Aprendiendo a querer a Russell Westbrook - Jot Down Cultural Magazine

Aprendiendo a querer a Russell Westbrook

Publicado por

Russell Westbrook. Foto: Cordon.

Había algo de insólito en aquel equipo que se plantó en la final de 2012. Para empezar, la franquicia llevaba apenas cuatro años instalada en Oklahoma después de un turbulento traslado desde Seattle. Su entrenador, Scott Brooks, llegado precisamente como sustituto de emergencia en 2009, cuando Carlesimo volvió a dar muestras de su incompetencia, no había entrenado antes a ninguna otra franquicia de la NBA… Y sus cuatro estrellas, a cada cual más distinta, no superaban en ningún caso los veinticuatro años de edad.

Para todo el mundo, aquel era el equipo de Kevin Durant, y el espigado alero daba razones cada partido para alimentar ese estatus. Desde su llegada al equipo en 2007, cuando aún jugaba en Seattle, KD había liderado al equipo en anotación todas y cada una de las temporadas disputadas, siempre en torno a los treinta puntos por partido y con una variedad impresionante de recursos. El chico rozaba los 2,10 pero se movía como un base y tiraba como el mejor de los escoltas. En contraataque, con el balón controlado, era directamente imparable.

Aquella temporada 2011/12, la del segundo gran lockout de la era moderna, los Thunder lograron cuarenta y un victorias en sesenta partidos. No era gran cosa, pero su juventud invitaba a pensar que, en play-offs, acusarían menos que otros rivales el sobrecargado calendario que David Stern había diseñado para intentar salvar como fuera la temporada. No quedaba rastro de aquel equipo que se arrastraba por las canchas apenas tres años antes, logrando solo veintitrés victorias y cincuenta y nueve derrotas. Buena parte del mérito, como decíamos antes, recaía en Durant, pero a su alrededor se había ido formando un elenco de aspirantes verdaderamente notable.

El primero en llegar, justo en 2008, el año en que la franquicia cambió de escenario, fue Russell Westbrook. Pese a ser elegido número cuatro del draft, no era un jugador del que se esperara demasiado. Su época universitaria había sido rica en victorias —dos años en UCLA y dos apariciones en la Final Four, ambas con derrota en semifinales— pero no demasiado deslumbrante más allá de su físico privilegiado. Con poco más de 1,90 de altura, Westbrook era una bala en ataque y un defensor muy difícil de superar. De hecho, en un equipo comandado primero por Darren Collison y después por Kevin Love, su papel se ceñía en demasiadas ocasiones a marear a la estrella rival y revolucionar el partido cuando el entrenador así lo requería.

Westbrook era prácticamente de la misma edad que Durant, aunque decidiera dar el salto a profesionales un año más tarde. Apenas un mes y medio les separaba y la química entre ambos se empezó a sentir desde el principio, hasta el punto de que, para su segundo año, Russell ya era el base titular del equipo y los técnicos de la selección estadounidense le llamaron para disputar el Campeonato del Mundo de Turquía, donde ralló a un excelente nivel como suplente.

Con todo, Westbrook seguía siendo un tirador mediocre y un hombre con dificultad para leer bien los partidos. Afortunadamente para Durant y los Thunder, en 2009 se había unido a la fiesta como número tres del draft un anotador excelso: James Harden. Con su barba poblada y un cierto aire insumiso, como si todo le diera igual, la llegada de Harden hizo que el equipo pasara de ganar veintitrés partidos a imponerse en cincuenta y clasificarse para los play-offs, donde fueron eliminados por los Lakers, futuros campeones, en primera ronda.

Si con Westbrook, Harden y Durant, el rendimiento ofensivo estaba asegurado, quedaba por apuntalar la defensa y un cierto sentido del orden: la temporada 2010/2011 fue la de la explosión definitiva de Serge Ibaka, máximo taponador de la liga y un hombre en constante ebullición en la cancha. Con el cuarteto mágico funcionando a pleno rendimiento, los Thunder lograron cincuenta y cinco victorias y se plantaron en la final de conferencia después de eliminar a los Denver Nuggets y a los Memphis Grizzlies. Agotados, cayeron ante los veteranos Dallas Mavericks, que también acabarían haciéndose con el título aquel año.

La final que cambió la historia de una franquicia

Llegamos así al principio de este artículo, es decir, a la final de la NBA ante los Miami Heat de LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh. Los Thunder se habían impuesto en primera ronda de play-offs a los Mavericks, tomándose cumplida venganza de lo sucedido el año anterior con un contundente 4-0. En segunda ronda, se ventilaron a los últimos Lakers de Phil Jackson, lo que también podría considerarse una revancha, y, por si eso fuera poco, la final de conferencia se la arrebataron a los San Antonio Spurs, ya por entonces camino de la gran revolución que les llevaría al título de 2014.

A los cuatro tenores, había que añadir dos secundarios de lujo: Derek Fisher, rondando los cuarenta, seguía siendo decisivo en los momentos clave y daba el punto de pausa que Westbrook era incapaz de agregar a su repertorio. Kendrick Perkins, por su parte, después de haber ganado el anillo con los Celtics, era aún una referencia interior a tener en cuenta, especialmente en el rebote y la defensa. Su presencia bajo el aro daba seguridad atrás y permitía a Ibaka salir en ataque a tirar a cuatro o cinco metros, por no hablar de la contundencia de sus bloqueos para liberar a Westbrook, Harden o Durant.

La final empezó como un sueño: con el factor cancha a favor, los Thunder se impusieron cómodamente en el primer partido… pero aquello, que estaba llamado a ser el inicio de algo mágico, se fue convirtiendo poco a poco en un mal sueño. Buena parte de culpa la tuvo Westbrook y de ahí nace probablemente su «leyenda negra». Claramente sobreexcitado, Russ se fue a los 27 puntos; 6,4 rebotes y 6,6 asistencias por partido… a costa de sacrificar el rol de un pujante Harden y lanzando más veces incluso que Kevin Durant pese a tener peores porcentajes. De hecho, en triples acumuló un 3/22, lo que explica, en parte, que los Heat de James y compañía lograran el primero de sus dos anillos consecutivos.

La gestión del éxito es a menudo más complicada que la gestión del fracaso. Así lo fue en Oklahoma. Harden, que acababa contrato, no quiso saber nada de sus compañeros y se fue a Houston a reflotar la franquicia y convertirse en una de las superestrellas de la liga. La relación entre Durant y Westbrook se enfrió. No es que antes fueran grandísimos amigos pero sí había este punto «Batman y Robin» en busca de una empresa común. Ibaka quería más protagonismo y la directiva trajo a Kevin Martin, otro tirador, para ahondar en la competencia por el balón. A todo esto, empezaba a despuntar un interesante jugador de segundo año, Reggie Jackson, que adolecía del mismo problema que sus compañeros: necesitaba que el equipo jugara para él si quería mostrar su mejor versión.

Los efectos de esta tensión soterrada no fueron inmediatos: en la temporada 2012/13, los Thunder ganaron 60 partidos y Durant promedió 28 puntos, 8 rebotes y 5 asistencias con unos porcentajes escandalosos: 51% en tiros de campo, 41% en triples y 86% en tiros libres. Eso no impidió que Westbrook siguiera asumiendo más responsabilidades y más tiros que su compañero, especialmente en los momentos decisivos. Demasiadas penetraciones imposibles o tiros precipitados que condenaron a su equipo a una derrota en semifinales de conferencia ante los mejores Grizzlies de la historia, los del esplendor Marc GasolZach Randolph.

Mientras las dudas sobre Westbrook se extendían, la reputación de Durant no dejaba de crecer. A los veinticinco años, ganó el MVP la siguiente temporada con casi 32 puntos de media por partido. El equipo volvió a llegar a la final de conferencia y volvió a perder, esta vez ante los Spurs. El dictamen de la prensa y los expertos no dejaba lugar a la duda: Durant nunca ganaría con Westbrook al lado… y la culpa, por supuesto, era del base. El tiempo no jugaría a favor de ninguno de los dos.

Los Warriors como síntoma y como refugio

Su séptima temporada juntos fue un desastre. Kevin Durant se lesionó de gravedad y apenas pudo disputar veintiséis partidos. Era el turno de que Westbrook diera un paso adelante y lo dio… a medias. Sus números individuales fueron espectaculares: 28,1 puntos; 7,3 rebotes y 8,6 asistencias por partido, el primer indicio de que aquel hombre podría promediar un triple doble si las cosas se pusieran muy de cara. Sin embargo, sus Thunder fueron un desastre: de 60 victorias pasaron a 45 y de jugar la final de conferencia pasaron a no clasificarse siquiera para los play-offs.

La guerra estaba abierta y el damnificado fue Scott Brooks, sustituido por Billy Donovan. Nadie daba un duro ya por unos Thunder en los que Ibaka había decidido trasladar su lucha de los tableros a los despachos y donde el entendimiento diplomático entre Westbrook y Durant había dado paso a una rivalidad poco disimulada: Durant seguía viendo a Westbrook como una rémora y Westbrook seguía viéndose injustamente tratado, responsabilizado en exceso de que el todopoderoso Durant fuera incapaz de decidir eliminatorias por sí mismo, como han hecho siempre las grandes estrellas.

Pese a todo, el año fue sorprendentemente bueno: los Thunder ganaron cincuenta y cinco partidos, se metieron cómodamente en play-offs y una vez ahí se cargaron a los Spurs, a los Mavericks y se pusieron con una ventaja de 3-1 ante los Warriors. A partir de ahí, el caos. En el quinto partido de la serie, Kevin Durant anotó doce tiros de treinta y uno mientras Westbrook encestaba once de veintiocho y perdía siete balones. En el sexto, el decisivo, en Oklahoma, Durant se fue a 10/31 y Westbrook a 10/27 y cinco balones perdidos. Para rematar, el séptimo partido fue otro espanto para Westbrook, con un 7/21 en tiros que lastró el buen encuentro de Durant que, esta vez sí, cumplió con un excelente 10/19.

Los dos perdieron. Los dos se vinieron abajo cuando realmente contaba, que era aquel sexto partido en casa. Los dos volvían a fracasar en el peor momento… y sin embargo la prensa solo señaló a uno, al de siempre: Westbrook no sabía dirigir, Westbrook solo entendía de correr y correr sin cabeza, Westbrook se precipitaba en los momentos clave, Westbrook buscaba en exceso su lucimiento personal… y Durant, poco más que un ángel incomprendido. La cosa no podía continuar así y no continuó, por supuesto: Durant aprovechó el final de su contrato para irse a los Warriors, formando probablemente la mejor plantilla de la historia.

No fue precisamente una decisión valiente en lo deportivo pero sí en lo personal. Si no conseguía triunfar tampoco en Oakland ya no habría Westbrook al que echarle la culpa. Por otro lado, al dejar solo a Russ en Oklahoma le colocaba en una situación igual de comprometida: si tan bueno se creía, era el momento de demostrarlo. Todos coincidían en que sus números serían buenos pero el equipo se hundiría sin su gran estrella. Todos se equivocaban.

Tras los pasos de Oscar Robertson

Y es que el año de Westbrook va más allá de los números. Es lógico que sigan vigentes muchos de los prejuicios que le apuntan como un jugador excesivamente individualista y que depende demasiado de su físico, pero lo que está haciendo noche tras noche merece al menos algo de reconocimiento, incluso de cariño. De entrada, promedia 31 puntos por partido, más que nadie en la liga. Eso era de esperar, por supuesto, porque los siguientes en el escalafón en su equipo son Victor Oladipo, un jugador más defensivo que ofensivo, y Steve Adams, de un talento bastante limitado.

Los compañeros de Westbrook este año son los Payne, Morrow, Roberson, Abrines, Collison, Lauvergne y compañía, una plantilla que aconsejaría a cualquier otro equipo a hacer un buen tanking para conseguir una posición alta en el draft. Puede que Domantas Sabonis se acerque algún día al nivel de su padre pero no hay que olvidar que hace solo dos años era suplente del Unicaja de Málaga. En cuanto a Ernes Kanter, su irregularidad y su propensión a las lesiones impiden tenerle ningún tipo de confianza.

Y sin embargo, Westbrook no solo lucha por sus números sino que lucha por que su equipo sea competitivo. Pasado ya el ecuador de la competición, los Thunder van camino de superar las cuarenta y cinco victorias y nadie discute que disputarán de nuevo los play-offs. Pese a su escaso 1,90 de altura, Russ promedia 10,4 rebotes por partido, prácticamente los mismos que DeMarcus Cousins, considerado el mejor pívot puro de la liga. Sus numerosos haters refunfuñan que buena parte de esos rebotes «le caen en las manos», como si eso fuera posible en la NBA. En cualquier caso, esa teoría no explica los más de cien que lleva en ataque, veinticinco más, por ejemplo, que el corajudo Draymond Green.

Con todo, la cifra que más sorprende de todas es la de 10,1 asistencias por partido. Sorprende, precisamente, porque sus compañeros son en su mayoría mediocres. Son multitud los partidos de los Thunder en los que pases milimétricos, perfectos, de Westbrook, acaban en una bandeja fallada o en un triple que casi no toca el aro o en un intento de penetración ruinoso. Los Thunder no son los Warriors, valga de nuevo la comparación, es decir, cada asistencia hay que trabajársela a destajo, algo que contradice la teoría de que Russ es un jugador que solo piensa en sí mismo.

Otra crítica que tuvo sentido en el pasado pero que ya no se sostiene es la de que se esconde en los momentos clave: Westbrook es, detrás de Isaiah Thomas, el jugador que más puntos anota en los últimos cuartos, superando al de los Celtics en las estadísticas de «Clutch time», es decir, puntos anotados en los últimos cinco minutos de partidos en los que ninguno de los dos equipos gana por más de cinco puntos de diferencia. Con él en cancha, los Thunder anotan una media de tres puntos más que su rival. Cuando él está en el banquillo, apenas catorce minutos por partido, esa ventaja se pierde sistemáticamente.

Y es que hay aquí otra cuestión a considerar: Westbrook no juega ni treinta y cinco minutos por partido. Promedia un triple doble por partido en apenas treinta y cinco minutos cuando Oscar Roberston, el único en conseguirlo en 1962, pasaba diez minutos más en cancha y disfrutaba de bastantes más posesiones, pues los partidos no eran ni mucho menos tan tácticos. Hasta dieciséis jugadores en la liga disputan más minutos que Russ, algo que choca con su imagen de acaparador que solo piensa en aumentar sus números como sea.

Por supuesto, no todo es de color de rosa. Westbrook no es siempre un jugador agradable de ver. Demasiado rápido, demasiado impulsivo, demasiado físico. Su equipo, como ya hemos dicho antes, es una desgracia andante. El uso exagerado que se hace de él en ataque —genera aproximadamente la mitad de los puntos de los Thunder— provoca unos porcentajes bajos —42,2% en tiros de campo— y un exagerado número de balones perdidos —más de cinco por partido—. No, Russell Westbrook no es perfecto, pero se le pidió que aguantara él solo a una franquicia y la está aguantando. Si además acaba igualando un récord de más de cincuenta años ya será para mojar pan. Sinceramente, la empresa es tan monumental que no parece probable.

15 comentarios

  1. Muy buen articulo, como siempre, pero menuda colada te has pegado; en Heat estaba Bosch no Love

  2. Muy bueno. Solo un apunte, Kevin Love no jugó en Miami

  3. Yo no soy el mayor fan de Westbrook pero me parece un jugador unico y está sosteniendo la franquicia sobre sus hombros. Esta temporada consiga o no el triple doble está quitándole a Russ años de las piernas.
    Pero lo que me parece deneznable es el trabajo del cuerpo técnico, los jugadores serán limitados o malos pero es que el juego lo es más. Tenemos 35 minutos de heroball y luego 10 de jugadores que no saben qué hacer con la pelota.

  4. Buen artículo, aunque si se parte de la comparativa, justo es decir que Durant fue al equipo de Curry….y cada vez menos es el equipo de Curry. Y le va mejor que con Westbrook. Aunque a mí personalmente su postura me pareció lícita, pero cobarde; como a mucha gente.
    Y un matiz, Harden no decide irse a ningún sitio. LLega la hora de renovarle, OKC no tiene dinero para todos; y ante la perspectiva de tenerlo a disgusto o que el año siguiente se fuese, entonces sí, gratis; le traspasa el contrato a Houston, que a su vez, entre otros activos; envía a OKC a Kevin Martin.

  5. Pingback: Aprendiendo a querer a Russell Westbrook – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  6. Hace años leí un artículo sobre Lebron James en esta misma publicación que cambió para siempre la visión que tenía de él. Hoy me está pasando algo similar, pero al contrario. Se reafirman la devoción y admiración que ya sentía por esta bestia competitiva. No es físico, es una cuestión de actitud. Russell es hambre sobre una pista de baloncesto. Luego miras a Brandon Ingram y parece otro deporte. Puestos a soñar, por qué no unos Lakers (mis queridos y lamentables Lakers) construidos alrededor de Westbrook.

  7. Westbrook es un héroe. Lo más parecido a Kobe Bryant que hay en la actualidad. Ningún jugador tiene su capacidad de echarse a un equipo a la espalda, y ya lo hizo en la temporada en la que Anthony Davis y los Pelicans le dejaron fuera de PO. Lo que está haciendo esta temporada no es más que confirmar lo que ya se intuía de él. El gen competitivo de Russ lo he visto solo en dos jugadores en toda mi vida, kobe, como ya he dicho, y el otro se lo pueden imaginar.
    Quizá el único problema que le veo a Westbrook es que no sabe elegir sus batallas y que siempre está dispuesto a luchar (sobre todo en cuanto a la rivalidad contra Golden State), pero es que eso es lo que hace un héroe. Nada me haría más ilusión que un futuro utópico en el que Westbrook y OKC hayan eliminado a Golden State.
    Al fin y al cabo, el héreo es el que tiene que acabar con los villanos.

    • Hombre, ningún hombre tiene la capacidad de echarse al equipo a la espalda……nos pueden gustar más o menos, pero jugadores franquicia que son ellos el peso fundamental del equipo tienes a patadas…..Antes, y ahora. Es fácil hablar de Jordan pre anillos, pero tienes a Barkely en PHI, a Dominique en ATL, English en DEN…..y ahora, en fin…..Davis en Pelicans, Cousins en SAC, podemos hablar del Carmelo de DEN, que mucho rajar de él, pero sin él no han vuelto a pisar unos play offs….en fin…..incluso este año Thomas….que podemos pensar que BOS es un equipo coral, y en cierto modo lo es…..pero ni recuerdo el último partido de Celtics en los que hubiera un máximo anotador distinto que Thomas……En fin ya digo, que una cosa son los gustos, que por supuesto puede gustar más Westbrook, y otra que no haya otros jugadores que con un equipo más o menos limitado a su lado, tiran del carro mucho más.
      Por cierto, que OKC no tiene tan mal equipo como se dice, no es de campanillas; pero…..Oladipo y Kanter dos top-3 de draft, Adams es un pivot de lo más solvente, sobre todo en defensa; Morrow recuerdo una FA que hubo tortas por él……Otra cosa es que no estén rindiendo como tal…..pero eso es otro tema. SAC o Pelicans lo tienen bastante peor, en mi opinión.

  8. Hombre, Russell es un jugadorazo, pero decir que Kanter es irregular (14.4 ptos y 6.7 rebotes en 21.6 minutos siendo suplente) y Adams limitado (con Gobert, el mejor pivot defensor de largo)…

  9. Los números individuales del Sr. Westbrook son literalmente una barbaridad estadística. Promediar un triple doble durante toda una temporada regular es de ciencia ficción. Y es precisamente aquí, ironías del deporte (de la vida) donde está el principal problema: estamos ante el mejor físico de toda la NBA junto con Lebron James, pero uno de los peores IQ de toda la liga.
    Es paradigmático, cuando ves un partido de los Thunder, comprobar cómo una segunda unidad bastante mediocre (Payne, Morrow, Abrines, Collison, Lauvergne) en ocasiones hacen jugar más y mejor al equipo que los titulares, especialmente cuando Russ se pone en modo “pantene”: Porque yo lo valgo!
    Evidentemente esa segunda unidad no va a ganar muchos partidos, desde luego no va a meter a la franquicia en playoff, y el merecimiento de Westbrook para el MVP (mano a mano con Harden) es indiscutible…pero sinceramente se hace difícil imaginar al interfecto portar un anillo de campeón.
    Pd.: Kanter es uno de los jugadores interiores con mayor capacidad ofensiva de toda la liga, mete puntos hasta durmiendo la siesta. Otra cosa distinta es su capacidad defensiva, más bien laxa (por ser “eufemísticos” con el turco), pero de ahí a calificarle de irregular… por cierto, a lesionarte la mano dando una soberana hostia a la silla del banquillo tampoco lo calificaría de “propensión a las lesiones” :)
    De cualquier manera se agradecen estos artículos, bien redactados.

    Saludos,

    • Totalmente de acuerdo.
      Russell Westbrook es, sin duda, el peor jugador de baloncesto que he visto en comparación entre su infinito talento físico y su inexistente inteligencia competitiva. Sólo con que fuese un poquito inteligente (sólo un poco) sería letal. Pero el muchacho no tiene a nadie al volante. Sólo sabe correr, botar y liarse la manta a la cabeza.

      Si OKC lo hubiese largado a él y no a Harden, consiguiendo a cambio de Westbrook un base solvente (perfil André Miller habría bastado) hoy tendrían un par de anillos. Pero eligieron quedarse con Russell Westbrook porque sale mucho en los highlights.

      Este chico no va a ganar un anillo en su vida.

      • Botamipelota es el clásico comentarista de NBA que solo ve un partido completo de vez en cuando y se piensa que puede opinar cual experto.

  10. Domantas Sabonis llegará algún día al nivel de su padre, pero si acaso al nivel de colesterol en sangre, que son muy de brindar y untar con pan estos lituanos. Pero si hablamos de baloncesto, ejem….

  11. Un poco más sobre los orígenes de esta bestia. No tiene desperdicio.
    http://www.skyhook.es/2017/02/nacimiento-la-bestia/

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR