Cristian Campos: Mafia de uno

Publicado por

el padrino

Fue entrañable ver a Mariano Rajoy leer su respuesta a la pregunta pactada con el diario ABC durante la rueda de prensa del pasado lunes. Ni para memorizar cuatro tópicos ajados («esto es una democracia seria» y demás festivales del humor cañí) es capaz ya este hombre de despegar la cara de la almohada. Mencionó Rajoy en su respuesta el Estado de derecho y dio lecciones a la prensa sobre lo que no hay que pedirle a un presidente del Gobierno. Básicamente, explicaciones.

Hasta a Rodríguez Zapatero, sin duda alguna el presidente con mayores sofocos intelectuales de todos los que hemos padecido en este país, se le intuía un conocimiento superficial pero firme de los fundamentos éticos de una democracia. Lo de Rajoy, un señor de provincias que a falta de talentos reseñables lleva a gala su previsibilidad, está más cerca del caciquismo autista que de Blair, Sarkozy o Merkel, tres políticos a los que, intuyo, le gustaría parecerse. Para muestra, el ostentoso desprecio del presidente del Gobierno por la prensa. Que es a fin de cuentas, y con todas sus miserias y mezquindades a cuestas, el único contrapoder eficaz que le queda al sector privado en este país. Rajoy es previsible, eso es cierto. También lo es un buzón que se traga todo lo que le echen sin moverse jamás ni un miserable centímetro de donde lo han plantado. ¡A ver si va a resultar que el presidente del Gobierno está confundiendo el Estado de derecho con el Estado de berberecho!

Berberecho es ese individuo que languidece en su mesa de trabajo como un fax obsoleto y que vegeta inadvertido a la espera del día de su anodina y mohosa jubilación. A los berberechos resulta imposible despacharlos porque, como ya sabrán ustedes, en España por ley los trabajadores no se contratan: se adoptan. Un berberecho en una empresa de tamaño mediano es un estorbo. Una docena de ellos son garantía de quiebra. Desde hace casi dos años ocupa la presidencia del Gobierno el berberecho alfa de la casta política española. En consecuencia, Rajoy no toma decisiones: las sifonea. Lo raro es que a día de hoy España no se haya desgajado espontáneamente del resto de Europa, aunque sea por vergüenza torera, para hundirse en el océano como una nueva Atlántida de la raza de los bivalvos bípedos.

El caso es que durante la última semana la palabra más repetida en la prensa española para referirse al caso Bárcenas ha sido mafia. Sobre la mafia se ha escrito con precisión en dos libros. En el clásico Historia de la mafia, de Salvatore Lupo, y en Cosa Nostra. Historia de la mafia siciliana, de John Dickie. Y digo con precisión porque sobre la mafia gravita algún que otro mito. Concretamente, dos. El primero de los mitos es el del origen de la propia mafia, ese supuesto código de honor siciliano inmortalizado por Pietro Mascagni en su ópera Cavalleria Rusticana (caballerosidad rústica). El segundo, el de su funcionamiento interno.

Del funcionamiento interno de la mafia se sabe muy poco, por no decir casi nada. Y esa minúscula nuez de conocimiento no ha salido de investigación alguna sino de la boca de los pentiti, los arrepentidos de la organización. Los pentiti hablan poco o mucho, pero lo hacen caprichosamente y desde luego no a causa de un súbito ataque de amor por la ley y el orden. En realidad nadie, ni siquiera los propios jueces, fiscales y policías italianos que llevan décadas investigando las actividades de la mafia, conoce con exactitud cuánto hay de verdad, cuánto de mentira, cuánto de distorsión y cuánto de sabotaje en las declaraciones de los pentiti. Sus informaciones suelen ser parciales, inconexas, incoherentes y alucinadas. En ocasiones, el arrepentido parece estar repitiendo los estereotipos del cine de mafiosos: una escena de El Padrino, un ajuste de cuentas sacado de Casino, un capo con los arrebatos paranoicos de James Cagney. En otras ocasiones, el pentiti dice renegar de la organización por coherencia intelectual: «No soy yo el que ha traicionado a la familia, es ella la que me ha traicionado a mí al deshonrar el código de honor». Pueden imaginarse la estratosférica confusión de los interrogadores.

Así que la duda no es ya si los pentiti mienten o dicen la verdad sino hasta qué punto han llegado a creerse ellos mismos los mitos de la cultura popular sobre la mafia. Ni siquiera la existencia de ese legendario ritual de iniciación en el que el futuro miembro de honor sostiene una estampita en llamas de la Madonna mientras jura lealtad y silencio hasta la muerte parece 100% segura. Aunque sí parece serlo el sistema de valores en el que se basa ese supuesto ritual. Como explica John Dickie en Cosa Nostra, «diversos rumores sobre la existencia de ese pintoresco ritual se habían descartado previamente considerándolos mero folclore, y todavía hay partes de las evidencias proporcionadas por Buscetta [uno de los arrepentidos más famosos de la historia –ndr] que parecen ir en contra del sentido común. Sin embargo, ha quedado muy claro a partir de los testimonios de Buscetta, de Lo Scannacristiani [Giovanni Brusca, otro conocido pentiti –ndr] y de otros que los mafiosos se toman estas cosas muy en serio, como cuestiones de honor».

La mafia de la cultura popular es una organización criminal secreta con una fuerte estructura jerárquica, regulada internamente por un código de honor centenario y a la que se le presuponen ciertos rasgos folclóricos. Pero ese es un estereotipo falso según el cual se es mafia o no se es, se pertenece a la familia o no se pertenece, se ha jurado lealtad o no se ha jurado. La realidad es que las fronteras de la mafia son mucho más borrosas que eso.

La mafia no es una banda criminal al uso. Es un paradigma. Un marco de creencias macerado durante décadas y en el que se mezclan folclore, mito y realidad. La mafia violenta y criminal de la cultura popular, la que ejecuta a traidores y trafica con drogas, sexo, juego o influencias políticas, es apenas la punta del iceberg de la mafia real. Ciertamente, al fondo a la derecha de cualquier negociado mafioso late siempre la amenaza última de la violencia física al igual que al final de la más anodina e inocua norma administrativa late el Código Penal (y esa coacción es, de hecho, lo que distingue una ley, estatal o mafiosa, de un uso o una costumbre). Pero lo cierto es que en muchos de los más rentables negociados mafiosos ni siquiera se recuerda el nombre del último finiquitado. La violencia dejó de ser necesaria cuando la mafia se infiltró con tanta eficacia en el imaginario popular que le permitió actuar incluso allí donde no llegaba el brazo de sus ejecutores. Una vez llegados a ese punto de no retorno, la mafia se convierte en el estado por defecto de la organización social. En el Estado.

Porque la mafia no es un capo, un soldado, un infiltrado, un sobornado, un corrupto o cientos de ellos. Es una niebla de contornos difusos que cala fino y que todo lo empapa dado el tiempo necesario. Y de ahí, precisamente, la ya vieja duda: ¿hasta qué punto sigue el Estado italiano siendo Estado? La mafia no tiene ningún interés en enfrentarse al Estado. Su intención es replicarlo manteniendo su arquitectura básica y usurpar sus funciones como lo haría un clon defectuoso. La mafia es al Estado lo que Bizarro a Superman, no lo que el Joker a Batman. En palabras de un amigo napolitano: «En Nápoles todo parece diseñado al revés con el único objetivo de joderle la vida a los ciudadanos».

Y es en este último punto donde pecan de inocencia los que utilizan la metáfora de la mafia para referirse al caso Bárcenas. La mafia no es un elemento extraño infiltrado en el cuerpo sano del Estado español. El Estado español, la arquitectura institucional de este país, ES mafia. No la mafia de Uno de los nuestros, sino la real. La que imita de forma zafia las funciones de los Estados democráticos de derecho llevándoselo crudo por el camino.

luis bárcenas

Lo que no suele explicarse es que si la mafia ha podido fagocitar parte del Estado italiano y Bárcenas distraer decenas de millones de euros incrustado en la sala de máquinas de uno de los dos principales partidos políticos españoles es porque ambas estructuras, la criminal y la administrativa, compiten por el control de la sociedad a partir de una misma concepción de la realidad. El virus de la corrupción no se infiltraría con tanta facilidad en la célula del Estado si ambos no compartieran la misma arquitectura genética. La mafia cobra impuestos, dice proporcionar protección a los ciudadanos, ofrece un simulacro de seguridad jurídica llamado código de honor, se regula internamente de acuerdo a una serie de reglas opacas e ininteligibles que solo conocen los iniciados y que nada tienen que ver con las de la sociedad sobre la que ejerce su poder, se arroga el monopolio de la violencia, acapara el derecho de traficar con franquicias y privilegios en función de sus intereses del momento y replica las jerarquías de la familia tradicional. Hasta Bárcenas encaja como un guante en la figura del pentiti: dice sin decir, miente, se arrepiente de sus declaraciones y las niega para luego reafirmarse añadiendo nuevos detalles, revela datos verdaderos entremezclados con datos falsos, actúa por despecho y traiciona a los que él cree que han violado el código de honor interno de la organización a la que habían jurado fidelidad. Por no hablar de la contraparte, esos mensajes de Rajoy en los que este le pide que sea fuerte, que resista, que confíe en la familia, que están en ello, que calle.

En España, el Estado se las ha apañado históricamente para lograr que cualquier actividad económica y personal, sea del tipo que sea, necesite de su previa aprobación, pase por caja y quede parcial o totalmente en sus manos. En nuestro país los sistemas políticos pasan pero la casta es eterna. A veces esa casta es la monarquía, a veces la clase política, a veces los curas, a veces el ejército, a veces la aristocracia, a veces el pueblo y frecuentemente combinaciones diversas de todos ellos. En España no hay empresa del IBEX 35 que sea estrictamente privada: todas ellas medran, sin excepción, a apenas unos palmos del Estado y en casi todos los casos de la mano del rey. Un ejército de tres millones de españoles cobran su sueldo directamente del Estado. Otro ejército de unos cuantos millones más no tiene mayor horizonte vital que llegar a formar parte algún día de esos tres millones. Un tercer ejército, también de millones, recibe algún tipo de prestación directa (pensionistas) o indirecta (estudiantes). Pero el mayor ejército de todos es el formado por las miles de empresas del sector privado que viven en exclusiva del Estado: Iberia, las eléctricas, todo Florentino Pérez, la banca. España es una nación de funcionarios de hecho.

El Estado, además, te ficha cuando naces, te educa hasta que te salen canas, te casa, recauda su parte cada vez que mueves un euro desde el punto A al punto B, obstaculiza y entierra bajo una montaña de requisitos burocráticos absurdos cualquier movimiento que tengas en mente y te esquilma hasta el tuétano cuando mueres. Su omnipotencia es total y absoluta. Pedirle educadamente a uno de los dos principales beneficiarios de ese estado de cosas, el PP, que se abstenga de actuar como el cacique Calfucurá es como pedirle a Totò Riina que se busque un trabajo honrado de reponedor de champús en el Mercadona.

La alternativa a ese estado de cosas en una democracia madura sería la sociedad civil. Pero en España la sociedad civil, como la mafia en Italia, no ha mostrado jamás el más mínimo interés en enfrentarse al Estado. Su única aspiración histórica ha sido replicarlo, pero de acuerdo a sus caprichos del momento. Su más reciente antojo ha sido el de conseguir que los zoquetes pobres puedan rascarse los cojones a dos manos en los recintos universitarios exactamente de la misma manera que lo hacen los zoquetes ricos. ¡Si supiera la comunidad educativa cuántas universidades son necesarias en España para mantener a los adolescentes en el analfabetismo más absoluto! Exactamente 79, de las que solo cuatro aparecen en el ranking de las 300 mejores del mundo y siempre más allá del puesto 200.

Conociendo el nivel no resulta extraño ver a los mejores estudiantes españoles, ese lobby carpetovetónico de la ceporrez, negarle el saludo al ministro de Educación con una mano mientras con la otra recogen los 3000 euros que ese mismo ministro les entrega junto con su premio nacional de fin de carrera. Preguntados al respecto, algunos de los estudiantes lograron balbucear un simulacro de justificación. “«Los premios no los da el ministro sino el Estado». Es una gran reflexión que no podría haber salido más que de la boca de los mejores estudiantes españoles: el Estado como una entidad espiritual que todo lo ilumina y que actúa por encima de los miembros de carne y hueso que lo componen. Entonces tampoco Al Capone mataba. Mataba la mafia, claro. Curiosamente, a la hora de embolsarse los 3000 euros ninguno de ellos se los reclamó al Estado, sino al burócrata de turno que sostenía el sobre. Debía de ser el Estado, que había descendido de las alturas y adoptado forma humana durante unos segundos para poder pagarles así a ellos la amoto pa’l verano. Como Zeus, pero en versión funcionario dadivoso.

La prueba de que en este país no hay rebelión social sino pura y simple competencia por los despojos de la rapiña estatal es que no se le conoce reivindicación alguna a los llamados movimientos sociales que no gire alrededor de la pasta. En este país todo se arregla con dinero. Sirva el ejemplo del párrafo anterior: según la mitología hispana, los malos estudiantes se convertirán en futuros premios Nobel si se les paga una beca. La confianza de los españolitos de a pie en el poder redentor del dinero es francamente entrañable. A un murciélago español cejijunto le tiras un euro y se convierte en un querubín rosadito con plumas de algodón. En España ya no hay ciudadanos: hay gremlins. Solo que en vez de agua necesitan leuros para activarse.

Por supuesto, esto no tiene ninguna solución. En la metáfora del cesto de manzanas podridas siempre queda la opción de tirar el cesto y comprarse uno nuevo. Pero no podemos comprarnos una España nueva. De lo que sí disponemos, a falta de soluciones, es de vías de escape. Vivir al margen del país y sus masas y sus neurosis, romper los lazos con cualquiera que no forme parte de tu círculo más cercano, esquivar hasta el límite de lo razonable los peajes con los que el Estado y la sociedad civil española intentan zancadillear a los ciudadanos sanos, dejar de votar cuando no hay elección posible sino tan solo un plebiscito provinciano, moverte por el subsuelo social, rechazar olímpicamente cualquier brizna de información procedente de cualquiera que no viva única y exclusivamente de su trabajo, renegar de la mitología colectivista castiza y despreciar con toda la fuerza de tu elitismo toda aquella idea defendida por más de dos españoles a la vez. Evitar a jetas, chulos, hidalgos, beatos, mediocres, mierdas y pazguatos. Huir, aislarse en el bosque, en los límites del poblado, a la manera defendida por Ernst Jünger en La emboscadura. Vivir como si fueras el último ser vivo sobre la faz de la tierra. Ser un hombre. Una mafia de uno.

ANUAL

30año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 
 

MENSUAL

3mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 
 

ANUAL + REVISTA IMPRESA

75año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
4 Números impresos Jot Down
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL + REVISTA IMPRESA + FILMIN

100año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
4 Números impresos Jot Down
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

64 comentarios

  1. Pingback: Mafia de uno

  2. Si fuera sólo una estructura de estado… se ha replicado el engendro 17 veces.

  3. ¡Qué aburrimiento!, ¡qué artículo tan malo!

    • Walton

      Pues sí. Por si no era suficiente el de Abreu, ahora nos cae éste de Cristian Campos. Al menos los artículos de Campos aparecen en este magazine con menor frecuencia que los del habanero, pero no sé si para compensar, suelen ser notablemente más extensos.

      • algoban

        Oye, que nadie te obliga a leerlos.

        Dos cosas diferentes, una es dar tu opinión sobre el artículo y otra criticar forma, tamaño y autor sin entrar a valorar qué dice.

        • Walton

          Oigo, o más bien leo. Supongo que tampoco nadie (al menos yo no) te obliga a leer mi comentario.
          Ya sé que son diferentes esas dos cosas que mencionas; gracias de todas formas por aclarármelo. Simplemente, a mí me dio la gana de optar por la segunda.

  4. Rino Gaetano

    Enhorabuena por el artículo.

    La imagen de Toto Riina en el Mercadona con la canción de fondo ha sido escalofriante.

  5. micronomic

    Ajá. En el resto de países con democracia consolidada -Estados Unidos- o ejemplar -no se me ocurre ningún país muy ejemplar después de lo de Snowden- el Estado no tiene nada que ver con el dinero. Lo hacen todo con el infinito poder de sus sincronizadas mentes, à la Uri Geller. O sea que en Finlandia -es un decir- a los niños los educan y les dan de comer en el cole y los llevan de excursión y hasta de Erasmus de mayores sin que nadie tenga que pagar un céntimo de impuestos y sin que nadie reciba un céntimo por el servicio que hace ¡uy! al Estado. Hay que preguntar cómo se hace eso, es el primer paso hacia el móvil perpetuo de primera especie.

    • De hecho, la gran cagada de este artículo es que apunta a que el futuro es la «no subvención». Éste es el gran mito neoliberal: no subvencionar nada.
      Sin embargo, el futuro es, en mi opinión, la renta básica, tal como ocurre en los países nórdicos, muchos impuestos + mucha protección social, o la Universidad gratuita, como en Escocia.
      A mí no me la das con queso con el neoliberalismo, Cristián Campos. El neoliberalismo es bueno para los privilegiados que pisan el cuello a los demás.

      • @mendeleiev

        Sólo un apunte, ni Dinamarca, Alemania, Austria, Finlandia, Suecia o Noruega tienen salario mínimo establecido.

  6. M. Graizer

    Cuando he leído lo de que la mafia no tiene ninguna intención de enfrentarse al Estado no he podido evitar acordarme de Falcone o de los atentados del ’93 en Florencia y Milán.

    Sea como fuere, el masculino singular de «pentiti» es «pentito».

    • Cristian Campos

      Muy cierto. Como paparazzi y paparazzo. Mea culpa.

      • jorge

        Un apunte; como cualquier palabra del género masculino en italiano, termina en «o» y pluraliza con «i». Las femeninas, «a» «e».

  7. vellana

    A mí lo que me alucina es que alguien que hace una descripción tan catastrofista de lo que pasa en España (que comparto en gran medida) propone como solución que una región, epítome de esta situación, se separe de España. Con ello sólo se conseguirá agravar en esa región la situación, pues pasarán irremediablemente a depender de la nueva casta la justicia, la poca prensa libre que quede y al disidente se le acallará (en el mejor de los casos) llamándolo anticalán.

  8. «La prueba de que en este país no hay rebelión social sino pura y simple competencia por los despojos de la rapiña estatal es que no se le conoce reivindicación alguna a los llamados movimientos sociales que no gire alrededor de la pasta. En este país todo se arregla con dinero.»

    Excepto los Ministros, Diputados y demás representantes políticos, que, esos sí, deben de ser eminencias en lo suyo, dominar idiomas, tener don de gentes, trabajar un mínimo de doce horas al día, ser honestos, honrados y humildes, y, además, hacerlo gratis o cobrando el salario mínimo interprofesional (eso sí, que los viajes oficiales se los paguen de su bolsillo)

    Supongo que pensamos importarlos de Marte…

  9. Gabriel

    El artículo empieza bien, pero después sinceramente, no sé a donde pretende llegar xD

  10. No me ha gustado. Mucha tontería: ataques gratuitos a los españoles, a los funcionarios y a los estudiantes becados y un fallido intento de paralelismo con la mafia, que no queda bien. Ni siquiera menciona el libro Gomorra, que es un testimonio de primera mano del funcionamiento interno de la mafia.
    Lo más grave es insultar a los estudiantes que no le dieron la mano al ministro por aceptar los 3000€, ¿se supone que ahora los estudiantes tienen que ser mártires pasando hambre?

    • Está usted equivocado, señor de la Fuente. ‘Gomorra’ es un testimonio de una realidad muy concreta que se llama camorra, no de la mafia.

      Y en el mismo orden de las cosas, Cristian Campos cita al profesor John Dickie, que está considerado, en algunos círculos, como uno de los mayores expertos en la materia del mundo.

      Saludos.

      • Cristian Campos

        Exacto. Lo que popularmente se entiende por mafia son en realidad cuatro organizaciones diferentes: la Cosa Nostra (Sicilia), la Camorra (Napolés), la ‘Ndrangheta (Calabria) y la Sacra Corona Unita (Apulia). Pero la primera, la mayor y la más poderosa de todas ellas es la Cosa Nostra, la mafia original.

        Además, Gomorra no deja de ser un libro de ficción. Es decir una novela. Todo lo basada en hechos reales que se quiera, pero una novela a fin de cuentas. Entiendo perfectamente el porqué de que Saviano escogiera ese camino a la hora de escribir Gomorra, pero el resultado es que el libro no puede ser calificado ni de ensayo ni de reportaje periodístico.

    • Selectvs

      A mí me parecen bien insultados, y eso que estoy de acuerdo con no estar de acuerdo con la LOMCE. Es bastante hipócrita. Le niegan el saludo para ir de mártires por una ley que ya no les afecta en prácticamente nada (dato: el premio es de fin de carrera, no de colegio) pero no perdonar ni un euro. Lo cual no tiene por qué estar mal si al menos tuvieran la vergüenza torera de admitirlo: «sí, he trincado la pasta, ¿y qué?». Pero es que encima pretendían ir de dignos. Y no lo son. Más que el Ministro no.

  11. Ya nos queda claro que usted es liberal o más bien libertario. Me parece muy bien. Pero es que en sus artículos siempre subyace el mismo mensaje. Deje de ser tan monotemático y hable también de otras cosas, que seguro que tiene talento suficiente para hacerlo. Pero mes tras mes lo mismo no, por favor!

  12. Fulgencio Barrado

    Le pongo banda sonora:

    Brucia la luna n’cielu, E ju bruciu d’amuri
    Focu ca si consuma Comu lu me cori
    L’anima chianci Addulurata
    Non si da paci Ma cchi mala nuttata
    Lu tempu passa Ma non agghiorna
    Non c’e mai suli S’idda non torna
    Brucia la terra mia E abbrucia lu me cori
    Cchi siti d’acqua idda E ju siti d’amuri
    Acu la cantu La me canzuni
    Si no c’e nuddu Ca s’a affacia A lu barcuni

    No me estaba disgustando el artículo (salvo por sus habituales arrebatos liberales antiproletarios), pero al final le sale su Casandra interna y nos sermonea, y además lo hace defendiendo un individualismo alienante que no se corresponde con su actitud, pues correspondería más a un anacoreta que a un predicador.
    De todas formas me ha entretenido y gustado el artículo en sí, he de reconocerlo.

    • Cristian Campos

      Ah: http://www.youtube.com/watch?v=d773MHigJ58

      La cabra nihilista siempre tira al monte del liberalismo.

      Muy bueno lo de Casandra, por cierto.

      Y gracias por el comentario.

      • Fulgencio Barrado

        Cristian, a Casandra la llevamos todos dentro. No conviene dejar que se desboque a pesar de lo divertido que resulta a veces. No sea gamberro ;)

    • Está muy bien, ¿eh? que conste… pero casi que prefiero esta otra banda sonora, Fulgen, a ver qué le parece…

      LUIS y GLORIA.- La, la, la…
      Con el amor no se juega,
      ¡Ay, canastos! Que es peor.

      LUIS.- Señorita, hace mucho que la espero
      Soportando el aguacero por decirle que la quiero
      Aunque usted no lo permita.

      GLORIA.- ¡Canastos!

      LUIS.- ¿Qué me responde usted?

      GLORIA.- Caballero, nunca he estado enamorada
      Déjeme una temporada porque no me fío nada
      De un cariño pasajero.

      LUIS.- ¡Canastos!

      GLORIA.- ¡Váyase, por favor!

      LUIS y GLORIA.- La, La, la…
      Con el amor no se juega,
      ¡Ay, canastos! Que es peor,

      LUIS.- Señorita, yo le ofrezco la fortuna
      Las estrellas una a una con el sol y con la luna
      Y el amor que aquí palpita.

      GLORIA.- ¡Canastos!

      LUIS.- Ya ve que soy formal.

      GLORIA.- ¡Ay, muchachito!, no me importa la riqueza
      Ni he perdido la cabeza si le digo con franqueza
      Que un marido necesito.

      LUIS.- ¡Canastos!

      GLORIA.- Casarse es lo mejor.

      LUIS y GLORIA.- La, La, la…
      Con el amor no se juega,
      ¡Ay, canastos! Que es peor.

      LUIS.- Linda mía, cuando quiera estoy dispuesto
      Para hacer el presupuesto de lo caro
      Que se ha puesto pasar por la vicaría.

      GLORIA.- ¡Canastos! Por algo somos dos.

      LUIS y GLORIA.- Con el amor no se juega,
      ¡Ay, canastos! Que es peor,
      Porque el amor, cuando llega,
      Es, ¡canastos!, lo mejor.

      LUIS .- Con el amor no se juega,
      ¡Ay, canastos! Que es peor,

      GLORIA.- Porque el amor, cuando llega,
      Es, ¡canastos!,

      LUIS .- Lo mejor.

      LUIS y GLORIA.- La, La, La…
      Porque el amor, cuando llega,
      Es, ¡canastos!, lo mejor.

      Otro día ya pondremos «La del Soto del Parral».
      ¡¡¡CANASTOS!!!

      • Fulgencio Barrado

        Jajajaja, Tip, más adecuado a lo castizo desde luego que es.
        Si que va a ser verdad que nuestra mafia va a tener su propia «idiosincrasia», y no tenemos porque copiar de otros.

    • Galahat

      Nah, la acumulación de berberechos al final no quiebra las empresas porque ya se han encargado de crear un mercado laboral paralelo (de subcontratados, temporales y precarios) que hacen el mismo trabajo, cobran dos o tres veces menos y apenas tienen derechos, y así se compensan los excesos de los moluscos.

      Fulgen, suscribo cada una de las palabras de tu respuesta, incluido el a quién cantará Christian su canción. Estoy vaga, lo admito. El caso es que estaba disfrutando del artículo y, a pesar del final, me he visto asintiendo en unas cuantas ocasiones. Se me atragantan los denominados «arrebatos liberales antiproletarios» pero, honestamente, he de decir que hasta le estoy cogiendo cariño. Eso sí, Christian, tú también andas un poco vaguete (igual me equivoco y es por exceso y no por defecto) y ya se echa de menos algún artículo a lo «El único día fácil fue ayer», de lo mejor y más ilustrativo que has escrito en este medio.

      En cuanto a esta columna, me quedo con este párrafo:

      «Y es en este último punto donde pecan de inocencia los que utilizan la metáfora de la mafia para referirse al caso Bárcenas. La mafia no es un elemento extraño infiltrado en el cuerpo sano del Estado español. El Estado español, la arquitectura institucional de este país, ES mafia. No la mafia de Uno de los nuestros, sino la real. La que imita de forma zafia las funciones de los Estados democráticos de derecho llevándoselo crudo por el camino».

      Es una pena que nadie se haya animado a escribir «El antropólogo inocente» de la mafia porque en ocasiones es imposible no imaginarse a jueces, fiscales y policías cual Barleys en manos de los dowayo.

      • Fulgencio Barrado

        Galahat, estoy empezando a «comprender» a Cristian. Es dogmático en su estilo literario, pero luego demuestra tener sentido del humor, lo cual es absolutamente contrario a serlo de verdad.
        Le pierden los análisis sesgados, como el de la adopción de los trabajadores; ¿quién gana más con dicha adopción?, ¿es obligatoria?. Si alguien contrata a un trabajador, en las condiciones que sean, no creo que sea precisamente por el bien de este. La realidad parece demostrar quienes suelen ser los ganadores del proahijamiento.
        También veo fallos en la visión unívoca del Estado y del Gobierno. Lo uno no es lo otro, pero bueno…, son detalles.
        El caso es que ha sido una bonita metáfora esta de la Mafia y del Gobierno. Luego vendrá este último y nos dirá que somos ETA…, o Nazis…, o yo que sé, lo que se les ocurra.

        «Por que cuando me encuentro solo en el crepúsculo de la montaña, toda la existencia parece fundirse con mi alma y mis recuerdos…, y con los sonidos del río…, y con un ritmo de cuatro compases…, y la esperanza de que surja un pez….
        Finalmente, todo se funde en una sola cosa…, y un río la cruza…, el río que fue excavado por el gran diluvio universal y corre sobre las piedras desde el sótano de los tiempos…; en algunas de las piedras hay gotas de lluvia intemporales…; bajo las piedras están las palabras…, y algunas de las palabras son las de Ellos.
        Estoy hechizado por las aguas….»
        A River Runs Through It
        Norman Maclean

        Todo en la vida es Mafia, salvo cuando estás sólo, entonces eres simplemente libre. En contra de lo que piensa Cristian, es imposible ser una Mafia de uno. Pero este es otro tema…

        • Galahat

          La «adopción» de los trabajadores es consecuencia directa del franquismo. Digamos que la dictadura compró cierta paz social con contratos laborales beneficiosos en una coyuntura económica muy diferente de la actual. ¿Cómo encararon este tema cuando la coyuntura ya no era tan provechosa? Creando un mercado laboral dual con personas intocables, con contratos casi blindados y unas condiciones laborales que no las ves ni en países de mayor renta per cápita frente a los llamados «outsiders», trabajadores a precios de ganga, de usar y tirar, cuyas condiciones laborales no andan muy alejadas de las de algunos de esos países que llaman «en desarrollo»; un sistema verdaderamente equilibrado y meritocrático, el no va más de un mercado laboral competitivo. Se habla mucho de los funcionarios, pero el sector privado está lleno de berberechos pegándose la «vida padre» a costa de los precarios.

          Tampoco entiendo la crítica a los estudiantes. Los premios nacionales Fin de Carrera no son obra del señor Wert, ni este ha instituido un comité de sabios para premiar a fulanito de tal o de cual. Esos premios se conceden desde hace años de acuerdo a una serie de cuestiones objetivas (previas al señor Wert), por lo que me parece perfectamente coherente recoger el premio y no dar la mano a un ministro concreto. Otra cuestión sería que los estudiantes estuvieran criticando los premios en sí. En un país donde las redes clientelares, el nepotismo y el tráfico de favores son la norma, significarse en contra del Establishment no sé si será «cool» o no lo será, pero no suele abrir muchas puertas y normalmente te convierte de inmediato en el chivo expiatorio de gran parte de la sociedad que cree en la libertad de pensamiento y expresión -sin castigo-, pero en la suya propia porque el resto de la Humanidad no tiene derecho a pensar diferente y expresarlo sin que se les acabe defenestrando personal y profesionalmente (siendo esto último lo más grave).

          Muy de acuerdo con este párrafo de Christian: «…pero el mayor ejército de todos es el formado por las miles de empresas del sector privado que viven en exclusiva del Estado: Iberia, las eléctricas, todo Florentino Pérez, la banca. España es una nación de funcionarios de hecho».

          Por eso resulta tan irrisoria, en un país lleno «de funcionarios de hecho», la inquina del TDT Party y la derecha «neocon» contra los actores y sindicatos, los únicos subvencionados en España por lo que parece. Con los ejemplos citados en el párrafo anterior (unos pocos entre miles), hay que ser muy hipócrita para entrar en el tema de las subvenciones ajenas sin que se te caiga la cara de vergüenza.

  13. Grata lectura, un artículo con mucha miga cuyos últimos párrafos parecen preparar el terreno al último, por el cual me surge seria duda de comprensión: ¿Es irónico? No se si su «Una mafia de uno» puede ser una de las irónicas comprensiones de la socio-política contemporánea mas rica que he leído últimamente o un mero grito liberal como el que le he leído en otras ocasiones.

    Acláreme la duda por dios! Si no admitiesen comentarios mi benevolencia le hubiese encumbrado automáticamente, pero, ah! son las cosas del feedback.

    Un saludo.

    • Cristian Campos

      ¿Y por qué deberían ser excluyentes la opción A y la B?

    • Cristian Campos

      OK, acabo de leer esto: http://humodelector.wordpress.com/2012/12/07/democracia-natural/

      Pues definitivamente no son excluyentes. Dicho lo cual y en honor a la verdad, mi «mafia de uno» es algo así como la puesta del día del «emboscado» de Junger, que supongo que simplificando mucho está más cerca del libertarismo anacoreta (no del liberalismo) que de la «irónica comprensión de la socio-política contemporánea» que mencionas tú.

      De hecho, pensaba introducir en el texto alguna mención a las tres grandes escuelas filosóficas del derecho: el positivismo, el naturalismo y el realismo. Votando con los pies a favor del último por supuesto. Que es, por si te interesa el tema, el que encajaría de forma más precisa en tu concepto de «democracia natural». Pero lo descarté por no retorcer aún más el texto.

      Y gracias por el comentario.

    • Cristian Campos

      Por si interesa (aunque simplificado, está bastante bien explicado):

      http://es.wikipedia.org/wiki/Realismo_jur%C3%ADdico

  14. Verónica Monteagudo

    Interesante y poco o nada políticamente correcto artículo. Sin estar (del todo) de acuerdo contigo en el desarrollo final donde hablas de la idiosincrasia del pueblo español, me ha gustado leer este punto de vista. Sobre todo porque me ha hecho sentir más cómoda con el mío, claro. En mi opinión propones una España monocolor (todos autosuficientes, todos honestos con el sistema, y el sistema honesto con todos), y esto es simplemente imposible.
    Habemos de todo y con ello hay que seguir avanzando. lo que habría de tratar es que nuestra, como sociedad, máxima representación en el Sistema, (los políticos), fueran lo mejor de cada casa éticamente hablando. Es más fácil mejorar ese cesto que el cesto que engloba a cuarenta y pico millones de personas. No hay ética en la gran mayoría de nuestros políticos y por eso vamos a la deriva.
    En cuanto a lo de los alumnos que cogen el dinero del Estado: pienso que en qué se lo vayan a gastar es asunto sólamente suyo, es un premio a su esfuerzo que se han ganado. Negar el saludo al ministro de turno no es más que su forma de manifestar el rechazo a estos políticos mediocres que tenemos. No es el Sistema o la Política, así, como concepto general y global, lo que está mal. Son nuestros políticos. Las manzanas podridas son ellos. Esas que hay que sacar del cesto.
    Un saludo

    • Lo he dejado por escrito algo más arriba, pero lo reitero por que viene al caso: ¿de dónde sacamos a esos políticos mejores éticamente que el resto de los españoles? ¿los importamos de Marte?

      ¿Cómo vamos a premiar su superioridad? ¿pagándoles menos que a un fontanero de provincias que no declara el IVA?

      Cada sociedad tiene a los gobernantes que merece. Ni más ni menos. En nuestro caso, viendo la ignorancia, la incultura, la desvergüenza, el hedonismo y el gregarismo compulsivo y vacío campantes, a todo lo largo y ancho de la geografía española, presentes desde el mendigo más arrastrado hasta el ejecutivo más encumbrado, creo honestamente que aún podemos darnos con un canto en los dientes.

  15. Gracias a ti por la rica respuesta.

    Precisamente ahí estaba mi aspiración a la ironía, pues en mi opinión un libertarismo de ese estilo se diferencia poco de un anarquismo absolutamente idealista, imposible en mi opinión… y eso nos arrojaría a asimilar la naturaleza mafiosa de la misma política…

    Al final todo tiende, creo, si se quiere hacer bien, hacia un anarco-sindicalismo gremial. Aunque ya es personal recuerdo con cariño «Los caminos de la libertad» de Russell a este respecto… no se si compartirá al incluir algo de socialismo.

    Ah! Y mi enhorabuena por encontrar ese artículo así al vuelo… ¿No ha tenido ayuda?

    • Cristian Campos

      Bueno, cuando algún comentario me llama la atención suelo interesarme por el autor. Rebusco por la intennete, ligo cabos, sigo rastros de migas de pan y, si encuentro algún texto del comentarista, me lo leo. Así he encontrado el artículo. Esta vez sin ayuda, pero podría haberla tenido, sí, creo que sé por dónde vas.

  16. Bertoldino

    Enhorabuena por su artículo.

  17. Gonzalo Mahillo

    Gran artículo, señor Campos. En especial el genial último párrafo, donde expone usted su conclusión, evocando algún pasaje del Así habló Zaratustra de Nietzsche. Parece que ha dado usted un par de pasos en la «dirección peligrosa» del libertarianismo. Tenga usted cuidado con el abismo del anarcocapitalismo al que está usted a punto de llegar por deducción lógica. Ya lo roza poéticamente.
    Por lo demás, creo recordar que fue el archicitado Orwell en su 1984 quien vino a afirmar algo así como «no hay mayor libertad que la de poder decir 2+2=4». En consecuencia, no existe un «crimen» que merezca mayor represión del Estado que divulgar tal simple equivalencia aritmética que, no por evidente, deja de ser más inobservable en el razonamiento del individuo sumergido en el colectivo. Usted, en sus artículos, suele llegar al 2+2=3,5 pero hoy se ha acercado peligrosamente al 4, desnudando la realidad del Estado e identificándolo con una organización criminal. Creo que puede empezar usted a resultar bastante molesto.

    En cuanto al análisis que usted sostiene me gustaría disentir de su conclusión Estado=mafia. En mi opinión, quizá no tan informada como la suya, la mafia en algunos países y en determinados momentos históricos sí ha funcionado -afortunadamente- como un auténtico contrapoder. Tengo entendido que en Italia, durante el fascismo, la mafia no sólo no comulgó con el Estado sino que llegó incluso a colaborar activamente con la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial (se publicó en esta revista un monográfico sobre la figura de Lucky Luciano en que se abordaba el tema). En Estados Unidos, durante la Ley Seca, la mafia dio la oportunidad a toda una nación sedienta de poder embriagarse libremente y bailar el charlestón -dejando para la historia una de las más bellas y recurrentes ambientaciones cinematográficas- en contra de la castrante voluntad moralizante de un puñado de beatas a las que los políticos pretendían agradar. Y son las mafias de todo tipo, más o menos simpáticas para la opinión pública, las que satisfacen la demanda de cualquier bien de consumo cuando los burócratas de turno tienen a bien prohibir su comercialización en defensa de algún elevadísimo valor moral. (Claro que siempre existe la versión de que los beneficios extraordinarios derivados de la prohibición son repartidos entre quien prohibe y quien comercializa «clandestinamente». De ahí los incentivos a prohibir, más allá de hacernos el bien al que no somos capaces de llegar por nosotros mismos. Pero esta es otra cuestión…).

    Por otra parte la mafia acostumbra, en general, a hacer negocios y no a torpedearlos como hace el Estado. Y no caigamos en el simplismo: nadie quiere hacer negocios si no se respeta la propiedad privada y existe cierto grado de seguridad jurídica. En todos ls negocios de cara al público sostenidos por la mafia, como la construcción de los casinos de Las Vegas, se ha tratado de garantizar siempre la seguridad del cliente -tanto de su persona como de sus ganancias y sus propiedades- por el propio interés comercial del negocio. ¿Quién querría ir a un sitio a que le roben o le maten?
    La mafia, asimismo, ha vendido protección habitualmente, pero normalmente a un precio muy inferior al del Estado o, peor aún, cubriendo el vacío de una protección que sí se paga pero no se recibe. Además, la mafia ha tratado históricamente de limitar el daño que sus purgas violentas internas podrían provocar al ciudadano. Generalmente tratan de resolver sus problemas entre ellos y no repercuten coste de ningún tipo en el ciudadano de a pie. ¿Quién puede decir lo mismo de los Estados?¿Acaso no han ostentado siempre el poder coactivo de enviar a los ciudadanos a librar sus guerras?

    Por tanto, en mi humilde opinión, en todos aquellos lugares en que la mafia tuvo o tiene un papel relevante, si tal mafia compite con el Estado en la provisión de ciertos bienes o servicios, ésta actúa como contrapoder, lo que redunda en beneficio del ciudadano. (Creo recordar, para un muy eventual interesado, que rondaba por youtube un vídeo llamado «10 razones por las que la mafia es mejor que el Estado», o algo similar)

    El problema de España no es que el Estado sea una mafia o actúe como tal. Tal conclusión es inexacta y mancha el respetable nombre de la mafia. El problema de España es que la sociedad civil, como muy bien afirma usted señor Campos, es abyecta. Por ello no se defiende del Estado formando lobbies o mafias o cualquier tipo de contrapoder, sino que, como usted apunta, su mayor aspiración es formar parte de la casta dirigente o sus secuaces burócratas, en lugar de limitar su poder de vocación omnímodo. En consecuencia, la casta extractiva dirigente, en ausencia de oposición alguna expande sus tentáculos a todo ámbito social existente y, con superlativa voracidad, saquea sin pudor hasta la última gota de riqueza y libertad de un pueblo que la vitorea al grito de «¡Vivan las caenas!» -tal y como recibió el clamor popular al felón Fernando VII durante su travesía desde el exilio hasta Madrid, donde no le quedó al pobre hombre más remedio que reinstaurar el absolutismo y represaliar a los «liberales» para contentar a sus súbditos. «Caenas» queremos, «caenas» tenemos. Todo pueblo es soberano lo ponga o no en un papel. Las «caenas» son el producto de la soberanía del pueblo español.

    Reciba usted una cordial felicitación por su valentía, señor Campos.

    • «dejando para la historia una de las más bellas y recurrentes ambientaciones cinematográficas»

      Y estas consideraciones, delicia de delicias, se las inspira el anarcocapitalismo? Digo para no ir…

  18. A mi me encanta criticar a este chico, pero ha estado genial en este articulo. De los mejores que he leido aqui. Bravo Cristian.

  19. No soy yo

    (Perdon por la ausencia de tildes, teclado extranjero): Habria tantas cosas que comentar… intentare centrarme aqui en una, el asunto de los estudiantes, su no saludo al ministro y el cheque aceptado. Defiende el sr. Campos, si he entendido bien, que alguien no puede aceptar un beneficio de un sistema que a su vez critica, pues le parece ilegitimo despreciar al ministro mientras se recibe un premio del Ministerio. A su vez, supongo que el sr. Campos si creera legitimo atacar furibundamente los sistemas publicos del Estado aunque disfrute de ellos, porque tambien supongo que habra utilizado mas de una vez las autovias, trenes, o el sistema publico de salud, pagados todos mediante esos abominables impuestos de los que tan a menudo reniega. Se me hace contradictorio, aunque igual el autor tiene una solucion para este dilema.

  20. «En mi soledad
    he visto cosas muy claras,
    que no son verdad.»

    Esta es una crítica del artículo y tampoco ha sido tan difícil, ven?

  21. Juanjo

    Me dice una amiga que paró de leerte en la frase «a Zapatero se le intuía un conocimiento superficial pero firme de los fundamentos éticos de una democracia». ¿Podrías explicarte más? gracias!

    • Cristian Campos

      Bueno, no tiene mucho secreto. Creo que Pedro J. Ramírez también decía algo parecido de Zapatero. ZP ha sido el peor presidente de la historia de este país y sus ideas, su concepto de la realidad y sus ocurrencias eran, en el mejor de los casos, dadaístas. Pero apostaría dinero (mío) por su honradez. No lo haría en cambio por Rajoy. ¿Por quién lo haría tu amiga si tuviera que jugarse su dinero?

      Creo además que Zapatero tenía una idea de lo que es «correcto» o «ético» en una democracia todo lo infantiloide y lo banal que se quiera, pero al menos la tenía. ZP nunca se hubiera escondido si alguien le hubiera acusado de lo mismo que se acusa a Rajoy, por ejemplo. A veces un tonto entiende las cosas mejor que un listo. O que un vago.

      Otra cosa es que toda esa candidez estuviera al servicio de una ideología demente, claro. Para mí la prueba definitiva de todo lo que digo es el episodio de la foto con Obama y sus hijas. Las lleva a Washington, las pone en la foto para que las nenas presuman, se arrepiente, sus asesores le avisan, retrocede, la lía parda, los americanos alucinan en colores… No se puede ser más naif. Un tipo así no roba ni un caramelo. Las pocas tonterías que le pillaron (los viajes en avión oficial cuando no tocaba, los de su mujer) eran más consecuencia de su banalidad que de verdadera pillería. Chorradillas, en cualquier caso.

      Creo, resumiendo, que ZP era básicamente un buen tipo que llegó mucho, muchísimo más arriba de lo que sus capacidades intelectuales daban de sí. Lo que por otra parte suele ser habitual en el mundo de la política.

      • Fulgencio Barrado

        Siento enturbiar la imagen idílica que tiene de Zapatero, pero podría estar perfectamente en la cárcel por su actuación en el caso de Alfredo Saez y su indulto.
        Al final también aprendió a ser malote, en su candidez.

      • Estoy basicamente de acuerdo con C. Campos, en su descripción de ZP. Un tonto más o menos honrado. Siempre me ha parecido que Zapatero es nuestro Gorbachov, un pesimo presidente que se lo cargó todo sin mala intención. Es una comparacion que seguirá dando sus frutos. Claro que Gorbi tenía más lecturas

      • Javier

        totalmente de acuerdo con Cristian, me lo haré mirar

      • Alberto

        Pues sí, hombre, claro que sí. Pero eso de llegar más arriba de lo que las capacidades intelectuales de uno dan de sí, no sólo sucede en el mundo de la política. En el periodismo, por ejemplo, también ocurre con frecuencia. ¡Anda que no habrá ignorantes que largan sus bodrios en cualquier «contemporary culture mag» de medio pelo que ni siquiera alcanza a ser una parodia palurda de ‘The New Yorker»!

      • Juanjo

        Gracias, Sr. Campos, por la atenta respuesta!

  22. El párrafo sobre los estudiantes es muy malo.

    Así como usted utiliza un ejemplo muy concreto para desacreditar a la sociedad civil española POR ENTERO, yo podría utilizar ese párrafo (tachándolo de parcial y artificialmente polarizado) para desacreditar todas las ideas de su artículo POR ENTERO.

    ¿Qué tal se siente cuando le chafan a uno sus razones con un ejemplo tan reduccionista?

    Pero bueno, todo sea por el entretenimiento.

  23. Un artículo inquietante. Su gran mérito es incomodar al lector. No es poca cosa. La provocación exige cierto porcentaje de exageración. Siempre que no se pase con la sal, el resultado puede merecer la pena. Mejor leer algo así que un artículo con el que, a priori, sabes que vas a decir amén o lo contrario.

    Sobre lo del dinero público, varias veces me lo he preguntado. ¿Hay algo rentable en este país? Conste que soy funcionario pero… El otro día me sonreía leyendo una carta al director en El País firmada por Alfonso Guerra y otras personas, quejándose porque a una revista «de ideas» le había quitado el Estado una subvención. ¿Pero es que hay algo que vive sin dinero nuestro (de los que pagamos impuestos, digo)? ¿Por qué esa revista no puede vivir de sus lectores?

    Extraño país. Otro tema. Se oye lo de las becas y la cantidad de alumnos que dejarán de estudiar el próximo curso por no poder permitírselo, pero luego una persona cercana se ha quedado en una lista de espera, en el puesto 700, para poder estudiar Magisterio el próximo curso. ¡Y es una persona que ya tiene una carrera! Raro, raro. Y la nota de corte para hacer Magisterio, para gente ya titulada, ¡era de un 8! ¿Nos estamos volviendo Finlandia?

    Volviendo a la provocación, que me parece el perfil más perspicaz del artículo. No es fácil provocar, no. Veía el otro día «Los amantes pasajeros» (Almodóvar) y me quedé de piedra: escatología, bromas sexuales, cosas así. Eso no es provocar, hombre, aunque algún crítico de cine español sigue en esa senda: se hace un chiste (malo) con tintes sexuales y ya esa «una sana provocación». Siguiendo con el cine, tampoco provoca la película británica «Turistas» (Sightseers), especie de «Asesinos natos» desde la óptica patético-mugrienta del «kitchen-sink drama» tan inglesa. Lo mismo: humor negro, muerte, etc. En otro registro, pero otra provocación adolescente (hablo de ambas películas en mi web).

    Volviendo al tema, y perdón por tanto rollo: gracias por el artículo por servir de estímulo para pensar. No hay mayor provocación.

    • Galahat

      Yo me ahorraría «Sightseers» y me vería «The Trip» de Winterbottom, a ser posible la serie.

  24. lady_sackville

    Yo ya soy fan fatal de Cristian Campos, pero es que el último párrafo de este artículo lo voy a enmarcar porque es lo que he intentado hacer toda mi vida (aunque no sé si lo llegaré a conseguir). De hecho, me gusta más la definición de mafia de uno que líder de mi mismidad o reina de mi real gana.

  25. Cristian Campos podria ser uno de los mejores articulistas de España si no le perdiera su tendencia a la boutade o la mamarrachada. En este caso lo de los estudiantes esta metido con calzador y chirria, pero el articulo se resiente menos que en otras ocasiones.

  26. Gustavo

    Muy grande el artículo. Sí, con irreverencia, con exageraciones a veces, con simplificaciones necesarias. Pero con el punto imprescindible que muchos tachan de charlatanería o sermoneo y que no es más que docencia. Perdón, DOCENCIA. Así, con mayúsculas.

  27. Cecilius

    Está muy simpático eso de leerse a Jünger e incubar el súbito prurito nietzscheano de echarse al monte a renegar del paraguas estatal. Pero es muy ingrato por tu parte despreciar el asistencialismo. Habría que ver cómo les habría lucido el pelo a tus plebeyos progenitores y antepasados, malnutridos y analfabetos, con «la fuerza de su elitismo».

  28. Buen artículo, se lee bien y se entiende todo, excepto el error histórico que se comete a menudo cuando se utilizan italianismos (el aficionado azzurri, etc).

    Así que: plural –> pentiti; singular –> pentito. De nada!

  29. Ego sum

    Una ración más de lo mismo de siempre. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, saco cualquier tema para acabar haciendo la apología más vomitiva del neoliberalismo y tratando a todo asalariado como un chupóptero del pobre empresario («emprendedor», como habéis puesto de moda decir ahora), y a todo ciudadano con derechos ganados históricamente en un parásito. Y, como siempre, la misma pedantería y pseudoerudición para en el fondo desconocer el hecho fundamental que desbarata todo tu artículo-panfleto proHayek/Milton: que la mafia surge, precisamente, allí donde fracasa el Estado; que donde los ciudadanos no tienen garantías jurídicas y unas condiciones de vida mínimamente dignas surge un «microestado» paralelo que las proporciona (a cambio de un carísimo precio, por supuesto: extorsión, asesinatos, etc.). Estado y mafia son términos antitéticos, y la mafia surge más bien de los vacíos de poder que el capitalismo ha propiciado en Estados ruinosos (sur de Italia a principios del s. XX, EE.UU. en la Depresión) o desmantelados (Rusia, repúblicas ex-yugoslavas, etc.). Pero en fin, la cosa es decir siempre lo mismo, ¿no?

  30. La pasta, la pasta, la pasta… inocentes. Eso ya no importa , lo único que importa, lo único que se persigue y se ansia en esos círculos es el poder. Wag the dog. Lo demás viene solo, o mejor dicho, ya no necesitas lo demás. Por ese motivo Ellos (con mayúscula) siempre van por delante y siempre ganan. Mientras ‘nosotros’ (si es que existe un nosotros) nos ofuscamos con el ‘que’, ellos solo piensan en los ‘como’.

    Es jugar una partida de ajedrez y solo estar pendiente de los movimientos del Rey contrario porqué, al fin y al cabo, capturar esa pieza es el objetivo último del juego… siempre pierdes.

  31. El articulo es brillante. Y de los comentarios se ve que mucha gente se ha dado por aludida, y claro, eso jode.

Responder a Cristian Campos Cancelar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.