Zona de rescate: Amarillo, de Félix Romeo

Publicado por
Detalle de la cubierta de Amarillo, de Félix Romeo.

Félix Romeo (1968-2011) era una potencia de la naturaleza, era el generoso de guardia y era un escritor cuya obra estaba a punto de romper en algo extraordinario porque en su último libro había tocado un acorde que prefiguraba las melodías que estaba preparando. En vida apenas publicó tres títulos —Dibujos animados (2001), Discothèque (2001) y Amarillo (2008)— y tras su fallecimiento aparecieron La noche de los enamorados (2012), Todos los besos del mundo (2012) y Por qué escribo (2013). Félix podía haber sido más prolífico porque vivía en olor de creación, pero su exigencia y sus múltiples compromisos laborales nos privaron de disfrutar más y mejor de su talento.

He releído Amarillo y un escalofrío ha reptado viscoso por mi espina dorsal, pues Amarillo era un libro donde Félix Romeo se preguntaba por qué su amigo Chusé Izuel  —amigo de la infancia, colega universitario y viejo compañero de piso en la barcelonesa calle Borrell— se suicidó dejándole un cráter en la conciencia: «¿Cómo no me di cuenta de que te ibas a suicidar?», se preguntaba Félix en aquel libro que ya se ha convertido en su testamento literario.

Amarillo es una suerte de diario, crónica o ensayo acerca de la ausencia, la amistad, la culpa, la música y la vocación por la escritura, pues Félix Romeo tal vez nunca habría sido escritor si no hubiera recopilado todos los diarios, cartas y manuscritos de Chusé Izuel, con quien sostuvo un lacerante diálogo de sordos a lo largo de Amarillo: «Freud escribió poco acerca del suicidio. Tenía clara su teoría. El suicida comete en realidad un asesinato. Como no puede matar al causante de su mal, se asesina a sí mismo […] Tú respondes al perfil dibujado por Freud. No pudiste matar a Mariángeles y te mataste a ti mismo».

El suicidio de un ser querido deja vacíos que jamás conseguiríamos llenar, pues además de las preguntas sin respuesta existe un extraño sentimiento de culpa. Así, en Amarillo Félix escribió: «Tengo a mis pies el bolsón de plástico en el que guardo tus cosas: tus cartas, la grabadora, tus artículos, los artículos que escribieron sobre ti, tus cuentos, los borradores de las novelas que no escribiste, notas, papeles con apuntes que cogí de la casa de tu madre, algunos ejemplares de Todo sigue tranquilo. Los he traído a Barcelona para sacármelos de encima. Nuria duerme. Suena la campana de Gràcia. No tengo sueño, pero necesito pegarme a su cuerpo. Leo tus cartas y no puedo dejar de llorar. ¿Por qué, si estoy tan reconfortado con la certeza de que estás muerto, me siento tan triste?».

Cuando leí Amarillo y todavía era 2008, no puede evitar pensar en mis amigos muertos, fantaseando conversaciones imposibles donde les pedía perdón por todo lo que nunca llegué a hacer por ellos mientras podía. Incluso pensé que Chusé Izuel era el ausente compositum, una especie de fantasma entrañable a quien Félix Romeo interrogaba desolado porque supuse que Félix sabía que todos teníamos otro Chusé Izuel en la memoria. Pues ahora no soy capaz de releer Amarillo así, porque Amarillo se ha convertido en una conversación con Félix Romeo.

Chusé Izuel fue un buen narrador que dejó un libro de relatos —Todo sigue tranquilo (1994)— y Félix Romeo fue un escritor maravilloso que nos dejó un puñado de libros notables. En Amarillo es posible conversar con ambos y preguntarse si no tendríamos que haberle sugerido a Félix que se cuidara, que no se agobiara por tonterías y todas esas pamplinas que a nosotros también nos proponen y que mandamos a tomar viento como sin duda habría hecho el bueno de Félix. ¿Gimnasio? ¿dietas? ¿correr a primera hora de la mañana? No. No hay nada que reprocharle al autor de Amarillo, como el propio Félix sabía que tampoco tenía nada que reprocharle a Chusé Izuel.

Amarillo no es un libro acerca del suicidio, ni sobre un escritor maldito. Amarillo es un hermoso libro sobre la ausencia y la amistad. Amarillo es la novela que todos querríamos escribir para contar cuánto queríamos a nuestros muertos. Amarillo es un libro conmovedor, que nos traspasa y nos deja tan ateridos como la madrugada en que los amigos de Chusé Izuel fueron a buscar su cadáver. Releyéndolo me he recordado a mí mismo vistiendo el cadáver de mi abuela con el hábito de un convento de clausura limeño. Releyéndolo me han venido a la memoria los últimos días de vida de mi querido Fercho, muerto de cáncer antes de cumplir los veintisiete años. Releyéndolo he revivido la noche en que ETA asesinó a dos queridos amigos míos en la puerta de casa. Releyéndolo he regresado a la habitación de Vicente Tortajada la noche que falleció, después de recibir mi cumpleaños. Releyéndolo he vuelto a oír los gritos jubilosos de Félix Romeo, coreando los nombres de sus amigos más queridos.

Amarillo es la eternidad dormida de Félix Romeo.

_______________________________________________________________________

Algunos libros nunca disfrutaron de la atención que merecían y ciertos autores fallecidos en su plenitud corren el riego de ser olvidados. En Zona de Rescate compartiré mis lecturas de ambas regiones —la Zona Fantasma y la Zona Negativa— porque la memoria literaria es tan importante como la otra. Distancia de rescate (¡gracias, Samanta!): 1985, año de mi venida a España.

Próximo rescate: La mentira de María José Furió.

Si te ha gustado este artículo ¡Haz un donativo online!

Donar una cantidad personalizada

Información personal

Credit Card Info
Detalles de facturación

Total de la donación: 5,00€ One Time

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

ACEPTAR

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

Aviso de cookies