La historia de The Who en 50 canciones (1ª parte: 1965-1969) - Jot Down Cultural Magazine

La historia de The Who en 50 canciones (1ª parte: 1965-1969)

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Repasamos la discografía de una de las más grandes bandas de rock de la historia a través de algunas de sus más relevantes canciones. The Who es una de mis bandas favoritas, una conjunción de personalidades muy reconocibles y distintas entre sí que produjeron unos cuantos maravillosos discos y que sobre todo poseyeron un directo legendario: personalmente creo que Pete Townshend, Keith Moon, John Entwistle y Roger Daltrey quizá hayan sido, en sus mejores momentos, la más explosiva manifestación telúrica que haya pisado un escenario. Dado que la lista es larga y hay muchas cosas que contar, esta vez la dividiré en dos partes: una que recoja canciones de los años 60 y otra resumiendo el resto de su discografía. Aunque estas son solamente algunas de las muchas canciones memorables de The Who durante aquellos años. Que las disfruten.

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Single: I can’t explain (1965)

El primer single publicado bajo el nombre de The Who, aunque en la práctica fue el segundo single del grupo. Porque antes de esto —y siguiendo el consejo de su primer manager Peter Meaden— habían intentado promocionarse entre el público mod cambiando el nombre de la banda por The High Numbers y publicando un tema de debut escrito por el propio Meaden, Zoot suit, que no llegó a ninguna parte. Después de ese fallido experimento, volvieron a hacerse llamar The Who y editaron I can’t explain, escrita por el guitarrista Pete Townshend, que de ahí en adelante será el principal compositor del grupo. Inicialmente estaba concebida como una balada, pero a la hora de grabar decidieron pasarla por el tamiz de los guitarrazos al estilo The Kinks, a quienes estaban imitando conscientemente (Townshend dijo alguna que otra vez que Ray Davies era su compositor favorito). Al contrario que el single de The High Numbers, esta I can’t explain se convirtió en un éxito inmediato. Mucha gente la tomó por un himno generacional que expresaba la incapacidad de la juventud para expresarse… ante el asombro del propio Townshend, quien había pensado la canción sencillamente como un tema de amor. Sea como fuere, el tema llegó a las radios, se transformó en un himno juvenil y subió a The Who al carro de las grandes bandas de la British Invasion:

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 Single: Anyway, anyhow, anywhere (1965)

Un nuevo single y un nuevo éxito. El sonido propio de The Who ya asoma por todas partes, muy especialmente gracias a las guitarras de Townshend y las arrolladoras baterías de Keith Moon, que les conferían un sonido distintivo y fácilmente reconocible de entre otras bandas británicas. También incluía un interludio instrumental de vocación prepsicodélica, de los que abundarían en canciones suyas de aquellos tiempos (de hecho, durante esos años conservarían la costumbre de insertar breaks instrumentales rockeros en mitad de canciones con aires pop). El tema resume bien las dos facetas del grupo por entonces: la más melódica a la hora de componer y la más salvaje a la hora de interpretar, porque estaban empezando a hacerse notar por la energía de sus directos (y como ya es sabido, Townshend rompió una guitarra accidentalmente… ante el delirio del público, por lo que empezó a convertirlo en costumbre).

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 My Generation (1965)
My Generation

Su LP de debut. El éxito de los primeros singles que habían publicado en Inglaterra hace que se metan apresuradamente en un estudio para aprovechar el tirón grabando todo un álbum. El resultado es un buen disco, aunque también cabría describirlo como irregular: es muy brillante en algunos momentos, pero quizá excesivamente formulario en otros. Dicho de otro modo: se alternan canciones que parecen confirmar el genio compositor de Townshend con otras que suenan demasiado convencionales y similares a las de otros grupos. Pero bueno, pero no es de extrañar en un grupo que apenas estaba empezando. Además hay varias versiones —dos de James Brown y una de Bo Diddley— que reflejan la fuerte influencia que la música estadounidense tenía en el cuarteto, además de la obvia que recibían de compatriotas como los Beatles y muy especialmente los Kinks. En resumen, un disco que quizá se grabó con demasiadas prisas y que podríamos considerar un logro artístico a medias (al menos los miembros de The Who no quedaron del todo satisfechos), pero que no obstante tiene un nivel alto y contiene algunas de las primeras joyas inmortales de la banda.

My generation: El tema que da título al álbum es sin duda uno de los más famosos de toda su discografía. Consciente de que tras el éxito de I can’t explain la gente esperaba nuevos himnos generacionales, Pete Townshend escribió un tema a ese propósito que se convirtió en uno de los himnos juveniles definitivos de todos los tiempos. De nuevo recurre a riffs de guitarra sencillos y potentes al estilo The Kinks, aunque como ya empieza a ser costumbre, la potente sección rítmica Moon-Entwistle ayuda a que The Who suenen diferentes a cualquier otra banda de su entorno y generación. Por su parte, Townshend hace chillar las guitarras a todo volumen, rememorando lo que ya era el principal gancho de sus directos: las salvajes demostraciones de violencia escénica que solían acabar con la destrucción del instrumento e incluso el amplificador, y no pocas veces también de la batería de Keith Moon. La canción se convirtió en la principal marca de fábrica de The Who y de cara al gran público lo seguiría siendo por muchos años, pese a que en el futuro publicarían bastantes canciones tan buenas o mejores:

The kids are alright: Otro himno generacional con mensaje juvenil y probablemente el segundo momento álgido del disco, porque es una canción cuyas melodías son notablemente más inspiradas que casi todo el resto del álbum. Los ingredientes del sonido clásico de The Who están aquí: los juegos de voces, los interludios instrumentales conducidos por los guitarrazos de Townshend y los tormentosos redobles de Keith Moon… es el sonido sesentero de The Who en todo su esplendor:

Out in the street: Un tema que imita el rhythm & blues estadounidense que tanto le gustaba a Townshend, pero que también incluye uno de los típicos intermedios concebidos por el guitarrista con la intención de crear inesperados momentos de tensión dentro del tema. Todo aquí cabalga a la perfección, muy especialmente la batería de Keith Moon, que capta de inmediato nuestra atención —más en aquellos tiempos— y se convierte en protagonista, distinguiéndolo de las baterías más convencionales de otros grupos de pop-rock de la época. Sus ritmos ayudarían a definir el sonido The Who y le convertirían en ídolo de toda una nueva generación de baterías (entre ellos su principal fan, John Bonham). Por cierto, en una ocasión le pusieron al batería de jazz Elvin Jones grabaciones de grupos de rock sin decirle quiénes eran, para que dijese lo que pensaba sobre la sección rítmica: cuando escuchó a Moon, se limitó a decir con admiración «este tipo es un batería». Esta canción quizá sea menos conocida que My generation o The kids are alright, pero es sin duda otro de los grandes momentos del disco:

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 Single: Substitute (1966)

Como vemos, varias de las canciones más importantes de la primera etapa del grupo fueron editadas en pequeño formato y no incluidas en los LP (salvo reediciones posteriores). Tal es el caso de Substitute, donde Townshend introduce una temática más elaborada e incluso oscura, hablando de problemas de identidad de manera narrativa y que pese a su lenguaje simple, parece esconder significados muy profundos e incluso por momentos crípticos, algo que se convertirá en su marca de fábrica como letrista. La estructura musical se vuelve cada vez más característica y sigue incidiendo en los breaks instrumentales que crean momentos álgidos dentro de la parte más convencional de la canción. En apenas un periodo de meses, Townshend está pasando de imitar bandas británicas como los Kinks  a desarrollar su propio estilo: parece haber encontrado un formato propio de canción:

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 Single: I’m a boy (1966)

Concebida como parte de una «ópera rock» futurista que no llegó a existir, I’m a boy es una canción en la que, como Substitute, Pete Townshend trata los problemas de identidad utilizando un lenguaje narrativo. Nos habla de un niño que nace por error en una familia de tres hermanas, en un futuro donde es posible elegir el sexo de los hijos: el rechazo de sus padres hacia su masculinidad hace que el niño se rebele y se reafirme en los gustos típicos de varones de su edad. Musicalmente sigue los patrones de Substitute y la letra, aunque formalmente simple, también es una de las mejores que Townshend escribió durante aquel periodo:

 

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 Single: Pictures of Lily (1966)

Otra canción de corte narrativo en la que el tema central es ¡la masturbación adolescente! Está tratado con elegancia, pero no deja de resultar sorprendente que en pleno 1966 se atreviesen a hablar de un chaval que se enamora de las fotos de una tal Lily, fotos que le ayudan «a dormir por las noches». Una vez más se pone de manifiesto el talento explosivo de Townshend a la hora de escribir canciones memorables que parecen pequeñas películas con una fantástica banda sonora. Ese talento lo había convertido de manera natural en líder de la banda y nadie en el seno del grupo se atrevía a ponerle peros a sus canciones, que evidentemente eran muy buenas. Por cierto, hay un detalle en el videoclip que no tiene desperdicio y es, cómo no, la actitud de Keith Moon: el batería era muy aficionado a improvisar y por lo tanto detestaba los playbacks típicos de los programas de televisión de la época, así que aprovechaba la mínima ocasión para montar todo un show teatral por su cuenta, sin tan siquiera molestarse en fingir que estaba tocando lo que sonaba por los altavoces. Aunque probablemente merece un articulo entero dedicado a él, hay que decir Keith Moon fue uno de los personajes más grandes de la música del siglo XX y, por cierto,  siempre debería haber tenido una cámara para él solo, por que casi ninguno de sus planos tiene desperdicio:

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 Single: Happy Jack (1966)

Una canción con aires folkies que fue el primer tema de The Who en obtener cierto éxito en los Estados Unidos, provocando de hecho que su siguiente álbum fuese bautizado así en la edición americana (el tema no estaba en el original británico del álbum, que tenía otro título). Ayudó a su promoción uno de los escasos videoclips temáticos filmados por la banda, en el que aparecen disfrazados de gangsters y ladrones. Aunque el guión sea prácticamente inexistente, el vídeo es muy entrañable, aunque solo sea por ver a John Entwistle comiéndose una tarta con expresión de deleite y, cómo no, a Keith Moon haciendo el idiota y restregándosela feliz por toda la cara:

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Single inédito: Barbara Ann (1966)

A Keith Moon nunca le dejaban cantar, cosa comprensible porque era una nulidad como vocalista. Pero —probablemente después de dar mucho el coñazo a sus compañeros— consiguió que accediesen a grabar esta versión de su banda favorita, los estadounidenses Beach Boys, donde el  alocado Keith se encarga de la voz principal y se queda a gusto desollando el clásico de Brian Wilson. Esto no se editó en su día, lógicamente, ya que lo consideraban poco más que una broma para satisfacer el capricho de su batería… pero aunquee Keith no supiera cantar, la verdad es que es una grabación muy entrañable:

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A quick one (1966)
A Quick One

El segundo álbum llega precedido por la premisa de que todos los miembros del grupo escriban canciones para el repertorio, lo cual produce un disco desigual pero en el que encontramos las primeras sorpresas, como la de descubrir que John Entwistle es un compositor parco —pero inspirado— de canciones con melodías muy originales que no desentonan junto a las del genio creador de la banda, Pete Townshend. Roger Daltrey y Keith Moon son menos refinados como escritores de canciones, pero Moon al menos aporta ideas locas que añaden una nota de humor y extravagancia al disco. Aunque lo más destacable de este álbum es el primer coqueteo de Townshend con el concepto de «ópera rock» en la última canción del disco, un borrador todavía por pulir de lo que hará más adelante en su obra maestra Tommy.

Boris the Spider: Sin lugar a dudas, la aportación más célebre de John Entwistle al catálogo de The Who y una de las canciones más estrafalariamente originales de los años 60. Nacida de una broma entre Entwistle y el bajista de los Rolling Stones, Bill Wyman, narra la muerte de una araña aplastada por un libro. Musicalmente es una pequeña joya, con el bajo de John en primer plano, una melodía inolvidable y ese gutural estribillo gruñido por el propio Entwistle que parece más propio de una banda de metal contemporánea. De todas las canciones de The Who que no fueron compuestas por Townshend, es quizá la que más se ha ganado la categoría de clásico. O al menos la que ha obtenido una mayor popularidad:

Cobwebs and strange: Apoteósica locura instrumental ideada, cómo no, por el majara de Keith Moon. En el primer álbum ya existía un tema dedicado a su lucimiento en la batería (la caótica The Ox), pero esto es muchísimo mejor: una especie de psicótica marcha circense en la que Moon the Loon se desfoga ametrallándonos con redobles espectaculares entre una tanda y otra de lo que podríamos denominar como «cretino-sección de vientos». Una estupidez adorable donde, por cierto, Keith toca la tuba, instrumento de su época escolar (las secuencias del vídeo pertenecen al legendario documental The Kids Are Alright):

A quick one while he’s away: Si bien las demás canciones escritas por Pete Townshend en este álbum no son especialmente descollantes (eran bastante mejores las que publicaron aisladamente como singles durante ese mismo año), aquí sí nos encontramos con algo importante: su primera mini «ópera rock», un tema que se volvería imprescindible en sus directos. La idea de la ópera rock había surgido como una broma para una fiesta de cumpleaños —de ahí los arreglos vocales abiertamente jocosos que parodiaban la música clásica, como «fa la la la» o «cello, cello, cello»— pero el entusiasmo de su mánager hizo que Townshend se lo tomase en serio y escribiese una canción divida en varias partes que narraban una infidelidad (o sobre abusos sexuales, otra posible interpretación que el propio Townshend reveló más adelante). Es una larga suite de nueve minutos, en la que —al modo de la ópera— Daltrey, Entwistle y Townshend se reparten las tareas vocales interpretando a distintos personajes. Probablemente lo mejor del disco junto a Boris the Spider, este tema es relevante por dos motivos: sirvió como ensayo para lo que Townshend haría más tarde en Tommy, y sobre todo porque en el futuro conocería algunas versiones en directo absolutamente espectaculares de las que hablaremos un poco más adelante:

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The Who Sell Out (1967)
Sell Out

Unos buenos motivos por los que el movimiento punk adoptó a The Who como uno de sus referentes fueron —aparte de su actitud agresiva sobre los escenarios— su sentido del humor, su carácter rebelde y su nulo miedo a ir contra las convenciones incluso en un momento donde se estaban jugando el éxito. En el tercer álbum, jocosamente titulado «The Who se han vendido», parodian una emisora radiofónica en la que incluyen anuncios ficticios y melodías publicitarias recomendando productos comerciales de diversa índole, además de unas espectaculares portada y contraportada donde aparecen los cuatro miembros promocionando cosas como desodorantes y latas de judías con tomate. Sin embargo, bajo esta apariencia de hilarante descontrol, la banda está profundizando en el desarrollo de un estilo propio: cierto es que tuvieron una personalidad musical perfectamente distinguible desde prácticamente su primer single, pero cada vez hay menos guiños que recuerden a otros grupos, sus canciones empiezan a resultar más difíciles de clasificar y de hecho este fue el más valorado de los tres álbumes que habían publicado hasta entonces. Un gran paso adelante en la evolución de The Who, que precede a la explosión creativa de Tommy. Si este disco no llega a ser la primera obra maestra en larga duración del grupo, le falta bien poco.

I can see for miles: Quizá la canción más conocida del disco, en la que The Who juegan con la psicodelia, elemento que de un modo u otro, aunque muy en pequeñas dosis, había aparecido puntualmente en su música. Un ambicioso Pete Townshend cuidó muy especialmente este single, convencido de que sería su primer número uno: la canción fue efectivamente un éxito e incluso les permitió triunfar en los Estados Unidos, pero no llegó a ese ansiado puesto de privilegio de las listas, lo cual decepcionó al guitarrista después de todo el trabajo que se había tomado utilizando métodos de grabación muy trabajosos e inusuales por aquel entonces. Aquel falso tropezón (que solo fue un tropezón en su mente) terminó de reafirmar la falta de fe de Townshend en que los oyentes pudiesen captar las sutilezas de su trabajo, así como la necesidad de seguir su propio camino con independencia de lo que a la gente le gustase (en el documental The Kids are Alright, por ejemplo, podemos verlo decir que el 90% del público es incapaz de apreciar la calidad de la música y se queda con aspectos muy superficiales como el espectáculo visual). Por cierto, cuando Townshend dijo en una entrevista que este tema era el más ruidoso que The Who o cualquier otra banda hubiesen grabado hasta entonces, Paul McCartney respondió escribiendo Helter Skelter, canción que era un desafío directo al estatus de los Who como banda más heavy de la Tierra, así que esto también sirvió de inspiración directa para la creación del tema más salvaje en la discografía de los Beatles:

Tattoo: Otro de los grandes momentos del disco, una canción de la que harían muy buenas interpretaciones en directo. No en vano empezará a ser costumbre que las versiones en vivo de sus canciones superen, a veces muy ampliamente, a las de estudio. El tema demuestra el creciente interés de Townshend por los sutiles juegos de armonías que explotará en Tommy. La letra es una narración al estilo I’m a boy o Substitute, sobre dos hermanos que se tatúan a la vez en su intento de alcanzar la madurez, y que como de costumbre trata sobre la identidad:

Mary Anne with the shaky hand: Townshend ya había escrito diversas letras con dobles sentidos evidentes, pero aquí empieza a despistar a los críticos, quienes de repente han hallado un nuevo pasatiempo: intentar encontrar el sentido a las letras del guitarrista. Como decíamos, aparentemente sencillas pero que parecen encerrar siempre algún otro significado misterioso, aparte de lo que se deduce de la primera lectura. Aquí, por ejemplo, nos habla de una chica muy guapa a la que por razones que desconocemos le tiembla constantemente la mano. ¿Metáfora sexual sobre una chica que masturba a un chico? Probablemente, aunque como será costumbre en las letras de Townshend, la interpretación queda al gusto del consumidor:

Heinz Baked Beans: Uno de los gamberros simulacros de anuncio con los que The Who salpicaron el álbum, en este caso promocionando judías en lata por ocurrencia de John Entwistle. El tema no pasa de ser una broma, una mera curiosidad, pero resulta interesante el modo en que durante los años 70 recuperarán las alubias con tomate como parte de la barroca e indescifrable imaginería de la versión cinematográfica de Tommy, motivo por el cual bien merece que lo incluyamos aquí. No en vano, en la historia de The Who los símbolos —serios o sarcásticos— terminaron adquiriendo casi tanta importancia como la propia música, al crear toda una iconografía propia y muy fácilmente reconocible. Por cierto, la inclusión sin permiso de marcas comerciales en su disco les valió algún que otro problema legal… sí, a su manera, probablemente The Who fueron la primera banda punk:

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Single: Magic Bus (1968)

En 1968, mientras Townshend estaba enfrascado en su nueva obsesión, la ópera rock Tommy, publicaron algunos singles para mantener la atención del público. El más célebre es este Magic Bus, una canción directamente inspirada en el rhythm & blues de Bo Diddley. Obtuvo un éxito moderado, aunque suficiente como para no hacerlos olvidar a ambos lados del Atlántico mientras preparaban el doble álbum que estaba en lontananza. Ojo a las últimas secuencias de este vídeo (a partir del minuto 2:38 o así), porque Keith Moon vuelve a salirse de madre con ocasión de un playback, hasta el punto de que incluso John Entwistle y Pete Townshend se giran para mirarle intentando no reír. Por desgracia, el realizador decide que el alocado batería no merece más planos… a pesar de que evidentemente está protagonizando uno de los playbacks más espectaculares de todos los tiempos. Con una única y breve secuencia roba la actuación; les recuerdo, minuto 2:38. Nadie, NADIE, ha vuelto a organizar semejante show detrás de una batería:

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Película: Rolling Stones Rock and Roll Circus (1968)

A finales de 1968, los Rolling Stones congregaron a diversos artistas para filmar actuaciones de cara a una película documental que debía estrenarse en aquel entonces: hablamos de invitados estelares como John Lennon, Jethro Tull, Taj Majal, o el pianista clásico Julius Katchen entre muchos otros. The Who aparecieron interpretando la suite A quick one while he’s away, de la que ya hemos hablado más arriba… y aquella actuación terminó convirtiéndose en leyenda. Lo que hicieron The Who en esa filmación fue absolutamente espectacular, hasta el punto de merendarse al resto del reparto sin excepción (y eso que hubo otras grandes actuaciones). Era la señal definitiva de que estaban alcanzando su momento más apoteósico en directo, de que estaban transformándose en la banda de rock más poderosa del planeta. De hecho, el abismal contraste entre la explosiva energía de los Who y la desangelada actuación —pese a los encomiables esfuerzos de Mick Jagger por levantar su concierto— de unos Stones sumidos en problemas internos, hizo que el propio Jagger enterrase las cintas durante muchos años, durante los que corrió sin cesar la habladuría (completamente cierta) de que The Who habían aplastado sin piedad a los Rolling Stones. Parte de esta filmación perdida fue hecha pública a finales de los 70 gracias al documental The kids are alright, y la película completa fue finalmente estrenada en 1996. Como digo, es un de los momentos más inolvidable en la historia de la banda: Pete Townshend repleto de adrenalina, Keith Moon demostrando que como digo es el batería más espectacular de todos los tiempos (es que, lo digo una vez más y no me cansaré de decirlo, ¡necesitaba una cámara que lo filmase exclusivamente a él!)… y la verdad es no hay que culpar a aquellos Stones, porque tampoco se me ocurre una banda actual que pudiese competir con aquellos Who sobre ese mismo escenario. Sobre todo a partir de los cuatro minutos y medio de canción, cuando empiezan con el «dang! dang! dang!»… desde ahí hasta final de tema, The Who se convierten en lo más parecido a un tsunami que haya pisado un escenario (¡no se pierdan esos últimos cuatro minutos!). Es realmente escalofriante el poder que estos cuatro sujetos llegaron a desplegar en directo y no es extraño que muchos consideren este video como una de las mejores actuaciones de la historia del rock. No hay palabras:

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Tommy (1969)
Tommy

El disco de la consagración absoluta. Pete Townshend decide embarcar a la banda en un álbum doble que, ahora sí, es una ópera rock en toda regla, incluyendo obertura, motivos que se repiten en diferentes canciones, estructura narrativa en forma de diálogos en los que los personajes son interpretados por distintas voces, etc. La intrigante simbología del disco hizo que muchos críticos —e incluso intelectuales ajenos al mundillo musical— intentasen desentrañar sus significados y hablasen de que el rock había alcanzado la edad adulta. Townshend ya se había caracterizado por escribir letras sorprendentemente profundas en su sencillez, como decíamos, pero la compleja filosofía desplegada en Tommy lo elevó casi a la categoría de profeta generacional. Musicalmente también es el mejor LP que habían grabado hasta entonces, con bastante diferencia. Para mucha gente (entre ellos yo mismo) es, en lo que respecta a composición, la obra maestra absoluta de The Who. Y en todo caso, para quien no lo sea, sí que estará también como uno de sus dos o tres mejores discos. El sonido es menos crudo, más acústico que de costumbre —incluso pierde protagonismo la salvaje batería de Keith Moon, que suena a menor volumen— pero el repertorio de canciones es sencillamente apabullante, hasta el punto de que cuesta elegir cuáles poner aquí como ejemplo, porque se quedan fuera otras tantas igual de buenas. Tommy se convirtió en un gran éxito internacional y supuso la auténtica explosión comercial de la banda en los Estados Unidos, más o menos en la misma época en que debían actuar en Woodstock (aunque ya habían impactado al público estadounidense en Monterey tiempo atrás, si bien entonces fueron ligeramente eclipsados por un Jimi Hendrix que quemó su guitarra después de decirle a Townshend algo así como «si vais a actuar vosotros, necesitaré hacer algo grande»). El disco cuenta la fascinante historia de un niño ciego, sordo y mudo que lucha por encontrarse a sí mismo y liberarse de la prisión en que se ha convertido su mente. Una absoluta maravilla de principio a fin y uno de los mejores álbumes de la historia del rock.

Overture: La pieza instrumental que abría el álbum, conteniendo varios de los leitmotiv que se repetirán en varias canciones a lo largo del disco. Muestra la clara intención de ir más allá del formato de la canción pop-rock convencional, incluso puede calificarse sin miedo de rock progresivo. Una pieza absorbente, demostración de que la inspiración de Pete Townshend estaba finalmente en la cúspide:

Pinball wizard: El single elegido para lanzar el álbum y seguramente la canción más famosa de este disco, una canción con la que casi todo el mundo asocia el estilo característico de Pete Townshend junto a My generation: canciones basadas en power chords, guitarras enérgicas y estructuras sencillas pero armónicamente muy cuidadas. Un tema absolutamente perfecto, una melodía perfecta, un estribillo perfecto… en definitiva, una canción inmortal:

I’m free: El otro single elegido para la promoción del disco, y otra canción perfecta. Una vez más, destila por todos los poros el talento de Townshend para jugar con estructuras simples y armonías sencillas con las que logra una inesperada sensación de profundidad musical:

Cousin Kevin: La gran aportación de John Entwistle a un álbum casi completamente compuesto por Townshend, y que resulta estar a la altura del material que escribe el guitarrista. La canción describe las torturas que Kevin, primo de Tommy, inflinge al indefenso chaval minusválido. Un asunto tétrico muy del gusto de Entwistle, pero envuelto en unas melodías bellísimas y unos juegos de voces que verdaderamente ponen los pelos de punta. Personalmente es una de las canciones que más me gustan de todo el disco: oscura, enfermiza, retorcida… y extrañamente épica.

Tommy, can you hear me?: El intento de la madre de Tommy por comunicarse con su hijo aislado del mundo, un tema breve y sencillo que una vez más pone de manifiesto el estado de gracia en que se encontraba Pete Townshend como compositor. Con cualquier cosa podía hacer una canción memorable, literalmente. Y el vídeo no tiene desperdicio, especialmente por las payasadas de Keith Moon, pero también por la manera en que capta con precisión las distintas y muy marcadas personalidades de los cuatro miembros de la banda: el cínico Entwistle manteniendo su eterna pose de pasar de todo, el sonriente Daltrey encantado de lucirse ante la cámara, el ingobernable Keith Moon haciendo el idiota y un Pete Townshend cómplice de las tonterías del batería, quitándose importancia pese a ser el creador del 90% de toda aquella maravillosa música:

We’re not gonna take it: El largo y fascinante tema que cerraba el álbum, en el que se describe a Tommy convertido en una especie de mesías sectario que termina provocando la rebelión de sus acólitos, quienes al final lo atacan hartos de su tiranía. El tema cierra el disco con un canto de epifanía en el que Tommy ve la luz, espiritualmente hablando. Impresionante desde el principio, pero muy especialmente en ese tramo final que es uno de los momentos más mágicos en la discografía de The Who:

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Festival de Woodstock (1969)

La aparición de The Who en el festival y la posterior película documental sobre el evento supuso la culminación de la fama del grupo: si con Tommy habían demostrado al mundo que podían crear música profunda y exquisita, en Woodstock dieron buena muestra de que seguían siendo un huracán sobre el escenario y que no solamente no se habían ablandado, sino que eran más cafres que nunca. Lo curioso es que el grupo —excepto Roger Daltrey con sus melenas y su chaleco de flecos— no se sentía demasiado identificado con la movida hippie. John Entwistle lucía un traje sencillo, Keith Moon una vulgar camiseta y Pete Townshend un mono completamente blanco que no podía desentonar más con el barroquismo estético de los hippies asistentes al festival. De hecho Townshend no se sintió a gusto en Woodstock, no comprendía la filosofía del festival, detestaba la mala organización, las condiciones en que se desarrollaba, el barro, etc. Lo del Verano del Amor no era para él, que estaba inmerso en el universo paralelo de Tommy. Tampoco le gustó la actuación en sí ni el sonido de su propia banda en aquella ocasión… pero lo cierto es que estuvieron apabullantes. Por aquel entonces ya eran como un tren desbocado sobre el escenario y la película nos dejó buen testimonio de ello. De hecho, fueron uno de los momentos más destacados de todo el festival.

Summertime Blues (Woodstock): Una explosiva versión del clásico de Eddie Cochran, con la que The Who se reivindicaban como banda de rock por encima de todo, más allá de las facetas más serias que muchos quisieran ver en su nueva música. Utilizando este himno adolescente de los años 50 como contraste con toda la palabrería intelectual que se iba a desencadenar en torno a su disco Tommy y desmarcándose un tanto de los aires más poppie de sus brillantes inicios. En disco podían ser melódicos, profundos y sensibles… pero en directo eran una feroz apisonadora capaz de llevarse a cualquiera por delante.

See me, feel me (Woodstock): O lo que es lo mismo, la parte final de We’re not gonna take it de Tommy, en una escalofriante interpretación en vivo. El crescendo va descontrolándose estrofa a estrofa, con un Pete Townshend cada vez más fuera de sí y un Keith Moon tan salvaje como de costumbre. La banda más ruidosa del mundo en acción, desplegando una intensidad inexplicable… no cabe duda de que ya eran el grupo más espectacular sobre las tablas, reputación que seguirían cultivando durante los años posteriores, como ya veremos:

 (Continuará)

23 comentarios

  1. Love you.

  2. Magnifica síntesis de lo que significan The Who, para mi los grandes olvidados por aquellos que hablan de la rivalidad Beatles-Rolling, ambos muy buenos en lo suyo pero que jamás alcanzaron las cotas de espectáculo de Townsend y compañía (por cierto, no se si es cosa mía, pero a mi Daltrey me cae como el culo, dando siempre la sensación de querer quedar por encima del talento de sus compañeros). Uno que es muy reckero, que le vamos a hacer…

    • En mi opinión, The Who son tan grandes como los Beatles o los Stones. Quizá no tengan el repertorio de los primeros o tantos himnos populares como los segundos, pero en directo se podían comer crudos a cualquiera de los dos. La química Townshend-Moon-Entwistle era algo con lo que esas bandas no podían ni soñar.

      Por cierto, Daltrey no me cae mal. Cierto es que a veces se le notaba demasiado el intentar no quedar atrás de los tres monstruos que tenía por compañeros, pero creo que eso son minucias y además ha sido leal a Townshend en los momentos más dífíciles de este (recuerda cuando le acusaron de pedofilia; salió inocente, pero antes de eso Daltrey lo defendió). Además, para mi sorpresa, me gustó cómo actuaba en la película “McVicar”.

      Eso sí, nunca me ha fascinado particularmente su voz.

    • Pues a mí Roger Daltrey me cae genial, y eso de que quería ser superior en todo no estoy de acuerdo!!!!

  3. Buen artículo pero odio los himnos generacionales y a Daltrey no lo soporto.

    • Si no escuchara música de imbéciles a los que no soporto no escucharía música en absoluto. O peor: escuhcaría mala música.

    • Arriba Pete Townshend y Roger Daltrey. Ellos son dos caballeros que saben lo que es la humildad y la buena música, y además con muchísimo sentido del humor y muchísima personalidad. Desireless y el 95% de los artistas de ahora, aprended de estos dos caballeros.

  4. Gran articulo, me pongo al dia con algunas bandas tan geniales como The Who, no en todos lados encuentras buena informacion. Si pudieras hacer un recopilatorio sobre ACDC seria grandioso, piensalo… anda hazlo!!!

  5. Rock and roll circus es el momento de los Who pre-Tommy; pero aun más grande el Yer Blues de Dirty Mac, arrollador.

  6. Gracias por estos articulos. Vienen muy bien para conocer a grupos o entender como evolucionaron, es muy interesante.

  7. Gran artículo para un gran grupo ( seguir la crónica con los videos es una gozada) y efectivamente fueron los únicos músicos ingleses de los 60 respetados por los punkis de los 70,algo más que curioso.Daltrey está en su papel y lo hace muy bien,John es el perfecto contrapunto a Moon y a Townshend ambos autenticos genios en lo suyo y además carismáticos.Cuanto me hubiera gustado verlos en directo y no te digo irme de farra con ellos.Aún hoy siguen teniendo su influencia por ejemplo…como se te pone el cuerpo con el inicio musical de la serie de Tv CSI?!.Para mi son muy muy especiales,voy para los 60 tacos y todavía me hacen rascar el palo de la escoba.

  8. aunque su mejor album sea Tommy, mi favorito siempre será Sell Out. Que alguien se acuerde de Tattoo emociona!

  9. “La canción describe las torturas que Kevin, primo de Tommy, inflinge al indefenso chaval minusválido.” Será inflige. Por lo demás, muy bueno el artículo.

  10. Gracias por escribir esto!!!

    Realmente The Who son de los pocos grupos que me siento incapaz de englobar bajo una etiqueta musical. Personalmente, me gustan más las canciones más rockeras y menos sesenteras.

    Tommy fue una peli que te dejaba descolocado y fascinado a la vez, cuando acabó pensé que era una especie de muñecas rusas argumentales cuyo signficado jamás estaría a mi alcance, pero muy subyugante a la vez, muy potente visualmente y musicalmente.

    Espero la suguiente entrega con impaciencia y también apoyo la moción de diseccionar a AC/DC.

    Lo dicho, gracias!

  11. Barbara Ann no la escribió Brian Wilson ni es original de los Beach Boys. Gazaporrr

  12. Pingback: La historia de The Who en 50 canciones (2ªparte, 1970-2013)

  13. Enhorabuena por el artículo (las dos partes). Que vengan muchos más ;-P

    Saludos

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  15. Daltrey tuvo que aguantar carros y carretas con Moon y Townshed, incluso en algun momento estuvo fuera del grupo, pero Daltrey siempre me pareció el tipo mas sensato de los who. Simplemente no estaba tan loco como los otros tres. Pero esta es una de las partes importantes para quienes amamos a the Who:la arrolladora personalidad de estos cuatro monstruos.

  16. Hola
    La informcion que proporcionas es realmente interesante, The who es una banda que rompio muchos esquemas y sobre salió por sus diferentes ritmos que iba adquiriendo a lo largo de su carrera, aunque yo tengo una duda, escuché que The Who tiene un álbum en donde las canciones van contando una historia, quería saber si me podrían facilitar el nombre de éste puesto que se me hace realmente interesante y me llama mucho la atención.
    Se los agradecería mucho, y de antemano gracias ♥
    Saludos.

  17. Yo no entiendo cómo puede caer mal Roger Daltrey a algunos de los que han comentado por aquí. Para mí es un hombre currante, humilde, que canta maravillosamente bien y que sin él The Who no serían lo mismo. Es cierto que mi favorito de esta maravillosa banda es Pete Townshend, el mejor guitarrista de la historia para mí y sin el cual The Who no sería nada, pero Roger Daltrey es mi segundo favorito y ambos están entre mis artistas y bandas favoritas. Además los dos tienen una carrera en solitario fantástica. A mí por ejemplo me cae fatal David Bustamante, pero al menos en este caso es un hombre que no ha aportado nada al mundo de la música, nada más que hacer felices a las chicas jóvenes. Yo soy joven, tengo 24 años pero la música de ahora no la trago salvo excepciones.

  18. P.D.: el mensaje anterior os lo escribe una persona que al principio Roger Daltrey tampoco le caía muy bien pero no por nada en particular, sino porque es fan absoluta de Pete Townshend y al principio le daba coraje que la mayoría de las canciones de The Who fuesen cantadas por él y no por Pete. Pero hoy día, valorando bien toda la trayectoria de la banda y de las carreras de ambos en solitario, Roger Daltrey se ha ganado todo mi respeto y me he dado cuenta que para nada es de recibo coger manía a un miembro de determinada banda porque la mayoría de las canciones sean cantadas por él y no por otro, al no ser claro está que el que cante la mayoría de las canciones cante peor que un burro “ahogao” y no es su caso, porque este señor canta como los ángeles y Pete Townshend también. Creo que el punto en especial ha sido “Won’t Get Fooled Again”, su versión de “Say Ain’t It So, Joe” de Murray Head (para mi gusto MUCHÍSIMO MEJOR que la original) y su TEMAZO creo que del año 1985 titulado “Hearts Of Fire” que ahora mismito estoy escuchando y que no me canso de escuchar. Actualmente en mi lista de artistas y bandas favoritas coloco a Pete Townshend en el cuarto puesto y a Roger Daltrey en el séptimo.

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