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De cuando el bakalao se llamaba simplemente bacalao

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Imagen: RTVE.

Es sobradamente conocido el fenómeno llamado bakalao, que tuvo lugar en Valencia entre las décadas de los ochenta y los noventa. Fue el mascarón de proa de un hedonismo desatado, cuyo rostro de pupilas dilatadas asomaría una y otra vez en los informativos y las páginas de sucesos. La costa valenciana se convirtió en sinónimo de gente bailando y colocándose con éxtasis en las discotecas y sus aparcamientos. Un delirio sintetizado en el estribillo de una canción de Chimo Bayo, un desvarío alimentado por toda una industria sin otra finalidad que alcanzar el placer a través de la química. Pocos saben que antes del bakalao existió el bacalao. No fue ese su nombre oficial, porque en realidad nunca contó con uno. Su presencia ocupa la parte menos conocida de una historia que tuvo lugar entre 1981 y 1988. El bacalao y el bakalao sucedieron en el mismo escenario pero tuvieron diferentes protagonistas. El objetivo también era el mismo, divertirse, pero los elementos que dieron forma al primero fueron otros. La historia siguió su curso inexorable y el bakalao fue lo que quedó en la memoria colectiva de España. Fue lo que se hizo popular porque además, su denominación sí se hizo popular. El pez grande se comió al chico.

Nueva ola a la valenciana

La aparición el pasado mes de diciembre del libro Bacalao. Historia oral de la música de baile en Valencia, 1980-1995 ha servido para intentar alterar esa percepción histórica. En realidad, no es fácil reivindicar un fenómeno o un movimiento que no cuenta con una denominación para identificarlo, y que también carece de nombres propios que lo hayan trascendido. La acumulación de tópicos y prejuicios alrededor del tema dificultan aún más el entendimiento de lo que ocurrió durante aquellos años en Valencia y las discotecas de su litoral. «El bacalao era todo aquello que llegaba a las tiendas de importación de la ciudad y que partía en dos las pistas de baile: de synth pop a garage, guitarras y remezclas de todo pelaje, pasando por EBM o electro. O sea, de New Order a los Fleshtones o Sisters of Mercy, pasando por Nitzer Ebb o Information Society», explica el periodista y DJ Luis Costa, autor del libro. «La realidad es que a los valencianos de cierta edad, que hayan estado vinculados de una manera más o menos directa a esta escena, el término les repatea e indigna a partes iguales. Y de poco les sirve la diferenciación entre su origen y el uso maquiavélico que se le dio ya en los noventa, convertido ya en bakalao,  para hablar de la escena. Su sola mención supone un tabú todavía muy difícil de romper hoy en día, por increíble que pueda parecer después de treinta años».

La escena sin nombre

Los primeros síntomas de que algo distinto estaba ocurriendo en ciertos puntos de ocio nocturno de Valencia llegaron en 1981. Fue la eclosión de una escena nocturna sin nombre, inspirada en el look y el sonido de los new romantics, que habían reinado en Inglaterra durante el año anterior. Discjockeys como Juan Santamaría, Toni Vidal el Gitano y Carlos Simó introducían en sus sesiones discos que rompían con la música discotequera y el funky. Simó oficiaba en Barraca como uno de los sumos pontífices de esta corriente, apoyando también desde su cabina a un grupo local que comenzaba a abrirse paso: Glamour. Remi Carreres, bajista del grupo y futuro miembro de los también relevantes Comité Cisne, recuerda el sello sonoro y estético que se le imprimía a aquellas noches en las que las anfetaminas y el costo eran las drogas habituales: «En Barraca sonaban los singles del momento que iban publicando Adam & The Ants, Duran Duran, Spandau Ballet, Generation X, Devo, Bauhaus, Visage, Simple Minds… Carlos siempre tenía alguna bizarrada en la manga, pero básicamente sus sesiones se componían de canciones bailables de esa etapa de la new wave».

La edad de oro mediterránea

El DJ y programador Juan Martínez Torpedo, otro elemento activo en esta incipiente escena, recuerda como el Party Mix de B-52’s causó furor  durante aquellos meses de verano, abriendo las puertas de un periodo que estaría jalonado por diferentes acontecimientos. Entre ellos, destaca la actuación de Stray Cats en la Bony de Torrente (en la cual Glamour ejercieron como teloneros) a principios de 1982; la apertura a mediados de ese año de la sala NCC, que programó conciertos de Derribos Arias, Parálisis Permanente, Siniestro Total, Aviador Dro y el mejor indie nacional de entonces; el concierto de Soft Cell en la discoteca Éxtasis en Llombai en 1983; la inauguración en 1984 de Pachá Auditorium, situada en el casco urbano de Valencia y por cuyo escenario pasarían grandes grupos nacionales e internacionales del momento. Y por supuesto, el concierto que dieron Simple Minds en agosto de 1986 en el campo del Levante F.C. Valencia estaba al tanto de los hitos musicales de las listas alternativas británicas y eso en gran parte se debía a una tienda de discos llamada Zic Zac.

El gen mutante que vino de Bélgica

El DJ Luis Bonías trabajó en esta tienda de importación que nutría a pinchadiscos y aficionados con novedades semanales que llegaban a su almacén a la vez que a las tiendas inglesas. Vanguardia era el término que se empleaba para denominar ese tipo de novedades. «Creo —explica Bonías— que se confundía el significado del término; yo lo veo más una clase de música de actualidad, que iba tirando del carro». Dependiendo de a quién se pregunte, el final de esa edad de oro que discurre paralelamente al fenómeno estrella de la época, la movida, termina en un momento o en otro. Para Carreres, por ejemplo, acaba en 1988; para Torpedo podría llegar hasta 1990. Más difícil resulta precisar cuándo nace el término bacalao, el cual acabaría mutando en la etiqueta por todos conocida. «Recuerdo que un día —cuenta Torpedo—, Miguel [Jiménez, cofundador de Zic Zac junto a Juan Santamaría] me enseñó el maxi Let Your Body Learn de Nitzer Ebb y me dijo: «Mira que bacalao me acaba de llegar. Aquella canción se convertiría en un himno de la EBM, corriente que aquí se llamó maquinera, para diferenciarla de otros sonidos de baile. Esa electrónica de origen belga se prestaba más a las mezcla de los discjockeys, y propiciaba que las guitarras empezaran a mezclarse con la electrónica».

Un concierto que marcó una época

Simple Minds es el típico caso de grupo que, gracias al circuito de locales nocturnos de la Comunidad Valenciana, alcanzó un estatus especial en Valencia antes incluso de que triunfaran definitivamente con el single «Don’t You (Forget About Me)». Su concierto valenciano en julio de 1986 fue el único que ofrecieron entonces en España. Inicialmente se anunció que tendrían como teloneros a otra de las bandas favoritas de la afición local, The Waterboys, cuyo single «The Whole Of The Moon» también tuvo una notable repercusión allí. Pero según ha contado el propio Mike Scott, aquella actuación nunca llegó a confirmarse por parte del mánager del grupo, así que en el último momento hubo que buscar un sustituto. Los agraciados fueron Comité Cisne, cuarteto valenciano liderado por Carlos Goñi y dos exmiembros de Glamour, José Luis Macías y Carreres. «Acabábamos de llegar de tocar en Ibiza junto a Nina Hagen y Doctor & The Medics. Era sábado y como nuestra oficina de contratación estaba cerrada, me llamó el Gitano para preguntar si podríamos sustituir a Waterboys en el concierto. Recuerdo los ríos de gente cruzando la huerta para llegar al estadio. Y que al terminar, Jim Kerr vino al camerino a invitarnos a champán».

Grupos locales captaron el momento

Que Comité Cisne asumieran el papel de teloneros en un concierto que hizo historia —veintemil personas acudieron a la cita— no fue una simple casualidad. Sus maquetas y sus singles formaban parte de la programación musical del circuito discotequero alternativo. Su potencial fue tal que el mánager Vicente Mañó se alió con Carlos Simó para crear un sello, Intermitente, que publicaría sus primeros discos. Durante la segunda mitad de los ochenta fueron uno de los grupos abanderados de la ciudad, bendecidos por una escena que, al ir cambiando su orientación hacia la electrónica, se distanció cada vez más del pop a medida que los años noventa se aproximaban. Pero incluso durante esa década hubo una formación local que intentó conciliar la escena pop y la maquinera en su estilo: Las Máquinas.

La Marxa y otros bares emblemáticos de la ciudad

Juancho Plaza, su guitarra, venía de vivir la efervescencia nocturna de la ciudad en uno de sus puntos álgidos, el pub La Marxa, situado en el barrio del Carmen. «Lo abrieron mis primos en navidades de 1983 y la llevaron hasta julio de 1988. Todos esos años estuve allí poniendo música y sirviendo copas. Era un centro de reunión frecuentado por un público muy diverso, donde se juntaban todas las tribus urbanas del momento —punks, siniestros, mods, yuppies, rockers…— además de artistas de todas las disciplinas. Todo el mundo convivía perfectamente allí y creo que tuvo un papel muy importante en el ocio nocturno, un referente de eclecticismo y modernidad». La influencia de La Marxa se dejó ver en locales inaugurados posteriormente como Brillante, Continental o Barracabar, cuya programación apostaba por introducir actividades culturales en el trasiego nocturno. Barracabar, con el locutor y DJ Jorge Albi al frente, llevaría hasta las últimas consecuencias esa política de agitación cultural con una serie de fiestas, bautizadas como La Conjura de Las Danzas en honor a su programa de radio,  pobladas por músicos diversos (The Stone Roses fueron uno de ellos) en la que también había lugar para la moda, la performance y las artes plásticas.

La conjura de las danzas

Aquellas celebraciones fueron sin quererlo el fin de una época. «En 1990 se celebró la última fiesta anual de La Conjura de Las Danzas —explica Costa—. Solía ser un festival de un día con varias bandas tocando en Barraca, en el mes de junio. Pero la última edición, aquella del 90, se hizo en Arena Auditorium. Tenían que tocar The High, pero cancelaron y se cayeron del cartel, que completaban The Mock Turtles y los Katydids, entre otros. Indie pop inglés moderno del que manejaba Albi en la radio y en sus sesiones de DJ. Sería la última que haría. Y eso coincidió con el cambio de música que vino dado por el cambio de década: las omnipresentes guitarras de la escena de baile valenciana son sustituidas por la música hecha con máquinas, música electrónica que engloba la EBM, la música industrial, y las primeras manifestaciones del techno y house americanos, junto a sus diferentes mutaciones europeas». La nueva década trajo a Valencia el gobierno municipal del PP, que se prolongaría, con Rita Barberá al frente, durante más de dos décadas, dejando una clara huella cultural. Comenzaba así un acoso ejemplarizante contra las salas nocturnas, una actitud amparada en la necesidad de acabar con los efectos de la ya llamada ruta del bakalao. La expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona acaparaban la atención de los medios. La movida hacía tiempo que había expirado. El grunge había irrumpido como tendencia hegemónica. El crimen de Alcàsser tiñó de negro la juerga perpetua vivida durante los años anteriores.

Y llegaron Las Máquinas

En medio de ese escenario, Las Máquinas intentaron mantener conectado el espíritu hedonista de la zona con el pop de guitarras. «Queríamos ser un grupo ecléctico en todos los aspectos —recuerda Plaza—, con una actitud un tanto hedonista, enfocando siempre nuestra música hacia el baile fuera este del estilo que fuera. En aquel momento teníamos a los grupos de Mánchester en el punto de mira. Éramos todo lo contrario a lo que gustaba en ese momento, que era el grunge, el ruidismo, cantar en inglés. Nosotros éramos movimiento, color, alegría y teníamos un punto teatral. Y, por supuesto, el ambiente discotequero local nos influía mucho, de ahí el nombre, aunque lo usáramos sin la ka». Asociar su idiosincrasia con una música de baile que ya estaba mal vista en Valencia no les benefició. «Ya había una brecha entre la gente bailonga y los rockeros «auténticos». Nos quedamos solos, en tierra de nadie. Queríamos tender un puente entre el rock y el baile, usando guitarras funk, rapeados, hip hop, soul. Pero en Valencia la electrónica ya iba por otra onda. Pero canciones como la versión breakbeat de «El inflón», fue elogiada por Alaska, Nacho Canut y Miqui Puig, y celebrada en programas de Radio 3 como Discópolis».

Cambiar la ce por la ka

En cierto modo, se puede decir que Las Máquinas fueron el grupo que mejor captó aquel espíritu que durante unos años definió el fenómeno vivido en Valencia. Su separación concluye casi de manera simbólica un ciclo que durante la década anterior había revolucionado la ciudad, dando una nueva dimensión al concepto de ocio nocturno. Aunque Carreres, que llegó a trabajar como relaciones públicas en la discoteca Isla durante unos meses, asegura que al final, aquel mundo no era más que «hostelería pura y dura; allí desde luego no se hablaba en términos de vanguardia». Desde el presente quizá se magnifique una época en la que todo resultaba mucho más fácil y todo era más divertido. Una época que en España reflejó de manera contundente la llegada de la libertad tras cuatro décadas de dictadura. En Valencia, la movida fue así, un frenesí de música, alcohol y drogas que, fiel al espíritu local, no se preocupó por moldear un legado, solo de vivirlo. Fue eso que el libro de Luis Costa define como bacalao y que configuró un momento de efervescencia único cuya única finalidad parece que fue esa: vivir el momento.

10 comentarios

  1. Pingback: De cuando el bakalao se llamaba simplemente bacalao – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. la teoria de la c i la k y las fechas que se utilizaba una y otra no se de donde sale…. como ultraconsumidor de todo a lo que musicalmente se refiere el articulo, poco o nada me cuadra esto. Disfrutar del gran legado que dejó toda esta movida, no hace falta teorizarla 25 o 30 años después. De todos modos, gracias por ayudar a dignificar lo que en su dia se satanizó por parte de todos los medios y canales posibles.

  3. Rafa, ese concierto histórico de Simple Minds fue aquel al que tú no fuiste porque preferiste quedarte en casa jugando al Monopoly, no?

  4. Es de justicia que se diga bien alto y claro que la música importada que se empezaba ha pinchar en Valencia en todos los locales creando así esa corriente vanguardista es cosa de 2 grandes profesionales con un olfato y oído extraordinarios sus nombres:Lucas de la tienda de discos viuda de Miguel roca en c/San Vicente,y Pi responsable de discocentro c/Ruzafa 33 sin estos iluminados jamás hubiera existido está corriente musical hablo del año 1980 esa es la verdad nunca se lo agradeceremos como es debido la tienda de Zig-Zag llegó mucho más tarde(años) Chimo Bayo,Juanito Santamaría,David el niño,el calvo,Carlitos y tantos profesionales se nutrían de estas joyas musicales que llegaban semanalmente ha estas 2 tiendas de música lo demas ya lo conocéis un daludo

  5. Yo no soy ningún experto musical, pero por aquellas fechas, en Valencia también había algo llamado “Sonido Valencia” y era música negra tipo funky, o similar al “Sonido Filadelfia”, y no veo que lo nombren en este artículo.
    Podrían hacer una segunda parte con ello.
    Gracias

  6. Buen artículo.
    Grandes recuerdos y sensaciones muy vivas todavía hoy.

  7. Yo empecé a ir a Valencia 1991-1992 cuando aquello era la mejor música de toda España (Espiral,Barraca,N.O.D,etc,luego ya empezó a deteriorarse la música y la gente y los medios de comunicación hasta destruirlo todo.

  8. Si no has estado allí no puedes entenderlo…

    https://www.youtube.com/watch?v=9LDQ0Hirw5M

    (Y no, no tengo el video, pero yo he escuchado el “Maximizing de audiencie” de Win Mertens en una discoteca…)

  9. La mejor música de toda España?!?Para gustos los colores pero….Te puedo decir una veintena de grupos en los 90,pero desde luego no
    Espiral,Barraca…..einn?

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