Editar en tiempos revueltos: Impedimenta

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Desde las ventanas de la editorial Impedimenta se divisa una columna de humo pero se respira literatura. «Esa chimenea la ordenó hacer Pío Baroja», aclara Enrique Redel, señalando al obrador de Viena Capellanes tras cuyo mostrador estuvo —infelizmente— el literato donostiarra, y que le sirvió de espejo para crear el microcosmos de La busca. «Es un escritor con mucha miga, Baroja», decía Rubén Darío, mofándose de quien también acabaría siendo estandarte de la narrativa española del XIX.

Impedimenta lleva nueve años tratando de rescatar a los Barojas que quedaron atrapados en el pasado, que nos son españoles ni rudos varones. Que Penelope Fitzgerald, Iris Murdoch o Muriel Spark hayan llegado a nuestras manos es buena medida culpa suya. Ellos lo llaman «literatura de rescate», pero tienen más miga. En su catálogo figuran grandes nombres como Philip Larkin, Kafka o Poniatowska; pero también otros que podrían ser los Barojas del futuro. Y a todos —traductores incluidos— les miman por igual: con delicadas portadas, cuidadas ilustraciones y unos ejemplares que tratan de ser tan bellos por dentro como por fuera. Porque Impedimenta nació creyendo que el libro era ya un «artefacto perfecto» y solo se trataba de que reconquistase su lugar.

Charlamos con Enrique Redel, su fundador.

Empezáis en 2007 y pronto os asociáis en Contexto, plataforma que une a varias editoriales jóvenes. Pero te he leído que hoy en día te sientes más cercano a editoriales como Mondadori o Alianza que las pequeñas.

¡No sé dónde he dicho eso! Estoy por revisar mi propio criterio. Lo que ocurre es que ahora mismo sí que me siento muy cercano a cómo eran las grandes editoriales en sus comienzos, como Alianza o Anagrama. O con editoriales un poco más generalistas, porque nosotros tampoco buscamos un nicho ni una posición minoritaria, aspiramos a una posición mayoritaria. Aspiramos a libros que lleguen a mucha gente, pero eso no significa que se trate de un bestseller, porque hacemos ficción literaria. Y creemos que el libro literario puede llegar a mucha gente, ahí tienes a Anagrama o Acantilado, y Stefan Zweig y Philip Roth venden muchísimo. Así que la verdad es que si me siento cercano a algo es a una editorial que tiene ambición de llegar a un público amplio, sin perder la independencia. Ahora mismo Mondadori o Alianza son editoriales que están metidas en un gran grupo y con eso pierden independencia y capacidad de decisión por parte de los editores. Yo no renunciaría nunca a la independencia. Nunca jamás. No renunciaría a mi propio catálogo. Incluso si hay libros que me funcionan muy bien pero veo que no son lo que quiero hacer, me da igual: prefiero editar libros que me gusten a libros que me den dinero. Pero porque leo de todo, soy un lector generalista: leo ensayo, leo novela de género, de ciencia ficción, de aventuras…

¿Cómic?

Sí, muchísimo. De hecho posiblemente de lo que más lea sea cómic. Al menos en mi vida civil. Y aspiro a que ese gusto literario se traslade a Impedimenta, por eso no me quiero centrar en un nicho determinado.

Cuéntanos el origen del nombre de la editorial, que creo que tiene una historia.

Esto tiene que ver con casualidades. Hicimos un brainstorming con amigos, a los que luego no hice ni caso… Pero Impedimenta originalmente iba a ser el nombre de una colección de no ficción para lectores de ficción, y tenía que ver con que yo tenía un concepto de libro como algo que va contigo. Siempre voy cargado de libros, los muevo de un sitio a otro, de la editorial a casa, de casa a la editorial… Al principio se iba a llamar otra cosa, Malfi o Gretel o yo qué sé, pero no les convencía a mis distribuidores. Y entonces dije: Impedimenta. Porque impedimenta es la mochila que llevaban los romanos a la batalla, todo lo que portaban era imprescindible, y de suerte que si tiraban algo de lo que llevaban ahí era muy posible que murieran. Concibo la literatura como algo que va contigo a lo largo de la vida y que te marca, igual que la biografía o el oficio. Cuando mueres, tienes una selección de libros, y ese es tu retrato. Por eso pensaba en libros que durasen, libros que fuesen con uno y que le hiciesen incluso daño, a veces. Los libros que te llevas en las mudanzas son los libros buenos. Así que planteaba ese concepto de selección, de libro que va contigo. Y además como «impedimenta» tiene una especie de cariz negativo, de hacer que vayas más lento, me gusta que la gente me pregunte «y por qué narices le has llamado Impedimenta».

Creo que concibes el negocio editorial, al menos para las editoriales pequeñas, como algo pasajero. Que el fin es acabar cerrando o siendo absorbidos por una editorial grande. ¿Esto es algo temporal para ti?

Es que a los hechos me remito. Yo vengo de una familia de fontaneros, mi madre es hija y hermana de fontaneros. El negocio de mis abuelos se fundó en los años veinte y se mantiene, y probablemente los hijos de mi primo sigan con la fontanería en la que nació mi madre… Pero en las editoriales, constato que no hay ninguna editorial en estos momentos que siga siendo independiente y que sobreviva a la vida de su editor, de su creador. Ahí tienes por ejemplo la editorial independiente por excelencia que es Anagrama, que ha sido comprada por Feltrinelli, y a pesar de que Jorge Herralde siga ahí al pie del cañón, marcando el paso con ochenta y pico años, al final cuando él falte se transformará la línea editorial. O como Acantilado, que muere Jaume Vallcorba y ahora su mujer lleva los tres años de catálogo que dejó hecho, pero después de que se acabe cambiará la cosa. Por eso creo que el sino de toda editorial es desaparecer o ser absorbida por un grupo mayor. Y todas las editoriales que han sido independientes como Destino, Tusquets, Espasa, han acabado así.

¿Y si os compran?

No hago esto por la pasta, a pesar de que nos ganamos la vida y tenemos un equipo de cinco personas. Pero no vendería mi editorial, porque es lo que me gusta y me da de comer, y si quisiera ganar pasta montaría un bar. Hay una cierta tendencia a que la gente se olvide del editor, Jaime Salinas fue de los fundadores de Alianza y de Alfaguara, y decía que le daba mucha pena porque después nadie se acordaba de él. Cuando murió fue una lástima, joder, es que es el responsable de algunas de las mejores editoriales que ha habido en España. La gente te olvida, es así.

Es decir, que la muerte más dulce es desaparecer.

Sí, aunque a ver, en el caso de que sea inevitable igual prefiero que me compren, porque encima ya te paga la luz. Pero lo que me gustaría es que Impedimenta siguiese conmigo toda la vida, mientras el negocio de libro siga funcionando y dándonos satisfacciones. Soy muy optimista en eso y pienso que esto del libro no se va a acabar, que es mentira todo lo que nos andan contando. Así que prefiero que la editorial vaya con nosotros, como una relación de pareja, hasta que la muerte nos separe.

No «hasta que el eBook nos separe».

El ebook desaparecerá, ese es mi titular: «El ebook desaparecerá». Es evidente, es un concepto obsoleto, y el libro no, lleva aguantando centenares de años y no se agota. Otra cosa es que tenga que cambiar.

Defines el eBook como «literatura de mentira». ¿Por qué?

Claro. Suelo decir que esto es como la diferencia entre la verdad y la simulación, entre el sexo real y el sexo virtual. El virtual es muy rico, lo tienes en todos los sitios, te lo puedes descargar en el teléfono, en la televisión, en casa… Pero en realidad es un simulacro, una ficción. El libro en papel es la realidad y lo otro es una simulación que intenta remedarlo. El ebook es más cómodo, es más agradable de vez en cuando para no andar cargando… pues sí. Pero es que la vida en realidad no es agradable, pero es lo que mola, y prefiero la vida de verdad que la simulada. El libro es algo de verdad, algo que se puede tocar, que se puede disfrutar, que puedes dejar, que puedes olvidar y luego reencontrar; pero el electrónico es una cantidad de pasta invertida casi a fondo perdido, porque no da dinero. No da dinero más que a los vendedores de cacharritos y a las compañías telefónicas por la descarga de datos.

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En general, los editores coincidís en que el eBook no es el futuro, pero también en general, preferís sacar algunos de vuestros libros también en edición digital. ¿Es como un «por si acaso»? ¿Es como decir «no creo en ese mercado pero a la vez necesito estar ahí»?

Nosotros empezamos a hacer libro electrónico porque pensamos que podía ser un complemento importante a nuestra línea editorial. Luego me encontré con la paradoja de que yo no me he leído ni un solo libro electrónico de Impedimenta, igual que el resto de libros sí. Los leo, los releo, los marco, es casi un comportamiento animal. De los electrónicos no he abierto ni uno. Sé que tienen buena pinta porque la persona que los hace lo hace muy bien, pero no me interesan. Nos da un rédito económico no muy grande, un porcentaje pequeño de nuestra facturación, y ahora mismo si estamos en el libro electrónico es casi por inercia. No apuesto en Impedimenta por él, y siempre estoy planteándome dejarlo porque en realidad no lo necesitamos. Y además me da la impresión de que no merece la pena que nuestros libros estén en electrónico, porque tiene tanto trabajo detrás y hay tanta obsesión por la forma, por los papeles, por el toque final y el arte final del libro…. que el Ebook al final simplemente es un texto estandarizado. Estamos dándole vueltas todo el rato de si lo vamos a dejar o no.

¿Crees que devalúa el libro?

No, es más como un sucedáneo. Lo puedo entender, porque por ejemplo a veces tengo que leer libros en otros idiomas para valorar si los publicamos. Me los descargo en el Kindle, los leo y si veo que me interesan, compramos los derechos. Pero al final la lectura del libro electrónico se convierte en algo funcional, no es algo para disfrutar. Soy incapaz de disfrutar un libro electrónico. Para eso necesito que sea en papel, no sé si es educación o sensibilidad.

Ya que estamos en el meollo. ¿Amazon es el demonio para el sector?

Amazon es un fenómeno, más que otra cosa. Es una máquina de vender y una comunidad donde en realidad lo que les interesa son tus datos, más que tu dinero. Les interesa saber cuáles son tus preferencias, cuál es tu perfil y por dónde te pueden entrar. No tengo cifras porque Amazon no las da, pero estoy convencido de que la venta de libros es solo un anzuelo. Que no es un negocio, viven de otra cosa. De hecho un amigo que sabe de esto un poco me explicaba que Amazon vive del fondo de capital riesgo de Nasdaq, vive de «a futuros», de saber que se van a llevar el mercado y que van a acabar con todos los competidores. De hecho, están abriendo librerías físicas en Estados Unidos. Amazon es un enemigo fuerte, pero casi más para el librero que para el editor, porque en España tenemos la grandísima suerte de tener precio fijo. Y a nosotros nos afecta porque vivimos de las librerías, sin ellas no somos nada. Si ellas palman, nosotros vamos detrás. Lo que creo que tendría que hacer el sector es organizarse, de manera que montaran una plataforma suficientemente potente como para poder contrarrestar a Amazon y quitarle esa parte del pastel. Creo que la gente es partidaria de comprar normalmente, y si a una persona le dices que en veinticuatro horas tienes el libro, ellos te lo compran.

¿Pero cómo se lucha contra la rapidez de Amazon? Porque si la librería no tiene un ejemplar que quiero, tarda un par de días en conseguirlo. Con Amazon puedo tenerlo en doce horas en mi casa, sin moverme.

Ahora mismo hay distribuidoras que van a ser capaces de servir a una librería en menos de veinticuatro horas, incluso en menos de doce, dependiendo de la zona. Y lo siguiente que quieren hacer es llevártelo a tu casa. Es decir, que se va por el buen camino, que se está optimizando para que eso pueda ser posible. Creo que si se unieran todos los libreros con una cierta importancia para conseguirlo, lo conseguirían. No hay ningún problema. Lo que pasa es que hay que organizarse. Soy comprador de Amazon, compro mucho libro extranjero, y en lo que las librerías actuales me tardan quince días, esta gente me lo da en dos. Si consiguieran dármelos en tres o cuatro días, compraría aquí. Sin ningún problema. Pero ahora mismo es imposible hacer eso, y me da la impresión de que es por una cuestión de decidirse a unir fuerzas con otras librerías. Los libreros sé que hacen mucho esfuerzo, pero bajo mi punto de vista, el siguiente paso debería ser unir fuerzas contra un enemigo común y directo.

Y ahora que hablamos de unión de fuerzas. Impedimenta se integra en Contexto, una unión de editoriales pequeñas, pero muy distintas. Creo que el balance es positivo, ¿no?

El balance es muy positivo. Contexto, como Amazon, también es un fenómeno. Lo que hace es demostrar que unir fuerzas es beneficioso, algo que va en contra de la lógica de la competitividad, esa que significa que mi terreno está aquí y el terreno del competidor está en este otro lado. No dejamos de competir entre nosotros ni de pactar cosas raras, pero lo que hacemos es ayudarnos mucho en cuanto a información. Recomendarles una imprenta, un camino a seguir, pasarles el contacto de un librero…

Contexto nace porque una serie de editores empezamos a llevarnos muy bien y a colaborar entre nosotros charlando. Sobre presentaciones, librerías, periodistas… Y esa especie de comunidad de intereses derivó en hacer un catálogo, algo que presentarle al librero para decirle: si buscas buena narrativa ilustrada hay libros de Nórdica, si buscas hispanoamericana hay libros de Periférica, si buscas clásico moderno Impedimenta, narrativa actual anglosajona Asteroide, y demás. Entonces ese cataloguito para los libreros lo llamamos Contexto.

Imagino que presentarse ante un librero para una editorial recién nacida siempre es difícil, pero si soy varias…

Claro. Los libreros también lo hacen entre ellos, por ejemplo las Librerías con Huella, en el norte: Oletvm, Cervantes, Luces y Gil. Se han unido y hacen cosas juntas. Nosotros hicimos lo mismo porque además ese año íbamos a ir a la Feria del Libro y ninguno teníamos el mínimo para tener una caseta, así que nos unimos. En aquel momento éramos siete editoriales, todas metidas en la misma caseta, vendiendo codo con codo, e hizo gracia. Por eso ese año nos dieron el Premio Nacional de Edición, un poco por ser la nueva hornada de editoriales, en las que también se engloban otras muchas editoriales amigas como Errata Naturae o Capitán Sueño. No forman parte pero como si formasen, porque el nivel de colaboración es altísimo. Empezó como reunión de amigos que nos dedicábamos a lo mismo y acabó como una comunidad de intereses, porque nos hemos dado cuenta que colaborando nos va mejor que por separado.

Vuestra mentalidad es recuperar autores, no centrarse en autores noveles. Me imagino que aun así os llegan manuscritos igualmente, ¿los compartís con las otras editoriales?

En primer lugar, hay una gran tragedia en la edición, y es que no tenemos tiempo para leer. No lo suficiente, no para discernir si lo que te mandan es bueno. Nosotros somos un tipo de editorial de las que se llaman «editoriales de rescate», al menos en cierta medida. Muchas veces las cosas que te mandan no te cuadran, porque nosotros estamos más especializados en literatura traducida que en literatura en castellano. Así que cuando nos llega un original que le puede interesar a otra editorial amiga les ponemos en contacto. Pienso que en el debe de cualquier editorial está, como dijo Jorge Herralde, encontrar autores de tu generación y de tu país que puedan ser gente potente. Y nosotros estamos en eso. Siempre editar a dos autores interesantes, como Fernando San Basilio o Jon Bilbao. Y eso queremos ir ampliándolo.

¿Es el deber de un editor fijarse más en los autores de su generación?

Sí. Casi un deber. Porque sino es muy fácil, simplemente pensar «como ahora se lleva la narrativa erótica de Cincuenta Sombras de Grey, busquemos más narrativa erótica». Eso te puede dar un rédito económico, pero no es interesante. Lo que tienes que hacer es decir: «Me gusta la literatura anglosajona, escrita por mujeres en casas de campo» por ejemplo. Y tirar por ahí, porque es lo que nos gusta, aunque sea nuestra obligación ganar dinero también.

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Has citado antes a Herralde, sobre el papel que juega el editor, al que todo el mundo olvida. La público en general no conoce a los editores, su trabajo pasa más inadvertido. ¿Eso es una injusticia, crees que es una figura que hace falta reivindicar?

La figura del editor es el pivote. Yo suelo decir que los editores en realidad carecemos de talento. Yo no tengo un talento propio más que el de rodearme de gente con talento. Es tener un ojo absoluto, como el oído absoluto que tienen algunos los niños autistas. Ellos son capaces de tocar una melodía en el piano tras escucharla una sola vez. Pues los editores tenemos esa especie de ojo, que te dice que algo puede funcionar, y esa intuición a lo mejor es la única que podemos tener y que es la que nos salva. En ese sentido somos como intermediarios puros. Ahora mismo el valor que le doy a un libro es la marca de mi editorial, la coordinación e idea general del catálogo y casi poco más. Porque luego estás dependiendo de excelentes escritores, de traductores increíbles, de ilustradores fabulosos, de periodistas que son capaces de amplificar el mensaje. Y tú tienes que trabajar con todas esas teclas y al final esa es nuestra labor, mover hilos.

A mí no me interesa en especial reivindicar la figura del editor, pero lo que sí que me interesa es explicarle al público qué es lo que hacemos. La gente no tiene ni idea. Antes de que vinierais estaba metiendo pósteres en tubos para mandar a librerías, esta mañana iba con un carro a correos para los envíos… Es una labor muy física, incluso. Y a la vez, estás planteando el viaje de Mircea Cartarescu, organizando el hotel y viendo dónde metemos a su hijo, y a la vez una nota de prensa, escribiendo al librero, y a la vez cuadrando una portada… Es una especie de labor de hombre orquesta. A la gente le interesa mucho saber si los traductores te entregan las traducciones bien o hay que corregirlos, o si un autor es muy presuntuoso o tiene un gran ego… Se tiene mucho interés sobre esto, pero no sobre el editor. Por eso nosotros en ocasiones vamos a las librerías a explicar a la gente lo que es una editorial, porque no lo saben. A mí me ha llegado a preguntar la tía de Correos si yo escribía los libros.

Iba a preguntarte si había hecho daño esa imagen del «editor tirano» tan hollywoodiense…

[Risas] Ahí está, ahí está. Sí, lo que llamaban «el negocio con rubia». El negocio editorial es una carrera de fondo. Si tú lo que te planteas es enriquecerte rápidamente, no te metas a editor, porque es una cosa muy sacrificada y si levantas el pie durante unos meses se te va al carajo todo. Y sabes que vas a estar así toda tu vida. Y que no es muy agradable a veces…

¿Es ingrato ser editor?

A ver, yo me lo paso muy bien. Pero siempre estás como debiendo plazos, controlando que las cosas lleguen, hablando con el impresor… Muy del día a día.

Y hablando de reivindicaciones profesionales y de ingratitud, al margen del editor. En Impedimenta sí reivindicáis oficios que tradicionalmente quedan en un segundo plano, como el del ilustrador o el traductor. Incluis su nombre en portada, tienen ficha personal igual que el autor en vuestra web…

Sí, uno de los mantras que tenemos en Contexto es la recuperación de los oficios de la edición, los que mencionas: traductores, ilustradores, los correctores, maquetadores, diseñadores… La mejor manera de reconocer su trabajo es incluir a todas esas profesiones dentro del propio libro. Es una equivocación cuando no pones al traductor en primera línea, porque según la Ley de Propiedad Intelectual es autor igual que el escritor. Lo que estás leyendo no es al autor, sino al traductor, que es el que te está trasladando el libro al castellano.

Incluirle en la portada es lo primero, por respeto. Y hacer los libros bonitos es por respeto al autor y también al lector. Si yo fuera autor y me hicieran un libro feo, los mataba; y si fuera lector y me tuviera que gastar veinte euros en un libro y estuviera mal encuadernado, o chapucero, me sentiría estafado. Lo segundo es pagarles una tarifa razonable, algo que no se solía hacer mucho. Somos superexigentes con ellos, pero otra cosa es reconocerle o no reconocerle la valía.

Pero fíjate qué curioso, que las cuentas pendientes que tenemos las editoriales son más con el autor que con el traductor. El autor es el que menos cobra con respecto a su curro. El traductor tiene una tarifa e incluso un royalty, pero nosotros solemos pagar menos a los autores que a los traductores. A fin de cuentas, cuando tú te pones a hacer un cálculo de cuánto vale una traducción, pongamos que te sale por cinco mil o seis mil euros. Los autores se llevan bastante menos que esa cantidad, a título de adelanto. Y luego dependiendo de las ventas pueden tener más remuneración.

¿Soluciones?

A la hora de valorar cómo se pude rectificar es bastante difícil, porque las ventas son las que son. Tú le pagas al autor lo que crees que vas a vender, y te equivocas muy pocas veces. Pero el traductor tiene tarifa fija, que cobrará independientemente de ventas. El eslabón más débil está siendo el autor.

No suele escucharse esto, al menos a editores. Los autores sí se lamentan del escaso rédito que da cada ejemplar, de hecho suelen decir eso de que «si la gente supiera lo que te llevas por cada libro vendido, nadie se lanzaría a escribir».

Sí, es así. El problema es que las ventas no son como la gente se cree, porque la venta media en España son mil trescientos o mil cuatrocientos ejemplares, en el mejor de los casos. Si nosotros vendemos mil quinientos o mil seiscientos ya es un cierto éxito. Y de eso tiene que vivir el autor, que suele llevarse un 10%. De un libro de veinte euros se lleva dos euros. Pero claro, imagínate: por un año o dos años de trabajo, si tienes la suerte de vender mil quinientos ejemplares, te llevas tres mil euros. Por un libro que ha ido razonablemente bien. La verdad es que la labor de escritura en España es una labor amateur, tú no vives de escribir, vives de dar cursos, de charlas, de ser profesor de escritura creativa, de una beca… Esa es la realidad.

Entiendo que a vosotros os preocupa esa precarización.

Claro que nos preocupa. Sobre todo porque eso significa que muchas veces estás tratando con autores que son tremendamente talentosos, y a los que les tienes que decir «mira, el mercado ahora mismo paga esto por tu libro». Nosotros en realidad somos casi como un engranaje dentro del mercado, que le explica al autor los royalties que se lleva. Y muchas veces te da pena que libros tan buenos se vendan como se venden, aunque realidad tampoco vendemos mal. Pero da para lo que da.

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Entonces, en toda la cadena editorial el autor es el principal perjudicado. ¿Cuál es el principal beneficiado? ¿O el culpable?

El culpable básicamente es la venta de libros. Porque el royalty que le estamos dando es el que se da en todos los países. Pero ahora mismo la lectura es solo una de las opciones de ocio y se lee lo que se lee. Se editan muchos libros al año, y somos culpables los editores que sobreproducimos constantemente; y el problema es que la venta media no hace que el autor pueda vivir de esto. El otro día leía una cosa muy graciosa, sobre que en Estados Unidos el que vende menos de diez mil no merece la pena. ¡Hostias! Es muchísimo para un mercado hispanoamericano y español. Nosotros logramos cubrir costes y un pequeño beneficio.

Esto es ya casi un lugar común en el sector, los datos avalan que se lee poco y se edita mucho. Pero, ¿cuál es la solución? Porque tú personalmente creo que no confías nada en las políticas de fomento de la lectura que suelen llevarse a cabo…

Así es. Creo que el libro tiene que venderse solo. No le haces un favor al lector ni al mercado cuando dices «tienes que leer». Leo si me da la gana. La lectura es el ámbito de libertad más grande que existe, es una elección personal inviolable, una de las cosas más personales que existe en el mundo. No le puedes decir a alguien: «Oye, léete este libro». Ese libro tiene que llamarte tanto la atención, y tiene que ser tan seductor, que en vez de estar jugando al Candy Crush te lances a leerlo. O en vez de estar viendo The Walking Dead me dedico a leer una novela. Creo que el libro tiene que ganarse su puesto. Por eso, respecto a las políticas de fomento, la única que practicaría sería que los poderes públicos se dieran cuenta de que leer es importante y que eso se manifestara en cuestiones intangibles. Yo no he visto a mi presidente del Gobierno con un libro.

Le has visto con el Marca.

Justo. Y creo que si saliera con un libro daría un cierto ejemplo. Prefiero que salga con un libro, diciendo «me he leído el último de Paul Auster», pongamos por caso, a que den dos millones de euros para no se qué. La verdadera política de fomento de la lectura es una política de gestos, de apoyar a estos negocios, por ejemplo siendo menos estrictos en determinadas políticas fiscales, o intentando fomentar la red de librerías, o subvencionar plataformas de venta de libros…

¿Son caros los libros?

Suelo decir que en relación a lo que vale el libro es un bien baratísimo. El margen comercial para todos los que estamos implicados en hacer libros es pequeñísimo. A mí me parece más caro el cine, o las exposiciones, porque entrar en un gran museo te vale diez o doce euros. Por ese precio te pillas un libro magnífico que te puede durar muchísimo tiempo. Puesto en cierta medida, el libro es un objeto barato. Lo malo es cuando el libro está desprestigiado como producto cultural. Desde el momento en que cada septiembre vemos a la típica madre diciendo «joder, ya tengo que comprar los libros». Entiendo que es un sacrificio, y ahí tendrían que estar los poderes públicos para sacar las castañas del fuego a esa pobre madre. Pero decir que los libros son caros… ¿Y la Nintendo no es muy cara? Al final estás mandando el mensaje de que el libro es caro y es prescindible. Y eso es contra lo que me rebelo.

Has mencionado antes otro tipo de alternativas de ocio, como las series o los videojuegos, situándolas como competencia del libro. Pero, ¿qué opinas de las series o narrativas extraliterarias que están atrayendo a la gente a la lectura, como ocurrió con True Detective? ¿Crees que pueden devolver a la gente la lectura, son una esperanza?

Somos animales a los que gusta que nos cuenten historias, y si esas historias son profundas, delicadas, con matices, eso ayuda a que tengamos un afán crítico. Creo que hay determinadas series que crean a un ciudadano crítico, y eso es bueno para el libro. Ahora mismo el nivel de títulos que hay en las librerías es el más alto en muchísimos años, hay decenas de proyectos apetecibles cada semana. Eso significa que hay una buena salud. Hay editoriales que se están dedicando a este negocio híbrido de libros sobre series. Siempre que el consumo cultural, llámese teatro, llámese series o películas, sea un ámbito interesante, eso es bueno en general para la cultura. Que veas una buena serie es bueno para crear buenos lectores y buenos espectadores de teatro… El nivel cultural sube, y dejamos de ser ciudadanos pasivos ante el mensaje que nos mandan, y empezamos a pensar de manera proactiva. No soy ni sociólogo ni antropólogo, pero constato que el nivel de series y películas es alto, y a la vez el de los libros y cómic es alto.

Es que generalmente se plantea el debate en términos excluyentes, como si no se pudiera ser aficionado a la lectura y a las series de televisión simultáneamente.

Bueno, tienes menos tiempo. El principal problema del lector actual es la falta de tiempo, porque tu ocio lo dedicas a las redes sociales, a estar con el teléfono… Antes cuando te aburrías, leías. Ahora ya no te aburres. Creo que el principal enemigo es la falta de tiempo, lo que hace que se lea de una manera diferente. A nosotros no nos pasa, pero el nivel de lectura ha bajado porque la gente que antes se dedicaba a leer ahora se dedica a otras cosas.

Esto es casi leit-motiv de esta sección. Creo que fue Rafa de Valdemar quien nos dijo que en España mantenemos el mercado de los libros cuatro gatos, que compramos libros por encima de nuestras posibilidades, y tenemos siempre una pila enorme de ejemplares por leer. Pero no se amplía la masa de lectores.

Es exactamente así, hay un número de lectores que son los que están sosteniendo el sector desde hace muchísimos años, un número muy fijo. Está estudiadísimo. De hecho el mercado editorial vive de la gente que compra libros que no lee. Que colecciona libros, al final. Los tienes siempre como pendientes de lectura, e inviertes en una expectativa de disfrute en algún momento. Pero es curioso que esa base no se amplía, pero tampoco se reduce. Los que somos lectores vamos a seguir siéndolo, hay una renovación generacional de gente que sigue leyendo, pero el fenómeno de lectura masiva ha desaparecido. La lectura de decenas de miles de ejemplares ha pasado a mejor vida, salvo alguna honrosa excepción. Y sin embargo la lectura de fondo se mantiene. Y de eso vivimos todos.

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Sobre otro de los oficios que buscáis revalorizar, el del ilustrador. Al calor de los premios: ¿crees que vivimos en un momento especialmente dulce para el ilustrador español?

Sí, pero sobre todo eso se debe a que ha habido editoriales como Zorro Rojo o Nórdica que han reivindicado al ilustrador como alguien capaz de hacer libros no solo para niños. Muchos ilustradores me han contado que cuando dibujan para menores se tienen que censurar constantemente, y cuando se les propone hacer una labor adulta se quitan de prejuicios. Como Sara Morante en nuestro caso. Hicimos con ella Los zapatos rojos de Andersen, normalmente un libro para niños, pero en nuestra versión hay tetas y amputaciones. Creo que ahora mismo es un magnífico momento gracias a cosas así, a que el ilustrador se ha quitado esos tapujos de dibujar para ediciones infantiles dirigidas en valores, y son mucho más libres. El nivel de los ilustradores y los dibujantes de cómic en España es altísimo desde hace muchos años. Pero muchos se iban a Francia. Hay muchos Emma Ríos, Paco Roca, Ana Bustelo, Javier Zabala, Javier Olivares… Gente increíble que están siendo reivindicados por un público cada vez más exquisito y conocedor en nuestro país. Y además ellos mismos se están sintiendo ya como colectivo, porque antes iba cada uno por su lado. Ahora se crean sinergias. Ximo Abadía, por ejemplo, nos acaba de dar el Kamasutra para domingos lluviosos porque vio lo que estábamos haciendo con otros ilustradores. Nosotros les reivindicamos y les ponemos cara.

¿En que momento empezáis a abrir la editorial también a la ilustración? Porque empezáis «rescatando» autores, pero rápidamente empezáis a ampliar por ahí.

El libro ilustrado como tal me resulta más ajeno, soy más seguidor de la novela gráfica y del cómic. Cuando tenía quince años no solo compraba cómic, sino que dibujaba, hasta los dieciocho que me planteé estudiar Bellas Artes. Pero luego me metí en Derecho y mi vida se estropeó, por eso de que eres un buen chico y meterse en Bellas Artes era de fracasados y hippies. Un cura de mi colegio me preguntó si quería que la inversión que habían hecho mis padres en mi educación se fuera al traste y llorasen amargamente por haber perdido en tiempo. Y por eso tenía esa espinita clavada de la novela gráfica, y de recuperar cosas interesantes. Hace unos años de repente vi un libro, la biografía de Virginia Woolf, que podía publicar como novela gráfica y gustaría a mis lectores de Impedimenta. Cayó en nuestras manos también El viaje de Shackleton de William Grill, también algo de Isabel Greenberg, u Otoño de Jon McNaught... Es decir, que hay una serie de autores que no son novela gráfica mainstream, no es cartoonesca, sino esta especie de híbrido que es como un libro ilustrado de calidad que cuenta una historia. ¿Es un cómic? Pues como el Aquí de Richard McGuire, que yo discutía en Angulema si lo era o no.

La categoría a la que se adscriba al final solo importa para competir en premios.

Exactamente. A mí me parece muy interesante que Aquí haya ganado los premios que ha ganado, porque eso significa que se ha vuelto algo tan absolutamente adulto que al fin es entendible por parte de una élite. De hecho hay toda una serie de tebeos que se están publicando ahora mismo de un nivelazo intelectual de la pera. A la hora de elegir los libros que publicamos en la colección nosotros vamos a conceptos intelectualmente depurados. No nos vamos a una cosa superfacilona. Ahora me están ofreciendo muchas novelas gráficas, y a lo mejor me puede hacer gracia, pero necesito que me diga algo más. Nuestro concepto de la novela gráfica es un poco híbrido entre lo ilustrado, lo estético, lo gráfico y la narración. Parte del sector está ahora mismo en ese rollo, no vamos descaminados.

Nos decía Fernando Iwasaki, refiriéndose específicamente a vosotros, que un autor que publique con vuestra editorial lo tiene el doble de difícil para ser reseñado e influyente. ¿Es así?

Es paradójico. Cuando un autor equis entra en una editorial grande puede hacerlo de dos formas: como apuesta de la temporada o como un autor que se incluye en el catálogo y el plan editorial, pero no se le hace mucho caso. Tiene una difusión grande y los suplementos tienden a cubrirlo por presión de estas grandes estructuras promocionales. Pero a fin de cuentas, como decía Guillermo Schavelzon en un post en su blog bastante polémico, al final eres uno más del catálogo dentro de una gran editorial.

En las editoriales pequeñas, cada autor que tenemos es nuestro rey de la temporada. Te matas por ellos. Y curiosamente las ventas suelen ser mayores que en los autores que entran en las editoriales grandes casi «de relleno». Entonces los suplementos empiezan a fijarse más en las editoriales pequeñas que somos más selectivas, y de las que están seguros de que lo que les vamos a dar es porque realmente creemos es bueno. Se está dando la circunstancia de que miras los libros de la semana en Babelia, o en el ABC Cultural o en el Culturas o El Cultural, y te das cuenta de que los libros importantes cada vez en mayor medida son de editoriales independientes y pequeñas. Hasta el punto de que muchos autores de grandes editoriales están viniendo ahora a intentar publicar con nosotros. De hecho hasta hace no mucho nosotros no podíamos aspirar a ciertos autores porque todavía no teníamos nombre o caché, y ahora son ellos los que vienen. Incluso autores que son amigos y tienen su editorial donde publican fantásticamente, y les interesa que su siguiente novela venga con nosotros. Y eso es algo que está muy bien, porque se da el caso de que por ejemplo, en novela gráfica, nosotros tenemos más reseñas en España que en el lugar de origen del autor, aunque allí publiquen en grandes editoriales.

¿Dirías que el hallazgo de Stella Gibbons ha sido clave en la editorial, ha marcado un antes y un después?

Sí, nosotros antes ya publicábamos narrativa anglosajona, pero dentro de la oferta tienes que hacerte ver, ir creando tus propios lectores adictos. Nos surtimos de quienes repiten, los que se fidelizan. Y el momento en se empezó a conocernos es con La hija de Robert Poste, que es un libro magnífico, una cosa delirantemente divertida y que marcó nuestra identidad. No es que hayamos aprovechado el tirón, es que ahí nos dimos cuenta de que la literatura que nos interesaba —anglosajona, una cierta comedia sofisticada con afanes culturales y divertida— podía tener un público. Se nos empieza a reconocer por este tipo de literatura, aunque no solamente sea por eso. Porque también publicamos literatura japonesa y centroeuropea. Este libro nos sirve para ampliar el abanico de público, el libro que nos abre a un público más amplio.

Se os asocia mucho precisamente ahí: literatura anglosajona escrita por mujeres. Imagino que estáis cómodos con eso.

Sí. Hay una cierta perspectiva que da la literatura femenina anglosajona que es muy descarada. A mí me divierten muchísimo los puntos de vista de estas escritoras como Penelope Fitzgerald o Penelope Mortimer o Iris Murdoch, esa capacidad de retratar la sociedad de los sesenta a los ochenta de forma tremendamente descarada y divertida, casi como outsiders del sistema. Eso les permite, con una extraordinaria sabiduría, hablar de ciertas cuestiones de una manera casi mohicana. A mí me fascinan los personajes tan potentes de Fitzgerald, una mujer que empezó a escribir a los sesenta años después de haber llevado una vida superprocelosa y descender de una familia de obispos y del director de Punch. Era una auténtica triunfadora de salida que luego tuvo la desgracia de sufrir una vida desgraciada, pero después se lanzó a publicar unas novelas extraordinarias. En la editorial está mi mujer, Pilar Adón, que es traductora y una tremenda experta en estas autoras. Es la que anda siempre diciéndome a quién tenemos que publicar. Yo creo que es de las personas en España que más sabe de Penelope Fitzgerald, tenemos cierta amistad con su familia, hay cierta capacidad por nuestra parte de ir manejando a esta autora en el ámbito hispánico. Y eso es gracias a su sensibilidad.

O sea, que detrás de un hombre editando a mujeres, hay una mujer.

[Risas] Sí. Yo soy casi más responsable de Edmund Crispin y Stella Gibbons, pero ellas son cuestión de Pilar. Nosotros no publicamos ningún libro que no nos fascine, y queremos que ese entusiasmo se transmita a los lectores. Yo creo que el truco está en enamorarte tú primero del libro.

Editorial Impedimenta para JD 6

¿Está Isabel Coixet adaptando La Librería de Penélope Fitzgerald o el proyecto se ha paralizado?

El proyecto lleva años fraguándose, y creo que ya para este verano lo rodarán, porque me llegan noticias de que están buscando localizaciones, pero tampoco lo puedo afirmar. Además creo que va a ser precisamente la hija de John Mortimer e hijastra de Penelope Mortimer, la actriz Emily Mortimer. Una vinculación con nuestro catálogo que está muy bien.

¿Y cómo llegáis a publicar a Elena Poniatowska? ¿Fue un golpe de suerte? Porque justo ese año ganó el Premio Cervantes.

Pues fue su agente, que nos llamó cuando le dieron el premio, porque querían recuperar la obra. Y yo quise leérmelo antes, el libro de Querido Diego, te abraza Quiela porque por mucho Cervantes yo quiero siempre valorarlo primero. Y me encantó, me pareció una cosa increíble, de una sensibilidad conmovedora. Era delicada a la par que demoledora. Así que le dijimos que sí, y estuvimos con Elena, que es una escritora durísima para la portada, y al final llegamos a un acuerdo. Y se convirtió en nuestro libro estrella del año pasado. Sobre todo porque organizamos una serie de clubes de lectura y la gente se sintió muy implicada porque había mucha polarización.

Surgió un debate sobre si el libro era realmente feminista o no.

Así es. Es una historia muy curiosa la del libro. Porque estas cartas con Diego Rivera son inventadas, porque en realidad él sí que la contestaba, algo que poca gente sabe. Ella traslada una especie de sensación de inferioridad respecto al genio un poco abstracta, y por eso su editorial antigua se lo rechazó. En los clubes de lectura se daban discusiones acaloradísimas sobre si el libro estaba escrito desde una óptica feminista o desde una óptica de sumisión de la hembra al varón. A mí me parece que es una obra no feminista, sino femenina. Se desvela toda una serie de dinámicas de pertenencia, de sumisión, de etnocentrismo, de este empoderamiento del que se habla tanto ahora, retratando una época de manera muy cruda. Sobre todo daba mucho pie a la discusión sobre si las chicas jóvenes que tienen estos novios posesivos de «a las diez en casa», que es algo que se está dando ahora, no les convendría leer esta novela para meter el dedo en la llaga. Fue una lectura realmente polémica.

Sobre otro de tus autores. Dices que Nostalgia, de Cartarescu, es «un libro que te cambia la vida». ¿Por qué?

Sí, creo que es uno de los tres mejores libros que hemos publicado en Impedimenta, pero con mucha diferencia. Fíjate que publicamos autores como Kafka, o Elizabeth Bowen o D. H. Lawrence, pero Nostalgia estaría a la altura de El libro de la risa y el olvido de Kundera, a la altura de Rayuela de Cortázar, o de Sábato, sin ningún tipo de duda. Durante la lectura estás preguntándote todos el rato cómo narices lo hace. Es un autor que está por encima de la mayoría que conozco. Es una suerte publicarlo, porque además es un tipo bastante accesible. En las quinielas del Nobel está siempre entre los diez o quince primeros, y no hay ningún autor en lengua rumana que lo haya ganado, así que muy probablemente él lo sea. Es de los mejores autores europeos actuales.

¿Será él antes que Murakami?

No lo sé. Él tiene sesenta años y es muy tímido, pero no es nada excéntrico.

La antítesis de Murakami.

Sí, sí. Intento siempre aconsejarle que se dé más bombo, y eso que es un autor que viene de ganar el premio austríaco de literatura europea, que eso lo tienen Patrick Modiano, John Banville, los grandísimos. Es el típico autor potentísimo, quizá junto a Stanisław Lem nuestro autor con más proyección. Toco madera, porque con que esté candidato al Nobel me doy por satisfecho.

A Natsume Sōseki empezásteis a publicarle vosotros y después ha vivido un auténtico boom en España. ¿Os sentís responsables de haber puesto en el mapa este tipo de literatura japonesa?

Es que él es el gran autor de literatura japonesa. Si le preguntas a Murakami, te dice que su novela favorita es Sanshiro, que en España la publicamos nosotros. A partir de eso empezó a ser muy conocido, y otras editoriales lo han empezado a publicar, y se han reeditado sus libros. Después de ponerlo en la lista de novedades a la gente le gustó mucho. Salió del segundo plano.

Para concluir, una pregunta que nos gusta haceros a los de este sector. Generalmente se os pide que recomendéis vuestro libro preferido, pero preferimos hacerlo al contrario. Todo el mundo tiene un gran clásico atragantado, ¿cuál es el tuyo?

Soy un fanático de Pynchon, pero su mejor obra, El arcoíris de gravedad, no he podido acabarla. Porque es un autor que me influye tanto que me da muchas pesadillas, aunque parezca un poco prosaico decirlo. Nunca tengo pesadillas, pero cuando le leo sí.

Faltan drogas para leer a Pynchon.

Sí, habrá que ayudarse con la química. Sobre todo porque él cada vez está más drogado, y es difícil pillarle. Yo que me he leído el Ulises cinco veces y me sé trozos de memoria, pensaba que ninguna novela se me iba a atragantar. Pero con El arcoíris de gravedad llega un momento en que tengo que cortar. Llevaré como media novela y nunca logro pasar de ese estadio. Hay libros que necesitas ser joven para leerlos

Y esto lo dice alguien que se ha leído el Ulises cinco veces.

Sí, pero con diecinueve años y una detrás de otra. Se me fue la olla. Pero hay determinadas edades en las que ya no tienes tanta capacidad de concentración ni de retentiva, y hay libros que te cuestan más. Porque creo que hay algunos, fíjate, para los que necesitas estar bien alimentado, bien hidratado, descansado, porque si no son retos físicos auténticos. Hay libros que tienen esa enjundia.

Editorial Impedimenta para JD 7

Fotografía: Javier Nadales

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10 comentarios

  1. Karnov76

    “Vuestra mentalidad es recuperar autores, no centrarse en autores noBeles. Me imagino que aun así os llegan manuscritos igualmente, ¿los compartís con las otras editoriales?”

    Si recuperan autores, entonces no se centran en autores noVeles.

    ¿Puede ser?

  2. Pingback: Editar en tiempos revueltos: Impedimenta (Jot Down) | Libréame

  3. Mr. X

    Una editorial que merece aplausos por unas ediciones bellísimas, por publicar a Cartarescu, uno de los mejores, si no el mejor, escritor europeo vivo y por recuperar la grandísima obra de Iris Murdoch.

  4. Muy buena la entrevista y muy buena la editorial, Impedimenta siempre ha sido para mí un referente de buena y desconocida literatura.

  5. Pingback: Redel entrevistado |

  6. Iba a decir que me sorprende la visión tan negativa sobre el ebook del señor Redel, pero en verdad no me sorprende; responde a intereses espurios, como la de tantos otros editores.

  7. Pingback: NC#51: El cómic El ala rota, nuestro libro de la semana

  8. Pingback: Enrique Redel y la papiroflexia – El blog de Bernat Ruiz

  9. JoseFco

    Con los libros de Impedimenta me ocurre como con los de Valdemar: me ponen cachondo. La exquisitez de su envoltorio físico, la elegancia de su diseño, la belleza (extraña, muchas veces) de su contenido, la coherencia de su oferta. Es que para colmo ofrecen placer al tacto…

  10. Gracias por ofrecernos entrevistas de tan alta calidad. Impedimenta hace un trabajo maravilloso.

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