mar 5;367(1589):744-53

Todorov A, Mandisodza AN, Goren A, Hall CC. Inferences of competence from faces predict election outcomes. Science. 2005;308(5728):1623-6.

Vecchiato G, Toppi J, Cincotti F, Astolfi L, De Vico Fallani F, Aloise F, Mattia D, Bocale S, Vernucci F, Babiloni F. Neuropolitics: EEG spectral maps related to a political vote based on the first impression of the candidate’s face. Conf Proc IEEE Eng Med Biol Soc. 2010;2010:2902-5.

Winston JS, O’Doherty J, Kilner JM, Perrett DI, Dolan RJ. Brain systems for assessing facial attractiveness. Neuropsychologia. 2007;45(1):195-206

Winston JS, Strange BA, O’Doherty J, Dolan RJ. Automatic and intentional brain responses during evaluation of trustworthiness of faces.Nat Neurosci. 2002; 5(3):277-83.

 

 

6 comentarios

  1. Obama desde el primer momento que lo vi, me dio un mal rollo horroroso. Sigo pensando lo mismo y para colmo ahora no se, si cuando esté tranquilamente en el cuarto de baño, me lo voy a encontrar al lado.

  2. Pingback: Bitacoras.com

  3. no estoy muy de acuerdo con esa conclusión, puede ser que las personas mayores no discriminen la confianza o desconfianza, porque han aprendido que siempre hay alguien que te sorprende, pese a desconfiar o confiar de él en una primera instancia. Por tanto los rasgos han dejado de ser buenos predictores

  4. Me parece muy bueno este articulo, sin embargo no considero que los rasgos físicos sean determinantes a la hora de depositar tu confianza en una persona. Independientemente de la edad que tengas, creo que la experiencia de la vida y tu subconciente juegan un rol muy importante que te pueden dictar si confiar en alguien o no hecarlo. Recuerden que las apariencias engañan.

  5. En verdad el articulo es muy bueno aunque en lo personal aprendí a no juzgar a nadie por su apariencia ya que te suelen sorprender las personas que lucen totalmente desalineados para mi no es algo que se toma a la ligera el confiar en una persona, recordemos como los conquistadores impresionaron por sus rasgos y como destruyeron toda confianza depositada en ellos.

  6. Pingback: Abogado. Lleva tu web al tinte. | Alvaro Alegría

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