Rubén Díaz Caviedes: Intrusos

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Con la humildad que caracteriza su verbo, el sindicato UGT “reclama” que solo puedan ejercer como periodistas los que cursen previamente la licenciatura en Periodismo y que se dificulte el acceso a la profesión a los licenciados en otras ramas del conocimiento. La medida parte de la Agrupación de Periodistas del sindicato, que asegura que así, abro comillas, “acabaríamos con el intrusismo que supone un 35% de las personas que desempeñan la profesión periodística no son periodistas y paliaríamos en parte el grave desempleo que afecta a nuestra profesión”. Estarán al corriente, imagino, porque fue uno de los temas de ayer en las redes sociales. Pueden leer el comunicado completo en su web o en PDF.

Les desgrano lo mejor, no obstante, porque es fantástico y me da cosa que se lo pierdan. Se preguntan los periodistas de la UGT, para empezar, que “¿para qué sirve la carrera de periodismo si cualquiera que haya hecho otros estudios universitarios solamente haciendo un máster pueda ejercer de periodista?”, respondiéndose a sí mismos sobre esta misma utilidad al mezclar con alegría indicativo y subjuntivo. Acto seguido se preguntan: “¿Es qué un licenciado en periodismo puede ejercer de abogado o de químico, por poner dos ejemplos, con sólo realizar un máster en Derecho o Química?”, invitando ahora a calcular cuántos licenciados en Derecho y Química podrían escribir esta misma oración sin ponerle esa garrafal tilde al “que”, que no le corresponde.

Además, UGT “considera imprescindibles e irreversibles los estudios universitarios en periodismo para ser periodistas”, confiriendo así un significado inaudito a la palabra “irreversibles”, y propone que a partir de 2013 “sólo se contraten a licenciados en periodismo” con el “contraten” escrito así, en plural, porque se conoce que la oración tiene sujeto pese a que es impersonal. En el ámbito retórico y de hacer el ridículo, para hacernos una idea, es algo parecido a que yo me preguntase en este punto si no ay en la agrupación de peridistas de UGT, hintegrada por licenciados en periodismo, aljien que podrá de escribir sin faltas de hortografia, aunque no lo haré. Y no será por ganas, miren, porque no descarto que en este caso particular estemos hablando de genios de la metarretórica que lo que quieren en realidad es desafiar nuestro intelecto. Hay que serlo para sacar una reivindicación que equipara la licenciatura en Periodismo con las de Derecho y Química y escribir, no obstante, “Derecho” y “Química” con mayúscula y “periodismo” con minúscula.

Es la anécdota, por supuesto, y la bobada. El defecto de forma. La paradoja de que un comunicado escrito y consensuado por periodistas en el que reivindican la profesión ante lo que consideran intrusismo se publicase, vaya por Dios, preñado de faltas ortográficas, sintácticas y de estilo. O me lo parece a mí, vamos, que me sabría mal criticarles los errores y cometer luego uno peor, que es quedarse con el detalle de las cosas en lugar de con su mondongo. Y el mondongo aquí, si lo he entendido bien, es que los problemas que tiene el periodismo, o una proporción gorda de los mismos, somos los que ejercemos viniendo de otra carrera. Comunicación, en mi caso, y por poner el ejemplo. Audiovisual, preciso. Lo digo por ir con la verdad por delante, no sea que nadie se llame a engaño. Lo pone en la bio de este blog, debajo del pajarito.

Y esto, por supuesto, es más viejo que la tos. Hace unos meses, verbigracia, cuando salió el Huffington Post español, el problema fueron los blogueros. Los del medio, sobre todo, pero también cualquiera que escriba por amor al arte, que por lo visto es algo abyecto e insolidario. Con frecuencia medios como Intereconomía han puesto sus malas cifras en continuidad con enigmáticas campañas del Gobierno en su contra y otros, como CNN+, se han permitido señalar a la hora de valorar su propia clausura que es que la sociedad en la que vivimos “hipertrofia el individualismo”, o no sé qué. Incluso cuando se anunció que Público iba a cerrar se pudieron leer en sus filas opiniones contra una campaña de apoyo consistente en adquirir un ejemplar el día siguiente, aduciendo que lo que tenían que haber hecho sus simpatizantes, tan solidarios que eran, era comprar el periódico antes y no después. Los blogs y los amateurs, quiero decir, el Gobierno, la sociedad y hasta los propios lectores. Y ahora, los intrusos en el oficio, hábilmente señalados por el dedo sindicalista, que como todo el mundo sabe, está en racha. Cada día se compran menos periódicos y se ve menos el telediario pero la culpa, qué cosas, es siempre del chachachá. Nunca de los propios periodistas.

Desconozco el porqué de esta ceguera, pero me animo a insinuar que será por supervillanos, querida amiga, cuando uno lucha por la Justicia, el Bien y la Verdad. Es el glorioso objetivo de la profesión, según sus entusiastas, que por cierto son una gran proporción de quienes la estudian. Defender Esto y Aquello —normalmente cosas que se escriben con mayúscula—, arrojar luz en las sombras y velar, en resumen, porque los malos no nos coman la merienda. No es que la empresa no sea necesaria, claro, e incluso verdadera. Pero entendida con literalidad y demasiado individualmente lleva a un concepto errado de la propia posición en las cosas. A embestir molinos creyendo que son gigantes y a sufrir el síndrome del veterano de Vietnam, al que su país pagó con ingratitud su posición decidida en la guerra del Bien contra el Mal. Y a concluir que, dada su necesaria implicación ética, el paro de un periodista es menos aceptable que el de un charcutero o el de un señor que solo estudió FP.

Es el razonamiento que subyace en los motivos de los periodistas de UGT, a quienes les parece más decente el paro de los periodistas que no hicieron esa carrera que el de los que sí la hicieron. Es injusto, pero lo verdaderamente grave es la equivocación. Equiparan oficios, como el de químico y periodista, no en función de su naturaleza, sino porque los estudios de ambos se llamen “licenciatura”, y comparan uno donde lo fundamental es el compromiso ético y la maña para expresarse con otro en los que hay que conocer datos. Y de esta comparación, además, hacen norma. Anteponen la formalidad a la idoneidad, que en periodismo consiste en poner a informar al que sabe hacerlo, y obvian importantes ramas de la profesión, como la información económica o la divulgación científica, donde lo deseable es que el redactor sea economista o estudiado en ciencias. Y se permiten señalar, para guinda final, y empujar a los demás al vacío semántico, asegurando que los que estudiamos otra cosa sencillamente no somos periodistas, sino “personas que están ejerciendo el periodismo”. Preguntando por lo suyo, lógicamente, elevando su título a condición de oposición y reservando el paro a los demás sin importar que sean buenos, malos o regulares por la razón, solidaria hasta la lágrima, de que no son de los nuestros. Con humildad, como decía al principio, entrega y sobre todo, solidaridad. Y además, con faltas de ortografía.

 

 

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24 comentarios

  1. Pingback: La carrera de periodista

  2. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Joseph Pulitzer sobre el periodismo

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