Emilio de Gorgot: Desastres musicales del 2011

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2011 está siendo el año de los descarrilamientos musicales por excelencia. Lo cual sería triste o preocupante si el 2010 hubiese sido un buen año (o el 2009, o el 2008, o el 2007, o…) pero dado el estado artísticamente comatoso de la música popular, la verdad es que casi empieza a ser divertido ver tanto desastre junto. Tenemos el último y soporífero disco de los Red Hot Chili Peppers, de quien francamente ya no esperaba mucho (o nada), Aunque a ellos ya les va bien así: se han ganado un nuevo contingente de fans para quienes supongo nada significan los nombres de George Clinton, Jimi Hendrix o Sly Stone —y mucho menos Hillel Slovak—, y también gozan del beneplácito de una nueva crítica que defiende el ramplón Stadium Arcadium o este recién editado y terrible I’m with you, mientras por lo general abomina aquel One hot minute (disco que, por comparación con lo que hacen ahora, empieza con los años a sonar cada vez mejor). Los Red Hot Chili Peppers del 2011 son básicamente un nuevo grupo, dirigido a una nueva audiencia y a una nueva crítica, lo que me parece muy bien… sólo que ahora quien lleva la dirección musical es el cantante Anthony Kiedis, quien —eso lo sabíamos bien los antiguos fans— siempre fue el único miembro que ha pasado por la banda que carece de talento musical. Y ahora es precisamente él, el que no tenía talento, quien lleva el timón musical de los Peppers: los resultados están a la vista. El horror.

Más entretenido —por menos previsible— es el hilarante matrimonio entre Lou Reed y Metallica. Se les ve muy felices, o dicen estar muy felices y comer perdices, pero alguien debería sentarse con todos ellos en una habitación y hacerles ver, con seriedad y con todo el cariño del mundo, que la inefable combinación suena a rayos. Músicos tan experimentados como ellos deberían tener clara la primera ley de los locales de ensayo: lo que funciona, funciona y lo que no funciona de primeras, sencillamente no va funcionar más adelante y no hay forma de arreglarlo. Verles sobre el escenario destrozando clásicos de la Velvet Underground como White light white heat o Sweet Jane —canciones que no son precisamente difíciles de interpretar— era el indicio claro de que la cosa no iba por buen camino, pero ellos no se daban por aludidos. Metallica ya no tienen la química que les hizo especiales mucho tiempo atrás, y para Lou Reed, que ha grabado algunos grandes discos pero que nunca fue un buen cantante que digamos, la edad no está jugando precisamente a favor. Incluso Ozzy Osbourne, pese a su precario estado (¿cómo se mantiene en pie?), consiguió sonar bastante mejor cuando compartió escenario con Metallica. Me gustan mucho los discos antiguos de ambos artistas, pero lo de ahora no hay por dónde cogerlo. Aunque si se empecinan en continuar con su frenkensteiniana simbiosis, seré el primero en estar bien atento… me gustan los vídeos de demoliciones, como a Homer Simpson.

Tanto o más hilarantes —porque la verdad es que no terminan de sorprender— son los devaneos de Mick Jagger con su nueva banda Superheavy, en la que militan Dave Stewart, antiguo cerebro de Eurythmics y responsable de algún que otro desastre similar; Damian Marley, cuya credencial es… sí, el ser hijo de Bob Marley; y Joss Stone, típica maciza enlatada de la MTV: buena voz, buenas piernas, nulo interés. El resultado de esta improbable combinación gustará, supongo, a quienes se sientan cómodos con la escena musical “mainstream” actual. Para los seguidores de los Rolling Stones —grupo que ahora Jagger ha dicho querer abandonar, mosqueado por la autobiografía de Keith Richards— esto es solamente un desliz más, el mayor hasta ahora, del amigo Mick. Está muy bien que Jagger quiera hacer cosas al margen de los Stones y probar con estilos más modernos: es algo que, cuando lo hizo medianamente bien, se le aplaudió (como en aquel Wandering spirit); y cuando lo hizo mal, se le perdonó porque todos entendíamos que el hombre tenía sus necesidades. Pero es que el Mick Jagger de Superheavy no está pareciendo querer demostrar nada nuevo ni explorar; se limita a hacer lo de siempre sólo que sobre unas bases discotequeras que le pegan tanto como una bandurria a un canto gregoriano. Jagger está cayendo en la autoparodia (y si hablamos de su papel en el videoclip de Miracle Worker, en la autoparodia sangrante) pero supongo que lo políticamente correcto sería decir “si a él le hace feliz, adelante”. Pero no. Hay gente que juega con estilos más contemporáneos y el resultado nos puede gustar o no, pero es evidente que saben desenvolverse en ellos, como Bootsy Collins. Algunas de las canciones tecno de Bootsy no me gustan nada, pero él está en su salsa y no hace el ridículo. Lo de Mick Jagger es otra cosa: ponerle un fondo diferente a su voz de siempre, a sus tics de siempre y a sus bailecitos de siempre no le convierte en un músico distinto o innovador, sino en un parche en lo que a todas luces es un pastiche. Es peor que lo de Chris Cornell grabando con Timbaland, que ya es decir. Pagaría dinero por saber qué piensa de todo esto Charlie Watts mientras aporrea su batería con su combo de jazz.

Otro desaguisado del año ha sido la actuación de ese grupo de tributo a Guns N’ Roses, llamado casualmente Guns N’ Roses, en el festival Rock in Rio. Y ni siquiera es el mejor grupo de tributo a Guns N’ Roses. Hay tantos momentos desastrosos en la actuación de los Guns (llamémoslo Axl Rose Band) en el festival que no sabría por cuál empezar. Por ejemplo, ese Welcome to the jungle con Axl enfundado en un chubasquero amarillo y dos guitarras solistas que no son capaces —entre los dos— de sacar adelante el solo que hacía Slash y que diariamente reproducen miles de guitarristas aficionados en sus propias casas. Lo de Bumblefoot dejando de tocar varias veces para intentar quitarse un casco de soldado de Star Wars mientras el ultramolón DJ Ashba no es capaz de cubrirle las espaldas (¿para eso hay tres guitarristas, tres, sobre el escenario? ¿Para que entre los tres no sepan sacar adelante una canción que Slash podría hacer él solo?) es verdaderamente triste. Por no hablar del reprise final de Paradise City, con Bumblefoot y DJ Ashba repartiéndose solos francamente monótonos y demostrando que tienen técnica pero más bien poco fuego (y poco estilo: Bumblefoot tenía que apoyar la guitarra sobre la rodilla para hacer las escalas que Slash era capaz de hacer manteniendo además su pose típica). O esa deslavazada Nightrain donde el grupo extravía el rumbo como si estuviese en su primer concierto en las fiestas del barrio. O esa agónica November Rain donde se pierden por completo, en donde Axl toca el piano como un aficionado y la mitad de las veces no sabe ni por dónde va. Axl, Axl… la gente se ha centrado en bromear sobre su peso, pero eso es casi lo de menos. Su voz durante el Rock in Rio ha sido comparada con la de Mickey Mouse o la de una anciana… eso da una buena idea de cuál era su estado. Sus cincuenta años no son una excusa: con la misma edad Ronnie James Dio cantaba como los ángeles, por no poner ejemplos de cantantes de ópera o de otros estilos. Lo de Axl en Brasil ha sido tan vergonzoso que sus numerosísimos tropiezos del pasado casi quedan en nada. En resumen: un grupo que tocaba con desgana, un Axl incapaz de dar las notas ni con la voz ni con el piano, unos guitarristas que con toda la técnica que tienen —y la tienen— perpetraron un chapucerísimo muestrario de despropósitos… sería algo bastante humorístico si no se estuviese usando el nombre Guns N’ Roses para ello. Quien no me crea, que vea la Sweet child o’mine que ofrecieron: si no parece cantada por un pitufo, me corto las orejas.

Un último desastre ha sido no tanto musical sino personal. Y el protagonista, cómo no, ha sido otra vez él, el hombre que nunca levantará cabeza: Sly Stone. Nos sorprendió este verano editando un disco (¡después de varias décadas!), aunque eran sólo versiones de sus antiguos éxitos, regrabadas innecesariamente y en tres casos horriblemente reconvertidas al sonido discotequero actual. Nada destacable salvo el hecho de que alguien había conseguido retenerle en un estudio tiempo suficiente como para terminar una grabación sin desaparecer para seguir colocándose. Pero el flojo disco de auto-versioones traía una sorpresa: entre tanto refrito mediocre había un par de nuevos temas que no sonaban nada mal: Get Away, un atmosférico soul con uno de sus típicos estribillos pegadizos, algo que la verdad no pensaba que Sly fuera capaz de producir a estas alturas, yPlain Jane, un funk que —milagrosamente— recuerda a lo que hacía a mitad de los setenta. Dos canciones pueden parecer muy poca cosa, y son muy poca cosa, pero conociendo la biografía y la personalidad de Sly es mucho más de lo que nadie esperaba. Aunque estaba claro: siendo él, tenía que arruinar el pequeño atisbo de esperanza… o no sería él. A las pocas semanas de la edición del disco nos llegaba una nueva noticia: Sly estaba convertido en un sin techo, viviendo en una caravana aparcada en una calle, recibiendo comida, electricidad y agua caliente gracias a la caridad de una pareja de vecinos, mientras el resto de residentes intentaban expulsarle de allí porque daba mala imagen al barrio y la presencia de su caravana (sic) “hacía disminuir el valor de las propiedades”. Esta misma semana acaba de entrar en un centro de rehabilitación para tratar la adicción que le apartó de los escenarios hace cuarenta años. Todos sabemos que no funcionará. Uno de los músicos con más talento del último medio siglo y sólo ha grabado dos canciones nuevas en tres décadas, para en cuestión de días terminar viviendo en la calle. En realidad, el milagro no es que grabase dos canciones decentes: el milagro es que siga vivo.

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13 comentarios

  1. Monsaraz

    ¿Y Radiohead? Yo incluiría The king of Limbs entre los horrores del año.

    • No soy muy seguidor de Radiohead, pero sí, ese disco se podría haber incluido. Haría buena pareja con el de los Peppers como música terapéutica en la estantería de un insomne.

  2. Lo de la banda tributo a Guns N’ Roses ha sido bochornoso. Menuda shit! Y lo peor es que está colgado el concierto entero en Youtube.
    Deberían quemar ese documento!

  3. Percival

    Juzgar el estado de la cosa en base a actores cuyos días de gloria quedan lejos, en base a dioses crepusculares, es como enjuiciar al Real Madrid a partir de los partidos del Real Madrid de veteranos.

    • Bueno, sería casi como comparar la profesión de músico con la profesión de futbolista.

      De todos modos, lo que tú dices no es lo que dice el artículo. No es que los RHCP, Axl, Jagger o Metallica/Reed estén en mal momento y eso se use como atribución causal para explicar por qué la música popular esté en mal momento. Lo que se dice es que estos nombres en concreto están en mal momento, y la música en general (aparte de ellos) también está en mal momento, así que lo segundo quita importancia a lo primero y lo hace más intrascendente a mis ojos.
      Esto es lo que dice el artículo en sus primeras líneas.

  4. Totalmente de acuerdo con Percival. La música popular va más allá de los señores que llevan al menos 25 años viviendo de ella. Especialmente si han pasado 20 desde que aportaron algo.

    • Te digo lo mismo: no se me ocurre una razón científica por la que un músico pierda capacidad para componer con la edad, como le ocurre a un futbolista con sus cualidades físicas.

      Obviamente he citado los desastres concretos que a mí me interesan: lo que haga Lady gaga, por ejemplo, me importa poco. Ahora bien, si aparte de los nombres citados crees que la música popular atraviesa un buen momento y me citas a los nuevos RHCP, los nuevos Stones o los nuevos Parliament/Funkadelic, estaré encantado de sumergirme en su trabajo.

      • Supongo que todo tiene que ver con el uso del adjetivo popular. Y es que lo interesante que se hace hoy en día no tiene el tirón que tuvieron estos nombres cuando estaban en el momento álgido de sus carreras.

        • En eso estamos de acuerdo. Además, el que un artista o un grupo sea interesante no lo es todo: necesita canales adecuados por donde llegar a nosotros ofreciendo un producto en condiciones.

          Por ejemplo: si nadie hubiese puesto el dinero para que los Guns N’ Roses grabasen en unas condiciones técnicas acordes al talento y fuerza de los músicos, no tendríamos un «Appetite for destruction» sino algunas maquetas con muy buenas canciones pero con un sonido mediocre, que probablemente sólo conocerían cuatro coleccionistas.

          Obviamente el talento no ha desaparecido de la faz de la Tierra, pero incluso en la era Internet se necesitan patronos. Sin patronos, un artista rara vez llega a algo más que a grabar algunas maquetas. Y los patronos ya no están por la labor de promocionar unos nuevos Beatles precisamente: mira la lista de vídeos más vistos en Youtube. Justin Bieber y Lady Gaga son los productos que venden, y además son fáciles de replicar. Entonces, ¿por qué molestarse en promocionar unos nuevos Guns n’Roses o unos nuevos Peppers cuando ni su propios miembros parecen capaces de replicar lo que hicieron tiempo atrás? Cuanto más personal u original es una música, más difícil es encontrar sustitutos. Y los patronos no están por la labor.

          Tampoco yo estoy por la labor de pasar ocho horas diarias buceando entre los miles de maquetas y productos underground que hay por ahí para descubrir una “next big thing”. Entre otras cosas porque, si la encuentro, no soy yo quien tiene el dinero para ponerles los medios que necesiten para triunfar. Así que me sigo fijando en los productos comercializados que sí me han llegado por cauces normales y que en su día me gustaron. El día que escuche en esos medios unos nuevos Beatles o unos nuevos Guns, o un nuevo James Brown, seré el primero en proclamarlo a los cuatro vientos.

      • Black Keys, Gaslight Anthem, Black Angels, Black Mountain, Radio Moscow, Howlin’ Rain, Rival Sons, Jeremy Irons and the Ratgang Malibus, No Age, Archie Bronson Outfit, Fucked Up, Phosphorescent, Triángulo de Amor Bizarro, Arcade Fire, Deer Tick, Justin Townes Earle, The Felice Brothers, Fleet Foxes, Bon Iver… bandas hay un montón, a lo mejor, lo que no hay es una escena tan homgénea, pero sí hau muchos grupos de calidad. Pero no hay que dogmatizar, no todo es blanco o negro, amigo, y recuerda, sólo es rock n’ roll

  5. DJviktor

    Artículo demoledor. Lo suscribo punto por punto. Se puede decir más alto, pero no más claro.

  6. Es cierto lo de los peppers, no tiene nada que ver este disco con BSSM, pero la música es así, las bandas cambian, la fama te cambia. Mataría por que volviesen a hacer aquellos temas.

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