Benidorm: el turismo antihipster

Publicado por

Benidorm 1

Benidorm es el destino turístico más popular de España. Recibe millón y medio de visitantes cada año, cifra que solo superan Madrid y Barcelona. Es un éxito brutal. Desde hace décadas Benidorm está siempre abarrotada, sus playas son un tapiz de sombrillas y sus calles ríos de gente. La ciudad es un perfecto artefacto que atrae turistas a montones. Pero no tiene ningún glamour. En Benidorm solo se sirven gintonics desde que pasaron de moda, suena siempre música comercial y está inundado de ropa hortera. La gente llena la ciudad, pero pocos suben sus fotos a Instagram.

Porque Benidorm es el destino antihipster.

Es barato, masivo y popular. Benidorm es el «Sol y Playa» para todos. No es Ibiza, ni Menorca, ni la Costa Brava, no es paradisíaco, ni envidiable, ni exclusivo. Pero es barato y tiene lo esencial: mucha playa y mucho sol. Benidorm no es nada más que eso, una playa-ciudad capaz de acoger a decenas de miles. No es perfecto, pero es para muchos.

Playa por un puñado de euros

Una de las cosas que hacen de Benidorm un destino masivo son sin duda sus precios. Es un lugar absurdamente barato. Puedes pasar diez días por lo que cuesta un fin de semana en una capital europea. Los hoteles ofrecen «todo incluido» a precios bajos, gracias a que externalizan desde la cocina hasta la recepción, aprovechando así las economías de escala de una ciudad dedicada al turismo. Y fuera del hotel las oportunidades de gastar son limitadas —nadie espera que uno visite museos o haga grandes excursiones—. Básicamente es todo muy económico, con precios que oscilan entre lo asequible y lo directamente sospechoso, y se vende el alcohol más barato de Occidente.

Por no necesitar, apenas sí necesitas equipaje. Puedes llegar sin maleta, comprarte algo de ropa en un chino y pasar completamente desapercibido. Las tiendas están abiertas hasta medianoche para ofrecer toallas, bañadores, bebidas, crema solar (notoriamente infrautilizada), pelucas, megáfonos, zapatos de tacón (desde un euro), bolsos, cachivaches de playa, camisetas de fútbol, lencería, sombreros, y hasta terribles vestidos de noche.

La vida en Benidorm acaba reducida a la supervivencia: pasas el día en el agua para soportar el calor, consigues algo de comer, caminas buscando la sombra, y cuando cae el sol te refugias en el hotel o enfrentas la noche.

El Benidorm de los guiris

Pero, ¿a quién atrae este Benidorm? Los datos dicen que el 44% de visitantes son españoles y el 45% británicos, y esa división casi equitativa parte en dos la ciudad.

El sector británico ocupa una cuadrícula central de cuatro por cinco manzanas y casi todo el extremo de levante. Ese núcleo se conoce entre los locales como la zona guiri. Es una sucursal de las islas británicas trasplantada al clima mediterráneo: tienen sus propios hoteles, su propios comercios y sus bares singulares. Un Benidorm, pronunciado «Benidoom», dentro del otro —que por cierto, da nombre a una popular comedia televisiva inglesa—. En estas calles se habla inglés y es inevitable apostar, comprar camisetas del United, leer prensa inglesa y comer fish and chips. A lo largo de muchas calles se alternan licorerías, tiendas de playa, puestos de minigolf, anuncios de English breakfast, peluquerías inglesas —sí—, tiendas de tabaco mastodónticas, locales nocturnos con forma de galeón, shows eróticos, cabarés horteras, imitadores de Michael Jackson y Lady Gaga, y pubs que animan a los súbditos británicos a subir (borrachos, o insolados, o semidesnudos) a un toro mecánico.

Un sucursal de las islas donde, eso sí, las pintas de cerveza cuestan una fracción de lo que cuestan en Manchester, Bristol o York.

Y es que muchos británicos vienen a Benidorm a beber. Durante el día se mezclan jóvenes y familias pertrechadas de colchonetas, todos rojos por el sol, con ropas excéntricas, andando incómodos con chanclas a estrenar, o subidos en sus vagonetas eléctricas. También es habitual ver a niños disfrazados de mayores, ellos con tatuajes y peinados a lo Beckham y ellas con lentejuelas y zapatos tacón. Pero la noche es tiempo de fiesta y alcohol. Las calles principales se llenan de despedidas de soltero o soltera, docenas de británicos disfrazados de cabereteras, marineros o superhéroes —estos último son mis favoritos: en baja forma, ya no tan jóvenes, algo fondones y perjudicados por el cansancio y el alcohol, parecen salidos de Watchmen—. En general el ambiente se caracteriza por una etiqueta laxa, generosa en gente descamisada y vestidos pretendidamente provocadores, y por el muy elevado nivel etílico (si alguien necesita pruebas que curiosee en Embarrassing Benidorm Nightlife). Como ya he señalado, el alcohol es muy barato en Benidorm, especialmente en el área de influencia británica. La leyenda dice que algunos bares ingleses tienen depósitos de cerveza con capacidad para miles de litros —decenas de barriles—, y que al vaciarse envían un aviso electrónico a la fábrica que los abastece. Se bebe mucho.

Al final de la noche el paisaje recuerda a The Walking Dead. Los visitantes caminan con paso inseguro por las calles. Saltan del casco antiguo a la playa, de la playa a la zona guiri, de la zona guiri a las discotecas de arriba. Normalmente caminan en grupos, unos silenciosos y otros entre gritos, pero no es raro encontrar algún borracho solitario. Quizá un joven nervioso, ya más enfermo que intoxicado, que te pregunta tímidamente por un hotel cualquiera (el suyo) que es incapaz de encontrar. Pero nunca puedes ayudarle porque Benidorm está lleno de hoteles.

Benidorm

Abierto —siempre— por vacaciones

El otro gran contingente que visita Benidorm son los turistas españoles. Muchísimo madrileños, como en toda la costa, pero también vascos, andaluces o asturianos. Hay familias asiduas que tienen apartamentos en propiedad o son clientes del mismo hotel desde hace décadas (pensadlo otra vez: décadas yendo al mismo hotel). En esa categoría los vascos son especialmente numerosos y constituyen una colonia —en sus elecciones autonómicas el 40% de votos fuera del País Vasco se emitieron desde la costa alicantina—. De hecho, los vascos tienen su propia zona delimitada y temática en el centro de Benidorm: un nudo de calles con tascas donde se sirven pinchos, se beben zuritos y se anima al Athletic y la Real… pese a estar a cientos de kilómetros de Euskadi.

Así las familias, las parejas y las manadas de jóvenes constituyen el grueso de españoles desde Semana Santa y hasta final del verano, pero en invierno todos ellos se ven eclipsados por los jubilados.

Son los famosos viajes de Imserso. Autobuses con pasajes milenarios que se fletan desde toda la península para que señoras y señores de Ourense, Tarragona o Albacete se agolpen unos días en Benidorm. Los viajes se distinguen por sus precios irrisorios: habitación de hotel por 19,86€ por persona, incluyendo pensión completa, agua y vino, visita diaria del médico, y animación —baile, baile y baile— en el mismo hotel. Pero el acuerdo tiene un elegante sentido económico. A esos precios los hoteles pierden dinero, pero no tanto como si se mantienen cerrados. De esa forma los viajes del Imserso evitan el cierre de muchos hoteles, cubren parte de sus costes fijos y consiguen que la plantilla del hotel trabaje todo el año. Además son una forma de traer gente a Benidorm en esa época baja, lo que acaba atrayendo a otros turistas que buscan un lugar soleado —y con ambiente— para un retiro invernal.

De esa forma cuando llega el invierno los jubilados se unen a los extranjeros y juntos mantienen viva la ciudad —estos últimos no dejan de venir porque en noviembre el lugar sigue ofreciéndoles sol y fiesta, al menos en relación a las islas británicas—. Y así Benidorm se convierte en un destino de playa que no languidece en todo el año, quizá el único en toda la costa peninsular.

Un éxito no azaroso, una ciudad vertical

Cuando se discute sobre el éxito de Benidorm es habitual considerarlo como un accidente afortunado, pero lo cierto es que responde a circunstancias particulares. Si fuésemos a extendernos sobre el tema habría que hablar del plan urbanístico que en los años 50 imaginó una enorme ciudad ahí donde había un pueblo de pescadores; o de sus playas kilométricas, perfectamente orientadas para disfrutar de muchas horas de sol, protegerse del viento y conservar sus aguas limpias.

Además está el asunto de la altura. Benidorm no es una ciudad con playa, es una playa urbana. Una playa-ciudad. ¿Qué localidad puede alojar simultáneamente a decenas de miles de personas a pocos metros de la orilla? Benidorm lo consigue gracias a la altura asombrosa de sus edificios: es el municipio español con más rascacielos y cuenta con casi una treintena que superan los 100 metros de altura.

Decenas de miles de personas (apiladas) que pueden ir andando a la playa.

Esa misma arquitectura vertical hace que Benidorm se use a veces como arquetipo de la destrucción costera, pese a que la crítica es injusta. Benidorm es un lugar arrasado y de naturaleza sacrificada —eso no se discute—, pero de esa destrucción disfrutan varios millones de personas cada año. Es una destrucción… eficiente. Cada kilómetro de ladrillo se aprovecha al máximo: por densidad (la gente se aprieta) y por frecuencia (está siempre lleno). No es un pelotazo urbanístico, sino un diseño que produce un continuo fluir de turistas… y de dinero. Ningún municipio de la costa valenciana consigue nada similar, al contrario, lo habitual es ver el litoral arrasado para ocuparlo con unos pocos chalets o apartamentos, que disfrutan unas pocas personas, unos pocos días al año. Cabe preguntarse si construyendo otros Benidorm hubiese sido posible conservar intacto algún tramo de litoral.

Benidorm 2

El amor por el tumulto

He intentado subrayar algo que es evidente cuando uno pasea por la ciudad: Benidorm es un destino masivo. Está atestado de gente. Eso hace su éxito incomprensible para algunos, pero es precisamente lo que otros consideran su principal encanto.

Mucha gente disfruta de Benidorm por el tumulto.

Lo escuchas a menudo. Los turistas habituales de Benidorm, los que repiten, alaban que esté siempre lleno. Hablan de otros destinos o de sus lugares de origen y se quejan de que allí «no hay nadie», mientras que Benidorm está «muy animado». Esa masificación, que nos horroriza a los urbanitas amantes de las calas vírgenes, resulta encantadora para esa otra gente. No sé explicarlo muy bien, aunque intuyo que tiene que ver con huir de lo cotidiano, buscar el anonimato o gozar de una extraña sensación de libertad.

Por eso Benidorm no duerme y está siempre encendida. Los rascacielos prenden el cielo, hay un exceso de farolas, abunda el neón y los locales nocturnos emiten flashes intermitentes. Además este verano el refulgir es especialmente intenso: los turistas se han envuelto en prendas flúor y se iluminan como monjes quemándose a lo bonzo. Son muchas las prendas iridiscentes, pero entre todas se destaca una camiseta de tirantes, verde, naranja o amarillo fluorescente, con motivos de una conocida marca de whisky o un equipo americano de baloncesto. Por razones imposibles de descifrar esas camisetas han corrido por toda la costa. Se venden en cada esquina y todo el mundo las lleva. Pero, ¿por qué querría nadie vestir igual que todos los demás? Mi hipótesis es que buscan un uniforme. Como si quien llevase esa camiseta quisiese renunciar a su identidad y entregarse a la masa turística. Llevar esa camiseta es renunciar a ser uno. Unirse al torrente. Ser puro mainstream.

Quizá el éxito de Benidorm se explica igual que el de esa camiseta fluorescente: por el deseo de la gente de pertenecer, aunque sea temporalmente, a un tumulto.

MENSUAL

3mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL

30año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL + FILMIN

85año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad