¿Existe la gran novela española?

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Algunos ejemplares en la BNE. Fotografía: Guadalupe de la Vallina.

Mal que les pese a muchos, el Quijote, que aglutina en este escueto lema la primera y segunda parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y todos sus títulos, fue una gran novela. Y lo sigue siendo. El problema que tiene la obra de Miguel de Cervantes Saavedra es que nos obligan a leerla en lugar de dejar que nos acerquemos a ella. Un libro que está en todas las bibliotecas de las casas, que acumula años de polvo e indiferencia, sorprendería descubrir que aún algunos incansables e insensatos lectores se acercan al volumen por propia voluntad y lo disfrutan.

La grandeza del Quijote reside en su concepción de la novela moderna: no solo por el desarrollo de personajes, por la inclusión de los magníficos diálogos, sino también por la metaliteratura que establece; la confusión entre ficción y realidad. Es una novela compleja, no vamos a negarlo, pero también se encuentra llena de humor y aventuras. Si le perdemos el miedo, es una gran novela. Pero estableció un precedente, una larga sombra, que el resto de literatos españoles aspiran a superar. ¿Se conoce, literariamente hablando, a España solo por esta novela de caballerías? ¿Se ha superado al Quijote como la gran novela española?

A riesgo de establecer polémica, aventuramos las novelas que podrían llegar a ese injusto pódium. Pero, antes, ¿qué tiene que tener la gran novela española? Lamentablemente establecer algunas reglas, siempre subjetivas, eliminará a grandes autores que ha dado nuestra literatura. Pero atenderemos aquí a la obra, y no al artista. Por otro lado, España, su gente y sus costumbres, deberán reflejarse; pues toda obra que se precie tiene una pequeña parte de crónica del escenario en que se publicó. Esto eliminará algunos géneros puros, como la fantasía o la ciencia ficción, que, mereciendo todas las alabanzas y los respetos, se alejan del objeto de estudio. La subjetividad, de nuevo, será nuestra mejor aliada en esta andanza. Nadie pretende negarlo. Hay más talento literario en nuestro país del que somos conscientes y toda lista, todo estudio, resultará injusto. Pero por algún lugar deberemos arrancar.

La Regenta, Leopoldo Alas, Clarín

Tendremos que dar un gran salto en el tiempo desde los años del Quijote, dejándonos en el camino a estupendos dramaturgos y grandes poetas y poetisas, para encontrar una novela que se adapte a nuestras reglas internas. Y La Regenta nos sirve como punto de partida. Si hablamos de sociedad, tanto burguesa como humilde, de costumbrismo social, hablamos de esta obra, enmarcada en un naturalismo y realismo que marcarían la novela del siglo XIX. Publicada entre 1884 y 1885 en dos volúmenes, nos narra la vida de Ana Ozores en Vetusta y, con ello, la compleja vida de la mujer en una España atada a la costumbre, a la religión y la vida burguesa. Si por algo entra La Regenta en este canon es por reflejar la sociedad de su época con la obsesión de un retrato, pero también por tratar la inquietud, el dolor y los anhelos de la mitad ignorada de la población: la mujer. En Vetusta, escenario de la historia donde circulan más de un centenar de personajes, se dan cita prácticamente todos los estamentos de la sociedad española, con sus virtudes y sus bajezas; con sus secretos y sus devaneos. Una crítica a la sociedad de provincias, pero también una crónica de la vida del siglo XIX; una fotografía de una España que pugna, por un lado, por el cambio y, por el otro, por el conformismo.

Fortunata y Jacinta, Benito Pérez Galdós

Quizás influenciado, y quién sabe si sanamente envidioso, por el éxito de su amigo Clarín, solo dos años más tarde, en 1887, publicaría Galdós esta Fortunata y Jacinta, cuyo marco es el Madrid de finales del XIX, y cuyos temas podrían aglutinarse en el amor no correspondido, la amistad, la lucha de clases, las apariencias y la maternidad. De nuevo, el feminismo, aunque narrado por hombres y algo rancio, en pañales, pero las mujeres vuelven a ser motor de esta novela que es considerada por la crítica como la mejor del autor.

Lo que tienen en común estas dos novelas para un lector de ahora, signifique eso lo que signifique, es la aridez de su prosa. No vamos a negarlo: son novelas a las que enfrentarse con mosquete, pero no hay mejor reflejo de una época, en una, de la vida en la capital, en otra, de la vida en las provincias. Ambas, y vamos a hablar de ellas como dos caras de una misma moneda, siguen una máxima que ahora se repite con obsesión en la literatura contemporánea: escribe sobre lo que conoces. Tanto La Regenta como Fortunata y Jacinta son obras de realismo, naturalismo, de hecho, que retratan los estamentos sociales con sus bajezas, pero también la nobleza de un país cuya constante a lo largo de la historia es la lucha por aceptarse a sí mismo: a sus gentes, a sus costumbres, a su pasado e incluso a su futuro. Otra de estas obras que nos imponen en los institutos y a la que acercarnos sin miedo.

La lucha por la vida, Pío Baroja

La primera trampa, y quizás no la última, en la que vamos a caer en esta reflexión. La lucha por la vida es una saga, no una sola novela, aunque puede considerarse casi una obra única. Está compuesta por las novelas La busca, Mala hierba y Aurora roja. Publicada en 1904 y ambientada en Madrid, lo que diferencia a esta de la obra de Galdós es su atención a los bajos fondos de la capital en los inicios del siglo XX. Protagonizada esta trilogía por Manuel Alcázar, se nos narra el ascenso y caída de un personaje que llega a la ciudad de niño y se abre camino como las ratas: aliándose con delincuentes y cayendo a lo más bajo de la sociedad. La pobreza es el gran tema, aunque también la esperanza, quizás la más cruel de las pasiones humanas.

Como un Dickens español, Baroja escribe desde la amargura, desde la tristeza del que no tiene qué comer, del que lucha por vivir aunque la vida le tumbe a cada golpe. El desarrollo del personaje es lo que hace que esta obra de Baroja, que por otra parte ha aportado al conocimiento de la España de principios del siglo XX más que la mayoría de autores y sin duda más que los libros de historia, entre en esta puja por la gran novela española. La tragedia en la vida de Manuel es una constante, como en la vida de sus coetáneos, convirtiéndose en un ejemplo de la vida en la pobreza previa a la Guerra Civil que partiría nuestro inquieto país en dos. Y es que las dos Españas de que tanto se ha hablado con el tiempo reflejan su germen en esta trilogía que conmociona al lector por su crudeza y su verdad. Es injusto, de todas formas, elegir una sola obra del autor (de ahí la trampa de elegir tres). Baroja no solo es un cronista fiel de su época, sino que abre una ventana a la vida rural del País Vasco de entonces, que casi sería desconocida de no ser por algunas de las obras del autor. Y aunque hablamos de Madrid como ejemplificación de la vida pobre de la época, no se puede pasar por alto la vida rural. Otro de los grandes exponentes de esto sería la novela El árbol de la ciencia, que, aunque desarrolla la mayoría de su acción en la capital, es en las provincias donde enmarca su tragedia. Elegiremos, sin embargo, La lucha por la vida como ejemplo de gran novela española.

La virgen prudente, Concha Espina

La inclusión de esta novela no es baladí; no resulta una crónica demasiado fiable ni es una obra tan sublime como para catalogarla como la gran novela. Pero, si dejamos aparte algunas salvedades, estamos ante una novela protagonizada por una mujer universitaria en los años veinte. Publicada en 1929, lo que retrata esta obra es el ansia por crecer de la España de la época. Tras el golpe de Estado de Primo de Rivera, y a punto de entrar en la mal llamada «dictablanda», Concha Espina, demasiado mainstream en su época para pasar a la historia como autora de un clásico, ponía la atención sobre algunos temas que llamarían la atención al progresista más pintado hoy día.

Hablábamos de hacer trampa y eludir nuestra propias normas, y lo hacemos con esta novela de Concha Espina porque se encuentra literariamente algo más lejos de los estándares que muchos tenemos en mente al tratar este tema, pero que no se amilana ante la idea de hablarnos de una época de esplendor a punto de terminar; de una sociedad que quiere avanzar, dejar atrás las viejas y rancias ideas, pero abocada al fracaso, avanzando inexorable, como la protagonista de esta novela, hacia una utópica Segunda República que culminaría con una caída hacia el abismo.

La colmena, Camilo José Cela

El premio Nobel nacido en A Coruña no se libra, ni se va a librar nunca, de haber sido un machista redomado y cuestionable en sus valores, pero la novela que editara en 1951 en Buenos Aires supuso y supone aún hoy día una conmoción para la literatura patria. De su título se extrae el compendio de protagonistas, el coro que protagoniza las desventuras de una España sumergida en la dictadura, lo que hizo que no se pudiera publicar hasta 1955 en nuestro país, por sus «alusiones homosexuales». Enmarcada en plena posguerra, en un Madrid herido tanto en sus calles como en su orgullo, se nos narra lo cotidiano desde el punto de vista de lo épico. Con más de trescientos personajes, el autor entra y sale de sus mentes, reflejando la pobreza y las ansias de prosperar; la ambición de algunos y la resignación de otros. Una lectura llena de esperanza que se escapa por la ventana abierta de un incierto Madrid donde todo es «una mañana repetida». Una novela capaz de romper el corazón por su realismo; una obra cumbre en la literatura española que se sirve de una ironía difícilmente imitable. Pese a quien pese.  

Historias del Kronen, José Ángel Mañas.

Finalista al Premio Nadal y adaptada en una magnífica película dirigida por Montxo Armendáriz, esta novela iniciaría lo que se vino a llamar «la generación Kronen», de la que formarían parte autores destacados como Ray Loriga, Pedro Maestre, etc. Enmarcada en Madrid a principios de los noventa, Historias del Kronen nos narra las desventuras de Carlos mientras salta de fiesta en fiesta, se droga y fornica cuanto puede. La voz de una generación que abrió la puerta para que otros autores hablaran desde la honestidad de una juventud inquieta culturalmente, aburrida de la Transición y que ayudó a construir a un grupo de juguetes rotos que quemarían su soledad en los bares. Aparte de la repercusión e importancia que ya tiene en sí misma la novela, Historias del Kronen tiene el dudoso honor de haber abierto la veda para, quizás, la última generación de autores que pudieron comportarse como estrellas del rock en el mundo editorial, pariendo algunas de las obras más importantes de los noventa, pero siendo rápidamente relegados al ostracismo por la crisis de la literatura.

Beatriz y los cuerpos celestes, Lucía Etxebarria 

La ganadora del Premio Nadal en 1998 se presentó con la responsabilidad de darnos al personaje de Beatriz, un dudoso caos de feminidad, homosexualidad, amor y autodestrucción con la poderosa voz de la mujer que había luchado por recuperar su independencia tras la Transición. Generaciones de mujeres adultas que ya se habían quitado el peso de nacer cerca de la dictadura y no se ajustaban a las rancias costumbres que algunos aún trataban de imponer. Beatriz y los cuerpos celestes nos narra la huida hacia adelante de su protagonista ante la imposibilidad de comprenderse a sí misma y de encajar en una vida que le resulta ajena y extraña. Con el viaje a una Europa tan diferente al mundo que conoce, Beatriz experimenta con su cuerpo, con su sexualidad, con las drogas y con una depresión y afán de autodestrucción que la mantienen al filo de la vida adulta. Aunque dentro de la misma generación Kronen que abriera Mañas, la novela de Etxebarria ostenta una poderosa voz narrativa, una propia identidad que le confiere su búsqueda de un feminismo liberador y sin prejuicios.

Las aventuras del capitán Alatriste, Arturo y Carlota Pérez-Reverte

Caemos en otra trampa, y somos conscientes de ello. Si venimos «premiando» el carácter de crónica de las novelas citadas, nos salimos por la tangente con una saga (cayendo de nuevo en la trampa de Baroja) y ambientada en una época muy lejana al autor. Publicada en 1996 la primera novela y compuesta por siete libros hasta la fecha, la más exitosa saga del autor originario de Cartagena se incluye aquí por ostentar el honor de haber creado un estandarte, un aventurero quizás tan reconocible como el propio hidalgo de La Mancha. Odiado y amado a partes iguales, dejemos de lado a la persona y centrémonos en la novela: si Inglaterra tiene a Harry Potter, Bélgica tiene a Tintín, España tiene al Capitán Alatriste. Un soldado de los tercios de Flandes en el siglo XVII que lucha por la gloria de España, pero olvidado por esta, en la pobreza y con un férreo sentido de la moral y el honor que le llevará a verse inmerso en las más terribles y deshonrosas aventuras.

La labor documental de Reverte con respecto al Siglo de Oro queda fuera de toda duda, dotando de personalidad picaresca a personajes históricos, convirtiendo la decadencia del Imperio español en una suerte de aventuras de acción que ha encandilado a jóvenes y mayores, y que ha sido adaptada al cine y protagonizada por Viggo Mortensen. Reverte ha creado un personaje icónico y reconocible. Y, si hay duda, salgamos a la calle a preguntar por el apellido, a ver cuántos lo reconocen.

El cielo que nos tienes prometido, Guillermo Aguirre

En este salto muchos pondrán el grito en el cielo. Sin duda, la opinión es como el ombligo: todos tenemos uno. Cierto es que dejamos en el tintero maravillosas obras y excepcionales autores, y es doloroso que se queden por el camino grandes como Montero Glez, Eloy Tizón, Rafa Reig, Jon Bilbao, Carlos Salem, Rosa Montero… Pero en algún momento deberemos acotar, y en una época en que la narrativa española se centra en las grandes ciudades, en las heridas del pasado y en la adaptación de esas temibles dos Españas, la novela de Guillermo Aguirre vuelve la vista a la vida rural. Empezamos en las provincias hablando de La Regenta y volvemos ahora a ellas con esta novela editada en 2015 sobre dos personajes que persiguen el pasado al mismo tiempo que huyen del futuro. Una historia de amor con el pulso de una road movie que nos devuelve a las historias de labriegos, ganaderos y viejas costumbres, enfrentadas con las «gentes de ciudad». Se refleja así la realidad de la lenta muerte de la España rural y la extrañeza que este mundo le despierta a la España cosmopolita.

Patria, Fernando Aramburu

Y llegamos al final, porque por algún lado habrá que terminar. La novela de Aramburu no necesita presentación: se ha convertido en la novela más vendida en 2017 y va camino de convertirse en un auténtico clásico moderno. La historia del conflicto de ETA narrado desde la lucha de dos familias por superar la muerte del padre. Los temas que se tratan en esta extensa novela, publicada en 2016, han puesto el dedo en las llagas de una sociedad sacudida por el terror y el dolor, por la sangre y la muerte como lucha política. Y han sido numerosos los estudios y análisis que han desmenuzado esta gran novela con la precisión quirúrgica que merece. Todo lo que se diga sobre Patria se quedará corto. La novela de este autor, nacido en 1959 y que vivió el conflicto vasco desde su juventud, ha hecho tambalear las creencias de unos y otros. Tal vez sea esta la labor de la gran novela española, pero, al igual que su país, la novela moderna necesita de la perspectiva del tiempo para ser juzgada con conocimiento de causa. Patria, sin embargo, ya denota desde su lectura el aire del clásico. La historia de una España contemporánea resumida en la historia de dos familias.

Es injusto, no lo vamos a negar, posicionar a España, odiada, amada, dividida e incomprendida, en esta situación que, una vez más, levantará ampollas en las sensibilidades. Si atendemos a otros países, ¿cuál es la gran novela francesa? ¿Y la americana? La conclusión obvia sería que la gran novela española no existe, sino que un conjunto de una gran producción literaria constante y de gran bagaje histórico hace de la novela española, como concepto, una representación del talento y poder de la palabra escrita en el mundo. Otra conclusión, sensacionalista quizás, sería que la gran novela española aún está por escribir. Que en nuestra época existen autores capaces de plasmar en la página en blanco la identidad de una España turbulenta, siempre guerreante, valiente y cobarde a partes iguales. Y ambas conclusiones serían aceptables y, tal vez, aceptadas.

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17 comentarios

  1. Echo en falta Verdes valles, colinas rojas de Ramiro Pinilla

  2. Ricardo

    Los episodios nacionales…

  3. CESAR LUIS BARRAGAN VARELA

    Echo de menos a Rafael Chirbes. Quizás uno de los mejores escritores de la segunda mitad del siglo XX. Su novela “Crematorio” es fiel reflejo de la sociedad en que él, y nosotros, hemos vivido.

  4. Juan Sintierra

    Esto es una broma verdad? No existen, por decir algo, Las novelas de María de Zayas, ni el Lazarillo, ni Los Pazos de Ulloa de Pardo Bazán, ni El buscón, ni Nada de Laforet, ni La oscura historia de la prima Montse, ni merece la pena citar algún título de Torrente Ballester, Cunqueiro, Ayala… Está claro que es un artículo humorístico. Excepto tres o cuatro títulos incuestionables, un despropósito.

  5. Si no está “Escuela de mandarines”, cualquier lista como esta es una pérdida de tiempo.

  6. Arturo

    Francia tiene a Tintin? De verdad? No será Bélgica?
    Confío en que el autor esté más versado en literatura que en comic porque si no vamos apañados…

    • Carlos F.

      Y comparar a Alatriste con Harry Potter es demencial. Pérez Reverte sin negar su valía es un autor como tantos otros. J.K.Rowling ha inspirado en millones de niños y adolescentes un amor e interés por la lectura como [email protected]

  7. Francisco

    Muy acertado, gran obra.

  8. Lux Interior

    Vicente Blasco Ibañez, Eduardo Mendoza, Antonio Muñoz Molina…

  9. Gran olvido: Nada de Laforet

  10. Hackenbush

    Vaya lista más extraña. Las primeras han sobrevivido a la dura prueba del tiempo así que no vamos a criticar su elección. Pero veremos cuáles de las novelas actuales citadas se leerán en cincuenta años. Posiblemente ninguna. A cambio se han quedado en el tintero autores como Delibes, Barea, Sender…

  11. Ángel

    Incluir a Mañas, Etxebarria o Reverte es atentar contra la inteligencia de un lector siquiera “mediano”, más allá de cualquier subjetividad. Aramburu es pura “oportunidad”. Menos mal que es posible leer a Chirbes, Marsé, Luis Goytisolo, Miguel Espinosa, Martín Gaite, Max Aub, Mateo Díez, Llamazares, Villalonga, Ángel Vázquez…

  12. Oaqui

    Es que El quijote no es la gran novela española, señor mío, es que es LA GRAN NOVELA DEL MUNDO. Todo el día peleando.

  13. Danny Coughin

    Los enamoramientos de Javier Marías y En la Orilla de Chirbes.

  14. miguel

    la regenta.
    Por encima de cualquier otra

  15. Estas clasificaciones no van a ningún sitio pero “Fortunata y Jacinta” es un novelón. De lo mejor de la literatura española. El gran Benito “el garbancero”, autor también de unas obrillas llamadas “Episodios Nacionales”.

  16. Yo añadiría sin duda una El Hijo del Acordeonista de Bernardo Atxaga.

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