Descartes

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Bo Diddley. Foto: Masao Nakagami (CC)
Bo Diddley. Foto: Masao Nakagami (CC)

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Si hace no mucho destacábamos por aquí las ventajas de escuchar música en formato digital, en la medida en que facilitaba el poder «saltarnos» esa canción inaguantable que todo buen disco que se precie lleva dentro, hoy volvemos a aplaudir el formato por cuanto de bueno ha traído para los consumidores compulsivos. A nadie se le escapa que la gran aportación del CD al mundo de la música tiene más que ver con la cantidad que con la calidad, y no me refiero solo a cuestiones de espacio: el disco compacto ayudó a expandir las discografías oficiales de nuestros grupos o artistas favoritos gracias a la insolente incorporación de los llamados bonus tracks. No es que en los tiempos del vinilo no existieran estos añadidos, pero ciertamente funcionaban a un nivel mucho más manejable. Con la fiebre de las reediciones en CD (llevada al paroxismo bajo la fórmula del atractivo y muchas veces económico box-set), pronto empezaron a salir al mercado discos en los que los «extras» superaban en número a las canciones originales del LP reeditado. Para algunos puristas, esto fue una especie de sacrilegio. Pero los completistas, mucho más pragmáticos, terminaron viéndole la gracia al modelo de negocio que se escondía tras esa extraña forma de reeditar, y que pasaba por asumir que si eres un fan de toda la vida de tal o cual grupo, seguramente ya tuvieras sus discos en vinilo, por lo que no vas a querer comprarlos otra vez en CD salvo que te ofrezcan algo nuevo. Por el contrario, si eres un recién llegado, será prácticamente imposible que encuentres esos discos en vinilo, así que esta sería la única forma de adquirirlos con cierta facilidad y a un precio razonable. Esta especie de lógica perversa no tiene hoy día mucha sustancia por culpa de internet, pero durante la transición del vinilo al CD creo que llegó a funcionar en la cabeza de muchos consumidores de música. En todo caso, qué duda cabe, este modelo de recuperación musical ha terminado por consolidarse: raro es encontrar ahora un disco reeditado que no contenga algún añadido. ¡Si hasta en las reediciones en vinilo se incorporan temas nuevos! Admitámoslo: los bonus tracks forman ya parte de tu vida. Y te gustan.

Pero, ¿qué ofrecen estos bonus tracks? A los completistas, la oportunidad de encontrar esos temas esquivos que todo grupo o artista tiene por ahí desperdigados: ya sean caras B de singles, canciones incluidas en EPs, colaboraciones extrañas, etc. A los más recalcitrantes, algún que otro tema inédito, o la posibilidad de escuchar tomas alternativas de tal o cual grabación… y aquí es donde quería yo llegar: ¿no os ha pasado nunca que os habéis topado con una grabación de este tipo, tan absolutamente deslumbrante, capaz incluso de eclipsar a la versión original, que uno no se explica cómo pudo quedarse en el tintero? Es justo en ese momento en el que el bonus track se transforma en una poderosa máquina del tiempo: le transporta a uno al pasado, lo arrastra de la oreja al estudio de grabación, lo sitúa de hecho en la pecera, al lado del productor o el ingeniero de sonido, a tiempo para gritarles: «¡Esa es la toma buena, mamones! ¡Ni se os ocurra no publicarla!».

Por suerte o por desgracia, casos así hay a patadas, básicamente porque tus grupos o artistas favoritos son unos genios y hasta en sus peores días eran capaces de gestar obras maestras. Así que, para conmemorar estos inexplicables descartes, estos dulces descubrimientos tardíos, esas grabaciones cuyo ostracismo se te escapa a la razón, os propongo este particularísimo (y personalísimo) Top 10 de inéditos maravillosos:

1. «Love Is Strange» (1956), de Bo Diddley

Puede que no todos sepan quién la popularizó, pero la canción «Love Is Strange» la conoce todo el mundo. Si eres un ser humano con sentimientos, te sonará de la película Dirty Dancing (Emile Ardolino, 1987). Si eres un poquito más cafre, recordarás sin duda el bailecito que se pegan a su costa Martin Sheen y Sissy Spacek en Malas tierras (Terence Malick, 1973). En ambos casos, la versión que suena es la de Mickey & Sylvia, que fue todo un pelotazo en 1956. Lo que más llama la atención del tema en cuestión es su tremendo riff de guitarra, modernísimo para la época, ejecutado con fiereza por Mickey Baker, uno de los grandes músicos de sesión de entonces. Pero si indagamos un poco más en la historia de esta composición, descubriremos que la versión original no fue esa, pues ya la había grabado antes otro artista, uno de renombre, que además se hacía pasar por su compositor: Bo Diddley. Sea quien sea el autor de la misma (todavía sigue habiendo cierta polémica al respecto), lo único cierto es que la primera versión de «Love Is Strange» la grabó Diddley un 24 de mayo de 1956, pero esto no lo supimos hasta 2007 que fue cuando se publicó el recopilatorio I’m a Man: The Chess Masters, 1955-1958. Como podéis comprobar, la versión de Bo Diddley es, pues eso: puro Bo Diddley, con su característico ritmo afrobeat. Me parece muy bien que la terminaran grabando Mickey & Sylvia, y que obtuvieran un tremendo éxito con ella, pero sigo sin comprender cómo no la sacó también el viejo Bo, porque su versión es simplemente acojonante.

2. «Where or When» (1958), de Frank Sinatra

Frank Sinatra ya había grabado en los años cuarenta este clásico de Richard Rodgers y Lorenz Hart, con unos arreglos orquestales tremendamente melosos, típicos de las grabaciones que el joven Sinatra estaba realizando por aquel entonces para el sello Columbia. Convertida desde finales de los años treinta en todo un estándar del pop, «Where or When» ha sido versionada por todo hijo de vecino. Una de las lecturas más conocidas fue la que hicieron Dion & The Belmonts en 1959, en la que acentuaron el tono romántico de la composición, situando al grupo en lo más alto de las listas de éxito justo cuando el pobre Dion DiMucci, con apenas veinte años, luchaba en un hospital contra su adicción a la heroína. Un año antes de la grabación de Dion, Sinatra, que tampoco estaba pasando por su mejor momento (tras una tortuosa relación, se acababa de divorciar de Ava Gardner), retomó la composición de Rodgers y Hart para las sesiones de su álbum Frank Sinatra Sings for Only the Lonely (Capitol, 1958). Por si fuera poco, su arreglista de toda la vida, Nelson Riddle, acababa de enterrar a su madre y a su hija de seis meses. Vamos, que no estaba el horno para bollos, y eso se dejó notar en las sesiones de grabación del disco en cuestión. Esto de volcar los sentimientos de uno en una grabación ya lo había hecho Sinatra con anterioridad, inventando de camino los llamados «discos conceptuales», como en su oscuro In the Wee Small Hours (Capitol, 1955). Así que si tenemos que hacer caso de la temática de sus discos, podemos concluir que Sinatra, en 1958, se sentía muy solo, estaba confuso, tremendamente dolorido y melancólico, que es de lo que hablan las canciones incluidas en su Only the Lonely. Y, por supuesto, los efectivos arreglos de Riddle no hacen sino ahondar en dicha soledad. Lo curioso del caso es que, visto en frío, una canción como «Where or When» no parecía tener, así a priori, mucho encaje en el conjunto del álbum. Al fin y al cabo no dejaba de ser una canción de amor. Pero metan a Sinatra en el estudio de la Capitol un 11 de septiembre de 1958, con una bajona de mil demonios, haciéndose acompañar exclusivamente por el pianista Bill Miller. Dejen a La Voz que la interprete como si estuviera hundido en la barra de un bar, como si nadie lo estuviera escuchando. Dejen que el pathos se vaya apoderando de Sinatra. Y dejen, si acaso, que Nelson Riddle irrumpa solo en los últimos compases, con toda la carne en el asador, con un arreglo orquestal majestuoso que intensifica más si cabe el profundo y triste torrente de voz de Sinatra. Y ya lo tienen: una toma que quita el hipo. Inexplicable que esta versión desgarradora no se incorporara finalmente al álbum, que no viera la luz hasta 1978 en el disco The Rare Sinatra, y que no fuera recuperada en CD hasta la reedición del disco Only the Lonely. Por más que la escucho, me sigue poniendo los pelos de punta.

3. «Never Let Me Go» (1966), de Little Willie John

Otra joya encontrada no hace mucho en los baúles de los estudios de Capitol Records son las últimas sesiones de grabación del gran Little Willie John. El hombre detrás de clásicos del R&B como «I Need Your Love So Bad» o «Fever» volvía a los ruedos tras haber sido condenado a cadena perpetua por asesinato en 1964, lo que lógicamente lo tenía apartado de los escenarios. Las sesiones tuvieron lugar el 19 y el 24 de febrero de 1966, y se llevaron a cabo con cierta celeridad, aprovechando que Little Willie John gozaba de un breve permiso penitenciario. Por este motivo, Capitol sugirió que fueran David Axelrod y H. B. Barnum, dos de los grandes productores y arreglistas de todos los tiempos, los que supervisaran las sesiones. Acompañado por un elenco insuperable de músicos de sesión (Carol Kaye al bajo eléctrico, Jimmy Bond al contrabajo, Gary Coleman en la percusión, Earl Parlmer a la batería, Les Buie a la guitarra, Clifford Scott al saxofón…), Little Willie John lo dio todo en el estudio, dejando grabado en esos dos días material suficiente para un álbum, uno que no pudo nunca ver la luz por problemas legales. Syd Nathan, propietario del sello King (donde Willie había grabado todos sus clásicos), consideraba que el artista seguía bajo contrato con su discográfica y bloqueó la publicación del nuevo álbum. Nadie en Capitol quiso meterse en pelea: ¿acaso el disco no era tan meritorio? Bueno, el productor David Axelrod solía referirse a él como «el mejor disco que he grabado que nadie escuchará». Little Willie John volvió a la cárcel, eso sí, por poco tiempo: en 1968 fallecería en la penitenciaría de Walla Walla, víctima de una neumonía, sin ver nunca publicadas sus últimas y supuestamente espléndidas sesiones. No fue hasta 2008, bajo el título Nineteen Sixty Six, que el disco vio la luz, recuperado por el sello Kent. Y, sí, David Axelrod tenía razón: Little Willie John no había sonado nunca tan elegante, como demuestra esta lectura del «Never Let Me Go» que grabó en 1954 el malogrado Johnny Ace.

4. «Triad» (1967), de The Byrds

Las reediciones en CD de los LP originales de los Byrds siempre han venido cargadas de sorpresas. La más importante quizás fue la posibilidad de escuchar el seminal Sweetheart Of The Rodeo (Columbia, 1968) con la voz de Gram Parsons, que tuvo que ser sustituida en su día por una serie de cuestiones legales. La otra gran grabación «maldita» de los Byrds puede que sea la ya famosa y controvertida «Triad», que compuso David Crosby y que marcó el principio del fin de su relación con el grupo. Cuenta la leyenda que fue la letra de la canción (un cántico al hippismo y a su política del amor libre, eso sí, en forma de trío) lo que provocó el rechazo. A mí esto siempre me ha sonado a excusa barata y mojigata, sobre todo si tenemos en cuenta que el tema se grabó en 1967, el supuesto «año del amor». Crosby, bastante enojado por esta decisión pues consideraba (y con razón) que esta era una de sus mejores composiciones, se la terminó cediendo a sus amigos de los Jefferson Airplane, que no tuvieron miramientos para grabarla e incluirla en su álbum Crown of Creation (RCA-Victor, 1968). La tensión que generó esta canción entre los miembros de los Byrds provocó la salida definitiva de Crosby del grupo. La versión original no llegó a ver la luz hasta 1987, y se volvió a recuperar en 1997 en la reedición en CD del álbum The Notorious Byrd Brothers (Columbia, 1967), en cuyas sesiones de grabación se gestó. En la portada de dicho LP aparecen, en un establo, Roger McGuinn, Chris Hillman y Michael Clarke formando un «trío» junto a un caballo. Adivinen a quién está sustituyendo el animal.

5. «Down To The Wire» (1967), de Buffalo Springfield

Si Crosby salió por patas de los Byrds por culpa de una canción, a Neil Young le pasó algo similar con este «Down To The Wire», que fue rechazada por su banda de entonces: Buffalo Springfield. En 1977 se publicó, dentro del triple recopilatorio Decade, una versión de este tema en la que Neil Young se hacía acompañar por Stephen Stills, Richie Furay y el pianista de nueva Orleans Dr. John y, bueno, todos nos creímos que esa fue la que la banda decidió no grabar. Pero en 2001, gracias al box-set que Rhino montó sobre el grupo, nos encontramos con esta barbaridad de versión, mucho más contundente, con la rasgada voz de Stephen Stills en lugar de la de Neil Young, que sí que me hizo sospechar acerca de los motivos que llevaron al grupo (que vivía en una perpetua lucha de egos) a no querer lanzar una interpretación tan rotunda. ¿Envidia? Puede ser…

6. «Mr. Soul» (1968), de The Everly Brothers

A mediados de los sesenta, muchos de los artistas clásicos del rock and roll comenzaron a actualizar sus repertorios haciendo versiones de los nuevos grupos de moda. En el caso de los Everly Brothers, que tanto habían influenciado con sus preciosas armonías vocales a los Beatles y a otros muchos grupos británicos, la jugada no desentonaba nada: en 1966, por ejemplo, grabaron todo un LP con la ayuda de los Hollies, y la cosa quedó francamente bien. En 1968 decidieron reinventarse un poco más y se pasaron al country-rock, y de esa época nació esta extraña colaboración con el productor Jack Nitzsche en la que se atrevieron a versionar, curiosamente, un tema de Neil Young que ya habían grabado Buffalo Springield el año anterior: «Mr. Soul». El resultado es, cómo no, espléndido, sustituyendo la fiereza de la versión original por una sugerente combinación de guitarras eléctricas y acústicas. De nuevo me resulta inexplicable que esta adaptación no viera la luz hasta 1984, dentro del álbum Nice Guys. Aunque, bueno, para qué nos vamos a engañar: esta versión me saltó a la palestra gracias a su inclusión en el recopilatorio A Hard Working Man: The Jack Nitzsche Story, Vol. 2, publicado por Ace en 2006.

7. «Till Death Us Do Part» (1968), de The Kinks

Otro de los grandes misterios de la humanidad pop (si no el más grande) es este enternecedor «Till Death Us Do Part» que grabaron los Kinks en septiembre de 1968. Hablo de «misterio» porque creo no exagerar mucho si digo que es una de las mejores canciones de los Kinks y sin embargo no fue publicada oficialmente hasta el año pasado, gracias a su inclusión en el box-set de cinco CD titulado The Anthology 1964-1971. La historia de esta canción es bien curiosa: compuesta por Ray Davies para la banda sonora de la película Till Death Us Do Part (Norman Cohen, 1969), cinta basada en el serial del mismo nombre creado por Johnny Speight y que venía emitiendo la BBC desde 1965, solo pudo escucharse en su día durante los títulos de crédito finales del film, eso sí en la insípida voz de un tal Chas Mills, que no era más que un cantante de sesión. Nada que ver con la versión de los Kinks, arreglada al más puro estilo de una jug band (con banjo y trombón) y en la que Ray Davies ofrece una de sus mejores y más sentidas interpretaciones. Y qué decir de esa insuperable melodía de music hall, absolutamente de ensueño, que viene a demostrar una vez más que el amigo Davies fue el mejor compositor pop de los sesenta. Antes he dicho que la versión de los Kinks no apareció hasta el año pasado pero se trata de una verdad a medias: en 1973, justo cuando el grupo fichó por el sello RCA, la compañía Reprise lanzó al mercado el ya mítico The Great Lost Kinks Album, con un montón de cortes inéditos entre los que se encontraba este «Till Death Us Do Part». La cuestión es que Ray Davies no había dado el visto bueno a esa publicación y vetó el álbum, que fue retirado al poco convirtiéndose en una de las grandes joyas para los coleccionistas del grupo británico. Luego, lógicamente, la canción ha circulado por aquí y por allá, en un montón de bootlegs, para envidia de todos: cuántos compositores no hubiesen soñado con escribir una canción así, una que Ray Davies ha desdeñado durante más de cuarenta años.

8. «Good Morning Mr. Stone» (1968), de Flamin’ Groovies

Lo que más sorprende de una composición tan excelsa como «Good Morning Mr. Stone» no es solo su duración (más de siete minutos), o su incendiaria psicodelia (sustentada en un guitarreo denso y pirotécnico, que se llega a atrever incluso con la «Cabalgata de las Valquirias» de Wagner), o su alambicada estructura llena de cambios melódicos (que recuerda bastante, por qué no decirlo, a la de «A Quick One», la opereta rock que grabaron los Who en 1966). No. No es nada de eso. Lo que más sorprende de esta canción es que nunca la grabaran los Flamin’ Groovies en estudio. La única versión que existe es esta en directo, grabada en el Matrix de San Francisco el 10 de enero de 1968. No fue hasta 1984 que esta impresionante grabación se publicó, en una especie de bootleg editado por el sello francés Eva con el escueto título de ’68. En la era del CD se incorporó al recopilatorio Supersneakers (1996), que no era otra cosa que una reedición de su primer mini-LP de 1968 al que se le añadieron todas las grabaciones en directo que los Groovies hicieron ese año en el Matrix. Teniendo en cuenta que eso fue lo primero que grabaron los de San Francisco, está claro que eran más que conscientes de su talento. Si no, no se entiende que dejaran esta maravilla fuera de sus LP oficiales.

9. «Madman Across The Water» (1970), de Elton John

Madman Across the Water es el título del sexto álbum de Elton John, grabado y publicado en 1971. No obstante, la canción principal de aquel disco ya había sido grabada el año anterior, en una toma bien diferente a la que finalmente salió en 1971. Si para la versión de 1971 John se hizo acompañar por el gran Davey Johnstone (que terminaría siendo su guitarrista principal), para la de 1970, realizada durante las sesiones del magistral Tumbleweed Connection, le pidió ayuda ni más ni menos que a Mick Ronson, la mano derecha de David Bowie. Y de esa colaboración (la única que hicieron) salieron fuegos artificiales: el «Madman Across the Water» de John y Ronson es simplemente una obra maestra de glam progresivo. No es de extrañar que el sonido de esta versión recuerde mucho a lo que Bowie estaba facturando en The Man Who Sold The World, pues se grabó justo en mitad de las sesiones de dicho álbum. Quizás por este motivo, la toma, por buena que fuese, no llegó a tener cabida en un disco tan americano como Tumbleweed Connection y a los bonus tracks de su reedición en CD que fue a parar, para disfrute de los más incrédulos: perdeos pues en sus cerca de nueve minutos, asistid al espectáculo del Elton más siniestro, dejaos azotar por los latigazos eléctricos que se marca aquí el señor Ronson al que nunca jamás se le ha escuchado más inspirado.

10. «Girl Don’t Come» (1975), de Nils Lofgren

De gran guitarrista a gran guitarrista: de Mick Ronson a Nils Lofgren, que tras su periplo con Neil Young (todavía quedaba mucho para su incorporación a la E-Street Band) venía de dar por cerrada su aventura con el grupo Grin y se atrevía por fin a sacar su primer disco en solitario con el sello A&M. Aquel LP de 1975, de título epónimo, recibió las mejores críticas y preparó el terreno para el éxito, que llegó al año siguiente con Cry Tough, producido esta vez por el legendario teclista Al Kooper. De esas primeras sesiones de grabación con Al Kooper surge esta versión brutal del «Girl Don’t Come» de Chris Andrews que popularizó en 1965 Sandie Shaw y que permaneció inédita hasta 1997, con la reedición en CD del primer disco de Nils Lofgren. Ahora bien, esto ya no hay quien lo encuentre (y por eso no os la podemos ofrecer), pues en 2007 se volvió a reeditar el álbum por el sello Hip-O Select (digamos que esa es ahora la reedición definitiva) y ¡ya no trae bonus tracks! Moraleja: con esto de volvernos unos puristas, hemos terminado por descartar los propios descartes.

8 comentarios

  1. Buen artículo y selección. Personalmente, suelo borrar de los discos-cuando los cargo al iPod- las tomas alternativas y bonus tracks. Las razones por las que se quedaron enlatadas o en el tintero suelen ser poderosas. Una excepción: el Marquee Moon de Televisión al que añadieron la imprescindible “Little Johnny Jewel” y un interesante insturmental.
    Saludos,

    • Fran G. Matute

      Claro que sí! Ese tema de Television bien podría estar en este Top 10… ;)
      Gracias por comentar.

  2. Fran G. Matute

    Claro que sí! Ese tema de Television bien podría haber estado en este Top 10! ;)

  3. Jordi_BCN

    Restless nights, Roulette, Where the band are, Dollhouse. Todas del Tracks de Bruce Springsteen, material para el The River que no llegó a editarse. Todas son mejores que varias del álbum.

  4. Se me ocurre “Plundered My Soul” que apareció en 2010 entre un amplio surtido de bonus tracks para la reedición de “Exile On Main Street”. Soprende de igual manera que se quedase fuera: para mí, al nivel de los grandes hits de este album.

    • Yo creo que ese tema fue terminado en el 2010. Lo único que estaba grabado de la época del “Exile…” era la parte instrumental. En cualquier caso, temazo!
      Estaría bien un artículo sobre los temas no publicados por Neil Young, pienso en “Separate Ways” que grabó en 1975 y tocó en directo en el 93 con Booker T. y que cuenta con uno de los mejores dolos de guitarra de Steve Cropper.
      Un gran artículo!

  5. Sanjuanconmiedo

    Otras tres:
    * “S.L.U.G.” de los Ramones; descarte del “Rocket to Russia”. Joyita pop arregladísima por Ed Stasium para dotarle de un punto “FM adolescente de los 50/60” … lo que obviamente obliga a descartarla porque no parecen los Ramones ni de lejos… o quizás por la letra, que se las trae.

    * “Melancholia” de los Who; grabada durante el “Sell out”. La melodía vocal de Daltrey chorrea drama… pero como en un lp cabe lo que cabe y además les dio por incluir “jingles” publicitarios falsos (geniales, por otra parte) pues se quedó sin sitio.

    La ración patria:
    * “Venus” de los 091; descarte del “Tormentas imaginarias”. A mí particularmente no me gusta mucho pero tiene una historia muy curiosa detrás: al parecer la incluyeron en las maquetas previas, la escuchó un capo de la multi Polygram y les fichó de cabeza con un presupuesto de grabación generosísimo… de las sesiones salió un discazo pero no incluyeron “Venus”(¡¡¡!!!), lo que explica que la disquera les diera la espalda a las primeras de cambio. Ésto es la leyenda urbana, la historia oficial habla del clásico cambio en la cúpula del sello y el consiguiente desinterés por promocionarlos (la herencia recibida y tal y cual)… sea como fuere, quedó en el tintero.

  6. El poderío creativo de Ray Davies

    Bueno, de los The Kinks aparte de las que has comentado tienen muchas canciones inéditas que podrian estar en los mejores albumnes de muchos grupos punteros, no sólo las que has comentado que es una delicia de melodía. Por Ejemplo, Lavender Hill, Rosemary Rose, Mr Songbird, Anyway, On The Outside ecta… podrían haber estado en las mejores grabaciones de grupos como los The Who, Beatles, Stones….serían canciones estrellas en mucho mas de la mitad de los albumnes mediocres que sacaron los Pink Floyd, (Meddley/Obscure by the clouds/More/Atom Mother../A Saurceful Of Secrets…) grupos que vivieron de la renta con 3 joyas de albumnes y el resto basurilla. He puesto a Pink Floyd como me he podido a ver puesto otro, solo que he puesto el mas sobrevalorado. Y con todo eso me gustan bastante, pero tiras de los tres o cuatro albumnes grandes que tienen y poca cosa mas donde rascar.

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