Grandes misántropos - Jot Down Cultural Magazine

Grandes misántropos

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Varg Vikernes en 2009. Fotografía: Rustem Adagamov (CC).

El diccionario de toda la vida (que no la Wikipedia) dice que el misántropo es una «persona que, por su humor tétrico, manifiesta aversión al trato humano». Una definición que resulta un tanto obsoleta y hasta cómica, si tenemos en cuenta las cotas que ha alcanzado la insociabilidad en nuestros días. Si nos guiáramos por ella, la mayoría de los habitantes del mal llamado primer mundo podríamos ser tachados de misántropos. Somos legión los que vivimos aislados en cuevas de hormigón, esquivando a nuestros desconocidos vecinos como si tuvieran la peste bubónica e interactuando con el prójimo a través de maquinitas, sin rozarlo salvo para la cosa sexual y a veces ni eso.

Y los comportamientos insociables son más extremos cuanto más sofisticada es la sociedad en cuestión. En Japón, por ejemplo, brotan como setas los hikikomoris, modernos anacoretas que solo se comunican con el mundo exterior a través del ordenador, los videojuegos on line y otros inventos. En Occidente tampoco somos mancos y desde que las redes sociales son los nuevos bares, poco nos falta para ser autistas. También los guionistas de la tele, de ahí la proliferación de personajes de ficción tan bordes como Sheldon Cooper (The Big Bang Theory), Rust Cohle (True Detective) o Bender Bending Rodríguez (Futurama). Personajes que pese a su presunta misantropía (o precisamente por ella) nos caen muy simpáticos.

Pero en esto de la misantropía también hay clases, grados y tamaños. Y hoy vamos a hablar de misántropos como la copa de un pino de grandes. Ases del pensamiento egoísta que viven o vivieron de espaldas al mundo rumiando un rencor mayúsculo. Genocidas en potencia que a veces (solo a veces) cruzan la línea del pensamiento hostil para caer directamente en el crimen. Apóstoles de la revolución antihumana. Estetas que transformaron su odio indiscriminado en arte bruto. Por separado no constituyen una gran amenaza y, dado que son gentes de pocos amigos y no todos pertenecen al mismo segmento espacio-temporal, es poco probable que se junten en un supergrupo de supervillanos. Si lo hicieran, como lo hago yo en este artículo, podrían ser la avanzadilla que desencadenara el temido Fin de los Tiempos.

«Detesto al género humano y sus fingimientos y suciedades». H. P. Lovecraft

El nihilista, misógino, islamófobo, gabacho y, en definitiva, misántropo escritor Michel Houllebecq da en el clavo al definir a Howard Phillips Lovecraft (Providence, 1890 – Ibídem, 1937) como «un misántropo amable y un materialista visionario. El mundo le enfermaba y no veía ninguna razón para creer que mirando las cosas con mejor perspectiva pudieran parecer diferentes».

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H. P. Lovecraft (DP).

En realidad, la obra de Lovecraft nace de un odio-asco-miedo que no se limita al mundo, sino que va más allá de las fronteras de la Vía Láctea. Para destilar esta aversión, el autor de En las montañas de la locura creó una mitología plagada de todopoderosos y aberrantes seres que solo buscan la merecida ruina de nuestra especie.

No es extraño, pues, que Lovecraft fracasara estrepitosamente en su único conato de relación amorosa y que pasara la mayor parte de su vida solo entre cuatro paredes, durmiendo, leyendo, escribiendo o papando moscas. Eso no quita para que tuviera un raro sentido del humor, muy palpable en su obra, y algunos camaradas de letras con quienes se comunicaba por correspondencia.

Pero cualquiera que se lea la biografía de Lovecraft escrita por L. Sprague de Camp, comprobará que la animadversión de H.P. por sus congéneres era genuina. Y de ello dan fe parrafadas como esta: «Estoy tan bestialmente cansado de la humanidad y del mundo que nada me puede interesar a menos que contenga un par de asesinatos en cada página u ofertas de horrores innombrables e inexplicables más allá de los universos externos».

«La humanidad es un parásito». Nicolas Claux

Pocos misántropos han llegado tan lejos como Nicolas Claux (Camerún, 1972), «Nico» para sus no-amigos y «el Vampiro de París» para la historia. Y eso que, más que un vampiro, era lo que el foclore árabe llamaría «gul» o demonio necrófago.

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Nicolas Claux. Fotografía: Murderpedia.org.

Greñudo, tatuado, satanista y con pinta de heavy, Nico fue detenido por robar sangre de un hospital, profanar tumbas y matar a tiros a un homosexual. Los agentes que registraron su apartamento encanecieron con lo que allí encontraron: dientes humanos por el suelo, vértebras y huesos colgando del techo, la nevera llena de bolsas de sangre, un tarro con cenizas humanas encima de la tele, revistas y vídeos sadomasoquistas por todas partes. Debajo de la cama, el arma homicida y una mochila con instrumental quirúrgico. Le cayeron doce años.

Orgulloso de sus peripecias, en la cárcel redactó textos como «El manifiesto vampírico» (publicado en castellano por Valdemar, dentro de la antología Nueva Cultura del Apocalipsis, de Adam Parfrey), donde afirma que el homo sapiens es una plaga letal para el planeta, y que le corresponde a «superdepredadores» como él, bendecidos con un ADN neanderthal, equilibrar la balanza: «Mi tarea es regular la raza humana. Mi programación genética me dice que cace, mate y coma ganado humano».

En la actualidad, Nico está libre y vive en Dublín, donde sublima sus impulsos homicidas pintando cuadros de asesinos, crímenes y autopsias. Su lista de fobias permanece intacta: «Odio los coches, los deportes de equipo, la tecnología, la superpoblación, los gilipollas, los gordos, la gente maleducada, la gente que se cree guay porque lleva anillos en los pezones…». Y un largo etcétera.

«Saborea el sufrimiento, disfruta del infortunio de los demás». Boyd Rice

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Boyd Rice. Fotografía: Boydrice.tumblr.com.

Artista, fotógrafo, músico, escritor, cineasta, actor, orador, pinchadiscos, diseñador… Podríamos considerar a Boyd Blake Rice (Lemon Grove, California, 1956) como un renacentista apocalíptico. Ha tocado todos los palos, siempre con ánimo de hundir a la humanidad en la miseria. Su prosa, derramada en libros como No o Standing in two circles insulta a la gente y escupe al establishment. Botón de muestra: «A medida que los inferiores marcan los planes, todo el mundo queda reducido a ser tratado igual que el escalón más bajo de este idiotizado estado niñera».

En cuanto a su música, Rice ha grabado decenas de discos, que van desde el noise rompetímpanos al spoken word suicida. Su ira alcanza cumbres insospechadas en «People» (pieza incluida en el disco Music, Martinis and Misanthropy, 1990), donde propone exterminar a todos los lentos, idiotas, mentirosos y feos del mundo, mediante un «jardinero de acero» que, como Genghis Khan, Hitler, Nerón, Mussolini o Vlad el empalador, se encargue de «podar» al mundo de la gente que sobra.

Pero todos envejecemos. Y en los últimos tiempos este gran misántropo ha aflojado un poquito su aversión por el prójimo. En una reciente interviú para la revista Vice asegura que «antes sentía mucha rabia. Me encantaba incomodar a la gente. Hoy aún puedo ser cruel, pero un señor de mi edad no se va a levantar cada día y hacer que otra persona se sienta como una mierda. Ya no es divertido».

«La tragedia del mundo se sirve en mi fiesta». Varg Vikernes

Por si aún queda algún bendito que no lo sepa, Varg Vikernes (Bergen, 1973), alias Conde Grishnackh, es el fundador y único miembro de la «banda» de black metal y dark ambient Burzum, cuyo primer disco fue publicado por el sello Misanthropy Records. Sus letras son una mezcla de nacionalsocialismo, paganismo, ultraviolencia, ufología, nihilismo y ocultismo, berreadas con horrísonos y macabros shrieks.

Varg Vikernes. Fotografía: Rustem Adagamov (CC).

En «War», por ejemplo, Varg chilla «estoy en un terreno invernal rodeado por cientos de cadáveres y de heridos que se arrastran impotentes por todas partes en el suelo nevado manchado de sangre». Parece un buen plan para el fin de semana, ¿no?

Lo cierto es que Burzum ha grabado grandiosos discos de black metal, pero no sería una leyenda si no hubiera quemado tres iglesias y matado a un compinche que atendía por Euronymous. Por estos delitos, la ley noruega, que quería escarmentar a toda la escena blackmetalera, condenó a Vark a veintiún años de cárcel, de los que cumplió quince. En el trullo, el atormentado artista de ojos azules se entretuvo escribiendo el ensayo Vargsmal donde, entre otras cosas, se caga en todas las personas de ojos marrones: «Si miro unos ojos marrones, bien podría estar viendo un culo; el marrón es el color de la mierda».

Ahora, Burzum vive en el bosque con su familia, pero sigue en sus trece, como demuestran sus dos últimas obras, el disco de electrónica pagana Sol austan, mani vestan y el ensayo tradicionalista Sorcery and religion in ancient Scandinavia. En una de las entrevistas concedidas a Michael Moynihan y Didrik Soderlin para su libro Señores del caos (publicado en España por Es Pop), Burzum explica que «puedo ser muy brutal, pero también muy cariñoso. Por una parte, puedo cargarme a esos idiotas con solo chascar los dedos y sin que me importe un pijo; por otra parte, puedo jugar con mi hija».

«Los seres humanos no somos sino recintos de tripas tibias a medio pudrir». Louis-Ferdinand Céline

¿Puede un médico, cuyo fin existencial es salvar vidas, ser un misántropo de campeonato? Pregúntenle a Gregory House, a Josef Mengele o a Louis-Ferdinand Destouches «Céline» (Courbevoie, 1894-Meudon, 1961), matasanos metido a juntaletras (o viceversa) que ejerció ambos oficios con idéntico escepticismo.

Louis-Ferdinand Céline. Fotografía: Meissure / BNF (DP).

En su descomunal novela Viaje al fin de la noche, el protagonista (su alter ego Ferdinand Bardamu) es un médico cuya profesión no le impide sentir una visceral repugnancia por sus pacientes y el mundo todo. Escrito con un lenguaje sórdido, sin escatimar palabrotas y exabruptos, el libro es un demoledor mazazo a la humanidad.

Céline nació en la más absoluta pobreza y sufrió graves lesiones en la Primera Guerra Mundial que lo torturarían de por vida, agriándole el carácter. La cosa no mejoró en la Segunda Guerra Mundial, tras la cual el escritor fue acusado de colaborar con los nazis. Exiliado en Dinamarca, se volvió cada vez más conservador, huraño y antisemita. En el panfleto «Bagatelas para una masacre» tacha a los judíos de «racistas, hipócritas, cortos de luces, frenéticos, maléficos».

De vuelta en Francia, absuelto pero repudiado por sus compatriotas, Céline se instaló en el extrarradio parisino junto a tres perros, dos gatos, un loro y una mujer. Allí siguió escribiendo, alimentado por el odio que recibía de sus congéneres, un odio que él regurgitaba sobre papeles y grabadoras. Las siguientes frases corresponden a una de sus últimas entrevistas, concedida a Marc Hanrez en 1959: «Siéntese en una terraza, observe a la gente: desde el primer vistazo descubrirá todas las especies de distrofia, incapacidades groseras. ¡Son repugnantes, da lástima verlos! Además son feos en todos los países».

«Es tu naturaleza, el máximo placer: matar, matar, matar». William Bennett

William Bennet. Fotografía: MACBA (CC).

En 1980, un adolescente llamado William Bennett (Londres, 1962) fundó Whitehouse con el objeto de «crear un sonido que pudiera obligar a la audiencia a la sumisión». Tras juntarse con Philip Best (de catorce años) lo logró con creces. Y cualquiera que haya asistido a un concierto de Whitehouse sabrá de lo que hablo: más de una hora de ruido blanco, frecuencias subsónicas graves y efectos electrónicos que castigan hasta el aparato auditivo más curtido. En medio del caos, los alaridos de William Bennett gritando cosas que harían sonrojar al mismísimo Marqués de Sade. Cosas como (traduzco) «vas a morir, basura, sangre chorreando de tu culo, te voy a quemar con mi follada, joder debo matarte, caerás, so puta, mientras como tus tripas follaré tus heridas, tu chocho mea sangre, so guarra, follando sangre. Joven clítoris, joven cadáver». En fin, más que un concierto, una sesión de sadomasoquismo auditivo.

En los años noventa, el dúo se convirtió en trío al incorporarse el polémico escritor y creador del fanzine Pure Peter Sotos, que aguantó hasta 2002.

A lo tonto, Whitehouse han grabado más de veinte discos y continúan en activo, aunque Bennett anda más volcado en su proyecto paralelo Cut Hands, una mezcla de ruido y percusiones africanas bastante menos cruel con el oído humano.

«Si hubiera un botón que pudiera apretar, me sacrificaría sin vacilar si eso significara la muerte de millones de personas». Pentti Linkola

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Pentti Linkola. Fotografía: Soppakanuuna (CC).

Según los últimos informes filtrados de la ONU y la NASA, la civilización occidental se hundirá «en algunas décadas». ¿Las causas? El calentamiento global, la sobreexplotación de recursos, las enfermedades ligadas a la mala alimentación, la desigual distribución de la riqueza… la superpoblación.

Verdad o mentira, todas estas cosas lleva décadas diciéndolas el pescador y escritor ecofascista Kaarlo Pentti Linkola (Helsinki, 1932), que piensa que «el mayor enemigo para la vida es el exceso de vida». Entre 1955 y 2004, escribió una decena de libros en los que analiza el desesperado estado de la Tierra y expone las medidas que, a su juicio, acabarían con todos los problemas. A saber: reducir el número de seres humanos a un 10% de lo que es ahora (a través de la eugenesia, el genocidio y el aborto), desmontar la democracia (que el llama «religión de la muerte» por traernos el libre mercado), repoblar los bosques, desindustrializar el mundo y, por último, ponerlo en manos de una élite intelectual que administre los recursos renovables para que los pocos supervivientes puedan gozar de un nivel de vida similar al del Medievo.

Los libros de Linkola solo pueden leerse en finés, aunque están trabajando en su traducción. Entretanto, hay una selección de textos suyos en inglés en www.penttilinkola.com Por lo demás, el tiempo no pasa en balde y el bueno de Pentti es ya un pensionista de ochenta y dos años, pero sigue pescando, escribiendo y soñando con el estallido de la Tercera Guerra Mundial.

«Todo dios es mi enemigo. Joder. Odio a todo el mundo». GG Allin

Es curioso: el punkarra más burro que ha caminado sobre la faz de la tierra fue bautizado por su santo padre como Jesus Christ; un nombre que su madre, una vez divorciada, le cambió por Kevin Michael para evitar la mofa, la befa y el escarnio. Pero él se quedó con la abreviatura GG, que es como le llamaba su hermano.

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GG Allin.

Desde crío, GG Allin (Nueva Hampshire, 1956 – Nueva York, 1993) se dedicó a delinquir y a tocar la batería. Cuanto más crecía, más se torcía, con continuos episodios violentos, líos de drogas y visitas al calabozo. Hacia 1984, harto de tocar en grupos, se lo montó en solitario, fiel a su filosofía misántropa: «No creo en amistades o relaciones, solo convierten a una persona en alguien débil. Odio a la gente. No soy sociable. Soy una serpiente, fría y dura». Fue entonces cuando se empezó a forjar ese fétido personaje que no se bañaba, se alimentaba de droga y componía canciones como (traduzco) «Legaliza el asesinato», «Zámpate mi diarrea» o «Brutalidad y baños de sangre para todos». En sus conciertos se automutilaba y tomaba laxantes para cagarse y revolcarse sobre su propia mierda. Normalmente, la policía lo sacaba del escenario antes de la cuarta canción.

En 1989, GG torturó y violó a una fan y tuvo que pasar una temporada a la sombra. Aburrido, aprovechó para escribir El manifiesto de GG Allin, donde acusaba a los Sex Pistols, a Iggy Pop y a los Ramones de vendidos, y soltaba cosas como «la única carrera que me importa es la criminal. Que se joda la ley y el gobierno. Nunca me someteré a esos jodidos cerdos. Todo lo que tengo cabe en una maleta y no tengo dirección. Nada me ata. No hay reglas para mí».

En cuanto lo soltaron, GG se afeitó la cabeza y el cuerpo. Los únicos pelos que conservó fueron los de un trozo de bigote, que se tiñó de rojo. Se volvió más loco que nunca. Pero al sistema capitalista le tiras una piedra (o una caca) y te la devuelve con su etiqueta y su precio. Y GG Allin acabó saliendo en la tele y cobrando mil dólares por concierto. Ya solo le quedaba reventar. Y así lo hizo: se lo llevó un caballo llamado muerte.

«¿Puedes imaginar una aspiración moral más alta que destruir los sueños de alguien con una bala?». Jim Goad

Jim Goad. Fotografía: Jimgoad.net.

Con las revistas ya escleróticas e internet aún en pañales, los años noventa fueron la edad de oro de los fanzines. Uno de los más peculiares fue ANSWER Me!, publicado por Jim Goad (Ridley Park, Pennsylvania, 1961) y su esposa Debbie, un matrimonio fascinado por las patologías. En las páginas de su criatura solo cabían temas como el suicidio, la violación, la pedofilia, la deformidad, la amputación o el asesinato, cosa que les trajo más de un problema con la justicia y tuvo una malsana influencia en sus lectores. Tras leer el «Especial suicidio» del fanzine, tres neonazis ingleses se quitaron la vida. Y la policía detuvo en Washington a un tipo que disparaba contra la Casa Blanca y llevaba en el bolsillo un recorte de ANSWER Me!

Goad era periodista y montó el fanzine para publicar las machadas que no tenían cabida en Playboy, Details y otras revistas en las que colaboraba. Pero su obsesión con la locura y la violencia se le fue de las manos. Empezó a maltratar y amenazar de muerte a su mujer, mientras mantenía una relación paralela con Anne «Skye» Ryan, una lectora de su fanzine que él mismo describió como «quince años más joven que yo y cien veces más jodida». El desquiciado juntaletras tardó poco en cambiar a Debbie por Anne, la horma de su zapato, que solía decirle que «follas tan fuerte como escribes». Y tan salvajes eran sus polvos que acababan como el rosario de la aurora. En su bronca definitiva, Anne acabó en urgencias con la cara machacada y el cuerpo lleno de moratones, heridas y mordiscos. Goad se declaró culpable y fue a la cárcel, donde parió el texto «Atropellada», que reconstruye y celebra la paliza que le pegó a su ex con frases como «Tu cara es el lienzo. Mi puño es el pincel» o «¿Mereció la pena? Por supuesto. Por el miedo en tus ojos».

Tras salir de la trena, escarmentado pero no arrepentido, Goad formó una familia y retomó el periodismo profesional. Sus obras más cafres continúan reeditándose y tienen fans tan ilustres como Chuck Palahniuk.

«Desde el principio de los tiempos hasta el fin de la humanidad… yo follo y yo mato». Jun Hayami

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Una viñeta de Jun Hayami.

Dentro del hentai (cómic guarro japonés) el subgénero más desviado es el ero-guro, que plasma en sus viñetas orgías de torturas, sangre, mutilaciones y desfiguraciones con todo lujo de detalles, en una suerte de snuff movies de tinta y papel.

En España se han publicado muchas cosas del experimental Shintaro Kago y del granguiñolesco Suehiro Maruo, pero la obra del hikikomori Jun Hayami (Hiroshima, 1978) solo es accesible a través de webs piratas tipo www.guromanga.com. Puede que Hayami no sea tan sofisticado e innovador como sus colegas, pero es bastante más hijoputa. Títulos como «Un buen día para morir», «Trozo de carne de dieciséis años» o «Una hija fea como yo» tienen en común la plasmación de tortuosos y brutales actos de violencia sexual con una estética guarrísima y una ética que brilla por su ausencia. Pornografía misántropa que, página a página, nos viene a decir que el mundo es un gurruño de papel higiénico usado donde solo existen presas y depredadores.

En la mayoría de los mangas de este señor no hay ni gota de humor, aunque sí cierta melancolía en los rostros de las víctimas. Solo en la serie Jun no Koufuku na Hibi, utiliza cierta guasa sardónica para retratar a un pervertido que se llama como él y que consigue placer de las formas más excéntricas y retorcidas. Este toque autobiográfico dice mucho de su autor y, por extensión, de todos los grandes misántropos. Como dijo el visionario J.G. Ballard sobre uno de sus personajes, «su profunda misantropía era solo un reflejo del imperecedero desprecio que sentía por sí mismo».

32 comentarios

  1. Pingback: Grandes misántropos

    • He visto tu enlace:
      ¿Comunicarte con los demás para decir que no debes comunicarte con los demás?
      ¿Decirles a los demás que deben hacer caso de lo que les dices para ser unos seres que no hacen caso de lo que les dicen?
      Eso ya está inventado.

  2. Una cosa que me resulta curioso de todo este grupo es que para ser gente que odia a todo el mundo se esfuerzan mucho en establecer una especie de comunicación con la sociedad, bien sea a través de libros, discos, redes sociales, entrevistas… Parece como si en el fondo necesitasen saber que causan un cierto efecto en los demás. Claro que debe ser jodido sentir que odias a todo el mundo y que a nadie le importa una mierda.

  3. Yo conozco a Boyd Rice, platiqué con él en Portugal, en Sintra. Una persona sumamente amable que no se toma a si mismo muy en serio, aunque no por eso deshonesto en su discurso.

  4. Leeré el texto con detenimiento, pero en principio no me parece lo más acertado ilustrar un artículo sobre misantropía con una foto de Vikernes, que más pasaría por un ultranacionalista racista trastornado que por misántropo propiamente dicho.

    Un saludo.

  5. Entonces, ¿eso que me pasa a mí que cuando veo a un grupo de más de cuatro, y ya no digamos gente a barullo manifestándose por cualquier tema en la calle, los ametrallaría o los volaría a bombazos… eso es nihilismo y misantropía? ¿Es eso?

  6. Muy buen artículo aunque, entre los misántropos de la música, echo de menos a este gran personaje

    “El 12 de Octubre de 2004, Putnam fue hospitalizado luego de ingerir una mezcla de cocaína, alcohol, heroína, y una dosis equivalente a dos meses de pastillas de dormir. Se ha reportado que estuvo contemplando el suicidio días anteriores a lo sucedido, aunque las circunstancias exactas en torno a la sobredosis son imprecisas. La reacción de Putnam a su irónico estado de coma -el disco I Like It When You Die contenía una canción titulada “You’re in a Coma” (Estás en Coma) – fue publicada en Boston Phoenix: “En realidad, resultó ser tan gay como la canción que escribí hace nueve años – estar en coma fue tan estúpido como yo lo había escrito.”

    http://es.wikipedia.org/wiki/Seth_Putnam

    ¿No es adorable?

  7. Coincido con Eladio. En mi opinión el autor del artículo, con la mayoría de los personajes que describe para ilustrar el término, confunde psicopatía con misantropía.

  8. Esa foto de Varg Vikernes con los peluches y el cuadro de las princesas Disney es impagable!! Os habéis ganado mi respeto, si señor. O vikernes no es tan misántropo o estáis insinuando que la imaginería Disney es lo más antisocial del capitalismo donde vivimos.

    saludos Disney

  9. Aunque no es comparable a estos casos, es bueno acordarse también de Jonathan Swift y sus contínuos ataques al género humano en sus escritos. En “A modest proposal” sugiere (de manera bastante sarcástica) comerse a los recien nacidos para terminar con la hambruna en Irlanda y en el último viaje de Gulliver al país de los Houyhnhnms donde los seres racionales son los caballos y los Yahoos (humanos) los seres sucios e irracionales. Ésta última parte de los viajes de Gulliver es incluso censurada o eliminada de manuales infantiles por su excesiva carga anti-humanos.

    • Ni punto de comparación oiga, Swift practicaba la boutade con finura de esteta.
      Estos son otra cosa.

  10. «A medida que los inferiores marcan los planes, todo el mundo queda reducido a ser tratado igual que el escalón más bajo de este idiotizado estado niñera». Boyd Rice

    Esto forma parte de la ideología que domina actualmente el mundo.
    Incluso se pueden leer artículos de nuestro presidente sobre esa “estirpe elegida”.

  11. Puede haber misantropía sin enfermedad mental.

    De nada.

  12. Pingback: Las mayores locuras financiadas mediante crowdfunding - Seventy One

  13. El artículo contiene algunos elementos de interés, pero como ya han apuntado otros lectores una cosa es ser misántropo y otra muy distinta es ser un asesino o un psicópata. Creo que se puede odiar al género humano y no matar a nadie, ya sea por pereza o por cobardía. Si como bien se indica al final del artículo la aversión hacia los congéneres es una abstracción de la repugnancia hacia uno mismo lo más coherente que uno puede hacer es matarse, véase Kurt Cobain.

    Por otro lado Cèline podría ser calificado de antisemita o incluso de nihilista, pero difícilmente se puede etiquetar de misántropo a alguien que dedicó sus conocimientos de medicina a ayudar a enfermos marginales, sería una contradicción in términis.

  14. El artículo propone un tema interesante, pero como ya han apuntado otros lectores una cosa es ser misántropo y otra muy distinta es ser un asesino o un psicópata. Creo que se puede odiar al género humano y no matar a nadie, ya sea por pereza o por cobardía. Si como bien se indica al final del artículo la aversión hacia los congéneres es una abstracción de la repugnancia hacia uno mismo lo más coherente que alguien puede hacer es matarse, véase Kurt Cobain.

    Por otro lado Cèline podría ser calificado de antisemita o incluso de nihilista, pero difícilmente se puede etiquetar de misántropo a alguien que dedicó sus conocimientos de medicina a ayudar a enfermos marginales, sería una contradicción «in términis».

  15. Se le abren a uno las carnes (que diria Azua) con esta colección de niños enfurruñados pidiendo que alguien les quiera, se fije en ellos, “mama, mama, mira! mira lo que hago… que no estás mirando jo…!
    Que ternura.

    • Exacto. Los misántropos de verdad no escriben libros (¿para que los lea quién?), no dan conciertos, no se dejan hacer fotos y no explican su misantropía a nadie. Estaría bueno.

  16. Pingback: Anónimo

  17. Creo que habéis juntado churros con merinas… mezclar algunos psicópatas politoxicómanos con un personaje de la talla de Lovecraft me parece, como mínimo, desacertado. De acuerdo, Lovecraft era misántropo, pero era muchas cosas más, y su odio no era a la humanidad sinó al contacto, a que lo molestasen, a que no le interesara la creación humana. Más que odio es sufrimiento, debe ser duro querer empaparse de humanidad y que no te interese… Los demás, la mitad no les iría mal recurrir a un profesional de la psiquiatría, poner cosas como “estar rodeado de cadávares en una nieve manchada de sangre”, o algo así, es bastante burdo – aparte que poco imaginativo, parece un videojuego pasado de vueltas-. En fin, Lovecraft era de otra pasta. Igualmente ánimo con la revista.

  18. Hasta algo sobre colgaretas (permitame la expresión) lo haceis bien….

    P A R A B I E N E S al autor!

  19. quitando a Lovecraft y a Celine los demás no son grandes misántropos, son grandes retardeds

    Pd: Bender J. Rodríguez fuera de la lista por robot. Es filorobótico (robopolinguis sobre todo)

  20. Uno de los primeros misántropos: Isidore Ducasse, comte de Lautréamont. Ha escrito los muy aclamados “Cantos de Maldoror”. Quedaría ponerle aquí en primera plaza.

    Lo interés está (me parece) en hablar de aquellos artistas que fueron misántropos y cuya misantropia se refleja en una obra con algun valor. Dudo de que las obras de algunos de los escogidos aquí tengan mucho valor.

  21. Juntar a Lovecrafy y a Céline con la otra cuadrilla de retrasados viscerales que nada o muy poco han aportado me parece casi una blasfemia.

    Psicopatía no es misantropía.

    Otro misántropo era Robert Walser y no era un desquiciado.

  22. Pingback: Del odio considerado como una de las Bellas Artes - Jot Down Cultural Magazine

  23. Maravilloso articulo, la mayoría de los autores ya los conocía esceptuando a Pentti Linkola y al “Vampiro de París” detrás de los misantropos a menudo se esconden grandes humanistas y viciversa.Hecho de menos a Thomas Ligotti y Joe Coleman.Siempre que se habla de Jim Goad y Peter Sotos me interesa muchisimo no eran muy conocidos en la epoca de Pre.Internet y ahora son de mis autores favoritos. —Un saludo

  24. No creo q la misantropía lleve consigo las ganas d destruir. Creo q es más incapacidad personal, porq no x escribir libros o grabar discos se supone una mayor comprensión d la gente.

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