Rubén Díaz Caviedes: La insoportable levedad del tuit

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Sabrán que Andrés Calamaro cerraba su cuenta en Twitter alegando para ello un manojo de razones surtidas pero redundantes todas, por sintetizar, en la estupidez manifiesta que constituye tener que comunicarse de 140 en 140 caracteres. Por sintetizar y por decirlo en fino, ya que sus palabras literales fueron que 140 caracteres / pueden metérselos bien profundo en el medio del ojete. Y añadió que le importaba tres pepinos / perder un segundo más en el rebaño de boludos con blackberry o lo que es peor / conectados a la nada a cambio de demostrar que son infantiles. Y bueno, cosas así que no reproduzco porque no quiero herir sensibilidades ya directamente en la primera entrega de este blog tan delicado y tan fino. Pueden ir al suyo propio y leerlas en genuino diferido.

Y es que los argentinos son así; asertivos. Hernán Casciari, por ponerles otro ejemplo, abandonaba hace unos meses El País y La Nación. Cosa rara, comprenderán, que un autor joven se permita abandonar sus secciones en los dos periódicos más leídos en España y Argentina. Dizque dicen por ahí que lo hizo para dedicarse a la revista Orsai, pero lo cierto es que explicaba Casciari en su blog que cuando entró en El País lo hizo con una columna semanal de 400 palabras, reducida a 320 a los seis meses y a menos todavía según iba arreciando la crisis hasta que, hace un tiempo, se vio escribiendo artículos limitados a, atiendan, 270 palabras. Ni una más. Que, para que se hagan una idea, son las mismas que tiene esta entrada hasta exactamente ésta.

Sentados los precedentes —ya ven que con 270 palabras a mí sólo me da para sentar precedentes y además, precedentes cortos— sentados los precedentes, les decía, les cuento: no entiendo por qué gustan tanto las cosas pequeñas. No es que me parezca mal, ojo; es que no lo entiendo. Literalmente.

O dicho en propiedad, sí; lo entiendo. Uno se licenció en lo suyo y los departamentos de comunicación de las facultades, de hecho, están llenos de libros que explican, de Monterroso a Ferran Adrià, el porqué del imperio de lo ridículamente pequeño. Cosas de la fragmentación, dicen. De la fragmentación posmoderna. Lyotard, Baudrillard, todo eso. Y además, apuntan seguidamente, lo pequeño vendido a precio de grande resulta, cómo te diría. Terriblemente rentable. Pues bueno, pues vale. Aun así, pensaba yo, conseguir que una cosa sea más corta no la convierte en mejor, sino en más corta. Punto. Que hasta nuevo cambio del canon de juicio occidental, no es un atributo de calidad sino de cantidad. Así que, me concluía yo a su vez a mí mismo, la síntesis de contenido tiene que ser un efecto colateral de la era posmoderna, sí, y de los tiempos de la interné y las costumbres 2.0, y repito: colateral. Esto es, que no mola, pero que qué se le va a hacer.

Pero no, hija mía; nada más lejos de La Coruña. Lo poco gusta, lo breve lo peta y lo hiperbreve, lo hiperpeta. Triunfan en el mundo el tuit, el haiku, los microrrelatos y demás chúpeme usted la punta y lo hacen, además, porque sí. Porque gustan. Sin que uno, el que les habla, pueda hacer nada al respecto. Jódete y baila, como dijo no sé quién —ahora no recuerdo si Confucio o Loles León—. Aun así podría plantar batalla, fíjense lo que les digo, y hacer mía la máxima calamaresca que invita a meterse los 140 caracteres ya saben ustedes por dónde. Con el ciento cuarenta así, en número, y además citando el orto con claridad meridiana, que es feo pero elocuente, como Fernando Arrabal, y además queda muy argentino. Pero no, mira. Prefiero hacer un blog con mis amigos de Jot Down, declararlo inaccesible al imperio de la levedad y extenderme en él, ahora sí, lo que a mí mismamente me salga de tan polisémico lugar. Sea poco o mucho según requiera la ocasión, el tópico o, lo que es más probable, tenga el día. Que, no sé a ustedes, pero a mí me parece un criterio mucho más lógico que, por ejemplo, los 140 caracteres porque sí.

Y lo demás, lo que les digo. Que para quien lo quiera. Es la insoportable levedad del tuit, amiga mía. Y contra ella no cabe plantar batalla.

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10 comentarios

  1. Yolanda Gándara

    No sabía lo de Calamaro. Ni lo de Alejandro Sanz, me acabo de enterar gracias a la noticia relacionada de El País y me parece mucho más divertido que el affaire Calamaro: http://www.elpais.com/articulo/gente/tv/Alejandro/Sanz/amaga/dejar/Twitter/elpepugen/20110512elpepuage_1/Tes

    (Me están culpando de escribir «vuestra» con «b»). Sublime.

    Confieso que yo también reniego del tuit, me puede el síndrome Bisbal y la posibilidad de cagarla según el contador de caracteres inicia la cuenta atrás.

  2. @Yolanda;

    A mí me puede el tuit y todo lo relacionado con él. El tuit, su levedad, el tnr q scribir así y los esmailis del demoño, que son un arte que jamás conseguiré dominar (y mire que es fácil, oiga). Las aventuras de Alejandro Sanz en Tuiter son, sí, muy comentadas; ahora que yo postulo que Alejandro Sanz no le ha hecho a Tuiter nada que no le haya hecho ya al arte. Saluditos y gracias; ha sido usted nuestra primera comentadora :)

    • Yolanda Gándara

      Andaba yo leyendo el ABC http://www.abc.es/20110708/medios-redes/abci-errores-medios-201107080106.html
      cuando me he acordado de tu artículo.
      Me asombra la repercusión que puede llegar a tener un desliz gracias a la «labor» de los twitteros y del rebote que le proporcionan los medios de comunicación en algunas ocasiones (porque, la verdad sea dicha, la mayoría de los trending topic no llegan ni de lejos a ser vox populi si no tienen eco en radio, prensa o tv).
      Es un poco cansino esto de los «escándalos» vía tuit.

      Da la sensación de que Twitter funciona gracias a la existencia de cuatro millones de parados con conexión a internet.

  3. Me encanta que este blog se llame como se llama y se presente como se presenta, porque así el autor no podrá nunca ni jamás de los jamases quejarse de que nos enrollemos en los comentarios. Quiero decir, no puede hacerlo sin caer en la hipocresía, y de la hipocresía a la hidropesía, ya se sabe, hay apenas una d y una r en lugar de una p, y luego una p en lugar de una c y una r, es decir, casi nada. Y caer en la hidropesía es malo. Muy malo. Caer casi siempre es malo.

    Y me encanta que el autor del blog no se pueda quejar de la extensión de los comentarios porque yo a veces me enrollo como las persianas cuando comento algo. A mí tampoco me va la moda de lo demasiado breve. ¿No era ya bastante breve el soneto? Pues toma haiku. ¿Qué, que no tienes tiempo ni para leerte un cuentito? Pues toma microrrelato. ¿Que quiero difundir mi pensamiento, pero, por desgracia, pienso poco? Pues nada, oiga, qué mejor que expresar mi profunda sabiduría en un aforismo.

    Estoy en parte de acuerdo con eso que dicen de que en escritura menos es más. Ciertamente, cualquier palabra superflua sobra. Pero lo moda actual va más hacia la idea de que cualquier palabra sobra, sin lo de superflua. Craso error. Si uno puede resumir un pensamiento en una frase breve, en uno de cada 100.000 casos será porque uno es un crack de la síntesis… pero en los 99.999 casos restantes es porque el pensamiento en cuestión es una mierda de pensamiento.

  4. ¡Qué alegría, qué alboroto, tenemos otro blog piloto! Encantadísima de que se le reconozca su trabajo, enhorabuena por esta nueva criatura, a la que querremos igual que a la otra, nunca más, que los celos son malos.
    Completamente de acuerdo con usted. Mi relación con twitter duró seis horas de tal pestiño que me pareció. A Twitter yo debí parecerle simple, y al resto de la sociedad, una antigua. Desde aquel día me quiero más. Como si desayunara Special K. Le leo en breves.

    • Hizo usted bien en no apuntarse. Yo sí que lo practico, ya ve usted qué incoherencias, aunque por las necesidades de la SEO maldita y de vender la burra, más que otra cosa. Gracias por sus palabras y esperamos verla por aquí, ya que no en Twitter, de vez en cuando.

  5. ElenaW

    Hay tipos divertidísimos en twitter, soltando ocurrencias geniales, y les sobran caracteres. No todos tenemos el don lapidario del aforismo tronchante.

  6. Vea usted que de breve puedo tener yo tener el número de pie y la capacidad de concentración según momentos. Decidí por ello que el twitter no era para mí, teniendo en cuenta las luchas incruentas que he tenido yo con el móvil para mandar sms con todas sus letras y sus acentos en sólo un sms. Medias horas he gastado intentando apretujarlo todo y me han llevado las furias y he terminado llamando.
    Y que además, yo creo que a quién le va a interesar una frasecita mía del tipo «hoy me he levantado dando un salto mortal»: si tengo algo importante que decir lo digo con several frases y si no, pues no lo digo. Ea.

    Y enhorabuena por su (nuevo) programa.

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