La carne de dios - Jot Down Cultural Magazine

La carne de dios

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Psilocybe species include P. baeocystis (left) and P. pelliculosa (right). Fotografía: Mushroom Observer (CC)

Psilocybe baeocystis (izquierda) y Psilocybe pelliculosa (derecha). Fotografía: Mushroom Observer (CC)

La psilocibina es un compuesto psicodélico presente en unas ciento ochenta y seis especies de hongos. La mayor concentración se encuentra en varias especies del género Psilocybe pero se ha identificado en otros doce géneros más. Tras su ingestión, nuestro organismo transforma la psilocibina rápidamente en psilocina, una molécula psicoactiva que actúa sobre los receptores cerebrales de serotonina y genera alucinaciones, euforia y trastornos de la percepción; aumenta la emotividad, favorece la capacidad de introspección y genera un recuerdo muy vívido de algunas memorias. También pueden experimentarse reacciones negativas tales como náuseas, nerviosismo o dolores de cabeza y en algunas personas puede ser aún peor, con ataques de pánico o paranoia. La duración de los efectos está entre dos y seis horas, pero como también altera la percepción del tiempo los consumidores lo viven como que ha pasado mucho más. Un estudio realizado sobre ciento diez voluntarios sanos que recibieron de una a cuatro dosis de psilocibina concluyó que experimentaron «cambios profundos en el estado de ánimo, en la percepción y en el pensamiento y valoraron la experiencia como placentera, enriquecedora y no amenazante».

Los «hongos mágicos» tienen una historia bien delimitada en dos etapas y no necesariamente una es la continuación de la otra. En la primera parte, antes de mediados del siglo XX, su consumo estaba unido a un ámbito ritual y se buscaba una comunión con los espíritus. Hay pinturas murales en el Sáhara donde se observan figuras con algo que parecen setas en sus manos y recubriendo toda su piel. En un mural de unos doce metros situado en un abrigo rocoso del yacimiento de Selva Pascuala (Villar del Humo, Cuenca) hay otras formas poco definidas y se ha planteado que podría tratarse de una transición de setas a hombres, algo que podría estar relacionado con el consumo de Psilocibe hispanica en esa zona. Ya en épocas históricas, las setas psilocibias eran un componente importante de la culturas americanas, en particular de los aztecas. Los clérigos españoles persiguieron el consumo por los indígenas mexicanos y lo trataron como un asunto diabólico, identificando correctamente que era parte de la comunión de las culturas precolombinas con sus divinidades —el nombre en nahuatl, el lenguaje de los aztecas, es teonanácatl, la carne de dios— y, precisamente por eso, buscando acabar con ello. A pesar de siglos de prohibiciones y persecuciones, las setas psilocibias siguen formando parte de rituales religiosos de distintos grupos étnicos incluyendo los nahuatls, los matlatzinca, los totonacs, los mazatecas, los mixes, los zapotecas y los chatino.

La segunda etapa, que podríamos llamar recreativa, se inicia en la segunda mitad del siglo XX y el consumo sigue pautas muy diferentes: se realiza por personas de países desarrollados o de los mismos países pero sin una conexión espiritual ni cultural, en un lugar no simbólico, sin la presencia de alguien que actúe como guía (el chamán) que es el que regula qué y cuánto se consume. En el primer caso se trata una ceremonia que se considera el acto más sublime del grupo, donde se recibe a los dioses o se hace uno con ellos, y donde el componente espiritual es una parte fundamental y necesaria. En la versión moderna, el consumo es recreativo y va frecuentemente unido a ilegalidad, a tráficos y consumos de sustancias prohibidas. En 1957, un banquero y micólogo aficionado, R. Gordon Wasson, y su esposa Valentina describieron sus experiencias de ingestión de hongos con psilocibina durante una ceremonia tradicional en México, publicando un artículo en la revista Life titulado «Seeking the Magic Mushroom» («Buscando el hongo mágico»). En un segundo viaje les acompañó Roger Heim, director del Museo Nacional de Historia Natural de París, quien identificó las especies de setas utilizadas y envió unas muestras al químico Albert Hofmann, que trabajaba en Sandoz y había conseguido fama mundial al sintetizar el LSD en 1938. A este grupo se unió Timothy Leary, profesor en la Universidad de Harvard que ayudó a popularizar la psilocibina y a defender sus posibles usos terapéuticos. Como había sucedido en la época de la colonia, las autoridades norteamericanas y europeas también ilegalizaron su consumo, posesión y venta, siendo clasificadas como drogas de tipo 1, que son las que tienen un alto potencial de abuso y ningún efecto terapéutico.

A pesar de este estigma, se han hecho diversas investigaciones sobre los principios activos de las setas psilocibias y sus efectos. Griffiths y su grupo hicieron un ensayo clínico con psilocibina en treinta y seis personas que nunca habían tomado un alucinógeno pero que participaban en prácticas religiosas o espirituales. Los voluntarios fueron evaluados durante el tratamiento, poco después y dos meses más tarde, y unos tomaron psilocibina y otros un placebo activo: metilfenidato (Ritalin). El Ritalin produce un efecto estimulante pero no alucinógeno, y se usó porque si se hubiera tomado un compuesto inactivo como control los usuarios habrían identificado con rapidez en qué grupo participaban y se habría dado un sesgo en sus respuestas. A los dos meses, los participantes valoraron la experiencia con la psilocibina como algo muy significativo en el plano personal, con un intenso componente espiritual y atribuyeron a esta experiencia cambios positivos en su actitud ante la vida. Una nueva evaluación un año después hizo que los participantes describieran su experiencia con la sustancia fúngica como una de las más significativas personal y espiritualmente de sus vidas y consideraron que había mejorado su bienestar y su satisfacción con su propia existencia. Para confirmar este efecto, los investigadores entrevistaron también a familiares, amigos y compañeros de trabajo de las personas que habían participado, llegando a la conclusión de que estos cambios eran consistentes con las puntuaciones que les daban los familiares, amigos o colegas de cada participante; es decir, habían cambiado y había sido para mejor. Es una evaluación chocante por dos motivos, por un lado porque se producen cambios duraderos en el tiempo con una experiencia puntual y, por otro, por esa clasificación de la psilocibina entre las drogas de tipo 1, las más peligrosas y dañinas.

DETALLE del panel 1 de la pintura prehistórica de Fuente de Selva Pascuala (Cuenca, España): probables hongos alucinógenos.

Detalle del panel 1 del yacimiento de Selva Pascuala (Villar del Humo, Cuenca). Fotografía:  Giorgio Samorini (CC)

Un segundo grupo de estudios, incluyendo varios ensayos clínicos, se ha centrado en las posibilidades terapéuticas de la psilocibina. La base de datos norteamericana de ensayos clínicos (accedida el 14 de noviembre de 2015) recoge quince estudios realizados o en realización con esta molécula donde se investigan sus posibles beneficios para los pacientes con cáncer, para las crisis de ansiedad, para dejar la adicción a drogas como el alcohol o la cocaína y para mejorar la psicología y eficacia de líderes religiosos, como si pudiéramos tener chamanes de laboratorio. Un par de estudios recientes se han centrado en pacientes con estados avanzados de varios tipos de cáncer y un diagnóstico de un trastorno de ansiedad. Los resultados estadísticos permitían concluir que la psilocibina generó una disminución de la ansiedad y una mejoría en el estado de ánimo de estos pacientes.

El tercer ámbito de actividad en el que la psilocibina parece una molécula prometedora es en el tratamiento de la depresión. La psilocibina se une a los receptores serotonérgicos 1A/2A/2C y hace que la respuesta de la amígdala cerebral a los estímulos negativos o neutros se atenúe y eso genera una mejora del estado de ánimo en las personas deprimidas. La psilocibina actúa también sobre la corteza anterior del cíngulo, una zona que muestra cambios de actividad en personas con depresión y el tratamiento lo normaliza. Las personas con depresión tienen un exceso de actividad en la llamada «red neuronal por defecto» y así están todo el tiempo rumiando sobre ellos mismos, su nulo valor, sus fallos, su maldad, los fracasos vividos y los fallos cometidos. La psilocibina parece actuar también a este nivel, deteniendo lo que se conoce como rumiación obsesiva y mejorando la autoestima de los pacientes. Los primeros ensayos clínicos con la sustancia vieron que los voluntarios que participaban en el estudio se sentían de mucho mejor ánimo unas pocas semanas después, aunque prácticamente ningún laboratorio farmacéutico está dispuesto a participar en el estudio por las dificultades administrativas y legales que implica trabajar con una sustancia controlada.

Los cambios que la psilocibina genera en el cerebro se asemejan también a otro proceso natural de la mente: la creación de sueños. Tras inyectar psilocibina a quince voluntarios y meterlos en un escáner de resonancia magnética funcional, Robin Carhart-Harris y sus colegas del Imperial College han visto que se producía una caída de la actividad en el tálamo y en la corteza anterior y posterior del cíngulo. También se vio que se producía una disminución en el acoplamiento entre la corteza prefrontal y la corteza posterior del cíngulo. Estas regiones están relacionadas con el autocontrol y los pensamientos más elaborados. Estos cambios en los niveles de actividad son similares a los que se producen cuando una persona sueña, lo que podría tener que ver con las visiones y las experiencias oníricas, y la menor actividad en los centros de conexiones también sugiere una cognición sin restricciones, como si el cerebro se comportase «más libre» tras el consumo de psilocibina.

La psilocibina se clasifica también dentro de las sustancias enteógenas, aquellas moléculas capaces de suscitar experiencias espirituales, un aspecto enormemente sugerente por sus implicaciones pero que entre los científicos suele generar cierta incomodidad. De hecho se ha visto que la psilocibina y el LSD son capaces de inducir experiencias místicas o trascendentes en una relación dosis dependiente, algo que no sucede con otras drogas psicoactivas como el éxtasis, el cánnabis, los opioides, la cocaína o el alcohol. Tras un ensayo clínico con psilocibina, la mitad de los participantes lo describieron como la experiencia espiritual más significativa de sus vidas.

Las experiencias místicas son un componente fundamental de las tradiciones religiosas y culturales en todas los continentes y en todas las épocas. En todas ellas hay un núcleo común, un relato bastante parecido que incluye sentimientos de unidad, de conexión, de sentirse en un ámbito sagrado, de paz, inefabilidad, alegría, trascendencia y una idea difícil de explicar de que esa experiencia es una fuente de verdad. Durante milenios, los humanos hemos usado una serie de rituales para alcanzar ese estado incluyendo la meditación, el rezo, el ayuno y la danza. También es común el consumo en esos ceremoniales de sustancias con poderes místicos que pueden ir desde la transubstanciación del pan y el vino en cuerpo y sangre de Dios a la ayahuasca, el peyote y los hongos mágicos.

 Para leer más:

  • Carhart-Harris RL, Erritzoe D, Williams T, Stone JM, Reed LJ, Colasanti A, Tyacke RJ, Leech R, Malizia AL, Murphy K, Hobden P, Evans J, Feilding A, Wise RG, Nutt DJ (2012). «Neural correlates of the psychedelic state as determined by fMRI studies with psilocybin». Proc Natl Acad Sci U S A. 109(6): 2138-2143.
  • Griffiths R, Richards W, Johnson M, McCann U, Jesse R (2008) «Mystical-type experiences occasioned by psilocybin mediate the attribution of personal meaning and spiritual significance 14 months later». J Psychopharmacol 22(6): 621-632.
  • Kraehenmann R, Preller KH, Scheidegger M, Pokorny T, Bosch OG, Seifritz E, Vollenweider FX (2014) «Psilocybin-Induced Decrease in Amygdala Reactivity Correlates with Enhanced Positive Mood in Healthy Volunteers». Biol Psychiatry pii: S0006-3223(14)00275-3.
  • Lyvers M, Meester M (2012) «Illicit use of LSD or psilocybin, but not MDMA or nonpsychedelic drugs, is associated with mystical experiences in a dose-dependent manner». J Psychoactive Drugs 44(5): 410-417.
  • Samorini G (1992) «The oldest representations of hallucinogenic mushrooms in the World (Sahara Desert, 9000-7000 B.P.)». Integration 2 (3): 69–78. Enlace.
  • Young SN (2013) «Single treatments that have lasting effects: some thoughts on the antidepressant effects of ketamine and botulinum toxin and the anxiolytic effect of psilocybin». J Psychiatry Neurosci 38(2): 78-83. Enlace.

27 comentarios

  1. Pingback: La psilocibina es un compuesto psicodélico que parece prometedor en el tratamiento de la depresión

  2. Encantado con el artículo.

    Como estudiante de Medicina que soy me opongo al consumo habitual de casi todas las drogas especialmente el tabaco que es legal y la heroína que es lo peor que hay.

    No obstante poco he aprendido sobre las setas. Pero en el último año las probé y es indescriptible lo que han supuesto para mí.

    Parece mentira pero es verdad una sola dosis te cambia de forma duradera por lo que yo no recomendaría más de 1 o 2 al año.

    Muchas gracias por explicar el efecto yo que lo he vivido coincido plenamente.

    Eso sí dudo de su efectividad en una persona con depresión por que un estado mental negativo creo puede favorecer un mal viaje.

    Si lo probaría en gente con tendencia a tener depresión que no esté en una activa puede que ese cambio de percepción evite nuevas depresiones.

    PD: en Holanda son legales, no estaría mal mencionarlo por si alguien quiere probarlos sin incurrir en un delito.

  3. Gracias por el artículo.

    Un apunte de ortografía: el plural de totonaco es totonacos y náhuatl es el idioma, los que lo hablan son los nahuas.

  4. Magnífico!

  5. Echo en falta en este artículo una mención a ciertos rituales secretos en la antigua Grecia, tal como cuentan Albert Hoffmann, Robert Gordon Wasson y Carl Ruck en su obra conjunta “Camino a Eleusis”

    • Hola David. El tema es cierto que tiene muchas derivadas y es algo comentado la posibilidad de que los llamados Misterios de Eleusis y otros ritos iniciáticos tuvieran un uso de sustancias alucinógenas o enteógenas. Pero primero, son hipótesis y luego es un artículo, que ya me suelen salir largos, y lo importante es que anime a la gente a leer más, como haces con tu comentario. Un saludo cordial

  6. Los alucinógenos no son experiencias místicas, es una lamentable confusión. Aportan una saturación momentánea de imágenes oníricas, un “chute” de creatividad exacerbada, de la que uno puede sacar las conclusiones que quiera o pueda. Los pueblos indígenas las tomaban habitualmente y al día siguiente seguían con sus sacrificios humanos y su brutalidad. El chamán de “Perdidos en la ciudad” de CuatroTV, afirmó tras una visita a un cine 3-D en España, que había sido una auténtica “experiencia chamánica”. Confundir abotagamiento mental con trascendencia puede ser aceptable en adolescentes en busca de emociones, pero en supuestos investigadores da un poco de vergüenza ajena.

    • En este triste universo, las alucinaciones son el material de las experiencias místicas. Sea que las produzca la locura, el hambre, las sustancias alucinógenas o el trance autoinducido. La gente luego “procesa” eso y le busca el sentido de trascendencia que mejor se acomode a sus ideas, pero lo que vivió casi siempre tuvo alguna de esas cuatro causas.

      Por eso, creo que no hay confusión en el artículo. Saludos.

      • Su descripción de la experiencia psicológica sí que es un chute y saturación momentánea de sesgo y torticera manipulación.
        ¿También acaso los atenienses del siglo V a.C podemos, bajo su civilizado criterio, considerarlos como bárbaros?
        No es mucho presuponer que usted poco o nada conoce de la cultura ateniense, y griega en general, de la Antigüedad. No hace falta más que remitirse a faros de la civilización -Platón, Aristóteles, Cicerón- para leer sus descripciones fascinantes y a su vez llenas de fascinación mística de los ritos de Eleusis, donde presumiblemente se utilizaba el cornezuelo del centeno a modo de catártico(LSA).

        Por no entrar en las bien fundamentadas investigaciones antropológicas que sitúan en las tribus nómadas de Asia Central ca. 3000 a.C el nacimiento de la religión por medio del consumo del hongo Amanita Muscaria.
        Sin tampoco dejarnos en el tintero las múltiples referencias en el córpus védico y brahamánico al “Soma”, lenitivo a todas luces de corte enteógeno.
        Aunque claro, ante el peso de la autoridad argumentativa que confiere el visionado de un programa de Cuatro haga de todo esto no más que agua de borrajas.

        Lo que creo es que su concepto de trascendencia simple y llanamente se circunscribe a una tradición mosaica y, en efecto, necesita abjurar de aquellas prácticas que le oleran a antiguo enemigo pagano.

        • @Adrian. “Presumiblemente” “lenitivo a todas luces” irrefutables argumentos científicos, sin duda. Pero ¿pruebas tangibles, obras resultantes? Ni una. No hay místicos desde las drogas, no existen, ni uno. Usted dice que el concepto de Dios es un derivado de las setas. Yo digo que las setas son una muletilla que a algunos les ayuda a ir soltando la razón enquistada. Pero que hay que ir más allá. Sí, los místicos existen desde la espiritualidad, lamento las malas noticias. Y ninguno conocía las drogas. Por ejemplo, San Juan de la Cruz, Walt Withman, Al-Hallaj, Plotino. Y siempre se requiere sacrificio, auto entrega a algo más allá de uno mismo. Y por cierto, ese es el fin de la filosofía griega, desde Platón (que se pasa la mitad del tiempo hablando de Dios), hasta Schelling. Así que sí, lamento decirle que todo viene de lo que decide hacer el ego con Dios: ignorarle, entregarse, o masticar setas y hablar con monstruitos verdes. Siga Ud. esnifando pegamento con su pandilla de adolescentes. Que se esfuercen otros. Pero no lo llame mística, aunque sólo sea por respeto a nuestros padres griegos. A mí me da igual. A mí sólo me molesta que lleve Ud. por desvíos narcisistas a buscadores de buena fe. Corto y cierro.

      • Lo que pasa es que jamás salió un místico de ninguna de esas cuatro arbitrarias categorías. Es decir, la práctica indica lo contrario de lo que dices. Indica que uno tiene que ignorar completamente lo que es la mística para asimilarla a una imitación burda como la alucinación (a menos que vayamos a incluir entre los místicos a Jimmy Hendrix o a Keith Richards, en cuyo caso me retiro educadamente). Así que la palabra mística no es que esté confusamente mencionada aquí, es que no procede; no más que la palabra alpargata, por ejemplo. Por cierto, si algo es “auto”inducido no puede ser trascendente, sino una – otra – paja mental.

        • Los santos cristianos y sus éxtasis. Entre los enfermos mentales, los que practicaban ayuno extremo y los que inventaban, ¿quién nos queda? Tal vez el autor del Apocalipsis, que parece influido por la ingestión de alguna cosita más fuerte.

      • Don Vicente: basta con leer sus dos primeras frases para saber que jamás ha probado usted un alucinógeno. Le recomiendo que lo haga con la mayor urgencia -con las obvias precauciones para su salud, por supuesto-, tanto para saber de lo que habla, como porque es una pena que se pierda esa experiencia.

        • Yo no le recomiendo al señor Matus que haga la prueba porque, con su mentalidad, lo más probable es que tuviera una experiencia atroz. Mejor que siga chapoteando en su atrevidísima ignorancia. Por lo demás, enhorabuena al doctor Alonso por su impecable aproximación a este asunto.

          • alucinogeno es un termino burdo, el cual es usado para confundir i desinformar,,, seria mucho mas exacto hablar de enteogenos,, Pues no aparecen monstruitos verdes como apuntan los mas mediocres de los licenciados,, esa patetica idea de definirlo hace que su castrada intriga por el potencial de esa substancia sea desprestigiado i clavado en el rechazo,, la inquisicion fue quien propuso y llevo a cabo la caza de brujas,, normalizando y perpetuando una actitud arrogante hacia una molecula que seria capaz de guiar a la consciencia humana hacia su utopica libertad..

  7. Interesante artículo
    Recomiendo también la lectura del libro de Josep Maria Fericgla, “el hongo y la genesis de las culturas”, que dedica su tiempo a la Amanita muscaria (con su ingrediente secreto, la muscarina), Muy acorde con el texto

  8. Debería haber enlaces que sustentasen las informaciones sobre el arte prehistórico

  9. Lo siento, he visto el enlace después de repasar el artículo. Mea culpa

    • Ningún problema, Agustín. Al leer tu primer comentario pensé que si me lo habría saltado yo. No es un artículo académico y no da para poner referencias a todo pero intento basarme en información fiable (a veces me la pueden “colar”) pero en este caso es eso, una hipótesis sugerente. Un saludo cordial

  10. ¿Actúa sobre el circuito de recompensa? ¿Cuán adictiva es esa sustancia?

    (Mucha palabrería, copiada de unos cuantos artículos leídos).

    • Hola, Julia. La psilocibina no es adictiva en absoluto. De hecho, como ocurre con la mayoría de los alucinógenos (la DMTy la LSD, por ejemplo), si se repite una ingesta sin que haya pasado una semana de tiempo, no resulta activa. Por lo que es imposible una relación abusiva (esto es, diaria) con la sustancia.
      De ahí el absurdo (entre otros motivos) de su inclusión en la Lista I de las drogas, esto es, la más restrictiva de todas. Bueno, absurdo no es, ya que la psilocibina, entre otros efectos, hace que el sujeto se plantee la legitimidad del sistema en que está inmerso.

      El artículo no nombra el potencial terapéutico de la Psilocibina en el caso de las cefaleas en racimo. Son unas cefaleas que se conocen como suicidas, ya que los que las sufren tienen que soportar a diario unas crisis de dolor terrible, el mayor dolor que se puede soportar sin perder el conocimiento. No existe una terapia eficaz para estos pacientes. Pues bien, hay estudios que afirman que una sola ingesta de psilocibina acaba de raíz con el problema de forma milagrosa en el 80% de los casos. Yo mismo lo he comprobado, y es cierto.
      La comunidad científica, a pesar de saber que existe esta línea terapéutica, le da la espalda, en un ejercicio vergonzoso de arbitrariedad e ignorancia. Animo a los pacientes de cefalea que lean esto a emprender el viaje. Será el mejor regalo que hayan recibido nunca, sin duda.

      • El absurdo no es la inclusión de tal o cual molécula psicoactiva en tal o cual lista, sino todo el maldito sistema de listas y, en general, todo el sistema mundial de control de estupefacientes, a cuyo feliz final estamos asistiendo a cámara lenta; entre otras razones, porque este tinglado demencial se creó para unas pocas sustancias de origen natural y no está preparado para tratar con centenares o miles de ellas salidas de laboratorios -tampoco es que haya demostrado ninguna eficacia en controlar las drogas prohibidas en 1961, por otra parte. Y si el terapeutismo nos metió en este atolladero, difícilmente nos sacará de él, así que mejor será enviarlo al limbo de los justos y reivindicar el derecho al uso del propio cuerpo.

  11. Gran artículo, sólo un apunte:
    – Si las farmacéuticas no quieren investigarlo no es porque sea una sustancia controlada, es porque es una sustancia que no pueden patentar porque crece sola el múltiples sitios,, y ya sabemos lo que pasa cuando las farmacéuticas intentan hacer algo así que intentan hacer cannabis en pastillas y cuando a un paciente le da un derrame cerebral culpamos a la planta.
    FREE THE MUSHROOMS!

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