Cristian Campos: Holismo – reduccionismo

Publicado por

A estas alturas ya deben haber haber visto ustedes el vídeo del discurso del 16 de noviembre del eurodiputado británico Nigel Farage en la Eurocámara. Si no lo han visto, aquí tienen el vídeo y la transcripción de su intervención, que se ha convertido en uno de los memes políticos del momento. De hecho, circula viralmente por internet en el mismo tren en el que viajan el 15M, Democracia Real Ya, Wikileaks y otros demagogos apocalípticos por el estilo. Lo cual no deja de ser curioso teniendo en cuenta que Nigel Farage es uno de esos pomposos liberales populistas de derechas que suele producir de vez en cuando el ecosistema político anglosajón, algo así como la versión plebeya y definitivamente rústica del excéntrico, aristocrático y alcoholizado Lord John Marbury de El ala oeste de la Casa Blanca. Pero ya saben que en el circo digital todo es bueno para el convento: si tiene plumas y grazna, va directo a la olla.

El contenido de la intervención de Nigel Farage es lo de menos. Lo que me interesa en realidad es este artículo publicado en Politikon, que a su vez hace referencia a este otro texto, una irónica guía para periodistas perezosos dispuestos a darle rienda suelta a sus prejuicios respecto a la Unión Europea sin salirse de los lugares comunes más chuscos. Politikon, por si no lo saben ustedes ya, es uno de los dos mejores blogs españoles de análisis político duro. El otro es Obamaworld. Y digo que me interesa el artículo y no tanto el discurso concreto de Farage porque llevo tiempo dándole vueltas a la idea de escribir un texto sobre holismo y reduccionismo.

Que será este.

Vamos a simplificar para que nos entendamos todos rápidamente.

El reduccionismo es un método de análisis científico que defiende la idea de que todo sistema puede ser explicado a partir del análisis de sus componentes elementales. Para un reduccionista, toda la ciencia biológica puede ser explicada a partir de la química, toda la química puede ser explicada a partir del estudio de la física y, en su versión más extrema, toda la física puede ser explicada a partir de las matemáticas. Para un reduccionista, descifrar el universo entero, su pasado y su evolución futura sólo requiere de un ordenador lo suficientemente potente, capaz de registrar y calcular el comportamiento de todas y cada una de las partículas atómicas que lo componen a partir de una o varias fórmulas matemáticas.

Esto es reduccionismo:

El holismo, por su lado, argumenta que ningún fenómeno puede ser completamente explicado a partir del estudio de sus componentes elementales. El holismo defiende la existencia de áreas del conocimiento si no 100% independientes, sí claramente autónomas. Según los holistas, el comportamiento de la bacteria de la meningitis no puede ser explicado a partir de la interacción de las partículas atómicas que la componen, pues a medida que subimos niveles (de la física atómica a la química y de la química a la biología) aparecen efectos o características inesperadas que no pueden ser deducidas a partir de las propiedades de los elementos inferiores. Según el holismo, es absurdo decir “lo maté porque unas cuantas decenas de miles de electrones interactuaron en mi cerebro en función de complejísimas tramas matemáticas”. Para un holista, el porqué del terrorismo debe ser buscado en ciencias sociales como la psicología evolutiva y la antropología, no en ciencias naturales como la física o la biología, y mucho menos en ciencias formales como las matemáticas.

Así que, ¿cómo distinguir a un reduccionista de un holista, y a este de un demagogo de izquierdas?

El reduccionista analiza el terrorismo desde niveles inferiores: el de la química y el de la neurociencia.

El holista lo hace desde su mismo nivel: el de la psicología evolutiva y el de la antropología.

El demagogo de izquierdas lo hace desde un nivel superior: el de la sociología.

Es decir, a menor matematización, más izquierdismo. ¿Por qué? Porque a menor matematización, más espacio para la subjetividad. Es decir para la manipulación y la mentira.

La disputa entre holismo y reduccionismo tiene obvias implicaciones éticas y filosóficas. Si el reduccionismo está en lo cierto, el futuro está escrito en una fórmula matemática y los seres vivos somos únicamente un conglomerado de partículas elementales sin voluntad propia. El reduccionismo conduce al determinismo extremo. O al caos extremo, suponiendo que el comportamiento de esas partículas elementales sea en todo o en parte azaroso.

El holismo, por el contrario, conduce a un mundo en el que la voluntad existe. Y si la voluntad existe, la distinción entre el bien y el mal adquiere sentido.

En cualquier caso, el debate es más teórico que práctico: aún si el reduccionismo está en lo cierto, resulta totalmente imposible, con nuestra tecnología actual, predecir el comportamiento de quintillones de átomos que interactuan entre ellos a velocidades inimaginables. Para poder calcular el comportamiento futuro de todas y cada una de las partículas del universo haría falta, lógicamente, un ordenador mayor que el universo. Lo cual es inviable, claro. A fecha de noviembre de 2012, la mayoría de los fenómenos de la realidad deben ser explicados, básicamente, a partir del conocimiento científico acumulado en el nivel al que pertenecen, y no en base a las leyes de los niveles inferiores.

Y seguramente se estarán preguntando ustedes “¿pero qué coño tienen que ver el holismo y el reduccionismo con Farage y Politikon?

Fácil.

El discurso de Farage es políticamente holista y la respuesta de Politikon a todos aquellos que alaban a Farage es políticamente reduccionista. Farage pontifica sobre la decadencia de la UE a partir de elementos pertenecientes a los niveles superiores del análisis político: la decapitación de Papandreu y Berlusconi, el liderazgo inflexible y autoatribuido de Merkel y Sarkozy, un supuesto déficit de democracia interna en la UE… Politikon recurre a los elementos de los niveles inferiores: no se puede cargar demagógicamente contra la Unión Europea si no se conoce al dedillo cómo funcionan las instituciones europeas, cómo se toman las decisiones en ellas, qué efectos tienen en la práctica, cuál es la diferencia entre un informe, una directiva y un reglamento…

Un demagogo del 15M, por su lado, no diría jamás «Alemania está ejerciendo un papel en la UE que nadie le ha pedido democráticamente que ejerza«, sino «la UE está en manos de los especuladores de la City londinense«. ¿Se entiende la diferencia, verdad? La primera afirmación es incierta; la segunda es falsa.

En resumen: Farage está diciendo que han surgido espontáneamente efectos perversos en la UE que no pueden ser deducidos a partir del conocimiento de sus normas de funcionamiento.

¿Quién tiene razón?

En realidad, todos nosotros somos holistas o reduccionistas, aún sin ser conscientes de ello. Más precisamente: todos somos holistas en aquellos temas o ramas del conocimiento que no dominamos, y reduccionistas en aquellos en los que somos unos expertos.

Vayamos a un tema más modesto que la decadencia de la UE. Un holista dirá que “independientemente de cómo funcionen las instituciones europeas y de cómo se tomen las decisiones en ellas, el hecho de que uno o varios burócratas hayan elaborado una directiva que prohíbe que los niños menores de ocho años inflen globos sin la supervisión de un adulto indica que hay algo intrínsecamente perverso y degenerado en la UE, sin necesidad de profundizar más en el proceso de elaboración de esa directiva”.  Un reduccionista dirá que la UE elabora centenares de directivas al año y que el 99% de ellas son perfectamente sensatas, que hay que leer la directiva de cabo a rabo para entender el motivo de tanta precaución, que deberíamos analizar su porqué y que, en definitiva, los beneficios de una administración de nivel superior como la europea, que se suma en el caso de los españoles a otros tres niveles administrativos inferiores, superan con mucho sus perjuicios o efectos perversos.

Por cierto, no confundan holismo con demagogia y superficialidad, y reduccionismo con profundidad: se trata de niveles de análisis diferentes. Un holista no niega el nivel inferior, que considera adecuado para el análisis de los fenómenos pertenecientes a su nivel; sólo dice que las reglas de dicho nivel inferior son insuficientes a la hora de analizar los fenómenos del nivel superior. El reduccionista dice que no tiene sentido analizar el nivel superior sin tener en cuenta el inferior. Para un holista, un sistema que produce una directiva que prohíbe a los niños inflar globos o que amenaza con meter en la cárcel a los padres que los dejen a solas con uno es degenerado per se, sin necesidad de recurrir a niveles inferiores.

Pongamos otro ejemplo:

Uno de los principales problemas de la economía española es la rigidez de su mercado laboral”.

¿Es necesario conocer al dedillo la legislación laboral española, el sistema de financiación de los sindicatos y las organizaciones empresariales, las estadísticas de contratación temporal e indefinida, las tasas de productividad y el índice de absentismo laboral de los trabajadores españoles para poder decir que la anterior afirmación es correcta o incorrecta? En un planeta reduccionista, ¿quién podría opinar sobre los problemas de la economía española? Puestos a remitirnos a niveles inferiores, ¿por qué parar en el de la politología y la economía? ¿Por qué no seguir hasta el de la antropología y la geografía y la climatología? Y una vez ahí, ¿por qué no seguir hasta la biología? ¿En qué nivel nos detenemos y decidimos que el saber atesorado es suficiente como para opinar con conocimiento de causa sobre un determinado tema?

¿Es necesario conocer la mecánica de un coche hasta el último de sus tornillos para poder decir que ese coche no nos gusta?

Vayamos un paso más allá.

«España es un país de parásitos«.

«La gastronomía eslava es pienso para hienas«.

«Radiohead son un coñazo para eurochusma con pretensiones«.

«El nyotaimori es una guarrada de campeonato que rivaliza en repulsividad con el noble arte de comer paella del morro de un perro con moquillo«.

No se me enfaden: si esto va y lo dice Pérez-Reverte estarían aplaudiendo con las orejas.

Todas las afirmaciones anteriores son muy probablemente refutables desde el reduccionismo, pero irrefutables desde el punto de vista holístico. Comer arroz de textura cremosa y glutinosa, es decir pegajoso, de la piel de una tipa desnuda que se hace la muerta, que suda, con sus bacterias y sus secreciones sebáceas, sus glándulas sudoríparas, sus desescamaciones microscópicas y demás, es, epidérmicamente hablando, una guarrada. Ahora bien: si se remiten ustedes a niveles inferiores, al erotismo de los placeres bizarros y la vulneración de los tabús, al feísmo como revulsivo estético y al jugueteo con la idea del canibalismo como estímulo visual cafre, bueno… ahí el argumento de la guarrada se tambalea. A fin de cuentas, más bacterias te tragas cuando mordisqueas un bolígrafo.

Imaginen, por otro lado, un mundo abarrotado de reduccionistas: sería imposible mantener una sencilla conversación intrascendente, u opinar o debatir acerca de algún tema absurdo, sin que viniera alguien AÚN más reduccionista que tú echándote en cara los condicionantes, las leyes y los requisitos de un nivel inferior a aquel en el que tú te mueves. El reduccionismo en el mundo de la cultura, por ejemplo, conduce al esnobismo. Y el esnobismo extremo es tan titánicamente preciso que acaba resultando irrelevante como método de análisis.

Así que a estas alturas del artículo se estarán ustedes preguntando «¿está este tipo defendiendo la ceporrocracia?«

No, hombre, no: todo lo contrario. Con los siete últimos años de socialismo voy más que servido. Estoy defendiendo el sentido común y la intuición razonable como método (relativamente) fiable de análisis de la realidad.

A lo que voy es a que, así como en el terreno científico el gato al agua parece llevárselo claramente el reduccionismo (moderado), en el terreno social el debate público se convertiría en un infierno si no nos permitiéramos una cierta dosis de holismo. De hecho, el cerebro humano está programado para elaborar mapas mentales de la realidad muy precisos en apenas unas milésimas de segundo basándose en datos sueltos y aparentemente inconexos. Datos percibidos incluso a nivel inconsciente o, de forma más precisa, a partir de un nivel de atención muy bajo. Y lo sorprendente es que no solemos equivocarnos. No demasiado, al menos, teniendo en cuenta lo mucho que podríamos errar.

Un ejemplo al azar: ¿cómo sabe un futbolista que tiene que golpear el balón con un efecto concreto, con la fuerza exacta, en determinada dirección y con el ángulo y la velocidad correctas para que le llegue al delantero en la mejor disposición posible para acabar en gol? Si le preguntan al futbolista, no les dirá que ha analizado la dureza del césped, calculado el coeficiente de fricción de la pelota y la velocidad del viento, descartado la inercia del movimiento de los defensores y atendido a la posición de los siete u ocho jugadores situados a su alrededor en el momento de golpear el balón. Simplemente les dirá que ese pase le ha parecido la jugada correcta en ese preciso instante. Es posible incluso que les diga “lo he hecho sin pensar”. Lo sorprendente es que este tipo de razonamientos, este tipo de toma de decisiones instantáneas, suelen ser extraordinariamente precisas y eficientes. Por seguir con el ejemplo: quizá sólo uno de cada diez pases en profundidad acaba en gol, pero los nueve restantes van a quedarse, con total seguridad, a centímetros del éxito. Raro es el caso del futbolista que, queriendo meterle un pase a su delantero, acaba metiéndose un gol en propia puerta. De hecho, si la mayoría de esos pases no alcanzan el éxito es porque un defensa ha tomado una decisión instantánea aún más precisa que la del tipo que ha dado el pase.

Es decir: el éxito de un razonamiento holista no se ha de medir en función de si alcanza su meta final con precisión quirúrgica, sino de su aproximación al fin deseado. Quizá no todos los españoles son unos parásitos, pero ustedes pueden tranquilamente sostener que España es un país esencialmente parásitario y refractario a la meritocracia a partir de cuatro o cinco datos aislados: el nivel africano de absentismo laboral en su empresa, las dificultades de su mujer para despedir a un trabajador especialmente jeta, la deficiente profesionalidad de los pocos funcionarios públicos con los que usted tiene trato, el PER, los retrasos prehistóricos de la administración en los trámites burocráticos que le afectan, las dificultades para hablar sin faltas de ortografía de más de un ministro del gobierno español… Súmele a eso las informaciones periodísticas y las opiniones de los expertos en los medios de comunicación, añádale conversaciones sobre el tema con familiares, allegados y conocidos, adórnelo con un poco de sentido común y de experiencia vital, y réstele un poco de apasionamiento ideológico. Si es usted honesto con todos esos datos, llegará a una conclusión si no 100% precisa, si bastante cercana a la verdad.

Si no es usted honesto y prescinde de esos datos o los manipula a su conveniencia para que confirmen sus prejuicios ideológicos, es que es usted, como ya he dicho antes, un demagogo de izquierdas.

 

MENSUAL

3mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL

30año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL + FILMIN

85año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

FOR EVER

120Para siempre
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
PARA SIEMPRE (en un solo pago)
 

25 comentarios

  1. Bufff… Cuantas palabras inútiles, cuantas ideas confusas y mezcladas, cuantas analogías falaces, cuantos conceptos reducidos a anécdota… para concluir que la izquierda es un postulado demagogo basada en manipular la realidad a los prejuicios propios.

    Mucho mejor, por supuesto, hacer política, sociología o economía de «sentido común». O como se dice ahora «como dios manda».

    De «Cosmos», de Carl Sagan: «…Un intérprete echó una ojeada a la piedra de Rosetta, cuya inscripción jeroglífico todavía no se había descifrado, y anunció instantáneamente su significado. Dijo que el rápido desciframiento le permitía evitar los errores sistemáticos que produce invariablemente la reflexión prolongada . Dijo que se conseguían mejores resultados si no se pensaba demasiado…»
    Afortunadamente, además de algunos Campos, existen Champolliones en nuestro mundo,

  2. No me sea holista, coño.

    Por cierto, eso de «se consiguen mejores resultados si no se piensa demasiado» no es tan ridículo como parece. Lo explica Steven Pinker en Cómo funciona la mente, Daniel Kahneman en Thinking, Fast and Slow y Jonah Lerer en Cómo decidimos. Una frase del último libro: «Pensar demasiado nos lleva a centrarnos en toda clase de variables que en realidad no importan (…) El exceso de análisis existe».

  3. No quisiera ser reduccionista pero… 42.

  4. Fawkes

    Muy bueno el artículo, solo una duda, eso de hablar sin faltas de ortografía ¿Cómo se hace?

    (No me hi podío aguantar)

  5. Roberto Durán

    Observen lo que ocurre si a un demagogo de izquierdas lo espolvoreamos con abundantes dosis de narcisismo literario:

    http://andresneuman.blogspot.com/2011/11/el-paraiso.html

  6. Todo el artículo oscila alrededor de esa «intuición razonable» que ha tenido que escribir, comprenderá que es un sumidero considerable.

  7. Pajote en el ojo ajeno

    Ya veo, lo que debe tomarse como referencia entonces es el sentido común. Que es como decir que hay que considerar que lo bueno es bueno. Lo malo, sin embargo, es malo.

    Gran aportación al pensamiento occidental.

  8. Pingback: Holismo - Reduccionismo

  9. Si fuera tan fácil distinguir lo bueno de lo malo no necesitaríamos jueces, ni partidos políticos, ni policías, ni psiquiatras, ni guerras, ni filósofos, ni 30 marcas de yogures. Estará de acuerdo conmigo en que no debe ser tan sencillo distinguir lo bueno de lo malo cuando una buena parte de los recursos y el tiempo de la raza humana se dedica a desentrañar el intríngulis de la cosa.

  10. Arkaitz Mendia

    Muy interesante el articulo, pero es un poco tocho para mi limitada capacidad.

  11. Angel

    Creo que tu reflexion de reduccionismo/holismo tiene un problema de base. Te falta un concepto que es el que genera el holismo desde el reduccionismo, y es el de emergencia, es decir, la creacion de fenomenos de nivel superior desde el nivel inferior, siendo el nivel inferior incapaz de percibirlos o expresarlos. La reduccion desde cualquier nivel nos lleva a situaciones en la que parte de lo que era cierto en el nivel superior es falso en el nivel inferior.
    Tu distincion entre holismo = izquierda y reduccionismo=derecha es interesante por si misma, pero sigue sin parecerme claro a donde quieres llegar con tu discurso, aparte de despreciar ideas de «izquierda» (teniendo en cuenta que hoy en dia los conceptos de izquierda y derecha estan completamente superados en el plano practico). Me pareceria mas correcto hablar de la dimension material (liberales vs protecionistas) y de la dimension moral (libertarios vs conservadores) de nuestros «lideres», pero que demonios, en este pais somos como el futbol, eres del Madrid o del Barça, aunque no te guste el deporte en si mismo ( y sin analizar si alguno de ellos juega bien o mal, siendo el punto de analisis nosotros contra ellos).

  12. Pingback: Intuicionando razonablemente « el pandemonium

  13. Grunentahl

    ¿Y los que somos del A’leti?

  14. Antracito

    Si la izquierda es demagoga y le sumamos el logaritmo franciscano, nos llevamos dos, le restamos un folículo, a ver…coño, nos sale la premisa inicial.

  15. Grunentahl

    Bueno, ahora en serio. Me voy a poner reduccionista (es que soy «eurócrata»…): esa directiva de los globos se publicó en 2009 y en sus 37 páginas de texto no aparece la palabra «globo» ni una sola vez. Está expresamente destinada a poner limitaciones al ánimo de lucro desaforado de malvados fabricantes de juguetes que usan pinturas venenosas, hojalatas cortantes y otras perversidades.
    La sacó a relucir con aviesa intención euroescéptica el Telegraph, que estaría encantado de que el English Cahnnel fuera tan ancho como el Atlántico. Le copia Público, al que le gusta más la bulla que el rigor.
    Como chiste puede pasar, pero para ilustrar un análisis, mi sentido común, si es que lo tengo, me dice que es un poco inuificiente. Y eso es lo menos apreciable de Nigel Farage, ilustre orador por otra parte: que se pasa de chistoso…

    ri qntes de

  16. A ver si consigo explicarme. En primer lugar, hay que distinguir reduccionismo epistémico de reduccionismo ontológico. Un puede comprar la reducción ontológica sin necesidad de ser epistémicamente reduccionista.

    Por otro lado, si alguien piensa que puede reducir epistémicamente, por ejemplo, la política a biología, desde mi humilde punto de vista, está equivocado. Si se pudiera hacer, por ejemplo a partir de la etología, ya se habría hecho. Nada impide hacer esos análisis exactamente igual que los hacemos con los chimpancés. Pero es que en el contexto histórico en el que nos movemos las estructuras etológicas (o sociobiológicas) están tan disueltas que por sí solas no explican nada, aunque deban ser tenidas en cuenta.

    La confrontación que el artículista presenta como reduccionismo/holismo, aunque el diga que no es así, no es más que una confrontación entre análisis detallado y análisis superficial, pues la mención a escalas más «micro» de la realidad es puramente retórica. Usar esos niveles para explicar la economía es como darle al agua con una espada. Puedes hablar del vicepresidente del gobierno como macho beta o tratar de describir molecularmente el flujo monetario, otra cosa es que eso sirva para explicar algo. Nadie, creo yo, defiende seriamente la reducción epistémica por lo tanto, en el sentido de holismo que usa el texto, todos somos holistas.

  17. Marcel Gascón

    A mí me ha gustado y me parece muy atinado. Gracias Cristian

  18. Ha debido leer algo de esto del holismo. Y se ha dicho en plan cultureta que podía ser usado como arma de destrucción masiva. Le sale la pura nada caótica que precisamente defiende lo que critica. La demagogia subjetiva de la izquierda.
    No se me meta en honduras. Para decir lo de siempre, hable como siempre que parece que le ha salido un huevo en la boca. El resultado es el mismo.

  19. Felipe

    Menuda sarta de sandeces.
    Así que Farage tiene razón y quien no lo acepte es un demagogo. Bastaba una linea para decir esto.

    http://i.telegraph.co.uk/multimedia/archive/01630/dazed-and-plane_1630938i.jpg

  20. Lo que no me ha quedado claro es si el hecho de que me encante Radiohead me convierte en holista, reduccionista o sólo un demagogo de izquierdas.

    Vaya articulito.

  21. Blackkader

    Mola la actitud de el Físico, en plan Yul Brynner en The King and I
    Y el biólogo con su calamar o quizá pulpo.
    Psicólogo con libro y perilla y químico con probeta.
    Ni el Matemático ni el Físico sujetan nada pero curiosamente tampoco el Sociologo.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.