Elia y Elizabeth: el rescate en la serie «Narcos» de una joya olvidada del pop - Jot Down Cultural Magazine

Elia y Elizabeth: el rescate en la serie «Narcos» de una joya olvidada del pop

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Elia y Elizabeth. Imagen: Munster Records.

Elia y Elizabeth. Imagen: Munster Records.

Final del episodio cuatro de la serie Narcos. Suena «Todo en la vida» de Elia y Elizabeth. En Reddit empiezan a aparecer comentarios preguntando por la canción. Acto seguido, llegan las menciones en Twitter: «Elia y Elizabeth over everything»; «So watching Narcos has introduced me to La Onda de Elia y Elizabeth…»; «Heard yer not listening to Elia y Elizabeth. Shame for you man»; «Le canzoni di Narcos sono fantastiche»; «Nouveau coup de coeur»; «Har ni lyssnat på Elia y Elizabeth? Perfekt söndagsmys». Unanimidad total e internacional, que se dice pronto. Y eso que no es un hit, la canción en cuestión es solo una más del repertorio de ese dúo de pop adolescente colombiano de principios de los setenta. Pero en España no las descubrimos con la serie. Un año antes de la emisión de ese capítulo, el sello Vampi Soul, de Munster Records, había reeditado su trabajo.

¿Cómo sonaban? Pues muy elegantes y certeras en cada corte por su asimilación de todas las modas del momento, de la canción de la costa oeste de los años sesenta a los incipientes ritmos negros de los setenta sin eludir sus raíces latinas, y de una inocencia conmovedora. De hecho, no deja de sorprender que el exquisito y delicado pop de Elia y Elizabeth permaneciera enterrado en un cajón hasta bien entrado el siglo XXI.

Actualmente, Elizabeth es profesora de guardería en Bogotá y Elia teresiana en Taiwan. Su carrera como dúo duró apenas tres años, se disolvieron justo en el momento de mayor fama, pero comencemos el relato desde el principio. Desde los orígenes de su linaje.

Porque estas dos adolescentes eran las nietas del cantante de ópera español Miguel Fleta. Un artista de éxito internacional, uno de los tenores más importantes del siglo XX, que llegó a participar en el estreno póstumo de Turandot de Giacomo Puccini sin que ello fuera óbice para que cantase y grabase numerosas jotas aragonesas, su tierra. Pero si dejó una verdadera curiosidad para la historia fue que puso voz al «Himno de Riego» y a la «Marsellesa», las dos canciones que se barajaron como himno de la II República —sin que ninguna llegara a serlo oficialmente, pero también al «Cara al sol», pues en 1936 se afilió a Falange y se entregó a su causa hasta que falleció en 1939 en A Coruña.

Musicalmente, sus descendientes mantuvieron el nivel. Sus hijas, el dúo Hermanas Fleta, fueron estrellas absolutas de la radio española a principios de la década de los cincuenta con un repertorio, según cuenta Julián Molero en la Fonoteca, de boleros, carnavalitos, fox-trots, mambos y algún pasodoble español. Cuando una de las dos, Paloma, rompió el dúo para casarse con un estadounidense e irse a vivir a Tennesse, su hermana Elia entonces pasó a cantar jazz con el pianista Juan Carlos Calderón y se convirtió en la «gran voz femenina del jazz español», en palabras de Molero. Llegó a grabar incluso con Tete Montoliú el único disco que tiene con solista. «Ambas pusieron una nota cosmopolita en la España de charanga y pandereta de los años cincuenta», concluye. Sin embargo, nuestras protagonistas, la siguiente línea generacional, empezaron al otro lado del charco.

Contacto con Elia Fleta Mallol y le pregunto cómo acabó una rama de su familia en el Colombia: «Mi madre, Asunción Mallol Bayer, de familia catalana nacida en Barcelona, ayudaba a mi abuelo, Carlos Mallol, en el consulado, ya que era cónsul de España en el Caribe colombiano. Mi padre, que era un enamorado de América, fue al consulado a arreglar unos papeles y allí conoció a mi madre. Se enamoraron, amor a primera vista, y se casaron a los seis meses».

Aunque el tenor Miguel Fleta murió cuando su hijo tenía nueve años, este siempre tuvo en su casa los trabajos discográficos de su padre. «Se ponían constantemente», recuerda Elia. Y su madre, que también tenía talento musical, cantaba por encima de los discos. Elia y Elizabeth, nacidas en Bogotá pero criadas en Barranquilla, crecieron así en una familia marcada por la tradición musical y el paso de los años fue haciendo el resto: «Mi padre me compró la primera guitarra cuando tenía once años. Aunque ya cantábamos y actuábamos en muchas funciones que se organizaban en el colegio desde muy pequeñas, ahora nos acompañaríamos con los instrumentos. Yo, sin saberlo, inventaba canciones sin entender que eso era componer».

De esta manera, lograron aparecer en un programa televisivo El tío Johnny a go-go, un show de canciones para niños y jóvenes en el Canal 5 de Panamericana Televisión. No obstante, su primera grabación fue en España. Fueron invitadas a televisión a un homenaje dedicado a su abuelo. El citado pianista Juan Carlos Calderón, el que había tocado jazz con su tía, vio el programa en su casa y llamó ipso facto a su antigua cantante para contactar con niñas. Se las llevó a grabar al sello Zafiro de Barcelona y editó un EP que no tuvo promoción alguna, pero que las sirvió para fichar de vuelta en Colombia con la discográfica Codiscos, donde registraron sus dos elepés: «En aquella época las cosas en España no funcionaban tan bien como en América, la promoción prácticamente te la hacías tú. De todas maneras actuamos en el Palacio de los Deportes en Madrid y en un club de Badalona». Pero su padre, broker de bolsa, no se adaptó a nuestro país y decidió regresar.

Este sencillo contenía las canciones «Fue una lágrima» y «Cae la lluvia», que luego fueron regrabadas en su país, porque los arreglos orquestales de Juan Carlos Calderón estaban ciertamente anticuados para la fecha, lo cual no quiere decir que no tengan su aquel. Pero lo que a ellas les corría por las venas en aquel momento era un estilo entre el funk y el sunshine pop setenteros con un delicioso toque tropical: «Entonces me gustaban cantantes y grupos americanos e ingleses como The Beatles, The Doors, Jimi Hendrix, The Carpenters, Carol King, The Monkees, que tenían un programa de televisión, y Crosby, Stills and Nash», recuerda Elia.

En las grandes capitales colombianas de entonces había una gran efervescencia cultural, con un fuerte movimiento hippy. La atmósfera idónea para recibir una propuesta que combinaba ritmos de distintas latitudes. A la hora de grabar este primer disco, toda la savia negroide y caribeña llegó de la mano de los arreglos del pianista Jimmy Salcedo, músico de jazz de la bohemia escena bogotana que había pasado del bebop a la televisión comercial con su grupo La Onda Tres: «Me acuerdo de que era muy amable y cercano, dirigía con decisión y seguridad el grupo de la Onda tres. Tocaba un órgano moderno y bailaba mientras tocaba. Sus arreglos se inspiraban en lo que yo hacía con la guitarra, no cambiaba las canciones y era muy fiel a lo original, por esto también me gustaba. Transmitía seguridad y serenidad. Recuerdo que era diabético y su mujer María Cristina le tenía muy controlada la bebida y la comida. Él le cantaba mirándola con gracia “María Cristina me quiere gobernar y yo le sigo, le sigo la corriente…”». Salcedo fallecería en 1992 debido precisamente a complicaciones de esa diabetes.

En este programa les llegó el éxito y la fama que les dio para grabar un segundo elepé y tener una presencia prácticamente constante en televisión. Tenían quince y dieciséis años, protegidas por su madre, firmaban autógrafos a cientos de fans, pero aunque nunca se les subió a la cabeza, como precisa Elia. De hecho, el dúo se rompió en el momento cumbre: «Simplemente, yo quería pertenecer a la Institución Teresiana, una asociación de laicos cristianos, que promueve la dignidad de la persona desde el diálogo de la educación y la cultura con la fe, por eso quería hacer una carrera universitaria y poder prepararme bien. Hasta hoy he trabajado desde Vallecas hasta en la India, ahora en Taiwán, y en todos estos sitios he podido seguir componiendo y actuando con mis canciones, la música siempre ha estado presente en mi vida y es mi forma más auténtica de cambiar las estructuras injustas de este mundo», explica la compositora.

Los éxitos más populares en su país del dúo fueron «Hay que vivir la vida», «Mis 32 dientes» y «Alegría», no en vano esta última se convirtió en un éxito en la costa atlántica americana porque, tal y como explicó Elizabeth en una entrevista en Cali TV, «habla de una negra que lleva una bandeja de fruta en la cabeza». Visiones cotidianas, costumbristas, llevadas a las letras con una precisión y solvencia impropia de su edad. Pero todas estas joyas cayeron en el olvido hasta que el sello español Munster las desempolvó con su filial VampiSoul.

Desde 2002 este sello empezó a reeditar referencias de países como Colombia, Argentina, México, Venezuela e incluso España, que no por estar fuera de los cánones del rock dejaban de ser auténticos llenapistas. Más bien al contrario. Mención especial mereció, por ejemplo, el rescate del puertorriqueño Richie Ray, uno de los pioneros del boogaloo, la música latinoamericana del Nueva York de los sesenta, o Joe Bataan, que llegó a grabar en el propio sello un disco de regreso con un grupo español, Los Fulanos.

Javi Bayo, uno de los responsables de Vampisoul, explica así la filosofía de su catálogo: «Nos hemos convertido en un referente internacional en la reedición de discos interesantes que permanecían olvidados o eran complicados de conseguir. Cada proyecto surge de una manera diferente. En algunos casos nos ofrecen acceso a un catálogo completo interesante y valoramos los discos que pueden salir de ahí, siempre priorizando la calidad sobre la rareza. Pero también tenemos un grupo de colaboradores, especialistas en distintos estilos, que nos proponen proyectos que consideran de interés».

En el caso de Elia y Elizabeth fue uno de sus colaboradores mexicanos, Carlos Icaza, quien propuso al dúo. «Resultaron ser elepés bastante olvidados en su país de origen, Colombia, a pesar de su inmensa belleza. Destilan inocencia y a la vez un encanto especial y la producción de Jimmy Salcedo supo combinar muy bien la raíz tropical con las influencias de la música negra recibidas a través del funk».

Cuando Elia decidió abandonar la música para estudiar en el momento de más fama, Elizabeth, que pudo haber seguido en solitario, no se animó porque le daba pereza. Estaba demasiado compenetrada con su hermana como para ir por libre. Al final todo quedó en un recuerdo adolescente, «lo guardamos como una experiencia muy bonita que tuvimos», sentencia Elizabeth en la televisión colombiana.

Esa experiencia a día de hoy es una colección de canciones en un crisol de estilos que resulta increíble que fuera ensamblado en aquellos días, puesto que parece la creación perfecta de un sibarita musical. Lo tienen todo. Sus ritmos caribeños, música negra y armonías del pop anglosajón cerraban el círculo perfecto ya en 1973. Cuesta creer que hayan permanecido tantos años en la oscuridad.

9 comentarios

  1. Soy Elia Fleta Mallol, del duo Elia y Elizabeth, os escribo desde Tainán ( Taiwán), quiero agradecer al periodista Alvaro Gonzalez su artículo en la Revista de EL PAIS : Jot Down, y por sus comentarios.
    Me ha gustado especialmente su fidelidad a los hechos y su manera de tejerlos en un artículo ameno e inteligente, a la vez que cercano y bien documentado. buenos también los links que intercala mientras habla..
    Excelente Alvaro, GRACIAS !!

    • Que el País y JotDown publiquen esta historia és sublime.
      Que Elia escriba desde Taiwan, esto es SUPERLATIVO!
      Qué hace Elia en Taiwan?!
      La historia acaba de empezar!!!

    • Mi más sincera enhorabuena por haber creado uno de los mejores discos que he escuchado jamás, Elia. Me alegra mucho que semejante joya goce del reconocimiento que merece -aunque nunca será suficiente-; un par de minutos de ese álbum sirven para alegrarle a uno el día y la vida. Gracias.

  2. ¡Qué horror! El otoño pasado tuve la oportunidad de escuchar sus letras y me pareció que eso solo tenía sentido como respuesta a las canciones de protesta que triunfaban en todo el mundo. Dos pijitas colombianas hablando de ¡sus 32 dientes!

    • Mamerto al ataque! Típico.

    • Una respuesta al Sr o Sra Shangaguay: Si usted escucha la canción ” En la gran ciudad” habla de los niños de la calle los “gamines de Bogotá”, la canción “Alegría” describe a las negras barranquilleras que venden fruta y dulce de alegría pregonando por las calles de Barranquilla, la canción Juan Torres” habla de un campesino sin tierra…., Sr o Sra Shangaguay, nunca hemos sido “pijas”, por el trabajo de mi padre íbamos de un lado para otro, éramos más bien nómadas…por otro lado, ¿qué puede esperar de dos adolecentes de aquella época de 15 y 16 años?, Ana y Jaime eran mayores que nosotras y lo mismo el dúo Angela y Consuelo. El despertar de lo social llegó en nosotras un poco más tarde…pero ya habíamos dejado la música..He reflejado lo social en otras canciones ver (youtube elia fleta música) Gracias por su comentario.

  3. Elia, qué canciones tan bonitas hicisteis. Muchas gracias

  4. ¡Gracias!

  5. Pues que lastima que estas chicas no hayan seguido en el mundo del espectaculo, posiblemente serian mas reconocidas, sin embargo excelente articulo muy detallado e investigado, mi padre tenia en su coleccion de lps musica hippie jazz funky y sonidos con puro sabor americano, y claro ahi estaban Elia y Elizabeth, una sorpresa cuando viendo la serie inmediatamente recorde “todo en la vida” , era un niño cuando por casualidad colocaba discos en el tornamesas de papa y especialmente esa cancion la recorde tanto que al volverla escuchar años despues y remasterizada, pense aun se conserva la originilidad de la ambientacion de una epoca sordida, pero tambien alegre en colombia

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