Jot Down Cultural Magazine – Jordi Villacampa: «En Cataluña son impensables las ayudas públicas a los clubes de baloncesto, y así estamos»

Jordi Villacampa: «En Cataluña son impensables las ayudas públicas a los clubes de baloncesto, y así estamos»

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Fotografía: Alberto Gamazo

Era un jugador total. Penetraba y anotaba. No se puede concebir el Joventut que llegó a ser campeón de Europa sin él. Con España, fue el jugador de referencia en unos años que se recuerdan más por los dramas del «angolazo» y el «chinazo» que por el bronce conseguido en el Europeo del 91. Tras su retiro, pasó a la dirección de su club de toda la vida, que atravesaba circunstancias adversas en lo económico y lo deportivo, pero desde el despacho, aplicando el mismo modelo que hizo volar al club en los ochenta y primeros noventa, logró que volvieran títulos a las vitrinas de la Penya. Tras treinta años vinculado al club de Badalona, ha cedido su puesto a Juanan Morales. Buen momento para poner todo en perspectiva.

Empecemos por la historia de tu vida

Mis padres son de Barcelona los dos, pero a mi padre lo mandaron a Falset en el 60 como funcionario de Correos. Entonces era una tierra muy dura, ahora el vino de Priorat está muy cotizado, le han dado la vuelta. Yo nací en Reus porque en Falset no había clínica y al cabo de un año mi padre perdió a su madre y nos fuimos todos a Badalona para que mi abuelo no estuviera solo. Allí hicimos la vida, en realidad soy de Badalona totalmente.

Solo tengo recuerdos felices de mi infancia, aunque tuviésemos lo justito, sin lujos. Mi barrio era frontera con San Roque, una zona desestructurada, muy dura, aún lo sigue siendo. De pequeño me decían: «De aquí no pases». En la calle lo hacíamos todo, ahí estaba la vida. Fui un poco gamberro, alguna vez llegué a casa sangrando por las pedradas que nos dábamos. Una vez me tuvieron que poner grapas. Todavía tengo cicatrices en la cara y en un ojo.

¿Y el basket cómo empezó?

Jugaba a todo. Al fútbol, patines, baloncesto. A todo. Pero un día, a los ocho años, vino Juan Antonio Dorado, que quería hacer un equipo en el colegio de los Salesianos, que tenía un patio fantástico. Me apunté y ahí tengo mi primera foto jugando, en mini. No era el alto del equipo ni nada, era muy normalito. Espigado y poco formado, me llegaron a decir que lo dejara, que no valía porque no tenía físico.

¿Y qué pasó?

Mi padre en Correos se hizo amigo de Jaume Berenguer, entrenador del FC Barcelona. En una comida típica, con las dos familias, salió el tema, me vio un poco y me dijo que me fuera a probar con el Barça. Fui un día, entrené con Epi, Solozábal y Sibilio, que eran júniors, y yo infantil. Parece que no estuve mal y me ficharon. Pero a mi padre no le sedujo la idea y empezó a poner obstáculos, que si estábamos en Badalona, que si tenía que coger un autobús todos los días. Entonces se enteraron los del Joventut de todo esto y me ficharon sin hacerme prueba siquiera. Así entré, pero no tardaron en volver a echarme. [Risas]

Jugué un año, pasé a júnior y el entrenador dijo que no contaba conmigo. No me importó, ¿eh? Tan tranquilo, pensaba en volver a los Salesianos, tenía quince años y todo eso me daba igual, solo quería jugar al baloncesto. Pero hubo un niño cuyo padre se tuvo que mudar de Badalona o no sé qué y me tuve que quedar porque no tenían a otro. Era el último de la plantilla y un año después, con dieciséis, debuté con el primer equipo [risas]

Diste el estirón.

Cuando me echaron, me fui un mes a Navarra con un amigo, de veraneo a casa de sus padres. Estuvimos en Larraona, al lado del parque de Urbasa y Estella. Se conoce que me dieron los aires de allí y volví bien estirado. Desde entonces, todo fue hacia arriba.

En tu formación como jugador hubo un periodo de trabajo con Joaquim Costa que has denominado como «las horas negras».

Hay gente que tiene talento y tiene don, yo no. Yo tuve suerte de tener un físico agraciado para jugar al baloncesto. 1,96 medía, eso no lo puedes escoger. Pero me faltaba pulir muchas cosas. Joaquim Costa era el segundo entrenador de Manel Comas, me pasé con él en La Plana trabajando muchísimas horas. También lo tuve en la selección española júnior, donde él era el segundo de Ignacio Pinedo. Lo que hicimos juntos sobre todo fue técnica individual. Yo tenía habilidad y físicamente estaba bien, pero tenía limitaciones con la mano izquierda, por ejemplo. Mi tiro tampoco era muy bueno, lo tuve que entrenar mucho. A eso me refería.

Cualquiera diría que no tenías buen tiro.

Es verdad. Así como Margall tenía un don, pues yo no. Y tuve que trabajarlo mucho. Fue toda mi vida así, no solo aquellas «horas negras». Como se hace en cualquier trabajo, yo he estado continuamente formándome. Dicen que solo se aprende cuando eres joven, y yo no estoy de acuerdo. Te puedes adaptar. Cada vez tienes menos físico, pero puedes trabajarte otras cosas que no hacías antes y son igual de productivas.

Manel Comas te dijo un día de repente: «Quiero que seas base y que si te digo que te pongas una pamela y te vayas a la Rambla lo hagas».

Así fue. Me dio la oportunidad de ir al primer equipo, pero dejándome claro que si me decía algo, lo que fuera, lo iba a tener que hacer. Me dio la oportunidad, pero no quería que me subiese a la parra. Ahora, las oportunidades me las dio de verdad. Salí de titular en todos los partidos. Luego me cambiaba a los cinco minutos porque íbamos perdiendo cero a ocho, pero el tío me sacaba.

Tenía fe.

Sí, y eso es de agradecer. Me ayudó mucho.

¿Y el apodo de Espinete?

Eso ha corrido por la prensa, pero nunca nadie me lo ha llamado. Tenía un pelo más corto que ahora y de punta, pero yo jamás he escuchado que me llamase nadie así.

¿Cómo te afectó la mili?

No la hice. Yo no oigo de un oído, desde pequeño, pensaba que no iría por eso, pero a la mili solo con un oído vas, te lo digo yo [risas]. Me sortearon y me tocó el Campamento San Gregorio CIR 10 Zaragoza. Entonces llamé a José Ángel Arcega, del CAI, al que conocía desde los catorce años, y le pedí que hiciera algo para que me ficharan. Estuvimos en alguna Operación Altura juntos, concentraciones que hacía la federación para buscar talento. Fue en el 80 u 81, en Lugo, apareció de repente uno que era de pueblo de cojones, de Aizón, y nos hicimos muy amigos. Se puso a mover hilos, pero al final la Penya se espabiló, hizo lo que tuviera que hacer, y me libré de la mili.

Alguna vez has dicho que José María Margall os enseñó a sacrificaros por el equipo.

Nos llevaba nueve años, yo era el que le seguía y los demás eran más o menos de mi edad, pero todos más jóvenes. Era un poco padre espiritual de todos y nos guio, pero, cuando te haces mayor y maduras, ves las cosas que hacía que sí se tienen que hacer, pero también las que no. Eso no quita que al principio fuera nuestro líder y fue muy positivo cómo nos ayudó a todos los que íbamos llegando al primer equipo. Él ya había jugado en el equipo de Moka Slavnic que ganó la liga y había ido a los Juegos de Moscú, tenía mucha experiencia.

De crío, ¿cómo veías a Moka?

El jugador era un crack. Llegó y desde el primer día se convirtió en el jefazo. Se hizo el cerebro del equipo. En plan «A ti te la paso cuando me dé la gana». Por muy gallito que fuera Santillana, no tenía nada que hacer con este tío. Encima tuvo la suerte de que el Cotonificio ganó al Madrid y quedaron campeones de liga.

Yo le conocí en Sibenik también. Fuimos en autocar de Badalona por Francia e Italia hasta Yugoslavia. Ahí vi a Petrovic por primera vez en mi vida, con el pelo a lo afro, y a Moka. Los dos bases. Jugaban juntos y eran un escándalo. Ahí fue la primera vez que lo vi, en Sibenik, en un campo tipo Magariños, a petar de gente. Yo hacía de base, estaba en adaptación, y… nos pasaron por encima. Con Petrovic luego coincidí también en el campeonato de Europa júnior en Bulgaria. Yo quedé máximo encestador del europeo porque Drazen no quiso. Llegaron a la final y al ir ganando pasó de todo. En ese torneo estuvo gente muy buena, Vólkov, Marciulionis, Biriukov, él, Cvjeticanin

Muy pronto te llevaste un disgusto en tu carrera, te llevaron al preolímpico pero no a los Juegos de Los Ángeles.

Entré en la selección por Wayne Brabender, que me dio su camiseta. Llegué a jugar ciento cincuenta y ocho veces con el número 4. Me acuerdo de que le dije a Andrés Jiménez —que tenía el 8, mi número en el Joventut— que, ya que él tenía el 4 en la Penya y en el Barça, me diera a mí el 8, pero no. Así jugamos toda la vida, cruzados.

Lo de Los Ángeles sí, fue tremendo. Para mí al menos. Esa selección era muy buena, yo no jugaba. Habían quedado cuartos en Cali y Moscú, iban para arriba disparados con Fernando Martín, Epi, Corbalán, Iturriaga… Yo solo tenía veinte años. Con Díaz Miguel jugaban cinco y ya. El fisio, Binaburo, que era de Zaragoza, me decía: «No puedes estar sentado en los partidos, levántate, tienes que aplaudir y gritar, que te vea Díaz Miguel porque, si no, poco vas a jugar». Y me tenía que poner a dar voces ahí en la banda a ver si me sacaban… No sé qué le pasó a Díaz Miguel con aquella decisión que me dejó fuera. Le dio un tristrás y llamó a Beirán, que estaba en la India de vacaciones encima de un elefante y no le encontraban, que no había móviles.

Algo tuvo que pasar.

Me dijo que estaba muy verde y me dio el disgusto de mi vida. Si pasó algo, no lo sé. Pero todo te enseña. Me dije: «O tiro la toalla, o entreno más».

Dijiste a la prensa que no eras tan bueno pero tampoco tan malo.

Me costó entrar en la selección. Luego ya estuve de seguido, pero no me tocó un equipo tan bueno como había antes y como el que hubo después. Qué le vamos a hacer.

¿Qué opinas de Díaz Miguel?

Fue un visionario. Estuvo como veinticinco años, no sé si es un récord mundial. Fue el primero en ir a Estados Unidos a ver qué se hacía y se trajo cosas. Grababa partidos en vídeo, hacía scouting. En aquella época nada de eso era normal. Luego su periodo se alargó demasiado y ya no estuvo tan bien, pero bueno.

El Joventut de los ochenta fue obra de Aíto.

El Joventut a principios de la década estaba muy desestructurado hasta que entró la junta de Lluís Conesa, los que ficharon a Aíto. Esto coincidió con Margall y con que salió una generación con Rafa y Tomás Jofresa, Juanan Morales, Montero, Jordi Pardo… Aíto vino y fichó a Andrés Jiménez. Con ese equipo quedamos subcampeones de liga, ganándole al Madrid en su casa de veinticinco y acobardándonos luego en nuestra cancha. Hay que decirlo así, jugamos espectacular, pero a la hora de la verdad no ganábamos, nos faltaba ese carácter. Aquello fue una constante en los primeros años. Quedamos segundos, segundos y segundos. Subcampeones de Copa del Rey, subcampeones de la Recopa… Nos costó mucho empezar a ganar títulos.

Luego vino Julbe, que tenía ese perfil de filósofo del baloncesto.

Nos fue muy bien con él cuando éramos jóvenes. Ahora no comulgo mucho con su pensamiento. Con lo que está haciendo en la cantera del Barcelona, por ejemplo. No entiendo cómo puede tener a gente veterana en un equipo de LEB. Ha fichado a Sada y Trias porque dice que va bien para los jóvenes, lo respeto, pero no comulgo. En los ochenta, sin embargo, tenía un gran recorrido por delante y luego, por lo que sea, no se produjo. Iba para gran estrella y se apagó.

¿Herb Brown?

Todavía tengo relación con él, debe tener ochenta años ya. Este era tremendo. Antes no era como ahora, no había normativas internas en los equipos, eso de que si llegas un minuto tarde tienes que pagar diez euros, o que no puedes escribir un tuit nunca que deje mal a un compañero o al club. Antiguamente esto no existía y Brown nos llevaba con un reloj de Mickey Mouse y hablaba por él. Por ejemplo, una vez estábamos en Pisa y dijo: «A las diez Mickey se va». Recuerdo que llegué corriendo a menos cinco porque me lo olía. Los que llegaron tarde se quedaron fuera. Herb dijo: «Mickey Mouse dice que son las diez: Close the door». Y ahí los dejó, en la calle.

También se llevaba a su perro a los entrenamientos. Un labrador que iba con un pañuelo al cuello. Nos poníamos a calentar y ahí estaba el perro corriendo con nosotros. En lo deportivo, hacía veinticinco mil sistemas. Entrenaba siempre con un rollo de papel en la mano donde los tenía todos apuntados. Eso creo que me vino muy bien, hay que verlo de forma positiva. Los teníamos que memorizar todos, aunque luego solo jugáramos con tres. Era muy aburrido, pero a mí me fue bien. Luego se fue a la NBA de ayudante de su hermano Larry.

Se le echó por un rollo de apuestas.

Fue una destitución un poco lamentable. Para motivarnos, nos hacía jugar con algo de dinero. Hacía concursos de tiro y tal, a ver quién metía diez triples seguidos. Nosotros nos poníamos como locos para llevarnos el premio, pero, claro, él no ponía su dinero [risas]. Le pedía al gerente que lo pusiera. Un día este se mosqueó, y al llegar a Badalona dijo que a ese hombre se le iba la pinza y lo destituyeron.

¿Qué recuerdas especialmente de aquella ACB ochentera?

De la ACB en los ochenta recuerdo que no había ACB [risas]. Mis estadísticas no están completas, tres años míos no salen. La ACB empieza en el 83. A los puntos que metí les faltan tres años. Y a Epi le faltan todavía más.

Igual metiste más puntos que Herreros, máximo anotador de la historia de la ACB.

Igual, no lo sé. No los he contado. No sé tampoco dónde ir a verlo. La ACB ordena todo, clasifica, hace estadísticas. Era una liga bien organizada. Con la federación era otra cosa.

Pero en los ochenta el cambio más impactante fue, obviamente, que no había línea de tres. Cuando la pusieron, de repente dijimos todos: «¡Qué chollo!», y nos pusimos a tirar como locos, hasta los pívots. Nos tuvimos que tranquilizar y organizar un poquito.

¿Qué jugadores destacas de esos años?

Hubo gente muy buena, Essie Hollis. Lo llamaban el Helicóptero, jugó en el Arabatxo Baskonia y en el Granollers. Es de lo mejor que ha pasado por aquí. Volaba. Luego estaba Nate Davis, que jugó en Valladolid y en Ferrol, ahora es sheriff. Aquí jugando era una estrella, pero cuando se retiró y volvió a Estados Unidos, su mujer tuvo cáncer, se gastó todo el dinero en ella y terminó limpiando en una fábrica. Cuando les decían a los obreros que en España era un jugador increíble no se lo creían.

Los americanos te gustaban, vaya.

Es que eran muy buenos. Y luego estaba Epi. No tenía ningún don, se había hecho a sí mismo, pero era espectacular. Tenía una efectividad nunca vista.

Los tres que tenéis retirada la camiseta, Margall, Jofresa y tú, coincidisteis en la Penya. ¿Sentíais que había magia o algo cuando jugabais juntos?

No te creas. Nos dábamos cuenta de que marcábamos una época, porque ganar una liga para nosotros es como si el Madrid ganase diez. Es como el Athletic en fútbol, que una suya vale por diez del Barça. En nuestro caso, es gracioso que nuestros triunfos estuvieran ligados al Palau Blaugrana. Mi primera Korac fue ahí. El primer título europeo de la Penya, en el campo del Barça. Aquella prórroga fue interminable, todavía no había triples. Empató Joe Galvin de milagro. Yo era un chaval y salí porque ya no quedaba nadie más, estaban todos eliminados por faltas. Y luego también la primera liga fue en el Sant Jordi, cuando Tomás se la robó a Montero.

Nos ha contado Santi Escribano, que está preparando un libro sobre la Penya, 101 historias del Joventut, que con vosotros se vivió un auténtico fenómeno fan.

El mundo ha cambiado mucho. Entonces no había internet ni redes sociales, solo había una televisión, que daba los partidos de baloncesto. Ahora hay mil pantallas y puedes escoger, antes lo que echaban lo veías. Y como echaban basket pues lo veía todo el mundo. Todos los del baloncesto llegamos a estar muy reconocidos. Y concretamente nosotros, los del Joventut, como no ganábamos, caíamos simpatiquísimos. La gente casi siempre tiende a ir con el pobrecito. Recuerdo salir del Palacio de los Deportes con cordón policial. Recibir miles de cartas. Durante un tiempo no fuimos el primer equipo de nadie, pero el segundo de todo el mundo. Cuando empezamos a ganar, ya no resultamos tan simpáticos y todo cambió.

Kelme lanzó sus zapatillas «Villacampa».

Todavía me lo recuerdan. Eran fenomenales. Creo que tuvieron mucho éxito. Vendieron muchísimas. He visto lo que se paga en eBay por ellas y no sé si poner los pares que me quedan a la venta [risas].

¿Tuviste ofertas para irte?

No. Hice un contrato largo desde el principio. Al cabo de dos años se quedaba obsoleto y me lo iban actualizando, pero añadiendo dos años más. Así estuve hasta los treinta años, cuando ganamos la Copa de Europa. Y ahí sí que tuve una oferta que me llegó por mi amigo de Hristo Stoichkov.

Con el que montaste un restaurante.

Sí, pero este día fui a verlo al campo del Barça para otra cosa, estaba Gaspart por allí y le dijo Hristo: «Eh, tú ¡a este por qué no lo fichas!». Yo me quedé todo rojo muerto de vergüenza, ya sabes cómo es el búlgaro. Y Gaspart dijo que me llamaría. Lo hizo, justo cuando estaba negociando con la Penya, pero ofrecían lo que podían. Me fui entonces a ver a Núñez a su despacho y de camino allí sabía que no había marcha atrás. En el despacho del presidente del Barcelona, si pides una cosa y te la dan, lo tienes que aceptar. No puedes decir: «Ay, es que me lo voy a pensar con mi mujer».

Llegué, me dijo que me quería fichar, yo le contesté que yo quería que él fuese campeón de Europa, porque todavía no lo había sido. Núñez se motivó, pero Salvador Alemany le recordó que tenían la norma de que a partir de treinta años solo se fichaba por un año. Yo dije que o me daban tres años o nada, que si me iba mal no podía volver a Badalona, que me colgaban. Y nada, no cuajó.

Al final la Penya hizo su máximo esfuerzo por mí, que no era lo que ofrecía el Barça ni mucho menos, y me quedé. También pude cambiar mi vida años antes yéndome a una universidad americana. Tuve una oferta de Purdue, fue por un jugador, Walter Jordan, que había salido de allí y mantenía el contacto, como hacen los americanos toda su vida, que tienen mucho sentido de pertenencia a su universidad. Aquí en España eso no pasa. Él medió, me hicieron la oferta y… me dio miedo. Era muy joven, tenía solo veintidós años. En aquella época para llegar a la NBA era mejor estar acoplado desde una universidad. Si no, solo iban los mejores de los mejores, Marciulionis, Divac, Petrovic y estos. No sé cómo me hubiera ido la vida, igual hubiera funcionado, igual me hubiera lesionado. Nunca lo sabremos.

Joventut empezó a ganar en los noventa.

La Korac fue el primer título importante, veníamos de perder la Recopa contra el Limoges en la prórroga. Ganamos al Scavolini campeón de la Lega, con Scariolo debutando. Tenían un equipazo, con Ario Costa, Walter Magnifico, Darren Daye, Darwin Cook, Zampolini. Jugamos allí muy bien y en casa, y el ambiente se cortaba con un cuchillo por la tensión. Habíamos fallado mucho antes, pero esa victoria por fin nos liberó, nos dio experiencia y nos quitó los nervios para repetir victoria en una cosa más gorda. Luego fuimos a jugar el play-off contra el Barça y supimos ganarlo.

Con Lolo Sainz.

Era un líder fantástico, todos estábamos contentos. El que jugaba se creía muy importante y el que no, también. Era un buen psicólogo, más que estratega. Estábamos conjuntados, jugábamos cinco muchos minutos, pero los que salían respondían. Ganamos la liga regular dominando, con veintipico partidos de liga ganados seguidos. Fuimos al Sant Jordi, con dieciocho mil personas, y pum, ganamos.

A partir de ahí nos fuimos a doce mil socios, hubo que convertirse en Sociedad Anónima Deportiva, entró Banesto en resumen: pasta. Se fichó a Mike Smith, fuimos campeones de liga contra el Madrid y al año siguiente llegamos otra vez a la final, pero ya los jugadores empezaron a irse, se nos cayó el sponsor con la crisis del 92 y…

De todos los sponsors que tuvisteis, quizá Ron Negrita fue el más mítico.

Fuimos el primer club con sponsor en la liga nacional. Juventut Kalso. Ahora no se podría tener, porque no permiten bebidas alcohólicas. Pero el más mítico hubiera sido otro, llegamos a tener una oferta de ¡Durex! Hubiera sido la bomba.

En estos años en la élite, ¿qué ambiente se respiraba en la calle en Badalona?

Es que nunca he vivido ahí, en cuanto me casé me fui a Alella, al Masnou. Pasaba de que en Badalona me vieran un día después de cenar saliendo del local y empezaran los rumores de que si había llegado de madrugada. Intentaba aislarme un poco del gran ambiente baloncestístico que había en la ciudad. No quería que eso me influyera en mi vida ni en mi intimidad. Ahora que me he retirado, ahora sí, he vuelto a Badalona. Treinta años fuera me he pasado.

¿Quiénes fueron los marcadores más duros que tuviste en España?

Varios: Quino Salvo, Javier Coll, Isma Santos… Aunque Quino le daba más a Epi, al que le llegó a decir un día que le esperaba con muñequeras de clavos. Epi se quedó…

El Partizan os birló la Copa de Europa en el último segundo.

Era año de Lolo, fuimos campeones de liga. Estaba la guerra y estos se fueron desterrados a Fuenlabrada. Caímos en el mismo grupo al principio de la competición y, cuando fuimos allí a jugar, ¡la gente animaba al Partizan! Les acogieron tanto como si fuesen de allí. Nos clasificamos los dos, estaban el Milán y el Estudiantes, a los que ganamos en semifinales. Se estrellaron contra nosotros, pero iban con expectativas muy altas. Pasamos muchos nervios, pero les ganamos bien. Luego vino el Partizan y los favoritos éramos nosotros, porque ellos eran demasiado jóvenes, estaba el equipo por hacer, pero, claro, mira qué jovenes: Danilovic, Djordjevic, Rebraca, Loncar… ahí había un elenco de jugadores muy importante que después han hecho mucha carrera.

¿Cómo viviste el triple?

Bastante cerca, debajo de la canasta concretamente [risas].

Maljkovic nos dijo que estaba ahí y que para él la clave fue que Morales les dio la pelota para que sacasen después de encestar el Joventut y ponerse dos por delante.

Le podría haber dado una patadita. Encima Tomás se tropezó después. Djordjevic hizo un tiro superdifícil. Yo estaba debajo del aro pensando: «No, no, no, no», y… dentro. Has perdido el partido más importante de tu vida. Parece que tiró a la remanguillé, pero luego lo miras bien y ves cómo se cuadró… Al principio daba la impresión de que le había salido un churro, pero no lo era. Si lo ves a cámara lenta está bien armado de brazos, se gira con el cuerpo. Lo hizo muy bien. Y nos quedamos en plan: «¿Qué hacemos, lo dejamos o nos comprometemos?». Nos comprometimos, entrenamos más y nos llegó una segunda oportunidad. Pero no tengo muchos recuerdos de aquel día. Mi cerebro es como el Windows, la basura va a la papelera de reciclaje.

La segunda oportunidad os llegó con Obradovic.

Cuando era jugador coincidimos en el Mundial de Argentina Él era un poco como Slavnic, llevaba el balón y dominaba a todos. Era el rey del mambo. El listo del equipo, sin tener tanto talento como los que tenía al lado. Le dijeron que entrenara al Partizan siendo tan joven y ese primer año, con todas las dificultades que pasaron, ganaron la Copa de Europa. Entonces le fichamos nosotros.

Cuando llegó aquí era la primera vez que salía de Yugoslavia y fue horroroso al principio. Era látigo, látigo, látigo. Y todo el día con que si las montañas yugoslavas son las mejores, que si los lagos yugoslavos son los mejores y los que entrenamos en Yugoslavia somos los mejores. Nos puso a entrenar como hacían ellos, sin ton ni son ni sentido ninguno a correr por las montañas, a subir y bajar las gradas, escaleras… Eso era un drama… Así empezó, a saco Paco.

Parece que alguien le había dicho que con Lolo no entrenábamos mucho. Afortunadamente, se dio cuenta de que sí que entrenábamos y se fue adaptando. Hasta ese día fue un desalmado, luego te podía castigar, entre comillas, en el campo, pero fuera nos cuidaba. En el Madrid ya aprendió mucho y sacó todo lo que tenía que sacar de ese grupo, que también fue Campeón de Europa. Me sigo llevando muy bien Zeljko.

Con Lolo tuvimos un gran ambiente y con Obradovic, el mismo grupo, que seguía siendo muy bueno, mejoró en la estrategia. Él era muy hábil durante los partidos, lo veía todo. E hizo una cosa que a mí no me gustaba mucho, porque antes jugábamos al contraataque, pero él nos puso a andar. A controlar los partidos. La final de la Copa de Europa fue un tanteo de cincuenta puntos. Nos silbaban jugando porque éramos aburridísimos, pero ganamos.

A mí me respetaba bastante, la verdad, pero al que no… Jugamos una vez contra unos portugueses en Oporto, estaba allí Conceição, el del angolazo. En la charla prepartido, Obradovic le dijo a Mike Smith: «¿Sistema del otro equipo?». Y Mike: «No hace falta, coach, para ganar a estos». Y le contestó: «No te cambies». No jugó, ¡y perdimos en casa contra los portugueses! Con Zeljko, o te unes y espabilamos todos juntos, o te desarma. Es duro de verdad.

¿Qué pasó en esa final que ganáis?

A la Final Four llegó el Barça de Aíto, que eso es importante, porque les eliminamos. Recuerdo que puso una zona y lo matamos a triples, les metimos muchos en pocos minutos. Ahí nos fuimos y ya no hubo más. En la final Olympiacos eran favoritos y el entrenador, Giannis Ioannidis, nos despreció. Dijo en la rueda de prensa que ya lo tenían hecho. Tenían a Sigalas, Fasoulas, Paspalj… A nosotros Zeljko nos dijo que era cierto, que había pocas posibilidades, pero que podíamos ganar si íbamos a pocos puntos, controlando mucho, sin fallar un solo pase. Así salimos y al final del partido estábamos ahí. Fue triple de Corny Thompson para nosotros. Falta a Paspalj, que fue a tirar los tiros libres, y le dije: «Chaval, si quieres ser campeón las vas a tener que meter ahora», y falló los dos. Si los llega a meter ganan ellos. Luego se paró el reloj, saltó un médico al campo o no sé qué pasó, Paspalj volvió a fallar y ganamos. Mira, de este final de partido me acuerdo mejor, del otro no recuerdo nada [risas]. Me acuerdo de la celebración sin ni dios por las calles de Tel Aviv, la llegada a Badalona con unas cantidades de gente en el aeropuerto abrumadoras, en la plaza delante del Palau miles y miles de personas reunidas; personas que, por cierto, no sé dónde están ahora [risas]. Eso lo aprendes también; cuando las cosas van bien, todo va bien, cuando no… pues eso.

Fue el momento más alto de tu carrera.

He tenido la suerte de ganar todos los títulos que ha ganado el club en su historia, o como jugador o como presidente. Este, por supuesto, fue el más importante.

Solo te faltó meter tú el triple decisivo.

¡Lo metí antes! Si te fijas, en la jugada anterior meto uno.

¿El de Thompson fue una jugada preparada?

¡Fue a la buena de dios! Tiramos, fallamos, cogimos el rebote, circulamos el balón por un lado, le llegó a este que estaba solo, tiró y, bueno, entró. Pero de preparada nada.

¿Sigues en contacto con él?

Sí, era buena persona y un gran compañero. Los reuní a todos para celebrar no sé cuántos años de la Euroliga y vino también para mi homenaje, que le tuvimos que poner dos camisetas cosidas por el tamaño que había cogido el hombre. En su época no es que tuviese sobrepeso, es que era grande. Ancho. Fue el primer americano que se comió a Audie Norris, que era muy bueno y muy dominador. Cuando lo ficharon, a mí me pareció muy bajito, pero, madre mía, lo que jugaba ese hombre…

¿Y Mike Smith?

Precisamente hablé ayer con él, me hizo mucha ilusión. Vive en Sevilla, tuvo mucha suerte y no ocupó plaza de extranjero porque se nacionalizó. Me acuerdo de cuando lo veía jugar en Mayoral Maristas, donde estaban los dos Smith, que era de infarto. Lo que saltaba el tío. Personalmente era muy desordenado, pero también muy buen tío. Como jugador fue evolucionando, al principio tiraba muy mal, porque lo suyo era meterla para abajo con todo. Le puso una vez un tapón a Sabonis… Nunca he visto a nadie saltar como él. Nos aportó mucho. Con Ferran Martínez y con él dimos el salto de calidad que nos faltaba. Ya pudimos luchar por todos los títulos.

¿Los hermanos Jofresa eran tan distintos como parecían?

Eran los hermanos contrapuestos. Uno era cerebral, controlador, todo tenía que pasar pos sus manos y por su cabeza. Y el otro era la pura locura. Iba a lo que saliera. Le daba igual¡absolutamente igual! Un partido complicado te lo podía ganar con una locura y también te podía llevar a la miseria por el mismo camino. Tenía genio y personalidad para atreverse a hacer cualquier cosa, aparte de que tenía una condición física explosiva, se iba a los concursos de mates. Rafa, en cambio, era más diésel. Lo bueno es que se llevaban muy bien. Ese fue el gran secreto de ese equipo, llevarnos bien, Pepe Margall también supo cuál era su sitio, sin forzar algo que no tocaba y sin ninguna maldad. Y, como él, todos. Todo el mundo sabía cuál era su sitio. Ferran era el talento, Juanan Morales era el trabajador oscuro, que eso también hace falta. Todo cuadraba.

Epi era tu némesis.

Hemos tenido mucha rivalidad. Pero una cosa debe estar clara. Si he sido lo bueno que he sido, ha sido por mi rivalidad con él, esa competencia me ayudó a ser mejor. Él para mí era una referencia. La diferencia fue que él jugaba en el Barça y yo en el Joventut, que, si bien nos tuteamos una época, todo lo que hagas en el Barça tiene una dimensión mucho mayor. En la cancha nos dábamos mucha cera, pero dentro de un orden, que luego éramos compañeros de habitación con España. De hecho, yo creo que nos ponían juntos para apaciguar aquellos play-off tan duros. Todavía nos llamamos y tenemos amistad.

Con España decías que te pilló una época entre generaciones.

La selección nos cuesta mucho a todos. En mi periodo, venían de un esplendor tremendo y luego hubo un ocaso. Todo se fue carcomiendo, no se iba nunca el entrenador, estaba la misma estructura siempre y, por otro lado, al equipo se le exigía todo. Nuestro pívot impresionante era Romay, que estaba muy bien para su época, pero no era ni Pau ni Marc Gasol. Lo mismo que yo tampoco era Rudy. Nos tocó una generación que no tuvo tanto talento. Lo bueno es que nos llevábamos muy bien y había gran ambiente entre nosotros.

Se hicieron cosas sin mucha lógica. Antes del Mundial de España nos fuimos a Estados Unidos de gira. Cosas raras. Pero, bueno, a medida que pasaron los años cada vez estuve más asentado en la selección. Y no hay que olvidar que tuvimos un pelín de mala suerte. En un Europeo que estábamos para medalla falló los tiros libres el pobre Azofra y perdimos en Alemania con Alemania, que luego fue la campeona.

O en el 85, en Stuttgart, con Corbalán e Iturriaga, ganamos a todos y de repente un día se fueron todos de compras, perdimos contra Checoslovaquia en semifinales y el tercer y cuarto puesto contra Italia en la prórroga. Yo no me podía creer que se fueran de compras. En aquella época en Alemania podías comprar radiocasetes y bafles, y estos volvieron como si se hubieran ido a Canarias, pero llegó Checoslovaquia con un tal Kropilak y otro, Brabenec, y nos metieron el carro de la vida.

Con la selección le metiste cuarenta y ocho puntos a Venezuela en el Mundial del 90, el récord hasta ahora.

Qué gran partido [risas]. También es verdad que jugábamos más minutos entonces, hoy en día un jugador juega veinte y mete veinte. Si miras la proporción… Pero creo que este récord va a durar mucho, eso me temo.

Cuando ves a Gasol ahora, ¿no estás pensando «Mmm, a ver si te cambian»?

No, de hecho, cuando me quitó el récord Herreros de máximo anotador de la ACB dijeron mi nombre en todos los medios. «Herreros supera a Villacampa». Eso está bien, que se me nombre, que, si no, se olvida todo el mundo de mí.

Tú llevabas esos registros anotadores, pero ¿qué le pasó a la selección en Argentina?

Pues que nos mandaron a un pueblo perdido y nos hundimos, me acuerdo que estábamos tan sumamente aburridos que nos pusimos a jugar a la gallinita ciega con los italianos. Estábamos desesperados. No había nada allí. Perdimos y nada. Aunque estaba Steve Nash jugando por Canadá, era joven.

Bronce en el 91. Por detrás de Yugoslavia e Italia.

En Roma. No me acuerdo del partido contra Yugoslavia, solo me quedé con el detalle de que Zdovc se tuvo que marchar de allí porque se independizó Eslovenia. Ahí vi que los yugoslavos ya no eran tan hermanos como decían. Fijaos que Zeljko Obradovic vino aquí al año siguiente, nos fuimos a jugar en una ocasión a Croacia y estaba todo el pabellón gritando: «Muerte al serbio». Y él ahí, aguantando el chaparrón con un par. Luego en la rueda de prensa le ignoraban todos los periodistas croatas. Ni una pregunta, todo el mundo callado. Ganamos ese día, por cierto.

¿No te hizo ilusión el bronce?

Estuvo bien, no jugamos mal.

¿Del angolazo tampoco recuerdas nada?

Poca cosa, y porque me han puesto vídeos, que si no…. No me interesa, lo he olvidado. Nos dieron por donde tú sabes, qué le vamos a hacer. Recuerdo un poco las peleas con Conceição y tal. En fin, fatal.

¿Y del chinazo?

Eso fue Toronto 94, con Lolo ya de seleccionador. Yo ahí jugué bien. Y contra el Dream Team hemos jugado bien todos. Este no se pudo comparar al de Barcelona, estaban Shaquille O’Neal y Joe Dumars, pero en los juegos eran Michael Jordan y los apóstoles. Yo le decía a Rafa: «¿A quién te quieres coger, a Magic o a Jordan?», y se reía. Nos los cambiábamos luego para las fotos. No había internet, los veíamos desde muy lejos.

El Joventut entró en crisis en el 94.

Después de ganar se van yendo todos, poco a poco, uno al Madrid, otro al Barça. Te encuentras con que de la cantera no sube una base de equipo, se cae el sponsor y todo se hunde. Es la historia de siempre y siempre ha sido así en el Joventut, no era nada nuevo.

Te quisieron quitar la capitanía por denunciar impagos.

Un presidente, Jordi Parra. No sé qué pasó al final. Creo que dijo que no todo el equipo, o algo así. Pero a mí el club nunca me ha debido nada.

¿Cómo fue la época del regreso de Slavnic como entrenador?

Lamentable como entrenador. Era especial, por ejemplo, llegaba con el coche al pabellón y aparcaba en el parqué en mitad de la pista, hacía cosas raras, pero eso daba igual. El problema fue que como entrenador no estaba a la altura de lo que había sido como jugador.

¿Qué nos dices de Jordi & Jordan, vidas paralelas? Nacidos el mismo año, dos centímetros para los dos metros, jugáis al golf, ganáis por primera vez en el 91, os retiráis con un año de diferencia y vais a los despachos…

Exacto, somos idénticos. Solo con una pequeña diferencia de ceros en la cuenta corriente [risas].

¿Fue duro retirarte?

Como en cualquier deporte, me imagino, hay una primera etapa, con veintidós años, en la que te sientes inmortal. Pero luego llega un momento en el que ves que todo se acaba y que realmente eres muy joven. Yo a los treinta y cuatro me encontré con el vacío de pensar: «¿Qué voy a hacer?». Pero la vida es abrir etapas y cerrarlas.

Julbe fue mi último entrenador como jugador y me dijo que no contaba conmigo y que era mejor que me fuera. Acepté y no es algo que se lo tenga en cuenta. Fue en el 97, la gente no lo sabe, pero no me retiré muy bien. Tenía un año más de contrato y Julbe tomó esta decisión personal suya, que yo respeto, pero no fue la mejor manera de salir ni de tratarme. Me supo mal porque llevaba veinte años. Entonces decidí que lo mejor era dejarlo. En Badalona, con mi nivel de exigencia, si bajaba de puntos iba a ser duro. Les ha pasado a otros jugadores emblemáticos y les sigue pasando ahora mismo. Eres el más querido, pero bajas los números y se te echan encima.

Podría haberme ido a otro club, a alguno habría engañado, entre comillas, no habría metido veinte, pero igual diez sí. Sin embargo, para no estar al cien por cien preferí dejarlo definitivamente. Me puse a escribir para El Mundo Deportivo y a colaborar en Catalunya Ràdio. Ahí fue cuando me llamó Genís Llamas para que fuera vicepresidente; de repente tuvo un problema personal en su trabajo y me pusieron a mí de presidente. Llevaba solo un mes.

Y Julbe de entrenador.

Sí, pero siguió. Lo que pasa es que luego hubo una crisis y tuvo que salir. Fue una época difícil, muy dura, el año 2000.

¿Tenías preparación para un cargo de gestión?

Ninguna. Luego hice un MBA en La Salle y el máster de Johan Cruyff, pero de verdad lo que me dio experiencia fue al entrar ahí rodearme de buena gente. Buenos tecnócratas. Eso le dio viabilidad a mi proyecto. Y, luego, de donde verdaderamente aprendí fue de la crisis. Estuve obligado a enfrentarme a todo lo que me venía encima, una detrás de otra.

Nada más llegar tuve la del traspaso de Raül López, que era un contrato importantísimo. Con Genís Llamas se me fue el sponsor, pinturas Bruguer. El anterior presidente tenía una empresa de enlatados, de latas de pintura, y Bruguer era su cliente. Según se fue él, lo primero que vi en la mesa fue la carta de rescisión de contrato del sponsor. Y se me fue Albert Miralles, un chico de nuestra cantera, acogiéndose al 1006, una ley que te liberaba del contrato que tenías firmado. Tuvimos que ir a juicio y creo que sentamos jurisprudencia porque, cuando volvió a Valencia después de su paso por el extranjero, el club nos tuvo que pagar todo lo que nos debía de indemnización, que fue un pastón.

En resumen, me encontré en un club desestructurado socialmente, sin sponsor. No me quedó más remedio que analizar la situación, ver lo que teníamos para ver cómo podíamos competir. Igual había que bajar el nivel deportivamente. Tuvimos que elegir entre eso o arriesgarnos, y optamos por lo segundo. Así empezó el proyecto del centro comercial Màgic Badalona. Motivado, fundamentalmente, en que nosotros no teníamos ayudas de nadie, al contrario que el resto de clubes.

Porque hay equipos que son la sección de baloncesto de un club de fútbol y van a fondo perdido con el dinero.

No es tanto como eso, pero gastan treinta y recuperan seis. El Madrid genera bastante más que el Barça, me parece, pero no llega ni mucho menos a equilibrar el presupuesto de la sección.

Otros clubes tienen a cajas de ahorros detrás, dijiste que en Cataluña era impensable que la obra social de una caja fuese a un club de baloncesto.

Es impensable. El ejemplo más claro es lo que ha pasado con La Caixa, que compró Caja Sol con los activos y los pasivos y ahí les iba el equipo de basket, que les ha durado solo cinco años, hasta que lo han dejado ir, que fue cuando lo compró el Betis. En Cataluña esto no se concibe. No entra dentro de la estrategia de una caja.

Ni se conciben tampoco las ayudas públicas directas, no las hay para nadie. Ayer leí en palco23, una web de economía del deporte, que al Burgos le van a insuflar 2,7 millones para que pueda subir a la ACB. El canon lo van a arreglar a la baja y descienden dos, Manresa y Sevilla, y suben otros dos, San Sebastián y Burgos. El peaje que tiene que pagar el Burgos lo va a conseguir directamente de ayudas públicas.

Pero hay más. Luego están los regímenes forales vascos, donde los clubes pagan menos impuestos. O Andorra, donde directamente no pagan. En Cataluña son impensables las ayudas públicas a los clubes de baloncesto, y así estamos.

Otros casos son de empresarios que, como el caso de Valencia, ponen dinero por un tema sentimental. Roig ni siquiera busca un patrocinio, el club lleva «Cultura del esfuerzo» y solo quiere retornar a la ciudad de Valencia lo que Valencia le ha dado a él.

Te preocupa que esto sea una competición de ricos y pobres como ocurre en el fútbol.

Ya está pasando. Este año me ha encantado que el Valencia le haya ganado la liga al Madrid. Eso es muy bueno para el baloncesto, aquí Barcelona y Madrid se lo reparten todo.

Entonces vosotros pudisteis competir gracias a ese proyecto, el centro comercial.

Lo del Màgic Badalona fue un proyecto idea nuestra. Hablamos con el Ayuntamiento para que nos cedieran unos terrenos cincuenta años a cambio de pagar un alquiler, un canon, que iba a una fundación. Nosotros nos encargamos de buscar un promotor para construir y gestionar ese centro comercial. Fueron siete años de trabajo durísimo y cuando lo inauguramos, en el 2008, la fecha fatídica, explotó la burbuja inmobiliaria y empezó la crisis. Pero hubo unos años en los que le pudimos sacar rédito a esta operación, fichamos a Aíto, subimos a Ricky, Rudy y Ribas y ganamos títulos.

Aíto dijo en esta publicación que aceptó ser el entrenador porque vio que era un proyecto como el de los ochenta.

Aíto lo que hace es mirar sus opciones a largo plazo. Intenta coger proyectos que no están en su mejor momento para poder llevarlos a lo máximo. Luego, cuando ya no puede crecer más, se va para otro lado a hacer lo mismo. Su carrera ha sido así siempre. Empezó con el Cotonificio, un proyecto paralelo en Badalona que no fue muy bien, pero quedó tercero, por detrás de Barça y Madrid, un par de años. Entonces vio que el equipo no podía dar más y era verdad, se convirtió en el Licor 43, no fue bien y desapareció. Pero él ya estaba en la Penya, donde encontró un proyecto con gente joven. Lo subió y, cuando no podía crecer más, se pasó al Barça, donde ha estado muchos años. Cuando vio a Ricky, Rudy y Pau Ribas quiso volver al Joventut. Vio que ese proyecto tenía viabilidad a largo plazo, aunque se acortó a solo tres años.

Cuando los vio, ¿qué edad tenían?

Eran júniors, aunque me acuerdo que de Rudy, cuando jugaba el torneo júnior de L’Hospitalet, me dijo: «Hostia, este no puede jugar». Porque Rudy era muy delgadito. Ahí tuvimos una discusión, lo hablamos y le convencí, porque sabía que tenía mucho talento.

Cayeron una Copa del Rey y la ULEB.

Y las ligas catalanas, que son importantes porque dos se jugaron contra el Barça. Aparte de lo que generaba el equipo, tuvimos el extra del Màgic, de modo que pudimos fichar a Lubos Barton, Elmer Bennett, Jerome Moïso… jugadores que completaban el equipo núcleo de la casa, que iban creciendo y eran cada vez mejores porque tenían mucho talento.

Pero tenías que vivir en una continua fuga de talentos.

Cuando las reglas del juego son que todos los equipos de la ACB tienen que tener un cupo, un número mínimo de españoles, pero solo hay cuatro clubes formadores, pues hay un problema. Los formadores vamos a tener fuga de talentos continuamente. Pero a esto te acostumbras. Saco al jugador, lo intento disfrutar lo máximo posible, pero sé que se va a ir. Por lo que luchamos es porque haya cláusulas importantes para que podamos tener un retorno de dinero para invertir en la base. Esa es nuestra filosofía y conlleva que cada año haya un goteo de jugadores que se van.

Entiendo perfectamente que, si a un jugador le ponen un proyecto mejor en mejores condiciones, se marche. Estamos en un entorno profesional. También hay jugadores como Rudy que se estuvieron aquí dos años más pudiéndose ir antes. Pensó que si se formaba más y mejor a la larga tendría mejores ingresos porque sería mejor jugador, no todo tiene que ir tan rápido. No existe una fórmula perfecta que sirva para todos los jugadores, pero lo que hizo Rudy estaba bien pensado y, ya lo hemos visto, acabó en la NBA, le fue bien y después se fue al Real Madrid. A otros, sin embargo, como Guillem Vives, les hemos disfrutado muy poquito, pero también les ha ido bien.

Ricky Rubio dejó un buen dinero. ¿Esas salidas no hacen que el modelo sea rentable?

Con Ricky hubo mucha tensión, porque él defendía su parte y yo al Joventut. Pero este traspaso fue el mayor de la historia de un jugador de baloncesto, 4,3 millones. Así me sabe menos mal que el talento se vaya. Al final, nuestra escuela de baloncesto es sostenible porque los trescientos niños que hay matriculados pagan. No hacemos negocio, pero se sostiene. El problema son los equipos de formación del club, ahí tenemos a muchos niños becados y no todas las inversiones salen buenas. Este presupuesto puede ser anualmente el doble de lo que se nos paga por un jugador que se va. Esto es lo que no nos sale rentable. Firmas muchos y no con todos aciertas, cuando te equivocas lo pagas dos veces, pagas deportivamente por tu equivocación y pagas el contrato.

¿Por eso el club depende de proyectos inmobiliarios?

Nosotros lo que quisimos era hacer un proyecto que fuese bueno para la ciudad y bueno para el club. Con el Màgic el Ayuntamiento cedió un terreno a cincuenta años, le pagamos un canon anual y, dentro de esos cincuenta años, esa construcción, que costó más de cien millones de euros, será suya. Es una operación fantástica para ellos. Así me las den todas. Intentamos hacer más de estas con el Ayuntamiento, pero nos fue muy costoso. Es muy difícil negociar con los técnicos del consistorio, con los vecinos… Eso te va minando y te agota. Al final dices: «Si no puede ser, no puede ser».

También compramos unos terrenos en Canyet. Hablamos con la Generalitat y el Ayuntamiento para construir un colegio y al final nunca se hizo. Teníamos un contrato firmado por seis millones de euros y eso nos hizo entrar en concurso de acreedores. Pero teníamos activos. El de Canyet y otro de doce mil metros cuadrados de zona deportiva. Mercadona construyó en el terreno de Canyet, lo que nos dio dinero para poder negociar con Hacienda y luego con los bancos que nos habían hipotecado los terrenos.

Solo nos quedaba que el Ayuntamiento nos comprara el activo del terreno de la zona deportiva. La alcaldesa dijo que se comprometía, nos ayudaron al hacerlo, pero no fue gratis. No nos dieron dinero a cambio de nada. Y el club, cuando lo he dejado, se ha quedado sin activos y como pasivos tiene un acuerdo con Hacienda de ocho años que es asumible.

El Ayuntamiento os perdonó el IBI.

Hombre, es que el pabellón es suyo. El IBI es cierto que lo pagaba el que tenía el alquiler, pero es un pabellón municipal. No fue como que yo no quiero pagar el IBI de mi pabellón y me lo perdonan.

Te quejaste hace años de que el Joventut llevaba la senyera gratis y el Madrid cobraba ochocientos mil euros por llevar su bandera.

No sé ahora, pero hace siete u ocho años esto era así. Por eso ya no están Granollers, ni Girona, ni Lleida, y Manresa me parece que el pobre va a bajar. La senyera es un tema identificativo con tu comunidad autónoma o tu país, en los demás equipos veo siempre Gobierno de Aragón, Diputación de Álava… eso son ayudas que nosotros no tenemos. Aquí en Cataluña es impensable, por eso tenemos que luchar más. Espabilarnos.

¿Qué opinión tienes de la Euroliga?

Cuando se produjo la escisión de la Euroliga de la FIBA para montar su competición creo que era una buena idea mantener durante los primeros años a los mejores equipos de Europa para sacar adelante el campeonato. A partir de ahí, me pareció fatal que los derechos deportivos no prevalezcan por encima de los derechos económicos o el amiguismo o intereses que no son deportivos. Ahora se funciona así y no me parece bien.

Me gustaría que los clubes pudieran crecer deportiva y económicamente, que una cosa va con la otra. Que exista la opción de hacer un proyecto a largo plazo y poder llegar a jugar esa competición. Porque el deporte es vender ilusión y, si no te dejan llegar a la Euroliga, pues poca ilusión das a los aficionados y lo tienes mal. Los que están dentro tienen una ventaja sobre el resto muy grande, sobre todo de tranquilidad. Si un año no se clasifican para Euroliga en la ACB, les da igual, porque tienen la plaza asegurada y eso lo sabe su sponsor y tranquiliza a sus abonados. Nosotros no.

Además, luego Euroliga también hace reglas que luego deshace. Se saca cosas de la manga. La capacidad de la cancha tiene que ser de quince mil, pero el Barça juega en el Palau que tenía ocho mil. Y están al lado del Sant Jordi, que lo podían resolver fácil. Pero no. Les han dado moratorias… También la competición la puede jugar cualquiera que llegue con un patrocinio debajo del brazo. El que queda campeón de la liga alemana no va, pero sí otro que no es campeón. Pues vale.

Si esto hubiera sido así antes, el Baskonia no habría llegado nunca. Joventut, que en los noventa era campeón de liga y de Europa, tendría su plaza para siempre y ellos, que entonces eran muy mediocres, se habrían quedado fuera. Pero como tuvieron una buena gestión, subieron y se ganaron una plaza. Está muy bien, pero no es justo que esa plaza sea para siempre.

Una vez fuiste en unas listas de CiU, ¿tienes opinión sobre la situación política actual?

Claro que tengo opinión, otra cosa es que le guste a la gente. He sido ciento cincuenta y ocho veces internacional por España y no me arrepiento. Ahora, ¿soy catalán? Sí. ¿Me gustaría votar? También.

¿Qué votarías?

Que sí.

En el ámbito deportivo, ¿no se perdería competitividad?

¿Vamos a ser competitivos si los equipos de Euroliga se niegan a dejar a los jugadores para ir con la selección este invierno? ¿No va a perder competitividad España? No hace falta entrar en temas de política para encontrarte en una situación así. De los veinticuatro seleccionables van a ir seis o siete.

La Generalitat hizo un eslogan: «Si sientes el Barça, sientes Catalunya». ¿No te molestó?

Sí, porque el sentimiento en Cataluña no es único. Hay que respetar todo. Yo no me identifico con el Barça para nada.

No te gusta que hagan del Barça el equipo institucional.

Es que lo es, lo es. Y yo, como catalán, no me siento representado por el Barça.

¿La desaparición de Granollers, Girona, etc., tiene que ver con la hegemonía del Barcelona en Cataluña?

El Barça afecta porque es muy grande, pero no tiene la culpa. El principal problema son las ventajas fiscales y el dinero público que tienen los clubes. En Cataluña no hay. Sin recursos, bajan y desaparecen. Le ha pasado a todos y ya solo quedamos en la ACB Joventut y Barcelona.

Has estado cuarenta años en primera línea del Joventut. Igual no quieres contestar a esto, pero hay quien te ve como el personaje más importante de su historia.

Se lo agradezco a esa gente.

¿Tú como te ves?

No os lo voy a contestar, habéis tenido razón. [Risas]

24 comentarios

  1. Decepción.

  2. En la entrevista no menciona la licenciatura que tiene, ya que para cursar un MBA o un máster hace falta una licenciatura previa. Como Corbalán, por ejemplo, que estudió Medicina.

  3. Gran entrevista, gracias. ¡No tenía ni idea de lo de Dúrex, eso sí habría sido grande y no Ron Negrita!

  4. Triste final para un gran jugador, algo cobarde (su final ganada de Euroliga es de verguenza), pero de calidad. Para ser secesionista hay que ser o ignorante o codicioso arribista que espera medrar (Cataluna es la region con mas dinero publico invertido en comprar voluntades, por eso suena a risa que diga que no hay subvenciones…no las hay al Juventud!).

  5. Jordi es uno de los mejores jugadores de la historia del Juventud y de la Selección de España. Gran tipo.

  6. Estupenda entrevista. En cuanto al dinero público regalado a los clubes deportivos, indignante, como indignante es la indiferencia de la sociedad al respecto. En Andalucía, Junta, Diputaciones y Ayuntamientos respaldan con una millonada al circo del fútbol (eso sí, las migajas van para el fútbol base).

    • El periodista tituló la entrevista “En Cataluña son impensables las ayudas públicas a los clubes de baloncesto….” citando palabras de Villacampa.
      Pues que quiere que le diga al Sr. Villacampa, que muy bien por Cataluña por no permitirlas.
      El otro día estuve calculando lo que llevo pagado de IRPF desde que salí al mercado laboral, y ¡me cago en la leche!,….. un buen bastón. No digo que fuere una cantidad para comprarme un avión privado pero entre suma y suma, un buen pellizco. No estoy diciendo que no hay que pagar impuestos, ¡faltaría más!, lo que me hierve es que se usen ayudas públicas para redondear los presupuestos de los equipos deportivos profesionales, en los que alguna de sus estrellas llega a ganar 7 cifras anuales. Por eso, muy bien por Cataluña. Si quieres un equipo profesional que se cuadren los ingresos y gastos propios de la actividad como todo hijo de vecino.
      Nota: tampoco soy un inconsciente y sé lo que representa para una ciudad una oferta de ocio interesante entre la que se incluye el deporte profesional. Pero no es lo mismo, en mi opinión, que se use un pabellón de propiedad pública por parte de un club deportivo profesional a un coste simbólico que usar dinero público para cuadrar una masa salarial estratosférica.
      Por el lado deportivo, ya que Villacampa lo nombra, vi una vez un partido de baloncesto donde estuvieron Carmelo Cabrera y Nate Davis, y aquello fue insuperable. Digno del mismísimo Michael Jordan. ¡Qué pareja!.

  7. Acepto que una persona pueda querer la independencia, pero no después de haber jugado 158 veces con España. No lo entiendo, hay que ser consecuente con tus ideas desde el principio. Y eso que Villacampa fue uno de mis idolos.

    • La gente puede cambiar de idea. Yo de la postura de Villacampa lo que no entiendo es que lo diga, pero no por qué. Es difícil criticar una posición si no hay argumentos que la defiendan… Y también demasiado fácil.

    • Fíjate lo harto que debe de estar de ver como se insulta permanentemente a su país en lugar de darles las gracias por ayudar a que otros españoles menos favorecidos lleguen a fin de mes. Al final, se tiene siempre lo que se merece y eso es lo que va a pasar…

  8. En mi afición al baloncesto, tres momentos/partidos/jugadores supremos, dos de ellos nombrados por Víllacampa:
    1. La final de la Korac con la canasta de Galvin en el último segundo.
    2. Carmelo Cabrera y Nate Davis. Todo lo que hacían era estratosférico.
    3. Un partido de la NBA: Philadelphia 76ers contra los Atlanta Hawks, quiero decir, Charles Barkley contra Dominique Wilkins, aquello fue un 1 contra 1 que duró todo el partido (los 8 jugadores restantes hacían el aclarado y miraban). Público en pie, dió igual el resultado (ganó Atlanta)….pero fue una auténtica gozada.

  9. Eso de que en Cataluña no hay ayudas públicas… El Barça se estuvo llevando 3 millones al año por un parche publicidad de TV3 en la manga y antes de ese contrato era casi barra libre. Otra cosa es que al Juventut no le dieran ni agua. Pero dinero, claro que ha habido.

    • Las cuatro torres que se ven desde Burgos… ¿pueden considerarse ayuda pública? Calculala… ¿Y será cierto que Aznar le pidió a cambio a Florentino un autógrafo de Zidane para su pequeñín?

  10. Oye, la política es una opción para ex-jugadores que no quieren ser entrenadores. Mira a Divac, a Dino Radja … todos son altos cargos del deporte (de la república independiente de su casa, eso sí). Por otro lado, si él llegó a ser tan grande, es por haber sido jugador de la liga española y de la selección. Debería mostrarse agradecido, en lugar de “no arrepentirse”. Los que a lo mejor deberían arrepentirse son los compañeros, los federativos y también el público, los que le aceptamos y le apoyamos creyendo que era uno de nosotros.

    • Divac es general manager en Sacramento Kings, dudo que pueda compaginarlo con algún puesto en su federación.

      • No sé que horario tiene en Sacramento, pero Divac también es o ha sido desde el 24 de febrero de 2009 presidente del Comité Olímpico Serbio. También fue «algo» en el Madrid, ya no me acordaba.

  11. Ostras, vaya sorpresita final.
    Hasta ese momento estaba pensando que era un tío muy humilde y tal, bastante con los pies y en el suelo y de pronto… zas… el indepe surge de la nada y ya lo vicia todo. Pues nada, chico, para ti tu Magic, tu Pabellón y tu equipo. Que la Catalunya libre y cupera te arregle los problemas a partir de ahora.
    Estaría guay que se le hubiera preguntado por qué quiere la independencia…
    Saludos

  12. Qué cansina la gente con lo de que sean independentistas y hayan jugado con la selección española. Además, en este caso, hace más de 20 años (que como si fue antes de ayer, pero en fin…).

  13. Gran persona y gran jugador, ha sido el alma del club estos años y lo ha llevado con una gran perseverancia y acierto
    Además es muy sincero y le respeto absolutamente su pensamiento, por eso estamos en un país democrático, o no?

  14. Qué decepción… jugué 158 con España, pero soy independentista…

    Otro…

    Qué penya (nunca mejor dicho) más chunga.

  15. Era un muy buen anotador, pero no tan gran jugador como piensan Pedro Barthe y – por cómo habla en la entrevista, para mí con cierta arrogancia – él mismo.
    No le considero un jugador que decidiera los partidos, como por ejemplo Navarro hace 10 ó 15 años años – ahora las falla todas – o Llull en la actualidad.
    En la final con el Partizán, la narración que hizo Barthe – fanático de los de Badalona – fue tan partidista, criticó tan injustificadamente a los árbitros, que me hizo que me alegrara del triple final de los de Belgrado. Anoche volví a ver las imágenes. Morales apenas toca el balón tras la canasta de Tomás Jofresa, no se le puede achacar mucho, aunque quizá si podría haber dado la patadita que dice Jordi. Anteriormente, tanto Juanan como el propio Villacampa habían fallado sendos 1 + 1.
    En la final que ganaron a Olympiakos, tras el triple de Corny Thompson, los griegos hicieron un último ataque. Como pasaba muchas veces en aquella época con los griegos, el cronómetro del tiempo se quedó parado varios segundos, a ver si acertaban los helenos el tiro, pero Paspalj falló.

    De sus ideas políticas ya opina mucha gente.

  16. Cuando Cataluña se largue la peña se va aburrir muchísimo…

  17. A Villacampa le faltó siempre la fortaleza mental necesaria para llegar a ser lo que merecía por talento y capacidad de sacrificio.

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