Una feminazi en el Quijote - Jot Down Cultural Magazine

Una feminazi en el Quijote

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La pastora Marcela. Imagen: DP.

La pastora Marcela. Imagen: DP.

El Quijote presenta un papel de la mujer muy distinto al estereotipo existente en la literatura hasta entonces; en primer lugar, por la evidente confrontación entre lo real y lo ideal que inunda toda la obra y sus personajes y cuyo paradigma femenino es Dulcinea; en segundo lugar, porque, si bien no todos sus personajes femeninos son transgresores, les da voz propia, en algunos casos mediante un discurso realmente subversivo para la época —e incluso para el momento actual—, como en el caso de la pastora Marcela.

La historia de «aquella endiablada moza de Marcela» se narra en los capítulos XII, XIII y XIV de la primera parte del Quijote. En este relato intercalado a modo de novela pastoril, Cervantes nos da a conocer a una doncella exageradamente hermosa que vive en libertad, rodeada de ávidos pretendientes y que defiende sus principios y fines sin la necesidad del amparo, ni de cualquier otro favor, de varón alguno.

Primero nos presenta la versión de los pastores que relatan el suicidio de Grisóstomo como consecuencia del rechazo de Marcela, una joven heredera que niega el matrimonio a todos aquellos que se lo proponen y se echa al monte a ejercer de pastora, que es lo que le hace sentirse realizada, como se decía hasta no hace mucho. Cuentan estas lenguas que la moza no solo es el epítome de la belleza, sino que es maja y da cuartelillo, como no sé si se dice ya, y palique a todo el que se acerca y los trata cortés y amigablemente hasta que quieren tema, como estoy casi segura de que se sigue diciendo, y ella corta por lo sano o, siendo más rigurosa, «los arroja de sí como con un trabuco», como dice Pedro, que es el pastor que cuenta esto propiamente en el Quijote. Queda claro, pues, que Marcela sabe decir «no» y los pretendientes son capaces de entenderlo, pero no de comprenderlo, y así va dejando un rastro de despecho y una víctima mortal. Las intervenciones elegiacas de los presentes van componiendo una suerte de juicio para determinar la culpabilidad de la presunta homicida.

Después conocemos el punto de vista de Marcela, que irrumpe en el entierro de Grisóstomo pronunciando un elocuente alegato que inicia con las siguientes palabras:

Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir «Quiérote por hermosa: hasme de amar aunque sea feo».

Continúa Marcela pronunciando su personal «qué delito cometí», como decía aquel, que va tornando en desdén hacia sus detractores y culmina con una categórica declaración de independencia: «tengo libre condición, y no gusto de sujetarme». Así escenifica nuestra pastorcilla un «zasca», como se dice ahora, poniendo los puntos sobre las íes.

El episodio termina con la intervención de don Quijote dictando sentencia a favor de la inocencia de Marcela y amenazando con su espada a todo aquel que pretendiera seguirla.

No es el único personaje femenino que Cervantes traza con tanto arrojo y determinación. Son muchas las mujeres de su universo literario las que se caracterizan por la fuerza —no solo de espíritu, sino también física, como es el caso de la Dulcinea real, según relata Sancho—, la defensa de su libre albedrío, las inquietudes intelectuales y la inteligencia —que adorna particularmente a Dorotea— y también por su fealdad, sus vicios y sus defectos, como no podía ser de otra forma, porque Cervantes habla de mujeres reales mucho más allá de la talla 44.

Definir como feminista la visión de Cervantes es una cuestión espinosa, ya que la lectura extemporánea y subjetiva puede ofrecer distintas interpretaciones de las intenciones del autor, que podrían estar determinadas por aspectos coyunturales y personales, entre los cuales hay uno que no deberíamos olvidar: que don Miguel era un cachondo —en el sentido actual y festivo de la palabra, no en el venéreo— y que sus coetáneos podían ver, más que una reivindicación, una quijotada en las pretensiones de Marcela y en la inutilidad del papel protector que se otorga don Quijote ante una dama autosuficiente.

Con independencia de las lecturas que en siglos posteriores pudiesen tener algunos aspectos de su obra, que sobrepasan su primera intención —ridiculizar los libros de caballerías—, el espíritu progresista de Cervantes frente al oscurantismo medieval es una evidencia y la mujer es un elemento con voz propia en esa visión revolucionaria.

El abanico de retratos femeninos que pueblan la obra cervantina, además de romper con los prototipos anteriores, siguen vigentes en la actualidad. Para la mujer el matrimonio sigue siendo una imposición en algunas partes del mundo y en nuestra sociedad moderna y occidental se reproducen escenas que evocan la parodia pastoril que nos traemos entre manos. Cualquier Marcela actual que afirme, a voz en grito y alzándose entre dos rocas, que los hombres le son prescindibles podría ser acusada de «feminazi», como dicen algunos y algunas, al igual que aquella era llamada «basilisco». Un pollaherida de hoy en día, ante el desdén de lo que más desea en esta vida, bien pudiera, a semejanza de aquellos pretendientes rechazados, enflaquecer la razón y «rayarse mazo», como quizás diría el propio Cervantes si levantara la cabeza y tuviera la oportunidad de dejar testimonio, en boca de alguno de sus personajes, de la lengua popular para inmortalizarla cuatrocientos años y los que viniesen.

20 comentarios

  1. Buen artículo aunque yo diría que la comadre de Bath de los Cuentos de Canterbury y varios de los personajes que aparecen en El Decamerón son equiparables. Incluso el mismo Boccaccio escribió una selección de biografías femeninas llamada Mujeres Ilustres. Me parece que el único estereotipo en realidad es que tenemos actualmente al creer que las mujeres de siglos pasados estaban tan uniformemente sujetas a una única forma de ser, cuando lo que te encuentras a poco que mires es una variedad de caracteres muy amplia.

    • Hola, Bath. Gracias por tu comentario.
      No creo, ni creo que sea una opinión extendida, que las mujeres en siglos pasados estuvieran sujetas a una única forma de ser. Lo que creo es que en la literatura había, hay y habrá estereotipos, tanto masculinos como femeninos, y que los femeninos eran en su mayoría el objeto, la motivación, el adorno, el obstáculo o el drama del héroe, en el sentido literario de la palabra “héroe”. De hecho, sigue siendo frecuente en nuestros días. Esto lo parodia Cervantes en la trama principal del Quijote y en varios relatos intercalados como este, en el que ridiculiza la novela pastoril. Parodia géneros, no solo libros de caballería, lenguaje y estereotipos. Por el camino le toca a los estereotipos femeninos, en primer lugar y visiblemente en la figura de Dulcinea en la que confronta ese ideal de mujer con la realidad. Después, en distintos personajes femeninos que no afirmo que sean únicos ni que sean todos trasgresores. En eso me baso para decir que rompe con estereotipos, no en la existencia del personaje de Marcela, aunque lo haya desarrollado en dos escuetas frases porque me parecía muy manido, evidente y aburrido. De hecho, estoy a punto de caerme sobre el teclado. Era una simple introducción para hablar de Marcela y un conflicto muy simple: el rechazo amoroso (actitud que en la actualidad en ocasiones se tacha, erróneamente, de androfóbica o “feminazi”, de ahí la ironía del título y el párrafo final).

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  3. “Un papel de la mujer muy distinto al estereotipo existente en la literatura hasta entonces”. Toma ya. Eso es usar palabras grandes con total despreocupación.

  4. ¿Pero no está la literatura del Siglo de Oro llena de mujeres fuertes?

  5. Si se habla de feminismo en personajes de El Quijote (y me parecen una maravilla, más aún pensando en la época de la que provienen) ¿con qué propósito se utiliza la palabra “feminazi”, siendo ésta despectiva, en el título del artículo?

  6. “Cualquier Marcela actual que afirme, a voz en grito y alzándose entre dos rocas, que los hombres le son prescindibles podría ser acusada de «feminazi».

    Eh, no, me temo que no es así. La Marcela en cuestión sería simplemente ignorada por los hombres, que a su vez dirían (a voz en grito o en silencio, según cada cual) que también Marcela les es prescindible. Y una vez el mutuo desprecio aclarado, cada cual seguirá por su lado.

    Otra cosa es si Marcela grita que todas las mujeres, no sólo ella, deberían considerar prescindibles a los hombres, o de lo contrario serán esclavas y cómplices del heteropatriarcado hipermachista e hipnagógico.

    Entonces sí que es probable que más de un hombre, y de una mujer, la llame “feminazi”

  7. Está muy buena. Vamos a ver, es duro, pero en el s XVII a una joven que esta mu buena, sola, sin defensa… Saben que le ocurre en medio del prado, al atardecer y rodeada de sus ovejas???

  8. Ni de broma. Ojalá las feminazis fuesen como Marcela. Ojalá las mujeres, y más las que se llaman feministas, fuesen como Marcela. Marcela es amable, es atenta. Una feminazi tiene el odio en todos sus gestos hacia los hombres. Una feminazi no tolera que las demás mujeres sean distintas a ella. Una feminazi se aprovecha de los hombres al tiempo que los desprecia. Una feminazi hace del victimismo su discurso y construye su realidad en contraposición a lo masculino. Su única motivación no es la independencia, sino ir en contra de todo lo masculino. Marcela no reniega en absoluto de lo masculino. Sencillamente declara su derecho a amar a quien a ella le plazca.

    Por lo demás, no nos dejemos engañar por quien pretende hacernos creer que la mujer ha sido explotada y abusada desde el principio de los tiempos. Mujeres fuertes e independientes ha habido en todas las épocas. Mujeres que han sido respetadas y admiradas. Cualquier discurso que se base en el estúpido concepto del heteropatriarcado necesita hacernos creer que la mujer siempre ha sido víctima del hombre. Nada más lejos de la realidad. Y ahí están las mujeres de Cervantes para dar prueba de ello.

    • Totalmente de acuerdo. Una feminazi no es una feminista, y está claro que el redactor del artículo no entiende muy bien la definición de feminismo. Mujeres fuertes e independientes han existido siempre, pero cuanto más anticuada es la gente, más se intenta ensuciar esa imagen con palabras insultantes o estereotipos (si te gusta el fútbol eres una marimacho, si eres hombre y lloras eres una “nenaza”). Todo el mundo, incluido hombres, debería entender el significado y sentirse feministas o, si les repele la palabra, igualitarios.

    • Ya tenemos al “pollaherida” de turno. Es fascinante el drama que montáis porque una mujer os rechace. Aprended a gestionar el rechazo, os irá mejor.
      Lo que si que buscan las mujeres feministas (a las que despreciáis con ese insulto) es apartarse de los gilipollas, de los maltratadores, de los posesivos, de los violentos, de los hombres tóxicos… Si usted se encuentra entre todos estos, le compadezco. Besis.

    • No entiendes nada. No te preocupes. Inténtalo en la próxima vida.

    • Malditas feminazis, con esa manía que tienen de no ser como a ti te gusta que sean las mujeres.

  9. No dejemos que la realidad nos estropee un buen hombre de paja.

  10. Interesante artículo. Lo que si que es increíble es que se niegue la situación de vulnerabilidad en la que ha estado la mujer a lo largo de la historia (muchas de las excepciones incluyen a mujeres bien posicionadas en la escala social). Aunque es obvio que el “cómo” varia según épocas, porque la sociedad va cambiando pero el fondo es el mismo. Sigan negándolo iluminados.

    Es divertido como la palabra “feminazi” enseguida atrae a todos los cuñados, es como lo del perro de Pávlov.

    P.D.: Me hace gracia la gente que todavía piensa que esta revista esta hecha por y para intelectuales, con la de gañanes que pululan por aquí (incluidos muchos editores).

    • Y a las cuñadas… “Consejos vendo que para mí no tengo”. Gañaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan!!!! ¿O gañana?

  11. El concepto “feminazi” fue acuñado, en su principio, con una intención claramente despectiva.

    Yo siempre he preferido hablar de “hembrismo” a la hora de representar ese movimiento supremacista femenino en que concurren todos los vicios del machismo. El término “feminazismo” puede haber tenido fortuna pero me parece no sólo insultante (y esto ya es suficiente como para desecharlo) sino también desafortunado.

    Ahora bien, me guardo la definición de “feminismo” para quienes buscan la igualdad. Lo cual implica reconocer las diferencias entre sexos (fruto del dimorfismo sexual que, como mamíferos, muestra el hombre) pero también las diferencias dentro de las personas. No es posible una total igualdad entre hombres y mujeres de la misma forma en que no lo es entre hombres o entre mujeres: siempre habrá hombres más fuertes que otros o mujeres más inteligentes que otras, y lo que la igualdad debe buscar es que todos tengan las oportunidades que a sus méritos y capacidades corresponden. Cuando alguien persigue la igualdad, hablar de sexos se convierte en algo secundario.

    Alguien ha convertido la guerra de clases en guerra de sexos y se está forrando con ello.

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