Calatrava, de aquí a la eternidad

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Fotografía: REUTERS / Cordon Press.

No busco ser entendido, busco ser libre. (Santiago Calatrava, 2007).

María —en realidad María no existe, es un supuesto— caminaba junto a la ría de Bilbao el 3 de junio de 1997 cuando una ligera pero molesta lluvia comenzó a mojar el suelo. Apresuró el paso y decidió cruzar el canal por la pasarela peatonal recién estrenada, el flamante Zubizuri, también conocido como puente de Calatrava. María, encogida de hombros y ceño fruncido por el enfado de ver caer agua en junio, alcanzó el fastuoso puente. Había leído en el periódico cientos de noticias sobre la gran obra que llegaba a la ciudad y ahora la veía por primera vez en vivo. Su majestuoso y futurista arco blanco, su curva flotante, su piso de cristal… María se fue al suelo. Nada más apoyar su zapato en la primera baldosa de cristal, resbaló y cayó a plomo golpeándose la cadera. Se incorporó dolorida y terminó de cruzar aquella trampa con empeño. María —que en realidad no existe, es un supuesto— acaba de convertirse en la primera «víctima» de Zubizuri, la primera bilbaína que se deslizó en contra de su voluntad por un puente construido con suelo de cristal en una ciudad en la que llueve unos doscientos días al año.

La de Zubizuri es una de las obras del arquitecto valenciano Santiago Calatrava que ha dado que hablar. Que hablar mal. «Bilbao es una ciudad en la que llueve bastante y la superficie del puente de Calatrava resbalaba con la lluvia y provocaba caídas entre los viandantes. Ante la imposibilidad de modificar el puente, el Ayuntamiento de Bilbao estudió varias soluciones y adoptó como definitiva la instalación de una alfombra que permite el paso con seguridad». Lo explica José Luis Sabas, concejal del Área de Obras y Servicios del Ayuntamiento de Bilbao. Y prefiere no decir nada más. Parece una broma, pero no lo es. La obra cabecera de la ciudad —junto al museo Guggenheim— tuvo que ser retocada de forma casera, casi improvisada, para evitar que los vecinos que pasaran por ella se fueran al suelo. Como uno de esos apaños que uno tiene por casa y que, con tal de no arreglar, va tirando con ello, ya sea un cartoncillo en una puerta que no cierra bien o un interruptor que no enciende si no le tienes pillado el toque. Zubizuri se convirtió así en el primer y único puente del mundo con alfombra del que se tenga constancia. El puente no luce tanto, en realidad se tapa el suelo acristalado y su llamativa iluminación nocturna. Pero es que si no, no se puede utilizar. No fue el único problema con este puente: la pasarela en cuestión no daba acceso a los edificios principales de uno de los lados, por lo que el ayuntamiento decidió años después encargar a otro arquitecto una prolongación que sí alcanzase este punto. Arata Isozaki —japonés, no vizcaíno— se hizo cargo del añadido y desató la ira de Calatrava. Primero porque modificaba la obra y segundo porque el señor Isozaki hizo la prótesis de color negro, duro contraste con el blanco puente. El arquitecto valenciano demandó al Ayuntamiento de Bilbao, que a esas alturas ya no sabía qué hacer con el puente, y le pidió tres millones de euros por vulnerar la integridad de su obra. «Ya está bien de la dictadura del señor Calatrava, que dice que no podemos tocar un puente que es nuestro». Así perdió los papeles un día después de la demanda Iñaki Azcuna, alcalde de Bilbao. «¿Si tienes un Picasso puedes hacer lo que quieras con él porque es tuyo? No solo han vulnerado el diseño original, sino que han cortado la barandilla con un radial. Me pregunto qué pensarán los creadores vascos sobre todo esto». Así respondía Fernando Villalonga, representante del estudio de Calatrava en España. «La prolongación se la tenían que haber encargado a Santiago». Juicios y recursos después se acordó el pago de treinta mil euros al arquitecto, que los donó a una institución benéfica de la ciudad de Bilbao. El puente sigue hoy en su sitio, con sus baldosas de cristal ocultas bajo la alfombra «anti-bofetadas». Dicen que Azcuna, el alcalde, todavía entra en calor cuando le sacan el tema.

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El Zubizuri de Bilbao. Fotografía: Davide Costanzo (CC).

«Técnicamente es un arquitecto que va al límite, arriesga muchísimo en sus construcciones. A nivel técnico es espectacular hasta dónde puede llegar». Es la opinión de Faustino Patiño, doctor arquitecto y profesor de Construcción de la Universidad de Vigo. «Ha hecho obras que son referencia en la arquitectura y que, creo, pasarán a la historia. Sobre todo las primeras que hizo en Suiza», completa. Carlos Pita, también arquitecto, añade: «Es un enamorado de la ingeniería y eso se notaba sobre todo en sus obras de Suiza, que son muy buenas». En la misma línea se expresa José Manuel López-Peláez, profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. «Calatrava fue una promesa de enorme talla, en Suiza tiene construcciones muy interesantes». Todos acuden al pasado, a sus inicios. Pero el discurso cambia si saltamos en el tiempo para aterrizar en la actualidad. «En mi opinión se le fue de las manos la escala de lo que hace, sus obras se han deshumanizado completamente», dice Faustino. «Se le fue la olla», sintetiza Carlos Pita, sin rodeos. «No me interesa. Ya no me interesa nada lo que hace», completa José Manuel. ¿Qué pasó en ese lapso de tiempo, entre Suiza y la actualidad? ¿Cómo una persona muta de joven promesa a realidad ignorada e incluso despreciada? Empecemos por donde hay que empezar, por el principio.

Santiago Calatrava Valls nació en el barrio valenciano de Benimámet, el 28 de julio de 1951. Entre eso y comenzar su carrera solo transcurrieron ocho años. A esa edad ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Valencia donde estudió dibujo y pintura mientras se sacaba el graduado escolar. Cuando el instituto le robó más tiempo, decidió acudir a las clases de dibujo por las noches, hasta que se graduó y accedió a la universidad. En concreto, a la Politécnica de Valencia, donde en 1973 se licenció en Arquitectura. Hambriento de formación, continuó su carrera realizando un posgrado en urbanismo en el que —cuentan— se enamoró de Robertina Mazangoni, hija de un banquero judío afincado en Suiza. Dicen que fue el amor el que en 1975 le hizo trasladarse a Zúrich donde estudió cuatro años Ingeniería Civil en el Instituto Federal de Tecnología (ETHZ), uno de los más prestigiosos de Europa y en el que se graduaría con un doctorado en Ciencias Técnicas con la tesis Acerca de la plegabilidad de las estructuras. Paralelamente, Calatrava pintaba, dibujaba y hasta esculpía. Su figura comenzaba a tomar forma.

Con Robertina tuvo tres hijos y en la rumorología del mundillo arquitectónico, tal y como señala Carlos Pita, «se dice que fue acogido y bendecido por el poderoso lobby judío de la arquitectura». Esto, obvio, no es un hecho criticable o cuestionable, pero las malas lenguas sostienen que se benefició de ello en cuanto a concesiones y burocracia. Como hasta donde alcanza la información pública esto no es demostrable, solo cabe ignorarlo para centrarnos en sus méritos y deméritos profesionales. En 1981 abrió su primer estudio, en la ciudad suiza, y dos años después recibió su primer gran encargo: la estación de ferrocarril de Stadelhofen. Esta estación es, probablemente, su obra más unánimemente elogiada. Vanguardista, estética y práctica, la estación catapultó al arquitecto valenciano, que ya no dejaría de crear. «Aquella estación, así como sus pequeñas obras anteriores, despertaron mucho interés», explica Faustino Patiño. «En ella se ve un estilo muy personal con una enorme influencia de su formación artística anterior, sobre todo de la escultura». «En realidad —añade Carlos Pita— mezclaba arquitectura con ingeniería. Y lo hacía muy bien. Su planteamiento era el de regresar a la técnica, trabajar desde la técnica».

En 1984 Calatrava completó el puente Bac de Roda en Barcelona y en 1989 abrió su segundo estudio, esta vez en París, para realizar el proyecto de la Estación de Ferrocarril del Aeropuerto de Lyon, la Lyon-Saint-Exupéry TGV. El prestigio se precipitó y Calatrava recibió los encargos de diseñar el puente de Lusitana en Mérida en 1991, el del Alamillo en Sevilla en el año de la Expo y el puente del 9 d’Octubre en Valencia en 1995. Mientras su nombre llenaba páginas y portadas de revistas de arte y arquitectura, Calatrava abría otro estudio en su ciudad natal para comenzar a preparar la que sería su obra cumbre, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, cuya inauguración arrancaría en 1998 con L’Hemisfèric. En 1999 su figura trascendió de la arquitectura para convertirse en un personaje público, después de ser galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Calatrava ya no solo era un arquitecto que se codeaba con los más grandes y amasaba una fortuna, era una celebridad cuyas entrevistas se cotizaban al alza. En el año 2003 todo era fascinación por el valenciano. Ese año, el 26 de septiembre, acudió a la inauguración del edificio del Auditorio de Santa Cruz de Tenerife, una de sus obras más espectaculares. Allí estaban todos, políticos con sonrisas que no cabían en la foto y medios que dan sentido al posado: The New York Times y Financial Times enviaron a sus plumillas a cubrir el evento. La onda expansiva del arquitecto removía ciudades enteras. Todos querían a Calatrava cerca. O al menos alguna de sus obras. Por eso, en el apogeo de su destelleante carrera, el Ayuntamiento de Nueva York lo eligió a él para la construcción del nuevo intercambiador de transportes del World Trade Center, destruido dos años antes en el atentado de las Torres Gemelas. Alcanzó la cumbre.

«Y murió de éxito. Le superó la fama y comenzó a hacer objetos descontrolados», dice Carlos Pita. «Se convirtió en un arquitecto muy rebuscado sin ese control de la técnica que le caracterizaba y comenzó a hacer obras exagerada e innecesariamente caras», añade. Faustino Patiño coincide. «Ya no es Santiago Calatrava arquitecto, ahora es una megaempresa y yo creo que por eso perdió el control de sus obras. Me parece que él es una cabeza visible, pero no puede controlar todo lo que se hace. Tiene un estilo y un lenguaje reconocibles, sí, pero se le ha ido de las manos el volumen de lo que lleva a cabo. Es arquitectura-espectáculo», explica. Y José Manuel completa: «Yo perdí el interés cuando comenzó a experimentar con los cambios de escala, visualmente me produce hasta temor».

El mencionado Zubizuri, en Bilbao, fue uno de estos primeros patinazos (involuntario y obvio juego de palabras), una de esas obras a las que se refieren los arquitectos y que empezaron a cuestionar a la, hasta la fecha, estrella rutilante de la arquitectura. Pero hubo más. Tomen nota: la Torre de Telecomunicaciones de Montjuic, en Barcelona, recibió firmes críticas por su retorcida estética y el edificio Turning Torso no terminó nunca de ser bien encajado en la ciudad sueca de Malmö. Más problemas dio el Puente Atirantado de Jerusalén, del que dijo en su momento que era «su puente más bello», aunque diría eso mismo con al menos otros dos puentes. El de Jerusalén fue inaugurado en 2008, pero un año antes la obra casi acaba con la vida de un artista local. Un joven se encaramó a una grúa y amenazó con suicidarse si no se paralizaba la construcción. La policía le convenció de desistir y el artista-kamikaze aseguraría después que el puente «destrozaba la imagen y la belleza de Jerusalén». De poco sirvió: el puente se inauguró finalmente el 25 de junio. «Esta obra está sostenida desde arriba expresando el carácter de Jerusalén, que vive de los designios de arriba. Gracias, genio; gracias, Santiago Calatrava», exclamó el alcalde ultraortodoxo Uri Lupolianski en su discurso.

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El Puente Atirantado de Jerusalén. Fotografía: Miriam Mezzera (CC).

Pero las críticas más feroces le llegarían al arquitecto valenciano a través del Palacio de Congresos de Oviedo. La instalación, inaugurada parcialmente en 2008, lo tuvo todo: estéticamente causa incomprensión (como mínimo); en la ciudad asturiana lo conocen como «el centollu» y los críticos de arte destacan el choque del edificio con su entorno. Lo cierto es que el Palacio es un enorme complejo blanco que desentona en un contexto de bloques de hormigón, un monumento que casi asusta al viandante cuando se lo topa. Económicamente también fue un suplicio. La constructora, la empresa Jovellanos XXI, se enzarzó en una disputa con Calatrava a cuenta de una de las gradas y del arco, además de varias desviaciones presupuestarias. El pasado año se resolvió la riña. El Juzgado de Primera Instancia número 10 de Oviedo hizo público un fallo en el que, entre otras cosas, se afirmaba que la cubierta móvil estaba mal diseñada, presenta problemas de ejecución y, en caso de movimiento, no se ajustaría a los coeficientes de seguridad. Es decir, si había viento fuerte, se podía venir abajo. En consecuencia Calatrava fue condenado a pagar 3,27 millones de euros a la empresa Jovellanos XXI. Sin embargo la compañía ya había perdido 10 millones por los constantes aumentos de presupuesto de la construcción y terminó quebrando. La revista The Architectural Review eligió el Palacio de Oviedo como «horror del mes» en uno de sus números de 2010.

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El Palacio de Congresos de Oviedo. Fotografía: Gonmi (CC).

El listado de problemas «calatravianos» siguió desde ese momento una progresión. Y se ha convertido en amplio. Tratemos de sintetizar:

Valencia:

Su propia ciudad contempló cómo parte de la fachada del Palau de les Arts se desprendía, lo que obligó a suspender la programación de ópera en el recinto. El Gobierno valenciano anunció que emprendería acciones legales contra Calatrava si nadie se hacía responsable, porque los daños se extendían también a la fachada y el trencadís del Ágora. Desde la Consejería de Economía de la Generalitat de Valencia explican que, finalmente, se ha llegado a un acuerdo que evitará el juicio. Ambas partes —ejecutivo valenciano y Calatrava— asumirán la ejecución y el coste de la reparación del Palau. Hasta la fecha los valencianos se han dejado en este complejo, atención, más de quinientos millones de euros.

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El Palau de les Arts de Valencia. Fotografía: Ciudad de las Artes y las Ciencias (CC).

No es la única polémica que enreda a Calatrava en su ciudad. En noviembre de 2004 la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá y el entonces president de la Generalitat, Francisco Camps, presentaron en acto público un descomunal proyecto de tres rascacielos, uno de ellos el que iba a ser el más alto de España. La apuesta por tenerla más larga se quedó en eso, apuesta, ya que nunca se ha llevado a cabo. Eso sí, la Generalitat pagó por el diseño a Calatrava. Y no pagó poco: quince millones de euros. Así figuraba en el contrato. Y los contratos, claro, hay que cumplirlos.

Venecia:

En el año 2008, Calatrava inauguró el cuarto puente sobre el Gran Canal de Venecia, del que dijo, por cierto, que era «su puente más bello». La obra tardó cinco años en terminarse, aunque el proyecto estaba planificado para dos y medio. Esto, claro, encareció todo. De los 6,7 millones presupuestados se concluyó el asunto con 11,3 millones de gasto. La diferencia no gustó nada a los vecinos, hasta el punto de que la inauguración se realizó en la noche del 11 de septiembre casi con alevosía. En vano. La presión popular empujó al Ayuntamiento veneciano a demandar al arquitecto por sobrecoste, un proceso que ha sido aplazado un año por el Tribunal de Cuentas de Venecia. El enfado vecinal, en cambio, sigue su curso: el puente tuvo que ser reformado porque no estaba adaptado para los discapacitados físicos y, como Zubizuri, se convierte en una pista de patinaje cuando llueve.

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El puente de Calatrava en Venecia. Fotografía: Roberto Taddeo (CC).

La Rioja:

Los trabajadores de la bodega riojana Domecq descubrieron el pasado año que la instalación, diseñada e inaugurada por Santiago Calatrava en el año 2001, tenía goteras. Un problema de primer orden para un lugar que debe preservar el vino de cualquier factor externo. Una portavoz de la bodega explica el percance: «Siempre ha habido una buena relación con todas las partes y al principio todos intentamos tomar medidas para solucionar el problema. Sin embargo, el paso del tiempo y el grave deterioro que está sufriendo la bodega como consecuencia de los problemas de estanqueidad de la cubierta (algo que se traduce en numerosas goteras en el interior), así como la falta de asunción de responsabilidad por las partes, no nos ha dejado otra opción que ejercer acciones judiciales». Un informe solicitado por la propia bodega reparte las culpas: «El informe pericial determina que existe responsabilidad por parte de todos los agentes de la construcción: proyectista, dirección facultativa y empresa encargada de la ejecución. Por eso hemos demandado a todos». Bodegas Domecq solicita una indemnización para colocar una nueva cubierta sobre la anterior. «Que quede claro que el vino no se ha visto afectado», aclaran.

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La bodega Ysios. Fotografía: Roberto Lumbreras (CC).

Holanda:

Los tres puentes que Calatrava inauguró en los Países Bajos están oxidados. Las ciudades donde se sitúan las pasarelas demandaron a las constructoras, eso a pesar de que el presupuesto de uno de ellos, el de Haarlemmermee, pasó de los dieciséis millones de euros planificados a los treinta millones finales. El nombre de Calatrava se asocia a las oxidadas pasarelas en el país naranja.

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Harp y Citer, dos de los tres puentes de Calatrava en Holanda. Fotografías: Ronald (CC).

Nueva York:

Calatrava ha conseguido tener problemas incluso en obras que están sin terminar. El intercambiador de la zona cero del World Trade Center tenía que haber comenzado su existencia hace un año, pero no fue hasta enero de 2014 cuando se colocó la primera piedra. Y se colocó torcida. Metafóricamente hablando, faltaría más. El proyecto cuenta desde el minuto uno con la antipatía de muchos neoyorquinos que han visto como el presupuesto medraba de los mil quinientos millones de dólares iniciales a los cuatro mil millones actuales. Pese a ello Calatrava se muestra optimista y en unas declaraciones recogidas por la agencia Efe aseguraba que «se trata de un proyecto fundamental para nosotros y, técnicamente, es uno de los mayores retos a los que me he enfrentado». The New York Times le respondió con contundencia: «Calatrava sigue siendo incapaz de superar el fatal error del proyecto: la llamativa incongruencia entre la extravagancia de la arquitectura y el limitado propósito al que sirve. El resultado es un monumento a un ego creativo que celebra la destreza ingenieril de Calatrava, pero poco más». Casi nada.

«No es su culpa. La mayoría de los errores y fallos de sus obras no son responsabilidad de Calatrava». Sale en su defensa Carlos Pita. «Son construcciones que van al límite, sospecho que es más culpa de las constructoras. Cuando vas al límite es normal que falle algo». Faustino Patiño coincide: «La arquitectura de Calatrava es casi experimental y los errores aparecen porque no hay ensayos anteriores. Es la primera vez que los constructores españoles hacen algo así y por tanto es una obra de alto riesgo». José Manuel López-Peláez va más allá y opina que muchas veces se culpa al arquitecto por ignorancia. «Los medios de comunicación tienen parte de responsabilidad. Todos los fallos o problemas se le han achacado a él en los medios y eso crea una animadversión», expresa. «Hay que tener en cuenta que Calatrava ha llevado al límite la construcción y parece que, en ocasiones, esto le ha sobrepasado. Pero es normal, la primera rueda con llanta de metal siempre funciona peor que la última con llanta de madera. La obra de calatrava no se puede reducir a unas goteras, porque eso ha pasado miles de veces. La ópera de Sidney no tiene la mejor acústica del mundo, pero ya es un símbolo de un país».

Culpable o no, actualmente el mundo parece vivir la resaca de una borrachera de calatravas sin hielo. Durante años, los ayuntamientos se peleaban por tener un Calatrava en su suelo. Era una pieza codiciada. El deseo formaba parte de una fiebre por la arquitectura de vanguardia. El fenómeno se plasma a la perfección en el libro Arquitectura milagrosa. Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim, de Llàtzer Moix. El autor explica cómo, durante los años del boom previo a la crisis, tener un edificio espectacular con firma de postín les pareció a las ciudades españolas una garantía de turismo y estímulo económico. Valencia, Madrid, Barcelona o Santiago de Compostela experimentaron este frenesí en busca de Hadid, Herzog, Foster, Eisenman o el propio Calatrava. Los ayuntamientos, tal y como refleja el libro, descuidaron los aspectos útiles, es decir, no tuvieron en cuenta si la ciudad necesitaba esas obras, como tampoco repararon en los precios de las mismas. Moix tilda de «insensatas» la mayor parte de estas construcciones. «Se trataba de tener un Calatrava. Y qué quieres que te diga, a mí eso me parece un poco gañán», expresa Carlos Pita. «Es como traerte una celebrity». Faustino ahonda en la comparación: «Es lo mismo que comprarse ropa de marca, todas las ciudades españolas querían su firma, querían su calatrava. Y ahora tiene un sambenito colgado por todo aquel exceso».

José Manuel completa el análisis, que trasciende de lo arquitectónico a lo sociológico: «Todos querían su pieza singular, su icono. Calatrava se convirtió en un valor social y hasta político. Pero no todas las sociedades han caído en eso, ojo. No todos han querido su calatrava».

La fiebre por sus obras se inyectó en el ego de Calatrava. Al menos en el ego público, el único que muestra el arquitecto. El 27 de junio de 2012, en una entrevista concedida a Architectural Record, el valenciano comparó su obra con la Alhambra de Granada tras las críticas de Esquerra Unida del País Valencià al presupuesto de la Ciudad de las Artes. «Es una maniobra política de los comunistas», dijo. «Ellos no atacan la Alhambra de Granada, ni la catedral de Santiago, ni al Prado de Madrid». El arquitecto también tuvo problemas con la Orden de Calatrava, una de las órdenes militares más importantes, fundada en la Edad Media. El artista valenciano colocó su escudo y su cruz en sus estudios en Valencia, algo no permitido por la institución. Ambas partes hablaron y acordaron finalmente fundar un Patronato de la Orden en Valencia, del que Santiago Calatrava forma parte desde entonces. Santiago Calatrava, caballero de la orden de ídem.

La figura e influencia del arquitecto después de tantos años se puede definir como gigantesca. Ese parece su objetivo. «Calatrava trata de dar respuesta a un anhelo humano: crear iconos. Trascender con su obra y que sea reconocible», explica José Manuel. Como Aquiles, héroe de la guerra de Troya, la preocupación de Calatrava parece una: pasar a la posteridad. De una forma u otra hay algo indiscutible: lo está consiguiendo.

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Fotografía: Cesare Martucci / Splash News /Cordon Press.

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45 comentarios

  1. Revisad un poquito los nombres propios, que hay varios errores (Zubiziri, Beninámet…)

  2. Jesús Couto Fandiño

    Todo eso de que lleva las cosas al “límite” … pues vale. Ahora. ¿Por que demonios tiene una obra pública pensada para cubrir una necesidad de una ciudad que “romper límites” como no sea 100% necesario? O sea, digo yo, lo primero al hacer un puente es que el puente sea útil. Si tiene que hacer algo que supere los límites actuales de la técnica, será por alguna razón práctica, pero ¿por fardar?

  3. “Ha hecho obras que son referencia en la arquitectura y que, creo, pasarán a la historia.”

    Sin duda: hace falta un talento especial para ser un inútil de proporciones cósmicas como el tal Calatrava. Puentes que se oxidan cuando llueve, monolitos que no giran, fachadas ruinosas, pasarelas que se convierten en pistas de patinaje en cuanto caen cuatro gotas, el edificio ese de Suecia que disparó su presupuesto porque el mármol había que traerlo de España por cojones o si no el proveedor paraba la obra… La lista de destrozos que ha dejado este Atila moderno por el mundo hace que uno se pregunte cómo es posible que alguien le confíe siquiera el alicatado del baño de una gasolinera. Pues no, ahí sigue, paseándose por la calle sin una bolsa en la cabeza para que no lo reconozcan y la gente le tire piedras. Dicen que en Valencia han inventado una nueva unidad de medida para calcular el déficit que les ha dejado en sus cuentas este señor: en lugar de millardos, calculan en calatravas. Este tipejo es como el estafador que salía en Los Simpsons y logró convencer a la ciudad de Springfield para que invirtiese en un monorraíl que no iba a ninguna parte. Y a los españoles nos ha dejado con los bolsillos vacíos y cara de Homer.

  4. kilgore

    El paple lo aguanta todo. Y la mitad (siendo benévolos) de lo que dibuja el amigo, no funciona (cubiertas móviles que no se mueven, puentes que patinan, tejados que calan, recubrimientos que se desprenden, colores blancos como la nieve con churretones de óxido).
    A lo mejor está más preocupado con forrarse el riñón a niveles obsceno, con la complicidad del político de turno, que de pasar a la eternidad.
    Mira que hay gente en este país que me da asco, pero este es sin duda uno de los que más.

  5. jetkom

    «No es su culpa. La mayoría de los errores y fallos de sus obras no son responsabilidad de Calatrava». Sale en su defensa Carlos Pita. «Son construcciones que van al límite, sospecho que es más culpa de las constructoras. Cuando vas al límite es normal que falle algo»

    Joder. Pues sinceramente, si son construcciones que van al límite, será porque Calatrava las diseña para ir al límite. Y a lo mejor soy el único, pero si un arquitecto diseña algo que se va a construir con dinero público, para mi una parte esencial de su trabajo es asegurar la viabilidad técnica y económica del proyecto. Vamos, que si diseñas algo, hazlo para que se pueda tener una idea clara de lo que va a costar la broma.

    Lo que no puede ser es que diseñar algo que es técnicamente inviable (Oviedo), extremadamente costoso y/o directamente disfuncional (Bilbao, Venecia), para luego echar balones fuera porque son construcciones visionarias. Joder, varios putos puentes resbalazidos no son construcciones de tecnología adelantada a su tiempo, son cagadas de megalómano toleradas por gestores irresponsables.

    Que rabia me dan los arquitectos estrella que pasan de todo lo que no sea su ego.

  6. caliviz

    Cuando puse un pie en el famoso puente y vi que tenía ¡una moqueta! ya me quedé alucinado, claro que lo entendí al ver que debajo había unas baldosas de cristal que parecian puestas para acabar con los bilbainos.

    En el mismo viaje me alojé en el hotel del palacio de congresos de Oviedo, que tiene todo el aspecto de base alienigena en medio de un barrio obrero de los años 60 español. Un mamotreto sin más.

    También he visto el puente de Venecia y tengo que decir que tiene merito el hacer el puente más incomodo de la ciudad en la ciudad con mas puentes del mundo.

    Eso si, todo pagado a precio de oro. Un genio este Calatrava, sobre todo para el mismo.

  7. Isobel Pantoha

    ¡Pos vaya inutil, señor! Pues no darle mas encargos joder, a ver que hace. ¡A comer pan con aceite y sal! Lo que pasa es que está er mundo yeno de gilipoyas como el y pasa lo que pasa. Por cierto, ¡vaya aumento de kilos entre la primera foto y la urtima! Se ve que pudo ir comiendo más con los puentes que resbalavan y las puertas que se atrancaban. ¡Vaya alaha!

  8. Sr. Chang

    Pues es verdad… El hijoputa se ha puesto como un ternero a costa del dinero de todos los españoles. No saben los neoyorquinos la que les ha caído encima con el tal Calatrava. Esperemos que la terminal de la Port Authority no se venga abajo con el primer soplo de viento, que con este señor a los mandos todo es posible…

  9. Ellenor

    15 millones de calatravas por una maqueta y no hay nadie en la cárcel? Qué vergüenza!

  10. Pingback: Bitacoras.com

  11. devilinside

    ¿y qué me decís del dildo de Plaza de Castilla?

  12. vvicunia

    Varias precisiones sobre la pasarela Zubizuri. Nada màs inaugurarse las losetas de cristal se rompían. Durante semanas el ayuntamiento colocò policías municipales porque sospechaban que alguien las estaba rompiendo, pero era el asentamiento de la pasarela lo que las rompía. Ahora la pasarela ya no tiene alfombra, esta se movía, creaba arrugas y problemas a los transeúntes, ahora tiene unas tiras adhesivas sobre las baldosas. Por cierto creo que también hay una pasarela parecida en Murcia con el mismo problema y también tiene una alfombra.

  13. semianonimo

    ¿Que pensará Piqué sobre este señor?

  14. Delorean

    En el año 95 o 96 siendo estudiante de arquitectura en Boston, fui a ver a Calatrava a una charla que daba en el M.I.T. (Instituto Tecnológico de Massachusetts). Empezó muy interesante, explicando como su faceta de escultor le ayudaba a extrapolar sus diseños hasta convertirlos en grandes estructuras (muchos de sus estructuras parecen esqueletos de hombres o aves), PERO la atmósfera cambio a mal cuando trato el tema de la competición del diseño de la cúpula del Reichstag (Parlamento alemán en Berlin) y como Norman Foster (según él) descaradamente había plagiado su diseño. Lo explico de tal forma que todos los asistentes estaban mas incomodos que otra cosa.

  15. JuslibolLord

    ¿pero hay alguien en el mundo que piense que el Calatrava no es un chorizo y un aprovechado?
    A ver, otros arquitectos comprendo que en sus declaraciones no puedan salir diciendo que el impresentable de calatrava es un sinvergüenza, porque tampoco es cuestión de complicarse la vida, pero el resto del mundo? no se si hay alguna figura jurídica que permita retirarle el pasaporte a alguien, pero desde luego a Calatrava se le debería revocar la ciudadanía española a la de ya

  16. Pingback: 1 | simero

  17. Noelia

    La cubierta del Estadio Olímpico de Atenas, que costó 224 millones de euros, también necesitó reparaciones meses después de que concluyeran los Juegos de 2004… Según los expertos, había problemas en la fundición de los diversos trozos de los cuatro arcos de la cubierta y en las cuatro bases…, aunque la seguridad de los espectadores, aseguraron, nunca estuvo comprometida… El consorcio griego responsable de la obra asumió el coste de las reparaciones… Por suerte para Calatrava, los griegos siempre han sido muy generosos…

  18. abuelo

    Mientras que haya gente adoradora de satan llamados arquitectos siga vendiendo su ética en favor de una muy dudosa estética mal vamos. Se empezó con el odio a la humanidad de Le Corbusier y así seguimos haciendo yonkodromos futuristas llamados paus.

    Si este adorador de satan no estuviera cubierto por unos buenos Corleones ya le hubieran metido preso hace tiempo.

    Que tiene que pasar que haya un sacrificio humano por ejemplo en un de sus puentes patinadores o que se derrumbe su estación de metro de New York y que familias en verdadera Justicia lo quemen en un pira pública

  19. static

    Por el artículo se deduce que este señor dio un braguetazo hace años y ha estado viviendo de los contactos de su mujer desde entonces, porque a otro arquitecto con la mitad de fallos que tiene él lo habrían puesto en la lista negra hace tiempo. Al final, Calatrava es como Ana Botella: está ahí por tirarse a quien se tira….

  20. Maryflow

    Me sorprende que no se mencione ‘La Paloma’, el aeropuerto de Loiu-Bilbao, diseñado por Calatrava también. La zona de llegadas en la que se espera tuvo que ser cerrada después de varios años al aire libre (¿hola? ¿Bilbao? ¿lluvia y viento?) y más de alguna pulmonía de la gente que allí esperaba.

    Ahora ‘sólo’ hay numerosas goteras que tienen que paliar con…cubos.

    • -Pero, señor Calatrava ¿cómo va a construir la terminal de un aeropuerto sin tejado? ¡La gente se mojará cuando llueva!
      -¡Tú cállate, insignificante becario, que eres un inculto y un retrógrado!

  21. PRESIDENT MAO

    La meteorología es el mayor enemigo de Santiago Calatrava. Y las leyes de la física. Si todos viviéramos en ciudades dentro de cúpulas de cristal a lo Buckminster Fuller, a salvo de las inclemencias del tiempo, los chirimbolos de Calatrava durarían más que las pirámides de Egipto…

  22. ¡JA, JA, JA, JA…! Pero bueno, este hombre está quedando aquí peor que Hitler, Belén Esteban y Jack El Destripador juntos! ¡Esto es la milk, señoras y señores! ¡¡JA, JA, JA!!

    • Christine

      Y espera, que no hemos entrado con el tema de los becarios que entran a trabajar en su estudio… Por lo visto Calatrava (o “Napoleóncito”, como se lo conoce entre sus empleados) tiene un ego tamaño Aznar. Imperial, vamos. Que no le tose ni Dios.

  23. Warner

    Triste final para un egocéntrico… su obra es, además de insensata, cara y mortecina desde el inicio. De arquitecto tiene poco, de ingeniero, la soberbia.

    No hace mucho estuve en San Petersburgo, en el Ermitage le tenían preparada una exposición. Para los rusos nuevos-ricos, infames amantes de la ostentación y la lujuria, se les debe de caer la baba con este profesional que encarece sin sentido la sobras, y fallan más que la moto de un hippy.

    Señor Calatrava, una pena que con tan buen comienzo, termine sus días en el ostracismo más absoluto. El primer día que vi el bodrio de Oviedo, no dudé que tanta culpa es la suya, como la de los políticos paletos y ladrones de la vetusta ciudad.

  24. Nintxa

    En el Zubizuri Afaire faltan algunos hechos importantes como que las losetas de cristal se rompen. El ayuntamiento pensaba que era cosa de vándalos, y tuvo durante meses a policía municipal de paisano vigilando el puente por las noches. Pero no, las losetas se rompían solas. Es posible que ese material no soporte la curvatura. Esto es un fallo de concepto importante. También cabe destacar que al ser el puente curvo, cuando llueve y te resbalas, encima corres el riesgo de caer a La Ría, ya que tiene poca barandilla (tan solo unos cables), y que personas afortunadamente no han llegado a caer, pero bolsos y bártulos sí.

  25. Calatrava te la clava. xD

  26. En Oviedo se le conoce como “Pepe Goteras”.

  27. Isaías

    Calatrava es un jeta, así de simple. Vivo en Tenerife y puedo hablar de las obras que hizo aquí: el recinto ferial y el famoso auditorio. Aparte de haber salido por un pico, como todo lo que proyecta el caradura este, adolecen de fallos básicos.
    El recinto es un edificio acristalado, que para una ciudad con luz como es Sta. Cruz de Tenerife puede estar muy bien… si no fuera por el pequeño inconveniente de Sta. Cruz es una ciudad más bien calurosa buena parte del año. Unamos cristal y calor y tenemos un invernadero. Resultado: a ver quién es el guapo que aguanta ahí dentro a cuerpo gentil porque, claro, al genio no se le ocurrió idear un sistema de ventilación adecuado. Un ejemplo: hace unos años me invitaron a una feria de alimentación que se hacía en el recinto ferial y había una cata de vinos. Cualquiera sabe, y si no lo saben ahora se enteran, los vinos hay que catarlos a unas temperaturas muy concretas, según tipos, para que se aprecien como es debido. Prueben a catar vinos con un calor de narices y ya verán en qué se quedan esos caldos: pues eso, en un caldo pero al que sólo le faltan los fideos y los tropezones. Y no es que yo sea un sibarita o un entendido en la materia: no paso de aficionadillo. Pero ese día sí que había gente que entendía del asunto. Y gente influyente en lo suyo. Y, creánme, estaban que no se lo creían.
    Y al auditorio, tres cuartos: sí, muy “espestaculá” con toda esa cresta impresionante y demás. Pero esa cresta pesa una burrada y está perdiendo poquito a poco estabilidad. No lo digo yo, lo dicen los que saben de esto. ¿Y el día que se caiga? Bueno, confiemos en que no pille a nadie debajo. Ya hay precedentes, como hemos leído en el artículo. El atrio principal de la entrada es frío e impersonal, como los ambulatorios “de antes”. Y la sala de conciertos es peor que un potro de tortura: cualquier que haya tenido que padecer sentado un concierto o cualquier otra representación sabrá de qué estoy hablando. ¿Y eso por qué? Pues porque había que embutir ahí dentro a algo así como 1600 personas, whatever it takes. ¿Para qué? Fuentes que hablan off the record dicen que para que Sta. Cruz pudiera presumir de tener el mayor auditorio de Canarias, más que el de Las Palmas de Gran Canaria, que “sólo” acoge a unas 1200 personas. Ese auditorio, el Afredo Kraus, sin duda es menos “espestaculá” que el de nuestro ínclito amigo pero, vaya, cuestión de prioridades, está mejor integrado en su entorno, tiene un interior mucho más cálido y, oh atrevimiento, es cómodo para sus usuarios… abráse visto, tamaña osadía. Claro, lo diseño Óscar Tusquets… Qué sabrá ése…

  28. Maestro Ciruela

    Seguramente este buen hombre, en su infancia debió leer el libro de Ayn Rand (1943) o ver el film “El manantial” (1949) con Gary Cooper haciendo de Calatrava-Lloyd Wright “avant la lettre”. Como resultado de ello, contrajo una empanada mental que se le quedó grabada a fuego. Cabe recordar que la película se tituló en gran parte de Sudamérica y Mexico, “Uno contra todos”. Lo que no sabía el joven Santiaguet es que esos todos se iban a juntar en este lugar a darle de hostias en sus dos lustrosos carrillos. ¡Le está bien empleado por hacer las entregas con goteras! ¡Ja, ja, ja!

  29. Al menos al resto del mundo parece que se le ha caído la venda de los ojos: el estudio de Calatrava ha perdido un importante proyecto en Brasil como consecuencia de los escándalos relacionados con los sobrecostes de sus obras y las chapuzas que ha dejado por toda España a lo largo de su dilatada y poco honorable carrera, y que ha denunciado Esquerra Unida en calatravatelaclava.com. Hay países en los que el arquitecto ya está vetado de por vida: Suecia, Italia, Holanda… Y como la terminal de la Port Authority de Nueva York no le quede niquelada, Santiaguet no puede volver a asomar la nariz por los Estados Unidos, que allí no se andan con chorradas con los timadores. Despídete de que tu estudio se vuelva a presentar a un concurso de diseño en aquellas tierras. Pero como aquí somos así de gilipollas, seguro que le volvemos a dar trabajo, aunque sea diseñando marquesinas de autobús…

  30. Oneyros

    “Calatrava pagará tres millones por fallos en una obra en Oviedo”:

    http://cultura.elpais.com/cultura/2014/02/07/actualidad/1391770032_344115.html

    Suma y sigue. Este pone un circo y le crecen los enanos…

    • Anna Levaura

      En el próximo encargo de los muchísimos que tiene, “inflará” el presupuesto con seis millones de más y todavía saldrá ganando ¡tres millones! ¡¡Y se los pagarán sin rechistar, amigos, porque en el mundo sobran los idiotas!!

  31. JuanLu

    Yo flipé viendo la web http://www.calatravatelaclava.com, cuando descubrí que la pasarela Zubizuri la ha vendido ¡DOS VECES!
    Hay un puente en Murcia que es exactamente igual, tiene las mismas baldosas de cristal y también le han tenido que poner moqueta. Manda güebos…

  32. Calatrava y su obra no habrían sido posibles sin los políticos que le han estado encomendando obras “icónicas” para orgullo de sus votantes, y estos políticos no han hecho mas que aquellos que les da votos, pues este es su objetivo, perpetuarse. Cuando la gente valora más tener la Ciudad de las Artes, que el que sus hijos estudien en barracones (si, miles de niños valencianos estudiando en barracones cuando no había llegado la crisis) y da su voto a quien construye un palacio de la opera por 260 millones, aunque ni le guste la opera ni tenga intención de ir, pero le deslumbra el cascarón… pues ocurren estas estas cosas, que hacemos un edificio que impacte y luego ya veremos que ponemos dentro, como el Ágora de Valencia.

    • M. Miralles

      Sí, pero… Cuando hay tantísima gente -porque no son solo los políticos- que está por la labor, ¿no seremos los cuatro gatos de aquí, los raros? Está claro que gran parte de la humanidad valora positivamente todas estas patochadas, las de aparentar por aparentar cueste lo que cueste. Por eso existen los Calatravas.

      • ¡Huy, sí…! ¡Lo que nos llegábamos a reír Coll y un servidor con esos hermanos! ¡¡Y cuando el feo hacía esas muecas…!! ¡¡¡ES QUE NOS DECOJONÁBAMOS!!!

  33. Plácido García

    Me temo que en el atracón formativo de este artista debió de faltar a clase cuando explicaron ETICA Y ESTETICA. O será que en Valencia y Zurich son materias que no se imparten

  34. Pingback: Calatrava, de aquí a la eternidad

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