Feliz cumpleaños para Víktor Tsoy; nunca cumplirá los 50

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Ты уходишь туда, куда не хочешь идти
ты уходишь туда, но тебя там никто не ждет
(Vas hacia donde no quieres ir / vas, pero allí no te espera nadie)
Последний герой [El último héroe], КИНО [KINÓ]

Todo Occidente recuerda qué hacía cuando se enteró de los atentados contra las torres gemelas de Nueva York. Pero cada país tiene también sus propias fechas grabadas en la memoria colectiva e individual. En España, por ejemplo, todos los que ya tienen una cierta edad recuerdan dónde estaban cuando supieron del intento de golpe de Estado del 23-F. En Rusia una de esas fechas es el 15 de agosto de 1990. Esa época del año en la que los rusos ya se están planteando si empieza a refrescar demasiado y conviene dejar la dacha para volver a la ciudad. Esa época de la Historia ruso-soviética en la que la perestroika y la glásnost de Mijaíl Gorbachov convertían al líder de la Unión Soviética en un héroe para los occidentales, pero poco menos que un villano para muchos de sus compatriotas: algunos porque opinaban que los cambios eran muy lentos y otros porque afirmaban que tanto cambio no podía ser bueno y que se estaba vendiendo el país. Pues exactamente en esa fecha de mediados de agosto la noticia de la muerte de Víktor Tsoy, el fundador, cantante, compositor, líder y alma del grupo Кино[Kinó], sacudía a todos los ciudadanos sin excepción, fueran pro-soviéticos o no.

Los 80 eran una época complicada en la Unión Soviética. Todo indicaba que la cosa se tambaleaba y podía estallar en cualquier momento, pero nadie sabía si lo haría en forma de disolución de la unión o de recrudecimiento de la guerra fría y su traslación al campo de batalla. Los más optimistas pensaban que sería lo primero, sobre todo tras la llegada de Gorbachov al poder en 1985 y sus guiños hacia Occidente. Y es que Rusia siempre había sido (y sigue siendo) un territorio difícil de catalogar. No es completamente Europa, pero tampoco Asia. Y no sólo geográficamente hablando, sino también en cuanto a mentalidad y actitud. Como tan bien la definió Winston Churchill, “Rusia es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. Y los 80 no fueron una excepción. Si bien la década de los 90 en Rusia, con la Unión Soviética ya desintegrada, fue la década del desenfreno, del consumismo extremo y la ascensión de las mafias al control de poder económico, político y social, los 80 eran un sí pero no. “Parece que esto se acaba, pero no seré yo el primero en estirar fuerte, por si acaso no se rompe del todo y me castigan.” En el horizonte parecían vislumbrarse atisbos de cambio, pero tampoco era plan de lanzar un órdago. Ya lo dijeron los Scorpions (grupo del que, casualmente es seguidor Gorbachov) en su canción Wind of change [Viento de cambio], escrita tras visitar el país a finales de los 80: “Sigo el río Moskvá, bajando hacia el Parque Gorky, escuchando el viento del cambio […] el futuro está en el aire, puedo sentirlo en todas partes soplando con el viento del cambio.” Y en ese ambiente de cambios intuidos apareció Víktor Tsoy.

El pop era una música bien vista por el régimen soviético: apacible, tranquilo, un tanto anodino y aséptico… El rock era algo muy diferente: más agresivo, rápido, con letras más combativas… Y si además hablamos de un rock en el que había algún toque punk (con canciones como Мама анархия [Mamá es la anarquía]) es comprensible que el Partido no lo viera con los mejores ojos. Por eso, los grupos de pop recibían subvenciones y muchas facilidades para tocar en directo, grabar discos y contar con repercusión mediática. Los rockeros lo tenían más difícil (algunos, otros estaban bien vistos por ser considerados “dóciles”): sólo podían tocar en unas pocas salas y la mayoría de los discos tenían que ser grabados por el propio grupo con sus medios ya que la discográfica estatal, Μелодия [Melódiya] no accedía a ceder sus estudios. Por ejemplo, el grupo Аквариум[Akvárium] (cuyo fundador, Borís Grebenschíkov, ayudó a Tsoy en sus inicios) tuvo que sobornar a un funcionario para que les permitiera usar un estudio de grabación estatal. Así, igual que los escritores “no oficiales” unas décadas antes habían dependido de los “samizdat” para llegar a sus lectores, en los 80 los músicos tenían que ingeniárselas de forma similar para darse a conocer. Moscú era el centro del pop soviético; mientras que Leningrado (actual San Petersburgo), quizá por estar algo más lejos del Kremlin, acogía a la mayoría de los músicos de rock, como el propio Tsoy u otro de los iconos del rock soviético, el grupo ДДТ[DDT]. Y evidentemente fue en Leningrado, “refugio del rock” y ciudad natal de Víktor, donde debutó en 1982. Aún sin banda propia, como solista y acompañado de algunos miembros de Аkvárium.

El concierto fue un éxito para Tsoy; tanto que inmediatamente formó su grupo, Кinó, y cedió su casa para grabar una maqueta. Ésta fue copiada miles de veces por jóvenes de todo el país, y así el grupo empezó a ser conocido por el circuito alternativo de la URSS. Ese mismo año, viendo que lo que hacían gustaba, Кино grabaron su primer disco, 45. En él hay una de las canciones emblema del grupo, Электричка [Elektrichka]. La importancia de la canción no es sólo por su valor musical (ningún recopilatorio del grupo estaría completo sin ella), sino porque fue la demostración palpable de que Tsoy no se arrugaba: en su maqueta las letras tocaban temas “delicados”, como la falta de libertad imperante en su entorno, y en el disco reincidía. El estribillo dice: “Электричка везёт меня туда, куда я не хочу “ [El tren me lleva a donde yo no quiero ir]. Evidentemente, a las autoridades no se les escapó que el tren no era más que una metáfora de la vida en la URSS, así que prohibieron a la banda interpretar este tema en los conciertos. También en 45 encontramos Алюминиевые огурцы [Alyumínievie ogurtsí, Pepinos de aluminio], canción que, aún hoy en día, levanta discusiones sobre si se trata una crítica a los koljoses o si esos pepinos de aluminio no eran más que una manera de referirse a las bombas que se usaban en la guerra de Afganistán, que estaba matando a gran parte de la juventud soviética. Evidentemente, ninguna de las dos interpretaciones gustó a los mandatarios. Y, como es fácil de deducir, esos contenidos no hicieron más que aumentar la popularidad de Tsoy entre los disconformes con el sistema, que cada vez eran más numerosos.

Cada nuevo disco no hacía más que aumentar él éxito de la formación, y en ellos se podían escuchar grandes temas, como Последний герой[Poslédniy gueróy, El último héroe] o Троллейбус [Troléybus, Trolebús], pero seguía siendo un grupo que se movía en los escenarios alternativos. El gran público los conocía, y quizá sabía tararear alguna canción, pero no eran “el grupo”. Pero entonces llegó Gorby con su perestroika [reconstrucción] y glásnost [transparencia] bajo el brazo, que permitieron cierta libertad de prensa, por lo que los grupos de rock ya podían aparecer en los medios y llegar a las masas. Y Tsoy lo aprovechó a lo grande. En 1986, en un festival de rock en una sala de Leningrado, Kinó presentó varios temas nuevos, entre ellos Перемен![Peremén, ¡Cambios!] (posteriormente llamado Хочу перемен [Jochú peremén!, ¡Quiero cambios!]), donde el mensaje está más que claro: “Перемен! требуют наши сердца. Перемен! требуют наши глаза. В нашем смехе и в наших слезах и в пульсации вен: Перемен! Мы ждем перемен!” [“¡Cambios! Es lo que pide nuestro corazón. ¡Cambios! Es lo que piden nuestros ojos. En nuestra risa, en nuestras lágrimas y en el pulso de nuestras venas: ¡Cambios! ¡Queremos cambios!”].

Dos años más tarde, en 1988, la formación lanzó Группа крови [Gruppa króvi], el disco que les convertiría en un fenómeno de masas en toda la Unión Soviética. La primera canción del álbum, homónima, ha sido objeto de innumerables homenajes y versiones, y aparece en la banda sonora del videojuego GTA 4. Y es que ese disco iba a ser el primer paso en su intento de darse a conocer más allá de la URSS. Kinó tocaron en Dinamarca, Francia e Italia. Ese mismo año se estrenó la película Игла [Iglá, La aguja], protagonizada por Tsoy, y el cantante metido a actor viajó hasta Nueva York para promocionarla. Parecía que sí, que con un poco de suerte Kinó iba a traspasar el telón de acero y a hacerse un nombre en Occidente. De hecho, al año siguiente el grupo sacó dos discos: uno con canciones inéditas (para contentar a los fans ávidos de nuevas composiciones) y un grandes éxitos (para que los que se pudieran interesar por el grupo tuvieran una primera toma de contacto). Para bautizar a ese recopilatorio optaron por tomar el título de una de las canciones que incluía uno de sus primeros discos: Poslédniy gueróy [El último héroe]; y no es difícil adivinar quién consideró el público que era ese héroe. Porque Tsoy era un personaje incómodo para el poder. Sus canciones reclamaban libertad y eran marcadamente antibelicistas (recordemos que la guerra de la URSS contra Afganistán no tenía a la población especialmente contenta), pero Tsoy era un tipo afable, nada divo, admirado y querido por casi todos. Quizá algunos mayores de 50 años pensaban que estaba loco, porque no estaban acostumbrados a que alguien lanzara esos mensajes, pero le reconocían su talento. Con el tiempo y la perspectiva histórica, probablemente se hayan dado cuenta de su lucidez. Y los jóvenes… las letras de sus canciones hacían que sintieran que la época que estaban viviendo era importante, aportaba cierta trascendencia a su vida. Y eso, en una sociedad como la de la Unión Soviética, centrada en la causa común y que huía absolutamente del individualismo, era impagable.

Es innegable que Kinó, con Tsoy a la cabeza, triunfaron en la URSS, pero desgraciadamente nos quedamos con las ganas de saber qué habría pasado en los siguientes años. Si se hubieran hecho populares en Europa y América, si no hubiera funcionado y habrían vuelto a centrar sus esfuerzos en casa, si con la caída de la URSS habrían perdido la razón de ser… y todo por un maldito accidente de tráfico. El 24 de junio de 1990 Kinó actuó ante más de 60.000 espectadores en el estadio de Luzhnikí, en Moscú. Ésa fue la última actuación en directo de Tsoy y, casualidades del destino, la última canción que tocó fue la que quizá más admiradores le aportó, la que más directamente y sin rodeos pedía cambios: Peremén. Tras el concierto, los miembros del grupo se dedicaron a componer las canciones de su siguiente disco. El 14 de agosto de 1990, en Letonia, Tsoy acabó de grabar la pista de voz para ese nuevo disco. Al día siguiente, volviendo a Leningrado al volante de su Móskvich 2141, se quedó dormido y fue a empotrarse contra un autobús que viajaba en sentido contrario, quedando totalmente destrozado. Rompiendo un doble mito, el de las estrellas de rock y el de los rusos, según el informe de la policía en las últimas 48 horas antes de su muerte Tsoy no había tomado ni una gota de alcohol, y el motivo del accidente se achacó a la fatiga. Si Tsoy era un mito cuando estaba vivo, al morir tan joven pasó a ser, directamente, una leyenda. No murió a los 27, como tantos otros músicos, sino a los 28. El país (sobre todo Leningrado) se volvió loco, nadie se lo podía creer, incluso algunos de los fans más desquiciados se suicidaron. Pero rápidamente se pasó de la incredulidad a la tristeza y desolación más absoluta: uno de los músicos más influyentes de la historia del rock soviético había muerto. Y a esa pérdida artística había que añadir la sentimental, ya que Tsoy era una de las personas más apreciadas del país.

No obstante, el resto de miembros de Kinó grabaron las pistas instrumentales que correspondían a la de voz que había acabado Tsoy la víspera de su muerte, y salió al mercado el “disco negro”. Tras eso, Kinó dejó de existir. No tenía sentido continuar sin Tsoy. Kinó era él. Un grupo cuya música ha sido comparada a la de The clash o Joy division, pero que las diferencias culturales hacen que sea desconocido para casi todos fuera de Rusia y la ex URSS. Tras la muerte de Tsoy empezaron a aparecer, en las paredes de cualquier ciudad de Rusia y las ex repúblicas soviéticas, las palabras “Цой жив!” [¡Tsoy vive!] como homenaje al difunto “último héroe”. Incluso hoy en día no es infrecuente verlo en muchos muros. De hecho, si algún lector ha visitado Moscú, inevitablemente habrá recorrido la preciosa avenida Arbat. Quizá haya visto un muro lleno de pintadas. Adivinen a quién está dedicado. Y como éste, hay muros similares homenajeando a Tsoy en muchas otras ciudades, incluso fuera de Rusia. Y no olvidemos que hace ya más de 20 años de la muerte del artista. Pero es que la admiración y cariño de los rusos por la figura de Tsoy no se desvanece con los años. Su tumba, en el cementerio de Bogoslóvskoye, en San Petersburgo, siempre tiene flores, se ha convertido una versión rusa de la tumba de Jim Morrison en el cementerio parisino de Pere Lachaise; y cada 15 de agosto se reúne gente para homenajearle. Sin ir más lejos, y sin elegir una fecha redonda, como podría ser un décimo o vigésimo aniversario, este vídeo muestra la tumba de Tsoy el 15 de agosto de 2009, día que se cumplían 19 años de su muerte. Obsérvese que muchos de los presentes no han cumplido ni los 30 años, y es que la música de Kinó sigue siendo popular tanto entre aquellos que disfrutaron de ella en su época como entre los jóvenes, muchos de los cuales ni siquiera habían nacido cuando Tsoy murió. Basta buscar al cantante en Youtube y ver los comentarios: más del 90% son positivos y recuerdan con tristeza su figura. La persona murió, y nunca cumplirá los 50, pero el espíritu de Tsoy sigue vivo y los cumple hoy.

ЦОЙ ЖИВ!!!!!!!!!

 

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11 comentarios

  1. Julián García

    «Maskirovka» (маскировка)

  2. Pingback: Feliz cumpleaños para Víktor Tsoy; nunca cumplirá los 50

  3. Mario

    En la última foto está clavadito a Iniesta!

  4. Gracias por el artículo.
    Una pregunta, ¿Por qué «quiero un cambio» y no «quiero cambios»?

  5. Hola, –

    Quizá tengas razón, voy a pedir que lo cambien.

    Gracias.

  6. buenísimo!!! gracias por darme a conocer esta historia. Acompañado por su música en Spotify he pasado un buen rato.
    http://open.spotify.com/artist/0xiU1U3slY2nc31n6k8e6R

  7. Qué buen artículo. A mi me encanta Grebenschicov, pero no conocía a Tsoy, me voy a escucharlo ahora mismo…Gracias :-)

  8. Kinó se han convertido en una obsesión constante desde ya hace un año y medio que lo descubrí, pudiendo además comprar el recopilatorio «Poslednij geroy» en un viaje a Kiev por 3 míseros euros (dicho sea de paso, cada una de las canciones supera con creces a las versiones originales, es algo alucinante, tendrían que haber regrabado todas su discografía con ese sonido). Por alguna razón, su música y todo lo que envuelve a la figura de Tsoi me transmite una melancolía y una inquietud insuperable. Leo y releo todo lo que puedo sobre él, con la vana ilusión de encontrar alguna vez una versión de la historia en la que Tsoi no muera. Uno de los mejores músicos del siglo XX.

  9. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Pepe Colubi: “La reflexión a través del humor me parece una actitud vital, filosófica”

  10. Desconocía la figura de Tsoy. Voy a ponérmelo. Me ha resultado muy interesante.
    Un pero al artículo. No acabo de entender el criterio que se sigue para escribir en ruso durante el mismo. Hay momentos en los que se usa la mayúscula (que es la letra tipográfica) y otros en los que se escribe en minúscula (la manuscrita).

    • Hola cfp,

      En unas ocasiones he puesto el texto en mayúsculas y en otros en minúsculas, pero sin seguir ningún criterio en particular.

      Un saludo y gracias, espero que disfrutes la música de Tsoy.

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