Jot Down Cultural Magazine – A Love Supreme: el Evangelio según John Coltrane

A Love Supreme: el Evangelio según John Coltrane

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Hablar de A love supreme es hablar no solamente de un disco, sino de toda una experiencia que va más allá de la música, que tiene un trasfondo espiritual sin el que resultaría imposible entender lo que sin duda es una de las obras cumbres del jazz. Quien piense que un disco de jazz instrumental se limita a ejercicios estrictamente musicales, a acordes y escalas, debería sumergirse a fondo en esta obra para descubrir que un disco de jazz puede ser tan complejo intelectual, emocional y espiritualmente hablando como una película o incluso como un libro.

La música de John Coltrane no siempre es la más fácil o asequible, especialmente para quien no esté nada familiarizado con su discografía. Pasar de un álbum de Coltrane a otro es como cambiar de la noche al día, especialmente en el trabajo de sus últimos años. Incluso considerando que su carrera en solitario fue desgraciadamente breve, Coltrane fue derivando mucho en su estilo, una deriva tanto más veloz cuanto más nos acercamos al momento de su temprana muerte. Esta evolución resulta incluso más fascinante en cuanto notamos que lo estrictamente musical —sí, incluso las escalas y los acordes— se veía directamente afectado por la evolución espiritual e intelectual estrictamente extramusical de su autor.

El estilo del Coltrane de los primeros años, cuando todavía tocaba en bandas ajenas, tomó forma gracias al be bop de los años cuarenta: cuando escuchó a Charlie Parker su mundo dio un vuelco y la enorme influencia de Parker siempre estuvo presente durante aquellos primeros años. A esa influencia se le sumó, durante la década de los cincuenta, el trabajo codo a codo con monstruos del calibre de Miles Davis y Thelonius Monk. En aquella década el be bop ya no era la vanguardia, sino un paradigma bien asumido y establecido, así qie Coltrane comenzó a abrirse a distintas influencias, a investigar, a leer, a apreciar músicas más allá del jazz y más allá de la música norteamericana. Se preocupó por conocer músicas del mundo, muy particularmente los sonidos africanos y asiáticos.

Con la llegada de los años sesenta, muchos jazzmen comenzaron a experimentar buscando nuevos caminos y Coltrane no fue ajeno a esta tendencia. El revolucionario cambio de década coincidió con su lanzamiento como artista en solitario: en sus últimos seis o siete años de vida pasó de interpretar un jazz más o menos cercano a la convención a realizar algunas grabaciones de vanguardia extrema que incluso dejaban perplejos a los músicos que trabajaban con él y que nosotros, mortales, jamás podríamos comprender lo suficiente como para estar seguros de si tienen algún sentido y si Coltrane había alcanzado nuevos estados de consciencia musical, o si sencillamente había perdido el norte en lo afanoso de su búsqueda. Quien se haya enfrentado a un disco como Ascension sabrá a lo que me refiero: es difícil afirmar sinceramente que uno ha disfrutado con todo el contenido de ese álbum, incluso habiéndolo intentado repetidamente. Hay gente que afirma disfrutarlo, es cierto, pero no es mi caso y puedo suponer con bastante tranquilidad que es el caso del 99% de la gente. El Coltrane de los años sesenta abrió tanto su abanico de sonidos que por momentos llega a resultar completamente desconcertante.

Pero A love supreme, producido justo a mitad de aquella década, es una cosa completamente distinta. Editado en 1965, un año antes del mencionado Ascension y dos años antes de su muerte, muestra a un Coltrane que no pone el afán vanguardista por encima de todo. A love supreme no es un mero experimento musical sino que se supedita a la transmisión de un mensaje directo, un mensaje extramusical, un mensaje espiritual. Al contrario que locuras como Ascension, A love supreme está dentro de los límites de lo que casi cualquier oyente puede comprender a poco que preste atención. De hecho existe un consenso bastante amplio en que A love supreme es una obra maestra absoluta. Fue grabado en un punto justo de ebullición de la evolución musical de Coltrane. Dividido en cuatro movimientos —como un concerto clásico— está en realidad bastante cercano a la ortodoxia, al menos contemplado desde hoy. En este disco Coltrane se preocupa menos de los ejercicios de virtuosismo interpretativo o de los experimento sintelectualizados, y más de la composición, de la estructura de la obra en sí. Probablemente sea este su álbum más redondo como obra de conjunto.

Pero quizá lo más fascinante de A love supreme, además de su profundidad musical, es la sorprendente cantidad de conceptos y mensajes que encierra. Especialmente tratándose de un disco en el que no hay letras (o mejor dicho, en el que solamente se pronuncian tres palabras al final del primer movimiento). Quizá a algunos la expresión «disco conceptual» les sonará altisonante y pretenciosa, pero lo cierto es que A love supreme no solamente es un disco conceptual: es una profesión de fe. Literalmente. Tras una larga lucha con el alcohol y la heroína —la conducta errática de Coltrane durante los cincuenta provocó incluso que Miles Davis llegase a despedirlo de su banda—, el saxofonista tuvo una experiencia espiritual en 1957. O como él la llamó, un «despertar espiritual», del que resulta difícil conocer detalles concretos pero que sabemos marcó un definitivo punto de inflexión en su existencia. A raíz de esa experiencia mística, Coltrane dejó el alcohol y la heroína. Comenzó, según sus propias palabras, una vida «mejor y más productiva». Se convirtió en creyente, aunque no seguía exactamente los dictados de ningún dogma concreto («creo en todas las religiones») y profesaba un cristianismo ad libitum que tomaba influencias de otras muchas creencias no cristianas. Desde aquel 1957 de su conversión, Coltrane se dedicó a leer y coleccionar una gran cantidad de libros sobre religión y espiritualidad de diversas partes del mundo, en el intento de elaborar un sistema de creencias propio que se ajustase a su personalidad. Es exactamente el mismo proceso de investigación y estudio sobre músicas del mundo que, paralelamente, estaba llevando a cabo en su ámbito profesional.

Portada de "A Love Supreme", una de las obras magnas del jazz..

Portada de A Love Supreme, una de las obras magnas del jazz..

Ambos procesos de estudio, el espiritual y el musical, confluyeron finalmente a finales de 1964 cuando tras varios años de búsqueda espiritual Coltrane se encerró con su cuarteto en un estudio para registrar lo que, según sus propias palabras, era una «declaración espiritual». Dio salida a sus inquietudes religiosas en una grabación insólita que sorprendió incluso a quienes participaron en ella. Coltrane hizo bajar la luz en el estudio hasta que fuese tan tenue «como en un club nocturno» según recordaría su pianista, o quizá más bien como en un templo. Entró al estudio con su nueva obra perfectamente planificada de antemano, y sin embargo apenas les daba indicaciones verbales a sus músicos. Dejaba que fuese la química adquirida por la banda a lo largo de varios años la que funcionase por sí sola.Había pocas órdenes, pocas directrices, y para ponerse de acuerdo los músicos se valían constantemente de la «comunicación no verbal». Porque Coltrane se mostraba pacíficamente circunspecto, meditabundo. «Perdón», decía humildemente al equivocarse de nota durante una toma, como si él fuese un mero empleado a sueldo y no el famoso líder de la banda.

La grabación fue una curiosa combinación de planificación previa e inventiva improvisada. Por un lado los solos de piano, de contrabajo o de batería eran improvisados. Pero por otro, una de las pocas indicaciones explícitas que recibieron los músicos de Coltrane a la hora de improvisar fue que respetasen la estructura interna de cada uno de los cuatro movimientos, una estructura ya determinada por él de antemano. Coltrane empezó a hacer cosas con su saxofón que no había hecho antes, pero sus músicos se dieron cuenta de que en realidad el famoso improvisador nato no estaba improvisando. Durante sus propios solos, Coltrane utilizaba elementos musicales muy concretos en momentos muy determinados, y no en otros, y lo hacía de acuerdo a unos patrones muy evidentes e inusuales en su estilo. Sus solos seguían una estructura que determinaba, o se dejaba determinar, por la estructura concreta de cada movimiento. ¿Por qué? Pues bien, porque John Coltrane estaba construyendo sus solos a base de elementos puramente musicales que hacían referencia, no obstante, a elementos extramusicales comounas  simbologías religiosas y espirituales muy concretas de las que después hablaremos.

El disco, pues, contiene mensajes ocultos y revelaciones sorprendentes que pueden llegar a poner los pelos de punta cuando finalmente las descubrimos (muy particularmente en lo referente al cuarto y último movimiento, como veremos). Cuando se habla tanto de novelas fantasiosas como El código Da Vinci, lo cierto es que en este ábum tenemos un verdadero «código John Coltrane». Así, como suena. El legendario saxofonista incluso cuidó detalles de la carpeta del disco —como el texto impreso en ella— por los que nunca se había preocupado antes y por los que no volvería a preocuparse demasiado después. Está claro que consideraba este álbum como algo distinto, como una obra extremadamente personal, como un diario abierto a todos los oyentes. Incluso para quienes no compartimos su fe en un ente superior, la descarnada sinceridad religiosa de Coltrane nos resulta por momentos abrumadora. Ni siquiera resulta difícil imaginar a un ateo empedernido soltando alguna lágrima cuando llega a captar el significado espiritual tan profundamente fundamental para comprender varios de estos pasajes musicales. Porque son pasajes que rebosan sinceridad. Sí, A love supreme es un disco complejo, interpretable de mil maneras como corresponde al trabajo puntero de un genio. Pero al mismo tiempo destila una honestidad simple, limpia y casi podría decirse que enternecedoramente infantil.

Como decíamos, una parte mayoritaria de los fans de Coltrane citarían A love supreme como su mejor disco y desde luego él lo consideraba como el más importante de su carrera. Quizá introducirse por primera vez en A love supreme pueda resultar farragoso, al menos en un principio, y más cuando un humilde articulista va a intentar resumir su esencia mediante un pobre lenguaje verbal que jamás podría hacer honor a lo que suena aquí. Pero garantizo que sumergirse en este álbum, al final, siempre va a merecer la pena. Es como una película cuyo argumento no entendemos al principio, pero cuyo final nos dejará aturdidos y sobrecogidos. Lo cierto es que, como muchas grandes obras, este disco requiere dedicación y paciencia. Y como toda gran obra, lo recompensa con creces. A fin de cuentas estamos hablando de un acto de amor supremo.

1. Acknowledgement

El primer movimiento de A love supreme nace en el éter, flotando, con una introducción atmosférica: apenas medio minuto para situar al oyente en un estado de alerta. Suena un gong: Coltrane estaba estudiando sonoridades asiáticas, cuyo eco aparecerá algunas veces en este disco, y ese gong es como el inicio de una ceremonia religiosa en algún tempo remoto. En dicha introducción el saxofón frasea con la cadencia de un predicador que requiere la atención de su congregación. Coltrane, de hecho, utiliza premeditadamente entonaciones típicas del discurso de los pastores evangélicos con los que había crecido. No será la única vez en el disco que su instrumento construya prosodias casi idénticas a las de una prédica religiosa; de hecho, esa será la característica predominante de varios de sus solos.

Tras esa fugaz introducción, comienza a sonar el contrabajo, jugueteando con cuatro notas (0:32). A la primera escucha, estas cuatro notas podrían parecer una sencilla base sin más sobre la que desarrollar el movimiento. Pero no. Son algo distinto. En realidad esas cuatro notas son la frase principal del primer movimiento, algo que solamente averiguaremos casi al final. Es la frase musical más importante del disco; las cuatro notas que lo definen. En esas cuatro notas se encierra una revelación. Pero no nos adelantemos. Limitémonos a mantenerlas en la memoria.

Una percusión discreta y un piano que acentúa suavemente el ritmo servirán como base para que Coltrane se arranque con una melodía que, una vez más, imita las modulaciones de un predicador (1:03). Su banda estará tocando jazz, pero él interpreta una música distinta. Esa melodía empieza a descomponerse progresivamente a partir de la segunda vuelta (1:20), arrastrándonos inadvertidamente hasta el momento en que deja de ser fácilmente tarareable. Es como un predicador que va acercándose al éxtasis: cuando queremos darnos cuenta, Coltrane ya ha desestructurado las melodías casi por completo, distribuyéndolas en nerviosos gorgoritos de tres notas (2:06). Estas figuras de tres notas, llamadas tresillos, constituyen una primera alusión simbólica a la divinidad. Estas tres notas representan al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Los tresillos dan paso a filigranas que empiezan a huir cada vez más de la estructura original de la estrofa (2:31). Los fraseos son descompuestos según los dictados de la filosofía musical de Charlie Parker —aunque en este disco Coltrane esté sonando menos parkeriano que en otros trabajos anteriores— y todo el tiempo se ha estado jugando con un mismo esqueleto armónico; aunque cuesta mucho llegar a captarlo, escuchamos melodías diferentes pero basadas siempre en la misma. El solo no es una mera sucesión de ocurrencias.

Estamos ya a mitad de tema. Coltrane decide que los juegos de descomposición melódica han dado suficiente de sí y que ha llegado el momento de recurrir a los timbres para marcar la diferencia. Así, John hace gemir a su instrumento, que exhala un berrido agudo, insistente y afónico (3:50). Nos da la impresión de que nos hallamos en el momento álgido de la predicación, el instante en que el pastor, arrebatado por el fervor de los suyos, alza su rostro al techo con la garganta ronca invocando a Dios. Rápida y brevemente retornan las ráfagas de unas pocas notas aisladas (4:12).

Después seguiremos el camino inverso: una vez alcanzado el éxtasis, la melodía va a empezar a reposar de nuevo. Retorna la calma. La ceremonia religiosa termina, pero aún no termina el primer movimiento. Porque de repente escuchamos que el saxo interpreta obstinadas frasecitas de cuatro notas, pequeños cánticos que van y vienen (4:54). Aunque debido a la bajada de intensidad no lo parezca, estamos alcanzando el verdadero núcleo espiritual del tema: esas cuatro notas (las mismas que interpretaba el contrabajo al principio, ¿recuerdan?) constituyen como decíamos la frase más importante no ya del movimiento, sino de todo el disco. Pero ¿qué significa? ¿Por qué comenzar la pieza con esas cuatro notas al contrabajo, para después atravesar toda una tormenta de melodías y finalmente regresar a ellas?

Pues bien: esa frase de cuatro notas son las cuatro sílabas de A love supreme. La frase que da nombre al disco. Esa frase es el equivalente de Dios. Y Coltrane nos ha dado indicios ocultos de ello: la interpreta en todas las claves posibles, en las doce tonalidades que contiene una escala musical. Esto es algo insólito en casi cualquier pieza musical y desde luego algo insólito en el estilo de Coltrane, pero ha sido un acto premeditado. Nos está queriendo decir que al igual que esas cuatro notas están en toda la escala musical, Dios está en todas partes. Nombremos la tonalidad que nombremos, el amor supremo de Dios está allí en forma de esas cuatro notas. Toda la música de este disco, como todo en la creación, es el vehículo mediante el que Dios intenta comunicarse con nosotros. Aún haymás: Coltrane toca esa frase de cuatro notas treinta y siete veces. Es precisamente la edad que tiene en el momento de grabar el disco. Esto es, el amor supremo ha estado también presente en cada uno de los años de su vida.

Tras pasar por todas las tonalidades posibles, esas cuatro notas quedan finalmente ancladas en una única tonalidad y nos quedamos con un repetitivo fraseo (5:50):

Fa Lab Fa Sib, Fa Lab Fa Sib, Fa Lab Fa Sib

Que el saxofón repite varias veces, extinguiéndose suavemente… y que después resurge, pero ya no en el saxo, sino pronunciada —para nuestra sorpresa— de viva voz por el mismísimo Coltrane (6:04):

«A love supreme, a love supreme, a love supreme…»

Esta es la única parte vocal de todo el disco. Es el primer y único momento en que Coltrane se expresa con su voz, el único fragmento cantado. Ya no quedan dudas: esas cuatro notas son, como frase aislada, las más importantes del disco. Cuatro notas que (como los cuatro movimientos del disco) representan a la trinidad por un lado, y a Dios como ente único por otro. Uno y trino: el misterio de Dios. Este primer movimiento ha sido un reconocimiento al Padre, primera de las figuras de esa trinidad.

2. Resolution

El contrabajo en solitario interpreta una introducción armónica ejecutada casi a golpes. De repente todo el cuarteto arranca sin previo aviso, abanderados por un agudo Mi bemol del saxofón (0:20). El tema principal irrumpe como una cristalina cuchillada. Sabemos que Coltrane llevaba tiempo experimentando con un modo particular de ejecutar notas agudas, buscando un sonido acorde con sus necesidades expresivas, un sonido que para él era importante por más que muchos oyentes quizá no llegasen a notar la diferencia. Muy probablemente, detrás de ese acercamiento técnico a las notas agudas estaba la pretensión de imitar con el instrumento los extáticos cantos religiosos de las iglesias, como ya hemos visto en el primer movimiento

Escuchamos que la batería del célebre Elvis Jones lo llena todo de contratiempos, redobles y agresivos acentos, que la base grupal es trepidante, que la banda cabalga encabritada. Pero mientras tanto Coltrane interpreta una melodía clara, en la que introduce elementos del blues y algún guiño oriental, pero que no se deja arrastrar por el furioso jazz de sus compañeros. Así, este segundo movimiento comienza con una distinción entre la espiritualidad del saxo y la marcha más terrenal de los otros tres instrumentos.

Sin embargo, ya no estamos asistiendo únicamente a una prédica. El discurso de su saxofón también empieza a contagiarse de lo terrenal. Eso sí, vuelve de manera recurrente al Mi bemol (1:14) para romper la monotonía y marcar el inicio de las estrofas; ese Mi bemol sigue aportando un elemento de exaltación evangélica.

Entra el piano de McCoy Tyner como solista y el cambio de registro en la melodía principal es total (1:45). El piano nos proporciona los primeros momentos puramente be bop del álbum. Sus melodías —nerviosas, vibrantes y terrenales— contrastan con el anterior canto del saxofón. Los guiños místicos del saxofón han dejado paso al jazz mucho más complejo y carnal del pianista. Hemos descendido del vapor de las nubes hasta el cargado humo de los clubes nocturnos. Del cielo a la tierra. Es un fugaz y forzado recordatorio de los años be bop de Coltrane, que fueron los años de su adicción al alcohol y las drogas. Cuando retorna el saxofón (3:55) lo hace contagiado por el entusiasta materialismo del teclista. Vuelven los gemidos, la ronquera, casi la desesperación y ya no sabemos si Coltrane está predicando o si sencillamente está lamentándose (4:29). Retornan las alusiones a la divinidad mediante punzantes fraseos de tres y cuatro notas (4:53). ¿Está diciendo «por qué me has abandonado»? Las melodías se decomponen hasta que llegamos a rayar en el desorden. Un desorden que es casi como una herejía: es el orden humano que intenta sustituir al orden divino. Como si Dios se hubiese encarnado en hombre. Porque si Acknowledgement era el Padre, Resolution es el Hijo. Que ha bajado del cielo a la tierra para experimentar la vida terrenal. Un Hijo que ha abandonado temporalmente su naturaleza divina y se ha hecho carne.

Finalmente, como indicación de que toca resolver el segundo movimiento, retorna el Mi bemol agudo (6:25), esto es, retorna el canto espiritual, retornan el rezo y el orden. Coltrane obliga al grupo a terminar la pieza en clave tranquila, celestial. Resolution finaliza en el éter, flotante e indefinido, tal y como había comenzado Aknowdlegement. La primera cara del vinilo concluye así cerrando un círculo: nace del éter y retorna al éter. O sea: un nacimiento, una muerte y una resurrección. Hemos viajado del cielo a la tierra, y de nuevo hemos ascendido al cielo.

3. Pursuance

Comienza la cara B. El tercer movimiento se inicia con un muy característico solo de batería de Elvin Jones (quien esté familiarizado con la música de Jimi Hendrix, reconocerá al instante ese estilo que tan bien imitó su batería Mitch Mitchell… ¡por momentos resulta difícil distinguirlos!). La batería es como una tormenta. Es la tormentosa lucha de un hombre contra el mal. Es la forma más terrenal de la música, pura percusión, pura pulsión huamana, pura humanidad ya sin el asomo de espiritualidad del Hijo de Dios convertido en carne. La melodía de saxo entra de nuevo con tresillos, con nuevas referencias a la trinidad y esta vez de manera más nerviosa, como insistiendo en llamar al orden a sus compañeros de grupo. Es una señal de alerta. Si el Padre implicaba reconocimiento (Aknowledgement) y el Hijo implicaba resurrección (Resolution), aquí tenemos al Espíritu Santo intentando rescatar al espíritu humano de su desgraciada condición de esclavitud ante las pulsiones terrenales.

Cuando aparece el piano, lo hace nuevamente como vehículo de expresión de una carnalidad desordenada (1:53). El saxofón le contesta con una melodía nerviosa (4:16), una fogosa llamada de atención que no tardará en empezar a descomponerse en un torrente de incansable insistencia (4:42). Por momentos parece querer hablarle al corazón humano con su mismo lenguaje terrenal (5:15) hasta llegar incluso a la súplica desesperada (6:36) y no menos desesperadas alusiones a Dios (6:49). Finalmente la batería descarga su último ímpetu tormentoso (7:16). Es un último arranque de carnalidad, pero finalmente el tercer movimiento del disco nos muestra a lo humano cediendo ante el Espíritu Santo: tras la tormenta llega  la calma con el descubrimiento de la verdad celestial. Así nos lo confirma el contrabajo cuando, ya en mitad de un remanso de paz marcado por fraseos sencillos con el que termina esta tercera parte, entona brevemente el nombre de Dios, la frase de cuatro notas, el amor supremo (8:10).

 4. Psalm

Antes de explicar cuál es el significado de este cuarto y último movimiento, lo primero será escuchar el tema sin más. Sin saber qué intenta expresar. Desde la ignorancia de cuáles son los secretos que encierra. Escuchemos el saxo de Coltrane, ya continuamente en tono reposado, en paz consigo mismo, sin asomo de desesperación ni de desorden. Melodías en donde reina lo celestial y donde las imperfecciones humanas han desaparecido. Incluso hay momentos de álgida devoción. Escuchemos, y seguidamente explicaremos qué secreto encierra todo esto:

Evidentemente, Coltrane ya ha encontrado a Dios, lo ha encontrado sin dudas, de manera definitiva. Si los tres primeros movimientos representaban a la trinidad pero también expresaban las luchas internas del espíritu de Coltrane, este cuarto movimiento es un definitivo canto a Dios como ente supremo y único al que finalmente el saxofonista ha entregado su espíritu.Ya no habrá solos de piano, ni de batería, no de contrabajo. Ahora lo único que cuenta es el saxo de Coltrane.

Pero hay más. Un detalle que John Coltrane no desveló en su momento, en el que muchos oyentes lógicamente no repararon al escuchar el disco, y que es sin duda la mayor—y escalofriante— sorpresa de A love supreme.

En la carpeta impresa de A love supreme se incluía un poema escrito por el propio John Coltrane, aparentemente una nota de gratitud a Dios como cualquier nota de agradecimientos que muchos artistas incluyen en sus discos aunque esta vez en forma de oración. Pero algunos oyentes avezados, mientras escuchaban el disco, descubrieron un hecho asombroso que constituye en sí mismo una revelación y que Coltrane nunca desveló: las melodías del cuarto movimiento, Psalm, correspondían exactamente a las frases escritas en esa oración impresa en el disco. Nota por sílaba. Así pues, el contenido melódico del cuarto y último movimiento se nos revela ahora en todo su significado: es la representación musical del salmo escrito por Coltrane para expresar su fe. Primero nos habló de Dios a nosotros, sus congéneres humanos, cantando cuatro notas con su propia voz al final de Aknowledgement. Pero ahora Coltrane habla —que ya no simplemente toca el saxofón— por segunda vez, aunque dirigiéndose directamente a Dios y haciéndolo a través de su instrumento, con el que piensa que puede dirigirse a Dios de la manera más digna.

Una vez somos conscientes del hecho de que las frases del saxo corresponden exactamente a las frases del salmo impreso, es cuando la belleza del cuarto movimiento nos golpea hasta noquearnos. Como dijo una vez un estudioso de Coltrane, uno ya nunca será exactamente el mismo —al menos desde el ámbito de la apreciación musical— después de escuchar Psalm conociendo cuál el mensaje que secretamente encierra. Al igual que Dios, parece pensar Coltrane, se esconde detrás de oscuros misterios pero recompensa al hombre que mantiene su fe, él ha camuflado su mensaje bajo misterios musicales pero también recompensará al oyente que preste la suficiente atención como para descubrirlos. John Coltrane, pues, lo ha conseguido. No importa que su oyente sea o no religioso. En términos musicales, mediante el acto de amor supremo que constituye este disco, nos ha hecho experimentar en primera persona, tal y como él la experimentó antes, la experiencia de una revelación:

No hace falta tener ninguna creencia religiosa para apreciar la suprema belleza de este mensaje, como tampoco es necesario ser creyente para admirar la grandeza de una catedral. Para Coltrane la música de este disco encerraba una verdad religiosa que para él se había convertido en lo más importante de la vida. Y cualquiera puede sentirse conmovido por esa verdad espiritual transmutada aquí en belleza artística (es más: una congregación eclesiástica estadounidense llegó a canonizar a Coltrane). Por esto, entre otras cosas, muchos sostienen que A love supreme es su más determinante legado. Como mínimo es una obra que destaca por sí sola de entre el resto de su discografía, porque está enfocada desde una perspectiva única, porque es un legado espiritual además de musical, pero en donde lo musical está a la altura del mensaje que se permite transmitir.

John Coltrane murió tres años después de la publicación de este disco, a la edad de cuarenta, como consecuencia de un cáncer fulminante. No podemos estar seguros de si finalmente se ha reunido o no con su Dios, pero si lo ha hecho estamos seguros de que el mismo Dios le ha pedido que interprete para Él, en directo, una plegaria con su saxofón. Si hay de verdad música que podría llegar a conmover a Dios, no cabe duda de que A love supreme contiene una parte de ella.

John Coltrane. Foto: Charles Stewart / Cordon Press.

John Coltrane. Foto: Charles Stewart / Cordon Press.

52 comentarios

  1. Señor, usted ha alegrado mi tarde de Sábado con un artículo que no podía ser más interesante viniendo de la opinión de un melómano como usted. Larga vida a John Coltrane.

  2. Elation, elegance, exaltation, falta rebirth tras leer el artículo, ¡muchas gracias!

  3. estas interpretaciones metafísicas sobre la música me recuerdan aquella teoría de un filósofo marxista quien consideraba que en la música tonal la relación tónica-dominante-subdominante reflejaba la lucha de clases y la explotación de unos por otros… dicho de otra forma, la música (instrumental) no significa nada, es bastante y suficiente con que podamos considerarla como una especie de juego basado en las matemáticas, al modo del ajedrez que, por otro lado, tampoco significa nada.

    Por cierto, el disco este es un gran disco, naturalmente, aunque ya cansa un poco verlo hasta en la sopa.

    • Pero, señor, del hecho de que haya interpretaciones disparatadas como la del marxista no se sigue que “todas” las interpretaciones sean disparatadas… Aunque, desde luego, interpretar la música instrumental como “una especie de juego” merece ser incluida dentro del primer grupo.

      Por lo demás, no sé de dónde saca usted que A love supreme está hasta en la sopa, y con que solo haya uno o dos lectores de este artículo que se acerquen a un disco tan maravilloso gracias a él, ya merecería la pena que su autor se haya tomado la molestia de escribirlo.

      • pues a usted le parecerá disparatado que la música no tenga contenidos propios (lo cual es obvio) pero yo creo que no lo es tanto. Pensemos en cualquier actividad autorreferencial, que no atiende en su sentido más que a ella misma, y obtendremos una definición de juego, aunque seguramente no baste con eso… Por eso digo que interpretar que en A Love Supreme Coltrane habla de Dios es metafísico; y no por Dios, sino por esa pretensión trascendental de lo que transmite la música. Incluso aún cuando fuera lo que el propio Coltrane pretendiese. De ahí que me acordase del señor marxista aquel, porque él también estaba viendo algo donde no hay nada, excepto notas musicales y las relaciones entre ellas. No se si me explico.

        Y sí, para mí está hasta en la sopa, aunque a lo mejor es una percepción mía. Pero me da la impresión de que es el disco de jazz que hay que escuchar, el que se recomienda también para no iniciados, del que hablan los aficionados al rock cuando les preguntas por el jazz… desde luego no me molesta que se popularice, sino que precisamente, se sacralice por razón de esa popularización

        • ¿El disco que se recomienda a los no iniciados? ¿Las cosas se sacralizan por su popularidad? ¿A Love Supreme hasta en la sopa? Váyase usted a esparragar, hombre ya…

          • Completamente de acuerdo con viejotrueno El 90% de los artículos sobre discos de jazz en revistas no especializadas versan sobre “A Kind of Blue” y “A Love Supreme”.

            Ya no es que ya no casi existan Duke Ellington, Charles Mingus, Ornette Coleman, Cecil Taylor o Albert Ayler, es que a veces parece que ni siquiera existen cosas como “Ascension” o “Get Up With It”.

            Artículos como este no aportan nada y no hacen más que explotar filones ya agotados sobre obras más que canonizadas.

    • A Love Supreme hasta en la sopa? vaya por dios..

    • Hablar de musica es como hablar de cualquier otra cosa … solo que la musica es mejor escucharla

  4. Nunca he sido entendido ni asiduo a escuchar música jazz, pero ha sido escuchar el album completo y no parar de escucharlo una y otra vez. Además, me sirve para amenizar mis veladas de estudio. Ha sido un gran descubrimiento, muchas gracias por su artículo.

    • Amigo, algo muy mal estás haciendo, o no escuchas o no estudias, pero ponerse este disco en background mientras haces otra cosa es imposible, perdona que dude de tu entusiasmo.

      • Efectivamente no pueden hacerse las dos cosas a la vez, pero si lo pones a bajo volumen, “sin escuchar”, también tiene las propiedades de los mantras…

  5. Una suprema “revelación”. Esperemos más artículos en esta línea; entretener e instruir, ese es el concepto. Enhorabuena al autor.

  6. Un artículo de los que hacen afición. Bravo.

  7. Gran artículo de un gran disco; sobra la referencia al “Código da Vinci” que realmente no se que pinta cuando se habla de Coltrane.
    Viejotrueno solo tu estupided supera tu pedantería.

    • antes pedante y estúpido que analfabeto, señor, a ver si aprende a escribir y se da cuenta que estupidez no puede terminar con de. Por lo demás le recomiendo que lea y piense, aunque sea un poquito, a ver si así entiende algo de lo que he intentado decir

  8. […]Probablemente sea este su álbum más redondo como obra de conjunto[…] Disiento de esta afirmación. Giant Steps, donde Coltrane por fin se quita el peso de Parker para crear un lenguaje propio con el saxo es su obra cumbre.

  9. Enhorabuena por artículo, muy bueno. Un afectuoso saludo de alguien que hace ya muchos años empezó a pelearse con un saxofón después de escuchar a Coltrane sentado en las rodillas de su padre.

  10. Para la próxima vez…algo parecido con el Live-Evil o el Bitches Brew de Davis estaría bien.

  11. Mientras disfruto de la re-escucha de esta joya de disco, y descubro interesantes detalles con el señor de Gorgot, puedo pedirle al editor que cambie el nombre del batería? El maestro Jones se llamaba Elvin, no Elvis…

  12. Esos tresillos asincopados de John son geniales, el sabe interpretar con mucho sentimiento sus creaciones espirituales, por que el hizo musica espiritual, y unica, creo “standards” de jazz, como los grandes.
    No es fácil entender sus canciones la primera vez que se le escucha, pero se puede sentir inmediatamente tal como se redacta aqui, un muy buen trabajo Emilio, gracias por drle un espacio a un gran creador.

  13. Pingback: A Love Supreme: el mejor no solo del jazz, sino de cualquier género

  14. Buen artículo; es cierto que sobre A Love Supreme se ha escrito mucho, como ocurre con todas las grandes obras de cualquier disciplina, lo cual no resta valor a este artículo en absoluto. Agradezco seguir leyendo opiniones, reportajes o ensayos sobre este disco, contribuyen a mantenerlo vivo y a acercarlo a quienes no lo conocen.

    Lo realmente interesante es que todo lo que se genere a su alrededor nunca interferirá en la realidad, puesto que, como dice el autor, ‘a fin de cuentas estamos hablando de un acto de amor supremo’. Eso prevalece inmutable, ajeno a modas.

  15. cuando escucho las primeras notas de resolution se me viene a la cabeza el smells like teen spirit

  16. Disculpe que discrepe, la música de Coltrane no es farragosa, ni tiene la carga de moralina episcopaliana que destila un artículo farragoso, aburrido y que si algo consigue. es no invitar a disfrutar de la genialidad de Coltrane. Déjense de monsergas de púlpito y escuchen y disfrute de la música de un genio.

  17. Enhorabuena por el artículo, interesantísimo. Se me ocurre una corrección: la representación de la Santísima Trinidad suele verse siempre como 3, no como 3+1, pues en las tres personas se contienen en uno, etc. Es posible que en este caso, las cuatro notas representen el nombre de Dios, el Tetragramaton, la palabra de cuatro letras que contiene el verdadero nombre de Yaveh.

  18. Pingback: Jamás apredimos a leer una partitura | LANIDE HOT CLUB

  19. hablando como una película o incluso como un libro ???? ahi me he parado .

    la gente opina con demasiada alegria

  20. Enorme y elocuente. Con estas descripciones cualquiera puede llegar a sentir o emocionarse con el jazz

  21. Artículo realmente excepcional. Más que un ensayo, que lo es, nos acerca a uno de los genios de la música, aquella de quienes traspasaron los límites.

  22. Este disco hay que celebrarlo,una gran obra
    pd: paremos con el hipsterismo

  23. Gran Artículo, más allá de compartir o no puntos de vista o ángulos de acercamiento a la música. Que si está en la sopa, puede ser por algo, pero el disco lo merece.
    El artículo me ha descubierto la relación entre el poema-salmo y el cuarto corte del disco-psalm. Nunca estaremos en la mente de Coltrane para discernir el contenido e intención religiosa del disco, pero dicha correlación, más el contenido del poema, algo nos dice.

    Gracias, Emilio de Gorgot.
    (y más gracias sean dadas a Coltrane).

  24. Gran artículo. Coltrane es, sin rodeos, mi músico favorito por su recorrido artístico y espiritual. En sus últimos discos disolvió su música en el éter y abrió una de las puertas más interesantes de la música contemporánea: la llamada música creativa… junto a gente como Cecil Taylor y Ornette Coleman. Lleva tiempo y esfuerzo, pero, al final del camino, puedo decir que yo soy de esos que disfrutan con piezas como Ascension, Om o el disco Interstellar space… A los que se atrevan con ellos, les deseo un buen viaje. Vale la pena: hay un mundo nuevo por descubrir.

  25. Un artículo estupendo; aunque entiendo que la obra de arte no se completa hasta la lectura final del receptor, para el cual ésta resuena de desigual manera según los momentos, experiencias, cultura musical y demás y que por lo tanto, intentar clausurar una explicación de la misma es algo infructuoso y siempre limitado, todo lo que sea añadir a la divulgación es de agradecer. A mí me ha servido para retomar a Coltrane y disfrutar toda la tarde.

  26. Extraordinario articulo. Mi mas sincera enhorabuena.

  27. “Ni siquiera resulta difícil imaginar a un ateo empedernido soltando alguna lágrima cuando llega a captar el significado espiritual tan profundamente fundamental para comprender varios de estos pasajes musicales. Porque son pasajes que rebosan sinceridad. Sí, A love supreme es un disco complejo, interpretable de mil maneras como corresponde al trabajo puntero de un genio. Pero al mismo tiempo destila una honestidad simple, limpia y casi podría decirse que enternecedoramente infantil” ¿De verdad creen todos los entusiastas que se puede tomar en serio un artículo que se apoya en argumentos como estos? A mi me parece bastante de andar por casa, por decirlo finamente. Vale que el periodista no sea especializado en jazz, pero podría respetarnos un poco más a los lectores.

  28. Pingback: El universo es música - Jot Down Cultural Magazine

  29. Pingback: A love supreme | Onda Hostil

  30. No se me ocurre un adjetivo realmente adecuado. El artículo, como interpretación del disco es muy, muy grande. Merecedor de un púlpito, ya que estamos en temas religiosos.
    Tan grande, que es aprovechado para hacer demostraciones de snobismo por parte de cuatro pelaos que para avanzar probablemente sólo tienen el recurso de ir a rebufo.
    Gracias.

  31. Me gusta Coltrane, pero al contrario de lo que me pasa con ciertos artistas (más concretamente ciertas canciones o temas) que enseguida me atrapan y sólo tengo que dejarme llevar para disfrutar de su música, con Coltrane me pasa, que incluso para escuchar lo que conozco, tengo que hacer un esfuerzo importante para “sintonizar” con él. No es fácil pillarle la onda. Ni siquiera en Kind of Blue, disco en el que para ser sincero, me sorprendo deseando que dejen de tocar él y Adderley? en alguna ocasión. Y esos chirridos en las notas agudas me sorprenden o inquietan durante unos segundos, luego, sintiéndolo mucho, sólo me molestan. Relacionado con el Jazz, me gustó más tu artículo de Parker, pero de cualquier manera escribes realmente bien y es un placer leerte. Gracias y enhorabuena!

  32. Y pienso que tratar de emparentar la intención de Coltrane con lo que suena en el disco, no pasa de la especulación. Si estuviéramos hablando de una ópera, o una obra basada en un cuento o historia, pues una interpretación descriptiva, aunque sólo funcione como complemento de lo escuchado, se puede llegar a agradecer. Pero todo lo que se comenta en el artículo, me parece demasiado abstracto como para tratar de darle un significado tan concreto. Lo digo desde el respeto. Saludos

  33. A los 20 oí por primera vez a Coltrane y …. No le entendí, por ende no me gusto, a los 30 lo volví a escuchar y más o menos supe que pasaba… Y no me gusto
    A los 40 intente de nuevo ( algo había quedado en mí como para darle el beneficio de la duda) y lo entendí completamente… Y no me gusto
    Ahora tengo 42, solo dos años más de la última vez y con ganas de encontrar algo lo volví a escuchar… Y ahora me encanto
    No sé qué significado hay detrás de esto pero si la música es capaz de lograr cambios tan radicales en cualquier persona, vale la pena por lo menos dedicarle un pequeño tiempo tan solo por el respeto al arte que alguien en algún momento pudo crear dejando un legado que trasciende a las modas, los reviews, los blogs, y es de admirar que genere tanto revuelo lo qu se pueda decir de algo que sin duda es una obra maestra pese a quien le pese. Magnifica música que probablemente o casi seguro se escuchara dentro de 100 años y explicara lo complejo que podemos ser los seres humanos.

    Pd. Felicidades por el artículo, habla muy bien de quién lo escribe.

    Atte. Carlos Cortés, Musico profesional, maestro de música pero ante todo melómano y amante de la buena música.

  34. Pingback: “Mi idea del Jazz” – Club de aficionados

  35. Muchas gracias por el artículo. Realmente increíble, una de las mejores cosas que he leído en mi vida. Gracias

  36. Excelente articulo. Hace unos dias me compré la versión en vinilo de esta maravilla y haber leido esta nota, potenció aún más mi amor hacia este genio. Que en paz descanse maestro

  37. La importancia de la batería en el Psalm -¿homenaje a los ancestros africanos?- la ha retomado en 2016 Wayne Shorter dando suma importancia a la batería en su grupo donde dialoga enormemente con el baterista.

  38. Pingback: Las Mil y Una Noches: Sonido Turbante | El Jukebox!

  39. Genial!! Me vuelvo loco

  40. cuando lei lo de

    ”No podemos estar seguros de si finalmente se ha reunido o no con su Dios, pero si lo ha hecho estamos seguros de que el mismo Dios le ha pedido que interprete para Él”

    se me escapo una lagrima

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