Vida y milagros de Jesús en veinte pinturas - Jot Down Cultural Magazine

Vida y milagros de Jesús en veinte pinturas

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Rubens, Caravaggio, El Greco, Rembrandt, Cecilia Giménez, Leonardo da Vinci… La lista de grandes artistas que a lo largo de los siglos han retratado a Cristo es innumerable. Si el islam siempre ha rechazado las representaciones artísticas de sus deidades, el cristianismo inicialmente también estaba sujeto a tal prohibición —«no te harás esculturas ni imagen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos» (Exo. 20:4)— aunque eso no impidió que, tras ciertos brotes iconoclastas, terminase abrazándolas con entusiasmo. Su acierto en ocasiones resulta cuestionable, pero no cabe duda de que tradicionalmente ha sido una buena forma de promover su credo. Por ello he de adelantar que nada más lejos de mi intención para este artículo que realizar proselitismo alguno ni, por el contrario, quisiera tampoco molestar a nadie que profese tales creencias… Aunque bien pensado y tratándose de una fe que logró doblegar al Imperio romano sería presuntuoso por mi parte creer que está siquiera a mi alcance aguijonear semejante piel de elefante. De manera que lo que viene a continuación es sencillamente un breve recorrido por algunas de las obras más destacadas de la historia del arte y por el motivo que las inspiró, el Nuevo Testamento, continuando así el repaso que ya hicimos al Antiguo Testamento. Allá vamos.

La anunciación, de El Greco

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Si comenzamos por el principio eso supone en el caso de Jesús remontarse al momento de su fecundación, que tuvo lugar como sabemos de una manera poco convencional. Un ángel llamado Gabriel fue a la ciudad de Nazaret y allí se le apareció a una mujer desposada pero aún virgen: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús (…) Dijo María al ángel: ¿Cómo podrá ser esto, pues yo no conozco varón? El ángel le contestó y dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti». (Lc 1:30-35). El Greco abordó el tema de la Anunciación nada menos que en diez ocasiones, siendo la que vemos sobre estas líneas la correspondiente al encargo para el retablo mayor del Colegio de la Encarnación, en Madrid, aunque hoy puede contemplarse en el Museo del Prado. Como ha sido costumbre a lo largo de los últimos siglos en las representaciones de pasajes bíblicos ni objetos, paisajes o vestimentas se correspondían remotamente a la realidad de Oriente Medio hace dos milenios, y aquí tenemos por ejemplo ese libro en un atril en cuya lectura María fue interrumpida o los instrumentos musicales angelicales. Los pintores carecían de un asesor histórico susurrándoles al oído y por otra parte así el publico sentía más proximidad con los personajes y escenas retratadas, algo acorde a su carácter alegórico.

Censo en Belén, de Brueghel

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En este caso el tratamiento de un pasaje bíblico como un evento contemporáneo al autor es aún más notorio, hasta el punto de que ha sido interpretado como una crítica encubierta a la administración española en los Países Bajos, particularmente despótica en los años en que fue pintado. La escena que retrata está contenida en el Evangelio de Lucas: «En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue». (Lc 2:1-7). Los personajes bíblicos aquí están situados en el mismo plano que los demás, sin ningún tipo de énfasis, lo que resulta acorde a su humildad. La serie de la BBC The Private Life of a Masterpiece le dedicó uno de sus episodios, muy recomendable, que puede verse aquí.

La adoración de los Reyes Magos, de Rubens

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«Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella al oriente y venimos a adorarle». (Mt 2:1-2). Pese a nacer en un establo no pasó desapercibido precisamente y ya desde el primer momento fue un destino de peregrinación. La adoración de los pastores y la de los Reyes Magos han sido dos de los temas más recurrentes para infinidad de artistas (de varios de ellos ya hablamos aquí) y algunos han reincidido en ellos hasta la obsesión. Fue el caso de Rubens, que pintó nada menos que ocho variaciones en torno a los magos venidos del oriente con regalos. Esta que vemos arriba se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Lyon.

Descanso en la huida a Egipto, de Patinir

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Esa pregunta de los Reyes Magos por el rey de los judíos naturalmente despertó el recelo de Herodes, cuyo trono veía peligrar, así que solicitó a los viajeros que en su regreso le indicaran dónde lo habían encontrado. Mientras dormían (al parecer en la misma cama) un ángel les advirtió de que evitasen en su camino al rey de Judea y, a continuación, el ángel se apareció también a José diciéndole: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2:13). Si como veíamos Rubens tuvo fijación por la adoración de los Magos, a Joachim Patinir le dio fuerte por este otro episodio, pues lo plasmó en seis ocasiones. Aunque a otros muchos artistas les ha servido de inspiración y si tuviéramos que quedarnos con dos ejemplos, serían Caravaggio y Rembrandt.

La masacre de los inocentes, de Rubens

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«Entonces Herodes, viéndose burlado por los magos, se irritó sobremanera y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en sus términos de dos años para abajo, según el tiempo que con diligencia había inquirido de los magos» (Mt 2:16). Aquí tenemos de nuevo a Rubens en una de estas composiciones que tanto le gustaban: un furioso amasijo de cuerpos que se retuercen y se lanzan unos contra otros. Es un cuadro fascinante aunque no apto para decorar una guardería, refleja la ansiedad por la guerra que estaba azotando el entorno del pintor en aquel momento y recuerda bastante a una de sus obras más celebradas, La caída de los condenados, con los ángeles rebeldes siendo enviados de cabeza al infierno tras la batalla celestial que tan vigorosamente describió Milton. Por si alguien estuviera interesado tiene un coste de setenta y siete millones de dólares, o al menos es el precio por el que se subastó en 2002.

San José, carpintero, de Georges de la Tour

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Salvo el pasaje que comentaremos en el siguiente cuadro no hay más referencias a la infancia de Jesús en el Nuevo Testamento. Así que hemos de acudir a los Evangelios Apócrifos —no reconocidos por la iglesia pero también más divertidos— y más concretamente al Evangelio de la infancia de Tomás para saber algo sobre la supuesta infancia de Jesús. Por lo visto resultaba ser un pequeño trol con superpoderes. Ahí nos cuentan cómo modeló con arcilla doce gorriones a los que luego dotó de vida, mató a un niño dejándolo, literalmente, seco (era un niño algo gamberro, pero vaya) y posteriormente también mató a otro que corriendo había chocado accidentalmente con él. A los padres de este por protestar los dejó, además, ciegos. Cuando su padrastro José intentaba afearle la conducta se encaraba con él, retador, así que viendo que iba por un mal camino digno de el Pirri se lo mandó a un profesor llamado Zaqueo a ver si lograba enderezarlo. Pero tras intentarlo el bueno de Zaqueo, desmoralizado, terminó rindiéndose y es cuando este pequeño bastardo «rompió a reír» y deshizo los hechizos anteriormente cometidos. A partir de ahí se portó mejor, con milagros buenos que incluían resurrecciones, curación de heridas y ayudar a su padre en su labor de carpintero, alargando mágicamente las piezas de madera. Es lo que vemos en esta pintura ejecutada con gran dominio de las luces y sombras y una espectacular precisión en cada detalle, como esos dedos traslúcidos del niño Jesús. Podrán contemplarla en la exposición que el Museo del Prado dedica al autor, hasta el próximo doce de junio.

Jesús a los doce años en el Templo, de Durero

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«El Niño crecía y se fortalecía lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba en Él. Sus padres iban cada año a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando era ya de doce años, al subir sus padres, según el rito festivo, y volverse ellos, acabados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo echasen de ver (…) Al cabo de tres días lo hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles. Cuantos le oían quedaban estupefactos de su inteligencia y de sus respuestas» (Lc 2:40-47). No es la única vez que Durero pintó este pasaje, aquí tenemos la otra, que podrán ver en el museo Thyssen-Bornemisza.

La tentación en la naturaleza, de Briton Rivière

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Los evangelios de Lucas, Mateo y Marcos mencionan el asunto, siendo este último el más escueto: «En seguida el Espíritu le empujó hacia el desierto. Permaneció en él cuarenta días tentado por Satanás, y moraba entre las fieras, pero los ángeles le servían» (Mc 1:12-13). Fue un rito de paso que se impuso antes de reclutar a los apóstoles y comenzar su evangelización, una lucha interior contra las tres tentaciones del demonio que ha permitido a los artistas de diversas épocas un mayor margen para la imaginación, para experimentar con estilos e imágenes, como en la escena de La ultima tentación de Cristo, o en la obra del enigmático William Blake (primera, segunda y tercera tentación).

Las bodas de Caná, de Veronés

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A partir de aquí el orden de diversos episodios en la vida de Cristo difiere de un evangelio a otro, pero si hemos de creer a Juan, este fue su primer milagro. Y uno de los mejores, que llevar alcohol a una fiesta siempre es de agradecer. Nuestro protagonista fue invitado a una boda junto con su madre en Caná, en cuyo transcurso el vino se agotó. Entonces Jesús pidió que se llenaran de agua unas tinajas de entre quinientos y setecientos litros de volumen y, mágicamente, quedó transformada en un vino de excelente calidad. Alguien tendría que haberle llevado entonces harina, a ver en qué era capaz de convertirla… Por su parte el cuadro tiene mucho más que ver en sus vestimentas, instrumentos y arquitectura con la Venecia renacentista en la que vivía el autor, todo ello representado con exquisito detalle, no en vano mide casi diez metros de largo. Con esta imagen pueden hacerse idea de su impresionante escala.

Sermón de la Montaña y curación del leproso, de Cosimo Rosselli

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Como decía en la introducción no hemos venido aquí a sermonear a nadie, allá cada cual con qué creencias o valores del cristianismo quiera comulgar o no. Ahora bien, hay un fragmento del sermón de la montaña que debería inscribirse con letras bien grandes en la página principal de cualquier red social: «Cuando hagas, pues, limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna sea oculta» (Mt 6:2-4). Cómo no recordar aquella campaña viral consistente en tirarse un cubo de agua helada y donar cien euros para la investigación de la ELA, y la queja posterior de las asociaciones sobre que la gente se apuntaba masivamente a lo primero pero olvidaba la segunda parte…

Esta pintura, que decora uno de los muros laterales de la Capilla Sixtina, incluye también un pasaje inmediatamente posterior a la proclamación de dicho sermón: «Al bajar del monte, le siguió una gran muchedumbre, y acercándosele un leproso, se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Él, extendiendo la mano, le tocó y dijo: quiero, sé limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra» (Mt 8:1-3).

La vocación de san Mateo, de Caravaggio

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«Pasando Jesús de allí, vio a un hombre sentado al telonio, de nombre Mateo, y le dijo: sígueme. Y él, levantándose, le siguió» (Mt 9:9). Telonio era la oficina pública donde se pagaban los impuestos, y estar al cargo era un empleo mal considerado, por eso cuando a continuación le afean a Cristo esa selección de personal que está haciendo responde que «no tienen los sanos necesidad de médico, sino los enfermos». Esta es, tal vez, la mejor obra de Caravaggio, en su brillante composición vemos a la derecha a Jesús señalando con una mano un tanto lánguida que recuerda mucho a La creación de Adán de la Capilla Sixtina, la luz proviene de su misma dirección en clara metáfora e ilumina el rostro del señalado, que parece estar diciendo «¿Es a mí?».

Cristo en la tormenta sobre el lago de Galilea, de Rembrandt

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Una vez acompañado de sus doce apóstoles comenzó a predicar parábolas que acostumbraba a iniciar con un «en verdad os digo» y remataba con un «el que tenga oídos para oír, que oiga». Pero también realizaba milagros consistentes en resucitar muertos, curar enfermos, crear vino, caminar sobre las aguas, prever el futuro, dejar seca una higuera, multiplicar panes y peces y, en cierta ocasión, este otro pintado por Rembrandt. Lo relata san Marcos, cuando tras subirse a una barca junto a sus discípulos «se levantó un fuerte vendaval, y las olas se echaban sobre la barca, de suerte que esta estaba ya para llenarse. Él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal. Le despertaron y le dijeron: Maestro, ¿no te da cuidado de que perezcamos? Y despertando, mandó al viento y dijo al mar: calla, enmudece. Y se aquietó el viento y se hizo completa calma» (Mc 4:37-39). Esta obra adquirió una imprevista fama cuando en 1990 una banda de ladrones disfrazados de policías asaltó el museo de Boston en que se encontraba y la robó. Aún no ha sido recuperada.

La resurrección de Lázaro, de Fabritius

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En un pueblo próximo a Jerusalén llamado Betania vivía un buen hombre que acogió a Jesús en su casa siempre que lo necesitó. En cierta ocasión enfermó, así que sus hermanas, Marta y María, acudieron raudas a donde se encontraba predicando en ese momento para solicitarle ayuda. Cristo se retrasó unos días en responder a la llamada de auxilio y para cuando llegó Lázaro ya llevaba cuatro días muerto. Esto, que habría sido un considerable patinazo para cualquier otro, no supuso problema para él, pues pidió que lo llevasen a la cueva donde permanecía el cuerpo, pidió que quitasen la piedra que la tapaba pese a la advertencia de Marta de que «ya hiede, pues lleva cuatro días» y entonces: «Gritó con fuerte voz: Lázaro, sal fuera. Salió el muerto, ligados con fajas pies y manos, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: soltadle y dejadle ir» (Jn 11:43-44). Van Gogh, que era un hombre muy devoto, le dedicó esta otra pintura.

Curación del paralítico, de Murillo

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Como vemos, a veces no podía acudir de inmediato a cada llamamiento —aunque luego tuviera los medios para arreglarlo— y en ocasiones no siempre procedía de buena gana. Así lo cuenta Mateo en el caso de un padre que lleva a su hijo endemoniado y le ruega con toda humildad por su cura, a lo que Jesús responde con este desaire: «¡Oh, generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? Traédmelo acá» (Mt 17:17). Solo le ha faltado añadir «me tenéis hasta los cojones». A ver, perdone usted, que es un niño lunático que se cae al agua y al fuego muchas veces y al parecer puedes curarlo. Pero bueno, entendemos que ser un mesías debe de ser muy estresante. Con mejor humor lo describe Lucas en esta otra ocasión retratada por Murillo en que le llevaron un paralítico: «¿Qué es más fácil decir: tus pecados te son perdonados, o decir: levántate y anda? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder sobre la tierra para perdonar los pecados dijo al paralítico: a ti te digo, levántate, toma la camilla y vete a casa. Al instante se levantó delante de ellos» (Lc 5:23-25).

Lavatorio de pies, de Tintoretto

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Hasta en tres ocasiones profetizó Jesús el final que le esperaba, pero en vez de huir se enfrentó al destino. Entró en Jerusalén a lomos de una burra, expulsó a los mercaderes del templo y, cuando ya presentía el desenlace de forma inminente, convocó a los apóstoles para una última cena. Ya comenzada esta, procedió al episodio descrito como «lavatorio de pies» por Juan: «se levantó de la mesa, se quitó los vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó: luego echó agua en la jofaina, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a enjugárselos con la toalla que tenía ceñida» (Jn 13: 4-5). De este cuadro algunos críticos han señalado que inspiró algunos detalles de Las meninas, y puede verse actualmente en el Museo del Prado.

La última cena, de Leonardo da Vinci

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Aquí hemos de ponernos firmes porque llegamos a una de las obras más trascendentales de la historia del arte. Por grandilocuentes que nos pongamos difícilmente podremos exagerar el impacto que ha tenido esta imagen, el carácter de icono universal que ha logrado alcanzar siendo reproducida, homenajeada y parodiada hasta el infinito (nuestra versión favorita es esta, naturalmente). El momento exacto que quiso mostrarnos da Vinci lo encontramos en el Evangelio de Juan: «En verdad os digo que uno de vosotros me entregará. Se miraban los discípulos unos a otros, sin saber de quién hablaba» (Jn 13: 21-22).

El prendimiento de Cristo, de Caravaggio

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«Llegó Judas, uno de los doce, y con él un tropel con espadas y garrotes, de parte de los escribas y de los ancianos. El traidor les había dado esta señal: a quien besare yo, ese es; prendedle y llevadle a buen recaudo. Al instante llegó y se le acercó, diciendo: Rabi, y le besó» (Mc 14:43-45).

Conscience, Judas, de Nikolai Ge

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Solo Mateo se hace eco del dramático final que tendría Judas tras su traición: «Viendo entonces Judas, el que le había entregado, cómo era condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y ancianos, diciendo: he pecado entregando sangre inocente. Dijeron ellos: ¿a nosotros qué? Tú verás. Y arrojando las monedas de plata en el templo, se retiró, fue y se ahorcó» (Mt 27:3-5). Nikolai Ge es un pintor realista ruso del siglo XIX que dedicó buena parte de su obra a pinturas de carácter bíblico. Esta es particularmente impresionante, con esa figura entre las sombras que observa alejarse a la muchedumbre con su presa y, enfrentado a solas con su conciencia, toma su última decisión.

Cristo crucificado, de Velázquez

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Lo que vino después ya es de sobra conocido: negado por Pedro en tres ocasiones, torturado, juzgado, condenado y finalmente crucificado. La cruz, inicialmente motivo de escarnio, terminaría siendo apropiada por el cristianismo hasta hacer de ella su símbolo más distintivo. Son innumerables las representaciones de Jesús crucificado y sería imposible mencionarlas todas así que, por escoger alguna, sobre estas líneas tienen la de Velázquez, que podrán encontrarla en el Museo del Prado y sirvió de inspiración a Unamuno. También me parece particularmente hermosa esta de Gustave Doré, un magnífico ilustrador que de vez en cuando también probó con el lienzo.

La incredulidad de santo Tomás, de Caravaggio

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Tras agonizar en la cruz finalmente murió y poco después «uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado, y al instante salió sangre y agua» (Jn 19:34). Una vez José de Arimatea retiró su cadáver de la cruz, lo cubrió con un sudario y lo llevó a un sepulcro. Fue allí donde resucitó de entre los muertos, no para devorar cerebros sino en cumplimiento de su mandato divino, para que sus discípulos fueran testigos y difundieran la buena nueva. Por ello se apareció ante ellos en tres ocasiones, siendo la segunda en la que «dijo a Tomás: alarga acá tu dedo y mira mis manos, y tiende tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel. Respondió Tomás y dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: porque me has visto has creído; dichosos los que sin ver creyeron» (Jn 20:27-29).

7 comentarios

  1. Maravilloso de poder ver todas estas magníficas obras por internet. Gracias!
    Desde Argentina Buenos Aires

  2. Extraordinarias pinturas, dignas del mejor de los museos.

  3. Os ha quedado un artículo “desangelado” , los complejos por hablar de divinidades en una web cientifista os ha llevado a hacer ciertos chistecillos q han dejado el artículo vacío.

    • No lo veo tan así……..necesarias las pinceladas de humor,está muy llevadero el comentario de las obras ,compatible con el profundo respeto que el Maestro merece………..talvez los católicos radicales sumidos necesariamente en las doctrinas de su iglesia encuentren profanas algunas menciones como la que se hace a los evangelios apócrifos……la verdad sobre ellos parece evidente….la iglesia ha querido mostrar para su conveniencia sólo la parte del “buenazo sin límites y exclusivo hijo de Dios”….cuando no le restaba ningún mérito a su Mensaje y su Ser,saber que cuando le “tocaban los h,,,,”…..y con todo el dominio que tenia sobre lo natural y lo sobrenatural de éste mundo ni siempre se acordaba de ofrecer la otra mejilla……lo que le hace aún mucho más Maestro entre maestros….

  4. Muy bue reportaje.
    En la modesta y humide opinión de un aficionado al arte e interesado en la religión desde varios puntos de vista opino q hay una gran selección de obras , comentarios interesantes y buenas dosis de humor para quitar solemnidad y dar un ritmo amable y simpático al texto.
    La obra y el artista Nikola Ge que no conocía , espectacular .
    En qué museo se encontrará?

  5. Pingback: Vida y milagros de Jesús en veinte pinturas – Jot Down Cultural Magazine | Historia del Arte 2º de Bachillerato

  6. Maravillosas obras, pero os falta casi todo el ciclo de la pasión: la entrada en Jerusalén, coronación de espinas, amarrado a la columna y azótado, con la cruz a cuestas, las tres caídas, la expiración, el descendimiento, la piedad, la resurrección…. Y hombre, la multiplicación de panes y peces, Jesus andando sobre las aguas, Magdalena perfumando sus pies, la expulsión de los mercaderes…. Vaya, que hagáis una parte dos.

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