Trump, el doble y la mitad - Jot Down Cultural Magazine

Trump, el doble y la mitad

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Foto: Cordon.

El enigma de Donald Trump es tan inexplicable que para resolverlo es más sencillo reducir su imagen a la mitad. A ese perfil que se multiplica incesante y monolítico en las portadas de medio mundo. El flequillo imposible. La boca convertida en un rugido. Apenas dos arañazos como ojos. Bastan una líneas para intentar resumir su esencia, ese poso de extrañeza que produce un cambio de frecuencia en la realidad.

Su perfil se repite como un icono. Como se repetía el de Hitchcock. Como un esquema del alma. Parece que los ilustradores y los fotógrafos hubieran quedado hipnotizados por ese trazo en zigzag, del pelo a la papada. Y al mismo tiempo, hay algo de lección aprendida del antiguo Egipto: atrapar en un único envés del rostro eso que en la época de los faraones se llamaba ka, el aliento vital.

Pero el espíritu de Trump es escurridizo y desconcertante. Y la cara de la luna que nos ofrece solo deja claro que hay otra que no podemos ver. La cara del día de mañana, la de qué-más-puede-pasar. La cara del poder. Porque la representación de perfil siempre ha sido una metáfora de la autoridad. Circula cada día en nuestra manos en forma de moneda con una reina, un presidente, un príncipe, un emperador. Lo sabía bien Louis David al pintar a Napoleón coronándose en Notre Dame. Y los mecenas de los artistas italianos que exigían ser retratados de perfil.

El perfil muestra mejor los rasgos más característicos y reveladores. Intenta contener la esencia. Lo cuenta Plinio, el Viejo, cuando fabula sobre el origen de la pintura. Corinto, una muchacha, un amante que se va, una alcoba, una vela. Y la doncella, que no quiere separarse de su amado, dibuja su sombra en la pared. Con la aspiración de que esa silueta retenga algo de él.

Pero lo que el perfil gráfico de Trump parece mostrarnos es perturbador. Recuerda a aquello que explicaba Platón cuando comparaba la pintura imitativa con la magia. Solo puede producir fantasmas. Dobles del ser real.

Y quizá ahí reside la inquietud: en que el presidente de Estados Unidos parece más bien el doble de un presidente convencional. El Doppelgänger de lo que se espera que sea quien se sienta en el despacho oval.

Toda esa extrañeza que produce Trump, la que palpita incansable en su efigie reducida a la mitad, se puede explicar con un texto de Freud: Das Unheimliche. La palabra resulta indomable en nuestro idioma. Tiene tantas aristas, hasta en alemán, que Freud busca en los diccionarios europeos su traducción. La solución que encuentra para el castellano no desenmascara todos sus matices:

ESPAÑOL (Tollhausen, 1889): sospechoso, de mal agüero, lúgubre, siniestro.

Aunque Das Unheimliche va más allá de lo siniestro. La voz original está cargada con el poder de la extrañeza. La misma que se despierta ante la improbable pero rotunda imagen de Donald Trump. El término contiene el horror de lo cotidiano. Aquello que nos asusta porque creíamos conocer, porque parecía familiar y, sin embargo, deja entrever un halo de irregularidad. Una zozobra. Un rareza que se sale de la norma, una distorsión que hace saltar la onda de un patrón. Como un personaje que recita un papel que es de otra obra, con un tono que no le corresponde. Una alteración que difumina los límites entre la ficción y la realidad. Y ese límite parece haberse resquebrajado desde que, el 20 de noviembre, un empresario de lengua desatada y exclamación fácil llegó a la Casa Blanca con la gorra del granjero que acaba de aparcar su John Deere en cualquier cuneta del Medio Oeste.

Desde aquel día la América demócrata se pregunta cómo ha podido suceder, cuándo llegará el momento de despertar, qué más puede pasar. Todo puede pasar. Das Unheimliche tiene también la condición de lo inesperado, del sueño que se enreda con un giro improbable de guion. La palabra lleva pegado el temor de lo que permanece oculto, lo que está escondido y emerge para nuestro espanto. Lo que subyace amenazante bajo la delicada capa de lo tangible. El hielo que se rompe bajo nuestro pies. Como una presidencia que parece desafiar la verosimilitud.

Trump no se comporta como los demás. Esa es, en parte, la razón de su éxito pero también la raíz del desasosiego. Firma órdenes ejecutivas como si fuera Pierpont Morgan rubricando contratos para el ferrocarril. Elige a un juez del Supremo con la parafernalia mediática de un reality show. Enciende y apaga la luz de su estancia en la Casa Blanca cuando se lo piden en un programa de televisión. Estrecha la mano con la tenacidad del levantador de pesas de un freak show. Es uno y lo contrario. Millonario y héroe del obrero desengañado. Empresario en una torre dorada que no ha perdido la punzada ominosa del adolescente de Queens.

Hasta su retórica se aparta de la norma presidencial. Se sostiene en monosílabos recurrentes. En un staccatto efectivo y machacón. First, fake, sad!, right, great, look. Su lenguaje parece desmañado y casual, pero no lo es. Sabe lo que hace cuando apela a la segunda persona, cuando deja la frase sin acabar para que la termine el espectador, cuando dispara una palabra como un puñetazo antes del punto final, cuando reniega de la subordinación. Huye de la sofisticación lingüística del político convencional. Otra vez, la extrañeza en lo conocido. Otra vez, das Unheimliche.

Esa aparente simplicidad de su discurso está también en su perfil. Trump es como aquella señora de la que hablaba Chesterton: «la imaginamos siempre de perfil, como el filo de un puñal». Y el filo corta el continuo de la realidad porque no está en su lugar. Se convierte así en la versión inesperada del personaje. En el doble distorsionado sin la solemnidad del hombre más poderoso del mundo. El doble que, según Freud, es un objeto de terror.

Lo sabe bien el maestro de todo esto, Stephen King: el peor tipo de miedo es cuando llegas a casa y te das cuenta de que todo lo que tienes ha sido reemplazado por una copia exacta. Pero distinta. Como el presidente que ha sido sustituido por la línea, afilada como un relámpago, de su perfil.

17 comentarios

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  2. Excelente. Justo es esa la sensación; lástima que venga envuelta en contenidos, que no sea el perfil, el ademán, el peluquín y la voz irritante, o no solamente. Lástima que no sea una especie de charlatán de feria en hora punta: esa imagen entre megalómana y patética está llenita de semántica. Habla, habla y habla, o mejor dicho, amenaza, y si es todo una fantasmada es que es todavía más manipulador de lo que parece, y si es cierto, la hemos hecho buena. Una versión spaghetti-KKK de las estrellas de cine peligrosas, pero en real y a todo poder.

  3. Das Unheimliche, con “n“ antes de la «h» y «e» al final.

  4. Donald Trump vence por lo mismo que tienen partidarios Le Pen en Francia, Podemos en España, Bepe grillo, Farage, Correa, Maduro y ese fenomeno es la GLOBALIZACION. No importa si izquierdas o derechas, si estan en puntos opuestos del espectro politico porque sus bases son las mismas, ajustadas a la idiosincracia cultural de cada nacion. No me creen? revisen los programas economicos de todos estos lideres que mencione y encontraran que son casi identicos, sacando lo de la inmigracion. Proteccionismo, aranceles, moneda propia, aislacionismo, denuncia del capital que no da trabajo en el pais propio. Cualquier sindicalista del mundo podria suscribir punto por punto todo el programa de Trump.
    El enemigo de todos ellos es la globalizacion, que mete un puñado mas de dolares en el bolsillo de un mexicano , indonesio o chino y deja sin trabajo a un estadounidense o frances. La globalizacion a tenido demasiados pocos ganadores y muchos perdedores y esos perdedores estan votando populismo les da lo mismo si izquierdas o derechas.
    Lo que no puede garantizar Trump, ni iglesias ni maduro ni le pen es que por mas barreras soberanas que pongan al capital, enemigo de todos ellos, mientras existan chinos dispuestos a fabricar un iphone por un plato de arroz la globalizacion no podra ser detenida.

    • Aquiles, en algún lugar tenías que poner la relación, según tú, de Podemos con Trump. Te has quedado a gusto con tal disparate que duele leer eso. Y al PPSOE ni lo nombras. Curioso. Anda, apaga 13 Tv, La Cope y Losantos y empieza a razonar por tí mismo. No te creas lo que dicen esos mentirosos.

      • Malo si tuvieras un minimo de sentido comun, te darias cuenta que no es una critica, es un hecho. El enemigo de izquierdistas y derechistas “clasicos” es el mismo: la GLOBALIZACION.
        En lo unico que se diferencian estas izquierdas y derechas es en algunos pocos detalles, o no tan detalles, como que hacer con los inmigrantes, las cuotas raciales o femeninas, leyes de aborto etc. Es decir la parte “cultural” de la globalizacion, no en la parte economica.

        Los programas economicos de le pen y podemos (y cualquier izquierdista clasico) son casi calcados:
        planes de gasto público para “estimular” la economía; aumento del déficit; manejo de la deuda pública; fuerte proteccionismo comercial y laboral; políticas contra la globalización económica; aumento de salario mínimo; políticas monetarias propia ¿sigo? .
        Es que no es ningun misterio, la derecha clasica conservadurista de toda la vida siempre fue enemiga del liberalismo globalizante, al igual que la izquierda. Ambas son ademas estatistas.

        • Oye, calcado igual que lo que pone en la editoriales del ABC y La Razón. No vale copiar.

          • Y se te ocurrio PENSAR si era cierto o no? Ahora explicame tu las diferencias.

            • Estimado Aquiles, comparar al “señor” Donald Trump y sus votantes con cualquier dirigente de Podemos y sus cinco millones (¿o cuatro? los que sean) de españoles es un insulto a la inteligencia.
              Si lo que quiere es abrir un debate sobre la globalización, sus ventajas e inconvenientes…genial, me parece pertinente.
              Pero nulo debate si empezamos insultando, ¿no cree?
              Saludos,

              • Y sigues sin dar ningún argumento…

                Aquiles tiene razón, y no está diciendo que sean iguales en todo, está diciendo que su enemigo es el mismo: Tanto la extrema derecha como la izquierda ahora mismo tienen el mismo objetivo (por razones distintas): la globalización. Y si te fijas, el votante de Trump, de Le Pen o del Brexit es el clásico votante de la izquierda: Obrero que teme por su futuro y vota a quien le promete un trabajo mejor. El problema de la izquierda actual (desde mi punto de vista, y me considero de izquierdas) es que se ha olvidado de defender al obrero y se ha centrado en otras cosas, que si bien son importantes, cuando te preocupa llegar a fin de mes se vuelven secundarias. Ahora mismo es mas facil ver a Trump o Le Pen hablando de como crear empleo y solucionar la vida a la clase trabajadora que ver a Pablo Iglesias o Beppe Grillo (sea o no factible el sistema de la derecha)

                Decir que tanto Trump como Podemos tienen un objetivo común no es un insulto a podemos, es una obviedad contrastable. Y si no estas de acuerdo me encantaría leer algun argumentos, porque sin ánimo de ofender hasta ahora solo has usado falacias.

      • Estoy de acuerdo con Aquiles, y veo que los “defensores” del populismo ya han sido captados.
        ¿Porqué el Sr. Neofito se atreve a comparar el nivel de inteligencia de los votantes de Trump con los que han votado a Podemos? … Quizas porque piensa que los votantes han sido todos abducidos, que no convencidos, por la promesas imposibles de un iluminado? (hablo de los votantes de Trump, claro).
        La Globalización, así con mayúscula, porque ya nombra un estilo poli-econom. que se estudiará, libremente espero, el día de mañana como un ejemplo de perversion capitalista que logró lo inimaginable; Alborozar a las elites económicas que aumentaron indeciblemente sus fortunas y contentar a la exultante izquierda, que vio en esta formula la solucion perfecta para sacar de la miseria a las masas obreras comunistas de la lejana Asia, para que unidos al unísono dirigir nuestros destinos hacia un mundo libre…. etc.etc…
        Lo de que dirigiran nuestros destinos es incluso posible, lo otro… la llegada del comunismo salvador, lo veo negro… sobre todo por el talante de los nuevos ricos chinos “no capitalistas”.. je..je…
        Es perversa porque, como veis, la izda y dcha. tradicionales (PPSOE como decia uno) mas los nuevos que se han sumado Ciudadanos, PODEMOS, … y otros siguen la misma senda… todos esperan ganar con la entrada del comercio asiático. O acaso se plantean lo contrario?.
        Es perverso porque el fin de todo es obtener mercado… es o no es eso Capitalismo?.
        Alguien en sus programas ha hablado de como revitalizar la INDUSTRIA del pais, y como competir con lo que entra de fuera, que se produce incumpliendo las más basicas reglas del Trabajo por las que la Izquierda Obrera lucho durante toda la revolucion industrial. ¡Ah claro que viene de un pais comunista!… sin sindicatos… con reparto de bienes…

        • Me atrevo a comparar el nivel de inteligencia de los votantes de Trump con los votantes de Podemos, claro que si…y sin pudor alguno.
          Yo no he entrado en el tema globalización, ni he entrado a valorar las consecuencias del neoliberalismo reinante. Me he limitado a expresar que Trump es un fenónemo que en política no tiene parangón con ningún político europeo, ni siquiera con los más xenófobos y racistas como LePen, Orban o Wilders…aunque la salud de nuestras democracias es frágil (basta como muestra lo que ocurre actualmente en nuestro país) aún se exige un mínimo de disimulo.
          No hay político en nuestro país que haya manifestado la ignorancia (aunque hay alguno en el poder que no le anda a la zaga) ni que haya mentido descaradamente (¿postverdad?, qué inventos…) ni que haya expresado sin ambages su racismo, su xenofobia, su homofobia y su absoluto desprecio por las mujeres y las minorías.
          Cualquier votante, por aislado, frustrado y apartado de la sociedad que se sienta, que vote a un candidato de esta naturaleza, está deslegitimado… por tanto, cualquier comparación entre una y otra realidad al otro lado del charco me parece -y me estoy repitiendo- insultante.
          Si ahora queremos hablar del fenómeno que ha llevado a Trump al poder, o sobre los populismos de uno y otro signo que asoman la patita a nivel mundial, o sobre la globalización y sus efectos, me parece fenómeno. Pero mezclar churras con merinas me parece intoxicar el sano debate.
          Saludos,

    • No creo que haya mucho sindicatos y partidos de izquierdas que apoyen algo como la desregulación de Wall Street o la bajada de impuestos a los mas ricos.

    • Totalmente de acuerdo con usted. La globalización está consiguiendo que los países pierdan su propia identidad, y ésto, provoca que cada vez más se encierren en sí mismas.

  5. Malo, muy bien !!

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