Jot Down Cultural Magazine – Insurrecto dandi inglés

Insurrecto dandi inglés

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Fotografía: Hulton-Deutsch Collection / CORBIS.

La indeterminación produce la distinción, decía Baudelaire. Probablemente las palabras de l’enfant terrible francés fueran lo único que los señoritos eduardianos de la Inglaterra de los años cuarenta se tomaran en serio. Bellas palabras como bandera poética para una vida tan poco ejemplar.

Pero la primera vez que se usa el término enfant terrible no fue en Francia, sino en EE. UU. La primera persona que lo empleó fue el presidente de EE. UU. Thomas Jefferson, quien lo acuñó para describir al arquitecto (de origen francés, de ahí que esta expresión se diga en la lengua gala) Pierre Charles L’ Enfant, quien poseía belleza, talento, pero era testarudo y tenía un carácter incorregible. Estaba definiéndonos lo que años más tarde sería el carácter del genio indomable, brillante y rebelde: Rimbaud, Baudelaire, y Houellebecq mucho después… el germen de una larga lista de tipos complejos, pero también un estilo de vida, una rutina de principios indeterminados. Una norma de armario.

El origen poco analizado del dandi inglés, del figurín de estilo de la posmodernidad, comienza a finales de los años cuarenta cuando una sastrería de Londres —Saville Row Tailor— intenta revivir el estilo de vestir del hombre de la llamada «era eduardiana» (del reinado de Eduardo de principios del siglo xx). El estilo propuesto se lanzó como reacción al predominio de la imagen sobria y gris propia de la etapa de restricciones vivida en los años de la guerra y posguerra, una paradoja, porque el resultado sería aún más turbio. Fue una actitud contestataria de la alta clase inglesa ante las imposiciones restrictivas del Gobierno británico. Jóvenes ricos, estudiantes de Oxford o exoficiales del ejército comenzaron a vestirse con esmero, con conjuntos impecables de larga chaqueta, chaleco fantasioso y pantalones estrechos. En aquel momento, fue poco más que una rabieta de niños bien.

Llegaron los años cincuenta, la posguerra y el hollín. Y aunque la sociedad de consumo —ya en marcha en EE. UU. desde la década de los treinta-cuarenta— no entró a fondo en Inglaterra hasta principios de los años sesenta, la prosperidad comenzó a sentirse en la vida de la mayoría de las familias británicas. Por primera vez adolescentes de clase trabajadora podía permitirse tener buena ropa, una bicicleta o una motocicleta y dedicar el ocio a actividades de entretenimiento. Algo había cambiado. Jóvenes de familias de clase trabajadora, de los barrios del sur de Londres, que decidieron, en su tiempo libre, reunirse y comenzar a establecer maneras de actuar y de vestir diferentes al resto de los jóvenes y, por supuesto, de los adultos. Era algo insólito en la historia: se estaba macerando el primer movimiento cultural juvenil en el Reino Unido, que rápidamente saltaría a Estados Unidos y asentaría los bajos de la contracultura posterior. A esos chavales contestones y repelentes se les empezó a llamar «Teddy Boys» a partir de un titular del Daily Express, y no se les podía negar que estaban marcando un camino: exactamente lo mismo que hizo el rockabilly con el rock and roll.

«Nuestra vestimenta es la respuesta a un mundo sordo», decían. ¿Y qué hicieron aquellos jóvenes? Tomar el camino de en medio y bailar.

Una escena de Semilla de maldad. Imagen: MGM.

La ocasión la pintó la proyección en el sur de Londres de la película estadounidense Semilla de maldad (1955). El impacto social de la película fue tal que estos grupos de jovencitos bien vestidos ocasionaron disturbios, bailando sobre los asientos, rompiendo aquello que se encontraba a su alrededor. Los disturbios se reprodujeron en todos los sitios donde la película se proyectó, y los Teds formaron pandillas enfrentándose a otras bandas callejeras en un poco romántico Notting Hill. El movimiento estaba vivo y no había tiempo para abrillantar los zapatos. Los Teddy Boys eran esos tipos duros con traje de chaqueta, pero querían ser mucho más. Había muchas formas de ser un dandi, pero aquella era la definitiva: hacerlo por una causa. La rebeldía era la respuesta natural a las preguntas que no querían responder. Querían marcar un camino, tenían el lienzo dibujado, y solo necesitaban una vía de propagación. Entonces llegó el rockabilly, uno de los primeros subgéneros del rock and roll, rozando los años cincuenta, que también nacía a partir de tensiones raciales y sociales subyacentes. La conjunción de ambos terminó de perfilar lo que daría lugar a un estilo mucho más refinado

La indeterminación produce la distinción, decía Baudelaire, decíamos al principio. La modernidad entonces era poner rabiosamente de moda algo que por su origen estaba completamente fuera de contexto.

Teddy Boys, spin-off de la moda de Grease y Elvis Presley

El color negro habitual de la burguesía, símbolo de sobriedad y discreción sería acogido primero por los Teddy Boys en sus levitas y lazos en el cuello, después por los rockabillies y sus chaquetas de cuero, más adelante por el dandi y el chaqué.

Pero en el dandismo todo está dominado por la fantasía y esa libertad ya se dejó sentir en el armario de los Teddy Boys, cuando, tomando como base el estilo eduardiano, más formal, lo fusionan con elementos de la vestimenta de otros grupos juveniles anteriores o contemporáneos como los «Spiv», los «Cosh Boys», así como detalles del estilo del Oeste de Estados Unidos. Aunque la variedad era una premisa, había elementos comunes que lo unificaban, tales como largas chaquetas (en ocasiones con las solapas, puños y borde de bolsillos forrados de terciopelo), pantalones que cada vez se hicieron más estrechos y cortos, llegando a mostrar el calzado, camisas adornadas con corbatas, generalmente muy finas (o con lazo «Slim Jim» o corbata «Maverick» del Oeste americano), y la prenda más llamativa y variada: el chaleco.

Teddy Boys londinenses en 1954. Fotografía: Bettmann / CORBIS.

El calzado favorito eran los zapatos Oxfords muy pulidos o zapatos gruesos con suela ancha, conocidos como creepers. Tienen su origen en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial cuando los soldados de las bases norteafricanas llevaban botas de lona con suelas duras de goma para aguantar tanto el calor como las condiciones del suelo desértico y la protección ante las posibles minas. Una vez que abandonan el ejército, muchos de ellos marcan su condición de soldados valerosos, utilizando para las actividades nocturnas en la noche londinense de los barrios de Kings Cross y Soho este tipo de calzado convertido en zapato. Por este uso posterior se conocían como creepers de burdel.

Los peinados preferidos eran a base del cabello largo muy moldeado y engrasado, con un flequillo en la frente y el costado peinado hacia atrás en forma de «culo de pato» (ducks ass) en la parte trasera, muy cercano a lo que Elvis utilizaría después.

Pero si hay algo que denote el calado de los Teddy Boys en la moda del dandismo inglés es su reflejo en las Teddy Girls: mujeres vestidas con prendas masculinas (chaquetas, pantalones de vestir) con un toque femenino en forma de sombreros o alpargatas de tela.

El movimiento tuvo muy mala repercusión mediática y la prensa sensacionalista se ensañó con las revueltas callejeras tachándolas de amenaza vandálica, sin embargo, a la larga se ha demostrado que fue el primer grupo cuyo estilo fue creado por sí mismo desde el barro de las calles y que ha perdurado en el tiempo en la figura del dandi. Un estilo indeterminado de mirada altiva y elegante distinción. Un guiño paradójico entre poeta maldito e higiene moderna.

4 comentarios

  1. Muy bonita la historia, aunque me he quedado con ganas de seguir leyendo más.

    Muy interesante la forma en que fue creciendo esta tendencia que después seria moda entre los jóvenes rebeldes de la época.

    Y como tiene su raíz en USA pero explota en UK y de regreso a América, como sucedió con el cine negro en Francia, o el blues y el pop inglés de los 60s.

    Los moda y los rockers se agregarían al folclore, con su muy particular estilo, pero es que es toda una línea que sigue el trazo hasta la aparición del punk.

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  3. Gracias Joseph.
    Me alegro de que este análisis del lado oscuro te haya gustado. Queda pendiente una segunda parte hablando más de la parte musical, que queda un poco a medias, no te parece?

  4. Me parece un artículo muy interesante y un primer acercamiento acertado. Si os apetece profundizar más en el tema desde un punto de vista más “académico”, me encontré esto por la red http://asri.eumed.net/6/teddy-boys.html

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