Javier Mariscal: «El que no es curioso acaba siendo un enfermo social»

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Decir que Javier Mariscal (Valencia, 1950) tiene una sección de viento (entera) en la cabeza sería un buen modo de expresar la tremenda circulación de ideas y conceptos que viajan por el cerebro del dibujante y diseñador cuando alguien se propone conversar con él. Hablar con el valenciano es como jugar al ping-pong con un pulpo, sorteando respuestas que incluyen tantas referencias en tantas direcciones que focalizar la entrevista y fijar el rumbo se antoja imposible aunque uno fuera el mismísmo Almirante Nelson.

La entrevista se produce en los cuárteles generales del artista en Barcelona, lo que se conoce como el [email protected] en las tripas del Poble Nou. Allí, entre ordenadores, libros (montañas de ellos), sillas, muñecos y banda sonora con los grandes éxitos de la oleada brit de los 60 y los 70 Mariscal se sienta con nosotros. Viste jersey gris que parece haber visitado varias constelaciones, posiciona el paquete de tabaco a su derecha, coge unos cuantos folios y un rotulador y se disculpa por no ver la cara del entrevistador: “Esta mañana tenía que llevar a los niños al colegio y no ha habido manera de encontrar las malditas gafas. No sé dónde pueden estar”.

A primera vista parece un tipo impasible, de andares morosos, reposado hasta el exceso. Sin embargo, y como acostumbra a suceder, forma y fondo empiezan a darse de guantazos en cuanto el valenciano abre la boca: optimista vocacional, cínico en dosis individuales, versátil hasta decir basta, no dejará de encender cigarrillos ni de dibujar en toda la entrevista y —ante todo— responderá lo que le venga en gana y retorcerá preguntas hasta dejarlas irreconocibles sin mover ni una ceja. Mariscal habla bajito pero sus palabras gritan: es así desde que a los 20 empezó a moverse por los territorios del comic underground, de ahí pasó al diseño mainstream (cuya culminación fue Cobi, que a pesar de ser masivo era absolutamente singular en su concepción) hasta convertirse a posteriori en un pope del diseño con uno de los estudios más prestigiosos del mundo (el suyo) a sus espaldas.

Al final, con la grabadora ya apagada, mirará al periodista a los ojos y le revelará dónde se ubica su verdadero tormento: “¿Dónde coño habré dejado las gafas?”.

¿Cuánto llevan en el [email protected]?

[Mira al techo] Llegamos en el 88.

24 años ya…

¿Ah, sí?

Sí, si llegaron en el 88 son 24 años.

[Enciende un cigarrillo] Es que no sé sumar… siempre se me ha dado mal.

El taxista me ha dicho al dejarme en la puerta que aquí trabajaba el señor del perro de las Olimpiadas. ¿Le molesta que aún sigan con eso?

¿Cómo me va a molestar? Es como si te dicen: “es este señor que tiene dos piernas y dos brazos”. Es normal que un taxista que conozca mi trabajo (si lo conoce) sea a través de Cobi. Piensa que ese fue un trabajo completamente fuera de escala y por tanto es muy comprensible que llegara mucho más lejos que los demás. El diseño la gran mayoría de veces es muy anónimo: imagínate que te dice, “ah, sí, es el que hizo el logo de tal compañía en el Soho, o el de tal lámpara en Nueva York”. Esa silla que tienes al lado, por ejemplo, mucha gente se sienta en ella y no tiene ni idea de quién la ha diseñado. Cobi representaba la imagen gráfica de unos juegos olímpicos que encima fueron en Barcelona, así que es normal que un taxista de esta ciudad te conozca por ello. Ahora igual te conocerían por la película de Chico y Rita… no pasa nada.

Ha dicho que el diseño es muy anónimo, pero ¿no cree que eso ha cambiado mucho en las últimas tres décadas?

No, el diseño sigue siendo anónimo. Es verdad que en los 80 tuvo más repercusión mediática porque los medios de comunicación empezaron a hablar de aquello de “el diseño”, pero hay que pensar que el diseño nace con la sociedad industrial y los procesos industriales de fabricación y que antes se llamaba, simplemente, “artesanía”. El concepto de diseñar, de tratar, de solucionar un problema no es nuevo, pero la fabricación en serie lo cambió todo. Imagina un simple cuenco, hasta hace unas décadas este se realizaba con procesos muy artesanales, pero cuando llega la industria que fabrica en serie, la máquina que hace chim chim pum pum los hace a centenares y todos iguales. Justo en ese momento nace lo que es el diseñador. Quiero decir que en todos los procesos de diseño se habla del diseñador pero que en realidad debería hablarse de equipos, pedagogos, sociólogos, ya no te digo gente del marketing, gente de producción, etc. Me he ido por las ramas, pero lo que quería decir es que esto es anónimo en un tanto por ciento muy alto de las veces.

Perdone el topicazo pero entonces, ¿qué es el diseño?

El diseño es jugar con los límites: diseñar son límites, continuamente. Te pongo un ejemplo: cuando alguien me viene a ver y me dice: “quiero una silla”. Eso no es ningún encargo. En cambio si vienes y me dices: “quiero una silla de exteriores, apilable, inyectable, de materiales reciclados y que no puede valer más que esto y que tiene que tener estas medidas mínimo”. Eso sí es un encargo porque los parámetros, los límites, están muy claros.

¿Cuál es el rol del diseño en la sociedad actual?

¿El rol del diseño? Bueno, la sociedad se ha hecho mucho más sofisticada y eso es lo más relevante. Cuando nací y crecí y hasta los 20 y tantos todo era muy distinto, por decirte algo que es evidente: la seguridad. Nadie cerraba la casa, solo cuando te ibas un mes la dejabas cerrada pero si estabas por allí la puerta estaba siempre abierta. Ahora tienes las cámaras, las alarmas, las puertas blindadas… La sociedad es mas sofisticada, la tecnología ha avanzado muchísimo y eso influye en todo. Recuerdo cuando tenía seis o siete años y de repente llegaron los fluorescentes [se pone las manos en la cabeza], ¡hala! De repente había una cosa que daba luz y no eran bombillas, era como un gas que traían de Marte, alucinante. Después llegó la revolución del plástico, los policarbonatos, el plástico reciclado, los derivados del petróleo. Ahora el diseño está en todas partes: los automóviles, el mobiliario, una maquina de afeitar, el bolígrafo, la ropa que tú llevas ahora mismo, un simple vaso… piensa desde que te levantas hasta que te acuestas la relación bestial que tienes con objetos diseñados. Ese es el rol del diseño hoy en día y todo es consecuencia del trabajo de un equipo que ha tratado de resolver un problema usando la tecnología para que todo sea más barato, más rápido, mejor… Por ejemplo los zapatos: para correr, para salir, para la playa, para el verano, para las reuniones, para ser un moderno… antes había unos zapatos y santas pascuas.

¿Eso de tener que pasarse el día pensando en cómo funcionan los objetos que le rodean no causa cierta deformación profesional? ¿Se vive bien analizando todo con esos parámetros?

No… Siempre hay curiosidad por saber cómo son y cómo están hechas las cosas. No creo que sea exagerado por mi parte aunque sí es cierto que al menos de reojo lo miras todo, pero creo que eso es natural, humano. Si te miro a ti veo que tu reloj, por ejemplo, parece de adolescente; siendo un señor como eres, deberías llevar un reloj más grande. Ojo, hablo desde la óptica de los años 70, pero creo que puedes entenderme. Los objetos hablan de ti. Aún más: si quieres hablar de un año en concreto y explicar cómo fue pones una silla y un coche y ya lo tienes: la filosofía, el feeling, todo está ahí. Con un objeto de esa época y de ese lugar ya puedes deducir la manera de pensar, de vivir, las formas, la tecnología…

La curiosidad es uno de los pilares de su trabajo y de su profesión, si me apura.

No tengo ni idea. Es como cuando se habla de la creatividad; todos nacemos siendo curiosos, es un motor que usamos siempre. Alguien que no tiene nada de curiosidad acaba en un psiquiátrico, me es imposible imaginar a alguien que no se excita ni se emociona por cosas de fuera de su entorno. El que no es curioso acaba siendo un enfermo social.

¿Conserva los mismos referentes que cuando empezó?

Mis referentes han ido cambiando, es como la música y el baile. El Rap que empezó en la cárcel, lanzando rimas, ahora fascina a los niños de 10 años y todos hablan de la misma forma [se arranca con un rap improvisado]: eh, colega, ve a la clase de literatura, ura, ura. De la misma forma cambian los materiales, las soluciones, las historias. [Coge el iPod de encima de la mesa] Mira esto, ¿dónde están los números? Cuéntale a alguien hace años que hoy tendrías una cosa sin teclado: ¡hala! Es un referente nuevo, y ya no sabes si es una máquina de afeitar, o algo para hacer fuego, o un despertador, una bomba de relojería… Por no hablar de uno de mis grandes referentes cuando empecé: el boli… Tengo 62 años y cuando nací no había fotocopias, hacíamos ciclostil, tenías que escribir en las planchas… ¡el tocadiscos! Joder, el primer transistor, la primera máquina de escribir eléctrica, el primer ordenador, el scanner, el fax. [Se coloca la mano en la oreja a modo de teléfono] “Me pone con Madrid por favor (gritando). Julia, ¿me oyes? Estoy en Tokio”. No me digas que no es alucinante. La revolución que hemos vivido es increíble, mira mi abuela… de la tartana al móvil.

¿Entonces el…? Perdona, fíjate cómo ha cambiado el lujo. Ya no son mármoles y una tele gigante. Es intimidad, confort, la lana, el lino, las sábanas, brrrrrrrrr [grita], que no haga ruido el maldito aire acondicionado, que entre luz natural, que te puedas duchar en condiciones, que salga un buen chorro de agua. El nuevo lujo es la intimidad, imagínate qué revolución.

¿No cree que la generación actual, y sobre todo los adolescentes, sufren tal hiper-estimulación que se les ha atrofiado la capacidad de aburrirse y por tanto de imaginar?

Francamente, yo no veo mucha diferencia entre un adolescente en la época de los romanos y uno de ahora. Cuando nosotros eramos pequeños también sufríamos el bombardeo de toda clase de estímulos, aunque es verdad que quizá no era tan excesivo. Claro que hay diferencias entre mi infancia y la infancia de mis hijos, pero son solo matices, nada más que eso. Tienes razón en que viven rodeados de un constante e imparable flujo de información, pero tenemos nuestros recursos para no quedarnos estériles, aunque a veces te dejas abducir. Yo este mes he apagado todo, simplemente porque lo necesitaba de forma personal. Estoy harto de leer que estamos en la ruina y nos vamos a arruinar más, debemos mucho y cada vez deberemos más. Vale.

Perdone que insista, pero esta masificación brutal de los impulsos exteriores debe conllevar alguna consecuencia.

Los impulsos exteriores nos afectan a todos pero si no fuera por ellos, por la civilización y el proceso de miles de años de trabajarnos un lenguaje, seríamos todos suicidas y territoriales y seguiríamos con los clanes y no dejaríamos subir en el bus a nadie que no fuera de nuestra familia. Gracias a la civilización vivimos, compartimos y somos cada vez más… creo que venimos del Big Bang y eso es el triunfo del blanco, de la luz sobre el negro, sobre la nada, sobre la oscuridad (…) Vivimos en un universo optimista.

¿De verdad cree que es optimista?

Como sociedad cada vez estamos mejor: socialmente, intelectualmente… es verdad que vivimos en un mundo capitalista salvaje. Pero esto es así: lupa o satélite.

¿Lupa o satélite?

Nuestras vidas son muy cortas, y hay dos maneras de verla. Esto es como un árbol, puedes escoger mirarlo con una lupa y ver a las hormiguitas y las ramas y las imperfecciones del tronco, o puedes hacerlo desde arriba, desde muy arriba, y es entonces cuando la perspectiva cambia totalmente.

Entonces, permítame que le repita la pregunta: en este mundo de lupa o satélite, ¿cuál es el rol del diseño?

La esencia misma de la historia de la humanidad, desde que somos homo sapiens, es vivir mejor, de forma más agradable, más seguros: tener más conocimiento, tratar mejor al otro, sentir eso de : “yo siento que tú sientes lo que yo siento” porque en realidad necesitamos esa comunicación y ese entendimiento. Ese es el rol del diseño, ayudarte a vivir mejor, con los problemas pequeños y los grandes, como sentarte mejor y más cómodamente, como vestirte en invierno y en verano… Bob Dylan decía que cuando era pequeño en su pueblo hacía tanto frío que tenía que ponerse tres o cuatro jerseis. Eso te lo arreglan ahora con un anorak, ligero, resistente, elegante. Esto es porque el diseño, a través de la investigación, a través de determinada gente, está continuamente desarrollando productos para que vivamos mejor, tejidos que escupen el agua, que conservan el calor.

Parece una visión muy idealizada de un mundo que en realidad parece sumamente tétrico.

Bueno, porque algunos creen que el capitalismo salvaje es el camino a seguir y que lo único que cuenta es el beneficio. Con eso en mente pasa lo que pasa. Miremos el ejemplo de los coches: para los fabricantes sería muy fácil hacer un coche que durara años y años. Pero Mitsubishi, en cualquier coche de Mitsubishi al cabo de unos cuantos miles de kilómetros (creo que son 200.000), se rompe una pieza indispensable para el funcionamiento del vehículo, creo que en la transmisión. Así que o cambias de coche o te gastas un pastizal… Ayer descubrí que en los ascensores tienes un contrato con la empresa que los mantiene, así que lo que hacen estos es programar el ascensor para que se estropee cada dos o tres meses, porque si no no tendrían trabajo. Por no hablar de eso tan clásico de la sociedad capitalista de crear necesidades que no existen, de crear modas absurdas. Por ejemplo: tengo una nueva marca de ginebra y quiero que la gente beba más ginebra. ¿Cómo lo haces? Pues se invierte mucho dinero en comunicación y ahora todo el mundo, hasta los que bebían cerveza, quieren gin-tonic, y te dicen si lo quieres con semillas, con pepinillo… y yo qué sé, pues póngame un gin-tonic. Eso es como lo de la energía solar, si los militares hubieran necesitado que se desarrollara para sus propósitos ya estaría hecho.

Entonces no están tan bien las cosas…

Bueno, pero mira cualquier ciudad de Europa o Estados Unidos en 1900 o 1910 con ese humo tóxico cubriendo la ciudad, ese gasto acojonante de energía que era necesario para hacer cualquier cosa… se gastaban una pata de dinosaurio para ir de Barcelona a París, yendo por caminos negros, gastando barbaridades. Ahora con esa energía podemos vivir un mes entero. En el futuro todos mirarán a esa época y pensarán que estábamos completamente chiflados, consumiendo carbón de esa manera.

¿Existe una perspectiva humanista del diseño?

Claro que sí, siempre ha existido, para mí es algo que siempre está presente. Por supuesto, me dirás que hay contradicciones, muchísimas, como diseñar un coche de alta gama con sus miles de piezas y sus locuras para que un señor con corbata pueda ir de su casa a la oficina, pero la humanidad no cambia de la noche a la mañana y las revoluciones no siempre son para ir a mejor. En la historia de la humanidad lo ves: hoy en día nadie en el mundo occidental te discute la igualdad entre hombre y mujer, en derechos sociales y demás. Mira el pobre Darwin, que descubrió que el hombre viene del mono pero pensó “me lo guardo en un cajón porque cuidado a ver a quién le digo esto”. Los cambios son lentos pero en los últimos 200 años la evolución ha sido brutal. Hace poco estaba en Brasil dándole al botón de SEND en mi correo electrónico y con casi ningún gasto de energía podía enviar algo a alguien en la otra punta del globo. Cuando yo tenía 30 años y quería enviar algo a Estados Unidos por ejemplo, y me tenía que ir a Correos, comprar el sello, el sobre, y luego ellos lo subían en una moto, de allí a un coche, de allí a un camión, de allí a un avión y después a otro camión, a otro coche, etc. Imagínate el impresionante gasto de energía para enviar un simple sobre. Ahora con las máquinas todo es mucho más sencillo y mejor.

Si, pero no todo es positivo, ya que en algunas ocasiones esa dependencia tecnológica sirve para eliminar el capital humano.

[Tuerce el gesto] Sí, pero hay que reciclarse, amigo, nunca hay que dejar de hacerlo. Al final, ¿de qué va todo esto? Pues de devolver a la sociedad lo que te da. Es algo que venimos haciendo desde que el hombre se volvió sedentario. Cada evolución implica cambios, ahora ya no cambiamos huevos por conejos o gallinas por trozos de madera, pero básicamente es el mismo concepto. Si uno no se recicla se marchita y muere.

¿Esto del diseño de dónde le viene?

Nunca lo he pensado, simplemente he vivido una infancia en la que desde muy pequeño siempre he dibujado y a través del dibujo he aprendido muchas cosas. Yo tenía grandes carencias con la lectura y la escritura, y a través del dibujo he podido expresarme. La verdad es que nunca me he sentido profesional de esto hasta que un día llegas a los 50 y dices “hostia, igual hasta soy dibujante y vivo de esto” [sonríe].

¿Cómo encaja el diseño en esa pasión por el dibujo?

No sé, nunca reflexiono sobre esas cosas, me cuesta mucho, solo voy para adelante. Pienso en ello (por suerte o por desgracia) cuando viene gente como tú y empieza a hacerme preguntas rollo psiquiatra. La única respuesta honesta que puedo darte es que funciono por olfato, por intuición, y que siempre he hecho lo mismo.

Ya, pero debió empezar en algún lado, alguien debió de darle un empujón para que de pronto pasara de emborronar un papel a pensar en una traslación al plano real.

Vale, mira, en 1979 tenía 29 años y un conocido (no era un amigo pero sí alguien a quien conocía mucho) a quien le gustaban muchos mis dibujos y conocía mi trabajo quedó conmigo un día y me dijo que iba a abrir un bar nuevo, un bar grande. “Yo no sé hacer bares, ¿de qué me estás hablando?”, le dije. Pero él me contesto que no, que nada de eso. Me dijo “te lo puedes imaginar, lo puedes dibujar y lo puedes hacer”. Mira, así nació el taburete Dúplex, con el bar Dúplex… Total que le dije: “vamos a intentarlo”. Justo en esa época acababa de conocer a un interiorista, un tipo que sabía cómo hablar a un carpintero o un albañil, sabía cómo que hacer un desagüe, cómo hacer un baño, cómo levantar una pared, cómo dibujar en plano, en suma, cómo había que hacerlo todo. Pero sí, tienes razón, lo hice porque me lo pidieron: y por eso me propuse entender el espacio y distribuirlo, y empecé a pensar dónde estaría el altillo, la entrada, las columnas, desde dónde se podía ver a las chicas. ¿Qué es un bar musical? Pues en aquel momento, en los años 80, la gente iba a verse. “Oye, cómo mola, Felipe, Mari Carmen, qué tal, vamos a bailar, a divertirnos”. Y como de eso sabes mucho porque has estado haciéndolo desde los 15, quieres hacerlo mucho mejor. Y empiezas a pensar qué tipo de barra, qué taburete, qué iluminación, cómo crear un espacio con magia, un sitio para dejarse ver, hasta cómo hacer que la gente esté más guapa. Y ahí entran los materiales, los colores, la iluminación…

En esta entrevista se ha definido como dibujante.

Es que yo soy dibujante, porque para mí todo parte del dibujo. Ahora estoy haciendo la imagen gráfica de la última película de Pedro Almodóvar y nuevamente parto del dibujo. Sí, trato de entender la información, saber qué pretende, qué busca Pedro, qué quiere expresar  y luego viene la tipografía, los colores, las imágenes… pero aun así todo empieza en el dibujo.

¿Ha quedado contento con Chico y Rita, ahora que ya puede analizarlo con algo de perspectiva?

Mucho, piensa que en el 71 ya empecé a hacer dibujo animado y lo dejé porque estaba solo y era muy complicado, muy artesanal, pero me encantaba: era muy bonito ver cómo se mueven las cosas, ver cómo los personajes se mueven. En los 80 hasta hice una película y también he intentado —siempre— que mis logos, mis grafismos, tuvieran esa sensación de movimiento, pero está claro que un largometraje es distinto. La pantalla, la historia… es diseño puro.

Cuarenta y pico años de carrera, ¿ya lo ha hecho todo?

No. Lo que te diría es que me queda todo por hacer [pausa]. Cuarenta y pico años, joder, me cuesta mucho pensar en esos términos. Me gusta cumplir años, me encanta, especialmente por lo que significa de experiencia, pero no tengo ninguna sensación de haberlo visto todo. Vivimos además en un momento genial, fantástico, donde hay nuevas ocasiones, nuevas tecnologías, nuevas maneras de hacer las cosas, y es muy fácil ilusionarte con nuevos proyectos.

¿Por ejemplo?

Ahora estoy obsesionado en cómo podemos llegar a hacer una web para vender todos mis productos, porque continuamente me llaman desde San Francisco o desde Moscú para pedirme una cubertería, o una silla o lo que sea, y quiero hacer una especie de web donde puedan encontrarlo todo.

¿Alguna cosa que se le haya quedado en el tintero?

En diseño no existe “esto es muy bonito”, sino: “funciona o no está funcionando”… Oye, ¿te sirve de algo todo esto que te he dicho o no?

 

Fotografía: Alberto Gamazo

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16 Comentarios

  1. Una entrevista bastante flojilla, para mi gusto. Creo que, si se sabía de antemano que Mariscal tiende a irse por peteneras, lo adecuado para sacarle más partido hubiera sido ser flexible y seguir el curso de sus divagaciones, dejarle más espacio. En cambio, ha quedado un tanto encorsetado, demasiado formal.

  2. Enhorabuena por la entrevista, y sobre todo por las fotos. Charlar con Mariscal es un juego de los buenos y pillarle sin gafas en un golpe de suerte para la posteridad.

  3. Creo que la entrevista se ha quedado coja por desconocimiento del personaje, con lo que dá de si Javier Mariscal, venga dale molino con que estamos mal, que se vive mal, que estamos atosigados con la tecnología… un pesado el entrevistador, el personaje se ha defendido con su positivismo de siempre, pero nada, volvía otra vez, con lo mal, lo mal que estamos, una pena. Podría haber sido una gozada y ha sido un ¡ uf !, vámonos.

  4. Menos prima de riesgo y bono a 10 años y más conversaciones con gente como esta es lo que hace falta. Que para amargarse uno ya se vale por sí mismo. Crear ilusión desde la creatividad y el trabajo ya no tanto.

    • Evidentemente. Como es fácil buscarle defectos a la lavadora cuando se estropea, aunque uno no sea capaz de arreglarla por sí mismo ni de fabricarla mejor. Ya sé que Mariscal es hueso duro de roer y que tampoco es un desastre la entrevista, pero echo en falta alguna pregunta que rompa el ritmo, que sorprenda o que se aproveche de las divagaciones del entrevistado para sacarle más jugo. Ahí está la coñera y muy naif frase de Mariscal: «Oye, ¿te sirve de algo todo esto que te he dicho o no?»

  5. Si dejas ir a Mariscal se te pierde la entrevista, porque es irreproducible y sólo sirve en vivo, en lata no es que se vuelva abstruso, sino un poco idiota. Y si consigues centrarlo, como en esta ocasión, entonces simplemente te aburres. Mejor no entrevistarlo.

  6. La entrevista probablemente refleje lo que es Mariscal. Él ya lo dice, ha tenido muchos problemas en la lectura y la escritura, y se ha movido por instintos. Yo veo que también tiene dificultades en la expresión oral. Le cuesta objetivar lo que piensa y cuando habla forma como una nube de ideas. Cuando dice «quiero una silla de exteriores, apilable, inyectable, de materiales reciclados y que no puede valer más que esto y que tiene que tener estas medidas mínimo» es el único momento en que habla de forma ordenada, empleando como una matraquilla aprendida de su trabajo. Me parece muy difícil entrevistarlo adecuadamente, porque para ello se busca trasladar su verborrea caótica y algo ilógica a una secuencia más ordenada. Lo ideal sería poder sumergirse en ese mundo y bucear en el mismo más irracionalmente. Sólo así se conseguiría «entre vistarlo» adecuadamente.

  7. Chico y Rita es un proyecto importante, cuando la vi quedé fascinada, una maravilla y una banda sonora original espectacular. Felicidades.

  8. Ya, imagino que un proyecto así no puede realizarse por mucho menos y la rentabilidad de un producto depende de muchas cosas, en este caso de que fuese o no premiada con el Oscar, que lo merecía sin duda, pero esto no tiene nada que ver con la calidad, el talento y la magia de la película.

  9. De acuerdo en que la entrevista es paupérrima, aunque esto es debido, sobre todo, a la idiosincrasia del entrevistado; cualquiera que lo haya oído por radio o televisión, sabe a lo que me refiero. No pasa nada, todo el mundo no tiene un pico de oro y la misión de Mariscal en este mundo es la de soñar y diseñar. Dicho esto, añadiría que considero a este señor un gran afortunado en la ruleta de la vida. Dice de sí mismo que es dibujante, y yo digo que viendo sus dibujos, hemos de convenir en que tuvo la inmensa suerte de atraer en su momento sobre su trabajo, unas opiniones favorables que le han llevado hasta donde ahora se encuentra. A mí me cae bien y me divierte ver su producción, pero no dejo de pensar en lo caprichosa que puede ser la fortuna con los humanos. Y hay algo que me tiene intrigadísimo; soy un anónimo que no conoce nadie y a pesar de ello, soy el feliz propietario de cuatro o cinco pares de gafas. ¿…?

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