Delorean: «Nadie se ha tomado tan en serio la escena indie como la prensa»

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Fotografía: Alberto Gamazo

Guipuzcoanos en Barcelona, tienen el sueño indie cumplido de haber salido de España cantando en inglés. Forjados en los gaztetxes, tras conseguir patearse Europa mochila en mano con la maravillosa BCore como credencial, Delorean son uno de esos extraños grupos en continua evolución que trascienden la etiqueta indie, tan denostada actualmente. Nos reciben en su estudio en Barcelona para contar su historia, una entrevista a tres bandas que describe la nueva música y sus retos desde una posición iconoclasta que, paradójicamente, reivindica todo el pasado con ese precioso síndrome de Diógenes que es el sampleo.

¿Grupo de Zarautz o de Donosti?

Ekhi: El grupo se formó en Zarautz. Guille y yo teníamos un pie en Donosti, pero están separadas por quince kilómetros, es la misma comarca. Nos conocíamos de ir a los mismos conciertos. Zarautz es un pueblo; hay vida de pueblo. No es una ciudad cosmopolita, pero sí tenía una influencia y cosas que le llegaban del extranjero y otros lugares de España por los veraneantes. Pueden parecer chorradas, pero eso enriquece mucho la vida de un pueblo. También había un campeonato de surf que atraía a mucha gente y hacía que la vida fuese un poco más rica. La gente de Francia y de Madrid que pasaba por allí cada año ayudaban a que fuera un lugar propicio para conocer cosas nuevas.

En su día, la cultura popular en España entraba por el País Vasco, por Barcelona y por las bases de la OTAN que había en Madrid y Andalucía.

Ekhi: Eso se dice. Es un motivo de mucho orgullo, un poco dudoso, sobre todo entre los donostiarras, que están siempre con que si tienen un festival de jazz, que si tienen un festival de cine… Al final este tipo de cosas son importantes, pero no hay que amplificarlo demasiado, porque en realidad Donosti es una ciudad muy pequeña y cualquiera que viva allí se da cuenta de que la vida es más aburrida que otra cosa. En invierno hace un mal tiempo terrorífico. No puedes hacer ninguna actividad en el exterior.

Igor: El invierno es muy duro, en ambos sitios, tanto en Donosti como en Zarautz, donde parece que hay toque de queda en invierno. Por eso cuando vivíamos ahí estábamos deseando que llegara el verano, la diferencia era abismal.

Guille: Algo que sí que es especial en la zona es la red de casas de cultura autogestionadas, los gaztetxes. Cuando hacía mal tiempo, siempre podíamos meternos en un agujero y acercarnos a la música y demás.

Ekhi: Es por donde tirábamos todos. Ahí estaba la red de grupos alternativos de punk y hardcore, que siempre pasaban por ahí, no por el festival de cine.

¿Cómo era el ambiente de esos centros?

Ekhi: No sé. Para mí, era el único lugar en el que quería estar. Todo lo demás era o radiofórmula o grupos de rock vasco que no nos interesaban.

Guille: Había un montón de infraestructuras institucionales, pero nosotros no veníamos del mundo académico. Siempre he admirado toda esta red hecha por la gente en los gaztetxes. A nosotros, por separado, yo en unas casas de cultura y ellos en otras, nos dio medios para poder hacer cosas que con quince años, entre que no tienes un duro y tampoco sabes tocar, no puedes. Eran un refugio perfecto en lugares como estos, donde te pasas nueves meses al año bajo techo.

¿Han cambiado mucho Donosti y Zarautz por el turismo, Airbnb y demás?

Igor: Sí. Lo de la economía colaborativa, y colaborativa lo digo de manera superirónica, es un fenómeno global. Allá donde vayas el alquiler está fatal. En todo el planeta, pero depende de nosotros si queremos un mundo así o no.

Ekhi: Bueno, Zarautz tiene la particularidad de que antes de que hubiera Airbnb los alquileres ya eran de los más altos en toda España.

Igor: Siguen siendo de los más altos de toda España. Con excepcionalidades que hemos aceptado toda la vida, como que tú alquilas un piso durante el invierno y en verano te echan para que lo alquile un turista por el triple de precio. Eso está normalizado y aceptado de toda la vida. Y en Donosti ahora el Airbnb es una puta locura.

Guille: Son ciudades superturísticas y caras; ciudades que cuando eres joven te expulsan porque, dentro de lo que cabe, tus padres ya han trabajado para permitirse la estabilidad, pero ahí nuestra generación está condenada a una vida precaria. De todos modos, nosotros ya hemos crecido con lo viejo como zona turística.

Ekhi: Hay quien dice que en los ochenta todo eso era más auténtico, pero es que nosotros somos de los noventa.

Pasáis de esa nostalgia.

Ekhi: Siempre lo digo, a mí la nostalgia no me gusta nada. No me parece buena compañera.

Tú, Ekhi, estás haciendo un doctorado en Filosofía.

Ekhi: Los estudios son mi otra pasión, aparte de la música. Mi TFM ha sido sobre la igualdad política en la Grecia clásica y en el doctorado seguiré esta línea de investigación, la relación del mundo antiguo con la igualdad política. En concreto, lo que dije en mi TFM era que para leer la tragedia de Antígona hay que tener en cuenta el trasfondo de la igualdad política para entenderla mejor, además de una serie de problemas filosóficos que son más profundos y que aquí no se pueden desarrollar, pero que para mí tienen actualidad.

Hemos visto en internet que te ofreces para dar clases particulares. ¿Necesidad o placer?

Ekhi: Un poco de las dos cosas. Me compro muchos libros y quiero tener un sueldo extra para financiármelos. También tenía ganas de probar otras cosas, y me inscribí para dar clases particulares. Ahora tengo una alumna que está muy contenta y, poco a poco, me van entrando estudiantes que necesitan ayuda. Las doy por Skype por las mañanas, antes de venir aquí, al estudio. Lo bueno de dar clase es que te fuerza a estudiar y mantenerte actualizado. Un estudiante no puede ver que no sabes algo. Me sirve de excusa para estudiar y eso se complementa bien con mi trabajo en la tesis.

¿Por qué elegisteis el nombre de un Corvette para vuestro grupo?

Igor: Si empiezas un proyecto nuevo, elegir un nombre es un horror, una pesadilla. A no ser que lo tengas muy claro antes de hacerlo. Nos pasamos un montón de tiempo buscando uno hasta que un día, viendo Regreso al futuro en casa de un amigo, surgió. Pero fue hace dieciocho años.

¿No había una intencionalidad revival?

Igor: No. De hecho, ahora a mí no me gusta el nombre; ni el nombre, ni las connotaciones ochenteras que tiene. Me gustaría tener uno neutro, que suene bien y que no tenga ninguna connotación, porque no me gusta que de repente un promotor oiga Delorean y ya te casque ahí el coche en el flyer.

Guille: También es verdad que hace referencia a una cosa concreta, sin más intención. Luego van pasando los años, te vas alejando de esa época, y de repente cobra una significado de revival que no has previsto.

Ekhi: Ninguno de nosotros tenía el ánimo de hacer ningún revival cuando elegimos el nombre. No lo diría de una forma tan radical como Igor, pero tiene razón. Es solo un nombre con el que nos hemos acostumbrado a vivir. Sobre las referencias ochenteras, no somos freaks de ese tipo de cultura. Ya he dicho que la nostalgia no me parece buena compañera. Ninguno de nosotros hemos vivido mirando al pasado en ningún momento.

En los grupos en los que estuvisteis antes de Delorean había de todo, había hardcore, metal, punk en euskera…

Igor: Yo llevo tocando con Unai toda la vida, desde los catorce, y primero teníamos un grupo de punk rock melódico que se llamaba ITV. Como veis, lo de elegir el nombre no es nuestro punto fuerte. Hacíamos punk rock en euskera, lo que más nos gustaban eran grupos como NOFX o Lagwagon. Luego, con diecisiete o así, yendo a conciertos conocimos a otros amigos e hicimos un grupo de hardcore que se llamaba Sword of Damocles. Justo en esa época conocí a Ekhi por amigos comunes, coincidió que se mudaba a Zarautz, y desde entonces hasta aquí.  

Hay un salto del hardcore, el punk y el metal a Delorean.

Igor: Dentro de la escena hardcore cabían muchas cosas. Si te gusta la música, dan igual las etiquetas, pero entraba desde el rock melódico al hardcore metal y luego estaba el emo pop.

Ekhi: Nuestra escena hardcore ya no era como la de los ochenta. En nuestra época ya había estallado en múltiples estilos.

Guille: Lo que unía todo aquello era la autogestión. Eso era más importante en el circuito que el género, si era blues o metal. Al final, con lo que te relacionabas era con grupos de cualquier estilo, pero todos tocaban en esos sitios.

Ekhi: Coexistían grupos de powerviolence o crust con grupos de pop más bien ñoño.

Y el Donosti sound, con Family, La Buena Vida y todos estos que cantaban en castellano, ¿os influyó?, ¿era un referente?

Igor: Cuando todo eso estaba sucediendo nosotros éramos muy jóvenes todavía. Estábamos en el rollo hardcore, le tenía puesta una equis a ese tipo de música. Eso sí, desde el desconocimiento.

Ekhi: Yo igual. Hasta que empezamos Delorean no llegó el momento de decir «prejuicios musicales fuera» y empezar a escuchar todo tipo de grupos de indie americano. Recuerdo a Teenage Fanclub y otros grupos que no estaban relacionados necesariamente con la subcultura a la que pertenecíamos. También empezamos a escuchar a The Cure y ese tipo de historias. Ahí sí recuerdo interesarme por Family, La Buena Vida y Le Mans, y me gustaron mucho. Pero fue un reconocimiento a posteriori.

Guille: Por mis amigos, yo sí que lo seguí más. Aunque en el momento de explosión, del 93 al 94, estaba en otras cosas.

Ekhi: En el 94 tú tenías trece años y yo tenía once. Hay como una brecha de cinco o seis años.

Igor: Lo descubrimos muchos años después de que ocurriera.

Guille: Yo venía de imaginarios más subterráneos, de la escena hardcore y punk, y me gustó mucho ver a grupos de mi ciudad que me fliparon, que no me lo esperaba de ninguna manera. Sabía de Duncan Dhu, pero nada más. Y de repente esto fue como: «Hostias, qué guay». Era música con producciones muy pobres, pero como talento compositivo  eran superinteresantes.

Os pilló la aparición de internet a una edad perfecta para descubrir cosas que de otra manera… difícil.

Igor: Siempre lo he dicho. Nosotros hemos conocido las dos épocas. Una, en la que tu conocimiento cultural dependía de tu nivel adquisitivo o de los amigos que tuvieras, los que te podían grabar cintas o CD. Me acuerdo de que iba a clase con un tío que conocía a otro que tenía cinco mil CD. Se gastaba todo el sueldo en música. A ese tío, yo le decía que me interesaba alguna cosa, iba a su casa y me la grababa con portada y todo. Hemos conocido esa época y luego la otra, en la que llegó Napster, Audiogalaxy, y que ahí era: ¡Venga, barra libre!

Ekhi: Nosotros hemos empezado a escuchar música leyendo y aprendiéndonos de memoria los catálogos de los sellos discográficos. Como el de Discos del Sur, que era una distribuidora de importación. El catálogo de cada discográfica me lo sabía de memoria.

Igor: Joder, y comprarte discos a ciegas. Algo que hoy día es como impensable.

Ekhi: Recuerdo que una vez fui a una tienda en Donosti con trece años. Tenía dos discos en la mano, uno de Fear Factory y otro de Gamma Ray. Tenía que elegir y me compré el de Gamma Ray.

Igor: ¡¡El malo!! [risas].

Ekhi: Entonces llegué a casa, le quité el envoltorio, lo puse y dije: «Menuda mierda es esto». No era mi rollo, era como un rock clásico, en directo además, con el público haciendo cánticos como de fútbol… Me puse a llorar y le fui a mi padre: «He comprado esto y es una mierda». Era muy grave, que eran dos mil novecientas pelas [risas]. Volví a la tienda y no me lo querían cambiar porque ya le había quitado el plástico. Me lo tuve que tragar. Comprar música tenía mucho de esto.

Y, al tenerla gratis, el gusto evoluciona mucho más rápido.

Igor: Depende mucho de cómo seas. Tengo amigos del pueblo que todavía siguen escuchado solo NOFX. Yo me lo puedo poner diez veces al año, y me flipa, porque igual tiene un componente nostálgico, pero no puedo estar todo el día escuchando eso. Creo que siempre nos hemos caracterizado por ser personas inquietas que hemos evolucionado y chupado de todo tipo de estilos.

Ekhi: Si tienes como vocación investigar, que era nuestro caso, querer saber más, cosas como Soulseek eran una maravilla. Recuerdo esa función de browse folder con la que podías mirar lo que tenía el otro. Generalmente, los usuarios de Soulseek ordenan su discografía, y todavía lo siguen haciendo, en carpetas perfectamente clasificadas. Eso no era lo mismo que escuchar un CD de The Cure que te ha pasado tu colega. Ahí ibas a por discografías completas, o te bajabas lo que no sabías qué era porque decías: «Si este lo tiene será por algo».

Las primeras quinientas copias de vuestro primer disco, Silhouettes, volaron y, sin embargo, no se considera vuestro primer disco.

Igor: Yo no y los demás creo que tampoco. Ni en cuanto a calidad de grabación ni en calidad compositiva, para mí es como una demo. Pero como a los del sello Underhill les molaba el grupo, pues lo quisieron sacar. Y era normal entonces vender quinientas copias. Para mí el grupo empieza en 2003.

Ekhi: Cuando empieza de verdad es en 2004.

Hay dos canciones, «Lonely Robot» y «Just Get Out», que tienen sonido de 8 bits.

Igor: La historia es que un amigo de Unai compró una caja de ritmos, una de la serie Korg Electribe, y le llegaron dos. Se quedó una y la otra la utilizamos en el disco. Como a esa caja le puedes bajar el bitrate, por eso suena en plan 8 bits.

Ahora hay una escena de gente que solo hace música en 8 bits.

Igor: A mí nunca me ha molado. Me puede hacer gracia igual algo, pero siempre me parece como un sonido de broma. No me gustan los 8 bits.

Ekhi: Yo pienso igual.

Hombre, podríais anotaros un tanto.

Igor: No te creas, en la época ya había. Recuerdo bajarme mucho en Audiogalaxy. No obstante, cuando lo hicimos nosotros, estábamos probando la caja, vimos que eso molaba y, sin pensar nada más, tiramos por ahí. En plan: «Esto suena guay». No había ninguna idea oculta.

El que llamáis primer disco es entonces el homónimo con B-Core, el sello de Jordi Llansamà.

Ekhi: Jordi es una de esas figuras que ha sido referencia desde los años ochenta y se merece un reconocimiento. Su libro, Harto de todo, es muy recomendable, guapísimo. Ahí te das cuenta de que hubo una época especial y que Jordi es una voz autorizada para hablar de ella. El disco no sé cómo salió. Empezamos a escuchar new wave, grupos tipo New Order. Vimos que había un cruce entre el house y el pop. Había sintetizadores y todo ese rollo nos molaba mucho. Además, teníamos nuestro background punk, por decirlo de alguna manera, y había muchos grupos que hacían punk con sintetizadores. Grabamos muy rápido, con Santi García, y empezaron a ocurrir cosas; empezamos a tocar en festivales…

Igor: Este disco hizo como clic en la prensa más especializada, como el Rockdelux o Mondo Sonoro, y luego tocamos en el Festimad, que fue importante también. Ahí dimos un salto a otro tipo de circuitos. Dejamos atrás los gaztetxes.

Ekhi: Era muy bonita esa época, también muy punki desde nuestro punto de vista. Recuerdo que en el Festimad, por ejemplo, no quisimos hotel. Compramos una tienda de campaña, estuvimos acampados y tocábamos en el mismo festival. Nuestra actitud era todavía muy poco profesional. Solo éramos profesionales en el sentido de que nos tomábamos muy en serio la música que hacíamos y queríamos obtener resultados. El listón siempre nos lo hemos puesto más bien alto. En eso sí éramos serios, en otras cosas quizá ya no tanto. Entonces era todo muy espontáneo, muy juvenil.

Una canción se llama, en castellano, «Los muertos». ¿Por qué esa letra?

Ekhi: No me acuerdo muy bien. El título sí que hace referencia a un cuento de James Joyce, de la obra Dublineses. Sinceramente, no soy un experto en Joyce, pero siempre he leído. En esa época leí el libro y me gustó mucho. Luego saqué un par de líneas en clave existencial adolescente para la letra, pero nada que me tomase muy en serio.  

Ya empezasteis a viajar.

Igor: Con ese disco nos fuimos a México y tocamos en Alemania muchísimo.

Ekhi: Lo de México sí que fue bestia, porque tocamos para cinco mil personas, eran cantidades que no entendíamos. Pero el resto de giras fueron fundamentalmente en casas okupas. B-Core era un sello que tenía un estatus, digamos, profesional, porque era un sello como Dios manda, pero su circuito era todavía punk y hardcore.

¿Y cómo eran esas casas okupas europeas?

Ekhi: Estaban muy bien organizadas, era un placer ir ahí. No todas, pero muchas tenían subvenciones. No era como aquí, que al ir a una casa okupa te podías encontrar cualquier cosa; ahí, como tenían dinero del Estado, se cuidaban más. Tenías un lugar bueno donde dormir, la comida estaba esperándote cuando llegabas. Recuerdo con mucho cariño esa época porque conocimos mundo y fueron experiencias muy bonitas. Los conciertos los dábamos para poca gente, pero a muerte y siempre salían bien. Dormíamos en casa de gente que no sabías quién era. Era la época en la que, si ibas a casa de alguien, no podías mirar antes el perfil de Facebook. Te presentabas sin móvil, ni GPS, sin hablar alemán y con un inglés muy malo. Era divertido.

Con el EP Metropolitan Death dice La Fonoteca que estabais «mirando descaradamente las pistas de baile».

Ekhi: Claramente, ahí había una intención de sonar a música de baile, no queríamos ser un grupo de punk o un grupo de rock. Lo que pasa es que no hemos sido productores de música de baile. Estábamos ya a medio camino.

Igor: Ahí todavía no empezábamos a componer con los ordenadores.

Ekhi: Sí, eso es clave. No componíamos con el ordenador, y nuestras herramientas eran muy limitadas. Eran una batería, un bajo, una guitarra y un sintetizador, pero no sabíamos secuenciar y ese tipo de cosas.

Y el punto de inflexión fue Ayrton Senna.

Igor: Después de Into the Plateau, el disco de 2006, cambiamos de formación. Tomas lo dejó, entró Guille a tocar y ya habíamos empezado a componer con ordenador y a producir. El tipo de sonido que queríamos conseguir lo teníamos más en mente. El EP de cuatro canciones nos lo sacó Fool House, que era un sello francés del mundo blogger de la época. Era un colectivo de blogueros que tenían un blog conjunto que se llamaba Fluo Kids. Nosotros también abrimos un blog y a través de él conocimos a mucha gente que luego nos la traíamos a pinchar. Seguíamos teniendo el mismo funcionamiento de antes, todo networking. Con Ayrton Senna no sé qué pasó, si es que salió en verano, pero gustó en cuatro sitios importantes, de repente todo se cruzó y empezó a funcionar. Es así de simple y así de complicado.

Ekhi: En esa época nos empezamos a exigir mucho a nivel de producción, algo que no habíamos hecho antes. Ayrton Senna lo habíamos grabado con bajo, batería y guitarra, pero lo deshicimos todo y lo volvimos a grabar con librerías de sonido y con el ordenador. Ahí fuimos muy conscientes de que, si quieres alcanzar cierto nivel profesional, tiene que ir acompañado de subir el listón musical.

Guille: Este EP fue el inicio de la segunda época del grupo. Desaparecieron las guitarras.

Ayrton Senna, otra vez un icono retro, vintage

Ekhi: Sí, es verdad que es un icono, pero en esa época estábamos muy competitivos, entre comillas, en el sentido de que nos estábamos exigiendo mucho. El título conectaba mucho con el espíritu de que teníamos de arriesgar, de ir a por todas. No contentarnos con hacer un disco que le guste a la gente que ya conocíamos, sino al revés.

Igor: Yo estaba muy metido en la Fórmula 1, y un día me leí en la Wikipedia la vida de Ayrton Senna y me hicieron mucha gracia las frases que soltaba, como «el segundo es el primero de los perdedores», un montón de lemas muy grandilocuentes.

Al hacer música electrónica, os han preguntado en muchas entrevistas por la drogadicción.

Guille: Eso se le pregunta siempre a los músicos y creo que se le debería preguntar más a la audiencia. Es la gente que consume esa música la que la conecta con una drogas.

Ekhi: Hay una figura de músico bohemio, que es el que bebe, que se droga, pero no es la mayoritaria. En general, se consume más droga como oyente que como músico. Cuando actúas te puedes tomar un par de copas para desinhibirte un poco, pero siempre quieres dar una buena performance, cosa que no puedes hacer si estás drogado, siempre y cuando tu papel no consista en volverte loco en el escenario. Pero, por lo general, los músicos suelen estar demasiado preocupados por tocar bien como para subir de MDMA a un escenario.

Guille: Componiendo es igual. Hacer una canción lleva muchas horas de trabajo, días. Nadie puede estar hasta las cejas un mes haciendo una canción. En la música, experimentar con las drogas es un cliché de los sesenta que se sigue manteniendo, pero no sé hasta qué punto está vigente como regla.

Ekhi: El acid o la música de baile están vinculadas a una serie de drogas. Parece como que cada género tiene sus drogas que lo acompañan. Es cierto que hay una relación muy estrecha entre escuchar un determinado tipo de música y alguna droga, y eso es innegable, pero es más desde la audiencia, desde el oyente que va a un club y se pone, mientras que los músicos están con una botella de agua. Nosotros nunca hemos usado las drogas, pero hemos bebido. Y parece que a veces da vergüenza admitir que necesitas un par de copas para subir al escenario y expresarte ahí como quieras. No todo el mundo lo necesita, pero hay veces que sí, que ayuda. Muchos músicos se toman un gin-tonic antes de empezar, pero rara vez el músico quiere aparecer en el escenario y hacer el ridículo porque no puede tocar.

Guille: Tenemos muchos amigos que van al Sonar y consumen lo que quieran consumir, pero van desde la experiencia de haber escuchado música todo el año.

Ekhi: Nosotros, en concreto, no somos la figura del músico bohemio. Trabajar en el estudio exige horas, disciplina, toda una serie de cosas que no van de la mano con las drogas.

Con Subiza entráis en la etiqueta de balearic sound. Lo gracioso es que Subiza es un pueblo de Navarra.

Igor: Sí, pero esa era la broma. La palabra se parece a Ibiza. Aunque lo hiciéramos inconscientemente, tiene ese punto de risa.

Ekhi: Tiene un elemento irónico. Subiza e Ibiza. Nosotros no éramos muy de Ibiza y nos encontrábamos en Subiza grabando el disco. Meses ahí, en un pueblo de Navarra que era lo menos balear que te puedas imaginar.

Igor: Estábamos flipados con el rollo balearic, y el disco bebe directamente de ahí, hay mucho piano, hay mucho bongo, hay muchas voces con reverb. Es la suma de todo. Por un lado el disco es super-balearic, pero por otro lado el nombre es un poco mofa.

Ekhi: Tiene muchas referencias balearic, pero como tal no es un disco de género balearic.

Guille: Creo que siempre intentamos que el nombre de los discos apele a una época que nos conecte a los cuatro. Este remite a unos días en los que Igor se flipó con la Fórmula 1 y estábamos todos metidos en Subiza, donde nos pasaron muchas cosas. Salió la reseña de Ayrton Senna en Pitchfork, que nos cambió la vida, se murió Michael Jackson, vimos los documentales de los Beatles. Compartimos vida día y noche.

De todo modos, la etiqueta balearic funcionó muy bien. Antes ya había tenido éxito fuera El Guincho, y luego fuisteis vosotros.

Igor: El Guincho fue clave para abrir la puerta a grupos como nosotros.

Ekhi: La etiqueta balearic se ponía más desde Estados Unidos, porque hoy en día hay sellos de balearic y son británicos y americanos. Entonces, aquello era lo que a ciertos medios americanos les evocaba el Mediterráneo, España y Barcelona, que a todos les sonaba como muy exótico y atractivo.

Igor: Era como playa, piano y buen tiempo. Lo metía todo dentro de eso. Y funciona. Evocaba un mundo que a los americanos les encantaba.

En rateyourmusic, donde los usuarios dejan reseñas, las menciones a Animal Collective a propósito de este disco son obsesivas. Unos dicen que se parece demasiado, otros que si Subiza fuese de Animal Collective sería su mejor disco.

Ekhi: En esa época Animal Collective  también fue muy influyente para nosotros, sobre todo el sonido de la voz.

Guille: Me acuerdo de que cuando estaban los Strokes y luego salieron los Libertines parecía que eran lo mismo, y, pasados unos años, uno solo encuentra diferencias. Lo que pasa es que en el momento inicial en el que coinciden no tienes tantas referencias para comparar y lo más similar parece muy igual. No me estoy defendiendo, a mí me flipan Animal Collective, pero si escucho un disco de ellos ya no veo similitudes con nosotros, más allá de las armonías tipo Beach Boys, alegres y tal, pero poco más. Han pasado tantas cosas en el mundo del sampleo en los siguientes ocho o diez años que…

Ekhi: Si lo coges en términos estrictamente musicales, ni nuestros beats, ni los pianos, ni los acordes se parecen a un disco de Animal Collective. Tiene un aire el sonido, que entonces era el sonido de la época, pero igual que ocurría en el 85, que todos los discos sonaban igual, porque los productores eran más o menos los mismos.

Igor: Sí nos ayudó con la producción. Ahí pillamos cosas que nos gustaban, sobre todo del Panda Bear, pero ahora, no es por ir de sobrado, pero para mí, con el tiempo, creo que nuestro disco envejece mejor. Hace poco escuché el Merriweather Post Pavilion, que para mí era el mejor disco de la historia y para la gente también, lo pones ahora y ha envejecido supermal.

Guille: Me acuerdo de que en esa época nos fijamos mucho en el disco de Kanye West, Graduation, en cómo sonaban los sintetizadores y la voz. Todos esos trucos de producción, que en Subiza vienen más de la música de baile y el hip-hop que de otra cosa.

Ekhi: A mí lo que me gusta de Subiza es que es muy rico en referencias musicales. La gente quizá hace la referencia fácil a Animal Collective, pero hay de todo. Y lo que más me gusta es que se hayan mezclado tantos géneros en un disco de indie pop, que así se le pueda llamar, y que todo tenga más o menos sentido.

A partir de ahí, iniciasteis una relación especial con Nueva York.

Igor: Íbamos muchísimo, en 2010 tocamos dieciséis veces. En Estados Unidos funciona así, tú vas a un sitio, tocas en un club pequeño, lo llenas, luego tocas en uno más grande, funciona, y entonces te llevan a tocar a otro más grande, y así sucesivamente.

Ekhi: Nuestro primer sold out fue en Pianos, con ciento cincuenta personas, y pasamos a tocar en uno de trescientas. Era como exponencial. Después de todo, creo que lo máximo que vendimos fueron mil ciento y pico tickets en dos salas de quinientas y seiscientas cincuenta personas.

¿No había chovinismo en Nueva York?, ¿recelo con un grupo llegado de España?

Ekhi: No, de hecho, nos venía bien el origen español. En Estados Unidos, y sobre todo en Nueva York, los grupos que veníamos de España, y de Barcelona en concreto, éramos cool. Algo que, por ejemplo, en Inglaterra no notaba. También nos han tratado bien en Inglaterra, pero es más frío, y en Nueva York nos recibían siempre con los brazos abiertos.

Igual en Inglaterra era más como venderle hielo a los esquimales.

Ekhi: Quizá no les parecía tan especial. Además, lo español a nivel cultural en Inglaterra tiene otra serie de connotaciones que no hay en Estados Unidos. Nueva York la sentía muy cercana y nuestro sello era de allí.

Guille: A Nueva York no llegamos de la nada, encajamos en un imaginario que se estaba desarrollando allí también con nuestro sello y otros grupos.

En un concierto vuestro estuvo Justin Timberlake.

Guille: Y Bill Murray. Siempre decimos que Bill Murray nos vio a nosotros pero nosotros a él no. Solo sabemos que estuvo, pero a saber cuánto tiempo. Fue en el South by Southwest, el Festival de Cine independiente de Austin, que tiene un componente muy informal, está todo abierto, en la calle y en los bares. El festival acapara la vida de toda la ciudad. Hay actuaciones y a los actores se les ve por ahí entrando y saliendo.

En 2013, en vuestro disco Apar, la nota de prensa decía que las letras hablaban de la inestabilidad del amor en el mundo, sobre «la contradicción entre ser finitos y comprometernos incondicionalmente». ¿Esto qué es?

Ekhi: La idea básica es la de cómo sostienes un compromiso de forma incondicional. Nosotros somos seres finitos, estamos expuestos a mil devenires. Vas y vienes, pero hay relaciones que exigen de ti cierta incondicionalidad o tú decides que pones ciertos límites a partir de los cuales no puedes negociar o relativizar. En el fondo, es el problema típico de la tragedia griega. Es cierto que quizá esta incondicionalidad no sea del todo real, y, siéndote sincero, ya no me siento cómodo en ese tipo de planteamientos trágicos. Pero, bueno, de eso tratan las letras del Apar. En la portada, lo que hay de fondo son dos cruces que están siendo arrojadas al mar. En esa época justo estalló el 15M y, personalmente, estuve muy implicado. Vi mucho de esto de lo que hablo en el 15M, en el sentido de que las protestas giraban en torno a la dignidad, que es justo lo contrario al precio, y por tanto a lo negociable. Había allí mucho vínculo personal que se quería defender de forma incondicional o ante determinadas situaciones de violencia económica y política. Es como si las reivindicaciones políticas tuvieran un contenido ético muy fuerte. En mi cabeza ambos fenómenos convergían y me parecía que tenían alguna relación.

Esa portada es un homenaje a Jorge Oteiza.

Ekhi: Más que un homenaje es una apropiación; Jorge Oteiza, cuando se murió su mujer, diseñó una doble cruz para la lápida. Oteiza es un escultor, el más importante escultor vasco junto con Chillida. Posiblemente, el artista más importante de Euskadi y, si me apuras, es una de las figuras escultóricas más importantes a nivel mundial. Cuando se murió su mujer, la enterró, y, en lugar de poner una cruz para ella y otra para él, las unió con una barra horizontal. Es el clásico gesto de amor incondicional entre dos personas. Un compromiso que porque es infinito va más allá de la muerte. De eso creo que va ese disco. Aunque repito, ahora no me siento cómodo con ese tipo de lecturas trágicas de las relaciones, porque al final son muy poco libres. Para la portada construimos nosotros unas cruces de madera muy bonitas.

Era la primera vez que tocabais tierra haciendo una referencia a algo local.

Ekhi: Sí, porque la palabra apar significa espuma. La espuma que ves en las rocas, que se desvanece. Las cosas se deshacen cuando son espumosas. El concepto del disco entraba en contraste con esa idea de la espuma.

Habéis mencionado que ese disco no vendió mucho, pero que os sorprende que haya canciones que son muy populares a día de hoy.

Igor: «Destitute Time», nuestra segunda canción más popular después de «Deli».

Guille: Hasta Subiza giramos muchísimo, y con Apar ya no. Entiendo que no satisficiera las expectativas de la gente que venía de Subiza, porque pegaba un volantazo tras lo que habíamos presentado hasta entonces. En las giras que hicimos por Estados Unidos y demás no sentimos un revuelo mediático como el que pudimos encontrar antes, pero en cuanto a cifras de escuchas o de asistencia a los conciertos nos fue muy bien en Los Ángeles y en San Francisco. Fue un momento dulce, aun sin sentir esa especie de energía mediática de que estás en primera plana.

Ekhi: Los medios nos dieron la espalda porque, al final, en la prensa hay ciertas tendencias. Los periodistas se ponen de acuerdo en que les gusta una cosa y, si tú haces un quiebro, te sales de la línea a seguir y te desconectas de la prensa. A veces no, a veces hay cambios que son celebrados. De todos modos, en directo seguíamos conectando con el público.

Habéis recorrido el mundo tocando. Además de Estados Unidos, también Rusia, Etiopía, China…

Ekhi: En Rusia ya estuvimos en la época de B-Core con una fiesta que montábamos que se llamaba Desparrame. Pinchábamos música que entonces no se escuchaba en Barcelona, que estaba dominada por el house y el tecno. No se oía hip-hop o Baltimore house, géneros que nos interesaban a nosotros. Entonces nos fuimos a Rusia con el pack completo, nosotros, la fiesta y The Requesters, que era el grupo de un amigo. Lo de Etiopía fue a través de un amigo que trabajaba en la embajada. Siempre solían llevar cantautores, artistas de flamenco y tal, y propusieron que fuéramos nosotros. Fue una experiencia muy guapa.

¿Y qué tal China?

Guille: Mal [risas]. China muy bien, pero no hubo concierto. Llegamos allí con todo el equipo, porque conectábamos fechas y luego nos íbamos a Australia y Japón. Entonces en el aeropuerto nos vinieron los del control hablando en chino. No sabíamos muy bien lo que estaba pasando, tampoco nos alertamos mucho, pero de repente vimos que nuestro equipo se iba yendo, se iba yendo, hasta estar a lo lejos en un ascensor. Cuando nos quisimos dar cuenta, nos habían confiscado todo. Nos dijeron que podíamos entrar en el país sin ningún problema, pero no podíamos introducir nuestros instrumentos. Como somos un grupo de electrónica, no nos bastaba con conseguir una guitarra y una batería. En el equipo había un montón de archivos con nuestro sonidos. Sin eso no podíamos tocar.  

Igor: El festival al que íbamos lo pagaba Intel. Dijeron que no hacía falta un visado de trabajo porque era una empresa americana, no nos pagaba China. Pero no. Era mentira.

Guille: En el festival tocaban también Mayor Lazer, pero ellos no tuvieron problemas. Nosotros dimos con el funcionario que te puede arruinar una actuación. Al final pinchamos e hicimos un DJ set en ese rato.

Ekhi: Esos años fueron un flipe. Somos muy afortunados de haberlo vivido. Viajamos mucho y conocimos a mucha gente, pero cuando vives algo así tampoco quieres que dure para toda la vida. Llega un momento en el que te quemas. Girar es duro. Cuando lo pones en Instagram o lo cuentas en la red, todo es muy bonito, porque estás por Australia, pero igual querrías estar en Barcelona. Muchas veces te pasa eso. No son vacaciones.

Tres años después llegó Muzik, un disco en el que se apartan los ordenadores y os centráis en sintetizadores reales.

Igor: Al final todo lo pasamos por ordenador, pero sí que es verdad que hubo mucho proceso externo, analógico. Casi todos los sintetizadores son externos, no son del ordenador. Lo hicimos sobre todo por sonoridad. Hoy por hoy, yo no sé crear el sonido de un sintetizador analógico en un ordenador. Hay gente que sí lo hace, yo no. Me fío más de un sintetizador analógico, que es más fácil y suena perfecto.

Vuestro último disco es el que se sale de toda la norma: Mikel Laboa.

Ekhi: Mikel Laboa era un cantautor de la nueva canción vasca. Componía sus propias canciones en clave folk y en euskera, y a la vez trataba de recuperar la tradición popular musical vasca. Tenía esas dos vertientes. Compuso unas de las canciones más famosas de Euskadi; canciones que cualquier vasco canta porque las conoce, se cantan en familia y entre amigos. Se han cantado hasta en estadios de fútbol. Al mismo tiempo, era un artista experimental, en realidad. Tiene lo que se llama lekeitoak, donde no canta palabras, emite voces y sonidos. Para nuestro disco hemos escogido una canción que adaptaba un poema de Bertolt Brecht. Un poema muy socialista, pero que ahora tiene mucha actualidad en algunos detalles. También cogimos canciones de amor, muy poéticas, y ejercicios onomatopéyicos con el idioma, que es algo que Mikel hacía mucho. Jugaba con la sonoridad del italiano, del portugués o del mexicano para cantar en esas lenguas sin hablarlas. Es muy interesante.

¿Cómo se ha recibido un proyecto así fuera de España? ¿Y en España?

Ekhi: De momento fuera de España no se ha reseñado mucho, pero las reseñas al nivel estatal, o sea, en España, han ido muy bien.

Igor: Queremos dejar claro que es un disco que, para mí, está entre los mejores que hemos hecho. Estoy muy orgulloso y me gustaría que la gente no le tuviera miedo porque sea en euskera o porque se trate de versiones de un cantautor. Sigue siendo un disco de electrónica experimental para todos los públicos. El otro día me leí una reseña que me flipó, creo que era la de El Mundo, que decía que en realidad este disco no es ninguna cosa rara ni es un disco menor, ni que nos hemos ido a por otro público.

Guille: Que hayamos hecho esto explica lo que ha sido siempre Delorean. No somos el grupo más arriesgado del mundo, pero de disco a disco siempre hemos dado giros hacia un lugar diferente. No tenemos una dirección definida, un destino concreto. Vamos acercándonos a las cosas que nos interesan sin miedo. No tratamos de satisfacer a ninguna audiencia, solo sentirnos cómodos con estas canciones, conscientes de que merecen un respeto, pero con libertad para hacer lo que nos viniese en mente.

¿Qué tal lo de recuperar sus voces? Triana, por ejemplo, recibió muchas críticas por no dejar en un armario las grabaciones de Jesús de la Rosa y ponerles música.

Ekhi: Nunca lo había mirado así. La voz que queda registrada es un trozo de audio que está ahí con el que si quieres puedes trabajar y obtener cosas. Toda la música basada en sampleos, cuando coge material antiguo, tiene una cantidad de muertos tocando…

Guille: Como las risas de las series. Cuando ves una sitcom antigua, suenan las risas enlatadas de gente muerta también. Esta no es una cuestión de vivos o muertos. Entiendo que desde la perspectiva de un fan, cuando ve que se muere el frontman de un grupo, le puede sentar mal que el resto del grupo estire el chicle de alguna manera. Pero eso se puede hacer desde la perspectiva más honesta del mundo por mantener el legado.

Ekhi: Este disco nos ha servido para entender quién es Mikel Laboa, que es un artista muy serio, con una profundidad muy grande y que no hacía las cosas por hacer.

Se dice que es un cliché que los grupos de indie en un momento dado de repente intenten volver a la raíz, a lo folk, sin embargo, con Mikel es volver a la vanguardia.

Igor: Para mí el cliché sería si hiciéramos el Subiza de nuevo, eso sería lo ridículo.

Guille: Para nosotros es un viaje hacia delante totalmente.

¿Qué posición tenéis en el conflicto de los samples y los derechos de autor?

Igor: Hace diez años igual tenía una posición diferente. Ahora creo que si has hecho una canción y vives de eso, si llega alguien y samplea tu canción, pues que te den un 25% si sale en un anuncio o algo así, pero no creo que tengas derecho al 100%. Para mí, el sampling es una autoría compartida. Depende de lo que se tome, si es el estribillo igual te tendrían que dar el 50% o el 75%, pero lo que hay que hacer es llegar a acuerdos. No veo nada malo en ello.

Ekhi: Antes el que grababa, aunque hiciera rhythm and blues, unos patrones musicales muy concretos que no son de nadie, que son comunes, se quedaba con todo. Con el sampling, una cosa es el aspecto jurídico, se ha de llegar a acuerdos, como dice Igor. Pero, en lo musical, no está tan claro de quién es la canción. Porque un disco de Kanye West es un disco de Kanye West, pero ahí te encuentras a Steely Dan y no precisamente en detalles concretos, sino en estribillos, en leads, en hooks… En cosas muy importantes.

Igor: Luego, es verdad que si sampleas un éxito de hace veinte años tienes bastantes probabilidades de que tú canción vaya a ser un éxito, porque hace veinte ya lo fue. Daft Punk son el máximo exponente de eso.

Guille: Pero si alguien ha registrado una canción que ha producido él y tú la estás utilizando, entiendo que ahí…

Ekhi: Jurídicamente se tiene que adaptar. Si la industria hoy se basa en una técnica en la cual la autoría no queda clara, los marcos jurídicos se tienen que adaptar. No puede ser que porque samplees una fracción de audio mínima puedas tener un problema. Hay que adaptar la ley a esta realidad, lo cual no quiere decir que todo sea de todos.

Guille: Imagina que cuando alguien saca un sonido en un software, un sintetizador, te exija un canon si lo usas en una composición. Podría ser perfectamente normal pagar al que ha diseñado el sonido, pero no ocurre.

Ekhi: Tiene que haber cierta libertad ahí. A mí me parece algo maravilloso que Steely Dan vuelva a sonar por una canción de Kanye West y que sea un autentico éxito, es una maravilla. Y eso se da así porque existe el sampling. Y el sampling por definición va contra los derechos de autor.

Guille: El sampling es una técnica que viene de hace ya cuarenta o cincuenta años. Lo que ocurre es que internet lo ha disparado porque puedes escuchar la hostia de música. Si tú quieres hacer una canción que suene como otra, tiene más sentido tomarlo directamente que ponerse a tocar la guitarra y hacerlo igual. En los noventa se replicaban muchísimos arreglos de pop de los sesenta. Creo que es mejor coger directamente el cacho que te gusta y ya está. Es absurdo grabar otra vez.

Ekhi: Hay sampleos más originales y más ricos que algunas canciones que no samplean y, sin embargo, son copias baratas de otras canciones.

Guille: A mí me parece todo un talento saber escoger buenos sampleos, me parece dificilísimo.

Guille: En el futuro va estar claro, con todas las herramientas que puedan leer la canción y saber si has utilizado algo o no. Harás una canción, la pasaras por una aplicación y te dirá: «Hay 30% de este y 20% del otro», y cada uno cobrará lo que tenga que cobrar. Lo que no puede ser es que, porque uses algo, el que lo hizo quiera el 100%. Estamos rodeados de inventos de peña que no cobran un duro por lo que hacemos con ellos.

Igor: Yo soy partidario de no pagar nada y repartir luego derechos. Si una canción ha generado dos mil euros, pues quinientos euros para ti.

Guille: Lo que no puede ser es que el punto de partida para un chaval sea pagar no sé cuánto por usar un sampleo.

¿Por qué acabasteis en Barcelona?

Igor: Básicamente, por estudios y por novias. Nunca hemos venido aquí porque fuese lo mejor para el grupo o para relacionarnos con la escena. Siempre hemos dicho que hoy en día, con internet, el grupo lo puedes montar en un caserío. Ekhi vino primero a estudiar Filosofía y Unai vino porque creo que estaba harto de Zarautz.

Guille: Yo vine para estudiar y trabajar.

Os preguntaron por la situación política en Cataluña y contestasteis que «siendo vascos en Cataluña, se podía intuir». ¿Qué se podía intuir?

Guille: Cualquiera lo puede intuir.

Ekhi: A ver, con este tema lo que decimos es que como grupo no tenemos una posición clara, no podríamos hablar como grupo, como Delorean. Podemos hablar como Guillermo, Igor y Ekhi. Nos hicieron la pregunta y tal vez sea una manera de decir que no quieres ser muy explícito al respecto…

Igor: Como grupo no tenemos una opinión sólida. Sí que podemos decir cada uno su opinión.

Adelante.

Ekhi: Lo que pienso se puede resumir en que la demanda del referéndum es legítima y ya está. Yo lo dejaría ahí. Pedir un referéndum, Ekhi Lopetegi cree que es legítimo.

Dejáis atrás Euskadi cuando se tranquiliza y venís a Cataluña cuando se lía.

Ekhi: Aquí, de pronto, se notaba mucho miedo en el ambiente. Hay quien ha usado esa carta del miedo y ha cerrado filas. Para mí, las últimas elecciones se dieron en virtud del miedo y ahí ya no estás expresándote políticamente. Expresarte políticamente para mí significa afirmarte tú en tus convicciones de manera libre, pero cuando votas en virtud del miedo, entonces ahí estás renunciando a la dimensión política, por afirmativa, de la existencia. Eso a mí me pareció una pena. Y el panorama que se queda ahora me parece más oscuro que antes. El Estado ha mostrado su cara más autoritaria y parece que la unidad territorial de España no sea objeto de discusión, cosa que no entiendo, porque toda comunidad es una asociación libre de individuos o comunidades. Por lo demás, no tengo clara mi postura acerca de la independencia, pero me siento muy cercano al desbordamiento del 3 de octubre, después de las cargas del 1-O, que fue un levantamiento popular que hay que tomar en serio.

A todo lo que ha sido la escena indie se le está haciendo una enmienda a la totalidad, generalmente por parte de gente que viene de esa misma escena.

Guille: Chirría que la gente que casualmente más ha protagonizado la escena independiente sea la que intente revelar ahora que no tuvo tanto valor. La escena independiente, desde los años noventa, siempre ha sido muy, muy pequeña. Los que surgieron en los noventa eran cuatro. Ahora dan para que se escriban libros sobre ellos porque tuvieron mucha influencia, ya que son por lo general una serie de grupos que han aguantado el paso del tiempo. Pero, en su época, la música que triunfaba era otra. No fue una escena que naciera conectada con un contexto concreto ni con nada, solo se basaba en inquietudes de la gente.  

Ekhi: La música indie es hiperestética y apolítica. Nace de adolescentes que se sienten completamente desapegados de la realidad, que viven en mundos estéticos musicales. Pero nos hemos encontrado con que los que guiaban el gusto de esa gente, los creadores de opinión, han cambiado de idea y, en lugar de llevarlo con humildad, han visto la luz. Creo que deberían plantearse si están autorizados a hablar del tema.

Guille: Nadie se ha tomado tan en serio la escena indie como la prensa. No creo que haya ni un solo músico que siga perteneciendo a la escena indie que se haya tomado a sí mismo tan en serio como ha podido tomar la prensa a ese artista. Es la prensa la que creó las etiquetas, esa visión conjunta, como el Donosti sound, detrás del cual en realidad solo había diez personas.

Ekhi: Todo respondía a una época determinada que no era tan crítica en los aspectos socioeconómicos. Cuando luego llega la crisis de 2008 se le han visto las costuras a ese tipo de música. En ese sentido sí que es cierto, y yo lo celebro, que hay gente que se ha dado cuenta de eso, pero también es cierto que una cosa es el mundo de la prensa y la otra el mundo de los músicos. Aunque no lo digan abiertamente, los músicos tienen posturas políticas muy fuertes.

Guille: La palabra indie suena muy diferente en 2018 que en 1998. Lo que la gente hoy entiende por indie se mueve en otro imaginario y al final se ha confundido todo. Se han buscando culpables por algo que no creo yo que haya sido tan grave.   

Ekhi: Quizá no ha sido tan relevante, pero la música hay que pasarla por ese filtro, por una lectura de género, política, económica… lo que quieras, pero también hay que leer así la música.

Muchos grupos españoles de hace años cantaban en inglés porque, entre otros motivos, aspiraban a triunfar en el mundo anglosajón, no en España. No solía suceder nunca, pero vosotros sois de los pocos que lo han logrado.

Ekhi: Si yo ahora empezara el grupo de nuevo quizá no cantaría en inglés, pero en aquella época para mí tuvo sentido. La música en euskera, el rock en euskera, tenía unas connotaciones muy claras con las que yo no me quería mezclar. La música en castellano, por su parte, en Euskadi sonaba a todo lo contrario, a radiofórmula, a Los 40 principales. Un mundo en el que tampoco nos veíamos. En la escena hardcore y punk veías a muchos grupos belgas, holandeses, escandinavos y alemanes que usaban el inglés. Era un lugar, una tierra de nadie, en la que nos sentíamos muy cómodos. Además, la música que escuchábamos era anglosajona. Todo empezó así, con una mezcla de referencias musicales, fonética, familiaridad con la voz. Ese terreno ahora parece neutro, pero en aquella época no lo era. Por eso salió así, pero hoy en día yo quizá no tomaría la misma decisión.

¿Qué harías hoy en día?

Ekhi: Intentaría cantar en euskera o en castellano. Como cantante, me he dado cuenta con los años de que la relación con lo que cantas es mucho más personal si es en tu lengua. No me creo de la misma manera lo que canto en castellano que lo que canto en inglés. Pero, bueno, Delorean surgió así y no me voy a flagelar. En cierto sentido fue espontáneo y tuvo su lógica.

Igor: Fue muy espontáneo. El cien por cien de la música que escuchábamos era en inglés, eso te empuja a cantar en inglés. Ahora el 90% de la música que escuchas es en castellano, pues se canta más en castellano. Ahora esto es lo normal, entonces lo otro era lo normal.

Ekhi: Sí, pero como cantante hay un montón de cosas, la relación que tienes con las palabras no es la misma.

Igor: En cuanto a vocabulario, sí, es imposible tener el mismo vocabulario guay sin ser autóctono.

Ekhi: Exacto. Yo, por ejemplo, cuando he trabajado con hablantes de inglés nativos me he dado cuenta de que mi nivel expresivo era pobre. No tienes ni idea de las posibilidades de los giros lingüísticos, de las metáforas. Nosotros hemos tenido un buen inglés y no hemos dado el cante, pero había muchas limitaciones. Yo ahora, a alguien que empieza, le recomendaría que lo hiciera en castellano o en su idioma, el que sea.

Lleváis en Cataluña quince años; ¿y en catalán?

Ekhi: Yo lo hablo, lo hablamos todos más o menos bien.

¿Y cantarías?

Ekhi: No, yo pienso en euskera, que es nuestra lengua materna. Personalmente, tengo una relación muy íntima con ese idioma. Cada idioma tiene un lugar en tu vida, el euskera es el idioma de la familia, de la intimidad. También probaría en castellano y también puede haber híbridos. Nosotros al final somos bilingües de castellano y vasco. El castellano es el idioma que más hablo.

Guille: Y lo de trascender fuera por el idioma es relativo. El Guincho lo hizo con un disco en castellano. Hagas lo que hagas tiene que ser creíble y honesto. En Estados Unidos tanto nosotros como El Guincho fuimos creíbles porque no éramos un grupo de balearic que viniese de Estocolmo, que también los hay. Nosotros les cuajábamos. Al final lo que hagas tiene que conectar con el resto de cosas que hagas en tu vida.

¿Tenéis un sello propio porque se ha hundido la industria?

Guille: Después de la última experiencia discográfica, nos parecía un paso natural. Conocemos muchos aspectos de la industria, hemos aprendido mucho por medio de prueba y error. El último disco lo queríamos afrontar de forma muy cercana. Tener el control. Una relación directa con todo el proceso, en un sello hay muchas subcontratas para realizar todas las labores.

Ekhi: Un sello te da una exposición que tú no puedes conseguir. Se dedican a proyectar tu música, pero el sello no es una condición sin la cual no puedes hacer nada.  

Igor: También te dan credenciales. Si, por ejemplo, estás en 4AD, te respetan, aunque no gustes.

¿Solo hay dinero en el directo?

Igor: Siempre fue así. Cuando nosotros empezamos fue cuando la industria se fue a la mierda. En este grupo siempre hemos vivido en la realidad de que vender discos es algo de la prehistoria. Ahora está volviendo un poco, parece que la industria musical ha retomado el control que perdió hace unos años. Todo el mundo, lo quieras o no, paga una suscripción de Spotify. A final han conseguido que la gente pague.

Ekhi: La industria no ha desaparecido, se ha transformado. Se ha recompuesto.

Emplea a menos gente.

Ekhi: Sí, pero mueve mucho dinero.

Guille: No sé si tanto o más dinero que antes.

Igor: Leí el otro día en un artículo que, a este paso, en 2019 la industria va a generar tanto dinero como en la época dorada del CD.

Guille: Ahora han surgido un montón de negocios paralelos. Antes no había esta cantidad de festivales, ni las marcas sentían esa necesidad de implicarse con la música. Hasta las marcas de zapatillas tienen sus listas de Spotify. Sigue habiendo industria, pero con otra forma.

¿El reparto es más equitativo?

Igor: No. Sigue siendo igual.

Guille: Hay otro modelo, más empresas o más marcas, pero eso no significa que haya un reparto más equitativo.

Ekhi: Han vuelto los intermediarios. El músico no es más rico ahora que antes. Eso de la democratización de la música… Los contratos siguen siendo muy desfavorables para el músico, que se cree todo lo que le dice el sello que le tiende la mano. Los inicios de las carreras de los músicos son siempre un desastre.

Igor: Nos quieren vender esa moto. Te venden que todo el mundo puede triunfar. Nosotros con nuestro sello, con las canciones cien por cien nuestras, nos lo llevamos todo. Pero en un sello las condiciones son las mismas que en la época del CD. Tú, de equis streaming, te vas a llevar cero coma cero cero cero algo.

Decía Suso Saíz en su entrevista que ahora se componen canciones orientadas a los treinta segundos de estribillo que vas a soltar en tu aparición en un festival, que suenan igual los bombos de todos los grupos para el momento en el que todo el mundo levanta los brazos…

Igor: Al final ya sabes lo que va a funcionar en un festival. No lo haces conscientemente, pero sabes que, si tocas una canción determinada, la gente se emociona. O si tocas el bombo de determinada manera, la gente se viene arriba. Son trucos. Se han hecho toda la vida. Los Beatles, cuando estaban tocando fatal, si veían que no llegaban a las armonías las dejaban y gritaban: «Vamos, peña», y todo el mundo se venía arriba.

Ekhi: Pero nosotros no nos regimos mucho por eso.

Guille: Si hay un equipo de sonido con unos vatios, en un festival tampoco vas a coger, sacar la guitarra española y ponerte a silbar. Es lógico adaptarse.

Sois un grupo normal, que hace música para que guste, vaya, que proviene de un lugar normal, con unas vidas normales. Es… bastante anormal. Con lo que vende en la música ser torturaditos, o tener una historia épica detrás.

Igor: Yo no sé si es que me estoy haciendo mayor, pero estoy en contra de la mitificación de la música. Todo son patrañas que te crees cuando tienes veinticinco, pero luego, tío, da igual. Mitificamos a los músicos, pero es un trabajo como otro cualquiera.

Ekhi: La música tiene una dimensión muy prosaica y nosotros hemos mostrado eso, pero para mí hacer música no es lo mismo que trabajar como tornero. Cuando tú cantas estás poniendo algo de ti que no lo pone el que corta madera, aunque haya que tener también arte para hacerlo. Como músico tú te expones. Eso es excepcional, no es normal del todo. Hay gente que cuando canta tiene una necesidad…

Igor: ¡De aliviar su dolor! [Risas]

Ekhi: Nos reímos, pero es eso. La mayoría de las canciones son de amor o desamor. Tienen una relación con el mundo afectivo. Un factor emocional, no vienen de un señor con un café con leche ahí componiendo en una oficina. ¿Y la gente que llora escuchado una canción? Eso es real, no es inventado.

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4 comentarios

  1. Astra Can

    La soledad del corredor de fondo … Únicos!!! Grandes !!!

  2. iskander

    Si alguno de los tres tipos que ilustran este artículo, imagino que los componentes de la banda, acaba en los telediarios por haberse descubierto en su desván restos humanos, nadie podrá decir que no tenía pinta.

  3. Ignatius J Reilly

    por curiosidad, lo de no preguntar por el “secuestro virtual” en DF ha sido cosa del periodista? o de la banda?

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