Jot Down Cultural Magazine – Llenar el vacío: Elvis en la oscuridad

Llenar el vacío: Elvis en la oscuridad

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Elvis, 1956. Fotografía: Cordon.

Hay una foto de Elvis con la nariz aplastada contra un espejo y unos ojos observándole desde atrás. Otra donde sostiene una revista y mira a cámara mientras un chico negro le corta el pelo. Otra trucada donde da la impresión de que le acaban de meter en la cárcel, que es del mismo día en que se presentó colocado en la Casa Blanca para tener una entrevista secreta con Nixon y conseguir una chapa de agente federal para luchar contra el imperio de la droga. Seguramente sea de esa época una imagen borrosa y rara donde aparece con una niña desconocida, porque lleva el mismo corte de pelo y las mismas gafas de montura plateada. En diez minutos veo unas qunientas fotografías distintas de Elvis (Elvis sonriendo, Elvis bailando, Elvis con la guitarra colgada del cuello, Elvis guiñando un ojo, Elvis frunciendo los labios en un beso). Si sigo pasando pantallas, encuentro una serie en la que sale abrazado a Sophia Loren, y varias instantáneas con Priscilla, con el coronel Parker, con un perro de caza. Veo la única foto que tiene con Jerry Lee Lewis, Carl Perkins y Johnny Cash en el estudio de Sun Records durante la sesión improvisada del Million Dollar Quartet del 56. También lo veo levantando un rifle en la boda de su guardaespaldas, y en una foto de carnet del colegio, y sosteniendo una placa con su nombre recién llegado al ejército. Hay muchas fotos de actuaciones y de papadas y de sudor corriéndole por la cara como si estuviera metido en un horno. Lo veo haciendo kárate con su cinturón rojo, montado a caballo, desplegando su capa dorada en el concierto que dio en Memphis en el 74. Pero incluso en la cara b de este gran mito americano la soledad apenas asoma a sus ojos. Quizá brillen menos con el paso del tiempo, quizá en sus últimos años tenga las mejillas hinchadas y la expresión cansada, pero el abismo que se abría dentro de él no se refleja en las imágenes.

Lo cierto es que Elvis tenía un agujero en el corazón, aunque estuviera siempre rodeado de gente («Tengo miles de fans ahí afuera y a mucha gente que dice ser mi amiga, pero me siento tan solo a veces», le llegó a decir a un amigo). La música era su única salida, por eso cada vez que se subía al escenario volvía a nacer. Pero nada de lo que hacía parecía llenar ese agujero. A mediados de los sesenta Elvis buscaba a Dios y no lo encontraba. Su peluquero le había dado más de cien libros de autoayuda y de distintas religiones y él leía y leía, buscaba y buscaba, pero en ninguno encontraba las respuestas que estaba esperando, y la pregunta ¿por qué yo he sido el elegido? seguía flotando en el aire. Incapaz de encontrarse a sí mismo y de entender la razón de su éxito, aprovechó un viaje a Nuevo México con su gurú para hablar con él. «Tienes que dejar tu ego a un lado para permitir entrar a Dios», le dijo Larry. «Olvídate de los libros y del conocimiento y vacíate para que Dios pueda entrar en ti». Y al cabo de un rato, mientras atravesaban el desierto en silencio, Elvis vio la cara de Stalin en una nube. Detuvo el coche y gritó: «¿Por qué Stalin, qué hace ahí arriba?». En ese momento Stalin se transformó en Cristo y Elvis tuvo su primera experiencia mística. Corría el año 65 y el de Tupelo buscaba algo a lo que agarrarse. Desde hacía tiempo su vida no le satisfacía y, con cada paso que daba, notaba que se acercaba un poco más al precipicio. Tenía dinero, tenía una mansión, tenía a Priscilla, tenía todas las cosas que quería con solo chasquear los dedos, pero se sentía más solo que nunca. «¿Cómo me recordará la gente?», le preguntó pocos meses antes de morir a una de sus amantes. «Nadie se acordará de mí. Nunca hice nada perdurable. Nunca he hecho un clásico del cine. Pero mi misión en la vida es hacer feliz al mundo con la música. Y nunca pararé hasta el día de mi muerte». Lo cumplió. Y en el camino se dejó la piel.

Elvis doble (Double Elvis), de Andy Warhol.

Había crecido sin nada. Su hermano gemelo murió al nacer y tuvieron que enterrarlo en una caja de zapatos, en esa Norteamérica de jornaleros pobres y emigrantes negros que cantaban en los campos de trabajo de Misisipi. Su padre pasó un año en la cárcel por falsificar un cheque porque necesitaba dinero para su familia. Como Ben Harper en La noche del cazador estaba harto de tanta miseria y transformó un cheque de cuatro dólares en uno de cuarenta. Consciente o no de todo aquello, Elvis se refugiaba en las faldas de su madre y en la música que oía en la iglesia y por las calles de Tupelo y Memphis. Y cuando su madre no estuvo y la música le dio todo lo que siempre había querido, sucumbió y emprendió su particular huida hacia delante. En el ejército probó las drogas. El speed le ayudaba a mantenerse despierto y le aliviaba la depresión. Tomaba dexedrinas para desayunar y Valium para poder dormir. Creía que las pastillas eran inofensivas porque eran legales y todos a su alrededor las tomaban —¡hasta el presidente Kennedy consumía calmantes!—, pero no tardaron en convertirse en una adicción que intentaba justificar con motivos religiosos. «Todos tenemos a la divinidad dentro», le dijo un día a una de sus amantes. «Entonces, si somos dioses, o llevamos a la divinidad dentro, ¿para qué necesitamos drogas?», le preguntó ella. «El silencio es el lugar en el que descansa el alma. Es sagrado. Y es necesario para que nazcan nuevos pensamientos. Para eso sirven mis pastillas. Para llegar lo más cerca posible del silencio».

Elvis, que en su época de estudiante se sentaba en las salas de cine soñando que algún día se convertiría en una estrella, tenía miedo de dormir solo y a oscuras, así que buscaba el consuelo en las mujeres, que ejercían de madre o de enfermera y sustituían por un instante la pérdida que nunca llegó a superar. Ante ellas se mostraba vulnerable, despojado ya de todos aquellos trajes horteras que se ponía para actuar y que reflejaban quién le gustaría ser en lugar de quién era en realidad, como si uno pudiera cambiar su esencia con un disfraz, con un tupé, con unas patillas, con el pelo teñido de negro para emular a Valentino. Su manera de moverse le delataba. Solo un chaval de la clase trabajadora podría bailar así. Y aquel origen era precisamente lo que siempre quiso esconder, o si no esconder, al menos maquillar. No se daba cuenta de que era lo único que quedaba sin corromper, lo único que aún era suyo, su Rosebud. Por eso, cuando en 1969 cantó «In the Guetto» delante de miles de personas, consiguió desprenderse de todo lo que no le pertenecía y salir desnudo al escenario, en una especie de flashback orsonwellesiano en que este Kane sureño que un día agitó al mundo con su movimiento de caderas volvía la vista a sus orígenes humildes y recordaba su propio trineo.

¿Han visto el vídeo? Vuelvan a hacerlo. Párenlo en el minuto 1:53. ¿Lo ven ahora? ¿Ven esa mirada? En esa mirada está todo su pasado: la caja de cartón bajo la tierra, la casa donde nació, los tablones de madera pintados de blanco, el góspel sonando en la iglesia, los bares de la calle Beale, el destartalado Jelopee en el que llegó a Memphis.

Al final de su carrera, Elvis ha empezado a perder brillo como una galaxia lejana, pero aún quedan destellos de luz. No es una luz falsa de decorado de Hollywood, es real y se filtra por dos hileras de dientes perfectos cada vez que sonríe y bromea con el público y la banda. Como en un concierto de 1970 en Las Vegas cuando asusta a una de las Sweet Inspirations y todo el mundo se ríe. Bajo los focos, un maremágnum de risas inunda Nevada. Y por un momento el sueño americano ha dejado de ser una pesadilla, la fama no le ha destruido, la sensación de angustia se ha evaporado. Hasta parece que no fue él el que dijo: «Una imagen es una cosa, un ser humano es otra. Es muy difícil estar a la altura de una imagen». Pero una hora después se apagan las luces, cesan los aplausos y una mano invisible pone fin a la comedia, a la autoparodia, al ruido que parece sepultar a veces toda nuestra soledad. Y entonces vuelve a notar ese agujero en mitad del pecho, ese vacío que intenta llenar a toda costa y que le arrastra a una espiral de anfetaminas, narcóticos, hamburguesas y sándwiches de mantequilla de cacahuete.

Un día, el icono pop que había inmortalizado Warhol en su serigrafía, el que nos apunta doblemente con su pistola desde la tela, no logra remontar. Atrás queda la energía arrolladora del Comeback del 68 que hizo olvidar por un momento los asesinatos de Martin Luther King y Bobby Kennedy. Atrás queda el rey Midas que transformaba en oro todo lo que tocaba. Atrás queda el «All Shook Up» y esos primeros compases de «Heartbreak Hotel» que le catapultaron a la fama y le hicieron ser el espejo de toda una generación. En junio de 1977, convertido ya en una mole inmensa, sudoroso y sin brillo en los ojos (todo el dolor se ha volcado en ellos de pronto), canta «My Way» embutido en un traje blanco y se despide del mundo. Tiene la letra escrita en un papel, pero no le hace falta leerla porque la lleva grabada por dentro. Dos meses después su corazón se para en el baño de Graceland y Elvis encuentra el silencio en el que su alma por fin podrá descansar.

18 comentarios

  1. Señora! que me ha hecho tirar los mocos… y disculpe por esta expresión, pero al comprobar que mi vida auditiva se compone de una 90 por ciento de rock no podía esperar otra cosa. Muy buen artículo! Pura emoción. Elvis llenó sonoramente mis euforias de juventud, y todavía lo escucho cuando la felicidad me embarga. El otro día vi “Elvis y Nixon”, un peliculón. No sabía nada de sus fantasmas interiores, y menos aún de sus caprichos de star adolescente por querer ser un agente secreto moralista, pero creo que sale mal parado del momento que, al final, el director da a entender que entre él y ese monstruo de presidente hay poca distancia, sobre todo en lo frivolo y superficial. Pero por suerte están sus dos amigos para poner las cosas en su lugar. El final es tristísimo, con esa toma en la cual solo se ven sus pies con pantuflas y en el fondo tres televisores encendidos, sin nadie a su redor. Una soledad conmovedora, rodeada de lujos. Muchas gracias por esta lectura!

  2. Disculpen mi castellano aproximativo. No voy a comentar el artículo, ni tampoco la música di Elvis que me gustaba mucho hace más de medio siglo. Estaba pensando en la relación entre “el pelvis”, el pistolero en la foto, y lo que pasa en este momento en Hollywood y otros lugares. Pregunto: ¿hay quién se da cuenta de donce los violadores y el machismo? Los vaqueros de Hollywood y Washington siempre andan con su pistola colgando de la panza. Tienen un modelo antiguo: los Heroes griegos. Con sus crimenes escondidos en relatos mitológicos, esteblecieron la patriarquía y la mantuvieron. “Los mitos cuenta cosas que nunca pasaron, pero que pasan cada dia en cada lugar”. Ulisses era (es) un violador, Hércules era (es) un feminicida, como San Jorge. Lo explica “Nuestra Señora Dea & El feminicidio de los Héroes”. Al momento sólo está publicado en inglés, francés e italiano, y se descarga gratuitamente desde un sitio académico de San Francisco (USA) https://independent.academia.edu/JeanSantilli

  3. Me ha encantado, hacia tiempo que no leia un articulo tan sincero de Elvis. MIs felicitaciones, esta muy bien escrito. Para muchos, después de 40 años, Elvis sigue siendo el más grande, nunca habrá nadie como el. Un dia su primo dijo, cuando escucho ahora una canción, siempre me digo, Elvis la habría hecho mucho mejor.

  4. Uno de los mejores textos jamas leidos por mi en relacion con el Rey, creo que has escrito todo aquello que siempre senti soobre el, lo malo es que la gente mantiene un imagen comica de el, el tupe, las lentejuelas, y se olvidan que con el empezo todo, sin el no habria ni bowie ni ercury ni nadie, y olvidarse del fundamento es simplemente aberrante

    • Antes de Elvis no hubo nada, dijo Lennon. Yo creo que hubo mucha gente y muy buena antes que él y mientras estuvo vivo, pero como intérprete es muy difícil de superar. La emoción con la que cantaba y que sabía comunicar al público era única. A veces incluso llegaba a mejorar los temas originales. Y lo que dices es cierto: nos suele llegar la visión más alegre del mito, pero si te pones a rascar, había mucha decadencia ahí, y mucha soledad. Gracias por tu comentario, Zak. Un saludo.

    • Mnnn siento disentir, pero el elvis no fue el creador del rock sino q hubo otros como chuck berry q lo precedieron y tenían un talento enorme. Creo q el hecho de q fuera de raza blanca jugó muy a su favor ya q en los años 50 EEUU era profundamente racista y era más fácil destacar siendo blanco, guapo y x supuesto con una buena voz.

      • Hola, Jorge. Gracias por tu comentario. Yo no creo que Elvis fuera el inventor del rock and roll, lo que sí creo es que consiguió algo que no había conseguido nadie hasta ese momento, que fue hacer del rock algo masivo y popular. Su aparición también ayudó a que otros músicos pudieran llegar a más gente. Sin él, no sé qué habría pasado con Carl Perkins, Johnny Cash y Jerry Lee Lewis, por ejemplo, ni con todos los grupos vocales negros que grabaron al menos un disco en los cincuenta. Lo que está claro es que llegó en un buen momento, con el esplendor económico, tecnológico y mediático de después de la guerra, con el fin de la segregación racial en las escuelas y con el cambio que se estaba operando en la sociedad y más concretamente en los jóvenes, que encontraron en él un espejo donde reflejarse. Y aunque a menudo se le acuse de abusar del talento de otros, creo que supo dar salida a lo que los artistas de raza negra mantenían en sus guetos y en sus emisoras de radio, y eso, en cualquier caso, es admirable. ¿Que ser blanco le ayudó? Puede ser. Pero yo no creo que ésa fuera la razón principal de su éxito.

        • Hola Mireya, el articulo me parece muy bien escrito y estoy de acuerdo en lo que dices.

          Mi comentario era una respuesta hacia Zak quien argumentaba que con Elvis empezó todo. Ahí no puedo estar de acuerdo porque Elvis bebió de otros artistas que le precedieron tanto en el estilo musical (rock con chuck berry) como incluso en la forma de bailar.

          Sin duda fue quien popularizó el rock, lo que me cuestiono es por qué motivo fue él quien rompió al estrellato. Teniendo en cuenta que todos sus predecesores eran negros y viendo el contexto histórico si creo q hay 3 cualidades q destacaban sobre otros coetáneos: su raza blanca, su gran belleza y por supuesto su voz. La última la tuvieron otros de un nivel parecido (otitis redding o fats domino por ejemplo) pero no las dos primeras. Se hace raro que existiendo en los años 50 artistas de la talla de little Richard, Chuck berry o fats domino, el rock no se popularizarse hasta la llegada de los artistas blancos como Elvis, Bill Haley y después Jerry Lee Lewis. Yo no creo q fuese casualidad, sino que aún había mucha segregación racial en esa época y un éxito de ese calibre sólo lo podía dar un blanco guapisimo con buena voz, que no es poco.

          Debo aclarar que Elvis me encanta y su voz me parece de un nivel increíble, xro también conviene desmitificar y contextualizar.

          Por cierto como sugerencia para futuros artículos anécdoticos sobre su figura sería interesante por ejemplo hablar sobre la curiosa relación de Elvis con el kárate, también con la religión o con su joven esposa Priscilla.

          Gracias

          • Estoy bastante de acuerdo contigo, Jorge. Yo creo que el ascenso de Elvis se debe a un cúmulo de cosas. Es el típico caso de alguien que está en el lugar adecuado en el momento adecuado. Si fuera simplemente porque era blanco y guapo y porque tenía buena voz quizá habría pasado desapercibido, sobre todo si hubiera llegado un par de años antes. Pero con él se dieron varias circunstancias que no se dieron con los demás. Una era que vivía en Memphis y que tenía a mano el estudio de Sun Records, y que era justo lo que Sam Phillips estaba buscando: un blanco que cantara como un negro. Otra fue la mezcla de estilos que hacía, que iba más allá del rhythm & blues, el country y el góspel (de hecho su cantante favorito era el tenor Mario Lanza). Otra fue el papel que jugaron disc-jockeys como Mike Michael, locutor de la KDMS, que emitió sus canciones miles de veces y provocó tal avalancha de llamadas que cuando Elvis sacó el single de Hound Dog tuvo que pinchar también la cara B (Don’t be cruel). Otra fue la llegada de la televisión, que convirtió al oyente en espectador y acercó a los artistas al público. Otra fue la labor de su manager Tom Parker, que hizo de Presley el músico mejor pagado de la historia. Y aparte de todo eso, yo creo que Elvis consiguió llegar a muchísima gente no sólo por ser blanco, que también, ni por tener buena voz, sino porque logró una conexión brutal con millones de personas sobre todo al principio de su carrera, antes de irse al Ejército y autodestruirse. Y esa conexión la logró en gran parte gracias a la emoción que transmitía al cantar, que creo que fue siempre su gran baza.

            Por otro lado, la rebeldía, la sexualidad y la libertad eran cosas que estaban vetadas para la mayoría de jóvenes blancos en la década de los cincuenta. Y cuando llegó gente como Elvis, Marilyn, Brando y Dean se empezaron a cuestionar muchas tradiciones y convenciones sociales, aunque evidentemente ese deseo de romper con el pasado era algo que ya bullía entre la población más joven. Y Elvis fue sin proponérselo uno de los que prendió la mecha de aquel cambio de actitud a nivel global.

            No sé si me he ido un poco por los cerros de Úbeda, pero bueno. Ahí queda mi respuesta.

            Un saludo, Jorge. Y gracias por comentar.

  5. cuántos elvis por el mundo suelto al fin y al cabo…debiéramos vivir dos veces como en el título de james bond. aún así tampoco creo que supiéramos cómo.
    Saludos!

  6. Working Class Hero. Los que luchan por algo que creen que no les pertenece por nacimiento siempre tienen la preocupación de no estar haciendo lo correcto. El Rey se sabía un proscrito tocado por la mano divina, pero siempre pensó que entretener a las masas no era suficiente recompensa para un don de esa entidad, creando un vacío que se hacía más grande conforme crecía el personaje. A nosotros solo nos queda seguir admirándolo. El Elvis sudoroso y obeso que canta My Way podría haberse encamado con todas las mujeres de la audiencia de esa noche con la aprobación de sus maridos, que aplaudirían encantados. Pero, por todos los santos!!! qué bien cantaba. Joder, cada día mejor.

  7. … joer, qué llorera más tonta.

  8. Buenas,
    Muy buen artículo.
    Un apunte, creo que el pelo teñido de negro y su corte “Duck-tail” lo copió de Toni Curtis de quien era un gran fan y no de Valentino.
    Una anécdota al respecto: Grabando los dos para la Paramount Toni Curtis se acercó al tráiler de Elvis quien le agarró y metió para dentro diciendo “Soy un gran fan suyo Sr. Curtis, solía ver sus películas en Tennessee” T.C. le contestó “No me llame señor” a lo que Elvis preguntó “¿Cómo le debo llamar?” “Simplemente Toni” respondió éste “¿Y cómo le debo llamar yo?” preguntó T.C. Elvis respondió “Llámeme Sr. Presley”.

    • Gracias por tu corrección, Santi. No recuerdo dónde leí lo de Valentino, pero lo de Toni Curtis tiene mucho más sentido. Qué gran anécdota la del tráiler, por cierto. Me ha encantado.

      Un saludo y gracias de nuevo.

  9. Muchas gracias Mireya excelente articulo, soy un fanático de Elvis y es una maravillosa radiografía, para destacar el tema del servicio militar en donde se hizo adicto y al que su pais en pos de que el sirviera como ejemplo para defender los intereses de la patria hizo todo para reclutarlo, aun en contra de su voluntad, paradójico y dramático en cualquier caso.

    • Gracias a ti, Nicolás.

      Efectivamente, el Ejército se lo cargó, y cuando volvió de Alemania ya era otra cosa. Es una pena que el esplendor le durara tan poco y que acabara como acabó.

      En su libro “Dead Elvis. A Chronicle of a Cultural Obsession”, Greil Marcus lo define muy bien: “Elvis es el paradigma de América, de las contradicciones en la tierra de las oportunidades. Su historia es la del talento desperdiciado y la inocencia pervertida. Encarna el arquetipo del artista excepcional que se convierte en un fenómeno de ventas y es corrompido por la fama”.

      Quién sabe lo que habría pasado si Tom Parker no se hubiera cruzado en su camino, o si no se hubiera hecho famoso tan rápido. Igual aún estaría vivo, igual nos regalaría un disco de vez en cuando.

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