Luis Rey Goñi: «No hay nada más peligroso que un adolescente aburrido»

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Fotografía: Vanessa Gómez

En el centro histórico de Sevilla se encuentra el Colegio de San Francisco de Paula, un centro educativo privado, laico e ideológicamente independiente fundado en 1886. Durante la guerra civil española dio cobijo a profesores de los dos bandos y, más tarde, durante el franquismo, logró mantener su independencia ideológica mientras duró la dictadura. Su director es Luis Rey Goñi (Sevilla, 1966), doctor en Ciencias Químicas por las Universidades de Bolonia y de Sevilla, con formación de posgrado en Harvard y la Singularity University de California.

Nos reunimos con Luis en una estancia de la biblioteca del colegio, donde se encuentra una fascinante colección de manuscritos e incunables, para conversar sobre educación, valores y los recuerdos en torno a un patio donde se han formado personalidades destacadas de la vida política, cultural y económica local y nacional.

En 2006 el Ayuntamiento de Sevilla dedicó una calle a tu padre por su labor docente. ¿Qué huella dejó en la ciudad y en ti?

En la ciudad no soy yo quien debería contestar, sino otras personas.

Sí puedo decir que es alguien que vivió por y para la educación. Realmente su vocación era la de investigador científico, pero de joven mi abuelo le dijo: «Mira, Luis, hay que hacer inversiones importantes en el colegio para actualizarlo. No sé si tus hermanos van a querer seguir con él. Si tú tampoco, vemos qué hacemos». Entonces mi padre pensó que eran muchas familias las que vivían gracias al colegio y comían todos los días, muchos los puestos de trabajo que no debían perderse. Así que se dedicó a esto.

Para él fue un gran sacrificio entregarse completamente a la educación. Decía: «Primero es la persona, luego es el estudiante». Quería que aprendieran la ciencia de verdad, que la aprendieran experimentalmente, que entendieran los fundamentos del razonamiento y de los hechos científicos para que a partir de ahí pudieran construir el pensamiento. Sobre todo, quería prestar atención a la persona y, de hecho, muchos me han comentado que la bondad que irradiaba su sonrisa no tenía parangón.

El espíritu de trabajo, tanto de él como de mi madre, es algo que he visto siempre y, por tanto, me ha marcado mucho. Su dedicación y esfuerzo, el intentar entender siempre la parte de razón que tienen los demás, el rigor científico, querer hacer las cosas lo mejor posible y ese concepto de la educación como manera de mejorar la sociedad, empezando por mejorar a la propia persona y sus posibilidades de futuro.

Una de las cosas que hizo tu padre al comenzar la Transición fue restaurar el carácter mixto del centro, que ya existía durante la Segunda República y que se eliminó con el franquismo. ¿Cuáles son las ventajas de la educación mixta? ¿Qué piensas de los colegios no mixtos?

Estudié en el colegio cuando solo había chicas exclusivamente en el COU de la época. Una aberración. ¿Por qué? Porque si queremos concentrarnos en que los niños se sepan mejor los afluentes del Tajo o el sistema periódico, quizás sea bueno que los niños estén con los niños y las niñas estén con las niñas, pero si pensamos que lo importante en toda la etapa que va desde el nacimiento hasta la vida adulta es aprender a vivir en sociedad, aprender a colaborar con otras personas, aprender a entender a los demás, a formar equipos variados y a que la sociedad sea un equilibrio de los hombres y las mujeres, no podemos aislarlos, porque estamos generando unas condiciones que son falsas, el mundo no es así, la sociedad no es así.

Tu madre también ha sido maestra e impulsó con sesenta y cuatro años la puesta en marcha de la escuela infantil del colegio. En palabras de tu madre: «La urbanidad es el lubricante de las relaciones sociales». ¿Qué es eso de la urbanidad? ¿Lo tenéis implantado como asignatura?

No, porque tampoco hay una asignatura de honradez, ni de esfuerzo, ni de humanidad. Eso tiene que permear, que impregnar y servir de armazón, de construcción de la persona y de la sociedad.

A mi juicio, se puede hacer una asignatura, por ejemplo, de ordenamiento constitucional u ordenamiento jurídico de la sociedad, igual que se puede hacer de economía, pero la cultura democrática, el respeto y la convivencia tienen que estar en todas y cada una de las acciones que se llevan a cabo en un colegio o en cualquier otro ámbito.

Te doctoraste en Ciencias Químicas, ¿recuerdas el título de tu tesis? Cuando hiciste la tesis doctoral, ¿realmente pensabas en investigar? ¿O simplemente la hiciste porque tenías que ser doctor?

El título de la tesis era Compuestos de iridio 1 que contienen ligandos del tipo hidrotris-3,5-dimetilpirazolilborato, si no me falla la memoria [risas], algo por supuesto absolutamente esencial para todo educador [risas].

Sabía que me quería dedicar a la educación y lo sabía desde pequeño, no sé por qué. Intuyo que porque cuando íbamos por la calle nos encontrábamos a muchísimos antiguos alumnos que saludaban a mis padres con muchísimo respeto y cariño. El doctorado no es algo que aplico cotidianamente en mi actividad, aunque me aportó una mayor profundidad en el análisis de las causas y consecuencias de las cosas: lo importante es ser capaz de transferir habilidades entre ámbitos.

Tuve un excelente director de tesis: D. Ernesto Carmona, uno de los químicos más premiados de Sevilla, ejemplo absolutamente espectacular de dedicación, solidez, honestidad y bonhomía.

Teniendo como tienes un máster en Dirección y Gestión de Empresas Educativas, ¿qué diferencias podrías destacar entre la rentabilidad de una escuela y otro tipo de empresas?

En aquel máster un señor que era alto directivo de Gas Natural, José Luis Fonollosa, nos enseñó que para ninguna empresa la finalidad es hacer dinero, que para todas es generar un producto o proporcionar un servicio; y que, si este es bueno y aporta valor al consumidor, entonces generará resultados económicos que deberán invertirse para seguir mejorándolo. A mí aquello me pareció un concepto enormemente importante, de hecho, ni los bancos tienen como primera finalidad ganar dinero, sino prestar servicios financieros.

El colegio nunca ha repartido dividendos y todo el superávit que se ha generado se ha reinvertido de manera sistemática a lo largo de los años. En el caso de una organización educativa se pone aún más de relieve la realidad incontestable de que el valor que aporta es el de contribuir a hacer una sociedad mejor.

Platón en el libro IV de La República decía: «Las sociedades tienen el carácter de los individuos que las conforman y una sociedad activa es una sociedad de individuos activos». Por tanto, si queremos una sociedad que sea justa, equilibrada, innovadora y democrática, ¿qué necesitamos? Necesitamos personas que sean justas, equilibradas, innovadoras y democráticas, porque, si no, la sociedad no va a tener ese carácter.

En el inicio de tu carrera como docente estuviste un año en un colegio de Girona, ¿llegaste a conocer el modelo de inmersión lingüística? ¿Qué te parece el destierro del castellano como lengua vehicular?

Si el carácter multilingüe de las personas es un profundo enriquecimiento y una manera enormemente poderosa de desarrollo cerebral, y lo es (son códigos distintos, como en las matemáticas y la música, que por desgracia no está suficientemente cultivada en España), el querer hacer una inmersión en una sola lengua es, para empezar, un empobrecimiento del fin principal de un sistema educativo, que son los alumnos, que son su razón de ser.

Sí viví esa inmersión. Incluso acababa de llegar y me habían asignado responsabilidades para escribir una circular a los padres, que escribí en el idioma que conocía, en uno de los dos oficiales allí. La podía haber escrito en algunos otros idiomas, pero lo lógico era eso. Y me echaron una bronca, que cómo se me ocurría escribir una circular en castellano. Esto fue en el año 96, y les dije: «¿Que cómo se me ocurría? ¿Qué quieres, que la escriba con faltas de ortografía en catalán?».

¿Realmente crees que hay razón en que se haya vinculado el catalán en la educación con el independentismo?, ¿crees que hay una relación?

No tengo el conocimiento suficiente. Estuve allí unos meses y me vine para acá hace más de veinte años. Resultaría aventurado por mi parte y poco consecuente con una formación doctoral el intentar hacer extrapolaciones o asunciones tan a largo plazo y con tan pocos datos de partida.

Sí, desde luego, me parece que tener una sociedad plural requiere un esfuerzo específico y cada uno debe juzgar si eso se ha hecho o no.

En 2011 hiciste el posgrado en la Singularity University en Silicon Valley, ¿con qué objetivo? ¿Qué es la Singularity University?

Es divertido, porque Singularity University ni es una universidad ni es de la singularidad. En realidad es un ecosistema de innovación, inversión y emprendimiento. Es una B-corporation, según la legislación de allá, una especie de empresa, que da beneficios, pero también tiene fines sociales y que fue fundada por dos de las mentes más brillantes, innovadoras y premiadas de Estados Unidos, además de contar con el apoyo de algunas de las empresas más innovadoras: Google, Cisco, Autodesk, Nokia (la del 2008, que era la principal empresa de telefonía del mundo). Y que, cuando tuvieron que alojarse en algún sitio, pues no encontraron otro mejor que el campo de investigaciones de la NASA, en Silicon Valley. Con esas credenciales se presenta. De ahí han salido un montón de startups que están recibiendo millones de dólares de inversión.

Me fui allí en el año 2011 porque en aquel momento la transformación digital todavía no había cambiado la educación, mientras que otros ámbitos profesionales habían cambiado radicalmente, y pensé: «¿Dónde saben de transformación digital? En Silicon Valley». Me hablaron de Singularity University y mandé mi solicitud. Cuál sería mi sorpresa cuando veo que me admiten. En ese momento pensé que era una oportunidad que no podía rechazar. Volví absolutamente impresionado.

No tiene nada que ver el tipo de mentalidad respecto al desarrollo personal, profesional y la actividad empresarial, nada que ver con lo que hay aquí, en absoluto. Es una especie de afán colectivo, por ir más allá, por saber más, por intentar hacer las cosas mejor y por dar un paso más adelante en el desarrollo de la sociedad. Eso lo dice de una manera, a mi juicio, muy representativa Peter Diamandis, uno de los cofundadores de Singularity: «Los grandes retos de la humanidad son también las grandes oportunidades de negocio». Porque, si uno le resuelve un problema a mil millones de personas y gana un dólar por cada una de ellas, ya tiene ganados mil millones de dólares.

El enfoque que frecuentemente tenemos en España es que ganar dinero no está bien o que es una manera de abusar, pero hacer las cosas bien y generar recursos para seguir mejorando los procesos y los productos no es una manera de explotar. Es lo que la evolución lleva haciendo cuatro mil quinientos millones de años, porque el cerebro humano no es más que el resultado de esa evolución, a lo largo de la cual hemos ido mejorando los procesos con mucho ensayo y con mucho error, hasta el momento presente.

Teilhard de Chardin decía que «la vida era una cuña de entropía decreciente (es decir, de orden creciente) dentro de un universo de entropía creciente», es decir, de desorden creciente. Una organización o empresa que funciona genera valor y beneficios para todo lo que la rodea, si funciona bien, claro.

¿Qué ha sido lo más destacable de la evolución de la educación en tu centro o en otros de España desde la celebración de aquella exitosa cumbre de Singularity en Sevilla en el 2015?

Estamos haciendo un esfuerzo por que los alumnos vayan entendiendo que el mundo evoluciona de un modo cada vez más rápido y que nos tenemos que ir adaptando a ello, que los distintos recursos tecnológicos ponen a disposición de las personas posibilidades que de otra manera no se tendrían. La humanidad ha usado tecnología desde el principio, lo que pasa es que la evolución ahora es cada vez más rápida y por eso necesitamos ir acostumbrándonos a ese ritmo de evolución, ir sabiendo establecer principios de razonamiento sólidos y rigurosos para irlos complementado con los conocimientos que van haciendo falta en cada momento, algunos de los cuales van quedando obsoletos.

Pongo con frecuencia un ejemplo. Hace algunas décadas en España la caligrafía se consideraba tan importante que había incluso catedráticos. Pero hoy día la mayoría de las personas escribe de una sola manera, no se entrenan en varios tipos de caligrafía. Ese es un conocimiento que ha quedado muy especializado o muy generalizado, porque se ha digitalizado, ha quedado obsoleto como práctica manual para la inmensa mayoría de la población, y eso ha ido ocurriendo con todo.

Tenemos que pensar que los niños que ahora mismo tienen tres años van a entrar en el mercado laboral en el año 2035. Tenemos que prepararlos para eso, no para el mundo de 1984, cuando terminé en el colegio, ni para el año 2000, cuando ya era director. Es que no se va a parecer en nada. Es que, si enfocamos la educación de los niños que ahora mismo están en los primeros años pensando en el mundo en que nosotros vivimos, los estamos preparando para el Paleolítico.

¿Podrías hablarnos un poco de la Fundación Goñi y Rey? ¿Qué motivó su creación en Sevilla en el 2012 y cuáles son sus objetivos principales?

La Fundación era una vieja aspiración de mi padre, por esa misma idea de que un centro educativo debe servir a la sociedad, y el objeto primario de un colegio son sus alumnos, pero la sociedad es mucho más grande que eso.

Cuando constituimos la Fundación, lo que quisimos era tener un instrumento que nos permitiera desarrollar ciertas actividades más allá de nuestras paredes, sin que el colegio perdiera el foco que debe tener primordialmente en los alumnos; que pudiéramos ampliar la política, por ejemplo, de becas a otras personas o que pudiéramos abordar iniciativas como la cumbre de 2015, que en realidad en un colegio entran muy por los pelos, pero que sí pueden tener sentido dentro de una fundación.

Nos decía José Antonio Marina que es conveniente enseñar Filosofía en la escuela. ¿Qué parte del currículum académico ocupa esta asignatura?

Soy químico y no filósofo, con lo que me guardaré muchísimo de enmendarle la plana a D. José Antonio Marina. Hago alguna que otra reflexión a ese respecto. El amor a la sabiduría es una cosa, la historia del pensamiento es otra, como la investigación científica es una cosa y la historia de la ciencia es una materia distinta.

Me parece absolutamente fundamental que los alumnos aprendan a razonar de las distintas maneras posibles, no son los mismos los procedimientos mentales que se utilizan en matemáticas, en historia, en química o en creación literaria que en artes plásticas o música. Creo que hay que desarrollar ese amor por la cultura, por la sabiduría, esos hábitos rigurosos de razonamiento y de análisis. Además de eso, por supuesto que hay que aprender de la historia del pensamiento.

Fuiste el primer español en incorporarse al Consejo de Fundación del Bachillerato Internacional. ¿En qué consiste este Bachillerato Internacional y su llamado Exponential Entrepreneurship Programme?

Son dos cosas bien distintas. El Exponential Entrepreneurship Programme es una de las iniciativas que adoptamos en el colegio a resultas de mi estancia en Singularity. Es una optativa que creamos en la que pretendemos entrenar a los alumnos en el hábito de analizar la realidad, ver determinados problemas o retos y generar soluciones utilizando la tecnología.

En cuanto al Bachillerato Internacional, estoy muy contento porque me acaban de nombrar para un segundo mandato. Creo que lo importante es seguir mejorando, seguir aprendiendo y aportar todo lo que uno puede a su entorno.

El Bachillerato Internacional es una fundación que tiene su sede en Ginebra, que desarrolla programas educativos para todo el rango de edades entre los tres y los dieciocho años. Ofrece un programa de primaria, uno de secundaria y luego uno de bachillerato y otro de formación profesional, por utilizar nomenclatura española. Tiene dos características fundamentales: una, su enfoque universal, se imparten de la misma manera en todo el mundo, destilada a partir de las mejores experiencias de los centros que conforman la organización (con todos sus matices y sus enriquecimientos locales); y dos, precisamente por lo anterior, no está adscrita a ninguna ideología, a ningún partido, a ninguna política nacional, sino que busca proporcionar la mejor formación posible, desde el punto de vista técnico, con un enfoque enormemente intenso en valores, en universalidad, en respeto, en contribución a una sociedad global y a partir de las propias mejores prácticas de los centros que lo constituyen.

¿Qué importancia tienen las prácticas profesionales en el currículo del Bachillerato Internacional?

Hay dos respuestas a eso.

Por un lado, es una educación de carácter enormemente experimental e indagador, no es en absoluto memorística. Hay que hacer muchas horas de laboratorio de ciencia, trabajar con documentación en todas las humanidades, interpretar música con instrumentos o con voz, crear obras de artes plásticas en las asignaturas correspondientes, por tanto, hay que indagar e investigar.

Luego, ese programa que digo asimilable al de la formación profesional está muy centrado en orientaciones laborales específicas. Pueden ser de distinto tipo porque los alumnos hacen un par de asignaturas académicas de las más tradicionales, una serie de prácticas y de trabajos relacionados con la orientación profesional que quieren seguir y un trabajo de investigación sobre el ejercicio de esa profesión.

Son las dos vías de desarrollo que hay.

¿Qué esfuerzos, y quizás concesiones, supone el proceso de acreditación internacional de una institución como el colegio SFdP?

Concesiones, en el sentido de resignaciones, ninguna. Esfuerzos, muchos, y aprendizajes, muchísimos, enormemente interesantes.

Por una serie de motivos comenzamos ese proceso en el año 2000 y en el 2001 recibimos por primera vez la acreditación estadounidense. Aquello fue el descubrimiento de un nuevo mundo. Conocíamos operativamente bien la legislación española, estábamos acostumbrados a los reales decretos de requisitos mínimos y a las exigencias de la Administración en sus distintos ámbitos. En cambio, cuando se toman los criterios de acreditación, uno se encuentra con cosas como lo siguiente (esto dicho ya retrospectivamente y con un poquito de humor): «¿Cuál es el criterio de medición de las bibliotecas escolares? Sistema educativo español: m2 de solería. Sistema de acreditación estadounidense: número de volúmenes por alumno».

«¿Calidad educativa? Sistema español: formato de los documentos. Sistema estadounidense: incorporación a la práctica pedagógica de los resultados de la investigación pedagógica».

«¿Cualificación docente? Sistema español (año 2000, experiencia media de los profesores veinticinco años) el título que obtuvieron en el año 1975. Sistema estadounidense: plan anual de desarrollo profesional para toda la plantilla».

Cuando uno ve eso, dice: «Ahhh, entonces resulta que el formato de los documentos y el número de metros cuadrados no son necesariamente los parámetros de calidad del sistema educativo».

Luego vienen y te hacen una visita de acreditación, como cuatro o cinco personas se pasan aquí media semana, se entrevistan con alumnos, con personal no docente, profesores, directivos, padres, asisten a las clases, piden evidencias documentales … y eso cada cinco años.

Son retos y oportunidades de aprendizaje fabulosas.

Concesiones ninguna, al contrario.

¿Los buenos resultados del SFdP también se dan en otros centros públicos y privados donde se estudia el Bachillerato Internacional?

El Grupo de Investigación de Políticas Educativas Supranacionales, el GIPES, dirigido por D. Javier Valle (Universidad Autónoma de Madrid), hizo recientemente un estudio sobre la implantación de los programas de Bachillerato Internacional en los centros públicos españoles y encontró algunos hechos muy interesantes.

Primero, mejoraba enormemente la calidad de la convivencia escolar. Segundo, los alumnos se encontraban mucho más preparados para abordar una sociedad plural. Tercero, estaban mucho más implicados en su aprendizaje y los profesores tenían una mayor inclinación a la formación permanente.

Eso son datos obtenidos por un grupo de investigación de una universidad pública en los centros públicos españoles porque los programas se diseñan y se revisan cada siete años, con ciclos perfectamente determinados. Como los programas son buenos y atractivos, verdaderamente cautivan al alumno y los profesores quieren mejorar su práctica docente. Cuando eso pasa, los problemas de convivencia se desploman por propia naturaleza. ¿Cuándo surgen estos problemas? No hay nada más peligroso que un adolescente aburrido. Si nosotros les damos retos intelectuales, atractivos, que les permitan enriquecerse, se implican.

El bilingüismo educativo está siendo un fracaso en la educación pública y en la concertada. ¿Dónde está el problema? ¿Cómo se resuelve en el SFdP?

Hay que saber a qué se llama bilingüismo. La norma española requiere a los profesores que tengan el B2 para impartir clase en un idioma extranjero.

Los ingleses no hablan inglés bien porque sean más listos que nosotros, sino porque desde que nacen están rodeados de nativos. El Marco Común de Referencia de las lenguas de la Unión Europea, que está hecho para hablantes extranjeros, tiene el A1 y A2, B1 y B2, C1 y C2, y el C2 es ya el usuario avanzado independiente que puede hablar de cualquier cosa, siendo extranjero, no siendo nativo.

Entonces, ¿qué pasa?, que si D. Francisco Márquez Villanueva, que fue catedrático en Harvard decía: «Para enseñar como uno, hay que saber como diez», ¿cómo podemos pensar que alguien que tiene el B2 puede generar bilingüismo? Eso es como pensar que con herramientas de madera podemos construir una máquina metálica de alta precisión, ¡no se puede!

Un idioma es el resultado de un vasto concepto cultural y social que es el país o el pueblo, en carácter general, donde ese idioma se ha desarrollado. Nosotros aquí hacemos enorme hincapié en la internacionalidad por dos motivos. Por un lado, porque cuando un alumno recibe un concepto sociocultural completo a partir de una persona que ha nacido y vivido en ese país, sobre todo en los primeros años, lo que está es entendiendo a una sociedad y abordando una manera de concebir el mundo —y entonces el lenguaje viene de manera natural, que es lo que hemos hecho en España aprendiendo español—.

Pero, por otro lado, además estamos consiguiendo que esos alumnos vean que a D. Fulanito y Dña. Menganita se les habla en español y a Mr. No-sé-qué y a Miss. No-sé-cuánto se les habla en inglés. Está demostrado que los niños pequeños identifican una cara con un idioma, porque es la vía natural de comunicación con esa persona. Si nosotros queremos hacer un sistema educativo serio, tenemos que basarlo en hechos serios. El sistema educativo no está hecho para emplear a licenciados universitarios, sino para educar a niños que tienen que aprender, y más aún ahora mismo, a colaborar con personas de otras mentalidades, de otras naciones, con otro color de piel, con otras tradiciones y concepciones de la vida.

En el SFdP los niños con dos años pueden empezar a aprender árabe o chino; ¿con qué objetivo?

Estamos preparados biológicamente para eso.

No hace falta ser el cardenal Mezzofanti, que dominaba ochenta, era un genio de eso. Y Beethoven era un genio de la música, pero no hace falta ser Beethoven para tocar una sonata de piano, hay mucha gente que puede tocar una sonata, sobre todo si te enseñan a tocar piano.

Los alumnos tienen que hacer ciento cincuenta horas de Creatividad, Acción y Servicio. Háblanos sobre los proyectos concretos en los que está involucrado el colegio.

Creatividad se refiere a algo fundamentalmente artístico, que puede ser teatral, literario, de artes plásticas, etc. Acción es deportes o ejercicio físico de algún tipo y Servicios es contribución altruista a la comunidad. Es es un requisito del programa del Diploma, lo tenemos todos los centros que hacemos el Bachillerato Internacional. Nosotros lo tenemos extendido a los que hacen otras modalidades de bachillerato porque creemos que es algo fundamental.

Tenemos colaboraciones con ONG de todos los tipos, desde comedores sociales hasta hogares de acogida, pasando por la Fundación Vicente Ferrer, Unicef y Oxfam. Para fomentar esto se creó hace seis o siete años una Agrupación Juvenil de Acción Comunitaria. En España los menores de edad no pueden constituir por sí mismos una asociación, tiene que haber algún mayor de edad. Por eso es una «agrupación»: reunimos a los chicos que están interesados y les decimos: «para aprender a vivir en una sociedad libre y democrática uno tiene que aprender a gobernarse, entonces, como tenéis interés en hacer esto, queremos que vosotros generéis vuestras reglas, que organicéis, que decidáis, y tenéis todo el apoyo del colegio, porque eso os va a servir de entrenamiento para luego ser adultos responsables en la sociedad».

Estamos enormemente satisfechos de ver de qué manera los chicos se implican en un montón de cosas.

El Programa Consejeros tiene su origen en la iniciativa pública de mediación escolar para la resolución de problemas. Cuando se lanzó, nuestro servicio de orientación se informó porque les parecía enormemente interesante. Pero luego, cuando se fue a implantar, vimos que tampoco había entre los alumnos problemas del calibre que se planteaban en esos programas de mediación, afortunadamente. Entonces se pensó en qué podíamos tomar de eso para aplicarlo aquí y que tuviera sentido en nuestra realidad.

Tenemos un 12% de alumnos extranjeros —unos no hablan español, otros no hablan inglés, otros no hablan ni español ni inglés— y chicos que de vez en cuando tienen algún problema con alguna asignatura. Por ello hemos desarrollado una red de alumnos que ayudan a sus compañeros, además de los que van al hospital a hacer voluntariado con los niños que están enfermos.

En definitiva, es todo un conjunto de cosas que pretenden generar personas que viven en sociedad. Lo dijo Aristóteles: «El hombre es, por naturaleza, un animal político». Tenemos que aprender a vivir en sociedad.

¿Se admiten alumnos en el SFdP con problemas de desarrollo en las primeras etapas?

Sí, tenemos alumnos que han terminado el bachillerato con su Asperger absolutamente diagnosticado y dificultades de un montón de tipos.

Tenemos cinco personas en el servicio de orientación, además de toda la labor que se hace a través de los departamentos didácticos de atención a las necesidades individuales. De hecho, desde este curso tenemos una Vicedirección de Individualización, para poder atender las necesidades de cada alumno.

Recuerdo que, en un congreso en Estados Unidos, uno de los ponentes decía: «No hay alumnos discapacitados, hay escuelas discapacitadas». Porque, claro, cada alumno es como es, con sus fortalezas y debilidades.

Dije en alguna ocasión que «ni sabemos nada de los cuadros pintados por Beethoven, ni sabemos nada de las composiciones musicales de Picasso», y son dos de los grandes genios de la humanidad. Hay que animar a los chicos a que den de sí todo lo posible en las distintas facetas. Pero, al final, si Beethoven fue músico, y fue uno de los genios de la música, es porque su cerebro lo preparó especialmente para eso.

¿Las innovaciones de que dispone el SFdP son trasladables a centros públicos?

Recibimos visitas de muchas personas de otros centros que vienen a vernos y siempre acogemos a quien quiera conocer lo que hacemos encantados.

Singapur es uno de los ejemplos más sorprendentes de desarrollo socioeconómico, cultural y educativo de los últimos cincuenta años en el planeta. Y ellos dicen una cosa que me encanta: «Regalamos nuestras ideas porque así nos obligamos a tener otras mejores». La verdad es que uno va allí y se queda realmente atónito. Esa apertura, tan contraria a las costumbres que hemos heredado en España después de trescientos cincuenta años de Inquisición y ciento cincuenta años de dictadura. No se nos puede olvidar que hemos tenido ese medio milenio ahí que nos ha marcado y que es, a mi juicio, una de las causas de tanto «Juan Palomismo» y de tanta envidia y cainismo.

Las grandes cosas que ha hecho la humanidad, las ha hecho en colaboración. Tenemos que enterarnos de que es la colaboración la que nos va a permitir resolver los grandes problemas, no el crear fronteras, no el separar, no el decir: «los otros contra nosotros», sino «los otros con nosotros». No hay que levantar muros, hay que tender puentes y generar redes de colaboración. Por eso nosotros, por una parte, nos sentimos tan cómodos dentro del Bachillerato Internacional, porque esa es la filosofía que lleva. Todas las sociedades que han destacado han potenciado el talento propio y han atraído talento ajeno; han hecho esa polinización cruzada que les ha permitido ir más allá.

¿Cómo se defiende el laicismo en un colegio que lleva el nombre de san Francisco de Paula?

Creo que tenemos que ser conscientes de nuestro pasado y responsables acerca de nuestro futuro.

El colegio lleva el nombre del santo, que daba nombre a su vez al señor que fundó el colegio, que se llamaba D. Francisco de Paula Ruiz Estévez, y en el siglo XIX era muy frecuente ponerles a las cosas el nombre de los santos de uno, y ese nombre está ahí y ya está. Además de eso, San Francisco de Paula fue una persona y una figura relevante por un montón de motivos y su lema era charitas, que es el amor extremo, no es la caridad en el sentido de limosna, es el amor que va más allá.

Ese es el nombre del colegio, ese nombre se le puso y ese nombre ha estado ahí durante más de un siglo, y no hay nada de lo que nos tengamos que avergonzar por ello. Dicho esto, desde siempre prácticamente el colegio ha querido hacer mucho hincapié en el respeto a las personas y a las necesidades de colaboración.

Un antiguo alumno me decía, porque lo vivió, que el colegio era una isla de paz, de convivencia y de democracia en los años más duros del franquismo o durante la guerra. De siempre se ha buscado ese respeto.

Nosotros desde el colegio queremos enseñar a los niños que hay personas que tienen concepciones distintas, que son de orígenes y de tradiciones diferentes y que hay que buscar lo bueno que cada persona tiene. Eso necesariamente conlleva una independencia ideológica del colegio, de manera que quien crea A, B o C se pueda sentir cómodo.

En el SFdP hay muchos deberes, ¿tienen que volver a hacer los padres primaria para poder apoyar a sus hijos con este ritmo académico?

Maticemos. En el colegio creemos, e intentamos dar ejemplo a nuestros alumnos, que el esfuerzo es lo que lleva a uno a dar de sí lo máximo que puede, además de la dedicación, la profundización y la maestría en el sentido del dominio de los recursos y las técnicas de cada disciplina.

Me contaban una anécdota de Tiger Woods, el jugador de golf, al que le decían, por lo visto, al final de un torneo, que había tenido mucha suerte y que le habían entrado muy bien los golpes, y que él había contestado: «Sí, es curioso, cuanto más entreno, más suerte tengo». Nosotros queremos que los niños aprendan en toda la medida de lo posible a hacer las cosas bien, y eso requiere esfuerzo, tiempo y atención.

¿Se le llama a eso deberes o se le llama oportunidades de desarrollo y de crecimiento cultural, intelectual y social? ¿Son deberes el hacer un vídeo en stop-motion? ¿Son deberes el hacer una encuesta en la calle? Pues sí, son deberes. Todos tenemos montones de deberes, desde que nos levantamos cuando suena el despertador, y posiblemente no nos apetezca todos los días, como tantas otras cosas.

Con respecto a los padres, yo creo que a veces olvidamos que la vida de los niños es la vida de los niños y que estos se están preparando para vivir su vida, que va a ser diferente, como decíamos antes, de la que vivimos nosotros. Es comprensible, desde un punto de vista de prurito de progenitores, que alguien quiera que sus hijos aprendan todo lo posible y estén todo lo preparados posible. Uno de los grandes aprendizajes que deben tener los niños es la independencia y la gestión de sí mismos. Por consiguiente, a mi juicio, por supuesto que unos padres deben siempre contestar una duda que le planteen sus hijos, por supuesto que unos padres deben ayudar a sus hijos a que se organicen y a que aprendan, porque todo hay que aprenderlo, y deben supervisar el que sean responsables con lo que hacen. Y a mí me parece maravilloso que, además, quieran aprender las nuevas técnicas, los nuevos conceptos y los nuevos enfoques, pero porque sea un interés de ellos, no porque se dediquen a hacer la primaria o la secundaria o el bachillerato con los niños y que luego digan: «Hemos sacado un 7». No, no «hemos» sacado un 7. Y, si hay que hacer un ensayo, una investigación o unos trabajos manuales, son oportunidades de desarrollo y de aprendizaje de los niños y tienen que aprenderlo ellos, porque es esencial que aprendan de sus errores. Es un error gravísimo de los padres el meterse a hacerles los trabajos a los niños, porque evidentemente les están robando estas oportunidades de aprendizaje.

¿Qué opinión te merece la educación alternativa —método Montessori—? ¿Por qué a este tipo de educación se le llama pedagogía innovadora?

Probablemente, porque nadie se ha enterado de que lo «innovó» Montessori a primeros del siglo XX [risas].

Me contaron en Singularity en una ocasión que la descripción de la solución del escorbuto en los navíos la hizo un médico de la Royal Navy a mediados del siglo XVII y se implantó a primeros del siglo XIX. Se tardó ciento cincuenta años en implantar lo que ya había descubierto este señor, que llevando un poco de frutas y de verduras se podía evitar la enfermedad.

No hemos desarrollado todavía socialmente los mecanismos que nos permitan actualizar los grandes sistemas de una sociedad, y el educativo es uno de ellos. Lo que Dña. María Montessori dijo, de una manera muy rápida, se puede resumir así: «El niño debe sentirse a gusto, seguro y atraído por el aprendizaje, y entonces da lo mejor de sí mismo». Pero es que eso lo ha hecho todo buen educador en el mundo.

No tenemos ahora mismo una estructura como la de los colegios finlandeses, ni una valoración social de los profesores o una preocupación nacional por la educación como en Finlandia, porque ese es el principio y luego viene todo lo demás.

Hablando con Amalia Gómez, en un acto de la Asociación de Antiguos Alumnos del año 2008, le pregunté cómo era posible que no hubiera un pacto de Estado por la educación, y me contestó: «Luis, no he conocido ningún presidente, ninguno, ninguno, ninguno, que se tome en serio la educación», y así seguimos.

En la actualidad se lleva a cabo cierta enseñanza semipresencial en el SFdP. ¿Qué opinión tienes de los MOOC (Massive Open Online Courses)?

Nosotros estamos haciendo una cosa completamente distinta. Lo que voy a decir va a sonar a muy paradójico. Los Massive Open Online Courses son al medio digital lo que las bibliotecas públicas llevan siendo al medio en papel, desde, tirando corto, los tiempos de Alejandría. Lo que pasa es que están adaptados a otro formato.

¿Por qué digo eso? Porque desde los tiempos de Alejandría, como poco, había una serie de recursos de aprendizaje. En ese momento se llamaban «rollos», los libros de entonces, que estaban al servicio y a disposición de aquellos que querían ir, leer y aprender.

Los MOOC son medios de aprendizaje que están al servicio de aquellos que quieren ir y aprender, punto final.

Con eso lo que se ha hecho es adaptar a los sistemas digitales un concepto que ya existía. Vale que no es exactamente lo mismo que asistir a una conferencia por internet, que puede ser un poco más equivalente a meterse dentro de una clase que leerse un libro. Pero porque la tecnología lo permite ahora y antes no.

El maravilloso soneto aquel de Quevedo de «Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos», eso lo estaba haciendo D. Francisco de Quevedo a primeros del siglo XVII y estamos a primeros del siglo XXI, cuatro siglos después; ¿qué es lo que estaba diciendo? Lo que decía es: «yo tengo aquí la posibilidad de entrar en interacción con los mejores espíritus, con los mejores recursos intelectuales y conocimientos que ha habido en la humanidad, mediante los libros». No olvidemos que a primeros del siglo XVII eran tecnología punta los libros. Pues eso son los MOOC.

En muchas universidades norteamericanas existen programas como el OwlSpark de la Universidad de Rice en Houston, donde se fomenta el espíritu empresarial y de innovación de los estudiantes a través de la recolección y desarrollo de ideas con vistas a la posible creación de startups. ¿Crees que esto es algo que también se puede hacer a nivel de colegio?

Justamente eso es el Exponential Entrepreneurship Programme que nosotros llevamos dos años haciendo y del que además, desde este año, hemos hecho una versión un poco más simple, puesta como optativa en toda la secundaria.

Creo que me repetiría si vuelvo a los conceptos que decíamos antes de Singularity University. Al final, el término este de emprendedor, ¿a qué se refiere? A una persona que ve una necesidad, para la cual puede generar un servicio o un producto, y a partir de ahí tener una posibilidad de negocio. Eso es una manera de generar conocimientos, es una manera de investigar y crear.

Exactamente igual que enseñamos a los niños los métodos de investigación científica, que por cierto no son los mismos en biología que en química o que en física, aunque se parezcan, exactamente igual les enseñamos los métodos de investigación en ciencias sociales, historia, economía, creación musical o artes plásticas. Claro que se pueden entrenar los mecanismos de descubrimiento de soluciones y oportunidades de negocio, por supuesto que se puede, y me atrevo a decir que se debe.

Muchos piensan que la programación informática se va a convertir en la asignatura clave para acceder a las mejores ofertas laborales, como era el inglés hasta hace nada, ¿lo compartes?

Así de esa manera, no. ¿Por qué? Porque no creo que todo el mundo tenga que ser ingeniero para conducir un coche o manejar una máquina, no creo que todo el mundo tenga que ser constructor de pianos para tocar una sonata de Beethoven. Lo cual no significa que uno no tenga un cierto conocimiento de cómo funcionan ciertas cosas y entre ellas cómo funciona la informática, eso sí. Pero ser experto en algo requiere mucho esfuerzo. Creo que hay que tener un cierto conocimiento de programación, pero un cierto conocimiento.

Hay una enorme variedad de programas en el mercado que hacen cosas enormemente complejas, y yo creo que uno más bien debe ser consciente de qué le pueden aportar los medios informáticos y luego tener la mentalidad abierta para encontrar oportunidades de aplicarlos.

¿Eres partidario del uso de las redes sociales como herramientas de aprendizaje? ¿Se puede hacer un uso académico de Facebook o Twitter?

Se puede hacer un uso de aprendizaje de cualquier cosa, basta programarlo bien. Hay que enseñar también, porque es algo que está en la vida cotidiana, los modos en que se deben y no se deben usar, los peligros que conllevan.

A estas alturas, hay pocas discusiones respecto a que hay que enseñar a los niños educación vial y a tener cuidado de que no les pille un coche. Es algo muy evidente, pero también se puede hacer mucho daño a una persona a través de las redes sociales.

La característica que en este momento tienen las redes sociales es que son coches conducidos de manera anónima. Las redes sociales son un poco como los drones de ahora.

Estoy seguro de que evolucionarán hacia un control mayor, entre otras cosas no por la eliminación de la privacidad, que me parece que es algo que uno debe proteger, sino por garantías de los derechos y libertades ajenos. Si insulto o difamo a una persona, cometo delitos que están recogidos en el código penal, lo que pasa es que ahora mismo ni tenemos tan claro que eso esté mal (y sobre todo los niños y adolescentes no lo tienen tan claro porque están aprendiendo, no son adultos todavía), ni sabemos todavía manejar un instrumento tan complejo y tan potente como son las redes sociales.

Vivir haciendo como que no existen es como cruzar la calle pensando que no hay coches: te matan.

¿Qué queda del San Francisco de Paula original fundado hace más de ciento veinticinco años?

Aparte de quedar el patio, las columnas y el artesonado del siglo XVI que estamos recuperando [risas], queda ese intento por hacer las cosas de la mejor manera posible y por que los alumnos consigan lo mejor que puedan.

La inmensa mayoría de nuestros alumnos acaban con el C1 o el C2 en inglés, otros están obteniendo el C2 antes de terminar la secundaria obligatoria y el que no consigue el C2 normalmente tiene el C1. Están desarrollando habilidades experimentales, de indagación e investigación en las distintas ciencias.

Cuando uno mira los documentos más antiguos que quedan del colegio, estos son los resúmenes de resultados de los exámenes de estado del siglo XIX. Se ve que había una orientación a la excelencia en el aprovechamiento de las posibilidades de cada persona. De aquí han salido personas que luego han sido grandes músicos, pintores, escritores, investigadores de las distintas disciplinas, diplomáticos, políticos…

Recuerdo que en una ocasión leí la necrológica de mi bisabuelo, publicada en un periódico de Sevilla en 1925, y decía que «había logrado que el colegio se distinguiera por ese afán de que sus alumnos consiguieran el máximo desarrollo posible».

Esa idea de esfuerzo para el desarrollo de las propias capacidades hasta la excelencia y de ese respeto ligado con la internacionalidad y la apertura de mentes son los dos grandes valores que plasmaron ese «respeto y trabajo» que tenemos de lema, y son los que están desde entonces.

Eres el último de una saga familiar de pedagogos, ¿seguirá la tradición familiar?

No he perdido la esperanza [risas], estoy trabajando en ello. El 50% del problema lo tengo resuelto, me falta el otro 50% [risas]. Estoy en ello.

5 comentarios

  1. Pedro Picapiedra

    “…de hecho, ni los bancos tienen como primera finalidad ganar dinero, sino prestar servicios financieros”.

    Tremendo

    • Máximo

      “Hay que acabar con los bancos: su única función es pagar millones a sus ejecutivos”
      Nassim Nicholas Taleb. Matemático y financiero “empirista escéptico”.

      http://www.elmundo.es/papel/cultura/2018/04/02/5abfa386468aebc9138b45b4.html

    • Máximo

      “En aquel máster un señor que era alto directivo de Gas Natural, José Luis Fonollosa, nos enseñó que para ninguna empresa la finalidad es hacer dinero, que para todas es generar un producto o proporcionar un servicio; y que, si este es bueno y aporta valor al consumidor, entonces generará resultados económicos que deberán invertirse para seguir mejorándolo.”
      De la entrevista

      “El capitalismo es un orden o sistema social y económico que deriva del usufructo de la propiedad privada sobre el capital como herramienta de producción, que se encuentra mayormente constituido por relaciones empresariales vinculadas a las actividades de inversión y obtención de beneficios, así como de relaciones laborales tanto autónomas como asalariadas subordinadas a fines mercantiles.”
      De la wiki.

      O se equivoca el alto directivo de Gas Natural o se equivoca la wiki, pero los dos no pueden tener razón al mismo tiempo. ¿Quién tendrá razón? Tic tac, tic tac….

  2. Ángel

    Los rasgos del capitalismo son, más que conocidos, experimentados día a día en carne propia y ajena. ¿Es baladí cualquier discusión moral sobre el asunto dado el panorama actual.? Donde sí se acierta en la entrevista es en la valoración del bilingüismo: en el caso andaluz raya en la indignidad, ¿moral?

    • Máximo

      El caso andaluz es indignante, sí.
      Un mero recurso clasista para tener a los niños bien en unas aulas y a los “malos” en otras.
      Ah, también para tener a los profes titulares o paniaguados en los cursos más tranquilos y dejar a los interinos y provisionales en zona de combate.
      Como lo cuento.

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