Ciencia se escribe con «h»

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Aunque imagino que ya están curados de espanto en lo que se refiere a faltas de ortografía, parece demasiado encajar lo de la «h» en la palabra ciencia. Sin embargo, en unos pocos años, el «h», el índice «h», se ha instalado entre los científicos de todo el mundo como algo imprescindible. Me recuerda un poco a lo que ocurrió en los primeros tiempos de los teléfonos móviles. Algunos se resistieron a usarlos unos años, pero todos acabamos con ellos. Por cierto, que un poco más abajo explico de qué se trata, pero les adelanto que levanta pasiones y sirve para clasificarnos a los científicos.

Los que tengan relación con este gremio (científicos y parientes) sabrán que en general somos cotillas (va con la profesión) y disfrutamos al enterarnos de qué colega es más, o mejor, o parece que haga más, o esté mejor posicionado. Parece que algunos incluso siguen de forma compulsiva su propia posición y la de sus enemigos. Sí, no se sorprendan, en la ciencia y el mundo académico existen abundantes enemistades.

En otras actividades, como el deporte o los negocios, las clasificaciones son muy fáciles de hacer. Por ejemplo, en el tenis los mejores jugadores son los que más partidos ganan, por los que obtienen puntos dependiendo de la categoría de cada torneo. Las empresas suelen clasificar a sus vendedores según el volumen de sus ventas: a mayor facturación, más puntos. Cosas similares se hacen en múltiples actividades humanas, así que por supuesto, la tentación de clasificar y ordenar a los científicos también ha sido muy grande.

Pero aunque hacerlo en la ciencia resulta más complicado, siempre aparece alguien dispuesto a clasificarse a sí mismo y al resto de sus colegas. Inicialmente, se utilizó el número de las publicaciones científicas como patrón de medida. La idea era bien simple, suponiendo que el objetivo del científico es obtener resultados que describe en artículos de revistas especializadas; a más artículos, más producción. Cada científico llevaría un número marcado, el de sus publicaciones, con el que quedaría ordenado dentro de la comunidad. Es conceptualmente tan simple como contabilizar el número de partidos ganados. Pero tiene un problema, ya que cuentan lo mismo los partidos ganados al cuñado que en la final de Roland Garros.

Durante mucho tiempo el número total de publicaciones se ha utilizado para casi todo, desde la adjudicación de plazas al reparto de dinero. Esto llevó a todos los jóvenes científicos a publicar a cualquier precio, cualquier cosa y en cualquier revista. Si alguien se atrevía a no hacerlo estaba abocado al fracaso. No ha sido un mal únicamente español, aunque aquí como siempre hemos sido más papistas que el papa. En realidad, en casi todas las instituciones del mundo se contrató a alguien solo porque tenía más artículos que sus contrincantes. Y casi todos los científicos hemos padecido en algún momento la enfermedad de la «paperitis extrema». Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra, y no seré yo quien lo haga, por supuesto. El método de clasificación de los científicos influye en la propia forma de hacer la ciencia y en su desarrollo. Las disfunciones de contar simplemente el número de artículos han sido tantas que se ha quedado obsoleto. El siguiente paso fue clasificar las revistas. Se ordenaron de acuerdo a su índice de impacto, que mide el número de veces que sus artículos son mencionados. La idea es que cuantas más citas recibe un artículo, más impacto tiene y por lo tanto es mejor. Esto es generalmente así, salvo en algunos casos donde los resultados, o las conclusiones, son falsos y reciben citas por ser incorrectos. Cada científico se ordenaría con un parámetro obtenido como la suma ponderada de sus artículos dependiendo del impacto de cada revista. Este método es más refinado, pero no es lo ideal. Un individuo podría tener publicaciones en una revista de alto impacto que nadie haya citado jamás. Una mejor opción es contar directamente las citas que cada científico recibe. Jorge Hirsch, físico de la Universidad de California en San Diego, propuso en un artículo titulado: «An index to quantify an individual’s scientific research output», un índice para clasificarnos. Un científico tiene índice «h», si un número «h» de sus trabajos tiene al menos «h» citas cada uno, y el resto de sus trabajos tienen como máximo «h» citas cada uno. Así, si usted ha publicado diez artículos que han recibido cada uno de ellos más de diez citas, su índice «h» será diez. Esto es independiente de cuál sea el total de artículos. Un científico con diez artículos, todos con diez o más citas, tiene un índice «h» de diez. Alguien con cien artículos, de los que solo diez tienen más de diez citas tendrá también el mismo índice «h» de diez. Esta métrica favorece a los científicos que son ampliamente citados, pero también a los que tienen una alta productividad total. Como ejemplo, alguien con único trabajo citado miles de veces, tendrá un incide «h» de uno.

Como muchas de las cosas más interesantes, el índice «h» tiene tanto valedores como detractores. A mi me parece obvio que su uso universal no es adecuado y que la comparación entre disciplinas es difícil. No es lo mismo en un área muy productiva y numerosa (biología celular) que en un área relativamente pequeña. Es bueno comparar entre áreas y no salirse del tiesto en comparaciones muy generales. Favorece a los más viejos pues solo puede ir aumentando con el tiempo, aunque no se haga nada más, y no caduca. Pero esto tiene fácil solución, comparando entre franjas de edades o dividiéndolo por los años de carrera.

Una de las razones por las que a mí me gusta es su potencial para poner rápidamente a cada uno en su sitio. Es decir, gente que presumía de ser grandes científicos en algunos entornos quedan al desnudo con su raquítico «h». Cuando se quiere saber aproximadamente quién es quién en ciencia, basta con buscar su índice «h». Ya siento que se están preguntando hasta qué punto alguien con un índice «h» alto es un buen científico. Lo que sí está bien contrastado es que los buenos científicos tienen un alto «h». El propio Hirsch en su articulo original ya indicaba que la mayoría de los premios Nobel tienen muy altos índices «h». Esto demuestra que en general las carreras continuas y largas suelen generar también los descubrimientos más importantes. Por supuesto, existen excepciones a esta regla.

La forma más fácil de encontrar el índice «h» es la búsqueda en Google Scholar, aunque proporciona un valor bastante mayor que la Web of Science (requiere una subscripción institucional). Por ejemplo, en mi propio caso, mi «h de google» actual es 54, y en Web of Science 42. Esto es tenerlo largo o corto, quizá se pregunten. Aunque no hay normas fijas y depende mucho del campo de trabajo, un «h» (en Web of Science) superior a 20 se corresponde con un buen científico profesional que podría estar en cualquier institución del mundo.  Un consejo final, usen el «h» con moderación.

almendro

10 comentarios

  1. Pingback: Ciencia se escribe con h

  2. viruela

    como bareman los equipos?

    • Pablo Artal

      Si, es posible usar el indice h para evaluar grupos, universidades, etc… La idea es la misma, aunque en mi opinion su mayor potencial es en la evaluacion individual.

  3. Mantecorso

    No entiendo el funcionamiento de google scholar.

    Pones el nombre del científico y salen sus artículos, pones la categoría y salen las revistas, pero la puntuación del científico en su categoría no.

    Bueno, la h no sale por ningún lado.

  4. O sea, a ver si lo entiendo, que el valor de un trabajo científico se mide no por sus resultados empíricos sino por el número de votos (citas en revistas, etc. ), como en la política. Y conste que no tengo nada contra los votos…en la política, como aquí de demuestra
    http://antoniopriante.wordpress.com/2013/05/05/la-gimnasia-con-la-magnesia/

    • No son estrictamente votos: las citas se realizan cuando alguien reutiliza parte de tu información para su propia teoria, luego idealmente las citas miden la “utilidad” de tu trabajo.

      Por ejemplificarlo, si mi artículo consiste en un nuevo método para sintetizar una sustancia, todos los que utilicen ese nuevo método de sintetización me citaran, por lo que el número de citas revela lo útil que mi trabajo ha sido con otros colegas.

      Aunque a nivel general funciona, el sistema de citas tiene sus problemas. Un cientifico que se dedique a la investigación básica obtiene de forma natural más citas que otro que se dedique a investigaciones más específicas. Por otro lado, el sistema esta más implementado con el inglés, que si bien es el idioma académico por excelencia, en algunas areas es absurdo (Derecho constitucional frances, lingüistica eslava…).

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  6. joanclaris

    para el cálculo del índice h se tiene en cuenta la contribución del autor en el artículo? es decir, no tendría que tener el mismo valor ser primer autor, último autor o autor de relleno, no?

    • Pablo Artal

      Joanclaris, este es un aspecto muy importante, que en efecto, no esta considerado por el uso estandar del indice h. La posicion de cada autor (o su contribucion) no importan.
      Otro asunto relacionado es que tampoco se discrimina entre la calidad, o el impacto, de los articlos. Computa de igual manera algo extraordinario, como algo falso o erroneo.
      A este respecto, yo sugeri hace algun tiempo modular el peso de cada trabajo. Aqui tienes un poco mas de informacion sobre esto:
      http://blogs.osa-opn.org/BrightFuturesBlog/post/Are-All-Citations-Created-Equal.aspx

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