Miguel Bosé: «Soy europeo, cartesiano y profundamente latinoamericano» - Jot Down Cultural Magazine

Miguel Bosé: «Soy europeo, cartesiano y profundamente latinoamericano»

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Fotografía: Edu Bayer

Con esa barba cana en punta y revuelta, la osamenta facial marcada, dura, y unos ojos perfilados de negro profundos como dos dagas persas, Miguel Bosé podría ser tanto una estrella de la música como un severo pastor luterano o un gentilhombre del Greco. Aquellos rasgos agudos de juventud, esa cara icónica de los tiempos de la modernización española, se mantienen pero entornados, con más rincones, envueltos en la mística del tiempo. Bajo su americana negra, Mickey Mouse nos recuerda sonriente, estampado en la sudadera que se ha vestido esta mañana en vísperas de un concierto en Miami, que este señor es, también, un padre entregado a sus dos parejas de gemelos. El artista está de nuevo embarcado en una gira, Estaré, que lo tiene recorriendo sin pausa Latinoamérica y Estados Unidos y lo llevará en verano de vuelta a España. A sus sesenta y un años, Miguel Bosé Dominguín no se detiene.

¿No te fatigas?

No, si te gusta no, en absoluto, al revés. Hay gente que detesta los conciertos, que detesta la vida de la carretera, que detesta incluso ponerse delante del público, y otros como yo —como la mayoría, creo— lo tenemos metido en vena desde hace mucho tiempo. Lo más estimulante es el directo. Es una vida dura, por no decir una vida de mierda, porque no sabes bien lo que va a pasar. Lo único que tienes seguro es que vas a llegar a un lugar y tienes una serie de actividades alrededor, como entrevistas, ruedas de prensa, reuniones, lo que sea, y luego no sabes cuánto vas a dormir, si vas a poder dormir, cuándo vas a comer. Pero es la naturaleza que tiene esta actividad lo que engancha.

¿Cómo mantienes la energía?

Familia. Yo soy italiano, y mi parte italiana me lleva a crear familias. Tengo muchas familias. Tengo mi familia-familia, que es la de origen; la familia que yo he deseado y que me he creado con mis niños; la familia de mis técnicos, la de mis músicos, la de mi agencia, la de mis amigos, la de mis perros. Son todas mis familias y son familias muy numerosas. Yo no sé trabajar sin tener un contacto íntimo con todas y cada una de las personas que son parte de mi gira.

¿Cuidas tu físico?

No lo cuido nada. Me acabo de meter ahora mismo una hamburguesa de dos pisos con queso cheddar, bacon, etcétera. A ver, soy el hombre acordeón. Engordo, adelgazo, y luego ya, cuando tengo crédito, vuelvo a comer. O sea, he perdido la voluntad. Me queda la disciplina, el método, me queda la constancia, me queda el rigor, pero la voluntad, y menos con respecto a la comida, no. Aunque he dejado todos los vicios.

¿No haces ejercicio?

Hago estiramientos, pero por una necesidad felina, por las mañanas, cuando me despierto. Y luego hago inmersión. Soy buzo de profundidad. Lo hago cada vez que puedo.

¿Cuánto bajas?

Tengo licencia para bajar hasta sesenta y cinco metros, pero mi récord son setenta y tres metros en Indonesia, hasta un pecio. Esa vez estaba el agua turbia, con mucho fitoplancton. Cuando entran las corrientes más frías llega la cadena de peces, desde los de menor tamaño hasta el tiburón ballena. Van unos comiéndose a otros, el agua está más turbia y no ves tanto, te quita mucha luminosidad.

Pero eres claustrofóbico.

Pero claustrofobias son muchas las que hay. ¿No conoces los tipos de claustrofobia?

No.

Bueno, una es la de la piel, otra es la de la vista y otra es la del oído. Son muy diferentes. Yo no buceo con calota porque me da claustrofobia. No puedo taparme los oídos. Incluso en Galicia he buceado a once grados de temperatura, con un frío tremendo, en las islas Cíes, sin calota. No puedo, no lo soporto.

¿Cómo han cambiado tu cuerpo y tu mente?

Mi cuerpo aquí lo ves, es obvio que mi caja ha aumentado, mi esqueleto se ha hecho mucho más amplio, y hay determinadas cosas que solo una máquina rebanadora sería capaz de llevárselas. Determinados lípidos que se incrustan, se meten entre el tejido y ya se fosilizan. Espérate a que cumplas cincuenta años. Te acostarás un martes así, habiendo comido pizza y pasta, y el miércoles te vas a levantar con diez kilos más, reventado. Habrás reventado como una bolsa de palomitas de la noche a la mañana, y todos los excesos que hayas cometido, de un día para otro te caen. No te va previniendo, no, no, no. Es de golpe, ¡PLAS!, así, y empezarás a notar que las ITV son necesarias. Es un proceso biológico.

En cambio, la cabeza es todo lo contrario. La cabeza va cada vez más para atrás. Yo soy un creativo, y el que tiene ese proceso mental lo lleva siempre con él. A mí me gusta explorar, y una vez que he hecho una cosa y que la he agotado me gusta pasar a otra. Y siempre descubro algo nuevo, siempre sucede algo nuevo en la música. Eso hace que de alguna manera estés siempre muy alerta y muy despierto, y eso yo creo que rejuvenece. Ten en cuenta que la mayoría de mis amigos, que no sean los de mi infancia, son todos más jóvenes de treinta años. Tengo un entorno muy joven que es mi alimento y un retroalimento también para ellos.

¿Cómo es tu creatividad?

Desordenada, muy desordenada, muy caótica. Yo he compuesto muy pocas canciones de un tirón. Normalmente suelo trabajar muchas ideas que voy relacionando como en un corta y pega, y si luego falta alguna parte la fabrico a medida. Esa parte del proceso es desagradable además, porque estás solo, no hay confrontación. Es difícil en mi caso que entre alguien en ese momento y que me dé opiniones, porque cuando creo no necesito opiniones, lo que necesito es vomitar con urgencia todas las cosas que en ese momento están sucediendo y que necesitan ser vomitadas. Después, una vez tengo armado el núcleo de todo el material sí que me gusta tener un punto de vista de otra gente que me diga: «No toques esto». «Esta parte es floja». «Intenta otra cosa». «Esta armonía es demasiado inteligente, simplifícala». Entonces hay una segunda revisión. Luego ya me meto con las maquetas, las mezclas, la masterización, la producción, etcétera. Pero, repito, el proceso inicial de creación es doloroso, caótico, desolador y lleno de grandes dudas.

Pronto vuelves a España. ¿La echas de menos?

A ver, echo de menos España, sí, y echo de menos Europa, porque España en el fondo es la posibilidad de un París, un Londres, una Roma, un Berlín, ese alimento que existe en el Viejo Continente. Yo soy muy europeo, soy milanés, muy suizo, porque Milán es Suiza, Milán no es Italia. Y de ahí lo que me salva: el método, la disciplina, el sistema.

Cartesiano.

Sí, soy europeo, cartesiano y profundamente latinoamericano.

¿Cómo se engrana lo latino con lo cartesiano?

¡No se engrana! ¡Qué va! Pero eso es lo bueno. Se complementan. Cuidado, y desde Europa y Estados Unidos se tiene la visión de que el resto es todo tercer mundo. Pues mucho más tercer mundo va a ser Estados Unidos a este paso. Chile, por ejemplo, es un país de una estabilidad brutal. Ecuador es un ejemplo de progreso. México es un país maravilloso que funciona mucho mejor que muchos países europeos, incluso. Funciona como un reloj, con una seriedad impecable para trabajar en lo nuestro, y eso es común a toda Latinoamérica. Y en la cesta diaria de los latinoamericanos vienen el pan, la leche, los huevos y el directo, ¿eh? La gente no se lo quita de la boca. Se quita de la boca otras cosas para ir a ver conciertos en directo. Es sagrado. Y sagrados son los artistas. En eso Latinoamérica se asemeja a países como Italia, Francia o Inglaterra. Una vez que un artista es un artista con carrera, una vez está hecho, se convierte en un dios. Se le protege.



¿Por qué enganchaste tanto con México?

Son cuarenta años ya de conocernos. ¿Y por qué enganché con Chile? ¿Por qué enganché con Ecuador o con Colombia o con Perú? ¿Por qué he enganchado con Venezuela? ¿Por qué he enganchado con todos? Con Guatemala, con Costa Rica. Porque son años de presencia. Son generaciones que han crecido con mi música. Soy parte de ellos. Yo alardeo, porque es cierto, de que conozco México mejor que el 90 % de los mexicanos, porque en la época en que yo empecé, en el 77, no había aeropuertos y se viajaba en autobús, de Chihuahua a Chiapas y otra vez para arriba, haciendo palenques que no eran grandes anfiteatros o coliseos como los de ahora, en los que te ponen una alfombra para tapar la arena. Aquellos eran palenques en los que salías a cantar con la sangre de gallo y las plumas en la arena.

Bosé sobre sangre de gallo.

Así es. En palenques que tenían tres o cuatro metros de diámetro. Eso no lo hacían nada más que los mexicanos de raíces, los de música norteña, banda, ranchera y pocos más.

Te habrán pasado cosas extrañas por este lado del mundo.

Bueno, la anécdota más rara de mi vida me ocurrió en Guayaquil. Imagínate esto. Una chica y un chico, novios, fans de Bosé. Llegan, compran las entradas y se ponen a la cola para entrar al concierto. Faltan cuatro horas. Allí están ellos, bajo el sol de justicia y la humedad de Guayaquil, esperando. Y de repente ella oye gritos, ve a la gente corriendo, se gira para mirar a su novio y siente de golpe una enorme presión que la aplasta contra el suelo. A partir de ahí no recuerda nada. Hasta que se despierta en un hospital con la cabeza vendada y le dicen: «Has sido víctima del ataque de una leona». Y le cuentan, además, que su novio se tiró encima de la leona a puñetazos para salvarle la vida. Y le cuentan que luego, una vez que la leona estaba sometida, agarrada, dándole la patita a su cuidador, que se había dejado la puerta abierta al cambiarle la paja y el agua, hubo un valiente, uno de esos hombres muy hombres, que se acercó, sacó su pistola, le pegó dos tiros y se la cargó.

Y ahora tienes tu casa por aquí.

Panamá. Me vine por mis hijos. Cuando nacieron, los dos primeros años me tenía que ir tres meses de gira y se me partía el corazón. No podía. Y decidí irme a un lugar donde pudiera estar con ellos, tener mejor calidad de vida familiar y estar más cerca del trabajo, que en un 90 %, como siempre ha sido desde 1977, ha estado en este continente.

¿Qué debería aprender España de América Latina?

Los españoles somos unos bordes, somos muy bordes. Deberíamos aprender de su lealtad, de su educación, de su respeto. No sé, a mí me gusta mucho, a lo mejor porque soy alumno del Liceo Francés, el llamar de usted, pues lo hago con toda la gente que no conozco. En un taxi, aunque el taxista tenga veinticinco años, le digo: «Oiga, lléveme usted a tal sitio». Me sentiría incómodo haciéndolo de otra forma. Puede que esos modales resulten muy literarios, pero a mí me gustan mucho, y en América todavía existen. Ese respeto, esa buena educación, ese buen trato y esa amabilidad. Son cosas que en España se fueron, se fueron.

¿Antes estaban?

Toda la vida estuvo. Pero como somos tan modernos… Es el típico ejemplo nuestro de modernidad mal entendida. Y eso no ha pasado en Francia, ni ha pasado en Inglaterra, ni ha pasado en Italia, ni ha pasado en ninguna parte. Es ese belenestebanismo tan nefasto.

¿Ves mal a tu país?

Hay países que están peor en Europa, pero lo que nunca perdonaré a Rajoy y su Gobierno es haber privatizado todo lo que con nuestros impuestos habíamos conseguido que fuese justamente repartido en la sociedad, consiguiendo unos estudios públicos extraordinarios, una sanidad pública ejemplar en la cual se fijó Obama, un sistema de vivienda cada vez más mejorado, un sistema de retiro digno. Todo eso que yo entiendo que son deberes del Estado para cualquier ciudadano que nazca entre el suelo y el cielo español. Todo eso que se está yendo a la mierda… A propósito, ¿Esperanza Aguirre ha dimitido ya?

Sí.

¿De verdad? Ha dimitido seis veces ya. Hago una apuesta: a que vuelve.

¿La has conocido?

Me la he cruzado.

¿Hablasteis?

Una conversación breve, cordial, educada. Ella ha construido con dinero público hospitales que luego ha dado para gestión privada a sus amigos. Eso no se lo voy a perdonar jamás al Partido Popular, no se lo voy a perdonar en la vida. Porque esto va a tardar mucho tiempo en recuperarse. Es más, una vez que se entra en esos vicios, que se establecen estos vicios, es difícil sacarlos por muy progresistas que sean los Gobiernos que vengan después.



¿No piensas volver a vivir a España?

Eso dependerá de la familia. A lo mejor cuando tengan diez o doce años llega un día en que les digo, «Chicos, nos vamos a Europa», y ellos me responden, «Ay papi, qué güeva, nosotros preferimos quedarnos aquí, que se está bien con el calorsito tú-sabes». Haré lo que quieran ellos. Uno por ejemplo quiere ser paleontólogo, lo tiene clarísimo. Para él solo existen los dinosaurios, se sabe todos los nombres, colecciona huesos, monta esqueletos. Pues quisiera que fuese a donde estén las mejores facultades de Paleontología.

¿Los otros tres tienen vocación?

Sí, cada uno lo suyo, pero tampoco ahora es muy fiable.

¿Habías imaginado que serías padre?

Sí, lo que pasa es que primero me dije: «Vamos a ver, Miguel, ¿sabes hacer dos cosas importantes, grandes, bien a la vez?». Y me respondí: «¡No!». «Entonces, primero establece tu carrera, y después te metes en la aventura de la familia». Y así sucedió. Pero siempre supe que sería padre y que mi familia sería numerosa. Todas mis familias lo son.

Incluida la de los perros.

Veintitrés.

Tienes veintitrés perros.

Sí.

¿Dónde?

En Madrid. Están en una casa con jardín y hay gente que los cuida. Cuando voy paso tiempo con ellos. En Panamá tengo cuatro niños y creo que es suficiente.

El mes pasado los llevaste a Disney.

Sí, lo pasamos fenomenal. Yo fui cuando tenía diecinueve años y me compré una camiseta parecida a esta que me compré ahora, coloreada, de Mickey Mouse también. Pero lo que más les gustó a mis hijos fue Legoland. ¡Bingo! Porque yo crecí con Lego, con las construcciones danesas originales. Todavía guardo las cajas. Tengo pasión por los Lego y conservo montones hechos hace treinta años y más. Es una colección de Lego y de otras figuras que están en el cuarto de papá, aunque saben que esas no se deben tocar. Tenemos todo eso en común. Y también crecí con las historietas, por ejemplo, de Los Vengadores, que yo leía en cómic y ellos tienen ahora en cine. Un buen día repartieron los personajes de Los Vengadores y a mí me dejaron a Thor, porque tenía el pelo largo y era el más grande. Luego está el pobre del pequeño, que en realidad tiene pasión por Spiderman y siempre que vemos la película de Los Vengadores pregunta por él. Y le digo que el Hombre Araña se ha ido a ver a su tía.

Leí que nombraste la gira Estaré pensando en ellos.

No. Es por la gira. Estaré en México, Estaré en Colombia…

Eso había leído…

No te fíes jamás de lo que escriba la prensa. ¡Jamás!

¿Fake news?

Fake news, specially when it comes to familly. Es un título funcional, idea de mi mánager.

 

¿Qué música estás escuchando?

Lo que más escucho son sesiones DJ hechas online, a veces por gente muy desconocida. En las sesiones DJ es donde está la mayor creatividad hoy por hoy. Pero no solo en cuanto a tendencia, sino en el mundo de la música en general. Me interesa explorar los sonidos que están apareciendo. Esa tarea forma parte al cien por cien de mi producción musical.

¿Cómo está sonando la electrónica?

Hay cosas que no se han ido. El trance, por ejemplo, sigue ahí, hibridado. Igual que el house, que se pensó que iba a desaparecer y para nada, se ha mezclado perfectamente. Incluso hay un cierto retorno del drum&bass, que me encantaría que pegase fuerte.

Eres un arqueólogo de la electrónica.

Sí, pero hago una arqueología hacia el futuro, para repescar, no para ir patrás. Y aparte de eso te diría que escucho poco pop y mucha música clásica. Yo crecí con una educación volcada en la música clásica. Mi madre es una melómana milanesa. Ópera, mucha ópera sonaba en mi casa. Brahms, Debussy, Beethoven y, por supuesto, Bach y Mozart.

Has mencionado dos veces tus raíces maternas. ¿Qué hay de la paterna? ¿Qué tienes del torero Luis Miguel Dominguín?

El carácter. Físicamente soy Bosé. Pero de carácter soy Dominguín.

Tu madre ha dicho que eres «cruel» como tu padre pero más «refinado».

Mi madre siempre tan amable. Menos mal que solo hay una. No, mi padre no era cruel, pobrecito. El marido de Lucía Bosé a lo mejor lo era. Pero eso es cosa de pareja.

¿Y qué es el carácter Dominguín?

Es el arrojo, la osadía. Esa parte de Miguel Bosé tan echada palante o tan plantá. Yo tengo que lidiar con miles de personas todos los días, como un torero. Me acuerdo de cuando me ponía las mallas y mi padre me decía: «Pero, chico, qué haces con esas cosas, que son como de nenaza». Y yo le decía: «¿Y tú? ¡Mira quién habla! ¿Tú no te has visto, que encima llevas lentejuelas? Yo las llevo lisas al menos, pero tú llevas lentejuelas, bordaditos de oro y vas marcando paquete. Con medias rosas, con un moñito aquí detrás… Vamos a ver, maestro, comparado contigo me quedo corto».

¿Qué decía?

Nada. «Qué cabrón…».

No le molestaba tu feminidad.

Feminidad no había, lo que había era mucha androginia, pero feminidad no había. A ver, si tú ves mis fotografías con catorce o quince años, o las de mis hermanas o las de mis amigos, yo no sé qué pasó en la genética de aquella época, pero todos éramos o podíamos ser chico o chica; era una cosa muy genética, no sé si de evolución o qué pasaba, pero algo pasaba. Igual que mis hijos te agarran una tableta o te agarran un smartphone o lo que sea y saben usarlo de inmediato, como si fuera un bagaje generacional, nosotros teníamos esa especie de androginia. Pero, bueno, con mi padre había una enorme complicidad, inmensa. Se divertía muchísimo con lo que yo era, con lo que yo hacía, con lo que decían de mí. Y mucho más porque veía cómo me resbalaban las cosas, algo muy torero también. Estaba superorgulloso de su hijo, no se paraba en nimiedades.

Pero era un señor tradicional.

A ver, mi padre, Luis Miguel Dominguín, públicamente tenía que ser siempre Luis Miguel Dominguín. Igual que mi madre, Lucía Bosé, Miss Italia, actriz, musa del neorrealismo, tenía que ser Lucía Bosé en público. Luego en privado y en familia eran otra cosa muy diferente. Aunque me acuerdo de estar con Isabella Rossellini de niños y decir siempre: «Joder, ¡qué coñazos de madres tenemos!». Y un día alguien nos escuchó y dijo: «¿Cómo? Niños, estáis hablando de la señora Lucía Bosé y de la señora Ingrid Bergman». Y dijimos: «Sí, pero son dos coñazos». Era su madre. Era mi madre. La imagen que daban tenía que ser una imagen coherente con lo que eran y estar a la altura de las expectativas, del misterio, del glamour, de la actitud y del protocolo, sobre todo en aquella época. Hoy salimos todos en chándal al supermercado. Ellos no. Si acaso iban de sport, iban impecables, como una forma desenfadada de salir. Pero ellas sin maquillaje no iban ni a la vuelta de la esquina. Al parque con los niños se iba con gafas, maquillaje, tacón, medias, guantes y bolso.

Creciste entre gente bella. ¿Qué es para ti la belleza?

¿Tú crees que el color azul sabe exactamente lo que es el azul? Yo no sé qué es la belleza. Yo sé qué es el concepto de belleza para mí, pero probablemente no sea el concepto al uso. Para mí una mujer guapa es Anouk Aimée. Por poner una belleza del pasado. Y si te pones a verla, con esos grandes ojos y esa boca enorme no es el canon de belleza, pero para mí eso es belleza, porque además existe algo que viene de dentro; una cierta inteligencia, una sensibilidad, unas emociones. Es un compendio. Y, desde luego, la belleza es algo que se transforma, o se va en el caso del físico. Por propia naturaleza.

Aunque siempre queda un rastro muy potente. Mi madre sigue siendo una mujer bella. Fue, como decía Gregory Peck, «la mujer más bella del mundo». Una vez que fue a Hollywood a recibirla al aeropuerto, al verla aparecer con esa tez cérea que tenía y con ese mechón que le caía perfectamente sobre la cara, contaba él, pensó: «Pobre Bergman, pobre Hepburn, se les acabó la carrera».

¿Es la mujer más guapa que has conocido, tu madre?

Es una de las mujeres más bellas.

¿Alguna otra?

Ava Gardner, que era nuestra canguro de pequeños, cuando éramos niños. Además, cuando se fue a vivir a Londres yo vivía allí también, y estuve con ella casi hasta el final de sus días. Era espectacular. Hasta los pies los tenía perfectos. O Audrey Hepburn. Pequeñita, delgadita, pero tan amorosa. Lauren Bacall también era impresionante, aunque la llamábamos tía Donald porque se nos parecía al Pato Donald.

¿Y el hombre más guapo?

El hombre más bello que yo he conocido es Paul Newman. Era irreal. Reducido en tamaño, pero de una belleza espectacular, le mirases por donde le mirases. Tengo en mente el primer plano de La gata sobre el tejado de zinc donde está él de perfil. Esa gota de lluvia que le cae. Como una estatua griega. Y Zinedine Zidane. También es guapísimo.

¿Cristiano Ronaldo?

No es mi tipo de estética. Es un tío guapo, pero no es el tipo de hombre con el que se me van los ojos.

Al menos en eso le gana a Messi.

Es que Messi es un peluche.

Aparte de la gira, ¿qué otros retos tienes en lo que queda de año?

Uno muy importante es la gala que dirijo de la Fundación Lucha contra el Sida. Empezó en Barcelona hace trece años y este año repite en Madrid, y damos el salto al Palacio de los Deportes. El año pasado recaudamos más de un millón. Todo va destinado a la investigación de la vacuna terapéutica, y depende del dinero que podamos aportarle al doctor Bonaventura Clotet, director de la Fundación, que los avances vayan deprisa.

¿Recuerdas la primera vez que escuchaste la palabra sida?

La primera vez que oí hablar del sida fue por un amigo mío, un modelo de Nueva York que se llamaba Joe McDonald. Era un tipo guapísimo, estupendo, un modelo como esos que se ven hoy pero en los setenta u ochenta. La última vez que lo vi fue en París y estaba bien. Pero más tarde me enteré de que había muerto de sida. Yo no sabía que era gay ni nada de nada. Pero sé que Andy Warhol, que era un cabrón, anotó un día en su diario: «He visto a Miguel y a Joe McDonald juntos. Espero que Miguel sepa dónde se mete». Por esos tiempos ya empezaba a correrse la voz de la enfermedad. Y lo que recuerdo muy bien es que yo mismo fui acusado —valga la palabra— de tener sida varias veces. Una vez lo dijo aquella locutora que falleció, la que vivía en Marbella. Sí, ¿cómo se llamaba?

¿Encarna Sánchez?

¡Encarna Sánchez! Esa. Encarna Sánchez, en su programa, en la radio, con un tipo que escribía en Fotogramas que se llamaba Jorge Fiestas, que también murió. Encarna Sánchez dijo que se había enterado de que Miguel Bosé tenía esa enfermedad «que estaba tan de moda». Le puse un pleito, gané y lo doné a una fundación de niños.

El sida se veía como un delito.

A ver, era peor la sociedad que la enfermedad. Hasta que Magic Johnson no aparece y dice «tengo sida» y en cierto modo se normaliza, la sensación que había era como si aquello fuese un castigo de Dios hacia los drogadictos y los homosexuales. Y, en mi caso, la gente que no tenía huevos de llamarme drogadicto o maricón lo tuvo en bandeja. Dijeron: «Acusado de sida». Recuerdo estar años más tarde rodando en Normandía una película con Bartabas sobre la vida del pintor Théodore Géricault, que muere joven, cayéndosele el pelo. En fin. Yo lo interpretaba y estaba por allí rapado, muy delgado, paseándome vestido con un camisón, y unos fotógrafos me toman unas imágenes que luego se publican. Ahí empezó a correr el bulo de que yo estaba enfermo de sida, a tal punto que un día en Radio Intercontinental a las siete de la mañana se dio la noticia, acompañada por el Réquiem de Mozart, de que el cantante y actor Miguel Bosé había muerto. Y yo rodando en Francia.

¿Qué pasó cuando escuchaste la noticia?

Me llamaron enseguida Mercedes Milá y Pedro Almodóvar.

Te llamaron para decirte que habías muerto.

Sí, para decirme que había muerto y que tenía que decir algo. Mercedes empezaba la semana siguiente un programa nuevo y cambió lo que tenía previsto para empezar entrevistándome a mí. Recuerdo cómo arrancó: «Buenas noches, señoras y señores, empiezo el primer programa de esta serie con una terrible noticia. Se ha anunciado que el cantante y actor Miguel Bosé, mi amigo Miguel Bosé, ha fallecido terminal de sida. Buenas noches, Miguel Bosé». Cambio de cámara y allí estaba yo. Se armó la de Dios. Y desde entonces, entre todos los amigos que perdí por el sida y lo que me había afectado a mí todo aquello, me dije: «Algún día tendré que hacer algo». Y heme aquí.

28 comentarios

  1. Siendo de una generación muy posterior a la de Miguel Bosé (nací en el 80) lo veía durante mi adolescencia con una óptica muy determina. No me gusta su música… pero me quito el sombrero ante este caballero.

  2. Inmenso como siempre Miguel, gracias por todo, eres tan coherente con tu vida y tu pensamiento que no puedo mas que felicitarte. Soy de tu quinta del mismo mes y dia, por eso creo me parezco un montón en tu caracteryen tu manera de ver la vida, asi que muchas gracias por estar ahi, besos i abrazos para ti y tu familia.

  3. Fantástica entrevista por las dos partes. Aunque me ha extrañado la explicación sobre “estaré”.

  4. Genial Bosé me encanta la entrevista.

  5. Genial Bosé me encanta la entrevista y muy sincero.

  6. Todo mi respeto al señor Miguel Bosé el artista cantante y una persona admirable que en lo personal es el mejor cantante del mundo se que algunos no aprecian su arte y tal vez algunos no estén a mi favor y digan que hay mejores que usted pero cada uno tiene uno opinión que pena que no venga a Bolivia por qué es un país pequeño pero que siempre lo escuchamos su música mediante televisión YouTube y otros medios siga adelante que sus canciones son un sueño…

  7. Hombre culto e inteligente. Me gustó la entrevista.
    Bravo Bosé!

  8. Es maravilloso. Yo naci el mismo dia que Vd. Pero unos añitos antes. Pero los arianos tendemos siempre a ser un poquito prepotentes y por eso no gustamos mucho. Un poquito de humildad nos haria mas humanos.

  9. El Bosé cantante es una anécdota. El Bosé persona es un Dios inmortal. Un esteta, un hombre cultivado y sensible totalmente atemporal. Mis respetos Don Miguel…

  10. La entrevista no estâ mal,pero creo q podria haberle sacado mucho más jugo.
    Es un personaje complejo y yo habria profundizado más en su infancia rodeado d artistas de la talla de picasso,sus inicios en la danza o la curiosa evolucion de su carrera musical.

    En cuanto a las respuestas de bosé se le ve un poco soberbio en las respuestas,aunq es interesante sin duda.

    • Un tipo culto y una entrevista amena, pero como dice Jorge, profundiza poco en su evolución artística-musical.
      Personalmente no soy fan de su carrera, aunque un artista que lleva toda una vida, a su manera, en el “candelabro” merece respeto y admiración.
      Me hubiese gustado su opinión al respecto.

  11. Mis respetos a este señor artista, me quitó el sombrero, nunca un artista como él ha valorado tanto a los países latinoamericanos, me encanta su manera de ver las diferencias culturales que existen en países en vías de desarrollo como dicen en Europa, en España las personas no tienen el carisma de los Latinos, espero que el sr,. Bosé siga triunfando y siendo como es. Mis respetos.

  12. Buena entrevista sobre todo su alusion a Los Vengadores.

  13. No me canso de leerlo,escucharlo,etc, me engancha este hombre de los pues a la cabeza, gracias por existir.

  14. A mí, su trayectoria musical no me ha interesado nunca pero bueno, ya sabemos como funciona esto, basta con ser guapo y ponerse a dar saltitos y ya tenemos a miles de indocumentadas con infartos. Y más en América Latina que se lo tragan todo, son unos ingenuas, pobrecitas… Pero el caso es que como persona, viéndole en televisión, me ha caído siempre bien, tiene una muy poderosa presencia y es un seductor nato por lo que me alegro por él y le deseo lo mejor.
    La entrevista, muy floja y bastante intrascendente.

  15. Siempre maravilloso!entrevistado,cantando, da igual, me encanta de los pies a la cabeza, gracias por existir.

  16. muy buena entrevista, tan culto e inteligente como siempre !! estamos hablando de un Genio de la Musica, gracias por estar y estaras con nosotros siempre !!!

  17. Lo que dice sobre los artistas en Latinoamérica es cierto, o al menos en México. Una época que estuve viviendo una larga temporada en el Fiesta Americana de Hermosillo, México, y en el hall del hotel se vendían entradas de conciertos, y en unas horas se vendieron todas las de Miguel Bosé. A mi, que no he sido un especial seguidor suyo, me sorprendió porque pensaba que ya estaba en la curva descendente de su carrera pero no, agotó el aforo muy rápido.

  18. Siempre me ha parecido un tipo muy desagradable. Con esta calidad de artistas en nuestro país, siempre he mirado y miraré al extranjero para nutrirme de música y cine.

  19. Es y sera siempre un ser maravilloso, multifacetico. Muchos envidian su vida, su niñez y adolescencia. Crecio rodeado de gente muy importante dentro de la cultura y tuvo privilegios que otros no han podido tener. Es un combo espectacular, de sabiduria propia y adquirida. Un ser inquieto y tenebroso. Bueno y elocuente. Duro con sus ideas y con la ejecucion de sus obras. No sabe lo que es hecharse panza arriba y no hacer nada. Siempre esta trabajando aunque tome vacaciones. Irrita y lo amas igual. No tiene filtro cuando algo le molesta y no se calla ante las injusticias. Lo unico que no me gusta, es que sus hijos no tengan madre. Soy muy anticuada y no entiendo esto de no tener madre y que un hombre sea padre y madre al mismo tiempo. Me suena un tanto egoista. Me suena raro. Que le contestara a sus hijos cuando pregunten por la madre? En fin, de todos modos es un tipazo y por eso lo admiro.

  20. Dice ser “europeo, cartesiano y profundamente latinoamericano”. Se le olvida añadir que, sobre todo, es un fantasma. Lo siento, siempre me pareció un fantasmón.

  21. Por parte del entrevistador, el resultado es bastante pobre, y por parte del entrevistado, es una sobredosis de postureo y de frivolidad sin sustancia. Por no ir mucho más lejos, un buen ejemplar del belenestebanismo que critica, ha sido él mismo en distintos momentos de su vida a través de ciertas conductas públicas. Sobre el bulo de su falsa enfermedad, en su día se rumoreó que había sido él mismo o alguien de su entorno quien lo había filtrado en un intento de aparecer después como víctima de la difamación y de esa manera generar simpatías entre el público. Sobre su familia filial, se cuida de mencionar que la ha ido adquiriendo como quien va “al supermercado en chandal”. Sobre su físico, también se cuida de mencionar que esa supuesta flexibilidad de la que presume la ha obtenido a base de recurrente cirugía estética en la clínica privada de un reputado cirujano español. En cuanto a su defensa del sector público en España, no sé muy bien que credibilidad merece viniendo declarado desde su atalaya de multimillonario residente en Panamá. En fin, cada frase merecería un comentario negativo. No creo que valga la pena extenderse.

  22. En serio tienes la necesidad de apostillar: es algo es mejor que messi?

  23. Magnifico, splendido, intelligente Miguel. Soffuso da una malinconica nostalgia intrisa di grazia. Caro Miguel, grazie! Ti saluta Renato da Milano.

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