Enric González: La Transición era esto

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Hace ya algún tiempo, casi 20 años, encontré en el aeropuerto de Goma a un joven fotógrafo recién llegado. El genocidio ruandés había desbordado sobre Congo, entonces Zaire, y morían miles de personas cada día por la violencia y el cólera. El fotógrafo me dijo que tenía poco tiempo y necesitaba tomar imágenes “intensas”. Preguntó si cerca del aeropuerto, del que aún no había salido, existía alguna fosa común. Existía, por supuesto: enorme y simpre abierta. Me pidió que le llevara hasta ella y lo hice. En cuanto se asomó a la zanja y disfrutó del espectáculo y del aroma, el fotógrafo vomitó sobre los cadáveres. Recuperando como pudo una actitud digna, el fotógrafo se alejó y desde la distancia, con la cámara empuñada, me explicó el intríngulis del asunto: “Es que estas cosas”, dijo, “hay que fotografiarlas con perspectiva”.

Muy cierto. Cuando el asco resulta insoportable, mejor alejarse y recurrir a la perspectiva. ¿Para qué meter la nariz en la carroña, si ya nos la conocemos? Bankia es sólo una excrecencia, una más, y no la última, de un sistema construido en los 70 sobre dos pilares que en su momento pudieron parecer razonables: la reconciliación y el consenso. La idea consistía en saltar por encima de los problemas endémicos de España (una letanía de conflictos centrífugos y centrípetos, de bandazos liberales y nacional-católicos y de angustias existenciales, resumido todo ello en la puñetera pregunta ¿qué es España?) y plantarse en el futuro sin resolver el pasado.

Ahora estamos ya en el futuro. La Cultura de la Transición (“copyright” de Guillem Martínez) ha conseguido sus últimos objetivos. La reconciliación es una plena realidad allí donde hacía falta, entre las élites: no hay más que ver cómo se protegen entre sí políticos, banqueros, altos funcionarios, gentes pudientes e intelectuales orgánicos, unidos y libres al fin de conflictos ideológicos, en la evasión de responsabilidades. Si cae uno, caen otros, como ocurrió en Italia a principios de los 90. El consenso ha permitido construir una España unida, separada y todo lo contrario, en la que cada ciudadano ha venido soportando al menos dos Gobiernos con su correspondiente pompa, sus gastos clientelares y sus caprichos, y en la que han mandado el dinero, la superficialidad y la desfachatez.

La ruina económica se debe en gran medida a los errores de la construcción europea, una tarea objetivamente positiva y sin embargo marcada por una de las taras del siglo XX: la convicción de que la realidad acabaría adaptándose al proyecto ideológico. Pero la ruina moral es enteramente nuestra.

Hemos llegado a un futuro parecidísimo al pasado. Tiene su gracia leer, en el presente trance, el discurso que Joaquín Costa pronunció el 3 de enero de 1900 en el Círculo de la Unión Mercantil e Industrial de Madrid. ¿Qué proponía? Aumentar la productividad, aligerar la administración, atender la pobreza, acabar con la corrupción caciquil y mejorar la educación. El clásico catecismo regeneracionista, con lamentos no menos clásicos: “¿Por qué será esto, señores? ¿Por qué será que el pueblo, que las masas neutras, que la nación, toleren el que de ese modo sigan jugando con sus destinos y con su suerte los gobernantes, sin más título que el de haber jugado antes con ellos 20 y 30 años? ¿Será, por ventura, que hayamos sido tan culpables como ellos, y que nos sintamos desarmados y sin autoridad para reconvenirles y jubilarles?”.

Volvemos a entonar saetas regeneracionistas como las del 98, a lanzar quejidos como los de Ortega y Gasset en La España invertebrada y a constatar, en resumen, que seguimos viviendo en el país angustiado e ineficiente que describió José Álvarez Junco en su espléndido ensayo Mater dolorosa, la idea de España en el siglo XIX. Aunque, crucemos los dedos, sin pronunciamientos militares y sin tanto hambre como entonces, hemos vuelto a la España de siempre. La Transición, al parecer, era esto.

Son curiosos los destinos nacionales. Véase el caso de Alemania, que desde mucho antes de su nacimiento (cuando el Congreso de Viena, o incluso más atrás) y hasta hoy mismo vive empeñada en salvar Europa, por lo civil o por lo criminal, y acaba siempre dejándola patas arriba. Alemania tuvo un par de décadas francamente simpáticas, más o menos las que transcurrieron entre 1968, cuando se afrontó la desnazificación, y 1989, cuando comenzó la retirada de las tropas ocupantes aliadas y se tramó la reunificación. Hoy es Alemania de nuevo.

Y España es España. Lo cual tiene sus ventajas. Los que pasamos de una cierta edad sabemos ya a qué atenernos, los jóvenes descubrirán en qué país viven realmente y por una temporada larga, muy larga, nos ahorraremos esas estupideces de nuevos ricos con las que abochornábamos al mundo. Algo es algo.

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33 comentarios

  1. Pingback: La Transición era esto

  2. Es demoledor el artículo, siempre me acuerdo de un profesor de instituto, allá por los 80 que nos decía: Desengañaros, África empieza en los Pirineos.

  3. Interesante artículo, pero debo hacer una corrección: el autor de «Mater dolorosa…» es José Álvarez Junco.

  4. la que está liando rajoy

  5. Manudo

    Patidifuso me has dejado, Enric. Bravo.

  6. Demoledor es poco. Ilumina. Y es tan cierto que asusta.

  7. Mararbes

    No se puede explicar mejor. Tu artículo es aplastante, como la realidad

  8. El mejor articulista español de hoy en día. Suerte poder leer en Jotdown lo que Cebrián y Moreno no quieren que publique en el País.

    Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit.

  9. Ramón

    José Álvarez Junco, no Sánchez.

    El libro es magnífico, pero conviene no cagarla con el nombre del autor…

  10. Demoledor artículo!
    Un punto de vista muy necesario.
    ¿Ésta disponible online el árticulo que se menciona de Joaquín Costa que pronunció el 3 de enero de 1900?
    Gracias.

  11. Pingback: Texto casi Diario: María Pilar Clau & Mariano Gistaín » Enric González: La transición era esto

  12. Juan Alvarez

    Menuda inflación estamos viviendo. Lo mismo que las estimaciones de capital necesarias para Bankia aumentan por momentos, los periodistas y opinadores compiten en ofrecer el paralelismo más devastador. Hace un mes o así, estábamos volviendo a los ochenta. Ayer leí un artículo que denunciaba que podíamos estar volviendo a los cincuenta. Y hoy esta columna de opinión, para la que todo lo anterior no es suficientemente tremendista, tiene que remontarse a principios del siglo XX. Imagino que en un par de meses los sesudos comentaristas estarán revisando sus manuales de historia para encontrar similitudes con las desgracias de la España de los Austrias.
    Se necesitan más de dos citas eruditas para defender la caricatura de que la España de ahora es la misma que la de hace diez, cincuenta o cien años. Estoy harto del chorro de opinión y lamentos que estamos oyendo desde hace meses, la mayoría por parte de periodistas que no tienen mucha idea de lo que está pasando. Por pudor, quien no tenga nada riguroso y provechoso que decir debería callarse y no contribuir a amargar aún más el ánimo de los españoles.

  13. Pingback: LUISGÉ MARTÍN: VÁYASE A LA MIERDA | Patrulla de salvación

  14. Me alegra ver que no soy el unico al que la democracia de ahora le recuerda a la restauracion Borbonica del XIX-XX. El neocaciquismo pseudodemocratico de hoy ya no es suficiente para los que crecimos creyendonos europeos y que nunca tuvimos miedo del hambre, la iglesia ni los militares.

  15. Gran artículo, pero me temo que la España actual es incluso peor que la descrita por J. Costa: aquella España irredenta se ha convertido ahora en 17 mini-Españas imposibles.

  16. Pingback: Ruta transformer: desamortizaciones | Al Alba

  17. Gracias, Enric, por la lucidez. En medio del panorama sombrío la inteligencia también regenera.
    No puedo estar más de acuerdo con tu último párrafo. Hace tiempo que vivo fuera de España y en los tiempos de la «bonanza» no salía de mi asombro en cada «vuelta a casa». Cuánta memez, de qué manera tan obscena había calado la cultura del neoriquismo y el señoritismo cutre. Así que esta bofetada de realidad de algún modo era inevitable, aunque todos sabemos que sólo la pagan los de siempre, claro.

  18. Pingback: No hay blog para tanto chorizo (y hay gente que no lo merece) | el blog insostenible

  19. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Javier Gómez: La culpa es nuestra, no de Rajoy

  20. «Hoy es Alemania de nuevo» …sin palabras

  21. karpov

    como lector de LPD, le saludo, señor González.

  22. Pingback: Enric González: La Transición era esto « Jot Down Cultural Magazine | Bribones y Bucaneros

  23. On són els barcos. – On són els fills?
    Pregunta-ho al Ponent i a l’ona brava:
    tot ho perderes, – no tens ningú.
    Espanya, Espanya, – retorna en tu,
    arrenca el plor de mare!

    Salva’t, oh!, salva’t – de tant de mal;
    que el plo’ et torni feconda, alegre i viva;
    pensa en la vida que tens entorn:
    aixeca el front,
    somriu als set colors que hi ha en els núvols.

    On ets, Espanya? – no et veig enlloc.
    No sents la meva veu atronadora?
    No entens aquesta llengua – que et parla entre perills?
    Has desaprès d’entendre an els teus fills?
    Adéu, Espanya!

    1898

  24. Pingback: Con la venia » Archivo » Genial Enric González

  25. Buen artículo. Sin embargo (y ya van dos comentarios similares), convendría rectificar el nombre del autor de Mater Dolorosa, es José Álvarez Junco y no Sánchez Junco.

  26. LilloCabrera

    De traca¡¡¡¡
    Es un gustazo leer al señor González.
    Gracias.

  27. no les pillo

    Pues fijénse que yo considero como uno de los males la no superación de la crisis del 98, el mantenimiento de un complejo de inferioridad frente a Europa que hace ser cruel con las naciones que integran el estado

  28. Articulo muy bien escrito y agradable de leer como siempre. Sin embargo, como bien dice alguien mas arriba no deja de ser el clasico lamento tremendista de periodista que sabe mas bien poco de economía. Nada tiene que ver nuestra actual crisis económica con la situación de 1898! Debe haber algo insanamente necesario en autoflagelarnos con una supuesta identidad maldita que se remonta a nuestros origenes.

    Me gustaria oir a todos los que ahora despotrican contra todo en epocas de vacas gordas pidiendo menos derroche, menos subvención y menos administración. Ah! entonces citar a Joaquin Costa habria estado bien. Ahora que las cosas van mal y que no queda otra que salvar los muebles el lamento historico me suena oportunista y poco útil, excepto para recabar el aplauso facil de la masa cabreada.

    • Blackkader

      Creo que usted y el comentarista que pide arriba no amargar más a los españoles no solo no han leido al Sr. Gonzalez en esa época que usted denomina ‘de vacas gordas’ si no que no han comprendido el artículo.
      La busqueda de la verdad, por mucho que incomode, ofenda o duela, es la única forma sino de arreglar esto sin esperar de nuevo a que a otros les vaya y vengan de vacaciones, si al menos de poder mirarse uno al espejo sin despreciarse.

  29. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | José Antonio Montano: Las tripas de Frankenstein

  30. Gabri Nuno

    Para ver el problema de España hay que coger perspectiva y la única manera de hacerlo es saliendo de España.
    Desde dentro siempre acabamos cayendo en la neurosis autoanalítica que tiende a considerar como exclusivos comportamientos que son bastante universales. Nadie parece saber lo que es España pero todo el mundo definiría (aunque fuese sobre un mapa) qué fue Hispania.
    ¿Cuánta energía se nos habrá esfumado intentando definirnos como pueblo o como nación? Pueblo o nación constituida por otros pueblos y/o naciones cuyos límites tampoco están claros: Castilla Y León (¿ergo León no es Castilla?), «Países Catalanes» (aquí entramos en temas mitológicos, incluso), Navarra es vasca y maña, Madrid es Castilla luego…
    La Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos, que podrían considerarse como estupideces de nuevos ricos, marcaron un punto de inflexión en el que eso denominado como «Marca España» estaba en lo más alto; no solo no abochornamos a nadie sino que éramos ejemplo de regeneración fugaz, milagro económico y reconciliación ejemplar.
    O entonces mentíamos o es ahora cuando nos engañamos pero en apenas 20 años un país tan complejo, con 45 millones de almas no puede darse la vuelta como un calcetín.
    La última lección al mundo que este país ha dado, la llamada #spanish_Revolution que tanto prometía ha sido transformada en furia nacionalista y patriotera en unos sitios y en resignación y abulia en otros.
    Al fin y al cabo, es decisión nuestra dejarnos manejar.

  31. El que más y el que menos comparte la amargura de Enric.
    Cada uno ve un pedacito de la realidad española, pero todos coinciden en la descripción y el diagnóstico. No habrá reformas profundas. Sencillamente, mareamos la perdiz a la espera de que «esto pase». Sudores sin fruto.

  32. Pingback: Cuatro artículos de Enric González | Blog de Juan Luis Manfredi

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