Jot Down Cultural Magazine – Dientes, dientes, eso es lo que les jode

Dientes, dientes, eso es lo que les jode

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Fotografía: m01229 (CC).

Permítanme hacerles una descripción general del problema.

En primer lugar mis paletas están superpuestas, astilladas y hundidas, son como una novela de bolsillo mojada y abierta por las páginas centrales, aunque si me observan a una cierta distancia pueden obtener la impresión de que están separadas por una especie de diastema; eso es debido a la acumulación de posos de alquitrán y nicotina en la intersección. Uno de mis dos incisivos superiores está carcomido debido a una imprudente experiencia universitaria con el ácido de la que mi abogado ha aconsejado que no dé demasiados detalles, por el bien del pleito del que les hablaré más adelante. Luego están los colmillos, absolutamente romos y uno de los cuales escapa de la tonalidad amarillenta predominante al resto de la boca. Por motivos que se me escapan, ese canino en particular es tan gris como si todas las colillas de mi vida se hubieran extinguido ahí. En cuanto a mis dientes de abajo, piensen en una toma ampliada de uno de esos dominós gigantes representando cuadros de Van Gogh que las televisiones alemanas retransmiten para los jubilados. Y esa es solo la parte visible.

Sí, mis dientes son horribles, verdaderamente horribles. Y sin embargo, ni un solo día de mi vida he dejado de seguir los consejos que conciernen a eso que llamamos higiene dental.

Es por ello que mi abogado —una rata de bufete que, previo acuerdo de honorarios, responde al nombre de Esteban Rabadán y quien últimamente se ha hecho bastante popular escribiendo bajo seudónimo en redes sociales y páginas de internet— cree que tenemos todas las de ganar en mi pleito contra el sector de los dentífricos, enjuagues, hilos dentales y chicles sin azúcar. Prepárense, va a ser el Roe vs. Wade de los piños.

Lavarse los dientes después de las comidas o sustituir el cepillo cada cierto tiempo o acompañar al cepillado con un enjuague bucal que elimina el 99% de los gérmenes. Todo tan impoluto y científicamente demostrado.

¿Pero quien impone realmente estas normas son los colegios de estomatólogos y odontólogos o son esos fabricantes de artilugios de parafarmacia, que con sus taimadas estrategias de marketing revestidas de verdad aséptica han ido carcomiendo y modelando a su favor el esmalte de la evidencia?

Hay una patología bastante común en el periodismo, particularmente en el científico, al que me dedico, que se conoce como «síndrome del estudio único». Un grupo de investigadores toma a un número determinado de sujetos y los somete a unas pruebas determinadas que ofrecen unos resultados, los publican en una revista y, un tiempo después, un medio de comunicación dice algo como: «Un estudio científico asegura que comer chocolate es bueno para el corazón». O al revés. «La ciencia dice que beber café aumenta las probabilidades de sufrir cáncer». El problema con estas noticias es, en primer lugar, que a menudo los científicos no tienen en cuenta los llamados factores de confusión (por ejemplo, si la gente que bebe café es más propensa a fumar, y el tabaco causa cáncer, es normal que muchos de los pacientes de cáncer fuesen bebedores de café) y en segundo lugar, que los periodistas no siempre tenemos en cuenta la miríada de otros estudios que se realizan al respecto y que pueden señalar justamente lo contrario, y de ahí el problema con el «síndrome del estudio único».

La odontología es un terreno especialmente fértil para este tipo de asuntos, al parecer. Dejemos de lado asuntos complejos, como el tratamiento más adecuado para una periodontitis úlcero-necrosante, no, no. Vamos a lo más sencillo: ¿Cómo hay que lavarse los dientes? No tienen ni idea.

Sí, cada cierto tiempo aparece un estudio con la mejor forma de hacerlo. Uno, por ejemplo, en el que mi abogado tiene especial interés es de 2004 y fue publicado en General Dentistry. Ahí decían que lavárselos justo después de comer era contraproducente porque ayudaba a repartir las bacterias (que tienen un PH ácido que debilita la superficie del diente) y que era conveniente esperar media hora. Otro, de la Universidad de Newcastle y publicado en Journal of Periodontology, decía por ejemplo que a partir de los dos minutos el cepillado era absolutamente inefectivo. Y así hay docenas, y con ellos, docenas de noticias. El caso es que muchos de estos estudios se contradicen.

Una revisión bastante reciente elaborada por investigadores del University College de Londres y publicada en el British Dental Journal examinó las recomendaciones de cepillado de asociaciones dentales, fabricantes de dentífricos, cepillos de dientes y libros de texto sobre higiene dental de diez países diferentes.

¿Su conclusión? «Inaceptablemente inconsistente», en palabras de Aubrey Sheiham, profesor emérito de Salud Pública Dental en el UCL. Por ejemplo, ese clásico gesto de mover el cepillo enérgicamente adelante y atrás por los laterales de la boca es uno de los más recomendados, y sin embargo, no existe evidencia científica alguna de que sea más efectivo que frotar un poco el cepillo por la superficie.

John Wainwright, también de la UCL y autor principal del estudio, advierte que «la situación actual, donde no solamente dentistas individuales sino diferentes organizaciones dentales alrededor del mundo están difundiendo diferentes pautas de cepillado no es solamente confusa, sino que está minando la fe y la confianza en esta profesión en conjunto. Para algo que la mayoría de la gente hace dos veces al día, cabría esperar que los dentistas mandaran un mensaje más claro y unificado a sus pacientes sobre cómo cepillarse los dientes». Un momento, ¿ha dicho dos veces al día? Maldita sea, mi dentista me había dicho tres.

La tesis de mi letrado es que la odontología lleva al menos cincuenta años secuestrada por esos mercachifles de parafarmacia —él nunca utilizaría este lenguaje ante el juez— que se han aprovechado de la seriedad de los dentistas para dotar a su industria, la de la higiene dental, de un rigor científico del que, naturalmente, carece.

Imagen: Mark (CC).

Todo empezó en 1964 con aquel famoso eslogan: «Cuatro de cada cinco dentistas encuestados recomiendan chicles sin azúcar a sus pacientes que mascan chicle». Lo que parecía consenso médico no era más que un brillante tropo publicitario de la empresa Trident, por entonces la única compañía de chicles sin azúcar, que unió para siempre a la industria de las chucherías con la de la higiene dental sin que nunca la empresa propietaria (American Chicle Company que, no sorprendentemente, era propiedad de la farmacéutica Warner-Lambert, luego adquirida por Pfizer, finalmente adquirida por Cadbury volviendo al punto de partida) desvelara detalle alguno acerca de esta misteriosa «encuesta».

[Tras el éxito de Trident, esta estrategia de marketing conocida como «validación por terceras partes», donde un observador informado y aparentemente sin relación con la compañía anunciadora recomienda un producto, se ha imitado hasta la extenuación, llegando al absurdo de un anuncio de comida para gatos que rezaba «Ocho de cada diez gatos prefieren Whiskas a cualquier otra comida de gatos» y que tras un vericueto legal —relacionado con cómo pudieron unos gatos contestar a la encuesta— fue posteriormente modificado por el infinitamente más inquietante «Ocho de cada diez propietarios de gatos prefieren Whiskas»].

Dentro de este fraude generalizado que ha llevado a una disciplina noble como la odontología a medirse por los mismos estándares de una pseudociencia cualquiera a cambio de un puñado de dólares y un poco de cuota de pantalla, los fabricantes de dentífricos y enjuagues tampoco son inocentes.

La primera fórmula de pasta de dientes conocida fue creada en Egipto alrededor del siglo IV antes de Cristo, según consta en un papiro escrito en griego y que hoy se conserva en un museo de Viena. Probablemente lo escribió un monje o un escriba, que ya entonces lo describió como «un polvo para unos dientes blancos y perfectos», que consistía en una mezcla de mortero compuesta por una dracma farmacéutica (unidad de medida ya en desuso y equivalente a algo menos de cuatro gramos) de piedra de sal, dos dracmas de menta, una dracma de hojas secas de lirio y veinte granos de pimienta. Por rudimentaria que parezca la mezcla, y pasando por alto el hecho de que provocara encías sangrantes, su efectividad limpiadora y antiséptica no fue superada hasta bien entrado el siglo XX. Y algo parecido ocurrió con el enjuague bucal, que hasta la aparición de la clorhexidina se basaba principalmente en los alcoholes y no ofrecían ventajas sustanciales objetivas sobre los enjuagues bucales con aceites que comenzaron a popularizar los médicos chinos y ayurvédicos hace más de dos mil años, o sobre el famoso enjuague bucal de Hipócrates consistente en alumbre, sal y vinagre.

Pero, para desgracia de los odontólogos, el conflicto entre la ciencia y la higiene bucal no acaba ahí. En febrero de este año, en un estudio publicado en Nature Genetics (dirigido por Frank Rühli y Enrico Capellini de las universidades de Zürich y Copenhagen, pero donde participaron treinta y dos científicos de hasta doce instituciones, entre ellos Domingo Salazar, del centro Max Planck y la Universidad de Valencia) encontraron y caracterizaron algo único, un microbioma oral con mil años de antigüedad, el equivalente bacteriano al descubrimiento de Pompeya.

¿Dónde? Perfectamente preservado en el cálculo dental, es decir, el sarro, de la calavera de un hombre de mediana edad encontrado en Dalheim, Alemania. No sabemos su nombre, ni su ocupación, ni de qué forma contribuyó al progreso de la humanidad, pero gracias a su deficiente higiene dental, la ciencia ahora tiene información sobre la actividad patógena, la inmunidad e incluso la dieta del hombre en aquel sitio, en aquella época. Ahora la ciencia sabe, que pese a los cambios en la dieta y en la higiene entre el siglo XI y el XXI, los patógenos que causan la enfermedad periodontal son esencialmente los mismos, y que nuestras defensas naturales contra ellos son esencialmente las mismas.

Y nunca lo habríamos sabido sin el sarro. A diferencia de otros tejidos, como el hueso, que al morir pierde rápidamente la información molecular que contiene, el cálculo dental preserva esos trozos de vida. Contemplen ahora, en toda su magnitud, el crimen que la parafarmacia oral lleva intentando cometer durante siglos.

Sí, mis dientes son horribles, verdaderamente horribles, pero según mi abogado, son al mismo tiempo un disco duro de información sobre nuestra época que dentro de diez siglos será incalculable para nuestra especie.

Y alguien debe pagar por eso ahora.

Fotografía: Partha S. Sahana (CC).

21 comentarios

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  2. Yo también tengo los dientes torcidos y no muy limpios. No me los lavo todo lo que se supone que debería. Sin embargo, los tengo más sanos que mis hermanos que se los han lavado religiosamente toda la vida. Eso de la higiene está sobrevalorado.

    • En absoluto está sobrevalorado Lestat, lo que pasa que prima la disposición natural de la dentadura (el cómo sea y se comporte). Y eso ya depende de cada persona… cuestión de suerte.

    • ¿La de el culo tanbién…?

    • Estoy de acuerdo. Yo suelo limpiarme a diario los dientes pero, en cambio, solo recuerdo haber ido una vez al dentista con quince años -ahora tengo cuarenta-, que me dijo que tenía principio de caries. Si no he vuelto es porque no he sentido dicha necesidad: ni se me ha caído diente alguno, me han puesto un empaste ni me ha dolido una muela jamás. Hasta ahora.

  3. Vengo desde hace muchos años ya, encabezando una campaña anti- médicos, esos codiciosos degenerados que salvo honradísimas excepciones, solo saben poner la mano para cobrar, incluso cuando no han resuelto nuestro problema. Son compañeros de viaje de abogaduchos, publicistas y porteros de fincas, de ésos que apoyados en ellas y cuando pasamos por la calle, no pierden detalle de nosotros, como si les fuese la vida en ello. Hace siglos que perdí la confianza en los matasanos aunque bien es verdad que, por suerte, tengo una salud de hierro y no soy hipocondríaco, con lo que, si todo el mundo fuera como yo, estos vividores las iban a pasar putas y para mantener sus niveles de vida tendrían que atracar bancos directamente.

    • Hola Bipolar, ojala no caigas enfermo, ni te partas una pierna (de verdad , ojala) eso si, si pasa (que no pasara, estoy seguro) veremos que opinas del medicucho vivido, codicioso y degenerado que te toque en urgencias. Los medicos no estan para resolver tus problemas , tus problemas son tuyos, ese es el gran error, piensas que los medicos, o lamedicina sabe todo y por suet¡rte o desgracia no es asi. Cada paciente es un mundo. Probablemente si te pasara algo saldria tu otra personalidad (eres segun tu nike bipolar) y te encomendarias a la “sabiduria” de ese vividor, codicioso y degenerado de bata verde
      saludos

    • leer su mensaje el dia después de una guardia de 24h en urgencias, que seguramente tendré que pelear para que me paguen, con todo lo que viví, después de diez años de formación y otros diez de profesión, es una experiencia… interesante. Enriquecedora. Por lo demàs le deseo lo mejor, y por supuesto que no se le oxide la salud.

      • Señores, está claro que mi referencia a los galenos no incluye su caso en particular ya que parecen estar ustedes en el apartado “honrosas excepciones”. Pero ya saben de sobra a quiénes aludo y aunque se me podrá argumentar que en todas las profesiones hay cantamañanas, hijos de perra y defraudadores, estarán de acuerdo conmigo en que la importancia de su médico para cualquiera, no es la misma que la del tabernero o el acomodador.
        Y en concreto para Recatero, el “problema” que yo pretendo que me solucione un médico es el estrictamente referido a su especialidad. No soy tan iluso como para buscar “ayuda psicológica” cuando voy a consultar sobre un juanete, por poner un ejemplo…

        • Estoy con Bipolar, me pareció bastante acertado lo que dijo, está claro que no se puede meter a todos los médicos en el mismo saco, pero pensar que no existe una mafia en todo este mundillo, es como pensar que el sol gira alrededor de la tierra, en fin conozco farmacéuticos que se han dedicado a ser visitadores médicos, y no veas lo que cuentan respecto a los honorables médicos. También sea dicho de paso, que suerte tengo de que a veces me resuelvan mi problema, ya que para eso se les paga de mis impuestos y del resto, y cuando no son de la pública les pago con mi sueldo a los de la privada………..en fin no se pongan de intocables.

    • En parte es por culpa de tu cerebro. ‘Crees’ (entrecomillo el verbo porque no me refiero de forma exclusiva a la concepción que la mayor parte de las personas tiene sobre la mente, sino a los procesos físicos y biológicos que en nuestras neuronas tienen lugar) que tienes una salud de hierro y esa ‘creencia’ modula tu organismo en la senda de la salud y no así en la de la enfermedad.

      Si por alguna circunstancia esa creencia desapareciera (nótese la ausencia de comillas en esta ocasión, haciendo un guiño no a los que creen erróneamente en la existencia del alma, sino a los que acertadamente señalan la importancia del entorno sobre el concepto de la mente), te verás desafortunadmente necesitado de los servicios de los profesionales de la salud de este país. Si así finalmente ocurriera, me permito la licencia de darte dos consejos que te ayudarán a lidiar con esa situación. El primero: confía en ellos. No lo digo por sus conocimientos y habilidades (que los tienen), sino porque con esa confianza (‘creencia’) quizá se reactive el proceso de modulación que el cerebro tiene en la homeostasis del cuerpo humano. El segundo: muéstrales respeto y educación, y no los compares con “publicistas y porteros de fincas”. Obtendrás un mejor trato de ellos y de ellas.

      Te irá mejor probablemente, si sigues estas dos sencillas premisas.

      • ¡Oh, dios mío, pero si es usted un santo!
        O una santa, perdón…

        • Me pregunto por qué me contestas con otro nick. Bueno, supongo, que será una de las facetas de ser bipolar. Muestra más respeto por el género humano o un días vas a sufrir las consecuencias.

  4. Tus dientes serán un disco duro de información, pero hoy toda esa información se recoge en discos duros de ordenador y se conocen mundialmente, legándosse a la posteridad. Así que tu dentadura pasará al olvido. Lo siento… XD

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  6. Este artículo bien podría ser el paradigma periodístico de coitus interruptus. Lo único que deja claro es que no hay nada claro. Una larga introducción, que parece allanar el terreno para aclarar alguna incógnita pero que, cuando llega el momento de empezar el capítulo primero, termina abruptamente sin haber dicho absolutamente nada. Pues gracias… supongo.

    ¿Qué se supone que propone el autor? ¿Que dejemos de lavarnos los dientes? ¿Que lo hagamos de manera anárquica, cada día de una forma distinta, según sople el viento? ¿Que recorramos todas las bibliotecas científicas de nuestra provincia recavando todos los estudios disponibles sobre la materia para, después de meses de concienzudo análisis de toda la literatura existente al respecto, elaborar nuestra propia tesis sobre la higiene bucal? ¿Que sigamos como hasta ahora, pero con el miedo de saber que las malvadas industrias parafarmacéuticas nos engañan?

  7. Buenos dias Antonio, me presento, soy medico, dentista y propongo en mi consulta una medicina mixta, quiero decir alopatica y a la vez natural. Deacuerdo con Fermin, Que nos quieres decir ? que no sabemos nada ? QUE NO ESTAMOS SEGURO DE NADA ? Y ? . Es que en algo , estamos seguros? solo dos cosas , nacemos y morimos. Por supuesto que no tenemos que hacer casos a las empresas (definicion de empresa___(ALGO PARA SACAR PASTA) como me lavo los dientes ?? igual que lavas un vaso , con conciencia e intencion, depende de que hubiera en el vaso, y del tiempo que tardes en ponerte a lavarlo.
    El tema es un tema que me encanta y me encantaria poder charlarlo contigo, se podrian sacar conclusiones importantes. aquiestoy por si quieres contactar.
    saludos
    Miguel Angel Recatero

    • Doctor a mi ma dicho una amiga que lavarse musho lo diente va fatal para la muñeca. Yo he pensado lavarmelos cada dos meses pero eso si, estar un buen rato en ello. Lo meno 10 minutos o incluso tres horas si fuera menester. ¿Usted quiere opinar algo aqui y ahora?

  8. Que la higiene bucal es beneficiosa es algo dificilmente cuestionable. Y fácil de comprobar: sólo hay que pasarse unos cuantos dias sin utilizar el cepillo de dientes y tendremos como resultado un aliento bastante poco agradable y enrojecimiento y sangrado de la encia, signos de la presencia de gingivitis.
    Otro tema es el mercadillo en el que se ha convertido todo lo que rodea a la salud dental, tanto en lo referente a los productos de la farmaindustria como en lo referente a la propia atención odontológica. Contrasta este exceso publicitario (lleno de engaños y trampas) en nuestro pais con la regulación existente en otros paises de la publicidad respecto a temas sanitarios, llegando incluso a estar prohibida como ocurre en Francia.

  9. No creais en la odontologia es una de esas profesiones mas inexactas y tóxicas que podras encontrar. Cada dentista te cuenta su película y lo que esta claro que la odontologia esconde muchos intereses y cosas que no se quieren investigar por que no interesa. Amalgamas dentales con mercurio, endodoncias bacterianas que te mataran, obturaciones con bisfenol A. ¿verdad o mentira? Lo que si es cierto es que lo que cobran no lo vale. Los póliticos te dirán que tenemos la mejor sanidad del mundo pero el robo dental te lo pagas tú. La odontologia es como la política tóxica e interesada. ¿En que se parece un dentista a un pólitico? En que los dos mienten, mienten mucho y te hacen firmar un papel por el que si te pasa algo ellos seran aquel Poncio Pilatos que sus manos lavará…Amén

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